Parallels [Adriana P. Gregoletto] [+18]

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Parallels [Adriana P. Gregoletto] [+18]

Mensaje por Jack Thomas el Sáb Jun 23, 2012 12:52 am

Aquel día no tenía planes, en principio, y esa era la razón por la que estaba aún en la cama pese a que la mañana estuviera ya bien entrada y pese a que las nubes que tapaban el sol mostraran algún claro por el que la luz entrara y bañara la totalidad de la estancia. Estaba bastante cansado después de los últimos días, en los que me había dedicado a volver a entrenarme físicamente para no perder la forma que me enorgullecía de mantener (mens sana in corpore sano, decían, y yo era la prueba viviente de que el equilibrio entre ambos aspectos era posible y de que daban un buen resultado, cuando se mezclaban), y por eso mismo aquel sábado, en el que no me había apetecido madrugar, estaba recuperando las horas de sueño que me correspondían desde que había vuelto y, sobre todo, desde que me había vuelto a interesar por entrenar. Eso era lo único que explicaba que estuviera en la cama, con las sábanas tapándome y la luz alumbrándome como si tuviera la lámpara encendida a través de la ventana, únicamente cubierta por una fina cortina, aunque al parecer no fue suficiente ya que enseguida el móvil se puso a sonar, sacándome de mi estado de ensoñación entre el sueño en sí mismo y la vigilia y despertando del todo a mis reflejos, que fueron los responsables de que estirara la mano rápidamente y cogiera el móvil, poniéndomelo en la oreja mientras intentaba abrir los ojos, una tarea que me parecía, en aquel momento, tremendamente complicada.
– ¿Sí...? – murmuré, casi bostezando al final de la frase y escuchando de fondo una risa que identifiqué como la de Mich y que me hizo abrir los ojos porque, normalmente, las conversaciones con él requerían de cierta actividad mental que me sería imposible conseguir de no poner algo por mi parte.
– Buenos días, Thomas. ¿No me digas que te saco de la cama? No hay nada como sacarte del desierto para que te vuelvas una marmota... – me dijo, a lo que yo me encogí de hombros (algo absurdo teniendo en cuenta que no me veía, y al mismo tiempo algo que confirmaba lo dormido que estaba) y entonces procedí a levantarme de la cama mientras él me acompañaba, en mi camino a la cocina sobre todo, parloteando sobre todo un poco.

Por el hecho de estar aún medio dormido no estaba demasiado ágil – aunque, por mi entrenamiento como soldado y porque gracias a Dios tenía las habilidades necesarias dentro de mí era mucho más ágil incluso en esas circunstancias que cualquier persona – ni física ni verbalmente, y casi no me daba ni cuenta de lo que hacía hasta el momento en el que, con la taza de leche en la mano, casi la tiro al suelo por lo que escuché.
– ... ¿y sabes qué Adriana me besó? Dos veces, además. Besa muy bien, no sé si... – me dijo, a lo que yo dejé la taza en la encimera y fruncí el ceño, súbitamente mucho más despierto que hacía un momento, todo gracias a él.
– ¿Que os liasteis? – espeté, entre incrédulo y súbitamente enfadado, por lo que el tono me salió más cortante de lo que habría debido y hasta Mich lo notó, porque él mismo comenzó a decirme que se había lanzado ella (típico).
– Me dijo que entre vosotros no había nada y... Oye, no sabía que te iba a molestar, ¿es que tú...? ¿A ti te gusta? – preguntó, cauteloso, y consiguiendo que soltara una risotada molesta que incluso mis vecinos habrían escuchado.
– ¿Gustarme ella? ¿Tú nos has visto? No podría ser nada menos de lo que me gusta en una mujer, es absolutamente lo contrario a todo... – dije, aunque él enseguida, conciliador, me interrumpió para aportar su grano de arena.
– Bueno, pero sois amigos, ¿no? Eso significa que... – añadió, murmurando después algo de que al menos me gustaba como tal. Yo negué con la cabeza para mí, bebiéndome el último trago del tazón de leche mientras él hablaba y sólo respondiendo cuando hubo terminado con su exposición de por qué había pensado que haríamos buena pareja y ya no podía interrumpirlo.
– Escucha, ella y yo sólo somos amigos, ¿de acuerdo? No hay nada más que eso, así que no importa, puedes seguir quedando con ella si quieres... – concluí, dando por finalizada la conversación sobre ese tema y visiblemente enfadado, razón por la cual enseguida colgamos y pude dedicarme a hacer la cama y la mayoría de las cosas que hacía por la mañana; a saber, ordenar un poco la casa.

En eso estaba cuando llegó la hora de comer y me preparé la comida, que ingerí antes de seguir de limpieza y cabreándome cada vez más por la conversación que acababa de tener con Mich... y no precisamente con él, sino con ella. ¿Qué? ¿Tanto le molestaba que yo no fuera un desesperado más (Dios me libre) que tenía que ir a por mi mejor amigo? ¿Tan sumamente fastidioso le resultaba el hecho de que tuviera amigos aparte de ella que tenía que utilizarlos para satisfacerse? ¡Que se buscara a otro, pero que dejara a mis amigos en paz! Y entre esos pensamientos se me pasó parte de la tarde hasta que me metí en la ducha, donde aún continuaron... y con ello mi mal humor, porque no me parecía de recibo que hiciera lo que le diera la gana impunemente y que encima Mich, ¡Mich!, se dejara... Aunque había que admitir que podía llegar a comprender las razones de que lo hiciera si pensaba en ella, en que era guapa, en que besaba bien y en que... Jack Thomas, quieto ahí mismo. Como siguiera por ese camino, tendría que darme una ducha bien distinta (de agua fría, en vez de la que me estaba dando, con agua caliente), por lo que aparté esos pensamientos de mi mente para terminar de ducharme en paz y, por fin, salir del baño con una toalla enredada en la cintura, dispuesto a buscar algo de ropa para salir por ahí a tomar algo, por ejemplo, o a vigilar a mi hermana, que seguramente un sábado saldría por ahí a hacer esas cosas de desviada del buen camino que ella hacía y que los dos sabíamos que llevaba a cabo.

Un timbrazo inesperado, no obstante, me hizo fruncir el ceño y acercarme a la puerta a ver quién era, saliendo de mi habitación y con la ropa (sencilla: una camisa de cuadros azules, unos vaqueros y unas Converse) encima de la cama, porque no había tenido tiempo de cambiarme. Al ver por la mirilla que era Elisabeth alcé una ceja y abrí, con lo que ella, siempre tan sonriente, me saludó sin que le importara que estuviera así.
– Buenas tardes, Jack... Veo que te he interrumpido, si quieres vuelvo después o al menos te doy tiempo a vestirte... – me dijo, a lo que me encogí de hombros, restándole importancia al tema de ir medio desnudo por ahí.
– Bueno, yo puedo ir a vestirme a mi habitación y tú puedes contarme lo que sea que quieras contarme, ¿no? Vamos. – repliqué, antes de encaminarme hacia mi habitación y volver la puerta para que no me viera, no por nada (ya que sabía que no nos interesábamos en ese sentido), sino más bien por costumbre.
– El otro día dijimos que teníamos que quedar y ponernos al día, y yo he quedado con mis amigas por la noche, así que tenía la tarde libre y he pensado que quizá tú también y que podíamos ir a tomar algo. – me dijo mientras me ponía los pantalones, y no necesité pensarlo mucho para aceptar.
– Claro, suena bien. Además, tampoco tenía plan hoy, así que... – respondí, abrochándome los botones de la camisa y cogiendo las llaves, la cartera y el móvil para salir de mi habitación e irme con ella a un bar cercano, donde pasamos la tarde hablando de todo un poco aunque, inevitablemente, salió el tema “Paola” antes de que nos fuéramos.

– Tu amiga era muy guapa... – dejó caer, mirándome con una ceja alzada sin conseguir mayor efecto en mí que pagar la cuenta de lo que habíamos tomado, incluido algo que servía como cena ligera, y levantarme de la silla, gesto que ella enseguida imitó para irnos al exterior del restaurante, donde llovía ligeramente, con esa lluvia tan propia de Londres que te dejaba empapado en cuestión de segundos pese a ser chirimiri y que hacía aún más cálidos los días de verano.
– Si tú lo dices... – comenté, sin darle ninguna importancia a lo que me había dicho y consiguiendo que me golpeara en el brazo, de broma. Yo medio sonreí, y ella terminó haciéndolo también, antes de poner la típica cara de cachorro degollado que siempre significaba que te van a pedir algo.
– Oye, Jack... ¿Serías tan caballeroso de acompañarme a donde he quedado con mis amigas? Prometo que cuando estemos juntas te dejaré irte, de verdad, te doy mi palabra. – me pidió, casi suplicando, y yo simplemente puse los ojos en blanco y le hice un gesto para que me indicara el sitio donde habían quedado, que resultó ser una de las discotecas más conocidas de la ciudad: la discoteca Roxy. No había entrado demasiadas veces porque el ambiente que había allí no me gustaba demasiado, era una muestra clara de todo, absolutamente todo lo que yo aborrecía porque consideraba (y eran) vicios, y por eso mismo tuve mis reticencias a la hora de acompañar a mi casi hermana pequeña (desde luego me llevaba con ella mejor que con Charlotte) a un lugar así, aunque ella me convenció al recordarme que no estaría sola, sino con sus amigos.

El ambiente fuera del local era aún peor de lo que recordaba, razón por la cual haber acompañado a Elisabeth me pareció buena idea al no fiarme de ninguno de los presentes, mucho menos del portero tatuado (y seguramente escoria extranjera) que nos dejó pasar a regañadientes, al menos a mí porque a Elisabeth la llenó de cumplidos que aceptó con considerable elegancia, aunque ignoré sus intentos de desprecio para adentrarme en el interior del local y llevarla con sus amigas, que me lanzaron miradas mal disimuladas para estudiarme y que me hicieron armarme de paciencia porque aún no podía irme, ya que Elisabeth seguía instalándose y Dios sabía lo lentas que podían llegar a ser ciertas mujeres cuando se lo proponían... Así, tuve que aguantar un exhaustivo examen visual del que sólo me salvé cuando Elisabeth me presentó como un amigo suyo y me dijo que ella ya estaba bien y que ya me llamaría otro día.
– Pásalo bien, y cuídate mucho. – le dije, al oído porque de lo contrario no me escucharía por el (excesivo) volumen de aquello a lo que llamaban música pero que era simple escoria, y en cuanto me separé hice un gesto de despedida con la mano antes de girarme para salir de allí, sobre todo de aquel grupito de mujeres del que sólo conocía a una y del que sólo me sentía cómodo con una. Apenas, sin embargo, pude alejarme unos pasos porque enseguida una figura increíblemente sexy se me plantó en medio del camino y me hizo fruncir el ceño, aún más cuando la reconocí como Paola... Paola. ¿Qué demonios hacía allí Paola y qué quería de mí? Aquello sí que eran muy buenas preguntas, la verdad.


Última edición por Jack Thomas el Jue Jul 05, 2012 8:34 am, editado 1 vez

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Re: Parallels [Adriana P. Gregoletto] [+18]

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Sáb Jun 23, 2012 2:42 am

Adoraba los Sábados. Me encantaba quedarme en la cama hasta las tantas, dormir y descansar después de tanto trabajo, de problemas, de sobredosis, de asesinatos... Lo último que me apetecía después de todo eso era madrugar un Sábado. Todos mis chicos lo sabían y ninguno se atrevía a despertarme antes de la una o las dos del mediodía por lo que, pese a que la luz se filtrara por las rendijas de las persianas, no pensaba despertarme hasta pasadas unas buenas horas. Apenas me cubría una sábana en la que estaba enrollada, la ventana estaba abierta y la brisa de Londres se colaba en mi cuarto, erizándome la piel pero no me importaba, parecía una mañana en Italia, la brisa colándose por la ventana, el sol, el calor... Verano. Y entonces el teléfono comenzó a sonar en la mesilla de noche, me giré, di un par de vueltas para ver si el teléfono se callaba pero al no ver que eso fuera a cambiar solté un bufido y cogí el móvil, claramente dormida y algo molesta, sin ganas de hablar con nadie, más bien solo de dormir... Porque aún me quedaban muchas horas de sueño y quería recuperarlas. - ¿Ciao...? - murmuré, bostezando y frotándome los ojos, intentando acostumbrarme a la poca luz que había en la habitación y que aún así me parecía excesiva. La risa que escuché al otro lado me hizo fruncir el ceño. - Buongiorno, piccola. ¿Te he despertado? - ronroneé y me desperecé un poco en la cama, asintiendo aunque, obviamente, él no me veía. - Mmmmmm.... Buongiorno... ¿Qué fiesta es hoy o qué celebramos para que me llames, Carlo? – su risa me pilló de nuevo por sorpresa, ya iban dos veces en muy poco tiempo, parecía de buen humor y aquello no podía significar nada bueno por lo que me espabiló en seguida. - ¿Cómo puedes tener semejante opinión sobre mí, piccola? Con lo que yo he hecho por ti... - puse los ojos en blanco y me levanté de la cama subiendo las persianas y dejando que la luz (escasa) del sol entrara por fin en la habitación porque sabía que después de aquella llamada no volvería a dormirme o, al menos, me lo imaginaba. - Leone, te conozco como si lo hubiéramos hecho mil veces juntos... Aunque no creo que esté muy desencaminada con la cifra.... ¿Qué pasa, Carlo? Suéltalo, ya me has despertado... – se hizo el silencio al otro lado del teléfono y sonreí, imaginándome a Carlo maldiciéndome y, quizá, muerto de ganas de mí al pensar en cómo dormía (solo en ropa interior) y en que acababa de despertarme, la de veces que me había visto así y la de veces que aquello había acabado con los dos sin ropa... - Tu hermano me quiere en Londres, solo te llamo para avisarte de que en una o dos semanas me tendrás allí... Si te portas bien podremos pasar un buen rato juntos... - sus palabras me hicieron soltar una carcajada y negué con la cabeza mientras justo antes de responder. - Eso será si tú te portas bien y si yo no tengo otros planes... Soy una mujer muy ocupada, Carlo, y no te preocupes, tendrás una cama aquí... Ahora tengo que dejarte, Carlo, nos vemos pronto. Ciao. - y sin esperar a que se despidiera o dijera nada, colgué, sin demasiadas ganas de seguir con la conversación y sonriendo al imaginar su mal humor tras la llamada que él habría pensado que a mí me molestaría y que había terminado siendo todo lo contrario... Carlo y sus malditos intentos de llamar mi atención molestándome... Esos intentos que siempre le salían mal y acababan con él enfadado... Y vuelta a empezar.

Salí de mi habitación y me fui directamente a la cocina, encontrándome con mis chicos que se sorprendieron al verme y me dieron los buenos días mientras me preparaba un café. En cuanto informé a Marco, Enzo y Giovanni de que Carlo vendría empezaron a soltar maldiciones y a decir que no debía seguir bajo el control de mi hermano, que debía dejar de hacerle caso, ponerme de parte de mi padre y dejarle claro que él no era quien mandaba pero... ¿Cómo? Mi padre estaba desaparecido en combate y mi hermano daba ordenes que esperaba que cumpliera o me enteraría... Sabía que tenían razón pero no sabía que hacer o cómo hacerlo. Me limité a asentir y a darles la razón mientras me planteaba exactamente qué podíamos hacer mientras ellos me informaban de que aquella noche la tenía libre, no había ajustes de cuentas, ventas de drogas que tuviera que supervisar ni nada que requiriera mi presencia. Me hicieron la chica más feliz del mundo y me abracé a los tres, besándoles las mejillas mientras me ponía a pensar exactamente qué me iba a poner y a donde me iba a ir aquella noche... Lo primero dependía de lo segundo y repasé, tras ordenar un poco mi cuarto, mi armario y no tardé demasiado en elegir un vestido de color rojo intenso muy sexy, corto y con escote, que dejaba la mayor parte de mi espalda al aire. Después de eso, escogí los complementos, todos en color negro y plateado: taconazos altísimos negros con cadenas plateadas y algunas tachuelas, pulseras negras y plateadas, anillos, y una cruz negra y plateada. Lo dejé todo sobre la cama, ayudé a mis chicos a hacer la comida, aquel día tocaba lasaña de carne y verduras, que nos salió riquísima. Comimos tranquilamente mientras todos ellos hablaban sobre un partido de fútbol que hacían aquella tarde y planeaban ver con cervezas y palomitas y no se cómo pero, al final, la conversación terminó llevándoles a preguntarme por el soldado y por quién era el chico que aquella noche me había acompañado a casa. ¡Malditos mafiosos cotillas! - ¿Cuantas veces tengo que deciros que Jack es solo un aliado? Es tan soso que ni siquiera intenta llevarme a la cama y además me ignora... Creo que le van las niñatas pijas y estúpidas porque si no no me lo explico... – comenté, más para mí que para ellos que empezaron a soltar burradas y bromas sobre que mucho me quejaba pero seguro que ya me lo había tirado o que a lo mejor el chico era un poco tímido, ¡hasta llegaron a decir que a lo mejor era gay! No pude evitar reírme con todos ellos pero negué con la cabeza, recordando cómo nos habíamos puesto aquella noche, empezando a acalorarme yo solita. - No sé, no sé, pero algo en mi interior me dice que no es nada gay... - y con aquel comentario todos soltaron sendas carcajadas porque sabían exactamente a lo que me refería. No dejaron, sin embargo, estar el tema de Mich y me preguntaron por él, quién era, como y donde lo había conocido, mis intenciones con él... Vamos, peor que si fueran mis padres. Cuando me cansé de ellos los mandé a la mierda y lo recogimos todo en un momento, yo me fui a la ducha y ellos se prepararon para el partido.

Me metí en la ducha y para evitar pensar en Jack como lo había estado haciendo antes, es decir, en él desnudo, pegado a mi cuerpo, devorándome, acariciándome y volviéndome loca, me duché con agua helada, maldiciéndome por pensar tanto en él, en aquel maldito imbécil que prefería a una niñata estúpida antes que a mí... ¡Pues él se lo perdía! ¡Yo era muchísimo mejor, yo estaba más buena, era más simpática (bueno, quizá eso no tanto), y al menos no era tan falsa o hipócrita como ella! Estaba tan enfadada y molesta con aquello, sin razón aparente además, que no tardé demasiado en salir de la ducha, arreglarme, ponerme ropa interior de encaje muy sexy, roja y negra al igual que el vestido que no tardé en ponerme, me maquillé me dejé el pelo rizado, larguísimo, cayéndome por los hombros y la espalda desnuda y me puse todos los complementos. Era pronto, tanto que ni siquiera había anochecido y me quedé con mis chicos viendo el partido, al menos la primera media parte, antes de irme de allí, sin rumbo fijo ni un destino claro por lo que simplemente comencé a caminar por las calles de Londres, especialmente, por la zona de las mejores discotecas, sin decidirme por ninguna de ellas hasta llegar a la larguísima cola del Roxy que apenas acababa de abrir las puertas y ya estaba a rebosar. Me encantaba el lugar y no dudé en saltarme la cola con todo mi morro, ir hacia la puerta que flanqueaban un par de chicos altos y fuertes, tatuados a más no poder, uno calvo y el otro con el pelo corto y empecé a piropearlos, a acariciales los brazos y a ponerme “convincente”, con lo que no tardaron ni cinco minutos en hacer de tripas corazón y dejarme entrar en la discoteca sin pagar y sin enseñarles el carnet ni nada por el estilo así que fui una de las primeras en entrar en Roxy e irme a la barra a pedirme un Jägerbomb que comencé a beber desde la barra, observando el lugar y la gente, la música aún era bastante tranquila mientras, poco a poco, la cosa se iba animando y pasaron del pop comercial a algo más “fuerte”... Que si Dubstep, que si electro, que si alguna canción de heavy en plan remix... Así daba gusto ir de fiesta, sin duda. Me quedaba medio Jägerbomb cuando me fui a la pista de baile y no tardé en estar rodeada de hombres que querían bailar conmigo, que se pegaban a mi cuerpo y que, con sus movimientos, hacían proposiciones que quedaban más que claras y yo, amablemente, rechazaba... porque por el momento solo quería bailar. El lugar ya estaba lleno a rebosar y la música estaba mucho más alta que al principio y yo, con una copa en el cuerpo, ya estaba mucho más animada y contenta... Así, una vez que me terminé la copa dejé a los chicos en la pista de baile, con la promesa de que más tarde volvería y me encaminé hacia la barra... Aunque antes de eso se me cruzaron dos personas que conocía a la perfección y que me hicieron alzar una ceja. Jamás habría imaginado que me encontraría a Jack en aquel sitio y mucho menos acompañado por ella.

Mi cara de asco debió de ser todo un poema y, sin embargo, los seguí, intentando descubrir qué hacían allí, encontrándome con una escena, cuanto menos, pintoresca. Jack se quedó a un lado mientras Elisabeth saludaba a sus amigas, esas que no dejaban de comerse a Jack con la mirada y, tras despedirse, Jack se giró, dispuesto a irse y yo me interpuse en su camino, mirándolo con una ceja alzada. - Jamás habría imaginado encontrarte aquí... Y ya van dos veces que te encuentro fuera de tu elemento... ¿Acaso eres masoca y te gusta meterte en sitios en los que estás incómodo? – por la cara que puso mis palabras no le hicieron nada de gracia así que me relajé un poco y en seguida negué con la cabeza, medio sonriendo. - Ciao, Jacky... - me acerqué a él y le di dos besos en las mejillas. - Me alegro de volver a verte. - me mordí el labio inferior y alcé mi copa vacía moviéndola y haciendo que los hielos tintinearan contra el cristal. - Tenía pinta de que estabas a punto de irte pero... ¿Te apetecería tomarte una copa conmigo? Solo una y luego puedes irte si quieres, prometo no ser muy pesada ni demasiado italiana esta noche! – me acerqué a él y lo cogí de la mano, estirando de él y llevándolo a la barra, esperando que aceptara y dedicándole la mejor de mis sonrisas y la más sugerente de mis miradas, esperando convencerlo de aquella manera y, además, casi sin querer acaricié su brazo mientras íbamos hacia la barra. Quería demostrarle que era mejor que aquella niñata, que yo no lo haría acompañarme para después largarse, que conmigo disfrutaría el triple o más que con ella... Que yo lo haría morir de placer... Como ella no podría ni imaginarlo y, además, si todo eso podía verlo la niñata estúpida aquella... ¡Mejor que mejor! Que viera que Jack me prefería a mí... ¡Y que se jodiera porque no podía hacer nada por evitarlo!

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Re: Parallels [Adriana P. Gregoletto] [+18]

Mensaje por Jack Thomas el Sáb Jun 23, 2012 8:21 am

Durante un momento me costó reaccionar, algo perfectamente comprensible dado que pasaron algunos segundos desde que vi la figura hasta que subí a su cara y hasta que, finalmente, mi cerebro hubo asimilado la información y la enlazó a alguien conocido como lo era ella, Adriana Gregoletto. Además, si tenía en cuenta cómo estaba vestida dicha figura, que ya de por sí era escultural y que encima se había preocupado por demostrarlo aún más con un vestido corto, escotado y ceñido, parecida a como la literatura y el mundo del arte en general retrataban a una diablesa, era perfectamente comprensible mi tardanza y, sobre todo, que tuviera serias dificultades para pensar con claridad por mucho que me estuviera, mentalmente claro está, echando la bronca por ello. ¿No se suponía que estaba enfadado con ella? ¿No se suponía que me molestaba el hecho de que se hubiera liado con Mich (dos veces, además) y de que hubiera pasado de mí, como aliado y como amigo? ¿No se suponía que prefería a mi mejor amigo y que eso me reventaba sobremanera, porque me preocupaba por Mich únicamente y porque ella estaba jugando con los dos? Al parecer no, al menos mi cuerpo no tenía demasiado claro ese detalle porque me sentí inmediatamente atraído hacia ella, hacia aquel maldito súcubo que se me acercó y me preguntó si era masoca porque ya iban dos veces en las que me veía fuera de mi elemento. Fruncí el ceño, molesto tanto por eso como por mi propia e insospechada hasta aquel momento debilidad, que tan acto de presencia hacía desde que ella había aparecido en mi camino, y ella me dio un beso en la mejilla que no ayudó precisamente a aliviar esa carga de reacciones que me provocaba, y a las que además contribuía no solamente su actitud, sino también lo que hizo de proponerme ir a beber algo y, sin esperar una respuesta por mi parte, cogerme del brazo y llevarme a la barra para, efectivamente, que pidiéramos algo de beber, que de pronto necesitaba al notar la garganta súbitamente muy seca, demasiado.

En cuanto el camarero se me acercó señalé una botella de las que había por allá, de las de refresco concretamente, y él probablemente fliparía porque era el único que no había pedido algo con alcohol de todos los que estábamos en la discoteca, que éramos bastantes. De hecho ni tenía claro lo que había pedido; fanta de limón, creo, pero a saber, porque estaba mucho más ocupado mirando a la italiana de arriba abajo, tomando nota de su apariencia, de su pelo, de su vestido, de todo lo que la hacía tan endiabladamente (nunca mejor dicho dado el color de su vestido) sensual para mí.
– Estás increíble, Paola. El rojo te queda muy bien, especialmente en ese vestido. – le dije, alzando una ceja y con una mano bajando por su cuerpo hasta su cintura para, desde ahí, guiarla y que pudiera dar una vuelta sobre sí misma que me permitiera ver aún más detalles de su vestido. Con aquello, su pelo me rozó prácticamente todo el pecho y me fijé por primera vez en que era parte de lo que hacía que me resultara tan increíblemente apetitosa: era la primera vez desde que la conocía que llevaba el pelo totalmente rizado, y como descubrí en aquel momento me gustaba mucho cómo le quedaban los rizos.
– Y el pelo... – comencé, atrapando uno de sus rizos con un dedo y enroscándolo alrededor de este, jugueteando un momento antes de soltarlo y que volviera a su lugar de origen. – Me gustan tus rizos. – añadí, medio sonriendo y notándome más cerca de ella, probablemente por la gente a nuestro alrededor, que nos hacía juntarnos para que así les regaláramos un poco de espacio del que faltaba en aquella discoteca en la que, además, también hacía mucho calor, no podía ser sólo yo quien lo sintiera.

Justo en aquel momento el camarero llamó mi atención y me devolvió lo que había pedido, efectivamente (y como había sospechado) una fanta de limón en un vaso de tubo que estaba lleno casi hasta el borde y del que bebí un trago que, no obstante, no impidió que parte del contenido, apenas unas gotas, cayeran sobre los labios de la italiana, efecto de la cercanía a la que aún no habíamos renunciado. Como un buen caballero, dejé el vaso encima de la barra, junto al suyo (¿en qué momento lo había pedido? Parecía mentira, con lo que me había fijado en ella, que no me hubiera dado cuenta de aquel detalle...), y me apresuré a la hora de llevar uno de mis dedos a sus labios para apartar de ellos las gotas de refresco que se me habían caído tan torpemente aunque visto desde fuera pudiera parecer que había sido a propósito... ni de coña. Me lamí el dedo en cuanto lo separé de ella para beber un poco más del refresco, concretamente lo que se me había quedado a mí adherido, y finalmente lo bajé, junto al resto de mi brazo, que reposaba a un lado de mi cuerpo.
– Tienes razón, no suelo venir aquí demasiado a menudo. Se juntan en pocos metros cuadrados demasiadas de las cosas que desprecio y odio, para empezar eso a lo que se llama música y que... en fin, no merece ni dicho calificativo porque ofende a la música de verdad, pero tampoco es la primera vez que vengo. Hoy sólo lo he hecho para acompañar a una amiga. – le dije, respondiendo a su comentario de antes y encogiéndome de hombros al final, mostrando con mi gesto que, de haber sido por mí, habría estado mil veces antes en cualquier otro sitio, con reservas, antes que allí.

Cogí mi vaso y di un nuevo trago a mi bebida, a esa que ella había utilizado como excusa para impedir que me fuera de la Roxy y sin la que, probablemente, no me habría encontrado como estaba en aquel momento: más centrado en ella que en cualquier otra de las mil prioridades que estaban por delante de Adriana Paola en mi mente.
– Por eso estaba a punto de irme, no me gusta el ambiente que hay en esta clase de sitios y si puedo evitarlo lo hago... Ni siquiera el portero ha entrado con buen pie, aunque poco puedes esperar de esa clase de seres. – añadí, encogiéndome de hombros y pensando que el susodicho me sonaba de algo, aunque no acababa de saber por qué... Probablemente por mi hermana, ya que era la clase de fauna que a ella solía gustarle, pero no podía estar seguro, así que a saber, dado que a fin de cuentas todos los de esa calaña me parecían iguales... igual de patéticos, sobre todo.
– Pero bueno, supongo que sabías eso porque me conoces sorprendentemente bien, y supongo que si aún así me has invitado a una copa estando fuera de mi elemento y totalmente incómodo es porque quieres que me sienta más cómodo, ¿no es así? – comenté, medio sonriendo con diversión al final y dejando clara, inconscientemente, la intención oculta de mis palabras, que probablemente fuera muy perceptible para una experta como lo era ella (para algo tenía que servirle ser italiana, ¿no?), incluso más de lo que era para mí, que tampoco hacía nada por evitarlo o luchar contra ello.

De repente la música, que hasta entonces, por estar cerca de la barra, donde no había demasiados altavoces, había estado a un volumen razonable, se hizo estruendosa y atronadora, algo que de ser el clímax de una pieza de música clásica habría estado muy bien pero que al ser basura comercial hecha sin el menor tipo de criterio apestaba y daba dolor de cabeza, por lo que inconscientemente fruncí el ceño y volví a beber un trago de mi refresco, que parecía con aquellas luces sorprendentemente descolorido frente a la bebida de ella, de un verde brillante... Y no quería ni imaginarme lo que llevaría, pero probablemente nada sano o que le hiciera algún bien a su hígado o a su cuerpo, un regalo de Dios por mucho que en cosas como aquella pareciera esforzarse en ignorar. En cualquier caso, aquello impedía la comunicación de cualquier tipo entre nosotros porque resultaba imposible casi escuchar mi propia respiración o incluso mis pensamientos, que se veían constantemente invadidos por letras vacías de todo sentido salvo el más obvio, el sexual. Aquello hizo, junto al nuevo movimiento que se apoderó de la sala, que me acercara aún más a ella, de tal manera que nuestros cuerpos, frente a frente, estaban rozándose ya de manera total, no simulada como hasta aquel momento. Además, para que no hubiera nada que le impidiera acercarse a mí y que me escuchara, llevé la mano hasta la parte baja de su espalda desnuda, donde la apoyé y permití que recortara toda distancia que nos separaba para quedar totalmente pegados.

En aquel momento estábamos en la situación perfecta para seguir con nuestra conversación, aquella que era la única razón por la que no me estaba yendo de la Roxy a hacer cualquier otra cosa (como, por ejemplo, compañía a Abel), y por eso mismo aparté unos cuantos mechones de pelo rizados de la zona de su oreja para tener libre acceso a la misma, a la que me acerqué para asegurarme de que me escuchara.
– A mí sí que me extraña verte aquí, Paola... No tanto porque no te pegue el sitio, que te pega en cierto modo, sino porque estás sola... La última vez que nos vimos te dejé muy bien acompañada, creo. – murmuré, casi como si fuera una confidencia e inconscientemente apretándola contra mí, así como con tono de voz algo molesto, un detalle que no pude evitar y que me dejó, una vez lo hube dicho, con el ceño fruncido y los labios sobre su oreja, aunque enseguida tragué saliva y volví a acercarme a ella, como si no me hubiera llegado a apartar en ningún momento.
– En cualquier caso, me alegro de verte... – añadí, con la sonrisa que se grabó en mis labios, si aquello fuera posible, reflejada en el tono de mi voz y, sin que me diera totalmente cuenta de aquello, con uno de los dedos de la mano que no estaba su cintura jugando con uno de sus rizos, que le caía sobre los hombros.

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Re: Parallels [Adriana P. Gregoletto] [+18]

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Lun Jun 25, 2012 1:24 am

Al ver allí a Jack fue como si, en cierta manera, tuviera una segunda oportunidad para hacer las cosas bien. La noche que nos habíamos encontrado a Mich y a la niñata de su hermana yo quería pasarla con él, agradecerle de la mejor manera que se me podía ocurrir lo que había hecho por mí... Pero no había podido ser, yo me había enfadado por culpa de la niñata diabólica, Jack se había picado conmigo Dios sabía por qué y Mich era la persona más agradable que había allí y su encanto y su simpatía, tan diferente a la de un típico inglés me habían enganchado... Pero aquella noche era diferente, aquella noche tenía a Jack solo para mí y pensaba aprovecharlo... Fuera como fuera lo convencería para quedarse y para estar un rato juntos y, después... Lo que surgiera! Además, Jack no parecía demasiado molesto por que lo hubiera llevado a la barra y en seguida pidió una fanta de limón, cosa que extrañó y sorprendió al camarero pero que a mí me resultó, siendo Jack de quien hablábamos, lo más normal del mundo... ¡Y hasta sorprendente! Pues, cualquier otra noche, se habría limitado a pedir un vaso de agua. Yo por mi parte, moví mi copa para que el camarero pillara lo que quería y la dejé en la barra mientras cazaba la mirada de Jack al vuelo, que no dejaba de mirarme y estudiarme, como si hiciera mucho tiempo que no me viera o algo así, supuse, porque aquella mirada... No, siendo Jack, no podría ser una de Esas miradas... ¿O sí? Fueron sus palabras lo que me dejaron aún más con la duda porque no se cortó a la hora de halagarme, de decirme lo increíble que estaba y lo bien que me quedaba el rojo. Alcé una ceja y estuve a punto de preguntarle si estaba enfermo, tenía fiebre o algo porque aquello no era para nada normal en él pero, entonces, llevó una mano hasta mi cintura y me hizo girarme para poder comprobar desde todas las perspectivas posibles lo buena que estaba y lo bien que me quedaba aquel vestido. En cuanto volví a mi sitio lo miré, con una media sonrisa en mis labios sin esperarme su siguiente gesto que fue nada más y nada menos que coger uno de mis rizos con sus dedos y juguetear con él mientras yo me mordía el labio inferior, dejándole hacer antes de que lo soltara y, de nuevo, me sorprendiera diciendo que le gustaban mis rizos... Tragué saliva, y él se giró enseguida, cuando el camarero le dejó la fanta en la barra haciendo que en mis labios muriera aquel “Grazie” que no llegué a decirle... ¿Qué mosca le había picado aquella noche a Jack? ¿Es que la niñata le había dejado con todo el calentón y ahora quería apagar el fuego conmigo? Aquel pensamiento me enfadó y mucho pero me limité a seguir considerando opciones porque aquello no podía ser, yo era mejor que ella, quizá no tan alta pero si más guapa y mi belleza era muy distinta a la suya... Yo era mediterránea y, por mucho que pareciera simpática y todo eso... Ella era una sosa inglesita que no me llegaba ni a la punta de los tacones... Sus miradas, sus gestos y sus palabras tenían que ser única y exclusivamente por mí, por como estaba aquella noche que, asombrosamente, parecía gustarle mucho. Jack le dio un trago a su bebida y, de lo cerca que estábamos y lo lleno que estaba su vaso, algunas gotas terminaron en mis labios, haciéndome medio sonreír y alzar una ceja por lo a posta que parecía hecho aquel gesto... Cosa que no podía ser tratándose de Jack. En cuanto él se dio cuenta dejó su vaso en la barra junto al mío y con un dedo secó mis labios sin darme tiempo a relamerme, llevándose ese mismo dedo a la boca, mientras yo cogía mi copa y le daba un trago, de repente, sedienta sin razón aparente.

Tras darle un buen trago a mi copa pude volver a mirar a Jack que me explicaba las razones por las que odiaba las discotecas... Como por ejemplo la música que allí ponían y que, según él, no merecía ni llamarse música y yo, por una vez, no podía estar más de acuerdo pero no dije nada porque sabía que, de hacerlo, me preguntaría qué leches hacía allí.... Él, sin embargo, tuvo que cagarla recordándome que había ido allí para acompañar a una “amiga” y mi cara fue todo un cuadro mientras bebía de nuevo. Intenté que no se me notara demasiado el asco en la cara y gruñí en voz tan baja que, con la música ni siquiera pudo escuchar. - Sí, ya, amiga... – murmuré más para mí que para él, cosa que no pareció escuchar porque siguió hablando, diciendo que precisamente por eso estaba a punto de irse y despotricando de los porteros, los chicos enormes tatuados y con más músculos que cerebro que me habían colado sin más y que no me caían ni tan mal antes de decirme que eso debía saberlo por lo bien que lo conocía y por eso lo había invitado a una copa, para que en un lugar y situación incómodos se sintiera cómodo... Conmigo. Me mordí el labio inferior, pillando al vuelo la insinuación que contenían sus palabras y medio sonreí. En aquel momento ya entendía, en cierto modo, qué pasaba allí aunque aún me parecía casi increíble. Sabía (o al menos me imaginaba) que Jack tenía ganas de mí, que había algo en él que le impedía resistirse más a mis encantos y que si jugaba bien mis cartas, aquella noche podría ponerse interesante... Mucho. Sobretodo teniendo en cuenta que estábamos casi pegados, que la gente nos empujaba, intentaba quitarnos sitio, pegándonos aún más, y la música estaba cada vez más alta, aún en la zona de la barra donde antes apenas se escuchaba ahora se metía en los tímpanos y retumbaba en el cerebro y, sin poder siquiera evitarlo porque todos en la Roxy habían empezado a saltar, a gritar y a dejarse llevar por la música, Jack y yo acabamos aún más pegados, con nuestros cuerpos rozándose y yo mirándolo a los ojos, esperando que se quejara, que quisiera apartarse o... Cualquier cosa excepto lo que hizo, llevar una mano a la parte baja de mi espalda y pegarme a él, acariciando en cierta manera mi piel y erizándola. Contuve la respiración unos segundos, dejando que él me pegara a su cuerpo y sin saber qué esperarme a continuación, ¿qué se suponía que quería? ¿Ponerme nerviosa? ¿Matarme de ganas de él? ¿Que no pudiera aguantar sin devorarle allí en medio? ¡Pues lo estaba consiguiendo! Sin embargo se limitó a apartar mi pelo de la zona del cuello y la oreja y llevó sus labios a ella para poder decirme lo que le extrañaba verme allí, no por el sitio, si no porque estaba sola... Y la última vez que me había visto me había dejado en muy buena compañía... Solté una risita, sorprendida por la manera de apretarme contra él mientras hablaba, mientras me decía aquello con un tono de voz que dejaba clara su molestia. Se separó de mí, apenas unos segundos que se me hicieron eternos, antes de volver a acercarse y decirme que de todas meneras se alegraba de verme, medio sonriendo mientras volvía a jugar con uno de mis rizos.

Me mordí el labio inferior, dándome cuenta por primera vez de que realmente le había molestado lo de Mich y pensando, extrañada, que Jack estaba celoso de su mejor amigo... Ni que me lo hubiera tirado o algo... O que Jack y yo fuéramos algo. Aparté aquellos pensamientos, dejándome llevar, actuando antes que pensar y no pude evitar medio sonreír, cogiendo precisamente el rizo con el que había estado jugando él para hacerlo yo mientras lo miraba a los ojos y, en cuanto menos se lo esperaba, me acerqué a él y lamí su oreja, mordiéndole el lóbulo antes de sonreír, notando como su cuerpo reaccionaba, por la cercanía, a todo lo que le hacía. - La verdad es que estaba muchísimo mejor acompañada antes de que nos encontráramos a Mich... Pero esa compañía me abandonó... - me encogí de hombros y me separé un poco, mordiéndome el labio inferior y acariciando su pecho, quedándome cerca de sus labios y de él, tanto, que podía sentir su respiración en mis labios. - Espero que esta noche no me abandone... - sonreí y, cuando parecía que iba a besarlo, me aparté de él, guiándole un ojo mientras bebía un poco más de mi copa, el Jäger sabía a regaliz, estaba muy rico y me encantaba, pero en aquel momento no me apetecía beber mucho más... Aquella noche querría recordarla, eso seguro, y tampoco quería que el sabor del Jäger estropeara el de sus labios... Fruncí el ceño cuando me di cuenta de lo que había pensado pero no tardé demasiado en olvidarlo porque me empujaron por detrás y, sin querer, me tiré un poco de Jäger en el escote y, además, la mano con la que no sostenía mi copa había acabado en su entrepierna. Me separé de golpe de él y dejé la copa en la barra, buscando servilletas o lo que fuera para secarme o, al menos, que la piel no se me quedara pringosa por culpa del Jäger.... Cosa que igualmente pasaría. - Cazzo! – maldije y me giré, mirando mal al estúpido que me había empujado que ni siquiera se había dado cuenta, tenía las pupilas tan dilatadas y unas pintas de estar tan colgado que no se aguantaba, Jack me detuvo antes de que fuera a darle una paliza, quizá no porque pensara que fuera a hacerlo, sino porque... Por lo que fuera, quizá pensaba que me iba a ir y lo iba a dejar allí. Me giré y me encontré, de nuevo, con sus ojos fijos en mí, con su mirada... Con esa mirada. Me mordí el labio inferior y no le dejé hablar, me puse de puntillas (porque aun con tacones el nazi era jodidamente alto) y acaricié su cuello con los labios antes de llenarlo de mordiscos y algún que otro chupetón, separándome con una risita. - Scusa... - murmuré al separarme, medio sonriendo. - No he podido resistirme, hoy hueles especialmente bien... Además... - bajé la mirada hacia su camisa y comencé a juguetear con los botones de ella. - El azul te sienta muy bien, hace tus ojos más... azules. - alcé de nuevo la mirada y me mordí el labio inferior antes de reírme. - Vale, eso ha sido una estupidez y prometo que no ha sido por el alcohol, que esta noche apenas he bebido! – le saqué la lengua y me llevé de nuevo la copa a los labios, mirando a nuestro alrededor y encontrándome con miraditas fijas en nosotros, comentarios, probablemente chismorreos y puse los ojos en blanco, saludándolas con la mano y con una sonrisa más falsa que las tetas de Pamela Anderson para que la maldita niñata y sus amiguitas dejaran de mirarnos como si fuéramos famosos o algo así... Y la única que saludó rápidamente y se giró con disimulo fue Elisabeth ya que sus amigas se limitaron a sonreír con caras de zorras y seguir mirando como si nada... - Como tu “amiguita” y su séquito no deje de mirarnos me voy a enfadar, ¿Sabes? Y cuando me enfado doy miedo, ya lo sabes... – dije, alzando las cejas para que pillara a qué me refería, volviendo a jugar con los botones de su camisa, desabrochándole el primero, cerca del cuello, justo donde le di un mordisco. - Que les den... ¿Tienes planes para esta noche, soldadito? – alcé la mirada, sonriendo y mirándolo a los ojos, perdiéndome durante unos segundos en ellos... Y es que aquella noche estaban increíblemente azules... Y él... Él simplemente era Jack.

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Re: Parallels [Adriana P. Gregoletto] [+18]

Mensaje por Jack Thomas el Lun Jun 25, 2012 9:26 pm

La única solución que le veía a cómo me encontraba en aquel momento, actuando más por mis instintos que por lo que mi cabeza me dijera que estaba bien o mal (y, por ello, pecando, como bien lo sabía porque me imaginaba perfectamente dónde acabaría aquello que Paola y yo teníamos entre manos, literalmente por el paso del rizo de mi dedo al suyo), era dejar de hacerlo, tomar las riendas de la situación y pensar que Dios no se sentiría orgulloso de mí en aquella situación. ¿Cómo podría, si estaba dejándome llevar por la italiana, por lo increíblemente sexy que estaba aquella noche y porque llevaba ya algo de tiempo sin probar a ninguna mujer? Aquello normalmente no era demasiado problema porque sabía cómo aguantarme, al menos en condiciones normales, porque estaba claro que, al menos en aquel momento, mi autocontrol se había ido al garete – mira, justo igual que mi noción de lo que está bien y lo que no, ¡espabílate, Thomas! – y no había forma humana de recuperarlo, no aquella noche. La otra opción, la que ni siquiera quería contemplar porque sería entregarme de lleno a los placeres mundanos y carnales reflejados tan bien en una Paola que con su vestido rojo era la misma representación de un súcubo, era precisamente esa: continuar el camino que había iniciado aún sin saber cómo y llegar hasta donde se supusiera que tenía que llegar con ella, que no parecía, a juzgar por sus gestos, esperarse que me pusiera a flirtear con ella... yo. La verdad es que era comprensible; ni yo mismo entendía (o quería entender, porque sabía muy bien qué estaba pasando) por qué estaba como estaba o por qué me había puesto a tontear con ella en primer lugar, pero ahí estaba, totalmente pegado a ella, con la mano incluso en su espalda para que la distancia que nos separara fuera la mínima... Y sólo entonces me di cuenta de que la decisión sobre lo que haría en aquel momento estaba tomada de antemano, no precisamente por mi mente sino más bien por mi cuerpo, y que el momento de culparme llegaría, pero después.

En aquel momento, lo único que me interesaba era su reacción, la manera en que se tomaría todo lo que había estado haciendo hasta aquel momento, y algo me decía que sería buena, quizá el hecho de que la conocía lo suficiente para saber que nunca le diría que no a algo así conmigo o, quizá, que la cercanía que manteníamos era reveladora de la temperatura de su cuerpo, más elevada que de costumbre... y probablemente sin tener nada que ver con el hecho de que fuera mediterránea y, por tanto, poseedora de una sangre demasiado caliente. Como bien había supuesto, ella se lo tomó bien; es más, se lo tomó tan bien que enseguida tomó el relevo y fue ella quien empezó a sorprenderme a mí, primero al subir hasta mi oreja y después con sus palabras, en las que me dijo que la compañía auténticamente buena no había sido la de Mich sino la mía, la que según ella la había abandonado. Ignoré eso por la sencilla razón de que estaba demasiado ocupado enajenándome y aceptando el halago que quizá fuera cierto, o quizá no, pero que en cualquier caso había tenido el efecto deseado sobre mí, con la consecuente superioridad que en un momento había demostrado tener sobre mí y que se esforzó en remarcar con todo lo que hizo a continuación, pues no contenta con obligar a mi cuerpo a reaccionar perceptiblemente al estar contra ella incluso hizo amago de besarme, aunque no lo hizo... en lugar de eso dio un trago a su copa de... de lo que fuera aquello.

Por si aquello no fuera poco, antes de que me diera tiempo a reclamar mi parte de aquello (vamos, a acercarme y besarla yo mismo para quitarme las ganas que tenía de hacerlo desde, prácticamente, que la había visto) la empujaron e hicieron que se tirara parte del líquido en el escote y con la otra mano me tocara la entrepierna, con lo que ambos pudimos darnos cuenta de hasta qué punto yo estaba cachondo en aquel momento, tanto que de haber bebido alcohol no habría dudado un momento a la hora de recoger las gotas de bebida de su escote y... me liaba, me estaba liando, tenía que ser capaz de mantener la cabeza más o menos fría dadas las circunstancias y separarme de ella. Sí, eso tenía que hacer, pero había un enorme problema: no era nada fácil... y si ya en mi mente sonaba complicado, ponerlo en práctica lo sería aún más, y eso fue lo que comprobé exactamente cuando me planteé separarme de ella y reclamar mi espacio vital. No pude, simplemente fui incapaz de hacerlo, y más cuando ella se giró para echarle la bronca a quien la había empujado y por instinto la cogí del brazo para que no se le ocurriera irse y dejarme... bueno, así. Cuando se giró debió de ver las ganas que reflejaba mi mirada, porque ni siquiera me dejó preguntarle qué había pasado exactamente o decir cualquier cosa, en general, antes de ponerse de puntillas y llenarme el cuello de caricias con sus labios, así como mordiscos y algún chupetón tras los que se disculpó, utilizando como excusa que aquella noche olía especialmente bien... Si ella lo decía, supongo que tenía que creerla, aunque con lo que hizo después, empezar a jugar con los botones de mi camisa, tampoco es como si tuviera la capacidad de pensar demasiado activa, la verdad, especialmente por el hecho de que volvió a halagarme gratuitamente (y ya iban dos en muy poco rato, algo le pasaba... o eso o estaba muy cachonda, que también podía ser) antes de girarse a ver nuestros alrededores.

Me había olvidado de que seguíamos en la discoteca, e incluso de que no estábamos solos; todo a mi alrededor había, por un momento, desaparecido salvo ella y yo, y volver a la realidad para encontrarme que teníamos sobre nosotros las miradas de la mayoría de la gente que nos rodeaba no era precisamente agradable, por lo que traté de centrarme y cogí la fanta para darle un nuevo trago mientras ella saludaba al grupo de Elisabeth, que nos observaba detenidamente... y no podía darme más igual. Ya le explicaría en otro momento que, de verdad, entre Paola y yo no había nada, porque en aquel momento estaba muy ocupado intentando conseguir que, de hecho, no hubiera nada. Paradójico, ¿verdad? Sí, lo era, y también tremendamente difícil, porque la italiana no ayudaba precisamente cuando me desabrochaba botones de la camisa o me daba mordiscos en las zonas que había desabrochado... Maldita fuera, una y mil veces.
– No, no había planeado nada para hoy. – respondí, con la voz algo ronca por la excitación y obligándome a mí mismo, justo después, a tragar saliva para que pasara, pero ni por esas: era demasiado claro lo que quería y, también, que ella era la culpable, de la misma manera que también estaba demasiado claro que por mucho que hubiera tonteado con ella antes mi aguante había llegado hasta su punto álgido y ya no podía más... Tenía que hacer algo sí o sí, o de lo contrario explotaría.
– Y por eso estoy libre, Paola, para salir de aquí y que podamos recuperar ese tiempo perdido en el que dices que te abandoné... – añadí, cogiendo después el vaso con fanta de limón y bebiéndomelo en apenas un par de tragos porque, a aquellas alturas, no era más que una simple molestia e interrupción.

En algún momento que desconocía había vuelto a llevar la mano a la parte baja de su espalda para acercarla más a mí; en algún otro momento, me había encargado de acelerar su cercanía para que me escuchara y que lo que acababa de decirle no cayera en saco roto, pero al parecer aquello la volvió a pillar por sorpresa y no reaccionó demasiado rápido, razón por la cual me vi obligado a intervenir para que se diera aún más cuenta de mis intenciones y no me dejara allí, con el calentón frustrado, cuando podía solucionármelo... miento, podíamos solucionármelos mutuamente. Sin que me importara si teníamos voyeurs o no, ya que tenía cosas más interesantes en las que pensar que en nuestro potencial público, deslicé sutilmente la mano que tenía en la parte baja de su espalda hasta su culo, que acaricié de tal manera que no podía llamarse exactamente delicada o sutil, si bien al estar ocultos por una maraña de gente no se veía lo que acababa de hacer y podía dedicarme a continuar haciéndolo, en vez de a preocuparme. Además, también aproveché para subir la otra mano, la que tenía libre, por el brazo de ella hasta su barbilla, en la que hice fuerza para que me mirara a los labios y me los leyera al decirle un ”te espero fuera, acábate lo que sea eso y ven conmigo”, que fue el preludio de una media sonrisa y de que me acercara a darle un pico aunque no llegara a hacerlo, sino que lo utilizara como distracción para poner, en su mano, la copa que era suya y que acababa de coger de la barra en la hasta hace un momento habíamos estado.

Una vez hecho eso, y con Paola aún asimilándolo, me giré en redondo y me bastó apenas un momento para localizar una salida que pudiera llevarme de vuelta al aire fresco y a lo que eso significaba: ella... cuando llegara, vamos. Así, confiando en que ella tendría un calentón similar al mío o al menos lo suficientemente intenso para que no dudara en seguirme, empecé a abrirme paso rápidamente a través de los cuerpos sudorosos que se interponían entre la salida y yo. Apenas saludé a Elisabeth con una mano cuando salí, despidiéndome y sin prestar atención alguna a lo que me había dicho, porque tampoco la había oído de todas maneras y porque tenía demasiada prisa para andarme con rodeos. Por eso mismo agradecí el momento en el que abrí las puertas y el aire húmedo de la calle, tan propio de Londres, me golpeó en el rostro, obligándome a respirar hondo mientras la puerta se cerraba tras de mí y, por un instante, me calmaba lo suficiente para pensar con claridad... Aunque apenas fueron segundos, quizá algo más pero muy poco, porque en cuanto la imagen de Paola volvió a mi mente así lo hizo el insoportable calor que me recorría y que se acumulaba en la zona de mi entrepierna, que casi me dolía contra los pantalones por lo sumamente excitado que estaba. De nuevo todo volvió a suceder demasiado rápido cuando, aún sumido en mis pensamientos, escuché la puerta y el sonido de unos tacones que reconocí, aún sin verla, como los de Paola. Así se explica que no me costara casi caminar hacia ella con grandes zancadas y prácticamente acorralarla contra la pared, conmigo encima de ella y mis brazos a ambos lados de su cuerpo, impidiendo que huyera... aunque dudaba mucho que fuera a hacerlo. Nos quedamos en esa posición poco rato, el suficiente para que la mirara a los ojos con intensidad y para que fuera ella quien, sin decir nada, redujera la distancia que nos separaba y me besara, un beso con el que perdí el control porque me hizo rodear su menudo cuerpo con los brazos y acercarla a mí todo lo que pude mientras nuestras bocas, concretamente nuestras lenguas, batallaban como si no existiera el mañana.

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Re: Parallels [Adriana P. Gregoletto] [+18]

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Mar Jul 03, 2012 4:44 am

Después de conocer a Jack y de habernos visto en bastantes ocasiones en el último mes había algo que me había quedado tremendamente claro y era que Jack era una caja de sorpresas pues tan pronto estaba arisco y mordía como podía empezar a flirtear conmigo y dejarme claro que estaba muerto de ganas de mí. Normalmente aquello me habría enfadado porque odiaba no tener el control de las cosas pero, en aquel momento, no podía darme más igual... Jack era como era y no iba a cambiar, como tampoco iba a cambiar el hecho de que tenía un calentón de caballo por lo que había podido comprobar cuando, sin querer, había tocado su entrepierna y, frente a una situación así, estaba más que claro que él solo podía hacer una cosa: dejarse llevar... Sin duda aquella era mi noche de suerte. Además, por si no me hubiera dado cuenta de lo excitado que estaba, su voz al decirme que no tenía planes aquella noche, sonó ronca, demostrando que no podía más y que, al final, su cuerpo iba a tomar las riendas de la situación... Y como si él se hubiera visto venir aquello tan bien como yo lo había hecho me hizo una proposición indecente en toda regla que se resumía en salir de allí y “recuperar el tiempo perdido” un eufemismo precioso que básicamente quería decir que se moría por meterme de todo menos miedo... Y no sabía si él tenía más ganas de que lo hiciera que yo porque ya llevaba esperando mucho tiempo que lo hiciera... otra vez.

Sin más, se terminó su fanta de un par de tragos, dejándome más claras sus ganas y su poco aguante, sorprendiéndome aquello porque, hasta donde yo recordaba, él era el hombre con más aguante del planeta o, al menos, con el que me había cruzado que no eran precisamente pocos y por ello me costó reaccionar, momento que él aprovechó para bajar su mano por mi espalda hasta mi culo, acariciándolo, mientras con su mano libre acariciaba mi brazo y subía por él hasta mi barbilla que cogió de manera algo brusca y me hizo mirarle directamente a los labios para que pudiera leérselos pues a continuación me dijo, sin palabras, que me terminara mi copa y que me esperaba fuera. Después me dedicó una media sonrisa y se acercó a mí, parecía que me iba a besar y yo ya lo esperaba, con muchísimas ganas de volver a saborear sus labios, pero en lugar de eso me puso mi copa en las manos antes de girarse y salir de allí, dejándome literalmente alucinada porque aquello... Aquello era muchísimo más propio de mí que de él y lo peor era que había conseguido lo que se proponía: Calentarme aún más de lo que ya estaba y que así me resultara imposible negarme (como si me lo planteara o algo). Me quedé mirando su espalda mientras desaparecía entre la multitud e incluso me encontré murmurando maldiciones en italiano cuando vi como se despedía de la niñata de Elisabeth y, en cuanto desapareció tras las puertas de la discoteca me faltó tiempo para beberme lo que me quedaba de Jägerbomb, demasiado para bebérmelo tan rápido como lo hice pero no me importaba. Dejé la copa en la barra y pagué rápidamente las bebidas antes de ir directa a la salida, siguiendo los pasos de Jack e ignorando los cuchicheos de las amiguitas de la niñata cuando pasé junto a ellas porque, en aquel momento, no podía haber nada que me importara menos y es que solo podía pensar en una cosa: Jack.

Cuando salí, pese al calor de mi cuerpo, sentí un escalofrío por el maldito clima de Londres, lo maldije en silencio al tiempo que Jack se giraba y se acercaba a mí y me dejé llevar por él, lo dejé acorralarme contra la pared, con su cuerpo sobre el mío, pegados y pudiendo sentir mutuamente el calor de nuestros cuerpos, con sus manos a ambos lados de mi cuerpo como para impedir que me escapara... Já! Como si quisiera hacerlo. No me dio mucho tiempo a hacer nada más que mirarlo a los ojos, a ver esa mirada en ellos y a morirme de ganas... Quería, no, necesitaba besarlo y eso fue lo que hice, o más bien lo que mi cuerpo hizo por mí, dejándome llevar y actuando por puro instinto, algo demasiado típico en mí... Y que con Jack me pasaba demasiado a menudo. Lo besé con pasión, con una intensidad que dejaba claras las ganas que tenía de él, de saborearlo, de sentir su cuerpo contra el mío... Y él me devolvió el beso mientras rodeaba mi cuerpo con fuerza, pegándome a él mientras nuestras lenguas echaban un pulso en nuestras bocas. Nos separamos cuando se hizo necesario respirar y, esta vez, ambos nos miramos de la misma manera y no pude evitarlo, lo cogí de la mano y salí corriendo con él sin decirle nada, simplemente con una media sonrisa grabada en mis labios mientras, a veces, lo escuchaba preguntar detrás de mí que a dónde íbamos. Cada vez que él hablaba o preguntaba algo lo empotraba contra alguna pared, sin importarme la calle en la que estuviéramos, la gente que pasara por allí, ni nada en absoluto y lo besaba de nuevo con pasión, dejándome llevar y dejando que él acariciara mi cuerpo por encima e incluso por debajo de la ropa mientras yo hacía lo propio con él y, en cuanto nos separábamos, con una sonrisita, volvía a salir corriendo... Y así hasta que finalmente llegamos a mi casa, cachondos y con ganas de más.

Estaba tan excitada, con tantas ganas de él y sin poder aguantarme más que había olvidado por completo el hecho de que probablemente mi casa estaría llena de hombres, mafiosos en particular, y que aquello no era exactamente una buena idea pero en cuanto entramos al portal y acabamos en el ascensor, se me olvidó absolutamente todo lo que pudiera pensar porque Jack me empotró contra una de las paredes y empezó a besarme, a acariciar mi perfil, mis muslos, a subirme el vestido y a llenar mi cuello de mordiscos. A mí se me escapaban los gemidos y le clavaba las uñas en la espalda con fuerza, sin importarme si me cargaba su camisa, porque estaba demasiado ocupada muriéndome por todo lo que me hacía... Y así fue como llegamos a mi piso. Abrir la puerta, con él detrás de mí, mordiendo mi cuello y metiéndome mano, fue un gran reto que conseguí tras un buen rato y, como premio, de un salto rodeé su cintura con las piernas y su cuello con los brazos, devorándole la boca mientras entrábamos en mi casa, cerrando la puerta con la pierna y pasando por el salón, en el que si nos hubiéramos fijado habríamos visto como un puñado de mafiosos nos miraban boquiabiertos y alucinados mientras bebían cerveza y cenaban pizza... Pero estábamos demasiado ocupados besándonos, con Jack desabrochando mi vestido como podía y yo guiándolo hasta mi habitación mediante susurros, mezclando inglés e italiano por la excitación y comiéndole la oreja mientras, como para hacelo...

Al final, y tras chocarnos varias veces contra muebles y paredes, llegamos a mi habitación. Me bajé de él y cerré la puerta, empujándolo a la cama y dejando que mi vestido cayera al suelo, quedando abandonado al pie de la cama junto a mis tacones mientras me acercaba a él. Mi conjunto de ropa interior de encaje rojo y negro le encantó por la cara que puso y por cómo me miró pero yo, en vez de ir directa a él, subí a la cama por el lado y aprovechando que él se había sentado, me puse detrás y empecé a morder, besar y lamer su oreja y su cuello mientras metía las manos por dentro de su camisa, acariciándolo y arañándolo mientras desabrochaba los botones y bajaba muy lentamente por su torso hasta la cintura de su pantalón. - ¿Te parece una buena manera de recuperar el tiempo, soldadito...? – le susurré al oído, justo cuando una de mis manos volvía a subir por su torso y la otra se colaba bajo sus pantalones, llegando a acariciarlo por encima de la tela de sus boxers, soltando una risita. - Veo que alguien se alegra de verme... – susurre, al sentir su excitación prácticamente en mi mano, entonces mordí si cuello con fuerza empecé a mover mi mano sobre sus boxers, acariciándolo y llegando a masturbarlo mientras con la otra desabrochaba sus pantalones. Sabía que me quedaba poco tiempo para seguir llevando las riendas de aquello y, con la mano que no estaba dentro de sus pantalones, lo cogí del poco pelo que tenía y lo obligué a girar la cabeza y besarme, de nuevo, con una pasión brutal mientras por fin colaba la mano bajo sus boxers y empezaba a masturbarlo, excitándome sola con lo duro que estaba... - Tenía ganas de hacer esto desde la noche en el almacén abandonado... – confesé entre susurros en su oído antes de llenar su cuello de mordiscos y chupetones, preparada para otra noche increíblemente brutal y, sin duda, inolvidable...

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Re: Parallels [Adriana P. Gregoletto] [+18]

Mensaje por Jack Thomas el Jue Jul 05, 2012 9:05 am

Me moría de ganas de ella. No era demasiado difícil darse cuenta de aquello, que de hecho resultaba tan obvio que hasta un infiel con su inteligencia de puré de patata podría ser capaz de entenderlo, pero no por más obvio resultaba menos cierto. Se veía en cómo la besaba, en mi manera de acercarme a ella, de pegarme a su cuerpo, de compartir el calor que los dos sentíamos: en todo. Se nos notaba, y no solamente a mí como cualquier observador más o menos atento hubiera podido notar dentro de la discoteca, sino que a ella también, pues era quien me había besado, era quien me estaba devolviendo el beso y a quien no le importaba en absoluto que la estuviera acercando a mi cuerpo con los brazos sin nada de delicadeza, que por otra parte estaba de más porque no estaba con la mente operativa para pensar en esas chorradas. Solamente podía pensar en que necesitaba acostarme con ella aquella noche sí o sí porque mi excitación era tal que incluso me dolía contra los pantalones, y por la cercanía ella tenía que notarlo, así que sólo esperaba que mis besos y mis manos sirvieran para calentarla a ella también y que se apiadara de mí y de mi calentón, que pese a ser poco frecuente a veces me ocurría, y todo... Como humano, además de imagen y semejanza de Dios, también tenía algo que me hacía necesitar el sexo, y pese a que me controlara en la medida de lo posible porque creía sinceramente que eso fuera del matrimonio era algo deplorable, yo mismo terminaba cayendo en la tentación en más de una ocasión y no podía evitar que una chica guapa (a la que ya había probado y cuyos encantos me habían liado ya alguna vez, por cierto) me hiciera desviarme tantísimo como lo hacía ella... La diferencia estaba en que en aquel momento no estaba capacitado para pensar en lo que pasaría después, sino en lo que me moría de ganas de hacer, y aquello fue lo que impidió que fuera consciente de que estaba pecando para, directamente, hacerlo...

En cuanto me separé de ella, lo único que había en la mirada que le lancé fue deseo puro y desnudo, que se reflejaba en los ojos de Paola con tanta fuerza que no se lo pensó a la hora de cogerme de la mano y llevarme corriendo por los callejones de Londres. Al principio no me lo pensé, pues estaba muy ocupado siguiéndola, pero después la curiosidad me pudo y comencé a preguntarle a dónde íbamos, aunque cada vez que lo hacía ella aprovechaba para empotrarme contra cualquier pared que nos encontrábamos y, sin importarle quién hubiera pasando por la calle, besarme de tal manera que yo mismo lo olvidaba y perdía el control, besándola y queriendo hacerle de todo donde fuera, me daba igual con tal de que fuera rápido... Y así lo reflejaban mis manos, que a aquellas alturas ya se habían colado bajo la ropa de Paola un sinnúmero de veces y querían más, mucho más. Aún no sé cómo, pero llegamos a su casa finalmente a juzgar por el portal en el que pronto estuvimos metidos y del que pasé, porque lo que me interesaba era ella... Y así se lo hice saber cuando, nada más entrar en el ascensor, la empotré contra una de las paredes y empecé a acariciar su piel, levantándole el vestido para ello y, cuando podía, mordiéndola sin hacerlo, como pasaba en su cuello, que fue presa de mis fuertes mordiscos durante todo el trayecto ascendente.

Ni cuando salimos del cubículo me separé, no obstante, de ella, pues por detrás continuaba marcando su cuello como mío al mismo tiempo que le metía mano de tal manera que resultó una auténtica sorpresa que fuera capaz de abrir la puerta. No pude, tampoco, pensar en eso mucho rato porque ella enseguida se subió sobre mi cuerpo de un salto, enredando sus piernas en mi cintura y rodeando mi cuello con los brazos, con lo que me forzó a cerrar la puerta de una patada, demasiado ocupado besándola y dedicando mis manos a quitarle el vestido con bastante dificultad, porque ni siquiera veía lo que hacía. Eso hizo, además, necesario que ella fuera guiándome por la casa vacía para que supiera a donde ir, y así lo hizo, mezclando el italiano con el inglés y conmigo a tientas, chocándome contra la mayoría de los muebles que había estorbando por el pasillo hasta que ¡por fin! llegamos a su habitación. Una vez allí, ella fue quien tomó las riendas, primero bajándose de mi cuerpo y después cerrando la puerta. En apenas un momento se quitó el vestido y me dejó verla con la ropa interior de encaje que llevaba aquella noche y que me hizo relamerme visiblemente, algo que ella interpretó bien porque enseguida se subió a la cama en la que... Espera, ¿en qué momento me había sentado? Ni lo sabía, pero allí estaba, con ella detrás de mí metiéndome mano y soltándome comentarios de los suyos antes de besarme y, por fin, comenzar a masturbarme.

Spoiler:
De tan caliente que estaba en aquel momento me sorprendió cómo controlé un jadeo que casi se me quiso escapar pero que no lo hizo por estar besando a Paola, y también me sorprendió que no reaccionara inicialmente pero no lo hice, pues en lugar de moverme como era habitual en mí para quedar encima de ella lo hice de tal manera que ella pudo sentarse sobre mis piernas. Con aquella posición, que raramente practicaba (por no decir que nunca la había practicado), descubrí que tenía la posibilidad de atacar el escote de ella, la parte que el sujetador no cubría de su pecho y que enseguida empezó a estar marcada por mis dientes a base de mordiscos y chupetones. Además, mis manos no tardaron en desabrocharle el sujetador (probablemente cargándomelo, aunque eso no podía saberlo seguro) y en lanzarlo por ahí para estar más y mejor ocupadas acariciándole los pechos, concretamente los pezones, a los que enseguida me dediqué con la boca, también. En aquel momento, mis manos se fueron directas a la parte de debajo de su ropa interior (¿braga, tanga, culotte...? Ni me había fijado ni me interesaba), que hice volar por la habitación también para que estuviera desnuda delante de mí, por fin, como había estado deseando prácticamente desde que la había visto, al principio de la noche. Mientras yo me recreaba con su cuerpo y aprovechaba para recorrerlo de arriba abajo con las manos, ella utilizó esos momentos para quitarme los pantalones y los boxers, así como mi camisa ¿destrozada? que tiró al suelo para que quedara junto a su ropa en un pequeño montón cuyo destino no podía importarme menos, sobre todo porque ella había empezado a moverse contra mí y, con ello, generaba una fricción entre nuestros cuerpos que era casi insoportable para mí, porque la cercanía era tanta que sentía absolutamente todos sus movimientos, y me excitaban sobremanera, si es que se podía estar más excitado que como lo estaba, algo que dudaba seriamente.

En cualquier caso, no podía pensar de lo mucho que necesitaba sentirme dentro de ella, y por eso mismo mis manos actuaron solas, antes de que mi cerebro se lo ordenara conscientemente, y bajaron hasta su entrepierna. Una de ellas se quedó en su clítoris y comenzó a acariciárselo rápidamente, con movimientos circulares y algo bruscos que la excitaban a juzgar por sus gemidos; la otra fue directamente a su entrada, donde amagaba con penetrarla aunque no llegaba a hacerlo, sino que únicamente jugaba con ella. Además, en aquel momento yo estaba muy centrado en llenar de marcas sus pechos y en morderlos con saña, prácticamente devorándola en sentido estricto, y cuando comencé a masturbarla subí hasta su cuello para hacer lo propio, calentándola aún más y provocando que me empezara a arañar la espalda, algo que no me dolía pero que, aún así, tampoco era totalmente de mi agrado, razón por la cual reduje bruscamente el ritmo en su clítoris pero, por el contrario, la penetré con varios dedos, que comencé a mover muy lentamente en su interior. La estaba volviendo tan loca como lo estaba yo; lo notaba en su manera de moverse contra mí, provocando que el contacto con mi propio miembro la masturbara con la fricción que compartíamos, fruto de la cercanía, y así me devolvía la jugada de haber hecho el ritmo mucho más lento que como había estado siendo hasta aquel momento. La cuestión era que uno de los dos acabaría no aguantando más y cediendo, y tal y como estaban las cosas estábamos bastante igualados en cuanto a posibilidades de hacerlo, pero al final fui yo... No podía soportarlo más, necesitaba entrar en ella y darle el polvo de su vida, y con un brutal mordisco en su cuello que incluso hizo que sangrara y tragara parte de su sangre al hacerle un chupetón que lo cubriera separé mis manos de ella para apoyarlas en su culo y, de ahí, hacer la fuerza suficiente hacia abajo para poder penetrarla de un golpe. Una vez lo hice, y con un jadeo que coincidió con un brutal gemido suyo, comencé a moverme contra ella, marcando un ritmo rápido desde el principio pero que, pese a todo, no sería suficiente... Ardíamos demasiado.

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Re: Parallels [Adriana P. Gregoletto] [+18]

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Jue Jul 26, 2012 9:59 pm

Spoiler:
Ardía, literalmente, mi cuerpo desprendía calor, un calor que se me hacía insoportable y me volvía loca. No podría aguantarlo mucho más, lo tenía clarísimo, la paciencia nunca había sido lo mío y mucho menos en una situación como en la que me encontraba con Jack... No podía pensar en nada que no fueran nuestros cuerpos, en darle placer, en subir el ritmo con el que lo masturbaba, en él... Exacto, lo más normal del mundo teniendo a semejante Dios (nórdico? Sí, tenía que reconocer que me recordaba bastante a Thor... Pero Jack estaba mucho más bueno y era más inteligente... Y tenía una pizca de maldad que... Oh, Joder, me ponía mucho, ya está!) acariciando mi cuerpo, con ganas de hacerme de todo pues como que era algo normal y comprensible. Lo estaba besando como si no hubiera mañana y, al segundo siguiente, él me sorprendió sentándome sobre sus piernas a horcajadas y antes de que pudiera decir o hacer nada él ya estaba devorando mi escote con mordiscos y marcándolo a base de chupetones, tuve que morderme el labio inferior para no gemir, y es que me moría de ganas de aquello, especialmente con él... No tardó en cansarse del impedimento que suponía mi sujetador y me lo quitó, con un “crack” que no sonó nada bien, y a punto estuve de maldecirlo en italiano pero sus manos acariciando mis pezones y después sus labios, me hicieron olvidarme del sujetador roto, de las guerras y del hambre en el mundo... Vamos, de todo lo que no fuéramos él y yo sin ropa en mi habitación a punto de pasar la noche de nuestras vidas. Pero como aún teníamos demasiada ropa encima para lo que nos interesaba a ambos él resolvió el problema quitándome sin demasiada delicadeza el culotte que aquella noche llevaba y mientras acariciaba (bonito eufemismo para describir lo que hacía conmigo) mi cuerpo yo le quité los pantalones y los boxers y, por último, la camisa que ya llevaba abierta gracias a mí y cuya espalda estaba algo rota por culpa de mis uñas... ¿Qué demonios? ¡Por su culpa, que me ponía demasiado y aquello no podía ser sano!

No dudé en moverme contra él, en pedirle más sin palabras y en provocar una fricción casi insoportable que no hacía sino calentarme más (ah, ¿se podía? Teniendo en cuenta con quien estaba a punto de acostarme, Sí! Porque no podía ser ni sano ni normal lo mucho que me ponía Jack...) y cuando él sumó sus manos en mi entrepierna a la ecuación no pude evitar jadear. Una me masturbaba, fija en mi clítoris, acariciándolo rápida y bruscamente mientras la otra amagaba con penetrarme, jugando en mi entrada, en ese momento ya no podía pensar y me daba igual todo así que ya había empezado a gemir. Por si aquello no fuera poco, sus labios que hasta entonces habían estado en mis pechos, mordiéndolos y marcándolos, subieron a mi cuello a hacer precisamente eso mismo y en seguida llevé mis manos a su espalda, arañándolo con fuerza mientras gemía, moviéndome contra él y consiguiendo que él bajara el ritmo en mi clítoris y que me penetrara con varios dedos, como si aquello le hubiera molestado, yo comencé a moverme más rápido contra él, llegando a masturbarme con su propio miembro gracias a la cercanía de nuestros cuerpos, cosa que me hizo gemir aún más y, aunque no pareciera gustarle demasiado lo de los arañazos, arañar su espalda con más fuerza. Seguimos así durante un rato, matándonos de ganas de más y es que yo quería sentirlo dentro de mí de una maldita vez y estuve a punto de decírselo en italiano pero entonces mordió mi cuello con fuerza para después hacerme un enorme chupetón. Gemí, mezcla de dolor y de placer por el mordisco y enseguida separó las manos de mi entrepierna para llevarlas a mi culo y empujar, penetrándome de un golpe. Solté un brutal gemido al sentirlo por fin dentro de mí que coincidió con un mísero jadeo suyo (al menos ya era más que la última vez...) antes de que empezara a moverse rápidamente contra mí... Aunque no lo suficiente.

En seguida mis uñas se clavaron en su espalda (porque me la sudaba bastante que le gustara o no, yo no podía ni quería controlarme) y no dudé en ser yo quien comenzó a atacar su cuello esta vez, mordiéndolo con fuerza, llenándolo de chupetones e incluso yendo a sus hombros para mordisquearlos mientras me movía contra él mucho más rápido, logrando que él acompasara sus movimientos con los míos, subiendo así el ritmo más y más. Además, cada vez que él intentaba morderme o hacerme chupetones donde fuera yo se lo impedía, mordiéndole los labios y besándolo, como castigándolo por haber tardado tanto en volver a caer, en volver a estar en aquella situación conmigo... Y por no darme el gustazo de escucharlo gemir, aunque alguna vez consiguió salirse con la suya, con vía libre para marcar mi cuello mientras yo gemía de placer. Así, el brutal ritmo que llevábamos era cada vez más rápido y no sabía él pero yo no podría aguantar mucho más, notando mi cuerpo cada vez más cerca del orgasmo, arqueé la espalda y me moví contra él rápidamente, gimiendo sin parar y, antes de llegar yo, lo hizo él, haciendo que poco después y con un brutal gemido tuviera un orgasmo digno de una película porno aunque no por ello dejé de moverme contra él pues ahora solo tenía más ganas de él, había recordado lo increíble que era el sexo con Jack y quería más... Mucho más.

Busqué sus labios como una desesperada y lo besé con pasión, tumbándolo en la cama y cogiendo sus manos, impidiendo que hicieran de las suyas y poniéndolas sobre su cabeza aunque sabía perfectamente que, de querer, se libraría de mis manos porque era mucho más fuerte que yo, sus enormes bíceps y su cuerpo, que parecía esculpido por Miguel Ángel, lo dejaban más que claro. Habíamos dejado de movernos contra el otro pero él seguía dentro de mí así que mientras lo besaba moví varias veces mi cadera para que volviera a tener ganas y animarlo a seguir y que no olvidara aquella noche fácilmente... Hice que saliera de mí y bajé por su cuello a base de mordiscos y chupetones en mi camino a su oreja, que lamí lentamente y mordisqueé. - ¿Listo para el segundo asalto, soldadito? Aunque si quieres que pare... Solo tienes que decirlo. – le guiñé un ojo y volví a besarlo. Fue un beso rápido e intenso y por fin solté sus manos para poder acariciarlo y arañarlo mientras mis labios se entretenían en su cuello, mordisqueando su nuez de manera juguetona y llenándolo de chupetones. Cuando yo iba por su pecho mis manos ya estaban en su entrepierna y habían empezado a masturbarlo lentamente. Yo ya había sumado mi lengua a la tarea de bajar por su cuerpo y calentarlo cosa que estaba consiguiendo por las reacciones de su cuerpo así que, en cuanto llegué a la zona de su vientre me paré en seco y subí el ritmo de mi mano, lamiendo y llenando de chupetones su cintura justo donde se le marcaba el hueso aunque en vez de terminar en su entrepierna lo hice en sus muslos que mordisqueé mientras lo miraba desde abajo, medio sonriendo, aunque sabía que como no me diera prisa aquel impaciente iba a ponerse a mandón para que no me tomara mi tiempo y esas cosas. - Me tomaré tu silencio por un “No pares, Paola, sigue...” – gemí aquello último y le guiñé un ojo antes de, finalmente, ir a su entrepierna, donde lo estaba masturbando rápidamente, para lamer su miembro lentamente antes de metermelo entero en la boca. Me pareció escuchar otro jadeo en aquel momento así que medio sonreí y comencé a comérselo a un ritmo mucho más rápido que como lo había estado masturbando hasta el momento.

A él le encantaba, podía notarlo en lo duro y caliente que estaba, en su cuerpo tenso debajo de mí y en como, en un momento dado, había llevado una de sus manos a mi cabeza y la había enredado en mi pelo para dictarme un ritmo muchísimo más rápido... Aunque por el contrario yo bajé el ritmo de golpe, cosa que no pareció gustarle demasiado porque me estiró del pelo y podría haber jurado que lo había escuchado gruñir por lo que me apiadé de él y volví a subir el ritmo poco a poco, dejando que creyera que era él el que me marcaba el ritmo cuando no era así para que, en cuanto menos se lo esperaba, subir aún más el ritmo, ejerciendo presión con mis labios en la base y succionando en la punta cada vez que llegaba a ella, acariciando sus testículos mientras él había dejado de poder pensar en nada porque yo me estaba empleando al máximo y así, al final, terminó en mi boca. No le hice ascos y me lo tragué todo (cosa que no hacía con cualquiera pero Jack me ponía tanto que con él ni pensaba), lamiendo su miembro a conciencia justo después, calentándolo al instante y poniéndome sobre él, de nuevo con una media sonrisa. Con las manos apoyadas en sus hombros, le comí la boca con ganas y comencé a moverme contra él, de nuevo, provocando aquella insoportable fricción que nos calentaba a ambos, con sus manos recorriendo todo mi cuerpo sin delicadeza alguna y, cuando creía que iba a empezar a masturbarme lo que hizo fue tumbarme en la cama y ponerse sobre mí. Alcé una ceja y abrí la boca para hablar aunque en cuanto lo hice él me penetró y en vez de palabras, de mi boca salió un brutal gemido que precedió a muchos más mientras él seguía entrando y saliendo de mi cuerpo rápidamente, dándome lo que necesitaba... A él, dentro de mí. En aquel momento sobraban las palabras, nuestros cuerpos se entendían a la perfección y probablemente sería una estupidez hablar y estropearlo así que lo cogí con fuerza del pelo y lo acerqué a mí para besarlo y así, al menos, poder acallar algunos de mis gemidos... Inútilmente, por cierto. Jack me ponía demasiado y no podía evitarlo, de él siempre quería más... Y nunca tendría suficiente.

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Re: Parallels [Adriana P. Gregoletto] [+18]

Mensaje por Jack Thomas el Mar Ago 14, 2012 1:52 am

Spoiler:
No podía más... no, ninguno de los dos podíamos más, y así habíamos terminado. Me había intentado convencer a mí mismo durante nuestros últimos encuentros, desde que el primero hubiera acabado exactamente como estábamos en aquel momento, de que por mucho que me atrajera se tendría que quedar en algo que había sucedido una vez y no más, pero al parecer mi poder de convicción estaba perdiendo facultades porque, pese a todo, por mucho que me hubiera intentando mentalizar de que no tenía que volver a acostarme con ella, la atracción había sido demasiado fuerte... y seguía siendo demasiado fuerte. En otras circunstancias estoy seguro de que habría sido capaz de parar en medio del polvo porque lo que estaba haciendo no era correcto, bien lo sabía Dios y bien lo sabía yo también, pero planteármelo siquiera me resultaba, cuando estaba con Adriana, algo tan sumamente doloroso que me parecía imposible de realizar y, por tanto, ni siquiera lo intentaba... Total, ¿para qué? No lo conseguiría, eso seguro, y encima supondría renunciar a un placer que hacía años que... no, miento, que nunca había sentido de la manera como lo hacía con ella, así que ya vendrían después las consecuencias, ya pensaría y actuaría en consecuencia después de lo que teníamos entre manos, porque mientras estuviera penetrándola como lo estaba haciendo, con ella moviéndose contra mi cuerpo a un ritmo coordinado con el mío propio, no podría (ni quería) pensar en nada que no fuera ella, nuestro placer, sus uñas en mi espalda... Espera, ¿sus uñas en mi espalda? ¿Por qué demonios me estaba marcando, vamos a ver? Odiaba que lo hiciera, por mucho que en aquel momento no ayudara a quitarme el calentón –más bien al contrario, en realidad– y no supusiera algo que nos cortara el rollo soberanamente, y pensaba darle la revancha cuando pudiera... y cuando pudiera pensar en algo que no fuera aguantar los jadeos y lo mucho que me cabreaba que me esquivara cada vez que intentaba morderla o incluso, aunque fuera lo que menos hacía, besarla.

Me estaba, básicamente, cabreando mucho, y la rabia se me notaba aún más que antes en los movimientos cada vez más rápidos contra ella. No era sólo rabia hacia ella, sino que había un importante componente de rabia hacia mí mismo por haber caído en sus redes y no ser capaz de salir de ellas indemne, y así me resultaba imposible (vamos, aún más de lo normal, porque ni en circunstancias normales era suave en el sexo) controlarme de cualquier manera, por lo que pese a su negativa llegaba a poder tomarla con su cuello y marcarlo como ella había hecho conmigo, si bien había una diferencia sustancial: a ella sólo le ponía, mientras que a mí me enfadaba... y sí, también me ponía, igual que el ritmo acelerado que llevábamos y gracias al cual no tardé demasiado en terminar dentro de ella, que lo hizo poco después de mí con un brutal gemido que poco le costó disimular en mis labios, pues fue lo primero que buscó después de llegar y yo, inevitablemente, le devolví cada uno de los besos. Tan distraído estaba haciéndolo que casi ni me di cuenta de cuando me tumbó en la cama con ella encima y me cogió los brazos para alzármelos por encima de la cabeza, como si quisiera (o pudiera) sujetarme, al menos teniendo en cuenta la diferencia física que existía entre nosotros.

Aún estaba dentro de ella, y por un momento me llegué a plantear salir de su interior e irme de allí, pero tuvo que mover las caderas contra mí, tuvo que volver a dar fuerza a mi erección y me tuvo que hacer intensificar los besos, muerto de hambre de ella. ¿A quién quería engañar? No había manera humana de que pudiera irme de allí y dejar de tirármela hasta que no estuviera tan agotado que no pudiera moverme, y pensar lo contrario era una soberana tontería, por lo que algo a regañadientes me quité la idea de la cabeza y me limité a disfrutar... y, la verdad, el cambio fue para bien, porque en cuanto me hizo salir de ella supe que se las estaba apañando para intentar hacerme gemir, a juzgar por sus palabras, y eso me llenó de unas ganas que ella incrementó cuando empezó a bajar por mi cuerpo con sus manos primero, y con sus labios después. A aquellas alturas ya estaba cachondo; de hecho, cuando ella estaba en mis muslos, marcándolos a base de mordiscos ya sabía lo que quería que hiciera, y su gemido bastó para que se me agotara la paciencia y que en cuanto subiera a mi miembro no pudiera evitar cogerla del pelo para marcarle el ritmo. Por desgracia, a guerrera no la ganaba nadie, a la maldita italiana, y siempre quería salirse con la suya, algo que explicaba que el ritmo que llevaba no fuera el que yo quería sino uno muchísimo más lento, como si se aprovechara de que me moría de ganas de más para darme exactamente lo contrario: menos. ¡Maldita italiana! Y por eso la tiré del pelo para ver si así reaccionaba y subía el ritmo... y lo hizo, ¡de qué manera!, porque al final estaba tan sumamente cachondo por todo lo que me estaba haciendo, incluso por su manera de darme más velocidad de la que le había pedido en un primer momento, que no tardé en llegar al clímax en sus labios.

Apenas si tuve tiempo de recuperarme, porque antes de que tuviera tiempo de volver a abrir los ojos, que al parecer había cerrado con el orgasmo, ella se puso sobre mí y me comió la boca, provocando que reaccionara más por instinto que por otra cosa y que le devolviera el beso al tiempo que mis manos acariciaban su cuerpo sin cuidado, buscando sentirla, anhelando su piel y calentarla tanto como lo estaba yo por su culpa. Lo conseguí, evidentemente, porque ella estaba casi tan cachonda como yo, y cuando tenía las manos por sus ingles, tan peligrosamente cerca de su entrepierna que parecía que iba a empezar a tocarla, en lugar de eso aproveché para hacer fuerza y ponerla debajo de mi cuerpo, con lo que abrió la boca, de la que se escapó un brutal gemido que hizo juego con el jadeo que yo dejé salir cuando la penetré, sin ningún cuidado o preparación previa, ya que estaba tan excitada que por lubricación que no fuera... y lo mismo podía aplicárseme, ya que enseguida estaba entrando y saliendo de ella con una velocidad tan rápida que no podía ser normal. Me olía que aquel polvo iba a durar poco, por mi parte porque estaba demasiado caliente después de que ella practicara su don de lenguas conmigo; por la suya, porque entre mis labios en su cuello y su boca, una de mis manos en sus pechos y la otra en su clítoris, además de mis embestidas cada vez más rápidas, no aguantaría mucho sin llegar al clímax por exceso de placer, que era lo que, en realidad, estábamos buscando allí. Sin embargo, eso no me detenía a la hora de continuar marcándola, pues incluso bajaba los labios de vez en cuando a sus pechos para seguir con los mordiscos, los chupetones y los casi nada frecuentes besos, que con todo la excitaban de tal manera que podía decir que sus gemidos eran una música para mis oídos a la que mis jadeos sólo hacían los coros... aunque no podía decirse que no estuviera excitado, sino al contrario, pues no tardé demasiado en llegar al clímax, con una pequeña sorpresa: ella llegó al mismo tiempo que yo... y los futbolistas que estuvieran jugando en aquel momento debieron de meter gol al mismo tiempo, a juzgar por los gritos de los mafiosos fuera, de los que me había olvidado.

Un instante fue todo lo que necesité para darme cuenta de dónde y cómo estaba, en una casa llena de gente a la que no conocía pero que me estaban escuchando darle el polvo de su vida a la hija de un capo mafioso; un segundo, todo lo que tardé en separarme de ella, con el ceño fruncido, porque la sensación de que aquello estaba muy mal volvió a abrumarme con una fuerza arrolladora, excesiva... Aunque no demasiado duradera, porque sólo con ver a Paola debajo de mí, con esa expresión que se queda después de un orgasmo particularmente placentero que es de pura placidez, pura tranquilidad y, en nuestro caso, ganas de más, yo rememoré el placer que me había hecho sentir y que había coincidido con un puto gol... ¿En serio? ¿De verdad habían metido un gol en el momento en el que yo había tenido un orgasmo con la italiana? Mira que me extrañaba, de verdad, pero no pude pensar en ello porque aún con los últimos restos del clímax en mi cuerpo sólo se me ocurrió volver a tumbarme encima de ella y besarla sin cuidado, con pasión, recordándole que la noche acababa de empezar y que yo quería más... como ella enseguida quiso, ya que incluso sin que su cabeza le dijera que lo hiciera su cuerpo se movió contra el mío y me hizo sonreír en aquel beso de una manera no precisamente tranquilizadora, aunque pocas sonrisas mías solían serlo. Comencé a acariciar su cuerpo, sin cortarme a la hora de masturbarla y de separarme de su entrepierna con la misma rapidez con la que había llegado a tocarla, y así, cuando menos se lo esperaba porque era cuando más cachonda estaba, aproveché para cogerla de los muslos y hacer que se girara para que quedara a cuatro patas, posición que me permitió penetrarla desde detrás y que mis manos se centraran en sus pechos, con el control total de ella... por fin. Así era yo quien guiaba y dominaba, como tenía que ser, y así tenía sus hombros, su cuello y parte de su espalda para morder y marcar a mi antojo mientras entraba y salía de ella con un ritmo que alternaba primero lo lento y, después, lo rápido, en una sucesión que la excitaba tanto como a mí y que impedía que se aburriera, si es que en esa situación podía aburrirse alguien. De todas maneras, en un momento dado cogí una de sus manos a su entrepierna para que se acariciara el clítoris ella misma y se asegurara de sentir la mayor cantidad posible de placer mientras yo estaba entretenido en hacer lo propio a base de penetrarla, de morderla, de marcarla y de jugar con sus pechos, concretamente con sus pezones, que pellizcaba y directamente acariciaba para que sus gemidos subieran más de volumen y se sumaran a los que, por fin, salían de mí.

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Re: Parallels [Adriana P. Gregoletto] [+18]

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Jue Ago 16, 2012 8:51 pm

Spoiler:
Aquello estaba siendo increíblemente brutal... No. ¡Mejor! Muchísimo mejor. Hacía tiempo que no sentía tantísimo placer en una misma noche y es que tenía que reconocer que por muy estirado y frío que fuera mi queridísimo Jack(sí, querido, sobre todo... yo diría más bien deseado... ¡y tanto!), en la cama era una fiera, era ardiente y sabía como volverme completamente loca... Cosa de la que no demasiados hombres en el mundo podían presumir. Había intentado más de una y de dos veces desde que nos habíamos conocido que una de las noches terminara así, como estábamos en aquel momento, con él sobre mí, entrando y saliendo de mi cuerpo rápidamente, haciéndome gemir sin poder evitarlo y arañar cualquier parte de su cuerpo que se me pusiera a tiro por culpa de la excitación... Sí, eso era lo que tanto había deseado desde la primera noche en aquel almacén abandonado en el que me había puesto tan cachonda ver cómo torturaba a alguien e incluso lo había ayudado... ¿Estaba enferma? No, simplemente Jack me ponía jodidamente cachonda, me gustaba, no, me encantaba... Gemí de nuevo, cuando me mordió en el cuello, con sus labios viajando de este a mis propios labios, besándome con voracidad y devorando mi cuello mientras una de sus manos se entretenía en mis pechos y la otra me masturbaba... Ya no podía pensar, de hecho, no sabía qué era lo último en lo que había estado pensando y, la verdad, no podía importarme menos en aquel momento. Él seguía embistiendome cada vez más rápido y no contento con que mis gemidos ya parecieran gritos de placer, a veces incluso bajaba a mis pechos con sus labios para morderlos y marcarlos, incluso besarlos cosa que por el contraste hacía que mi cuerpo se erizara... Y con todo mi cuerpo estaba cada vez más cerca del orgasmo, de hecho, ni siquiera pude prever el momento exacto pues mi espalda se arqueó para sentirlo mejor y mis caderas se movieron contra él rápidamente, mis gemidos eran gritos y agarraba las sábanas con fuerza justo cuando llegué al clímax con un brutal gemido que se prolongó algo más de lo normal... Pues él llegó conmigo. ¡Y no solo eso! Fuera se escucharon gritos de gol y por un momento recordé que estábamos en mi casa y que fuera debía de haber un montón de mafiosos tocándose mientras nos escuchaban y otros tantos viéndose todos los partidos de la semana de la liga italiana... Pero, la verdad era que nada de aquello podía importarme menos... No después de haber tenido semejante orgasmo con Jack, a la vez... A la vez que un maldito jugador de fútbol metía un gol... Solo esperaba que eso no fuera una indirecta porque Jack y yo no estábamos usando condón (fallo por mi parte) y ya era lo que me faltaba...

Sin embargo, allí estaba, con la respiración entrecortada y con el pelo en la cara, tumbada de nuevo en la cama con Jack encima, que parecía haberse dado cuenta también de los gritos por la cara que tenía... Solo esperaba que no lo hicieran cambiar de opinión y que se marchara tan rápido como había llegado porque eso sí que no se lo perdonaría... Si había algo que odiaba en el mundo era que me dejaran con ganas de más y, en aquel momento, me moría de ganas de más... ¡Joder, como para no! ¡Que habíamos llegado juntos! ¡Jack y yo! Dios, eso no pasaba todos los días y, lo peor, era que hacía años (por no decir que tenía un vago recuerdo de que quizá alguna vez me hubiera pasado... o quizá no) que no me pasaba y nunca, jamás, habría imaginado que pudiera pasarme con él.. Por Dios, ¡con el nazi! Por suerte Jack me hizo olvidarme, de nuevo, de todo besándome con pasión y volviendo a calentarme en apenas segundos, como dejó claro mi cuerpo moviéndose contra el suyo y pidiéndole más... Mucho más. Y eso fue lo que me dio, en seguida, comenzó a masturbarme aunque se puso a jugar pues de repente dejaba de hacerlo y, en cuanto menos lo esperaba, volvía a empezar... Y así hasta que yo ya no podía más y estaba a punto de molestarme de verdad... Que fue cuando él me cogió de los muslos y me giró, poniéndome a cuatro patas sobre la cama y, sin darme tiempo siquiera a reaccionar, me penetró desde detrás, con sus manos centradas en mis pechos. No pude evitar soltar un brutal gemido y él en seguida comenzó a entrar y salir de mí rápidamente, sin darme tiempo a nada más que moverme contra su cuerpo mientras él mordía y llenaba de chupetones mi cuello, mis hombros y parte de mi espalda, alternando un ritmo brutalmente rápido con uno tan lento que me ponía de los nervios... ¡Muchísimo! Al menos él se apiadó de mi y cogió una de mis manos, llevándola por mi propio cuerpo hasta mi clítoris, haciendo que me masturbara mientras él me penetraba por fin con un ritmo brutal y constante, me mordía, me marcaba y jugaba con mis pechos y con mis pezones, matándome de placer y haciéndome gemir aún más... Dándome cuenta de que, por una vez, Jack gemía conmigo y eso me excitó casi más que todo lo que estaba haciéndome (casi...) por lo que mi cuerpo reaccionó solo, moviéndose rápidamente contra él, con mi espalda pegándose a su pecho tanto que entre nosotros no cabía ni un alfiler, con mi mano llevando un ritmo rapidísimo en mi clítoris y con los gemidos cada vez más altos y frecuentes... No podía más, sabía que aunque quisiera no podría y, simplemente, me dejé llevar y por el placer, llegando al orgasmo antes que él, con todos los músculos de mi cuerpo tensándose por el placer justo antes de relajarse y entonces llegó él, también con un gemido, y pese a que aquello había sido increíble y me había dejado agotada... También tenía ganas de más... Y es que Jack me volvía insaciable.

Hice que saliera de mí y lo tumbé en la cama, besándolo y jugando con su lengua, descansando un poco antes de empezar de nuevo a masturbarlo, pero él estaba guerrero y en seguida me hizo girar en la cama para volver a quedar sobre mí y, como yo había hecho con él, masturbarme. Yo, como no podía ser menos, me piqué, y de nuevo hice fuerza para que volviera a girar y él también así que comenzamos a girar sobre la cama sin parar, como peleándonos por quién iba a tener el control mientras nos masturbábamos y, al final, terminamos cayéndonos de la cama al suelo y seguimos rodando hasta que dimos con la pared justo cuando yo estaba sobre él. Sonreí, victoriosa, y él en seguida me besó, más bien, devoró mis labios como si hiciera meses que no comía y estuvieran hechos de pura ambrosía celestial (que hasta podría ser y todo, que estaba buenísima y eso era un hecho....) y yo seguí masturbándolo rápidamente y, por la cercanía, yo misma me masturbaba con su propio miembro, acallando los gemidos en su cuello, a base de mordiscos y chupetones mientras me movía contra él que, como yo, quería más... Y no dudó en dejarlo claro al cogerme de los muslos y, a peso, levantarme para dejarme de nuevo sobre él y penetrarme de golpe, moviéndome rápidamente antes de que yo cogiera sus manos y, de nuevo, las subiera sobre su cabeza para que las dejara quietecitas un rato mientras yo me movía sobre él a mi antojo... La verdad es que tendría que haber sacado las esposas porque con él me hacían mucha falta... Aunque su fuerza también me ponía, y sus brazos, y su forma de gemir y de intentar acallarse marcándome y mordíendome, como ardía su cuerpo.... Todo. Me movía lentamente sobre él, sintiéndolo a la perfección entrar y salir de mí, mordiéndome el labio inferior y mirándolo, viendo en sus ojos que, como no subiera el ritmo por muy bien que me moviera, él iba a tomar cartas en el asunto... Por lo que poco a poco subí el ritmo, moviéndome sensualmente sobre él y soltando sus manos para que pudiera hacer lo que quisiera, que resultó ser ir a mis pechos y jugar con ellos, haciéndome gemir justo antes de bajar una mano a mi entrepierna para darme aún más placer y, con ello, hacerme aumentar aún más y más el ritmo y los gemidos, llegando casi a pegar botes sobre su cuerpo, haciendo que casi entrara y saliera completamente de mí en cada embestida, matándome de placer... Y a él también, aunque no quisiera reconocerlo.

Esta vez me propuse aguantar, y como una campeona aguanté todo el rato con un ritmo rapidísimo, con sus manos en mi cuerpo, escuchando sus gemidos y, finalmente, con él corriéndose en mi interior... Ahí ya no pude más y solté un brutal gemido que me hizo llegar poco después que él, con mi cuerpo tenso y muriendo de placer, simplemente, sintiendo demasiado, tanto, que no podía ser bueno ni legal, eso seguro... Y poco después me dejé caer sobre él, intentando recuperar el aliento como podía después de aquello, mordisqueando su cuello y subiendo a su oreja, que le comí, literalmente... y no. - Creo que... deberíamos, ya sabes... volver a la cama... – susurré en su oído, mordiéndole el lóbulo de la oreja, apoyándome en su cuerpo... Joder, qué cuerpo! Pero Jack no respondió y yo me limité a bajar de nuevo a su cuello para seguir mordiéndolo, tratando de descansar un poco antes de volver a empezar... Y entonces Jack me hizo girar de nuevo, quedando sobre mí y abriendo mis piernas más para poder acomodarse entre ellas antes de enterrar la cabeza en mi cuello y hacerme gemir. - O también... podemos quedarnos aquí... Como quieras... - dije entre gemidos, dejándome llevar y arañando su espalda con fuerza, bajando por ella hasta su culo, que agarré, clavándole las uñas sin querer, mientras lo pegaba a mí, dejándole claro lo que quería: A él y solo a él. Y lo mejor de todo era que, por una vez, sabía que lo tendría... Aquella noche iba a ser mío y solo mío y pensaba aprovecharlo al máximo... ¡Que le dieran por culo al cansancio! Ya dormiría cuando no tuviera semejante Dios nórdico encima... Porque aquello, con Jack, no pasaba todos los días (ojalá) ... Y había que aprovecharlo!

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Re: Parallels [Adriana P. Gregoletto] [+18]

Mensaje por Jack Thomas el Lun Ago 27, 2012 11:03 pm

Spoiler:
Lo rápido del ritmo era una muestra clara de lo mucho que necesitaba aquello, entrar y salir de su cuerpo a toda velocidad, acariciarla y marcarla como si necesitara que quedara claro lo que acabábamos de hacer (como si no lo fuera, o algo...) o como si no pudiera cortarme, que era más bien lo que estaba haciendo con ella, pues si me controlara o le limitara al segundo polvo ya me habría bastado para irme a casa y, en cambio, allí seguía, tirándomela como si no existiera el mañana. Aquello estaba mal; yo lo sabía, Él lo sabía, los mafiosos seguramente lo sabían, ¡hasta ella lo sabía!, y sin embargo no parábamos porque lo necesitábamos demasiado... lo que hacíamos se había convertido en una necesidad, además de en un grave pecado, y por eso mismo ni siquiera aunque quisiéramos podríamos detenernos y necesitábamos más, siempre más... mucho más. Nunca me había, gracias a Dios, pasado algo así con nadie, pero estaba totalmente seguro de que aquello era únicamente temporal, y sobre todo culpa de ella, no mía. Una vez me apartara de sus redes, que me corrompían y me obligaban a hacer lo que estábamos haciendo, todo volvería a la normalidad: me purgaría, y volvería a ser el Jack respetuoso y temeroso de Dios que era, el que purgaba los pecados ajenos porque se sabía libre de ellos o, al menos, perdonado por ellos por Él, que era quien me insuflaba fuerzas cuando las necesitaba... Sí, eso era, en cuanto me alejara de ella todo mejoraría y volvería al camino correcto. El problema, sin embargo, era precisamente ese: ¿cómo se suponía que me alejaba de ella cuando mi cuerpo me pedía exactamente lo contrario, más cercanía? Eso era lo único que explicaba que siguiera moviéndome contra ella a toda velocidad, que la acariciara todo lo que podía, que la marcara a voluntad como si fuera mía.

La respuesta era fácil: no podía. No estando en medio del sexo más increíble que hubiera tenido nunca, no sediento de mucho más, y con ella dispuesta a dármelo, no en esas circunstancias, sencillamente era imposible que dejara de hacerle de todo, y eso tenía que metérseme en la cabeza cuanto antes porque, de lo contrario, iba muy mal... Y, por eso, decidí que puesto a estar haciendo aquello, lo llevaría hasta sus últimas consecuencias y que no me convenía tampoco cortarme dado que lo estaba disfrutando, y de qué manera, así que eso fue lo que me motivó a gemir con ella (menos, sin embargo, porque yo no tenía el gen italiano de vociferar hasta en la cama y de llevarlo todo hasta el extremo) y a moverme contra su cuerpo tan rápidamente como buenamente podía, que era bastante. Ella, por su parte, estaba cachonda a más no poder: se le notaba en su espalda pegada a mi torso, en su mano masturbándose a toda velocidad, en sus gemidos desesperados... y en que no tardó demasiado en llegar al orgasmo, aunque para ser sincero yo tampoco me tomé demasiado tiempo después de ella a la hora de terminar, con un nuevo gemido que pareció ser otra de las cosas que a ella tanto le ponían de la situación, puesto que apenas un instante después de que termináramos ya estuve tumbado en la cama de nuevo, con ella encima masturbándome rápidamente.

Se había aprovechado de un momento de debilidad para hacer aquello, porque no me había dado tiempo siquiera a reaccionar, y los dos sabíamos que aquello no podía ser porque era yo quien debía estar encima, así que lógicamente terminé yo encima de ella, devolviéndole la jugada al masturbarla. Sin embargo, y como debería haber supuesto dado que ella era italiana y, por tanto, mala perdedora, no iba a dejarlo pasar tan fácil y pronto empezamos a girar en la cama para pelearnos por tener el control, aunque nuestra especie de bronca terminó en el suelo, concretamente contra la pared, y habría seguido de poder atravesarla porque ella estaba encima de mí y eso no podía ser... Y ya me había vuelto a picar, razón por la cual ataqué sus labios sin cortarme un pelo con la fuerza al besarla mientras ella, por su parte, se dedicaba a masturbarme... no, miento, a masturbarnos, porque pese a que se estuviera encargando de mi miembro nos hacía sentir placer a los dos por la cercanía y por el hecho de que siguiera encima de mí. Aquello, evidentemente, me ponía: sólo había que ver lo notorio de mi erección para darse cuenta de ese hecho, y ella estaba muy centrada en los preliminares como para hacer caso de eso, así que no me quedó más remedio que cogerla a peso y yo mismo penetrarla, así como moverla contra mí para que los dos disfrutáramos lo más posible... Pero no, aquello no le debió de parecer suficiente, porque apartó mis manos de su cuerpo y las subió por encima de mi cabeza, como si de nuevo pensara que no podía desasirme de su contacto con facilidad, para empezar a moverse ella sola, sin que yo pintara nada en el ritmo. Con eso sólo conseguía darme ganas de que acelerara el ritmo, y precisamente eso era lo que iba a hacer hasta que ella empezó a moverse más rápido y me satisfizo lo suficiente para que mis manos, cuando me las soltó, no fueran a su culo sino a sus pechos, primero, y a su clítoris después.

Con un ritmo creciente, ella moviéndose sobre mí y yo marcándola mientras la tocaba, era sólo cuestión de tiempo que uno de los dos llegara al clímax, y fui yo quien finalmente lo hizo primero, con ella siguiéndome poco después y cayendo agotada sobre mí. No era la única que necesitaba un respiro, no obstante, y en vez de hablar como lo hizo ella aproveché para respirar profundamente y estar listo para un nuevo asalto en apenas segundos, algo que ella notó cuando me puse sobre ella, la abrí de piernas y enterré la cabeza en su cuello, que marqué a voluntad mientras la acariciaba a toda velocidad, evitando deliberadamente su clítoris para desesperarla y porque, también, estaba tan cerca de ella que a nada que me moviera (y lo hacía) mi propio miembro servía para masturbarla. Después de todos los polvos que llevábamos aquella noche los dos sabíamos que aquello sólo podría servir un rato muy corto, y ella me lo recordó al cogerme del pelo para besarme y al moverse rápidamente contra mí, de tal manera que poco pude pensar que no fuera penetrarla y, de nuevo, volver a empezar... Aunque, para desesperarla aún más, iba a hacerme de rogar, ya que ella lo disfrutaría igualmente, y por eso mismo en vez de obedecer inmediatamente a sus deseos más acuciantes me limité a acariciar su entrepierna con mi miembro, amagando con penetrarla de cuando en cuando e incluso haciéndolo, aunque sólo fuera un poco, para salir rápidamente y que ella pidiera más, mucho más... Un gemido suyo con mi nombre, como suplicándome, bastó para que me apiadara de ella (y de mí, que estaba también muerto de ganas...) y, tras hacer que apoyara los pies cerca de mis clavículas para que lo disfrutara aún más, la penetrara de un golpe rápidamente. Como la había estado calentando antes de aquello, calentándome a mí mismo en el proceso (algo inevitable, en realidad), aquel fue uno de los polvos más cortos de la noche, pues pronto llegamos al clímax, ella antes que yo, y estuvimos muy ocupados recuperando el aliento mientras nos liábamos.

Volví a reaccionar más rápido de lo que lo hizo ella, y aprovechando que aún estaba dentro de ella bajé sus piernas para que las enredara en mi cuerpo y me levanté, con ella a cuestas, para acabar apoyándola contra la pared, sobre una mesilla semivacía de la que en cualquier caso tiré todo lo que nos estorbara al suelo y que estaba a la altura perfecta para que no tuviera que hacer yo toda la fuerza. Así, aprovechando que estaba entre mi cuerpo y la pared sin poder moverse a no ser que yo lo dijera, opté por llevar las manos a sus pechos para jugar con ellos antes de que fuera mi boca quien lo hiciera, quien mordisqueara sus pezones y se los empezara, incluso, a marcar con chupetones, si bien ella debía de estar picada por algo –o simplemente le volvía la vena orgullosa italiana, que también podía ser– y aprovechó ese momento de distracción por mi parte para empujarme, separarme de ella y, después, apoyarme en la mesilla donde hasta entonces ella había estado para poder estar encima de mí y moviéndose contra mi cuerpo sensualmente. Por desgracia para ella, ni siquiera la cercanía o que me comiera la boca fueron estímulos suficientes para distraerme, y pronto fui yo quien me piqué y quien me levanté para ponerla contra la pared, conmigo detrás de ella y morder su cuello y sus hombros mientras, con las manos, bajaba por sus brazos y los llevaba por su cuerpo porque me ponía ver cómo se tocaba... por raro o enfermo que sonara eso. No me paré a pensar en ello, sin embargo, porque mientras ella acariciaba sus pechos y su clítoris guiada por mí yo ya estaba con mi miembro cerca de su entrada y sólo le bastó un movimiento de cadera para que la penetrara. Entonces la solté, y ella aprovechó para cogerme del pelo y hacer que la besara con la mano con la que hasta entonces había estado en sus pechos, mientras la otra seguía masturbándose rápidamente, aumentando su placer como ella aumentaba el mío al moverse contra mí. Así, y dado que no me entretuve en un ritmo demasiado lento o cambiante sino todo lo contrario, volvimos a tardar poco en llegar al clímax, conmigo algo antes que ella y volviendo a centrarme en sus hombros y su cuello... por poco tiempo, pues ella hizo que saliera de su cuerpo para poder girarse y, casi de un salto, enredar sus piernas en mi cintura para que la sostuviera mientras nos liábamos. Sin mirar por dónde íbamos, porque estaba muy ocupado besándola, terminé por caer sobre la cama, con ella encima liándose conmigo y besando y marcando mi cuello, así como mis hombros e incluso mi pecho, y sin que por una vez yo hiciera nada por cambiar de posición... aún.

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Re: Parallels [Adriana P. Gregoletto] [+18]

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Jue Sep 06, 2012 1:19 am

Spoiler:
Estaba agotada pero no podía parar, me estaba viendo envuelta en la típica pelea entre mi cerebro, que me decía que aquello era demasiado y que después de los polvos que fuera que llevábamos no podría más; y mi cuerpo, que por su parte simplemente se movía contra Jack, pidiéndole más, que siguiera, que no parara y que volviera a llevarme al séptimo cielo una vez más... O las que hiciera falta porque lo necesitaba, le necesitaba. Y él encima de mí, atacando mi cuello deliberadamente, mordiéndolo con fuerza y marcándolo no ayudaba en absoluto a que pudiera pensar con claridad porque, simplemente, quería más... y él me lo estaba dando mientras acariciaba todo mi cuerpo rápidamente y sin cuidado, a excepción de mi clítoris que, por la cercanía, acariciaba con su propio miembro consiguiendo así volverme loca y desesperarme por lo que no tardé demasiado en cogerlo del pelo con fuerza y besarlo, devorando su boca como si llevara meses sin comer mientras movía mis caderas contra él, buscando aumentar esa insoportable pero placentera fricción entre nuestros cuerpos... Y desesperarlo a él también aunque solo conseguí que se hiciera de rogar acariciando mi entrepierna con su miembro y amagando con penetrarme, llegando a hacerlo alguna vez aunque saliendo rápidamente de mí, con lo que yo me movía más contra él y lo arañaba con fuerza y continuó así hasta que no pude evitar gemir su nombre como rogándole que se apiadara de mí y que me la metiera de una jodida vez porque estaba desesperada, ¡Quería más y el muy idiota no me lo daba! Y con aquello Jack por fin reaccionó y me hizo apoyar las piernas en sus hombros justo antes de penetrarme de un golpe de cadera, haciéndome gemir y, por fin, morir de placer. Nos movíamos contra el otro como desesperados, buscando que aquel placer que sentíamos siguiera y siguiera aumentando aunque yo, de lo caliente que estaba, no pude aguantar demasiado y llegué al orgasmo bastante pronto... Aunque él, sorprendentemente, me siguió y, agotados, volvimos a comernos la boca para recuperar el aliento de la mejor manera que se me podía ocurrir.

Estaba demasiado ocupada liándome con él como para pensar en nada más así que no vi venir cuando me hizo enredar las piernas en su cintura y nos levantó a los dos, en aquel momento, solo podía pensar en agarrarme a su cuello con los brazos, besarlo y arañar su espalda, aunque no se me pasó lo jodidamente fuerte que estaba, sus enormes brazos haciendo fuerza para levantarme, él sudoroso... Y lo mucho que me ponía todo aquello. Y sin poder pensar, demasiado cachonda como para reaccionar y con ganas aún de más, Jack me sentó sobre una mesilla de noche, apoyándome contra la pared y comenzó a acariciar mis pechos y jugar con ellos sin cuidado alguno antes de mordisquear mis pezones y llenarlos de chupetones mientras yo me mordía el labio inferior con fuerza, haciéndome sangre y aún así gimiendo porque aquello me estaba encantando aunque aquello no podía ser, él no podía tener las riendas de la situación, no podía estar guiándome como si fuera un perrito faldero así que, con todas las fuerzas que conseguí reunir en aquel momento (no demasiadas pero sí las suficientes), lo aparté de un empujón de mi cuerpo y en seguida apoyarlo a él en la mesilla conmigo encima, aprovechando la ventaja de la postura empecé a moverme lentamente sobre él, acariciando arañando su pecho mientras le comía la boca con ganas aunque aquello, por desgracia, no duró mucho porque el orgullo de Jack parecía casi tan grande como el mío (y sí, por difícil que sonara, aquello podía ser) y en seguida se levantó de la mesilla y me puso contra la pared, con él justo detrás de mi cuerpo, acariciando mis brazos hasta llegar a mis manos y, entonces, ayudar a que yo misma acariciara mi cuerpo, llevando una de mis manos a mis pechos y la otra a mi clítoris mientras jadeaba e incluso gemía y poco después él ya me había penetrado y se movía contra mi cuerpo, aproveché que soltó mis manos para cogerlo del pelo y hacer que me besara, casi con rabia, mientras con la otra mano seguía masturbándome. El ritmo que llevábamos era rapidísimo desde el principio, mi cuerpo se movía contra él con desesperación, buscando sentirlo mejor dentro de mí mientras yo me daba aún más placer con mi mano y entre todo aquello no tardamos demasiado en tener un orgasmo, él poco antes que yo, haciéndome gemir de placer porque me encantaba sentirlo llegar dentro de mí.
Ni siquiera me dio un respiro y en seguida comenzó a morder y a marcar mis hombros y mi cuello mientras yo recuperaba el aliento aunque en seguida hice que saliera de mí y me giré, apoyándome en él y enredando las piernas en su cintura mientras nos liábamos. Estábamos tan concentrados en lo que teníamos entre manos que ni siquiera nos dimos cuenta de lo que hacíamos o a donde íbamos y así, en un momento estábamos de pie contra la pared y al siguiente estábamos de nuevo tumbados en la cama, conmigo sobre él besándolo con ganas y besando y mordiendo también su cuello y sus hombros incluso bajé por su pecho para llenarlo de besos y mordiscos además de algún chupetón. Fue en ese momento cuando, como si la cama hubiera tenido algún tipo de efecto extraño sobre mí, sentí todo el cansancio de golpe, mis músculos agarrotados y destrozados, como me temblaban las piernas y los brazos, el hecho de que no podía más... Pero no le dije nada a Jack, sabía que de hacerlo se marcharía y me lo estaba pasando bien con él, quería más... Aunque sabía que en aquel momento no lo tendría. Lo besé una vez más con pasión y la verdad es que él me dejó sin aliento, tuve que bajar a su cuello y llenarlo de pequeños mordiscos y besos mientras, medio tumbada de perfil sobre él, acariciaba su pecho con las yemas de los dedos, relajándome con su respiración y depositando solitarios besos y suaves mordiscos en su pecho que cada vez eran menos y así, poco a poco, me dormí sobre él, tan a gusto como un bebé.

La luz se filtraba por las ventanas, me moví sobre la cama, estaba inusualmente cómoda y con una sonrisa estúpida en los labios. No recordaba haber soñado con nada pero, por alguna extraña razón, parecía estar de buen humor, bien, a gusto... Ni siquiera me importó la brisa matutina que entraba por la ventana abierta, no me quejé ni intenté taparme con las sábanas, simplemente seguí tumbada en la cama, aún en un estado de duermevela que no me hacía ser totalmente consciente de dónde estaba, de cómo o de con quien estaba... Porque en aquel momento no importaba, nada importaba. Me acomodé un poco, encogiéndome sobre mí misma y entonces me di cuenta de que no estaba precisamente tumbada sobre la cama, su cuerpo desprendía un calor agradable y su pecho se movía hacia arriba y hacia abajo, relajándome... Incluso podía escuchar el latido tranquilo de su corazón y... ¿Quién leches era? ¿Qué estaba haciendo, vamos a ver, duermiendo con alguien en mi cama? Hice memoria y recordé la noche anterior, sorprendida de que aquello no hubiera sido un sueño, uno especialmente picante... Pero aquello significaba que estaba dormida encima de Jack, que el cuerpo que abrazaba con fuerza era el suyo que... ¡Oh, Dios! ¡Me había dormido! Y él... ¡No se había ido! No entendía por qué no sabía qué hacer y me limité a quedarme allí, abrazada a él con los ojos cerrados, intentando relajar de nuevo mi respiración y calmarme, espabilada de repente... Y poco a poco fui abriendo los ojos, acostumbrándome a la luz que ya había en mi habitación, y comprobando que, efectivamente, estaba abrazando a Jack, tumbada sobre él que dormía tan tranquilamente. Lo miré sin separarme de él y me mordí el labio inferior, estaba tan... guapo, sí, esa era la palabra, era guapísimo. Tragué saliva y paseé mi mirada por su cuello y sus hombros llenos de marcas... mis marcas, y la bajé hasta su pecho, me sonrojé un poco al ver cómo estaba, entre mordiscos, chupetones y arañazos parecía que volvía de la guerra... Y yo debía estar por el estilo.

No sabía qué hacer en aquel momento, nunca me había encontrado en una situación similar, ellos solían marcharse o yo misma lo hacía y si había dormido con hombres había sido con mis chicos, quizá con Nick o con Pao y con Carlo y si había alguno más podía contarlos con los dedos de una mano... Así que no sabía si tenía que hablar, si tenía que despertarlo o, simplemente, disfrutar un poco del calorcito que me daba su cuerpo y eso fue, finalmente, lo que hice. Fingí que dormía y no me moví, seguí abrazándolo aunque no pude evitar subir una de mis manos por su torso, llegando a su pecho que empecé a acariciar con las yemas de los dedos, viendo como su piel se erizaba con el contacto, mordiéndome el labio inferior antes de, sin poder aguantarlo más, darle pequeños besos por el pecho, sin apenas moverme del sitio... No quería que se despertara, no me apetecía discutir con él pero a la vez no podía evitar hacer lo que hacía, así que traté de fijar en mi mente su imagen durmiendo, y es que parecía algo así como un ángel caído del cielo, todo lo contrario que cuando discutíamos... O no. Se estaba demasiado bien así, como estábamos, sin hacer nada, sin molestar a nadie. Sacudí la cabeza e intenté no pensar en aquello, más bien, de no pensar en nada y disfrutar del momento, de esas sensaciones tan nuevas para mí... Y por suerte, lo conseguí. Supongo que me dejé llevar y, entonces, esa sonrisa de gilipollas volvió a mis labios.

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Re: Parallels [Adriana P. Gregoletto] [+18]

Mensaje por Jack Thomas el Vie Sep 21, 2012 12:17 am

Parecía que hacía una eternidad que habíamos estado contra la pared, acostándonos como si no existiera el mañana y marcándonos como si no quisiéramos olvidarnos de lo que había pasado entre nosotros (pese a que yo quería hacerlo por la sencilla razón de que no era lo que Él me decía que tenía que hacer y, por tanto, era pecar), y sin embargo no hacía ni un segundo que habíamos dejado de estar ahí para estar en su cama, con ella encima de mí, liándose conmigo y distrayéndome lo suficiente para que no pudiera reaccionar y ponerme yo encima, como tenía que ser. Era imposible siquiera planteármelo, porque ella sabía cómo besarme de tal manera que yo mismo quisiera más pese a no tener que hacerlo porque era un pecado, y por su culpa allí estaba, devolviéndole el beso con tantas ganas que me estaba quedando sin aliento y consiguiendo, en ella, el mismo efecto. No contenta con eso, además, pronto dejó mis labios para bajar por mi cuello y marcarlo, a base de besos, chupetones y mordiscos, como había estado haciendo hasta aquel momento... como si cupiera alguna marca más, pese a que había hecho lo posible por que no se pasara de la raya y quedara más marcada que yo, si bien mis esfuerzos en ese sentido habían sido en vano porque ella, italiana hasta la maldita médula, no se había rendido y se había aprovechado de lo enajenado que había estado mientras me acostaba con ella –incluso ahora, que tenía ganas de seguir haciéndolo– para hacer su santa voluntad, como solía. Sin embargo, había algo distinto en su manera de besarme el cuello que como había estado comiéndome la boca, aparte de lo obvio, porque los besos en los dos sitios no podían ser iguales. Parecía que se lo estaba tomando con más calma, que había dejado de robarme el aliento y que era ella quien lo estaba recuperando, y sólo entonces empecé a darme cuenta de que la noche con ella, a lo bestia, me empezaba a pasar factura y no duraría muchos polvos más.

Y mi cansancio vino a tiempo, porque tras una desaceleración constante del ritmo y de la frecuencia de sus besos y mordiscos ella terminó por quedarse dormida encima de mí, que no sabía lo que hacer. Por un lado, evidentemente estaba cansado, mi cuerpo me mandaba señales de alerta y quería aprovechar que estaba encima de una cama, cómoda además, para descansar; por otro, algo en mi cabeza me decía que si me quedaba a dormir con ella las cosas cambiarían, no sabía cómo, pero definitivamente lo harían. No era lo mismo sexo sin el más mínimo compromiso, únicamente destinado a satisfacer las necesidades físicas del cuerpo que Él nos había proporcionado en su infinita bondad, que quedarte a dormir con la persona con la que te has acostado: aquello marcaba una diferencia, no lo convertía en sexo y ya, sino que hacía posibles los sentimientos... esos que, al margen de la lealtad y, como mucho, el respeto y la alianza, no quería sentir hacia la maldita italiana. ¿Qué hacer? ¿Obedecía a mi cuerpo agotado u obedecía a mi mente, que estaba relativamente lúcida y despierta? Estaba en un dilema tremendo, tenía dudas acerca de mi posible actuación, e incluso estuve a punto de apartarla de encima de mí para levantarme e irme, pero fue entonces cuando ella me abrazó. Quizá me recordó a alguna que otra vez que había pasado aquello mismo, momentos aislados que habían sucedido pero que no volverían a hacerlo; quizá fui consciente de que, de moverme, la despertaría y me caería la bronca padre por hacerlo; quizá me di cuenta de que se estaba hasta bien, porque daba calor y la noche empezaba a ser más fresca, no lo sé. La cuestión fue que decidí hacer caso a mi cuerpo, por segunda vez en lo que llevaba de noche, y opté por quedarme donde estaba, sin abrazarla, y dormirme de una vez.

La noche, la verdad, se me pasó volando. Desde que decidí intentar dormir sin irme hasta que me desperté la mañana siguiente, con ella aún sobre mí y sin haber variado la posición ni un ápice, me pareció que habían pasado como mucho diez minutos, si bien por el sol que entraba por la ventana tenían que haber sido horas. Pese a la claridad, no me apetecía abrir los ojos y enfrentarme al nuevo día, especialmente a la italiana. ¿Habría algún reproche por no haberme ido, como se suponía que tenía que haber sido? ¿En qué nos dejaba haber dormido juntos, con ella abrazándome y yo soportándolo estoicamente, sin hacer nada al respecto? No lo sabía, y aún tenía demasiado sueño para enfrentarme a ello, así que simplemente me limitaría a descansar un rato más, disfrutando de la luz del sol en mi piel, del calor de ella, de sus besos y sus caricias en mi pecho... Espera, ¿qué? ¿Me estaba acariciando el pecho y yo no estaba haciendo nada? Aunque como para hacer nada, se estaba bien... ¿Pero qué demonios? ¿Qué me pasaba? El sueño me debía de sentar peor de lo que recordaba, porque no hice amago de apartarla ni de moverme yo durante, al menos, unos minutos... Hasta que me di cuenta de que mi tiempo de obviar la realidad se había terminado y que me tocaba lidiar con ella, por muy pocas ganas que tuviera de hacerlo. Sólo entonces abrí los ojos lentamente, como si me costara hacerlo (porque me costaba, eso era un hecho), y me llevé la mano a la cara para frotarme los párpados y poder despertarme, más o menos.
– Buenos días... – murmuré, antes de bostezar y de llevarme la mano a la boca por pura educación, un gesto automático que pese a estar recién despertado me salía sin siquiera pensármelo, una muestra más de la buena educación que me había inculcado mi familia desde niño.

Una vez enfoqué los objetos de la habitación en la que me encontraba la miré a ella, que parecía más despierta que yo y que aún no había dejado de abrazarme, vete tú a saber por qué. En cualquier caso, volví a poner en práctica lo que había hecho la noche anterior: no pensar, sino dejar que fuera mi cuerpo quien actuara, y me sorprendí a mí mismo rodeando el cuerpo de ella con un brazo y acercándola a mí para besarla, deseándole los buenos días como lo había hecho ya con palabras. Ella me devolvió el beso, pese a que estaba prácticamente tan dormida como yo, y no sé cómo pero terminamos en una posición parecida a la noche anterior, con ella debajo de mí y liándose conmigo mientras yo acariciaba su perfil con las manos. Sin embargo, había una diferencia bastante clara con la noche anterior: ya no estábamos buscando calentarnos, sino que aquellos besos eran una manera de desearnos los buenos días y de decirnos que la noche anterior había sido increíble, como si las marcas que teníamos en nuestros cuerpos respectivos no hablaran por sí mismas. En cualquier caso, cuando yo ya estaba besando su cuello (¿en qué momento me había separado de sus labios para atacar otra parte de su cuerpo? Lo ignoro) decidí que, si no queríamos liarnos no sólo como lo estábamos haciendo ya lo mejor sería parar, y eso hice, sin moverme no obstante de encima de ella, porque se estaba cómodo allí por el momento.
– ¿Es mucho suponer que me invites a desayunar? – pregunté, y ella me respondió, dejándome claro que contaba con que me quedara a desayunar y dándome, indirectamente, permiso para hacerlo.

Me levanté de donde estaba, la cama, y busqué mi ropa para ponérmela. Sólo encontré los boxers, los pantalones y los calcetines, así como las zapatillas, y dado que ella se puso mi camisa (rota, por cierto) me vestí con lo que pude aprovechar y la dejé yéndose a la ducha, aunque me dejó una camiseta de hombre en la que ponía Wolfsbane para ponerme. ¿Para qué demonios tendría una camiseta con el nombre de una hierba en ella...? A saber, pero dado que había podido vestirme no iba a hacerle ascos a ese inesperado regalo y me puse a explorar su casa. Dado que de su casa había visto únicamente el camino a su habitación (y muy malamente, porque la noche anterior había estado muy ocupado como para fijarme en esa clase de cosas), no tuve muy claro por dónde ir, y terminé guiándome por unas voces en italiano que estaba escuchando y que supuse (acertadamente) que me llevarían a la cocina. No era demasiado grande, o quizá parecía más pequeña de lo que realmente era porque estaba llena por tres italianos mayores que yo y que se me quedaron mirando fijamente... y a los que conocía, porque eran los que había identificado como niñeras de Paola el mismo día que la había conocido. En cualquier caso, yo salí del paso al saludarlos con un educado ”buongiorno” que los hizo alucinar y cortarse algo más a la hora de comentar cosas entre ellos en italiano sobre mí. De hecho, quizá fue por aquello que uno de ellos, creo que Giovanni, me empezó a soltar una larga perorata en su idioma acerca de dónde podía encontrar la leche, el café y las tostadas para desayunar, por lo que yo se lo agradecí en mi tosco dominio de su idioma y empecé a prepararme un desayuno consistente en leche y tostadas, con lo que me senté a la mesa para, así, esperar a que Paola estuviera lista y viniera con nosotros.

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Re: Parallels [Adriana P. Gregoletto] [+18]

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Vie Sep 21, 2012 7:09 am

Era una locura y lo sabía pero no quería pensar en ello. Había dormido con Jack después de haber pasado una noche increíble en la que nos habíamos destrozado mutuamente mientras nos dábamos más placer que en toda nuestra vida... Y eso no era lo peor, me había despertado abrazada a él y no quería moverme. Podía alegar que me acababa de despertar y no estaba en plenas facultades, que aún no pensaba con claridad o que era sonámbula pero el hecho de que me pareciera que estar abrazada a Jack era lo más cómodo de la tierra no podía ser normal... Y eso por no hablar de su calidez, que incluso me daba ganas de ronronear. Acariciar su pecho y ver cómo su piel se erizaba me hacía sonreír, como si descubrir que el hecho de que su piel reaccionara a las caricias me pareciera algo fascinante; no podía evitar rozar su piel con los labios e incluso besarlo... Pero había algo que tenía claro: No quería despertarlo. No quería romper aquello, que el silencio terminara, escuchar algo más que nuestras respiraciones... No quería volver a la cruda realidad ni enfrentarme a un nuevo día porque en aquel momento me sentía tan bien que no habría nada que pudiera mejorarlo... Y entonces Jack se despertó. Abrió los ojos lentamente para acostumbrarse a la luz de la habitación y se los frotó, me dio los buenos días y bostezó, tapándose incluso la boca con la mano. No me perdí detalle de nada de lo que hizo, esperando con calma la tormenta... Me preparaba mentalmente para los gritos, el mal humor, el odio, el desprecio... Estaba tan ocupada concienciandome de lo que vendría a continuación que ni siquiera me di cuenta de que seguía abrazada a él cuando me miró. Contuve el aliento unos segundos y entonces pasó. Jack rodeó mi cuerpo con un brazo, me pegó a él y me besó. Me costó reaccionar al principio porque había esperado cualquier cosa menos aquello, tenía las defensas bajadas y no esperaba un beso de buenos días... Pero se lo devolví sin dudar ni un segundo. Al final, terminé bajo él, devolviéndole los besos que me daba mientras acariciaba mi cuerpo, no buscando calentarme... Porque se notaba en su manera de acariciarme... y en el beso. Pero no me molestó, de hecho, no habría podido molestarme menos porque después de una noche como la anterior aquella era la mejor manera de dejar claro lo que pensábamos sobre lo que había pasado: había sido increíble.

Aunque mi suposición de que no pretendía calentarme se fue a un sitio muy feo cuando Jack se separó de mis labios y comenzó a besar mi cuello, haciéndome tragar saliva mientras mi cuerpo reaccionaba por sí solo, abrí un poco más las piernas para que se acomodara entre ellas, notando como empezaba a tener algo de calor... Porque claro, tenía que haber ido a por el cuello, mi punto débil. Pero entonces paró y se separó de mi cuello aunque no se me quitó de encima y me preguntó si estaba invitado a desayunar. Tuve que tragar saliva antes de responder, calmarme y pensar... Y eso de buena mañana era todo un reto porque me volvía bastante lentita entre el sueño y aquel intento de calentón frustrado. - Pues claro, ¿es que pensabas largarte sin desayunar conmigo? – alcé una ceja, sonando bastante tranquila y entonces él se levantó y se puso a buscar su ropa mientras yo disfrutaba de las vistas, de su cuerpazo, de su culo, de sus músculos... Mientras se iba vistiendo iba despidiéndome de cada una de las partes de su cuerpo y terminé por levantarme y ponerme mi ropa interior y su camisa, que estaba por ahí algo rota. Le dejé una de las nuevas camisetas que iban a llevar los chicos del nuevo local que habíamos comprado y me despedí de él para irme a la ducha y quitarme aquel maldito calentón.

No tardé demasiado, odiaba las duchas frías y al sentir el agua helada maldije en italiano mil veces a todo el que se cruzó por mi mente en aquel momento, salí rápidamente y me puse ropa interior limpia, básicamente, un culotte que solía usar para estar por casa, un sujetador a juego y la camisa de Jack por encima medio abrochada y así y con el pelo rizado y mojado fui a la cocina frotándome los ojos y bostezando. Entré en ella y Marco, Gio y Enzo me saludaron dándome los buenos días en mi idioma, fui directa a ellos sin reparar en Jack que estaba sentado en la barra americana desayunando y les di dos besos en las mejillas a los tres. - Buongiorno. - murmuré mientras ellos me despeinaban al pasar por su lado, me miraban con ojos acusadores o hacían comentarios sobre la noche anterior en italiano. - Caffè. - pedí, como si fuera un zombi sin hacerles el menor caso a ninguno hasta que una taza de Italia terminó en mis manos con lo que olía a café. Una vez contenta y con mi café en la mano, los ignoré a ellos y me senté sobre una de las piernas de Jack, pegándome a él y dándole un beso en la comisura de los labios y un mordisco a la tostada que tenía en la mano. Rehuí su mirada en ese momento y me limité a darle un trago a mi café, sonriendo y cerrando los ojos, disfrutando del sabor y de la cafeína... Necesitaba cantidades industriales de cafeína.

En ese momento Marco, Enzo y Gio comenzaron a cuchichear en italiano, en velocidad ferrari, sobre Jack y sobre mí. Era como si los estúpidos de ellos no hubieran reparado en que seguía siendo italiana y entendía todo lo que decían sobre lo monos que éramos y sobre lo mayor que me hacía y toda esa sarta de tonterías que decían entre risitas y que me estaban poniendo de mal humor. - Vosotros tres. Fuera. - gruñí, con lo que en seguida se pusieron a decirme en italiano que ellos no habían hecho nada y que no fuera injusta y un montón de tonterías sobre que debería estar más contenta después de la noche que había pasado... Y el despertar. Como si pensar en ello de repente me pusiera de un extraño buen humor o algo así tuve que hacer esfuerzos tremendos por no sonreír. - Esta bien, por esta vez podéis quedaros... Pero desayunad y callaos, ya sabéis que tengo mal despertar. - los miré mal, aún con cara de mal humor (no tanta, para nada), y volví a centrarme en Jack, que desayunaba tranquilamente. - ¿Tienes planes para hoy, vas a hacer algo? – pregunté, medio sonriendo mientras bebía café y volvía a morder una de sus tostadas, siendo aquel uno de los desayunos más sólidos casi de mi vida... Pero con la de ejercicio que habíamos hecho la noche anterior necesitaba recuperar fuerzas... Y quizá Jack me hacía ser un poco menos caótica en todo... Aparté en seguida ese pensamiento de mi cabeza, ya me había levantado de la cama, ya no estaba abrazándolo pese a que estuviera sentada sobre él, las cosas habían vuelto a la normalidad... Y así seguirían, aunque costara.

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Re: Parallels [Adriana P. Gregoletto] [+18]

Mensaje por Jack Thomas el Lun Oct 01, 2012 1:41 am

La situación era una de las más surrealistas en las que me había visto envuelto en, probablemente, toda mi vida: estaba en la cocina de una familia italiana (literalmente, que eran mafiosos), tomándome el desayuno tan tranquilamente después de una noche de pasión con la heredera de todo aquello y escuchando, detrás de mí, a tres que parecían marujas comentar lo que había pasado la noche anterior en un italiano tan rápido que me costaba entenderlo. No me gustaba estar como estaba; sabía que a Él no le gustaba nada que eso estuviera pasando, pues yo había incumplido Sus deseos al acostarme con la italiana, en primer lugar, y más aún al prolongar la situación más en vez de irme rápidamente, que era lo que tenía que hacer... y no hacía. No estaba demasiado incómodo, si lo pensaba bien, pues el murmullo constante en italiano era algo tan contrapuesto al habitual silencio con el que desayunaba cuando estaba en Londres que incluso me agradaba y me hacía de comerme las tostadas, algo puramente rutinario, algo distinto. Además, Paola pronto hizo acto de presencia, después de ducharse y de apenas vestirse, con lo que se le veían todas las marcas incluso mejor que a mí, y nos acompañó en la cocina a todos, tanto a sus cuidadores mafiosos que más parecían sus tíos o familiares directos por cómo parecían saludarla, algo que me molestó sin que tuviera demasiado claro por qué, como a mí, que me esforcé en parecer normal mientras seguía desayunando tranquilamente, como si no hubiera pasado nada... Porque, ¿qué había pasado? ¿Que me había molestado un simple saludo tan italiano como lo era yo? Eso no era nada, un simple lapsus como mucho, nada de importancia.

Paola, al final, terminó acercándose a donde estaba yo y se sentó sobre mis piernas, dándome un beso en la comisura de los labios sorprendentemente casto teniendo en cuenta cómo habían sido los de la noche anterior y mordiendo un trozo de tostada. No me pasó desapercibido el hecho de que intentó echar –sin éxito, por cierto– a sus, y por extensión nuestras, niñeras, pero que al final dejó que estuvieran a cambio de que se callaran, algo que siendo italianos era tremendamente complicado; tampoco que parecía tranquila, dispuesta a desayunar sobre mí como si fuera la mejor silla del mundo, aunque tenía que reconocer que era tan ligera que casi no me molestaba, siquiera, su peso, y por eso no me moví, sino que me limité a seguir masticando la tostada y a hacerla pasar con unos cuantos tragos de leche que me sirvieron para pensar en su pregunta. ¿Qué se suponía que iba a hacer después, a ver? No tenía ningún plan, y eso le daba libertad para seguir conmigo, haciendo... haciendo vete tú a saber qué, pues con aquella chica cualquier cosa me parecía factible. Si, sin embargo, mentía y decía que tenía algo que hacer, fuera eso lo que fuera, aparte de que era capaz de unirse de todas maneras porque empezaba a conocerla lo suficiente para saber que lo haría, sería pecar aún más que todo lo que lo había hecho ya, primero por la noche y después por la mañana al no castigarme por hacerlo, así que opté por ser sincero.

– A decir verdad no, no tenía ningún plan pensado para hoy. Hace ya tiempo que volví, como sabes, pero como nunca sé cuándo van a volver a llamarme porque han decidido que mi permiso ha expirado voy viviendo un poco día a día, así que intento no hacer demasiados planes. – dije, explicándole un poco la razón por la que yo, que normalmente era organizado hasta la saciedad (como, creía, ella sabía después de lo que llevábamos conociéndonos, que así a lo tonto era ya bastante), estaba en una situación de total desorganización y, después, volviendo a morder la tostada. Aquello nos dejaba sin absolutamente nada que hacer, con el aliciente de que encima yo estaba en una casa ajena y tendría que volver andando a la mía, donde ya pensaría cómo quitarme las malditas marcas que hacían del pecado algo evidente, demasiado... Sobre todo para la reputación intachable que yo tenía, que hacía insostenible que mi cuello estuviera surcado por los chupetones y los mordiscos, y no solamente mi cuello sino también mi pecho, si bien aquello, al ser tapado por la camiseta, no se veía tanto y podía resultarme algo menos perjudicial que llevar el cuello al aire por Londres, algo que incluso podría ocasionarme un resfriado, que ya sería lo que me faltaba. Así que, en resumen, no, no tenía nada que hacer como plan, pero quizá sí que tenía que irme a mi casa para cambiarme de ropa y ponerme algo más... más yo, ya que nunca llevaría de no ser necesario una camiseta en la que pusiera Wolfsbane como la que, en aquel momento, sí que tenía puesta.

– Pero quizá tenga que ir a comprar algo... Ya sabes, comida y esas cosas. No sé cómo tengo la nevera ahora mismo, si te sirve, así que tendría que mirarlo antes de decidir nada. – añadí, dejando más o menos claro con mis palabras que me urgía (bueno, vale, urgirme no, pero casi) salir de donde estaba e irme a mi piso... Aunque no me apeteciera. ¿Cuándo había sido la última vez que había desayunado con compañía que no fuera de algún compañero soldado o mi hermana, que para el caso era como si desayunara solo? No lo recordaba, hacía demasiado tiempo desde entonces, y casi había olvidado que se estaba bien así, hablando con alguien a quien respetabas y que te caía tan bien como me caía la italiana a mí, pese a que también tuviera sus momentos de sacarme de quicio, así que lo último que quería era irme, y eso suponía, en sí mismo, un gran conflicto de intereses al que no estaba acostumbrado. ¿Qué hacía? ¿Seguía mis deseos y me quedaba con ella, ya que de todas maneras tenía que ducharme antes de salir a la calle porque era una costumbre que tenía demasiado arraigada? ¿O por el contrario seguía mi deber y me iba, como se suponía que tenía que hacer y que a Él le agradaría...? ¿Qué hacía? No lo sabía, y la incertidumbre se reflejaría en mi rostro de no ser por un hecho: estaba demasiado ocupado comiendo tostada y bebiendo leche como para que se pudiera ver que estaba en pleno dilema, si no existencial (porque tenía mucho de eso, la habitual batalla entre el deber y el querer) al menos sí ocasional. Y, por una vez en mi vida, ya que yo no acostumbraba a ser así, elegí una opción neutral que no implicaba tomar una decisión: cambiar de tema vilmente.
– Por cierto, ¿por qué Wolfsbane? Sé que es una hierba, pero no entiendo el motivo de llevar eso impreso en una camiseta pese a que hoy día se vea de todo y nada bueno en las tiendas... – inquirí, con cierto desagrado al referirme a lo que se veía por la calle en cuanto a ropa y mirándola después, con curiosidad... como la que sentía, porque llevaba con la duda desde que me había prestado la camiseta.

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Re: Parallels [Adriana P. Gregoletto] [+18]

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Lun Oct 01, 2012 9:38 pm

Tenía que reconocer que se estaba bien así, era raro, de acuerdo, pero... podría acostumbrarme. Y eso era lo que me asustaba. ¿Cómo se suponía que iba a acostumbrarme a pasar noches increíbles con Jack (vale, eso era fácil) y luego despertarnos sin más y desayunar con mis chicos? Eso último era mucho más surrealista y, sin embargo, estaba pasando. Aquello era de locos, la verdad, la situación, las conversaciones... Todo. Y aún así no me moví de encima de las piernas de Jack, bebí mi café tranquilamente y continué robándole mordiscos de sus tostadas mientras lo escuchaba atentamente, perdiéndome en sus ojos y sin querer mirándole los labios, repitiéndome una y otra vez que todo volvería a la normalidad, que Jack me trataría como si tuviera la peste y no me dejaría ni tocarlo y aquello no sería más que una estúpida anécdota que me haría sonreír como una gilipollas solo con recordarlo... Sacudí la cabeza discretamente, como si me apartara el pelo de la cara, para intentar alejar aquellos pensamientos de mi mente. Me centré, finalmente, en su respuesta, no tenía planes y estaba libre para mí en cierto modo, aunque su explicación del por qué de su falta de planes no me gustó... Por alguna extraña razón hice una mueca cuando dijo que podrían volver a llamarlo en cualquier momento para marcharse de nuevo al frente. No era como si viera a Jack a todas horas, todos los días o semanas... Pero la verdad era que ya llevábamos bastante conociéndonos y el hecho de que tuviera que marcharse el día menos pensado me parecía, como poco, difícil de digerir. Por eso decidí centrarme más bien en el hecho de que no tenía planes y en ignorar que aquella situación tarde o temprano terminaría y él volvería a ser el Jack de siempre y yo... también. Bebí un trago de mi café, casi terminándomelo porque me encantaba su sabor amargo, y lo miré, convenciéndome de que si podía aprovechar el máximo tiempo posible para estar bien con él (algo raro y que pasaba en contadas ocasiones porque solíamos terminar discutiendo o... mal, en general) y pasar un rato agradable juntos... Iba a hacerlo.

Aunque por alguna razón Jack no parecía pensar lo mismo al respecto pues lo siguiente que dijo dio a entender que le daba igual no tener planes, pero quería salir de allí e ir a su casa. Escuché los comentarios de fondo de Gio, Enzo y Marco y tuve que contenerme para no fulminarlos con la mirada. Me encogí de hombros ante las palabras de Jack, de repente, sin más hambre y me terminé el café de un trago, planteándome seriamente levantarme y dejar que se fuera si era lo que quería. Mentiría si dijera que no estaba decepcionada con aquello, no porque Jack quisiera irse a su casa y probablemente intentar olvidar todo lo que había pasado desde la noche anterior hasta esa misma mañana, sino por el hecho de que tenía esperanzas de que aquello durara más... Estar bien con él, la conversación y... todo. Y como si me hubiera leído el pensamiento, Jack volvió a hablar, esta vez cambiando de tema y apartando su idea de marcharse por un momento para centrarse más bien en la camiseta que le había prestado y en su significado, no le había hablado a Jack del nuevo negocio que controlaba mi familia (y yo, por extensión) así que era normal que sintiera curiosidad, más aún cuando llevaba una camiseta de ese sitio.

Me encogí de hombros y medio sonreí. - Así es como se llama nuestro local. Lo tenemos desde hace poco pero va bastante bien, hay fiestas temáticas cada luna llena, conciertos, bailes de las chicas... Probablemente si algún día entraras te escandalizarías, conociéndote, pero es un buen lugar para tratar ciertos... negocios de la familia, ya sabes. - alcé las cejas, como dándole a entender que me refería a negocios ilegales pues aquel lugar era perfecto para blanquear dinero e incluso hacer algunas transacciones comerciales con gente importante... Pero no podía decirle aquello delante de Marco, Gio y Enzo porque después me echarían la bronca por contarle demasiado a alguien del que aún no se fiaban del todo aunque yo sí... - Eso sí, en Wolfsbane hay una norma muy clara: Nada de drogas dentro, solo alcohol... En cantidades industriales. - medio sonreí, con cara de niña buena y le di un beso en la comisura de los labios, aunque eso era un eufemismo para decir que llegué a besarle los labios aunque no como debía ser, además, fue un pico rápido pues enseguida me aparté de él. - Creo que algún día me tocará trabajar allí para vigilar como va todo así que si quieres pasarte... Eres tan bienvenido como a mi casa. - me mordí el labio inferior, bajando la mirada y jugando con la taza de café en mis manos. - Oh, por cierto, si quieres irte... Sin problema, yo creo que quizá tenga cosas que hacer... - miré a los tres italianos que estaban apoyados en la encimera mirándonos y cuchicheando entre ellos y que en aquel momento negaron con la cabeza, como dándome vía libre a ir con él si quería. - O si lo prefieres puedo acompañarte... - fruncí el ceño, aún mirando a los tres mafiosos que, de repente, se pusieron a mirar sus teléfonos móviles, cosa que no me gustó en absoluto pero que ignoré para centrarme en Jack y, aprovechando que ellos estaban a lo suyo, lo cogí de la barbilla para que me mirara y lo besé... Y es que llevaba demasiado sin hacerlo y me moría de ganas. Una vez me separé, porque fue un beso bastante corto para lo que estábamos acostumbrados pero bastante intenso le dediqué una sonrisa y esperé a que respondiera. Tenía ganas de pasar un rato con él, de hablar como estábamos haciéndolo o de lo que fuera... Pero quizá él no y no iba a retenerlo en contra de su voluntad porque no era plan... De todas maneras, aquello no me importaba pues, después de todo, nada de lo que pudiera pasar aquella mañana podría arruinarme la noche tan increíble que habíamos pasado. Nada. O al menos eso esperaba... - Adriana, dobbiamo andare presto. Il Leone ha arrivato. - Fue Gio quien habló pues Marco y Enzo habían empezado a limpiarlo todo y a arreglarse, cargandose con sus armas y sus trajes bien puestos para que no se nos hiciera tarde. Solté un bufido y sin importarme si me echaban la bronca o se ponían en plan marujas cotillas y les daba por aplaudir o algo peor cogí a Jack de la barbilla y lo besé con ganas, esta vez, un beso más largo, disfrutando al máximo de él. - Tengo que irme volando, soldadito. Voy a vestirme y me marcho, tú puedes ducharte y arreglarte si quieres, no tengas prisa. ¿Me llamarás...? - aún tenía la esperanza de que aquello no fuera una cosa de una única noche, quizá de tres o de cuatro... quizá de más y por eso sonreí antes de levantarme e irme a mi cuarto, seguida por los tres mafiosos que se fueron cada uno por un lado para, al igual que yo, arreglarse y prepararse. Me puse unos pitillo rotos, una camiseta de tirantes y una chaqueta de cuero, me dejé el pelo rizado y apenas me maquillé, cuando volví a la cocina ya estaban esperandome los tres y Jack había aabado. - Podías desayunar tranquilo, ¿sabes? - negué con la cabeza y le di un beso en la mejilla. - Bueno, ya sabes donde están las cosas, nosotros nos vamos... Más te vale llamarme, ¿sí? - medio sonreí, cogí un redbull y con él en la mano me despedí de Jack en italiano y salí de mi casa junto a mis tres niñeras... Al final si que habría algo capaz de arruinarme el día e incluso la noche... Porque él era un capullo con el don de la oportunidad y me había jodido el día... Propio de Il Leone, sin duda. Solo esperaba que a Jack aquello no le molestara, que lo entendiera... Y que me llamara, eso sobre todo. Esperaría su llamada ansiosa, porque me lo había pasado tan bien que me había dejado con unas ganas locas de repetir... Y él podía presumir de que era uno de los pocos que lo habían conseguido... Y que lo coneguirían.

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Re: Parallels [Adriana P. Gregoletto] [+18]

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