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Mensaje por Dylan Gray Gubler el Mar Jul 31, 2012 2:28 am

Señor Jesucristo, tú permaneciste tres días en el sepulcro, dando así a toda sepultura un carácter de espera en la esperanza de la resurrección. Concede a tu siervo reposar en la paz de este sepulcro hasta que tú, resurrección y vida de los hombres, le resucites y le lleves a contemplar la luz de tu rostro. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos...



En la banca de atrás, la última de todas, donde la gente ya empezaba a estar mas dispersa, ahí me había acomodado. Tras unas cuantas veces de ponernos en pie comunitariamente, la misa estaba a punto de terminar.
Habría sido un entierro muy emotivo de haber conocido al difunto, pero lo que me llevaba por esa iglesia, poco o nada tenía que ver con el dolor y la aflicción de haber perdido a algún ser querido, amigo o al menos, conocido. Eran negocios. Tenían que ser breves, concisos y en un lugar lleno de gente, porque, si no quieres llamar la atención no debes esconderte, debes mostrarte y nadie se fijará en tí. Mucho menos en un lugar así.

La gente se amontonaba para dar el pésame a los familiares, que ocupaban la primera fila de bancas, y aprovechando el bullicio provocado por las irrefrenables ganas de depurar el alma ofreciendo un intento de empatía a los familiares del difunto, que, mas preocupados se hallaban de otras cosas que de apreciar esas muestras pasajeras de afecto, me acerqué al confesionario donde estaría mi entrega.

Fue un entrar y salir. Rápida pero cautelosa. Cuando lo tuve en mi poder, abrí el bolso de mano negro, de unas dimensiones mas grandes de las normales y cerré el broche metálico imantado, aprovechando la oportunidad para salir por una de las puertas laterales de la iglesia, comprobando que la noche había llegado mientras el párroco, Dereck Harrison según había leído en el programa de los oficios, ofrecía sus palabras a los presentes.
Deslicé la mano libre hacia abajo, estirando la falda de tubo antes de encaminarme a un paso mas firme hasta el coche, pero frené en seco sobre mis zapatos al ver que estaba siendo, justo en ese preciso instante, elevado por la grúa. Aún no estaba sobre ésta, pero el proceso estaba en marcha.
Apreté la mano que portaba el bolso...No me gustaban los contratiempos. Cogí aire y me encaminé, por si había alguna mínima posibilidad, de zanjar aquello aunque fuera con una suma de dinero mayor de lo que me costaría la multa por la grúa.

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Re: Fe |Jack Thomas|

Mensaje por Jack Thomas el Jue Ago 09, 2012 12:55 am

Yo no era protestante, sino católico, y la única razón por la que me encontraba en una ceremonia de esas características era el deber, simple y llanamente. En mi profesión, las muertes de soldados son el pan de cada día, y dado que últimamente el polvorín que era Oriente Medio, la cuna de infieles en la que yo estaba destinado, había aumentado considerablemente no debía sorprenderme que se produjeran esos acontecimientos, si bien no terminaba de acostumbrarme a ver morir a compañeros míos por culpa de cerdos que no saben su posición en el mundo, y mucho menos me acostumbraba a una media de dos funerales por semana como la que llevaba vivida hasta aquel día. En el anterior había conocido a Julls; en este, esperaba, sólo tendría que ir, aguantar la ceremonia con un rito diferente, dar el pésame a la familia, a la que además conocía bastante bien porque el soldado en cuestión, Jacob, había ido conmigo al instituto, y después irme a casa, como tenía planeado hacer para poder centrarme en mis propios asuntos, que me tenían ciertamente ocupado. En cualquier caso, aquello estaba obviamente supeditado a que primero cumpliera con mi deber como soldado y como amigo, y por eso mismo, con el deseo interno de no tener que sacar el traje de su funda en un largo tiempo y de no tener que portar la corbata negra en aún más, me vestí de luto con camisa blanca, traje gris y camisa negra, pese al calor que hacía fuera, inusual para lo que solía ser Londres en aquella época del año. Salí de casa pronto, cuando apenas había tráfico, pero en vez de coger el coche fui precavido y me dirigí hacia el transporte público, que utilicé para llegar a la iglesia, primero en metro y después en autobús, ya que pese a que yo vivía bastante céntrico Londres era grande y había una tirada considerable.

Una vez llegué a la iglesia, ya por la tarde, era la hora de centrarse en el funeral, y así lo hice, entrando y tratando de amoldarme todo lo posible a una ceremonia ligeramente diferente a las que estaba acostumbrado a escuchar. Primero di un rápido pésame a los presentes; después, el párroco ofreció unas palabras de aliento que fueron el comienzo de la misa, y al principio todo iba como tenía que ir, hasta que un ruido molesto se dio a la tarea de interrumpir el sermón más de una y de dos veces. Aquel estruendo, que venía del exterior, era el de una grúa, y el párroco parecía tan molesto como extrañado estaba yo y harta la familia, así que salió de la iglesia para ver si era capaz de sembrar la tranquilidad de nuevo en el interior del recinto sagrado. Quizá fue el instinto de soldado, o el hecho de que tenía curiosidad por ver qué la había liado de tal manera, pero el caso es que salí a donde el párroco hablaba –a gritos– con el operario, la grúa tenía un coche levantado y una chica morena a la que me parecía haber visto de reojo en la iglesia esperaba. Seguramente fuera la dueña del vehículo, y dado que el párroco parecía haberla tomado con el trabajador (algo, si se me preguntaba, totalmente fuera de lugar), no me quedó más remedio que acercarme a donde estaban discutiendo.

– Disculpe, sé que está muy atareado y que su trabajo es total y absolutamente necesario para que la ciudad esté libre de coches. – comencé, con una adulación que bastó para calmarlo y que el párroco me mirara también con un inexplicable odio, dado que me estaba mostrando razonable... y la única razón era que quería continuar con la ceremonia, de ser posible. – Pero estoy seguro de que podremos llegar a un acuerdo sobre el coche algo menos ruidoso que no impida que el alma de un amigo muy cercano descanse en el interior de la iglesia, ¿no? ¿Qué le parece si baja el coche y discute con la señorita las condiciones de su mal aparcamiento en vez de continuar con la máquina en marcha? – propuse, tranquilo y totalmente frío y educado, como solía en momentos como aquel, ya que solía aplacar los ánimos de los que estaban alterados y de quienes se quería conseguir algo. Efectivamente, el hombre aceptó, agradeciendo algo de educación, y dejó el coche en el suelo antes de dirigirse hacia la propietaria y de que el párroco me fulminara con la mirada y volviera a adentrarse en la iglesia, donde con sus gestos me dejó claro que no era bien recibido. Evidentemente me tocaba, después, disculparme con la familia, pero en aquel momento ya no podía entrar en la iglesia, así que me aflojé la corbata, me quité la chaqueta y me remangué la camisa para paliar el calor a tiempo de acercarme a despedirme del operario y de ver de rebote de la causante de aquel embrollo, que no tenía demasiada pinta de haber ido de funeral.

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Re: Fe |Jack Thomas|

Mensaje por Dylan Gray Gubler el Miér Ago 15, 2012 1:49 am

Me había tocado, lo que parecía el tipo más íntegro en su trabajo. No es que tuviera nada en contra de eso, todo lo contrario. La educación, el saber estar, la madurez y la capacidad de decisión , así como la de liderazgo, eran esenciales, me gustaban y las había adquirido bastante tiempo atrás, pero cuando se convertían en un contratiempo para mí...la cosa cambiaba. Si el coche subía a la grúa, debería recorrer toda la ciudad en taxi, rellenar el papeleo para sacar el coche de allí y todo lo sucesivo...Tenía tiempo, pero no para eso.

Las sorpresas existían, y la integridad, parecía que había quedado en un segundo plano, había viajado en el tiempo hasta quedarse de vacaciones en el siglo XVIII, desposeyendo el cuerpo del operario de la grúa. ¿Debido a qué? Al color del dinero.
Estaba a punto de entregárselo, a hacer mi buena acción del día, de forma obligada, por un bien mayor, cuando el reverendo Harrison y un acompañante, intervinieron en nuestra pequeña e íntima conversación. Él negó con la cabeza al instante, quizás avergonzado, y prosiguió con aquello, como si allí no hubiera pasado nada, y es que, mi coche aún seguía con las dos ruedas delanteras, semi suspendidas en el aire, sobre el metal de la rampa de la grúa.

Vuelta a empezar. Ésta vez era el reverendo, que quién por motivos propios, intentaba convencer al señor de que aquello cesara o terminara rápido. Pude también, vislumbrar una mirada de reproche hacia mi persona, culpándome por haber dejado el coche, mal estacionado.
Fue, el chico que acompañaba al reverendo quien se ganó el buen quehacer y la simpatía del operario. No me sorprendía. Sus palabras estaban bien escogidas, cómo sacadas de algún manual para conseguir el éxito en los propósitos. Fuera cómo fuera, aquello me libró del inconveniente que se cernía sobre mí. El coche volvió a su posición original y a dónde debía estar. En el suelo, y pese al último, e innecesariamente gratuito comentario, no añadí nada. No era momento, lugar ni quería, iniciar un debate sobre aparcamiento. En su lugar, me metí en el coche, colocando en lugar seguro el pequeño sobre que había recogido en el confesionario y dando marcha atrás, para acceder a uno de los aparcamientos que habían quedado libres, justo el de detrás. Volví a pulsar el botón, ésta vez en modo de parada, y salí de allí. El operario se había ido a la busca y captura de más coches, aunque no me hubiera extrañado para nada que después hubiera vuelto a la iglesia para purgar su alma ante la casi inminente caía en la tentación.

...y líbranos del mal. Amén.

Inicié mi paso hacia el chico que había logrado mi objetivo, que se había quedado sólo cuando el reverendo volvió dentro, a terminar con el sermón.
-Déjeme darle las gracias por haber ayudado.-Dije educadamente. Eso nunca me faltaba, y aunque hubiera recibido comentarios inoportunos de su boca, no iba a cambiar en eso.-Espero que no haya causado demasiados inconvenientes para con la familia y el resto de asistentes.

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Re: Fe |Jack Thomas|

Mensaje por Jack Thomas el Vie Ago 17, 2012 10:08 pm

Si sabías cómo hacerlo, manipular a los demás para que hicieran lo que tú querías que hicieran era tan sencillo como respirar, probablemente. En muchos casos se necesitaba únicamente educación, una (falsa) muestra de apoyo hacia las circunstancias de la persona a la que te dirigías y que le permitiera agradecerte con obediencia el favor del respeto; en otros tantos, lo que necesitabas era conocer algo más de la persona en cuestión, saber cuáles eran sus motivaciones y sus deseos ocultos, y en base a eso actuar para que hicieran lo que tenían que hacer para beneficiarte a ti, que eras quien lo manipulabas. Si todo eso fallaba, a mí siempre me quedaba la opción de utilizar mi poder, si bien el control no era total –la mente consciente, por ejemplo, quedaba fuera de mi alcance– y lo utilizaba únicamente cuando estaba enfadado y cuando no me quedaba otro remedio, pero en aquella situación lo único que había necesitado había sido un poco de educación, algo de la afamada flema británica (de la que, desde luego, no había hecho gala el reverendo Harrison) que permitía mantener la sangre fría en cualquier situación imaginable, a no ser que esta fuera demasiado incluso para mí, y por último ninguna gana de montar un espectáculo o de tener una bronca con alguien que, frente a mí, no duraría ni medio asalto. A fin de cuentas, Dios se había encargado de que el militar preparado fuera yo, y no él, y eso me daba una ventaja de la que él carecía llegado el hipotético (e imposible) caso de que hubiéramos llegado a las manos, algo que por suerte no sucedió y que nos permitió tener la situación solucionada en un periquete. ¿Con qué me dejaba eso? Con la causante de aquel escándalo, voluntaria o involuntariamente, que después de aparcarlo correctamente por fin había vuelto donde yo estaba para, con trato de usted, darme las gracias por mi actuación.

Aquello me sorprendió, porque normalmente esa clase de educación no era propia de la gente que te cruzabas por Londres, mucho menos de mi edad –en todo caso era propio de los educados en la vieja escuela, como mi abuelo o yo mismo por insistencia de mi familia–, y también me causó un efecto bueno, capaz al menos de competir con la cierta hostilidad que me provocaba el hecho de que, con su mal aparcamiento, hubiera molestado a los presentes en el funeral.
– No hay por qué darlas, he hecho lo que tenía que hacer para ayudar a la familia de un amigo fallecido. – dije, encogiéndome de hombros y metiendo las manos en los bolsillos, aunque sin apartar la mirada inquisitiva de ella, porque pese a lo poco que había hablado no me había parecido que su acento fuera muy británico. No era perceptible, claro, a no ser que fueras yo y te fijaras expresamente en esa clase de cosas, pero aún así me había resultado llamativo y difícilmente reconocible, si bien por la fluidez de sus palabras seguramente el inglés, el idioma que compartíamos, sería su lengua materna. ¿De dónde sería? Y, algo también importante, ¿qué hacía en Reino Unido?
– Las molestias han sido únicamente temporales. El funeral ha sido interrumpido, pero apenas unos minutos, y creo que a la familia le ha venido bien para darle su último adiós a Jacob, así que podrán perdonarla, aunque el párroco... – añadí, dejando la frase inconclusa aunque, por mi lenguaje corporal, se podía saber que el párroco no sería tan benévolo como una familia rota de dolor o un militar curioso que había sabido poner fin a la situación de manera diplomática.
– Seguramente el párroco quiera preguntarle su nombre, señorita, y asegurarse de que la molestia no queda sin consecuencias. – finalicé, dejando en el aire la intriga del nombre a ver si, así, tenía suerte y me lo decía a mí también.

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Re: Fe |Jack Thomas|

Mensaje por Dylan Gray Gubler el Lun Dic 24, 2012 2:04 am

Estaba realmente arrepentida de haber ocasionado un daño a la familia. No sabía si yo había perdido a algún ser querido a lo largo de mi vida anterior, pero si estaba segura de que en los últimos diez años, eso no había sucedido. En una parte porque no había fallecido nadie a mi alrededor, y por otra porque, aunque desaparecieran, cambiaran de país o abandonaran la vida que tenían en ese momento para, partiendo de cero, dedicarse plenamente a ellos, jamás había desarrollado vínculos extremadamente afectivos hacia nadie, o hacia casi nadie. Alan era la excepción, era mi talón de Aquiles, y pobre del Paris que se atreviera ni tan siquiera a herirlo.

Dejé ese sentimiento de culpa...No, no era culpa, era más bien un pesar incómodo, acompañado de ese pinchazo en la nuca que se siente cuando uno está siendo observado, y al finalizar él sus palabras, no era difícil deducir quién me estaba observando.
-Me alegro de que su punto de vista, y el de la familia sea tan comprensivo.- Asentí, sintiendo mis palabras, y dicho asentimiento me sirvió también, para después, indicar que estaría de acuerdo en mantener una charla con el párroco.
No iba a marcharme sin más de allí. Lo escucharía y ofrecería mis disculpas, pero nada más allá.
Aquello no era el Juicio Final, ni él era una verdadera autoridad celestial para juzgarme por el simple hecho de haber aparcado mal, pero tampoco lo había escuchado y estaba suponiendo más de lo que sabía.
-Estoy de acuerdo con eso. Ésta es su iglesia y han sido sus oficios los interrumpidos, aunque claro está, el delito cometido no ha sido tan extremo como que su actitud siga siendo la misma que antes. Las circunstancias cambian y seguro que los nervios de ver como el ruido de fuera invadía éste lugar, lo hicieron actuar así.- Y mis palabras salieron de esa forma, porque sabía que él estaba cerca, y quizás atento a la situación.
Terminé mis palabras con una amable sonrisa.

-Seguro que no tardará en aparecer, pese a ser un hombre ocupado.- Y eché un rápido vistazo a la decoración de la iglesia.

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Re: Fe |Jack Thomas|

Mensaje por Jack Thomas el Jue Ene 03, 2013 11:43 pm

No necesitaba hacer un esfuerzo demasiado grande para darme cuenta de que la respuesta de ella, tan políticamente correcta como cordial, no era totalmente sincera, o al menos no había surgido con la espontaneidad que salía la verdad cuando la decías sin pensar. En realidad, si me fijaba mejor en ella, era tan comedida que me daba la impresión de ocultar algo, algo que seguramente querría ocultar con esa misma corrección que me había hecho sospechar en primer lugar... irónico, aunque no extraño, dado que era una de mis habilidades calar a la gente o, al menos, intuir cuando había algo en ellos que no resultaba tal y como hacían aparentar. No sabía cuál sería su secreto, ni tampoco qué era lo que su educación ocultaba, pero era evidente que había algo detrás de su actitud respetuosa que no era explicado solamente por la cercanía del pastor y, por tanto, la posibilidad de que escuchara sus palabras y la obligara a moderar su lenguaje. Tal cuidado en su actitud era sospechoso; al menos, para alguien que se fijaba tanto en esa clase de detalles como lo era yo, y por mucha curiosidad que pudiera llegar a sentir no estaba esta tampoco exenta de cierta cautela, porque nunca se sabía.

No respondí a su último comentario, pero tampoco hubo necesidad de hacerlo, puesto que el pastor enseguida volvió a salir de la iglesia, dando por concluido el oficio, y la encaró. En aquel momento me centré en saludar a los familiares rotos de dolor a los que ni siquiera les importaba que me hubiera perdido parte de la ceremonia, pues suficiente tenían con aguantar la pérdida de un ser querido como para que algo tan mundano como aquello les hiciera más efecto que una mota de polvo posándose en sus ropas. Unos pésames sinceros más tarde, no motivados únicamente por una situación que parecía exigirlos, la multitud se dispersó y el pastor volvió a introducirse en la iglesia, seguramente para preparar la siguiente ceremonia o para recoger lo que había utilizado en la que había terminado. Me volví hacia la chica, que había quedado de nuevo sola, y me acerqué a ella con la total tranquilidad de alguien que no tiene nada que ocultar.

– Al parecer la situación ha llegado a buen término. No puedo negar que me alegra que todo se haya solucionado sin mayores inconvenientes, si bien es cierto que tampoco puedo ignorar que siento curiosidad por saber qué le ha dicho el pastor, si no es demasiado audaz por mi parte preguntarlo. – le dije, con las manos metidas en los bolsillos del traje y la vista clavada en ella. Si quería jugar a la cordialidad y a la educación, actitud que, por otra parte, tampoco me disgustaba demasiado aunque los motivos que la motivaran me resultaran desconocidos, yo jugaría, porque me habían educado en el saber estar británico y, pese a que no siempre hacía uso de él, se encontraba entre mis armas. Sin embargo, no iba a mentir diciendo que mantener las formas me iba a impedir realizar el intento de averiguar algo más de ella y lo que la empujaba a ser así, por lo que continuaría la conversación... costara lo que costase.

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Re: Fe |Jack Thomas|

Mensaje por Dylan Gray Gubler el Sáb Ene 19, 2013 4:46 am

Algunas palabras más, justo antes de que el regente de la iglesia hiciera acto de presencia, con un semblante neutro, que denotaba ciertos matices de seriedad.
Había visto muchos rostros así a lo largo de los últimos diez años, y si alguna vez, siendo una joven de dieciséis años, pudieron causar algún efecto en mi, eso había cambiado drásticamente.

El chico que me acompañaba de una forma extrañamente cordial, teniendo en cuenta nuestro primer encuentro, se hizo a un lado, dejándonos intimidad al pastor y a mi, y rápidamente centré mi atención en él. -Permítame una última disculpa por lo sucedido antes de...-Y frené mis palabras en seco cuando alzó solemnemente una mano, aguardando un par de segundos antes de abrir la boca y comenzar a hablar. -Éste es un lugar sagrado, el santuario de Dios y de las personas que comparten el dolor en éste día tan triste. Si bien es sabido que una perdida es dolorosa, más aún lo es con agentes externos que provocan demoras y situaciones incómodas. No pretendo ser juez sobre sus actos, pero espero que mis palabras la ayuden a tomar mejores decisiones en el futuro y evite situaciones similares...- Aquello siguió un par de minutos más, pero en definitiva, la idea estaba clara, y pese a su actitud de buen mediador para la paz reconfortante ante los miembros de una familia rota por el dolor, sabía que sus palabras tenían un doble filo, que, establecida su naturaleza, no le permitía mostrar con total libertad.
Su semblante no cambió en ningún momento, salvo cuando decidió que sus palabras hacia mi habían finalizado. - Unas palabras realmente bien escogidas. Su labor como pastor es sin duda encomiable. Tanto que parecen preparadas de antemano.- Sonreí amable devolviéndole el doble filo pero con total calma. Ahí fue donde su expresión cambió a otra, girándose.-Le deseo que Dios escuche sus oraciones antes de que se marche de aquí.- Añadió dando un par de pasos, en dirección a una pequeña puerta, que seguramente llevaría a la sacristía.
Bonita forma de invitarme a salir de su propiedad. Tampoco me importaba demasiado su opinión respecto a mi persona, pues seguramente, y si Dios quería, no volveríamos a toparnos en mucho tiempo, quizás nunca. Mi opinión frente al Todopoderoso era clara, pero no podía decir que me ocasionara el mismo respeto un hombre que se definía como nexo entre lo terrenal y lo divino.

Pronto apareció el chico de nuevo, quizás estaba pendiente del término de nuestra conversación, pero también era cierto poder cruzar unas palabras con alguien que no te mirada con superioridad moral.
Asentí ante sus palabras, mostrando una cordial sonrisa, que se ladeó, cuando pronunció sus últimas palabras. Siempre había algo que movía a la gente. -Para nada, está en su derecho tras haberme ayudado.- Miré hacia la enorme y oscura puerta labrada de madera y luego a él. -El Reverendo Harrison me ha recordado la disciplina para con todo lo relacionado con esta santa casa, y me ha invitado de una elegante manera a permanecer el tiempo precisamente estricto.- Sonreí, restándole importancia, pues en realidad no la tenía. La cantidad de importancia dependía del afecto que le tenías a la persona en cuestión. Era una regla de tres de lo más sencillo. -De todos modos, supongo que intuía que fuera algo así. ¿Tiene mucha relación con él?.- Pregunté ahora yo, colocando la fina pulsera de mi muñeca pero sin perder atención de él.

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Re: Fe |Jack Thomas|

Mensaje por Jack Thomas el Dom Ene 20, 2013 3:45 am

No tenía necesidad de decirme exactamente cuáles habían sido las palabras del pastor para que me las imaginara, puesto que, pese a que no lo conociera, sí que había podido ver lo suficiente de él para hacerme una idea aproximada de su psique o, sin ser tan pretencioso, de sus reacciones, y me olía por dónde iba a tirar. Sin embargo, me lo confirmó cuando me respondió y me dijo, con palabras más selectas que esas, que la había echado de la iglesia y que le había intentado enseñar una disciplina que, personalmente, ni siquiera creía que él poseyera. No dije nada al respecto, más bien porque enseguida me hizo una pregunta que cambió la atención de la conversación hasta otro punto: yo. Aquello, que en condiciones normales no habría llamado mi atención lo más mínimo, me hizo tomar nota mentalmente de algo que empezaba a captar en ella, que era que a la mínima que tenía la oportunidad prefería desviar el tema hacia mí que seguir hablando sobre ella, que era lo que yo quería hacer porque con todas esas pequeñas cosas que estaba empezando a ver en ella y que la separaban de cualquier persona que conociera ya tenía curiosidad por ver qué era lo que tenía que esconder y lo que la hacía actuar como lo hacía: tan correcta, tan fría, tan distante... tan parecida a mí, aunque era evidente que teníamos diferencias y que, pese a todo, no nos comportábamos exactamente igual.

– ¿Con el reverendo? No. Vengo a esta iglesia únicamente cuando, como ha sido el caso, se celebra en ella el servicio de alguien que considero cercano, pero por lo demás no tengo ningún tipo de relación con él ni con cualquier otro pastor. Soy católico, en todo caso me relaciono más con curas. – repliqué, encogiéndome de hombros y sin darle importancia al hecho de que había admitido algo, por otra parte cierto, como que no era protestante ni anglicano, como la mayoría de la población británica, sino que era católico. Eso, en mí, era algo bastante determinante, un hecho que me había hecho distinto a los demás y que, en sí mismo, también me alejaba de los demás que también profesaban aquella religión, puesto que yo en la Iglesia como institución no confiaba del todo al considerarla totalmente alejada de lo que Él quería cuando le dijo a Pedro que se convirtiera en Su obispo. Por eso mismo no me avergonzaba, y también porque era una estupidez mostrar vergüenza por seguir el camino correcto, cuando en todo caso tendría que ser al contrario, que quienes no eran creyentes o, peor, eran satánicos o desviados, debían sentirse arrepentidos de seguir una senda tan alejada de la auténtica.

– Sin embargo, pese a que mi relación con él sea escasa, sí que me cuento entre quienes saben cosas de él porque, en ciertos ámbitos, es inevitable conocer a un pastor que, encima, tiene una familia que se relaciona con otros feligreses. Por eso me imaginaba cómo actuaría, pero no ha sido hasta que no lo ha confirmado que he podido ver que mi intuición era la correcta. Digamos que tiene una reputación de ser un hombre bastante estricto. – concluí, con las manos aún metidas en los bolsillos y, de nuevo, sin decir nada que supusiera aventurarse demasiado en mí; al menos, no en lo importante de mí y que pudiera permitirle conocer al auténtico Jack Thomas, el que se escondía detrás de la educación y de la formalidad de la que también hacía gala y el que, llegado el caso, podría ser peligroso para ella... Si es que no cumplía, claro estaba, con los estándares que ponía a los demás, demasiado bajos para lo que merecían y, aún así, demasiado altos para que la mayoría pasara la prueba. Una lástima... para ellos, porque yo sólo hacía lo que debía.

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Re: Fe |Jack Thomas|

Mensaje por Dylan Gray Gubler el Vie Feb 08, 2013 2:43 am

Sí, realmente no había que hacer un profundo psicoanálisis del perfil de persona que era el Reverendo Harrison para conocer su forma de ser. De todos modos, intuía que él tampoco tenía ningún tipo de interés en ocultar nada a nadie, al menos en lo referente al tema que nos atañía.

Asentí a sus palabras, meditando casi de pasara, por no dejar de mostrar interés en la charla, lo de acudir a un lugar así, simplemente por algún acto tan triste como es la pérdida de un ser conocido. No me gustaría tener que visitar lugares a los que sabría, debo acudir para pasar un mal rato.
-Estoy totalmente de acuerdo con esa reputación.- Añadí, a la parte final de la conversación.
Ahora debería despedirme de él y salir de aquel santo lugar, tal y como había dicho el objeto de nuestra conversación, pero siendo sinceros, no me apetecía, al menos la primera parte.
No todos los día podía mantener una conversación serena y educada, aunque fuera banal, superficial y sobre un asunto que bien poco me quitaría el sueño. La cosa es que, aparte de, en cierto modo enigmático como yo, y con un carácter educado por lo que había demostrado durante el breve pero intenso momento en el que la ceremonia había sido interrumpida, y un carisma que estaba más que claro a primera vista, aunque no cruzaras una sola palabra con él, era en conjunto, lo más interesante con lo que me había topado por Londres.
-No querría que el Señor Harrison...- Eliminé su cargo eclesiástico adrede....volviera para hacerme un recordatorio, así que será mejor que me mache. Pretendía tomarme un café, y si no tiene nada que hacer podría invitarle a uno.- No tenía demasiada idea hasta donde entraban los compromisos en un entierro, por eso la cautela. --O té.- Aunque no era muy amiga del té, conocía la gran tradición aún latente entre los habitantes de la zona. Más bien, todo el mundo conocía ese dato.

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Re: Fe |Jack Thomas|

Mensaje por Jack Thomas el Sáb Feb 09, 2013 9:31 am

En principio, una vez hube terminado de decir aquello, la conversación seguiría con una réplica suya y probablemente moriría, dado que no teníamos nada más que decirnos respecto al tema de un pastor al que yo apenas conocía y al que ella seguramente hubiera preferido no cruzarse nunca, a juzgar por cómo habían transcurrido los acontecimientos. Eso era, al menos, lo lógico teniendo en cuenta lo que ya nos habíamos dicho, y a mí realmente me parecía una pérdida de tiempo cortar aquello de raíz tan rápido sin haberle podido sonsacar nada a alguien que tenía la misma capacidad de mostrarse distante que yo, y eso que no era británica, algo que ofendía al británico de pura cepa que llevaba dentro y del que me enorgullecía considerablemente porque, pudiendo ser como lo era y pertenecer a una nación como la mía, ¿qué estúpido optaría por sentirse algo distinto a eso? Y yo podía ser muchas cosas, pero Él no me había hecho precisamente estúpido, así que... Sin embargo, teniendo en mente que la conversación terminaría, me pilló totalmente por sorpresa que me sugiriera ir a tomar un café o, haciendo gala de conocimiento de Inglaterra y sus costumbres, un té.

– Sí, claro, a decir verdad no tengo nada más que hacer, y preferiría alejarme del recuerdo de un amigo perdido que se respira en este sitio. – repliqué, aún algo sorprendido pero a tiempo de que no se me notara la sorpresa por la diplomacia con la que hablé. Extendí un brazo en dirección a un bar que había cerca de la parroquia y que se veía desde allí para, de aquella manera, indicarle dónde podíamos continuar la conversación, y nos dirigimos allí con paso tranquilo, ya que no teníamos prisa de ningún tipo, llegado aquel momento. Como un auténtico caballero británico, le abrí la puerta e hice que pasara delante de mí, y sólo entonces me adentré en el local y pedí un té sin teína, que me llevé a la mesa en la que finalmente nos sentamos.

Introduje el sobre con la infusión en la taza llena de agua caliente y puse el plato de porcelana que me habían dado para sostener el recipiente encima, con el objeto de que el agua absorbiera las hierbas más rápidamente que de no hacerlo. Así, tras unos segundos, aparté el plato y la infusión estuvo lista, por lo que lo único que me quedaba por hacer era aplastar el sobre para que soltara todo el líquido que aún quedaba en su interior y echarle unas gotas de leche a la bebida que tenía delante, una parafernalia necesaria y gracias a la cual para cuando estuve listo para beberme el té ella llevaba media taza de su café bebida.
– Siempre me ha gustado más el té que el café, y ni siquiera bebo nada que lleve cafeína o teína, pero tengo que reconocer que es más práctico pedir algo que no te tienes que preparar tú mismo. – comenté, con una media sonrisa, y bebí un sorbo de mi Earl Grey.

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Re: Fe |Jack Thomas|

Mensaje por Dylan Gray Gubler el Miér Feb 13, 2013 9:55 am

Sinceramente, a cualquier persona le sabría bien dejar de respirar ese aire, o más bien esa especie de cúpula de tristeza adormecida que acompaña a la gente que ha sufrido una pérdida.
Miré hacia nuestros lados, satisfecha y en cierto modo encantada de que no hubiera declinado mi proposición. Él eligió la cafetería, y a decir verdad me profirió tranquilidad en el sentido de tener que pensar en un lugar. Cierto era que llevaba unos meses en Londres, pero mis preferencias no habían sido centradas en lugares de ocio, si no más bien en el recinto que ocupaba mi trabajo de día, con la alternancia bastante frecuente por callejones, almacenes solitarios y demás lugares íntimos que escogía la gente para ocultar sus propósitos indecentes.

Pude comprobar de nuevo como sus modales no dejaban lugar a duda. El simple hecho de abrir la puerta para dejarme pasar, algo que era tan sencillo, obvio y de buena y galante educación, pasaba desapercibido para más personas del género masculino de las que debieran, pero para él no. Aquello me hizo divagar en la educación recibida y la instrucción posterior.
-La paciencia es un bien escaso hoy en día.- Y mis palabras salieron de una forma más discernida en respuesta a sus palabras. Yo era la primera que debía tener paciencia, mi trabajo lo requería, pero sólo la usaba para lo estrictamente necesario. En el día a día, me molestaba perder tiempo pudiendo tener otras alternativas más al alcance de la mano. La pereza era uno de los pecados capitales más peligrosos, aunque en este caso fuera aplicable a una taza de té.
-Pero la satisfacción personal de hacerlo por uno mismo, no tiene precio.- Miré mi taza y luego a él.-Aunque ahora mismo, no pueda decirlo por propia experiencia.- Y entonces me dí cuenta de que realmente, y aunque solía hacerlo más de una vez por conveniencia, ahora estaba tomando café, y viendo tomar té, con alguien de quien no sabía nombre. Claro está que no es conditio sine qua non, pero también hay que decir que estaba voluntariamente en esa cafetería.-Lamento no haberme presentado aún.- Añadí entonces, apartando unos centímetros de mi el plato con la taza encima. - Dylan Gray.- Y extendí mi mano para mostrar el formal saludo.

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Re: Fe |Jack Thomas|

Mensaje por Jack Thomas el Lun Feb 18, 2013 2:08 am

Hacía bastante tiempo que no bebía té, puesto que pese a que era británico como el que más, y tremendamente orgulloso que estaba de que así fuera, tampoco hacía mucho tiempo que había vuelto del frente por última vez en lo que llevaba destinado en Irak, y allí tendía a beber sobre todo agua, dado que hacer infusiones en pleno desierto lo consideraba una pérdida de recursos necesarios para la supervivencia, así que tenía que remontarme a hacía meses, quizá incluso más de un año, si quería rememorar la última vez que había pedido un Earl Grey sin teína, como era mi estilo. Era bastante estricto en lo que a alimentación se refiere, puesto que no tomaba sustancias estimulantes ni calmantes, así como tampoco tomaba alcohol ni fumaba o me drogaba, ya que en mi opinión eso era atacar directamente a la propia salud sin un motivo de peso para hacerlo, y desde que había empezado a tomar té lo había buscado lo más inocuo posible, de ahí lo poco que tomaba esa bebida aún cuando podía hacerlo.

Estaba tan centrado en mis pensamientos, todos a raíz de ver la superficie de la bebida humeando lentamente, que cuando habló me costó un poco volver a la realidad, pero enseguida lo hice y extendí la mano para estrechar la suya.
– Jack Thomas, un placer. – me presenté, con una sonrisa educada que no llegaba a ser exactamente una sonrisa, sino más bien una mueca propia de la Mona Lisa de Leonardo, que ni era una cosa ni era la otra y, por eso, le había dado la fama a un cuadro que, a mi juicio, estaba totalmente sobrevalorado.
– No puedo estar más de acuerdo con el alcance que la impaciencia ha adquirido estos días. – añadí, frunciendo el ceño un momento y dándole, después, un sorbo a mi té.

Podía sonar a tópico, e incluso a que se me habían echado los años encima y me sentía como un anciano pese a no cumplir la treintena, pero estaba firmemente convencido de que cualquier tiempo pasado había sido mejor, especialmente en lo relativo a los valores, puesto que de los que me habían inculcado a mí a los que mostraban los adolescentes, mi propia hermana la primera, había un mundo... La distancia entre uno desarrollado y uno subdesarrollado, concretamente.
– El trabajo duro es una virtud que hay que desarrollar conscientemente, o de lo contrario se corre el riesgo de caer en las garras de la pereza. Y si no se adquiere, nunca se tendrá el inmenso placer de haber hecho algo bien y de saberlo fruto del trabajo de uno mismo. – finalicé, encogiéndome de hombros y agradeciendo, interiormente, ser alguien que trabajaba tan duro como el que más con tal de conseguir lo que me marcaba como meta.

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Re: Fe |Jack Thomas|

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