The Nameless {Katerina Sorensen}

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The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Lun Ago 20, 2012 11:10 pm

La plaza estaba llena hasta la bandera, con gente por todas partes. Allá donde miraras, veías cabezas de todos los colores, naturales o no, y los turistas deslumbraban a los demás con sus incómodos y constantes flashes, que salían de sus cámaras de última generación. En Londres, igual que en Milán en su día, los turistas no escatimaban en gastos para hacer de sus visitas algo memorable, y eso era algo que a mí, personalmente, me beneficiaba sobremanera, especialmente en aquel momento. Hacía ya dos nochesme había echado la casera por ser mediados de mes, ya que era cuando insistía en que le pagara un alquiler que no tenía, y en la calle empezaba a hacer demasiado calor para estar, eso por no hablar de la más que molesta luz del sol... ¡la odiaba! El peor momento de todos era cuando amanecía, porque el sol deslumbraba aún más de lo normal y casi me cegaba hasta que conseguía ocultarme lo suficiente para atenuar su luminosidad, y me hacía desear volver a la buhardilla que, al menos, tenía contraventanas y no dejaba pasar mucha luz, por lo que necesitaba el dinero... también porque el estómago me rugía, exigiendo la comida que tampoco podía darle y que llevaba ya días sin ingerir, y la situación era bastante acuciante, por lo que no me quedaba más remedio que enfrentarme a la muchedumbre, tan junta que lo ponía demasiado fácil para robarles lo que quisieras. Desde un rincón de la plaza, semioculto entre las sombras que proyectaban los edificios, observaba a la gente, sus movimientos como de rebaño, su mentalidad grupal, de panel de abeja, su simplicidad y su falta de atención... especialmente eso último. Localicé una zona especialmente poco atenta y, en un abrir y cerrar de ojos, me despegué de la pared en la que había estado apoyado y me sumergí.

La variedad de turistas no hacía que pareciera extraña mi ropa oscura, ni tampoco que estuviera tatuado (por favor, las japonesas llevaban atuendos aún más extraños, y nadie las miraba raro...), aunque eso quedaba disimulado por mi chaqueta con capucha y la manga larga, y por eso nadie me miró dos veces, ocupados en los escaparates, los monumentos y cualquier cosa a la que quisieran hacer una foto. Así, era demasiado fácil alargar la mano y, en cuestión de segundos, robar carteras llenas de dinero recién sacado del banco del país que fuera; así, ni siquiera tenía que provocar un choque para coger ese botín y más, y por eso mi tiempo de nadar siguiendo la corriente fue escaso, pero productivo: cuando salí de la marabunta, tenía ocultas entre la ropa un total de siete carteras, que revisaría en cuanto llegara a algún parque, refugio de yonkis y ladrones, donde nadie me molestaría y donde la policía ya ni se esforzaría en mirar. Me metí las manos en los bolsillos, tocando el botín con los dedos, y me dirigí hacia una de las calles que nacían de la plaza (o desembocaban en ella, según la dirección que tomaras) para irme de allí, obviando a los nuevos turistas que llegaban y que destacaban tanto conmigo, como lo hacía una chica insultantemente rubia y pálida que se había acercado por detrás y a la que había robado. ¿Habría cometido un error? Imposible, tenía demasiada práctica para que se me viera o me descubriera, pero no podía permitirme que me siguiera y que me cogiera el botín (que en origen había sido suyo, pero que yo necesitaba más que ella), así que sin mirarla apreté el paso para salir de aquel agobio e irme a contar mi botín. Con suerte, aquella noche cenaría.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Mar Ago 21, 2012 12:33 am

Repasaba mentalmente las líneas del tatuaje una y otra vez mientras caminaba, iba a ser mi último tatuaje en el estudio, el resto tendría que hacerlos en casa o buscarme otro estudio en el que me contrataran pero eso no era nada fácil y, de momento, tenía lo del Wolfsbane para llegar a final de mes así que no me corría prisa... Pero me encantaba tatuar y me conocía lo suficientemente bien como para saber que no tardaría en encontrar otro estudio, fuera donde fuera, para volver a empezar... De hecho moría de ganas por hacer aquel tatuaje, era bastante original, una chica pin up zombie a color... ¿Podía haber algo más divertido de dibujar? Pero hasta aquella tarde no tenía nada que hacer así que me limité a dar un paseo por la ciudad. Hacía calor, demasiado para mi gusto, y me dolía todo el cuerpo después de haber pasado una buena noche pero tenía que espabilarme y eso hice.

Con un vestido rojo con puntos blancos y un poco de tul también blanco, el pelo cayéndome por los hombros y unos taconazos también rojos me infiltraba entre la marabunta de turistas que había por todo Londres, me alejaba de los flashes, y trataba de buscar un poco de sombra pero al llegar a la plaza casi quise gritar y salir corriendo... ¿En serio podía haber tanta gente junta en aquel lugar? Solté un sonoro bufido y me metí en medio de la aglomeración, conseguí llegar a un puesto de batidos helados y me compré uno de fresa y, mientras bebía, continué caminando entre la gente, esta vez con intención de marcharme cuanto antes de aquella plaza... Hasta que aquel chico pasó por mi lado y se alejó rápidamente. Había algo en él, quizá su chaqueta en pleno agosto o que iba todo vestido de negro, que no me gustó ni un pelo y en seguida busqué en mi bolso mi cartera... Y había desaparecido.

Caminé con paso rápido, intentando que no se me notara que me había dado cuenta, de que iba a perseguirlo, y como él ni siquiera se digno a mirar hacia atrás pude seguirlo hasta un parquecito algo más alejado. Hice como si siguiera por otro camino y me limité a entrar al parque por otra entrada, llegando exactamente al mismo sitio al que había ido a parar él. Me paré frente a él, con cara de pocos amigos y los brazos en jarra y alargué una mano para que pillara lo que quería. - Mi cartera, gracias. – No pude evitar fijarme mejor en el chico, ladeando la cabeza y quedándome embobada con sus ojos... ¡Pedazo de ojazos! Además, pude ver tatuajes en su cuello, bajo su chaqueta... Y su pelo negro y largo tapaba parte de su cara. Ahí se me olvidó hasta por qué leches lo había seguido y en ese momento me propuse una cosa: Iba a probar a aquel chico. Costara lo que costara.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Miér Ago 22, 2012 12:02 am

Me seguía. La chica rubia me seguía desde hacía ya un par de calles, cuando había empezado a hacerlo, y no mostraba signos de parar o de haber, simplemente coincidido en su camino conmigo, cosa que honestamente dudaba, ya que era demasiada coincidencia. ¿Por qué no dejaba de seguirme? ¡Odiaba que me siguieran! Me ponía de los nervios, me hacía más difícil disimular la tranquilidad necesaria para que todo el mundo pensara que era un simple ciudadano más (quizá algo friolero, algo que si exageraba mi acento natural resultaba incluso entendible, porque ¿cómo no va a sentir frío el pobre italiano, que venía de un clima tan cálido?), pero aún así la práctica y la costumbre imperaban, y por eso mismo fui capaz de mantener el tipo hasta la llegada al parque, donde la perdí de vista. Sólo entonces pude respirar tranquilo y dirigirme hacia un banco, libre de jeringas y de botellas vacías de alcohol, así como semioculto entre las sombras que proporcionaban los árboles y que yo agradecía sobremanera, y sentarme para examinar mi botín. Así a ojo calculaba que habría conseguido más de quinientas libras: lo necesario para pagar el alquiler y que la bruja me dejara quedarme un mes más y lo necesario para pagar, también, algunas facturas que tenía pendientes, pero nada más. Lo de comer, daba igual lo que hubiera cogido, probablemente fuera un lujo que no pudiera permitirme, si bien sólo necesitaba pasarme por el restaurante que había debajo de casa para rebuscar entre su basura algo que pudiera servirme... Era la única opción que tenía cuando el estómago rugía tanto que casi me dolía, como era el momento, pero quizá había cogido más y podría comer... No lo sabría si no lo miraba, e iba a hacerlo hasta que un ruido, al que acompañó una voz indudablemente femenina, me sacó de mis pensamientos y me hizo alzar la cabeza.

Fruncí el ceño al verla, y más aún cuando me pidió su cartera, porque indudablemente mi intuición había fallado y ella me había seguido, algo que no nos ponía en buena situación a ninguno de los dos. Por suerte, aún jugaba con la baza de que disimulaba bien y las carteras no se notaban bajo mi ropa amplia y negra; además, estaba el hecho de que era buen mentiroso, mucho mejor de lo que ella probablemente sospechara, más cuando parecía muy ocupada mirándome, seguramente buscando su cartera... Su gozo en un pozo, no pensaba devolvérsela porque una vez la había cogido era mía y no de quien una vez había sido su propietario. Además, por su ropa y su aspecto en general, esa chica parecía tener, como mínimo, más dinero que yo, por lo que le haría mucha menos falta que a mí lo que fuera que contuviera su cartera, que ni siquiera había revisado. Y si pese a todo las cosas se ponían difíciles, siempre podía recurrir a mi fiel navaja, aunque esperaba no tener que llegar a esos extremos por el hecho de que la estupidez de la gente hace que, con una buena actuación, llegues a cualquier sitio.
– Tienes que estar confundiéndote, yo no tengo ninguna cartera tuya. – repliqué, frunciendo el ceño con aún más intensidad que antes y aprovechando que parecía distraída para, sin que se diera cuenta, hacer uso de mis poderes. Fue algo sutil, muy sutil, que se aprovechó de que tenía los pies en el suelo en una zona sombreada para que brazos de sombras se deslizaran por dentro de mi pantalón y bajaran las carteras hasta el suelo, donde quedaron tapadas por aún más sombras. Visto y no visto, tan rápido y tan disimulado que no había podido verlo, y las pruebas del delito quedaban fuera de la vista, pero como aún así tendría que demostrárselo me levanté y me abrí la cremallera de la chaqueta, quitándomela incluso, para que viera que no había nada bajo mi ropa.
– ¿Ves? Yo no llevo nada, ni siquiera monedero propio. Te habrás cruzado con algún carterista profesional en alguna parte, probablemente. Una pena. – añadí, encogiéndome de hombros y volviendo a cerrar la cremallera para, cubierto de nuevo, sentarme en el banco una vez más.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Miér Ago 22, 2012 12:48 am

Ahí estaba yo, de pie frente a aquel chico vestido totalmente de negro, que estaba sentado en un banco en el parque y que, aún así, parecía mucho más alto que yo... Aunque no mayor. Me molestaba que me robaran, como era normal, pero tras haberlo estudiado detenidamente y haberme fijado en su ropa vieja y gastada, en su chaqueta negra amplia y especialmente en sus ojos... Como que me molestaba algo menos, quizá el chico necesitaba el dinero y no podía hacer otra cosa para ganarlo, sí, sabía que no era una excusa muy buena para ir robando por ahí pero sus ojos... ¡Joder! ¡No podía dejar de mirarlos! Vale, tenía que dejar de mojar las bragas de una vez porque no era plan de ponerme a darle todo mi dinero al primer ladronzuelo que apareciera y me pusiera ojitos de cachorrillo que yo tampoco era rica, ni mucho menos... Y entonces él me dijo que no tenía mi cartera con un deje, ya no acento, que me sonó extraño... No era londinense pero tampoco de mi zona. Fruncí el ceño y ladeé la cabeza... ¿Y si me había equivocado? No, no podía ser, era el único chico sospechoso que me había encontrado, no me había acercado lo suficientemente a nadie como para que me robara y... Entonces se levantó y se quitó la chaqueta, como demostrando que no llevaba nada, no perdí detalle de sus brazos tatuados hasta la saciedad, con colores brillantes que me encantaron y su cuello... Y lo mucho que se pegaba aquella camiseta de tirantes que llevaba. Tragué saliva, intentando apartar cualquier pensamiento sexual de mi mente (cosa bastante difícil después de aquello, la verdad), y él me dijo que debería haberme cruzado con un carterista profesional y que él no llevaba nada.

Se subió la cremallera, y se volvió a sentar sin más. Aquello no me cuadraba, me sonaba a excusa estúpida y no me parecía totalmente inocente así que no iba a irme de allí así como así. - No te creo, cielo, no soy tonta y está claro que tienes unas pintas de ladrón que no te las aguantas. - le solté, de nuevo recuperando mi mal humor y olvidándome por un momento de sus ojazos de cachorrillo abandonado. - Mira, me da igual que robes lo que quieras, si lo necesitas es cosa tuya pero yo solo quiero mi pasaporte, ¿Vale?, tampoco es como si tuviera demasiado dinero suelto y la cartera era una Ed Hardy que vale más que lo que hay dentro pero... - torcí la boca y suspire, haciendo acopio de fuerzas antes de ponerme convincente. - ¿Serías tan amable, ojazos, de devolverme al menos mi pasaporte? Y ya no te molestaré más, te podrás ir a robar tranquilo y todos contentos. - sonreí ampliamente, más bien forcé la sonrisa y esperé a que le diera por devolverme lo mío antes de irme y prepararme para hacer el tatuaje por la tarde... Joder, vaya día, de verdad, y lo peor... Ahora quería dibujar, sus malditos tatuajes me habían dado ganas de ello y me habían inspirado... Y bueno, también tenía unas ganas increíblemente brutales de tirármelo pero eso no era nada nuevo en mí, quizá, si al menos conseguía saber su nombre podría preguntar por él o buscarlo... Quizá...

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Miér Ago 22, 2012 1:51 am

Algo me decía, quizá mi habitual desconfianza, que además de habitual era normal y razonable en situaciones como aquella, que no le bastaría mi alegato para creerse que no tenía su cartera y, lo más importante, que me dejara en paz de una vez, y no necesité demasiado tiempo para que ella volviera a insistir... ¿Qué coño había hecho yo para merecer aquello? No podía haberme tocado la típica turista (porque era extranjera, se notaba en su acento) idiota que ponía una denuncia que no llegaba nunca a buen puerto porque nadie se interesaba por una cartera menos, no; tenía que haberme tocado alguien con un mínimo de atención en lo que pasaba a su alrededor y a la que, encima, le daba pena, porque lo de decirme que me quedara la maldita cartera hablaba por sí mismo. Ya me estaba cayendo mal y ni siquiera la había conocido, todavía, aunque no parecía demasiado digna de conocerse, y de hecho yo quería evitármelo, por lo que acabaría cuanto antes con ella y me iría a hacer lo que tenía que hacer. Sin levantarme del banco en el que estaba, mantuve los ojos clavados en los suyos para tenerla distraída lo suficiente para que las sombras actuaran y cogieran la cartera más grande (era lo que encajaba con su definición de cartera de Ed Hardy) para, sutilmente, depositarla detrás de nosotros, por donde ella había venido. Una vez hecho eso, entrecerré los ojos con hostilidad y la ataqué con la mirada como después haría con mis palabras.
– No soy ningún ladrón, y el hecho de que lo insinúes me insulta y me hace querer ignorarte, porque pareces estúpida viniendo a un parque como este a acusar a alguien de los presentes de algo que no ha hecho... – comencé, encogiéndome de hombros y, después, estirando la espalda en el banco.

Aquel gesto permitió que pareciera, por primera vez, que miraba detrás de ella; aquel gesto fue la justificación para que mi cara cambiara su expresión por una de fastidio y molestia, mezcladas ambas con decepción, y que señalara un punto detrás de ella para que se girara y viera la reluciente cartera de Ed Hardy que había en el suelo, tentadora.
– ¿Te referías a esa cartera que se te ha debido de caer aquí cuando has venido cuando me acusabas de robarte o era otra la que has perdido? Tengo curiosidad. – le dije, con los ojos llenos de molestia (fingida, por supuesto) y empezando a hartarme de ella, de que fuera más inteligente que la media de paletos confiados a los que robaba y de, sobre todo, ¡que no me dejara en paz! ¿Tanto pedía? Sólo quería estar solo, en silencio, contando mi botín esparcido en el suelo por culpa de su atención y camuflado por mis cómplices las sombras, no teniendo que hacer caso a una turista que, encima, me había hecho perder parte de las ganancias del día... ¿Así cómo se suponía que iba a pagar a la bruja para que me dejara quedarme en la buhardilla el resto del mes? Entre unas cosas y otras no me llegaría para todo, y tendría que hacer malabares auténticos para poder permitirme seguir allí, pero cualquier cosa era mejor que estar en una cárcel italiana o, peor, de vuelta en el psiquiátrico... Mataría por no volver allí.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Miér Ago 22, 2012 2:35 am

Su tranquilidad, ciertamente, me exasperaba. La paciencia no era un de mis virtudes y teniendo en cuenta que era impulsiva y me aburría con facilidad aquello, probablemente, no acabaría bien para mí y lo sabía, sabía que en breves me olvidaría de mi cartera, de mi pasaporte y de mi dinero y me centraría en él y en sus ojazos, en sus tatuajes, en lo jodidamente gilipollas que sonaba cuando hablaba... Y en lo mucho que aquello me gustaba. Me miró mal y, molesto, me dijo que no era ningún ladrón y que por llamárselo lo había insultado y quería ignorarme y, entonces, me insultó gratuitamente a mí, me hizo mirarlo mal porque eso si que no iba a consentírselo aunque antes de que pudiera defenderme o decir nada, él se encogió de hombros y se estiró en el banco, mirando justo a mi espalda y, por la cara que puso y el gesto que hizo, me giré para ver qué leches estaba mirando porque a lo mejor no trabajaba solo y la había cagado bien...

Pero no fue así, cuando me giré, simplemente, vi mi cartera tirada en el suelo, unos pasos más lejos de nosotros y en la dirección por la que había llegado. Fruncí el ceño y miré al chico, aquello era imposible, no estaba, mi bolso no era demasiado grande y si la cartera no estaba se notaba porque lo llenaba casi por completo. Encima él no ayudó, diciéndome que si era esa la cartera a la que me refería o había perdido otra. Gruñí y pasé de él, acercándome a la cartera con cuidado, mirando a ambos lados por si era una trampa y cogiéndola, comprobando que estaba todo dentro, vamos, mi pasaporte y algunos dibujos que tenía dentro, y una única tarjeta que tenía, de débito no de crédito y suspiré porque tan solo tenía unas diez libras a lo sumo en ella, la volví a guardar en el bolso y me acerqué a él, aún sin creerme que él no la había robado.

- Era esa. ¿Pero cómo sé que no se te ha caído a ti? No estaba en el bolso, ¿sabes? - sacudí la cabeza y lo dejé correr por una vez... Solo una. Además, sus ojazos me llamaban demasiado como para enfadarme con el desconocido, sin siquiera saber su nombre ni nada. - Lo siento, quizá me he pasado un poco... Soy Katerina. - le ofrecí la mano, con la intención de presentarme a ver si así cambiaban un poco las cosas como, por ejemplo, su humor y su hostilidad hacia mí. - Tengo que reconocer que me encantan tus tatuajes, están muy bien hechos y el color parece que dura bastante, eso no suele ser normal... A no ser que los hayas repasado, claro... - comenté, intentando empezar una conversación sobre cualquier cosa que pudieramos tener en común y, en ese caso, esa bastante fácil tras ver sus brazos (y su cuerpazo): Tatuajes.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Vie Ago 24, 2012 2:08 am

Ya me había hecho tener que darle la maldita cartera, ya se había asegurado de que no me llegara para cenar aquella noche, y ya se había dado con un canto en los dientes al quedarse sin argumentos para seguir conmigo, así que sólo tenía una pregunta más: ¿por qué coño no se iba? Me había dado la falsa esperanza de que lo haría cuando se había girado para coger su cartera, y me había permitido tener tiempo de volver a coger las otras robadas para esconderlas por mi ropa, de nuevo, que era donde pertenecían, pero en vez de aceptar aquel regalo (inmerecido, por cierto) e irse había tenido que volver... ¿A qué astro había enfadado yo aquel día, eh? No sólo casi me pillaban robando y había tenido que recurrir a mis poderes para alejar de mí toda sospecha, sino que encima no había manera de quedarme solo para contar mi botín y me tocaba tener que aguantar a quien me había acusado, en primer lugar... ¡Joder! Quería soledad, ¿tanto costaba? No, de verdad que no era tan difícil, por mucho que a ella no se lo hubieran enseñado y allí estuviera, molestándome soberanamente y arruinándome el silencio con su voz. Lo único que me hacía poder ignorar las ganas de darle una paliza para que se callara era su tema de conversación: tatuajes. De los que me solían hablar (entre ellos, mi casera y los gatos a base de maullidos, poco más), casi nadie elegía precisamente aquel tema; de hecho, lo evitaban a toda costa, y que ella hablara de él, además de que llevara tatuajes, quizá significaba que podía no ser tan molesta... Lo probaría.

– Dante. Disculpas aceptadas, pero yo no he cogido tu cartera. Habrás mirado mal tu bolso, o se lo habrás robado a Mary Poppins y se la había tragado, qué sé yo. – le dije, encogiéndome de hombros aunque todavía molesto por el hecho de que casi me había pillado con las manos en la masa. En cualquier caso, no servía de nada cuando habíamos atajado la situación. Ella ya había ganado, y no me dejaría en paz fácilmente, eso estaba más que claro, por lo que una vez hube decidido que iba a probar a ver qué tal se me daba aplazar lo de contar el dinero que había obtenido de las carteras de los turistas más me valía no perder fácilmente la paciencia o me denunciaría y me ficharían, algo que no podía permitirme por mi falsa identidad.
– No, nunca los he repasado, y empecé a hacerlos hace ya bastante tiempo, pero siempre intentaba elegir a los mejores artistas para que me duraran lo más posible en la piel sin tener que retocarlos. Parece que sabes mucho de tatuajes... Más de lo que puede explicar que tengas el brazo y las manos tatuados, creo. ¿Te dedicas a eso? – añadí, sorprendiendo probablemente no sólo a ella con mi última pregunta sino también a mí mismo, aunque si era verdad que ella era tatuadora quizá podría terminar el de mi estómago y hacerme uno en la espalda... Siempre y cuando, claro, consiguiera el dineral que costaban, algo que dudaba bastante.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Vie Ago 24, 2012 6:50 am

Tendría suerte si, la próxima vez que abriera la boca, aquel chico no me mandaba a la mierda porque después de haberlo acusado de robarme sin ningún tipo de prueba ni nada de nada le había pedido perdón, casi de pasada, y había empezado a hablarle como si nos conociéramos de toda la vida. Sabía que eso en Londres no era normal, incluso mucha gente me miraba raro cuando intentaba entablar una conversación sin más, ya fuera del tiempo o de cualquier otra cosa y había aprendido a no hablar si no me preguntaban... Pero había demasiadas excepciones a aquella norma no escrita que me había auto impuesto como, por ejemplo, aquel momento. Ya no era solo por sus ojazos o por cómo me había puesto con solo verlo sin la chaqueta... La verdad era que sus tatuajes eran una obra de arte y en aquel momento no podía ocurrírseme un lienzo mejor que su cuerpo.

De repente me encontré mirándolo mientras me mordía el labio inferior, pensando en un montón de cosas que de decir en voz alta me harían sonar como una auténtica salida (cosa que era, para qué mentirnos) entre ellas lo mucho que me apetecía tatuarlo... Él se presentó y me sacó de mis pensamientos, haciéndome relamerme al escuchar su nombre... Dante... Sonaba tan... sexy. Aceptó las disculpas, no sin antes soltar un comentario sobre si le había robado el bolso a Mary poppins o algo que me hizo poner los ojos en blanco porque, al menos, no me había mandado a la mierda... Aunque quizá era demasiado pronto para cantar victoria...O no, porque él continuó hablando y no para echarme la bronca, insultarme ni nada de nada sino para responderme y decirme que no se había repasado nunca los tatuajes y que llevaba mucho tiempo haciéndoselos y que por eso elegía a los mejores artistas, lo que me hizo alzar una ceja y verlo como un posible y futuro cliente. En seguida, él dedujo acertadamente que sabía de tatuajes y no solo porque estuviera tatuada, haciéndome la pregunta del millón, yo simplemente me encogí de hombros con una expresión inocentona en la cara que no me pegaba nada.

-Has dado en el clavo, ojazos... Soy tatuadora. De hecho, esta tarde tengo que hacer mis últimos tatuajes en el estudio en el que trabajaba porque ya no voy a trabajar allí pero sigo siéndolo aunque tenga que tatuar en mi casa hasta que encuentre otro estudio... - medio sonreí, hablando demasiado pero cortándome en los detalles porque tampoco le interesaba a aquel chico por qué me habían echado o qué había hecho ni nada de nada. - ¿Puedo sentarme? - pregunté, justo antes de sentarme junto a él, sacando mi móvil y enseñándole algunos tatuajes de los que había hecho y tenía fotos en el móvil, la mayoría diseños old school de animales, anclas, algunas pin ups... Lo típico. - Estos son los últimos que he hecho, la verdad es que estoy harta de hacer este tipo de tatuajes pero es lo que le gusta a la gente... Yo mataría por tatuar zombis, monstruos, dragones... - me encogí de hombros. - ¿Tú tatúas o solo te gusta llevarlos? He podido ver que llevas bastantes y apostaría cualquier cosa a que llevas más que no se ven...

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Lun Ago 27, 2012 10:35 am

Tatuajes. Podía haber intentado robar a cualquiera, desde la Reina de Inglaterra (cuyo aspecto, honestamente, desconocía, si bien me convenía informarme porque seguro que podía conseguir un buen botín de ella...) al mismísimo Silvio Berlusconi, pero no, tenía que haber atracado a alguien que, además de haberme hecho devolver una cartera, tenía algo en común conmigo. Eso solía ser difícil; la gente me llamaba raro sin darse cuenta de que la rara era ella por estar tranquila con los gustos uniformados que mostraba sin vergüenza, pero eso solía separarme del resto de tal manera que casi nunca solía coincidir con nadie en ese aspecto, y llegaba aquel día y lo hacía con uno de mis objetivos... Desde luego, aquel no era mi día de suerte, porque si había tenido alguna esperanza de que se fuera rápido y pudiera contar el dinero, estas se habían desvanecido tan rápido como ella confirmándome que era tatuadora... y aún más lo hicieron cuando me pidió permiso para sentarse y, sin esperar respuesta, lo hizo, demasiado cerca de mí. No pude evitar separarme un poco de ella por puro instinto, ya que odiaba que me tocaran y cualquier cosa que pudiera evitarme el mal trago me salía ya sola, si bien la miraba con curiosidad por eso, porque no parecía ser demasiado como la gente en general... Y eso podía ser o muy bueno o muy malo.Examiné las fotos que me enseñó, apreciando detalles respecto a la técnica que sólo alguien con tatuajes podría entender, y me encogí de hombros cuando escuché sus palabras referidas a mí, que por mi gesto de quitarme las culpas (y la chaqueta) de antes le había permitido hacer una apreciación correcta sobre los tatuajes y yo.

– Sólo me tatúo, nunca he tenido la oportunidad de tatuar, aunque no estoy seguro de que eso sea exactamente lo mío. Tengo los brazos, el cuello, el pecho, el estómago, la rodilla y las manos, por ahora, pero me gustaría alguno más. Ya sabes, cuando empiezas con esto, se vuelve tremendamente adictivo. A juzgar por tu brazo y tu cuello, diría que te ha pasado exactamente lo mismo. – le dije, encogiéndome de hombros para quitar importancia a mis palabras, pues la gente a la que conocía había sufrido, casi sin excepción, ese mismo proceso. En mi caso, dado lo frágil de mi situación económica, tenía que ir espaciando mi afición en el tiempo para poder permitirme cada nuevo tatuaje, o al menos para poder robar lo suficiente para tener unos ahorros que poder dividir entre lo básico, comida normalmente, y lo accesorio, como los tatuajes. Sin embargo, había tenido tiempo de conseguir bastantes botines, el estado de mi cuerpo y los dibujos en él lo aseguraban, por lo que no me había ido tan mal... ¿no?
– Me gustan los zombis y los monstruos, lo otro es típico, convencional y aburrido. Me cansaría enseguida de llevarlo grabado en la piel para siempre, y eso es lo que debes evitar cuando te haces un tatuaje. Aparte del pastón que cuesta borrarlos, no suele quedar bien, así que siempre que voy a hacerme uno nuevo me gusta estar seguro de que es lo que quiero. – añadí, sin tener muy claro por qué le seguía el juego. En cualquier caso, en el tiempo que me costaba ahorrar para hacerme uno era capaz de decidir hasta el diseño exacto, por lo que no cabía el arrepentimiento en mí. Un movimiento rápido como una centella me hizo girar la cabeza hacia el parque, en el que se escuchaban los ruidos habituales y otro distinto, de pasos, pero supuse que sería algún mendigo, por lo que volví a girar la cabeza hacia ella, sin darle importancia a lo que creía haber visto.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Miér Ago 29, 2012 9:08 pm

No se me pasó por alto como, nada más sentarme en el banco, él se separó de mí para que ni siquiera pudiéramos rozarnos aunque ni siquiera me hubiera pegado a él y me hubiera limitado a sentarme pero lo ignoré durante unos segundos en los que le mostré mi trabajo en el móvil... Aunque no podía evitar seguir pillada por aquel simple gesto que me había dejado tan extrañada. ¿Es que acaso le daba miedo o algo? Por sus pintas quedaba claro que no demasiadas cosas podían darle miedo y, probablemente, las mujeres (yo en particular) no era una de ellas... Al menos se dignó a ver las fotos que le enseñaba y a responderme que era más de lo que en un principio había esperado que hiciera y tenía suerte de que hubiera madrugado y no estuviera muy espabilada porque de estarlo ya le habría atacado... Y no para mal. El chico, Dante, me dijo que no era tatuador y que no creía que fuera lo suyo además de decirme todos los lugares de su cuerpo que tenía tatuados, logrando con ello que lo imaginara sin ropa y me mordiera el labio inferior... Porque no se me podía ocurrir nada más sexy que un chico tatuado... Y menos un chico así. Él siguió diciendo que le encantaría tatuarse más por lo adictivo que se vuelve cuando empiezas y no pude evitar asentir, dándole toda la razón... Pues era tan adictivo que incluso, por un tiempo, hasta se había convertido en mi trabajo... Aunque ahora pasaría a ser solo un hobbie.

Lo dejé hablar, porque algo me decía que no era algo que hiciera a menudo con la gente (quizá su forma de, prácticamente, echarme antes... Aunque a lo mejor eran imaginaciones mías y era el alma de la fiesta, quién sabía...), esta vez habló de lo que le había comentado que me moría por tatuar, monstruos y zombis, que al parecer le encantaban, diciendo que el resto era demasiado típico y se aburriría enseguida de llevarlos, cosa que no te debe pasar con un tatuaje porque... bueno es para siempre y borrarlo, además de costar el triple que el tatuaje, queda horriblemente mal... Como él mismo dijo, sorprendiéndome que en aquel aspecto pensara como yo... Porque si te tatúas algo tienes que estar seguro al doscientos por cien y aquel chico, por sus palabras, parecía ser muy decidido en cuanto a los tatuajes ya que según dijo le gustaba estar seguro de qué quería y como lo quería antes de hacer nada... Iba a responderle cuando, de golpe, giró la cabeza hacia el otro lado del parque, como si hubiera visto algo o algo hubiera captado su atención. Miré hacia el mismo lugar y no vi absolutamente nada por lo que fruncí el ceño, sin entender absolutamente nada, hasta que volvió a mirarme. - ¿Pasa algo? Parece que hayas visto un fantasma, ojazos...

Entonces fui yo la que escuchó como alguien hablaba y no pude evitar tensarme, me resultaba realmente difícil distinguir cuando hablaba una persona o un reptil porque al entenderlo me parecía que simplemente era otro idioma que tenía la suerte de conocer aunque por suerte estaba empezando a pillarle el truco y cuando algo se cayó de los árboles que teníamos detrás y se quedó en mi hombro pude respirar tranquila al ver que no me estaba volviendo (demasiado) loca al encontrar un pequeño lagarto verde con ojos enormes que me miraba. Lo cogí y jugué con él en mis manos mientras, por fin, me decidí a contestarle. - Tienes toda la razón, tatuarse es aún más adictivo que las drogas...Y más sano, donde va a parar. Ya tengo uno en la espalda, el cuello, el brazo entero, las manos, los nudillos, en el otro brazo tengo varias cosas y en las caderas... Además de un pendiente en el ombligo... Y yo tampoco pienso parar ahí pero cuando eres tatuador te cuesta más encontrar a alguien que te guste como tatúe. - me encogí de hombros, mordiéndome el labio inferior. - ¿Sabes? Si quieres podría tatuarte yo, como hoy es mu último día en el estudio no te cobraré porque será más bien... Por amor al arte, además, tengo curiosidad por saber qué te tatuarías y por tatuarlo... Tienes pinta de tener unos tatuajes divertidos de hacer... – dije, sin estar realmente muy segura de ello... La verdad, la tinta costaba una pasta y el resto de cosas las tenía en casa aunque el dinero no me vendría mal... Todo dependía de cómo terminara aquello porque si me caía bien quizá le haría ese favor, si no, quizá solo le cobraría la mitad... Aunque mirándolo con otros ojos se me ocurría un pago muchísimo mejor que pasaba por nosotros dos sin ropa en cualquier parte... Y ahí dejé de pensar con claridad en nada que no fuera en él desnudo. Cosas que pasan.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Vie Ago 31, 2012 2:34 am

No era la primera vez que me pasaría, si es que así era, lo de ver algo que, decían, no estaba allí. Solía distinguir la realidad de lo que no lo era bastante bien en la mayoría de ocasiones, incluso sin estar medicado, por lo que supuse que aquello había sido una imaginación mía y nada más, ya que era lo más probable. Hacía meses, por no decir años, que había dejado de tomar los tranquilizantes. No podía permitírmelos, porque eran muy caros y las farmacias son malas para cogerlos sin permiso; no quería, tampoco, tomarlos, porque a cambio de dejar de ver cosas me quedaba como si me hubieran dado una paliza, además de que un día que me había dado por leer los efectos adversos, poco después de escapar del psiquiátrico, me había dado cuenta de que me hacían más mal que bien, por lo que había dejado de tomarlas. Tenía sus desventajas, como por ejemplo visitas constantes de creaciones de mi subconsciente que me parecían increíblemente reales, pero también tenía de ventajas el hecho de no ser esclavo de unas pastillas que me recordaban al tiempo en el que había estado encerrado con tanto blanco... Lo odiaba. Odiaba la manera de la luz de colarse por la ventana de las habitaciones e iluminarlas. Odiaba la claridad de lo que nos hacían llevar. Odiaba a los médicos, con su basura psicológica sacada de manuales de hacía treinta años, como poco. Odiaba el electroshock... lo odiaba con toda mi alma, porque dolía mucho, y a mí nunca me habían pedido permiso para hacérmelo al no tener padres, tutores legales o familia en quien confiar para tomar esa decisión que sólo podía tomar alguien cuerdo. ¡Como que ellos lo estaban! En cualquier caso, ignoré lo que vi. Era lo mejor.

Me fijé en lo que sí era real, el lagarto que se había caído de un árbol (aunque parecía, más bien, que se le había lanzado en plancha. Eso era raro) y se había ido directo a su hombro antes de que ella lo cogiera y empezara a jugar con él. Aquello era extraño: los lagartos, según mi experiencia, eran animales desconfiados, y sin embargo aquel estaba dejándose acariciar como si fuera un perro. ¿Por qué lo haría? En cualquier caso, volvió a desviar mi atención al decirme los lugares donde tenía tatuajes, que eran en más sitios de los que se veían (y eso que iba enseñando bastante) y reforzando mi idea de que, una vez empezabas, era adictivo, para terminar diciéndome que ella podría tatuarme. Eso sí que no me lo esperaba, y fruncí el ceño inmediatamente, porque su excusa no colaba.
– ¿Por qué querrías tatuarme? No me sirve esa excusa de que un tatuaje mío sería divertido de hacer, puede que sea verdad pero no compensa el precio de la tinta y del trabajo que pondrías en él. Buscas algo más. Y ni siquiera me conoces, lo cual me hace pensar que eso que buscas es algo que no me va a gustar, así que ¿por qué? – inquirí, con el ceño fruncido y mirándola con desconfianza, algo que en realidad estaba bastante justificado dado que no tenía auténticas razones de peso para querer tatuarme, y encima quería irme de allí cuanto antes para contar el botín, por lo que quería que se fuera... ¿Tanto costaba, maldita sea? En cualquier caso, la mejor manera de conseguirlo era echando más leña al fuego, así que no me callaría tan rápidamente.

– Además, ¿por qué iba a confiar precisamente en ti para que me tatúes? Sólo he visto algunos diseños en un móvil, no he visto ninguno hecho en directo o que me asegure que los has hecho tú, y tengo localizados a algunos tatuadores de la ciudad bastante buenos, así que ¿por qué tú y no otro? No me trago lo de que sea gratis, todo el mundo quiere algo, y los tatuajes son caros, lo sé por experiencia, así que o me dices la auténtica razón o me voy, directamente. – añadí, con la mirada clavada en ella y tratando de ignorar que estaba viendo una sombra detrás de nosotros, porque sabía que no era real. Respiré hondo una vez, de manera bastante disimulada para que no pensara que algo iba mal –porque nada iba mal, era algo corriente que me pasaba de cuando en cuando y ya estaba, pasaría– y empezara a preguntar más de lo debido, algo que tenía pinta de hacer mucho, y procuré relajarme, borrar toda idea de mi mente que pudiera dar lugar a ver eso, centrarme en que lo único real que había estaba enfrente de mí y era de quien quería librarme... Irónico, ¿verdad? Pues era lo que había. Y, entonces, decidí que en realidad no tenía demasiadas opciones aparte de dejarla hablarme, aunque me costara mucho esfuerzo no desear matarla, por lo que la miré, de nuevo.
– Me lo tomo muy en serio cuando se trata de tatuajes. No es personal. – finalicé, encogiéndome de hombros y en un amago de disculpa que, en realidad, no tenía nada de tal.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Vie Ago 31, 2012 6:51 am

Aquel pequeño lagarto no paraba quieto en mis manos, no dejaba de hablar y tenía que contenerme como podía para no reírme a carcajada limpia ya que no dejaba de decir un montón de cosas sobre “el humano rarito”, los lagartos solían notar que yo podía entenderlos o, al menos, que tenía algo de reptil así que aquello no era nada raro para mí... Aunque por la cara con la que me miró Dante para él sí... Como el hecho de que quisiera tatuarlo gratis ya que no tardó en fruncir el ceño y en seguida ponerse a la defensiva diciéndome que no colaba mi excusa pues por muy divertido que pudiera resultar hacer uno de sus tatuajes la tinta era cara y probablemente pondría mucho trabajo en él así que no compensaba... Eso por no hablar de que ni siquiera lo conocía y, por tanto, buscaba algo que no le iba a gustar... Y esa afirmación me hizo alzar una ceja. ¿Es que no era un hombre y, como a todos, le gustaba el sexo? Por un momento se me llegó a pasar por la mente que quizá fuera gay y que me había equivocado, pero lo miré de arriba a abajo una vez más... Si él era gay yo era una monja de clausura. No me había dado tiempo siquiera a pensar un buen eufemismo para responderle sin decirle directamente que quería que me pusiera a cuatro patas y me hiciera gritar de placer tanto que hasta me escuchara mi padre en Noruega cuando él continuó hablando, esta vez, dudando de mi trabajo ya que solo había visto unos diseños en el móvil y ni siquiera me había visto hacerlos y no podía saber si eran míos o no y ya tenía otros buenos tatuadores localizados... Y me preguntó por qué tendría que hacérselo yo y no otro.

No pude evitar alzar ambas cejas ante todas sus palabras, tan de golpe, mientras el pequeño lagarto seguía hablando de fondo, haciendo que me concentrara al máximo en escuchar toda aquella sarta de tonterías que me estaba diciendo Dante y que, probablemente, fueran mucho menos interesantes que lo que decía el pequeño lagarto que seguía en mis manos como siguió demostrando al decir que no se tragaba que fuera gratis, que todo el mundo quería algo y los tatuajes eran caros, que lo sabía por experiencia y que o le decía la autentica razón por lo que había dicho aquello o se largaba. Yo ahí ya estaba flipando y no sabía si darle una hostia, mandarlo a la mierda o directamente largarme de allí yo porque por ofrecerme simplemente a tatuarlo y además gratis se me había puesto como un basilisco, como si fuera una violadora o algo peor y aquello... Joder, era de película! Pero de esas estúpidas que no tienen sentido aunque antes de que pudiera decidir qué hacer con él volvió a hablar, algo más calmado, diciéndome que se tomaba las cosas muy en serio cuando se trataba de tatuajes y que no era personal, encogiéndome de hombros y haciéndome esbozar una media sonrisa. - No, ¿en serio? Creo que no me había dado cuenta después de semejante ultimatum... – dije, volviendo a jugar con el pequeño lagarto, que no callaba.

Acerqué al pequeñajo verde, que seguía en mi mano, a mi cara y sacó la lengua, rozándome la nariz con ella y haciéndome sonreír antes de dejarlo de nuevo libre, despidiéndome de él y volviendo a centrarme en Dante y respiré hondo, haciendo acopio de autocontrol para no soltarle ninguna burrada. - Si quieres comprobar que los hago yo puedes venir esta tarde al estudio a ver cómo tatúo. - me encogí de hombros dándole una opción que, a mi parecer, era bastante justa. - Y en cuanto al pago del tatuaje... No hace falta que te pongas como una fiera al respecto, simplemente... - me acerqué más a él en el banco, pegándome a su cuerpo. - … podríamos negociar los términos... - justo en aquel momento bajé la mano a su muslo, donde enseguida apoyé una de mis manos, acariciándolo. - … y llegar a un acuerdo. - me mordí el labio inferior y alcé la mirada para encontrarme directamente con sus ojos, que me daban ganas de seguir y seguir pese a que estuvieramos en un lugar público... Me ponía demasiado. ¿Qué podía hacer? Los chicos tatuados y misteriosos eran mi perdición... Y él tenía todo eso y más!

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Mar Sep 04, 2012 7:42 am

Por mucho que hubiera suavizado los términos de mi especie de ultimátum para que me dijera qué era lo que de verdad quería de mí y no me tomara por un tonto, algo que definitivamente no era, seguía sin sentirme cómodo en aquella situación. Había algo en ella, quizá su manera de mirarme como si fuera un escalope a la milanesa, que no me gustaba y casi me obligaba a no confiar en ella, y además estaba el tema del lagarto... ¿Desde cuándo un bicho de aquellos no sólo no huía del contacto de las personas sino que, encima, parecía sentirse como pez en el agua con un humano? Cuando era pequeño y cazaba lagartijas en las paredes de piedra del orfanato, en invierno porque era cuando más atontadas estaban por el frío que hacía en mi Milán natal, ellas siempre intentaban huir y les daba igual perder la cola en el intento si así conseguían alejarse, y no me creía que las lagartijas británicas fueran más confiadas. Si se parecían a la gente del país eso sólo podía significar que eran bichos aún más difíciles de capturar que los ingleses, que ya de por sí, tan flemáticos y fríos que solían ser, eran una presa más fácil que los naturalmente abiertos, salvo excepciones como yo, italianos, así que se mirara por donde se mirase eso no encajaba, y yo estaba incómodo. En realidad, mis motivos daban igual, porque lo que yo quería era irme de allí de una santa vez y al final acabaría haciéndolo, aunque le diera una oportunidad para que se explicara... y más valía que fuera de manera razonable, porque de lo contrario lo lamentaría. Odiaba que me mintieran y que jugaran conmigo, lo detestaba sobremanera, y no iba a permitirle a una cualquiera que lo hiciera así como así.

No obstante, la situación dio un vuelco total cuando el lagarto se comportó con ella como lo haría un perro, no un reptil, y me hizo fruncir el ceño por la extrañeza que me provocaba esa actitud en un bicho así; y aún más cuando, sin venir a cuento, así porque sí y porque a ella le venía bien, después se hacerme una sugerencia legítima como lo era ir a ver cómo tatuaba, se pegó a mí y me apoyó la mano en el muslo. ¿Qué coño...?
– ¿Qué crees que estás haciendo? No me toques. – solté, casi bufando y apartándome yo mismo por si a ella se le habían subido los calores a la cabeza tanto que era incapaz de aceptar una orden sencilla. Acabé de pie frente a ella, a una distancia de seguridad más que razonable de un par de metros que me permitía seguir fulminándola con la mirada, con las manos en los bolsillos y actitud defensiva.
– No me interesas, Katerina, así que ni siquiera lo intentes. Lo único de lo que has dicho que estoy dispuesto a aceptar es ir contigo a ver cómo tatúas, pero respecto al potencial pago ni se te ocurra volver a sugerirlo... – o habrá consecuencias poco agradables para ti, pedazo de zorra. Sin embargo, eso me lo callé porque suficiente tenía con aguantarla como para, encima, pelearme con ella. Era una pérdida de tiempo, que era algo que no me sobraba precisamente, por lo que pasaba.

Por seguridad volví a alejarme, aunque aquella vez fue simplemente un paso hacia atrás que sembró aún más distancia entre nosotros, si bien no relajé la actitud en ningún momento y continué a la defensiva con mis gestos, así como con mis palabras. Odiaba a las chicas como ella; veía el sexo como algo innecesario –desde luego, yo no tenía la necesidad de practicarlo aunque lo hubiera hecho algunas veces– que no trae más que problemas de todo tipo, y para evitármelos, porque suficiente tenía con lo que ya cargaba sobre mi espalda, prefería cortar de raíz cualquier tipo de cosa que pudiera llevar a un malentendido... Aunque estaba seguro de que nada de lo que había hecho la había incitado a creer que me quería acostar con ella. Conociéndola, como había conocido a las italianas de mi ciudad, seguramente iría así de serie, y cuanto más claro se lo dejara mejor, ya que un intento pasaba, pero más no los toleraría... Odiaba que me tocaran. Me ponía de los nervios y me enfadaba, lo veía también algo totalmente innecesario, además de algo que podía dar lugar a que la gente se pensara que yo la toleraba, ¡qué tontería! En realidad, los despreciaba a todos, y por eso me mantenía al margen. Además me beneficiaba , así que no pensaba cambiarlo por nada.
– Deberías ir pensando otra manera de que te pague si quieres tenerme como cliente, eso si consigues convencerme con una demostración en directo de cómo tatúas. Como te he dicho, soy exigente y me lo tomo muy en serio. – añadí, con una expresión taimada luchando por abrirse paso de mi boca, que medio sonreía, a mis ojos, a los que no llegaba, pues seguían gélidos, hostiles... peligrosos.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Miér Sep 05, 2012 10:37 pm

Ya tenía pensado cómo iba a acabar aquello que era, básicamente, conmigo liándome con Dante en aquel banco y lo que surgiera y más después de aquella proposición indecente tan directa que le había soltado y, entonces, de golpe, todo dio un giro dejándome con la boca abierta. Poco después de que comenzara a acariciar su muslo, él se había puesto como loco y me había dicho que no lo tocara, casi bufándome como lo haría un estúpido gato y apartándose de mí bastante, tanto, que si seguía haciéndolo se caería del banco y supongo que por eso se levantó del banco y se quedó de pie frente a mí, con las manos en los bolsillos y una mirada más que hostil en los ojos con la que me atravesaba... Y yo, en aquel momento, prefería que me atravesara con otra cosa que quedaba algo más abajo que su mirada, la verdad. Pero su actitud de gato arisco no fue todo sino que además me soltó que no le interesaba y alcé una ceja, sin creérmelo en absoluto, porque aquello, simplemente, no podía ser... Quizá era gay y mi instinto me había fallado pero lo dudaba. Al menos aceptó venir conmigo a ver cómo tatuaba pero que me olvidara de aquel pago y que no se me ocurriera volver a sugerirlo. Me limité a asentir lentamente, simplemente, dándole la razón como a los tontos o a los locos.

Él se apartó un poco más de mí y yo ya me estaba cabreando con su actitud de niñato estúpido que estaba a la defensiva, como si yo fuera una violadora o algo, y tuve que controlarme para no soltarle cuatro cosas mientras él me decía que si lo quería como cliente tendría que pensarme otro pago en el caso de que lo convenciera de que era buena en lo que hacía porque era muy exigente y se lo tomaba muy en serio y blah blah blah... Puse los ojos en blanco y asentí, clavando la mirada en sus ojos, encontrándome con aquella mirada que me hizo alzar una ceja y su media sonrisa. Negué con la cabeza, con los brazos cruzados en el pecho y me levanté. - Tranquilo, no te tocaré si es lo que quieres... Me gusta que disfrutemos todos, ¿sabes? Lo de obligar a la gente a hacer algo que no quiere no va conmigo... Pero sí lo de asegurarme de que quieren lo mismo que yo... - me encogí de hombros y lo miré, medio sonriendo. - Ya pensaré en algo como pago, Dante, te acabo de conocer y no sé nada de ti así que... Dame tiempo y estoy segura de que se me ocurrirá algo bueno que pueda pedirte.

Después de eso le guiñé un ojo, ignorando sus miraditas asesinas y me arreglé el vestido un poco antes de mirar la hora en mi móvil, el tiempo había pasado algo así como volando y no podía permitirme estarme allí sin hacer nada. - ¿Te apetece venir a comer algo conmigo? Se me va a hacer tarde como sigamos aquí de palique y tengo que ir al estudio después de comer a prepararlo todo así que si quieres venir... Supongo que eres bienvenido. Si no... – saqué mi monedero del bolso y le pasé una tarjeta con el nombre y la dirección del estudio en el que trabajaba, al menos hasta aquella tarde. - Pasate por ahí sobre las cuatro o cuatro y media. – medio sonreí y me limité a esperar unos segundos, quizá minutos, educadamente hasta que me respondiera y, fuera la que fuera la respuesta... Ya sabía lo que haría en ambos casos así que estaba bastante tranquila al respecto... Aunque algo picada por la reacción de gato arisco que había tenido y por que dijera que no le interesaba... Vamos, ¿Cómo no le iba a interesar? Seguro que era gay... Sí, esa tenía que ser la razón. Si no... ¡No podía ser!

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Sáb Sep 15, 2012 11:06 pm

Odiaba que me tocaran con toda mi alma, y eso no era algo nuevo que había sucedido por culpa de quien me había encerrado en el psiquiátrico, no; ya desde pequeño había visto que el contacto con los cuidadores o con otros niños me repugnaba lo suficiente para querer evitarlo sobremanera, y de adulto aquella era una costumbre que no había perdido pero que la gente se esforzaba por ignorar. Yo pensaba que en Inglaterra la gente, al ser más fría que en Italia, tocaría menos, pero no era cierto: estaban igual de malacostumbrados al contacto físico, al menos en ciertos aspectos. Y Katerina, delante de mí, era evidentemente la prueba que necesitaba para comprobar que las malas costumbres se extendían mucho más rápidamente que las buenas, como la de meter la nariz en los asuntos de cada uno y no husmear en los de los demás. Sin embargo, no se rendía. Pese a que le hubiera dicho que no me interesaba, ella se puso a la defensiva al decirme que no pensaba violarme (y eso en realidad yo lo dudaba, porque tenía cara de darle a todo, sexo sin consentimiento incluido) y, después, cedió al decirme que ya pensaría algo como pago, que no me conocía casi pese a hacerlo más de lo que me hubiera gustado y que no sabía nada de mí... ¡Pues tanto mejor! A mí no me gustaba que me conocieran, era tan sencillo como eso, así que suficiente tenía con lo que ya había visto de mí como para encima pretender más. ¿Es que no se rendía nunca...? No, al parecer no, y eso lo vi claro con sus siguientes palabras, pues me ofreció ir a comer con ella o, si no, pasarme más tarde por el estudio cuyos datos figuraban en la tarjeta que me alargó. En aquel momento creo que ni siquiera tuve que pensar, pues mi estómago respondió por mí con una especie de gruñido que reveló, muy a mi pesar, que estaba muerto de hambre porque llevaba días sin probar bocado. ¿Qué opción me quedaba, en aquellas circunstancias? Sólo una: aceptar. Y eso hice.

– No tengo nada que hacer, en realidad, salvo comer, y dado que iré después al estudio me parece una tontería ir cada uno por nuestro lado, sobre todo porque no sé exactamente qué calle es en la que está, así que... – repliqué, encogiéndome de hombros y guardándome la tarjeta que me había dado en uno de los bolsillos. La perspectiva de ir a comer con ella sólo me parecía tolerable por el hecho de comer, así que tendría que hacer un esfuerzo sobrehumano por aguantarla tanto rato y ver si merecía la pena todo por un simple tatuaje... Aunque lo de que fuera gratis, o incluso barato, me atraía tanto como un oasis a un sediento en el desierto, y en el fondo hasta sentía curiosidad por ella... o lo que fuera. En cualquier caso, esperé a que ella se moviera y me bajé la capucha sobre el rostro de nuevo, dado que nos alejábamos de la zona donde los árboles me protegían de la luz y pronto me daría de lleno, y cuando estuvo lista comencé a caminar hacia una de las zonas del centro donde menos turismo había y, sobre todo, donde más locales de comida musulmana barata se juntaban. Elegí uno al azar y entramos, pedimos la comida y nos sentamos en una mesa con los bocadillos frente a nosotros en cuanto nos los sirvieron. Le di un mordisco al mío, hambriento, y empecé a comer sin mirarla a ella, sino sólo a la comida que tanto necesitaba. Sólo cuando me di cuenta de que iba muy rápido, dejé el kebab a un lado, me limpié la boca y las manos con una servilleta y la miré.
– ¿Sabes ya cuál es el tatuaje que vas a hacer o sólo tienes la cita para hacerlo? Has dicho que tenías que preparar las cosas, eso me hace pensar que ya conoces al cliente... Si es así, ¿has hecho ya el boceto? ¿Qué será? – inquirí, con los dedos tamborileando sobre la servilleta y el pie dando golpecitos en el suelo, incapaz de quedarme quieto del todo.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Dom Sep 16, 2012 5:24 am

Era un desperdicio, simple y llanamente. Un chico tan guapo como él, con esos ojazos, tatuado y probablemente con buen cuerpo (al menos por lo que había podido ver que, pese a que no había sido demasiado, prometía) que huía del contacto... No podía haber nada más estúpido en el planeta. Tampoco quería insistir demasiado en el tema ni ponerlo nervioso ya que, después de todo, lo acababa de conocer (y de acusarlo de ser un ladrón pero a mí esas cosas se me olvidaban rápido, esperaba que a él también...) y pese a que me costaba horrores no ser tan... yo con la gente nueva para no asustarlos tenía que intentarlo de vez en cuando porque si no... En fin, no podría ni salir de casa. Pero por una vez aquello no había sido culpa mía, no había hecho nada raro y él en seguida ya me miraba como si fuera una violadora... Y la opción de que quizá fuera gay volvió a danzar en mi mente... Pero desapareció cuando volví a mirarlo de arriba a abajo mordiéndome el labio inferior, justo a tiempo de escuchar como rugían sus tripas por culpa del hambre... Lo que fue el preludio de que aceptara venir conmigo a comer ya que, como bien había dicho, resultaba una estupidez ir por separado para después volver a juntarnos... Pero yo lo había propuesto por si se sentía demasiado incómodo o intimidado conmigo... No, si en el fondo iba a resultar que era un trozo de pan y que la hermana Teresa a mi lado era una bruja.

Así, poco después de aceptar, se guardó la tarjeta que le había dado con el nombre del estudio y la dirección (además de mi móvil, dato importante) y nos pusimos en marcha, con él cubriéndose la cara con la capucha y haciéndome alzar una ceja. No era como si estuviéramos en el Caribe pero tampoco me parecía para ir así por la calle aunque no comenté nada y me limité a caminar junto a él, en silencio por sorprendente que pareciera pues me centré en estudiarlo, en intentar descubrir qué leches pasaba en su linda cabecita porque era todo un misterio... Y no sé cómo terminamos lejos de la zona turística, metidos entre callejuelas llenas de restaurantes musulmanes principalmente. Lo seguí dentro de un local cualquiera y me pedí un kebap vegetal con falafel y nos sentamos en una mesa en la que no tardaron mucho en servirnos. Ni siquiera me dio tiempo a decirle un “que aproveche” porque él ya le había dado un mordisco al suyo así que me encogí de hombros y mordí el mío, disfrutando del sabor picante del falafel mientras él comía casi con ansia.

No quería interrumpirlo así que no dije nada y seguí comiendo hasta que por fin él, dejó a un lado su kebap y se limpió la boca y las manos antes de preguntarme por el tatuaje con los dedos dando golpecitos en la mesa y los pies en el suelo... Como si no pudiera parar quieto. Me encogí de hombros y tragué lo que tenía en la boca antes de contestar. - Tengo el boceto en el monedero, sí, el que había desaparecido. Voy a hacer una chica de estilo pin up zombi, será a color, grande y bastante divertida de tatuar... Tengo ganas, la verdad. - medio sonreí y volví a morder mi comida, mirando de pasada el reloj del local para controlar la hora. - En cuanto al cliente, tienes razón, no es la primera vez que lo tatúo pero me encanta hacerlo. Tiene el brazo derecho entero cubierto de piezas de zombis y el que le voy a hacer hoy es el único que le falta para tenerlo completo, probablemente te gustarían sus tatuajes, están llenos de color y son hasta graciosos. A mí me encantan, no me canso de verlos... Supongo que es una buena elección.

Me encogí de hombros y le di tiempo para comer, mirando a mi alrededor al sentirme tremendamente observada por los tipos del restaurante que comentaban cosas sobre mí (obviamente por sus miraditas) en su idioma fuera el que fuera. - Oye, ¿Eso de la capucha es por algo? ¿Tienes fotofobia o algo así? Yo soy pálida de nacimiento pero lo tuyo es raro... Tampoco me gusta el sol en exceso pero no huyo de él como tú... No sé, me parece curioso. - medio sonreí aún sin perder de vista, al menos de reojo, a los camareros aunque al final terminé por darme por vencida y los ignoré, centrándome única y exclusivamente en Dante... Sin duda mucho más curioso y misterioso que ellos. - Por cierto, quizá me mandes a la mierda pero desde hace un rato no puedo evitar darle vueltas al tema pero es que no lo pareces y... - comencé, liándome yo sola con la pregunta, sacudí la cabeza y medio sonreí. - ¿Eres gay? - pregunté sin más, como si fuera lo más normal del mundo y, en cierto modo, lo era. - No es que me moleste ni nada, tengo muchos amigos y amigas gays y todo eso pero, simplemente, tengo la duda... Llamalo curiosidad, llamalo X. – me encogí de hombros y volví a comer un poco de mi kebap, dándole tiempo a digerir mis preguntas y a responderme... Y esperaba que la respuesta, al menos de la última, fuera negativa... Porque si ya de normal me había parecido un desperdicio, siendo gay me lo resultaría el doble... Aquel chico era el típico que no quieres que te robe cualquier locaza... Y yo iba a liarme con él, lo tenía claro... ¡Vamos! ¡Ya estaba pensando en la excusa perfecta para hacerlo incluso! Y si besaba bien... El resto ya vendría solo... O eso esperaba.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Jue Sep 20, 2012 10:19 pm

Una muestra del hambre que tenía era que aquel kebab me estaba sabiendo a gloria, y eso que la había llevado a uno de los sitios más cutres de la ciudad... y también de los más baratos. El centro, dominio de turistas, siempre tenía los precios inflados y nunca podía permitirme casi nada a no ser que robara; era en las afueras donde, normalmente, tenía que moverme, y eso me había permitido descubrir garitos como aquel, en el que la comida sería mala, pero al menos alimentaba, y eso era ya suficiente en mi situación. Por eso tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no terminarme la comida demasiado rápido. Para ello, me mentalicé de que si comía más despacio me llenaría más y la sensación sería mejor; también, de que comiendo más despacio me duraría más y no sería perder el dinero, y basándome en aquellos argumentos pude centrarme en Katerina, que comía más despacio que yo... Dudaba que supiera lo que era pasar tanta hambre como lo hacía yo, y por eso no tenía la necesidad de devorar la comida, pero me callé esos pensamientos para mí porque ella respondió a la pregunta que le había hecho en cuanto hube terminado de comer, al menos por el momento. Me dijo que el tatuaje, cuyo boceto estaba en el monedero que había perdido (no, el que le había robado pero me había forzado a devolver), era uno de una chica pin-up zombi, algo que combinaba con el resto de tatuajes de su cliente... que se parecían a los míos, y que sólo por eso me gustarían, seguramente.

Aproveché la pausa que vino después de sus palabras para coger de nuevo el kebab y, más lentamente, volver a comer. Me tenía que mentalizar con cada mordisco, pero lo estaba consiguiendo, y por eso después de unos pocos fui capaz de dejarlo y de volver a limpiarme. Al parecer, elegí el momento justo porque ella me preguntó por la capucha y dio, sin saberlo quizá, en el clavo... Los médicos lo habían llamado fotofobia, cuando había dejado que me trataran porque no me había quedado más remedio, pero yo me había quedado con lo práctico: la luz me molestaba muchísimo. Decían que tenía que ver con tener los ojos claros o con que, desde siempre, me había acostumbrado a ambientes oscuros y el contraste me molestaba, pero la cuestión era que la luz del sol me provocaba dolor de cabeza; la luz parpadeante, mareos; el resol que había cuando los días estaban nublados, menos molestias que un día soleado, algo que era casi aguantable siempre que tratara de reducir la cantidad de luz que me llegaba: por eso la capucha. Su siguiente pregunta me sacó de mis pensamientos y me hizo fruncir el ceño; a mí, y a medio restaurante que estaba atento después de oír la palabra gay, y me bastó girarme y mirarlos con una de esas miradas que mataban para que volvieran a sus asuntos, que deberían interesarles más que los míos. Jodidos entrometidos...

– Sí, me molesta mucho la luz del sol, lo suficiente para tener que verme obligado a recurrir a la capucha incluso cuando el sol no brilla directamente y hay nubes. La claridad de esos días a veces es peor, incluso, que la de los días más claros, pero depende de muchos factores. La cuestión es que tiendo a evitar que me de la luz en los ojos, pero eso tú ya lo has notado. – respondí, encogiéndome de hombros y cogiendo después el kebab para mordisquearlo y llevarme algo de comida al estómago, que sólo se sentía algo saciado después de tanto tiempo sin comer nada.
– Eres observadora, Katerina, pero te equivocas en tu segunda pregunta. No soy gay. Simplemente tampoco estoy tan salido como la gente de mi edad, y no voy buscando sexo por ahí como si fuera la piedra filosofal. – repliqué, aunque no tenía la necesidad de hacerlo, simplemente porque sabía que de no darle una respuesta clara seguramente insistiría hasta ponerse pesadita y conseguir que la mandara a la mierda... Era lo típico de mujeres como ella, y yo había conocido ya a alguna suficiente para saber cómo funcionaba, más o menos, su mente y para saber cómo reaccionaban en ciertas cosas. El problema de mi respuesta, y de no haber mentido como solía hacer, era que admitir mi heterosexualidad era abrir el camino a que ella siguiera molestándome: por eso la segunda parte de mi respuesta, lo de que no estaba salido como, sin duda, lo estaba ella. Había visto lo suficiente de Katerina para saber que ella era una lagarta, y prefería evitar cualquier confusión que la llevara a molestarme antes de que, de hecho, se produjera la molestia. Era mucho más sencillo.

Continué comiendo, con hambre, mientras por un momento el silencio se hacía entre nosotros. Teniendo en cuenta que el peso de la conversación había recaído sobre ella, que en aquel momento estaba comiendo, era normal que hubiera decaído, y sólo cuando los dos nos terminamos la comida y estuvimos libres de interrupciones podríamos, de nuevo, hablar. Y eso fue lo que hice, exactamente, en cuanto del kebab no quedó sino alguna gota de salsa que se había caído en el plástico que lo envolvía.
– Entiendo que te guste tatuar a ese cliente si lo que tiene son, sobre todo, zombis. No mucha gente opta por lo poco convencional, y mis tatuadores incluso se sorprendían cuando les hacía el boceto de lo que quería. No se me da bien describirlo, prefería y prefiero dibujarlo para que se hicieran una idea más adecuada y no hubiera posibilidad de equivocación. Supongo que hay un gente para todo. O quizá simplemente eran obtusos de mente pero buenos en lo que hacían, que era la razón por la que los elegía. Da igual, el caso es que quiero ver cómo tatúas a tu cliente. Tengo curiosidad. – le dije, callándome justo después porque ya había dicho demasiado y, de todas maneras, era ella quien sabía dónde estaba el estudio y dónde tenía que llevarme... algo que, a todas luces, era impropio de mí, al menos de Angelo, quizá no tanto de Dante, pues aunque ambos eran yo, cada vez veía más diferencias entre los dos: mi auténtico yo y el que la gente veía. Y eso, en contra de lo que pudiera parecer, no me disgustaba. Era más seguro. Era más fiable. Era lo que me permitía sobrevivir.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Sáb Sep 22, 2012 8:28 pm

Quizá no había tenido la mejor idea de todas al preguntarle si era gay en aquel sitio, rodeado de musulmanes que veían aquello como una aberración y que de responder afirmativamente querrían darle una paliza (como poco) y ya que estaban intentar flirtear conmigo como llevaban queriendo hacer desde que habíamos llegado... Pero, para no variar demasiado con lo que era yo normalmente, no había pensado en nada de aquello al hacer la pregunta y no había podido importarme menos... Aunque ahora, con la duda, quizá me preocupaba algo más su respuesta porque de serlo quizá tendríamos que salir de allí pitando... O lo que fuera. Me hizo gracia como Dante se giró para mirar mal a todos los que, de repente, estaban mirándonos e interesadísimos en nosotros y nuestra conversación y la mayoría pareció girarse y volver a sus asuntos cuando Dante volvió a mirarme y a hablar aunque no precisamente de aquella última pregunta, sino de lo que le había preguntado antes sobre su “pánico” a la luz del sol y resultó que tenía razón y había dado en el clavo, la luz del sol le molestaba y trataba de evitarla, sobre todo, que le diera en los ojos y por eso la capucha... Asentí ante sus palabras y esperé a que comiera un poco más mientras yo aprovechaba también para hacerlo aunque con la atención fija en él pues aún no había respondido la pregunta que más me interesaba... Y finalmente lo hizo.

Según él me equivocaba, no era gay, cosa que en cierto modo me alivió bastante porque quería decir que, al menos, tenía un mínimo de esperanzas con él... Fueran las que fueran. Me dijo que, simplemente, no era un salido y no iba buscando sexo como si fuera... ¿la piedra filosofal? Alcé una ceja y medio sonreí por aquello, asintiendo de nuevo, divertida, porque parecía que no era demasiado fan del sexo y solo aquello me daba ganas de demostrarle lo bueno que podía llegar a ser... Si se hacía bien y con la persona adecuada que, en este caso, era yo. Justo después de su respuesta, ambos seguimos comiendo y se hizo el silencio, lo único que se escuchaba en el lugar eran las conversaciones, en un idioma que desconocía totalmente, entre camareros y cocineros del sitio, que eran casi lo mismo. En cuanto terminamos de comer, me limpié las manos y la boca con servilletas mientras él volvía a hablar, esta vez, sobre el chico al que iba a tatuar y que entendía que me gustara hacerlo porque no mucha gente elegía cosas fuera de lo normal para tatuarse... Y no sabía la razón que tenía. Descubrí que era él mismo el que diseñaba sus tatuajes y hacía los bocetos ya que, según él, no se le daba bien describirlo y prefería dibujarlo para que no hubiera fallos y después se los daba a sus tatuadores que, al parecer, se sorprendían de las cosas que quería tatuarse. Al final, terminó diciéndome que quería verme tatuar y que tenía curiosidad y me hizo sonreír, una sonrisa sincera porque, realmente, ese chico apreciaba mi trabajo y era difícil encontrar gente así.

-Pues si tantas ganas tienes de verme tatuar lo mejor será que vayamos ya al estudio para que lo prepare todo. - medio sonreí y llamé a uno de los camareros que no dudó en acercarse a nosotros en seguida, poniéndose a mi lado, quizá demasiado cerca y preguntándome si necesitaba algo. Yo saqué mi cartera y le tendí un billete no demasiado grande pero que serviría para pagar la comida de Dante y la mía. - ¿Te cobras? - pregunté amablemente con una de mis mejores sonrisas, el chico cogió el billete y desapareció tan rápido como había llegado y miré a Dante, que no parecía demasiado cómodo con la invitación. - ¿Qué? Te he llamado ladrón en tu cara y te he acusado de robarme, lo menos que puedo hacer es invitarte a comer... Además, tampoco es como si hubiéramos comido en un restaurante de lujo, no me molesta. - me encogí de hombros, quitándole importancia y en cuando el camarero volvió con lo que me había sobrado, guardé el dinero y nos levantamos de allí y nos marchamos.

Comencé a guiar a Dante por las calles de Londres, no estábamos demasiado cerca del lugar pero conocía bastantes atajos por lo que tampoco tardaríamos tanto en llegar así que no me molesté mucho por intentar entablar una conversación ni nada por el estilo aunque la verdad era que había algo de lo que me había dicho que me había sorprendido y me había llamado la atención y como la curiosidad era más fuerte que mis ganas (inexistentes) de quedarme callada no pude evitar preguntalo. - Antes has dicho que dibujas los bocetos de tus propios tatuajes... ¿Es que se te da bien dibujar? Supongo que podrías enseñarme algún dibujo, si tienes... Me gustaría verlos, porque si tus tatuajes han salido de bocetos tuyos... Tienen que ser buenos. - me encogí de hombros y continué hablando y caminando, no demasiado rápido porque acabábamos de comer y aún tenía algo de tiempo antes de ir agobiada y estresada así que no me preocupé y me limité a conducirlo hasta Candem, donde se encontraba el estudio de tatuajes... Además, iba mentalizándome por el camino de que se había acabado el flirteo (o intento de) con Dante hasta que acabara el tatuaje porque iba a trabajar y cuando trabajaba tenía que estar concentrada y con todos mis sentidos pendientes de lo que hacía... Y no de aquel chico tan raro y misterioso que acababa de conocer y me parecía un buen candidato a terminar entre mis sábanas... Pero eso tendría que esperar.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Lun Oct 01, 2012 12:39 am

Nunca hablaba, por norma general, de mí mismo. Era lo mejor para poder garantizarme que nadie se acercara lo suficiente para hacerme daño y, también, para que no me pillaran en alguna mentira y empezaran a sospechar que no era trigo limpio, porque no lo era. Era un ladrón, lo tenía totalmente asumido y de hecho me daba igual serlo, porque muchas veces la gente no se merecía lo que tenía y hacía un servicio a la comunidad (y sobre todo a mí mismo) al robar, pero eso a los demás no les gustaba, y me podía meter en problemas. Si ellos supieran... Pero ellos no sabían, y nunca sabrían, nada del auténtico Angelo, porque en todo caso se limitarían a conocer a Dante. Punto. No había discusión posible en ese punto, y por eso cada vez que cometía un desliz y hablaba más de la cuenta tenía que asegurarme de que lo que había dicho no pudiera ser utilizado en mi contra, aunque en aquel caso, con Katerina, no creía que fuera a hacerlo. Sí, tenía cara de ser una lagarta, y sí, tenía la suficiente experiencia con lagartas como para no confiar en ellas, pero algo me decía que ella era diferente a Cinzia, y pese a que no quería confiarme ni, tampoco, iba a hacerlo, tenía un margen diferente de actuación, uno que me permitía no estar siempre tan a la defensiva pese a que no tenía que olvidar que lo mejor era que siguiera estándolo... por si acaso. En cualquier caso, ella pronto me dijo de irnos al estudio y pagó la comida, algo que me hizo fruncir el ceño porque eso me dejaba en una posición incómoda con ella, la de adeudado, que debería pagarle para compensar su gesto y que me obligaba a tener aún más contacto con ella.

Katerina, como llevaba haciendo desde el breve rato en que la conocía, pasó de mi expresión y me dijo que después de haberme llamado ladrón me merecía que me invitara a comer (cierto) y más cuando se trataba de un restaurante como aquel, que tampoco era el más caro del mundo (también cierto). Sólo por eso dejé que pagara sin decir nada, y entonces pudimos salir de aquel sitio y empezar a callejear por Londres en dirección Candem, donde al parecer estaba su estudio, algo previsible ya que la mayoría de los que ya conocía se encontraban en esa zona de la ciudad, precisamente.
– No dibujo mal, es una afición que tengo desde hace bastante y creo que se me da mejor expresar lo que quiero decir a través del papel que a través de palabras, sobre todo en algo tan visual como son los tatuajes. Suelo hacer el boceto y ellos lo adaptan a una manera que les sea más fácil de dibujar, así que aunque mantienen la esencia de lo que quiero tienen mucho del tatuador al que se los encargue cada vez. Aquí no tengo dibujos, pero si me aburro cuando estés con tu cliente puedes dejarme algo de papel y así te enseñaré algo. – le dije, como respuesta, y antes de que me diera tiempo de nada prácticamente habíamos llegado a donde estaba su estudio, que por ser la hora que era aún estaba cerrado.

Ella abrió como alguien que trabajaba allí desde hace tiempo y me hizo pasar, aunque sólo lo hice cuando hubo levantado la verja y abierto la puerta. En el interior del sitio, que no tenía demasiada luz natural (y que hizo que ella encendiera enseguida la artificial), me bajé la capucha y me revolví el pelo, mirando atentamente lo que había a mi alrededor y, maneras de ladrón, localizando los objetos de valor, así como la caja registradora. Mi primer impulso fue el de ir a revisarlo todo, pero en lugar de eso me quedé por allí, estudiando el local y las fotografías de tatuajes (la mayoría típicos hasta la saciedad y de pésimo gusto en el diseño, no tanto en la elaboración, pues se veía que estaban bien dibujados) que había por las paredes, así como el resto de elementos de la decoración. Cuando ella ya hubo terminado, me hizo pasar a una de las salas, donde empezó a preparar la tinta de colores con la que tatuaría a su cliente, y yo me senté.
– Esto me es muy familiar. En este sitio no me he tatuado nunca, pero sí en locales parecidos, aunque supongo que un estudio de tatuajes es similar a otro estés en Londres o en Milán, así que tampoco es que eso sea algo demasiado de fiar. Sin embargo, me suena demasiado... a lo mejor me lo han recomendado, y por eso lo conozco más. – le dije, desde una de las sillas. Como hacía bastante calor en el interior del local y la luz no me molestaba tanto como la natural, pese a que tampoco fuera santo de mi devoción la que proyectaban los fluorescentes, me quité la chaqueta y la dejé en el respaldo de la silla en la que estaba sentado, respaldo en el que apoyaba los codos al estar sentado no de la manera habitual, sino con la parte de detrás entre las piernas. Siempre me había parecido más cómodo eso que sentarme normal, y además me permitía prestarle más atención a Katerina y al tatuaje, así que así me quedé, con la camiseta de tirantes recortada, negra, que llevaba bajo la chaqueta a la vista.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Mar Oct 02, 2012 9:43 pm

Tenía muchas ganas de llegar al estudio y más aún de ponerme con el tatuaje, no solo por el hecho de que me encantaba lo que hacía y era una de mis pequeñas pasiones (que además había descubierto casualmente al acostarme con un tatuador, cosas de la vida) sino que también aquel iba a ser mi último tatuaje en el estudio en el que había estado trabajando desde que había llegado a Londres y, la verdad, probablemente sería el último en mucho tiempo porque sin estudio, de ponerme a tatuar, tendría que hacerlo en mi casa y, pese a la creencia popular, allí no dejaba entrar a cualquiera porque, después de todo, tenía cosas de muchísimo valor en ella como podían serlo mis niños mascotas. El hecho de que Dante viniera conmigo a ver cómo tatuaba solo mejoraba la situación y era un buen aliciente que conseguía darme aún más ganas de ponerme manos a la obra porque si lo hacía bien (y lo haría) y le gustaba (eso ya no lo tenía tan claro...) quizá podría convertirse en un nuevo cliente al que tatuar tarde o temprano y al que, por cierto, me moría por llenar su cuerpo con tinta... Entre otras cosas.

Lo escuché atentamente mientras caminábamos, asintiendo ante sus palabras y, por una vez, quería que un chico se aburriera estando conmigo solo por el hecho de poder ver alguno de sus dibujos porque la verdad, prometían bastante. No dije nada más porque ya habíamos llegado al estudio así que me paré frente a la verja y la abrí antes de poder abrir la puerta, hice pasar a Angelo y quité alarmas y le di a las luces antes de colgar el cartel de cerrado en la puerta para que no molestara nadie salvo el chico al que esperaba. Encendí el ordenador de la recepción y puse algo de música (heavy) de ambiente antes de hacer pasar a Dante a la que hasta aquel día había sido mi sala para hacer tatuajes, como mi pequeño santuario. Cuando entramos, en una esquina estaba la especie de camilla acolchada donde hacía los tatuajes, las paredes ya estaban vacías porque me había llevado mis cuadros y mis cosas salvo algunos bocetos que había preparado para tatuajes próximos que había tenido que hacer en seguida me senté en mi silla y busqué los botes de tinta de los colores que iba a utilizar mientras Dante se sentaba, con la parte de atrás de la silla entre las piernas (sexy) mientras me explicaba lo familiar que le resultaba el sitio, haciéndome sonreír.

- Bueno, es normal que te hayan hablado bien de este sitio, son tres tatuadores, cuatro conmigo, bastante buenos que hacen trabajos limpios aunque nunca tienen encargos demasiado difíciles o raros... esos son cosa mía. - me encogí de hombros y me mordí el labio inferior mientras miraba cómo se quitaba la chaqueta, como si lo hiciera a cámara lenta, sin poder evitar que mis ojos recorrieran sus brazos, su pecho, su cuello e incluso sus costillas, que quedaban al aire gracias a la camiseta cortada que llevaba. Aparté por fin la vista de él y de su cuerpo para centrarme en lo que tenía entre manos, saqué la pistola de tatuar y las agujas sin abrir que iba a utilizar, monté la pistola, con las gomas y todo, conectándola al pedal y dejándola a un lado y después saqué de mi monedero el boceto de la chica pinup zombi. - Bueno, ahora tengo que fotocopiar esto en varios tamaños para hacer la plantilla... Lo hago y de paso te traigo un par de lapices y hojas, ¿Vale? - Ni siquiera esperé su respuesta porque ya me había levantado y dejado el bolso en la percha que había tras la puerta antes de salir al pasillo, al final del cual estaba la máquina de las fotocopias, hice lo que le había dicho y cogí un par de lápices antes de volver, se los pasé y busqué por los cajones hojas en blanco que también le acerqué. - Listo, no es que quiera aburrirte... Pero me apetecería verte dibujar.

Me volví a sentar en mi silla y me recogí el pelo en un moño alto detrás de la cabeza, con un par de mechones de pelo a ambos lados de mi cara que recogí detrás de las orejas y después saqué las gafas y las dejé en la mesa, junto a todo lo que tenía preparado, antes de mirar el reloj. - Bueno, aún tenemos un poco de tiempo así que si quieres contarme algo, mirar bocetos o dibujar... Tienes tiempo. - me encogí de hombros. - Ah, y tengo que reconocer que cuanto más miro tus tatuajes más me gustan... Son increíbles. – sonreí y me estiré un poco en mi silla tal y como lo haría un gato... Esos malditos animales a los que tanto detestaba. ¡Donde estuviera mi Igor que se quitaran todos los gatos del mundo! Volví a mirarlo, esta vez solo a los ojos, y me quedé esperando a que dijera o propusiera algo para pasar un poco el rato. - Por cierto, ¿De dónde eres? No soy muy buena con esas cosas pero podría jurar que no eres inglés ni de broma, aquí no hay chicos como tú... Y tienes un acento... Extraño. Pero la verdad es que suena bien... – al final tuve que hablar yo porque sabía que si no podríamos estarnos hasta el día del juicio allí y no era plan, además, la curiosidad me podía... ¡Y más aún cuando se trataba de alguien como él, tan misterioso y sexy!

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Lun Oct 15, 2012 3:06 am

Después de que me sentara, no tardó mucho en dejarme solo porque tenía que ir a hacer fotocopias del diseño para hacer la plantilla que utilizaría en su cliente, y aproveché para echar un vistazo al estudio. A primera vista parecía como los demás, limpio e higiénico, y eso fue algo que me gustó y que me apunté mentalmente como virtud de aquel lugar sobre otros, si bien tendría que esperar a ver cómo tatuaba Katerina para estar seguro de que aquel era el mejor lugar para ir. Además, ni siquiera sabía los precios que me pediría por hacerme un tatuaje, y esa cantidad, fuera la que fuera, subiría considerablemente al ser los tatuajes que solía hacerme yo bastante grande. De hecho, el que más planeado tenía era uno en la espalda, uno con el que además de por el precio también sufriría porque era una mala zona... especialmente la parte de las vértebras y de los omoplatos. Sin embargo, pese a que siempre me había dolido mucho tatuarme, el resultado me parecía que merecía la pena, y por eso tenía tanta tinta en mi piel, ya que era uno de los pocos vicios que me permitía dada mi situación económica, bastante precaria. En eso estaba pensando cuando volvió Katerina con unos papeles y material para que dibujara, pues según dijo aunque no quería aburrirme quería ver cómo dibujaba... Y seguramente acabaría aburriéndome si se ponía a tontear con el cliente, algo que era tremendamente factible dado lo que la conocía hasta ese momento, que tampoco era mucho, pero sí lo suficiente para calarla.

– A mí me gustan los tuyos. No es habitual encontrar a una mujer con tantos y tan coloridos, normalmente optan por tatuajes más pequeños y discretos, pero los de tu brazo son impresionantes. – le dije, señalando a su brazo con un lapicero que me había dado y, después, llevándomelo a la oreja para sujetarlo un momento, al menos hasta que viniera la inspiración. No era un halago gratuito; yo eso no lo hacía, ya que lo veía inútil e infructuoso, así que era sincero, por extraño que pareciera... Y me hacía intuir que, en realidad, ella era una tatuadora mejor de lo que parecía, ya que vista desde fuera parecía en realidad una vulgar, ni mejor ni peor que el resto. En cualquier caso, para cuando volví a coger el lapicero para ponerme a hacer un boceto de lo que se me había ocurrido, ella volvió a hablar; esta vez, preguntó acerca de mi acento y mi origen. Esa era una pregunta que podía traerme muchos problemas si ella hilaba correctamente y seguía queriendo saber cosas de mí como, por ejemplo, cuánto hacía que me había ido de mi país o por qué estaba en Londres en vez de en mi ciudad natal, así que eso me obligaba a mentir... O, al menos, a no decir toda la verdad.
– Suelen decirme que no se me nota demasiado el acento, pero supongo que si prestas atención acaba sonando algo distinto al que tendría alguien de por aquí. En fin, soy italiano, del norte del país. ¿Conoces Milano... Milán? De ahí. – añadí, sin darle demasiada importancia, porque en realidad, para ella, no la tenía... suficiente había dicho ya como para, encima, que siguiera escarbando en el tema.

Podía ser, que preguntara, peligroso, muy peligroso. Si escarbaba lo suficiente encontraría al auténtico Angelo en los archivos de la policía de aquí, y no sabía hasta qué punto ella tenía contactos que le permitieran llegar hasta esa información, así que tenía que frenar ahí por seguridad, tanto suya como mía. Para ello, me puse a dibujar el boceto que iba a ser el cuerpo del dibujo que haría, y del que aún no tenía demasiada idea. Con suerte, aquello serviría para disimular que mi cerebro trabajaba a toda velocidad en algo que sirviera para distraerla en vista de que su cliente aún no llegaba, y también serviría para disimular que, por fin, se me había ocurrido una buena idea.
– Tú tampoco suenas exactamente británica, aunque con un nombre como Katerina podrías serlo... no lo sé. Yo diría que suenas más nórdica. ¿Quizá eres escandinava...? Lo pareces. – aventuré, mirándola con la cabeza ladeada y centrado totalmente en ella. A decir verdad, sus rasgos, que a primera vista podrían parecer de alguien británico, tenían algo que la alejaba de estos. Quizá era que su acento era distinto, o quizá que parecía demasiado poco nacional, igual que yo –aunque, en mi caso, tenía la suerte de que parecía de cualquier sitio, ya que mis rasgos no eran los típicamente italianos–, pero algo me decía que mi intento de adivinar algo sobre ella no había ido demasiado desencaminado y lo mismo tenía algo de razón. Lo importante era desviar la pelota hacia su tejado hasta que llegara el cliente y lo distrajera mejor que lo que era capaz de hacerlo yo: cualquier cosa con tal de que no preguntara nada personal de mí, ya que mentir suponía un gasto energético considerable al que no me apetecía hacer frente, pese a tener el estómago lleno.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Sáb Oct 27, 2012 3:32 am

Tenía que reconocer que aquel chico, Dante, era extraño... Pero me gustaba. Sus tatuajes, su forma de ser, sus pintas... Al menos por lo que había tenido oportunidad de ver hasta el momento que no había sido demasiado, aunque sí lo suficiente como para saber a la perfección que él no era como los tíos con los que salía o a los que me tiraba... Y no sabía exactamente si aquello era bueno o malo... Sobre todo a la hora de querer llevármelo a la cama porque solo había que verlo con su camiseta recortada como para tener ganas de hacerle de todo y nada bueno... O sí. Sacudí la cabeza y traté de no pensar en él con mucha menos ropa, y él consiguió distraerme halagando mis tatuajes, le dediqué una sonrisa como única respuesta y miré el reloj que había en la pared... Blackie se retrasaba, típico. Por eso me centré por completo en Dante y en sus respuestas para no pensar en lo que no tocaba... Como había adivinado, no era inglés, sino italiano. Me sorprendió aquello porque no se parecía en nada a los pocos italianos a los que había conocido... Aunque normalmente los italianos que había conocido eran del sur y él del norte, de Milán... Quizá por eso no se parecían tanto... O quizá era un bicho raro hasta en Italia, quién sabía.

Asentí y medio sonreí, ya sabía algo más del chico que no hablaba... Algo era algo. Aunque en seguida se puso a dibujar en uno de los folios en blanco, me estiré un poco en la silla para intentar cotillear qué dibujaba o cómo lo hacía porque tenía curiosidad y me interesaba pero antes, prácticamente, de que pudiera ver nada él alzó la mirada y, con la cabeza ladeada, me dijo que yo tampoco parecía inglesa... Adivinando sin saberlo mi procedencia. Aplaudí y asentí, el chico raro había acertado. - Premio para el ojazos. - me acerqué a él moviendo la silla de ruedas en la que estaba sentada y le di un beso en la comisura de los labios mejilla antes de volver a apartarme. - Soy de Noruega, de Oslo concretamente. ¿Es que no se me nota? Mis antepasados vikingos te pegarían una paliza si no lo hubieras adivinado. - solté una risita y me encogí de hombros. - Yo jamás habría adivinado que tú eres italiano... No te pareces a los que he conocido hasta ahora... Aunque ellos eran del sur, supongo que no os parecéis tanto.

Iba a seguir con el tema y hablarle de Jörmund cuando alguien se aclaró la voz en la puerta y nos hizo girarnos a los dos para mirarlo. Ahí estaba Blackie, apoyado en la puerta con una media sonrisa en los labios, mirándonos con sus ojazos verdes. Aquel día llevaba su largo flequillo peinado hacia arriba y el resto del pelo negro cuidadosamente despeinado, llevaba una chupa de cuero, un enorme candado con una B en el cuello, una camiseta blanca también rota que competía con la de Dante y dejaba a la vista su pecho tatuado, sus vaqueros rotos que dejaban ver algún que otro tatuaje que tenía por las piernas y botas... Eso sin contar cadenas, pinchos y de más. - ¡Blackie! - salté de la silla y le di un abrazo rápido y dos besos. - ¿Preparado para tatuarte? Tengo la plantilla ya hecha.... – me separé de él y me acerqué al sitio donde estaba todo preparado, mostrándole la plantilla, él asintió y miró a Dante con una ceja alzada. - ¿Quién es tu amigo, Katerina? Tiene cara de gato asustado. - puse los ojos en blanco y le quité la chupa desde detrás a Blackie para empezar cuanto antes, ¡Tenía ganas de tatuar!

Mientras colgaba la chupa en la percha que había detrás de la puerta, que cerré, los presentaba. - Blackie, él es Dante, un italiano al que he acusado de robarme la cartera y que he invitado a comer... - me encogí de hombros. - Dante, él es Christopher Black... Todos lo llaman Blackie por lo obvio. - me giré y me puse al lado de Blackie, haciendo que se sentara. Intentó darle la mano a Dante mientras yo me sentaba y me ponía los guantes y una vez hecho cogí su brazo, depilé con cuchilla la zona que iba a tatuar... que era la única libre y coloqué la plantilla, presionando antes de retirarla, cogí un espejo y le enseñé como quedaba. - ¿Ahí? - él asintió y, sin perder el tiempo y con una sonrisa amplia, abrí la primera aguja y la coloqué en la pistola, contenta, para empezar a tatuar. - ¡Allá vamos! - y, por fin, comencé mi último tatuaje en aquel estudio.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Vie Nov 02, 2012 3:26 am

Al parecer, la suposición que yo había lanzado como si fuera un golpe de ciego, había sido cierta, o al menos eso me pareció por sus aplausos y por lo que me dijo después. No era como si me muriera por saber de dónde era, sino más bien que necesitaba mantener la conversación dirigida hacia ella para que no preguntara nada más sobre mí, y eso funcionó, así que me contentaba. Sin embargo, el hecho de acertar halagó mi capacidad de observación, ya que según me dijo era noruega (vamos, nórdica, lo que yo había dicho), concretamente de Oslo, y sus antepasados vikingos me habrían matado de no haberlo adivinado. Añadió que yo no parecía italiano, algo que sabía a la perfección porque ni mi físico ni mi actitud eran las propias del estereotipo de italiano, pero lo que ella no sabía era que ni siquiera los del norte eran como yo, que podía considerarme único en mi especie... y prefería que así fuera. Por suerte, me salvó que viniera un chico, el que habíamos estado esperando por la reacción de ella, y pude quedarme callado y no decir nada salvo un parco ”hola” mientras ellos hablaban de mí como si no estuviera, primero él llamándome gato asustado y después ella resumiendo una pequeña parte de lo que sabía de mí. Como estarían ocupados, él siento tatuado y ella tatuando y tonteando, me volví a centrar en el dibujo, sólo que la conversación de antes me había afectado de tal manera que cogí una goma de borrar para eliminar los restos del boceto que tenía y poder, así, empezar de cero.

Ellos estuvieron enseguida a lo suyo; yo, a lo mío. El tiempo pareció difuminarse mientras yo dibujaba, y por eso no fui consciente de nada de lo que hacían porque, poco a poco, estaba tomando forma mi boceto, que empezó siendo un barco vikingo para continuar siendo un barco vikingo zombi, con las velas rotas, la madera podrida y agujereada y un mascarón de proa que era la cabeza de un dragón con las escamas desgarradas y con trozos de carne colgándole de los dientes. En esa parte estaba centrándome, precisamente, cuando escuché un comentario que por azares del destino iba dirigido a mí, del tal Blackie. En él, me dijo que le gustaban mis tatuajes, y yo lo miré a él primero, a mis tatuajes después, y de nuevo a él, encogiéndome de hombros.
– Gracias, llevo algunos años haciéndomelos con diseños propios, supongo que eso es lo que hace que te gusten. Los tuyos están bien, Katerina ha estado enseñándome el diseño antes y ahora que los veo puedo darme cuenta de que ella tenía razón. – repliqué, y cuando ellos volvieron a ponerse a hablar yo me centré en el dibujo que tenía entre manos y que cada vez tenía más forma, o al menos una forma más definida, ya que ya estaba terminando el barco, al menos las formas básicas, y me quedaba el mar tormentoso en el que estaba.

La idea que había tenido era la de situar la escena en un mar lleno de monstruos marinos que hicieran juego con el estado del barco, y para eso primero dibujé la línea del mar, alterada por las olas, y después los monstruos que salían del agua. Para eso, me basé en las muchas veces que había visto Tiburón y recordé la forma del infame protagonista de la cinta, y con esa imagen en la que cabeza me puse a dibujar una versión bastante caricaturizada del animal, al que le faltaban trozos del cuerpo, como a todo buen zombi. El silencio, sólo roto por el murmullo de la pistola de tatuar, fue lo que me hizo volver a mirarlos, sólo para encontrarme que los dos, en mayor o menor medida, estaban pendientes de mi dibujo. Como un acto reflejó, tapé lo que llevaba y lo oculté de la vista de los dos cotillas (casi parecían hasta italianos...) que no se centraban en lo suyo, y sólo cuando fui consciente de lo duro que pareció mi gesto me encogí de hombros y traté de suavizarlo... o algo así. Únicamente lo hice porque estaba en el estudio de tatuajes donde ella trabajaba, utilizando sus materiales y viéndola trabajar, así que se lo debía, en cierto modo.
– No me gusta que vean mis dibujos sin estar acabados, no es nada personal. – murmuré y después volví a mirar lo que llevaba dibujado para ver qué me faltaba, que aún era bastante pese a que la mayor parte del dibujo ya pudiera distinguirse más o menos bien porque el boceto estaba terminado.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Lun Nov 12, 2012 1:13 am

Guantes puestos, plantilla colocada y retirada de la piel, pistola a punto... Hice crujir mi cuello y mojé la aguja en la tinta, haciendo un poco de sonido para que aguja se empapara bien con la tinta y, así, poder comenzar. Lo primero eran empezar por los bordes del tatuaje para después ir hacia dentro y que pudieras ver y saber qué estabas haciendo una vez limpiabas la tinta restante con papel y te emborronaba la piel. Comencé aplicándole vaselina sobre la piel antes de comenzar a tatuarlo, bastante concentrada en lo que hacía y muy metida en mi mundo, sonriendo ante sus palabras al decirme lo mucho que había echado de menos aquella sensación... Y lo mucho que lo haría. - ¿Sigues pensando que este va a ser el último...? - comenté, sin siquiera apartar la mirada de su brazo, no quería que nada me distrajera, quería estar centrada en el tatuaje, con todos mis sentidos puestos en él... Aunque tener a dos hombres en mi estudio como lo eran Dante y Blackie... No es que me lo pusiera demasiado fácil. En aquel momento miré de reojo a Dante y medio sonreí al verlo tan metido en su dibujo... Me moría de ganas por verlo. - Sí, ya tengo ambos brazos, el pecho y parte del cuello, la espalda y algunos por las piernas... Creo que es hora de parar... Además, ¿Recuerdas a Rebecca? Dice que no quiere salir con un tío tatuado de pies a cabeza y resulta que estoy coladísimo por ella así que... - se encogió de hombros y lo miré, negando con la cabeza ante su cara de cachorrillo abandonado... Nunca entendería a la gente que cambiaba su forma de ser por otra persona...

Él continuó hablándome de sus planes de futuro y yo bromeé con él diciéndole que seguro que en ellos estaba repetir una de esas noches tan brutales que pasamos juntos y él asintió e incluso, medio en broma, me propuso un trío con la tal Rebecca de la que había oído tanto hablar y a la que, pese a que seguramente conocía, no podía ponerle cara. Volví a concentrarme en el tatuaje, del que ya llevaba más de la mitad (al menos del contorno) y entonces Blackie se interesó por Dante, estudió sus tatuajes y le dijo lo buenos que eran y lo mucho que le gustaban, Dante se lo agradeció y también halagó sus tatuajes y dijo que yo tenia razón, ante lo cual me medio giré alzando una ceja y le guiñé un ojo antes de seguir. - Entonces, Katerina, ¿el gato es tu nuevo fichaje? Es totalmente tu tipo... - pregunto Blackie, con una sonrisa pícara. Alcé la mirada y negué con la cabeza. - Acabo de conocerlo, capullo, ¿Por quién me tomas? - medio sonreí y él se encogió de hombros. - Por una lagarta, lo que eres... Además, ¿desde cuando te importa a ti que acabes de conocer a un tío o no para lanzarte a su cuello? ¿Tengo que recordarte cómo nos conocimos....? - puse los ojos en blanco, dándole la razón con una sonrisita en los labios y volví a su tatuaje, del cual cada vez quedaba menos.

Terminé por fin el contorno del tatuaje y lo limpié de la tinta restante antes de cambiar la aguja para ponerme con las sombras y una vez cambié la aguja miré a Blackie, que estaba mirando interesado a Dante y me hizo hacer lo mismo, intentando ver qué era exactamente lo que estaba dibujando. Cuando Dante se dio cuenta de que los dos lo mirábamos, tapó su dibujo como si fuera un tesoro, casi mirándonos mal aunque terminó relajando la expresión y encogiéndose de hombros, explicando que no le gustaba que vieran sus dibujos sin estar terminados, cosa que entendía a la perfección y asentí antes de seguir con las sombras del tatuaje. - Pues tío, relaja un poco, solo te ha faltado bufarnos y lanzarnos un zarpazo... ¿A ti no te gustarán los gatos, verdad? - soltó Blackie, alzando una ceja antes de quejarse porque “sin querer” había hundido un poco de más la aguja en su piel porque vale, Blackie tenía razón... Pero no era para ponerse así. - Perdón... Por cierto, Dante, me encanta que dibujes y todo eso pero si estás aquí para ver cómo tatúo no lo parece... Ni siquiera has echado un ojo a como empezaba a hacerlo o ahora que estoy con las sombras... No necesitas excusas para estar conmigo, eres mono. – bromeé (o no), riéndome y negando con la cabeza, mirándolo de reojo y esperando que, por fin, se acercara a ver cómo trabajaba... Porque con solo ver sus brazos y su cuello me daban ganas de tatuarlo, porque sabía que sería divertido e interesante y quizá, por qué no, podríamos conocernos más y mejor mientras lo tatuaba... Aquel pensamiento me hizo morderme el labio inferior y centrarme en el tatuaje... Porque sabía que como siguiera por aquel camino lo de la concentración se me olvidaría hasta qué leches era... Y no era plan estando a mitad de un tatuaje como en aquel momento.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Lun Nov 26, 2012 1:17 am

La luz del estudio me molestaba cada vez más, pese a que no aumentaba de intensidad. Quizá era cosa mía, porque cuando centraba la vista mucho rato en un dibujo semioculto en la penumbra para que nadie viera lo que era luego al mirar hacia otro lado me dolían los ojos, pero el caso es que tuve que entrecerrarlos al mirar a Katerina y al tal Blackie, que no habían dejado de lanzarme pullitas desde que se habían reunido. Dios los cría... Sin embargo, en alguna de ellas tenían algo de razón, como por ejemplo cuando él había preguntado si me gustaban los gatos. Desde todas las veces que me había escapado del orfanato a alimentar a los gatitos que nos rondaban porque sabían que los niños los alimentábamos a los gatos callejeros que solían acercárseme cuando dormía a la intemperie, siempre había tenido una afinidad especial con esos animales. Alguna vez me habían dicho que parecía uno de ellos, sobre todo porque solía ser arisco con todo el mundo, pero yo no sabía si creérmelo, ya que incluso los felinos podían ser cariñosos y yo... Yo no era cariñoso, y pensaba que el contacto físico estaba tan sobrevalorado como ser agradable con la gente de mi alrededor. Así que sí, me había faltado bufarles a los dos, y no era por ganas, sino porque no estaba en mi elemento y tampoco quería que encontraran una razón para echarme del primer techo estable que había encontrado en bastante tiempo, ya que el del piso en el que a veces dormía era... en fin, dejémoslo en que era.

– Me gustan los gatos, sí. Son independientes, desapegados y saben valerse por sí mismos. No son los típicos animales domésticos que dependen de sus amos para todos, incluso aunque la especie se considere domesticada. Además, son inteligentes. No sé, creo que son buenos animales. – respondí, mirándolos con los ojos algo más abiertos, aunque aún no me había acostumbrado a la luz de los fluorescentes del estudio, y poniéndome el lapicero detrás de la oreja. Katerina había dicho que no me había fijado apenas en el tatuaje porque había estado muy ocupada con el dibujo, algo que ella misma me había sugerido que hiciera, así que me iba a fijar, cualquier cosa con tal de que dejara de insistirme. Así, aproveché para fijarme en lo que llevaba, y también para evaluar la manera que tenía de dibujar sobre la piel de su cliente y, a juzgar por lo que había oído, antiguo rollo... Típico, se le veía en la cara. Sí, a ella también.
– Me gusta cómo has empezado. Muchos de los tatuadores a los que he visto la empezaban a cagar al pasar del boceto en papel a la piel, pero tú lo has mantenido igual, incluso lo has mejorado. Y por lo que veo no añades demasiadas sombras... Eso está también bien. Me gustan los tatuajes coloridos, no demasiado oscuros o recargados con negro. De momento me tienes convencido, a ver cómo sigues. – evalué, encogiéndome de hombros y apoyando, después, la mejilla en la mano, de tal manera que miraba con más atención lo que hacían sin, al mismo tiempo, dejar que vieran el dibujo a medias.

Como me temía, en cuanto vieron que yo estaba atendiendo y no volvía a dibujar, ellos se pusieron de nuevo a lo suyo (vamos, cotillear) y yo me sentí que sobraba. No era una sensación desconocida, ya que casi siempre que no estaba solo me pasaba que tenía tan poco en común con gente que me desagradaba que quería irme por patas, pero lo malo era que tenía que quedarme porque ella se tomaba su tiempo a la hora de hacer el tatuaje y quería ver cómo terminaba. Aquello, por su parte, sí que era algo que me gustaba; me tomaba tan en serio mis tatuajes, a la vista quedaba por todos los que tenía, que me agradaba cuando quien me lo hacía era tan profesional que pese a que tuviera historia con el cliente, como era el caso, se centraba en su trabajo. Viniendo de una chica como aparentaba ser Katerina, al menos en lo poco que llevaba conociéndola, eso resultaba sorprendente, pero para bien... o algo así. Por eso, pese a que había desconectado de tal manera que apenas escuchaba la conversación que tenían, mi mirada seguía cada trazo de la aguja, que estaba haciendo una auténtica obra de arte en la piel de Blackie y que lo hizo aún más cuando, tras aplicar los últimos detalles, terminó.
– Creo que volveremos a vernos, Katerina. – sentencié, paseando la vista del tatuaje a los ojos de ella. No lo decía por lo que ella parecía querer que lo dijera, sino porque me había gustado cómo lo había hecho... Y eso tenía su mérito, porque yo era difícil de satisfacer en ese sentido y ella lo había hecho con creces. – En cuanto se me ocurra un diseño te lo pasaré. – finalicé, rascándome la cabeza con algo de incomodidad y bajando la mirada a mi papel, donde quedaba un boceto a medio completar.

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