The Nameless {Katerina Sorensen}

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Miér Nov 28, 2012 10:04 pm

Quería tomarme todo el tiempo del mundo con aquel tatuaje pero cada vez quedaba menos y eso significaba que estaba cada vez más cerca de terminar mi último tatuaje... En lo que probablemente fuera bastante tiempo y eso me molestaba. ¿Es que no podían soportar que me hubiera liado con todos los tatuadores y ya? ¿Tenían que ponerse en plan perros territoriales conmigo y pelearse entre ellos? Porque solo les faltaba marcar el territorio y no era algo que me apeteciera realmente. Suspiré, quitándome aquella idea de la cabeza y continué dándole sombras al dibujo, escuchando de fondo a Dante hablar sobre los gatos, según él independientes, desapegados, inteligentes y que no dependían de sus amos para todo. También dijo que le parecían buenos animales y le gustaban pero no hacía falta que lo jurara pues por como había hablado de ellos se notaba bastante... Y yo no podía estar más en desacuerdo con él. Odiaba a los gatos tanto como a los perros y al resto de mamíferos pero no me apetecía ponerme a discutir en mitad del tatuaje y, por suerte, Blackie no parecía que fuera a decir nada. Sabía lo poco que le gustaban los felinos y es que él era más de perros... Aunque a mí tampoco me hicieran especial gracia.

Yo seguía a lo mío y ni siquiera me había dado cuenta de que Dante había empezado a fijarse (por fin) en el tatuaje hasta que no habló, halagando mi trabajo y haciéndome sonreír mientras seguía haciéndolo. Decía que le gustaba cómo había empezado porque, como bien sabía yo después de tantos años metida en aquello, muchos tatuadores no eran capaces de mantener el dibujo igual en el papel que en la piel y ahí empezaban a cagarla pero, según él, yo lo había hecho e incluso lo había mejorado. Tampoco le gustaban los tatuajes recargados de negro y le gustaba que añadiera pocas sombras (fundamental no añadir demasiadas para que luego el color quedara bien) porque a él le gustaban los tatuajes coloridos y, de momento, dijo que lo estaba convenciendo pero que quería ver cómo seguía. Asentí y volví a sonreír aunque, de nuevo, el no pudo ver mi sonrisa al estar prácticamente de espaldas a él. Que en mitad de un tatuaje te dijeran aquellas cosas te motivaba bastante a seguir y te daba ganas de demostrar lo buena que eras y eso iba a hacer yo. Casi había terminado con las sombras cuando Blackie volvió a hablar. - Sabes que yo no soy muy fan de las discotecas, ¿no? Pues ahora Rebecca ha conseguido que vaya con ella casi todos los Sábados a una, no ponen mala música y la entrada no es cara así que por ella... – comentó, con una sonrisa de idiota en su cara que me hizo alzar una ceja porque no entendía qué estaba haciendo con su vida. - En serio, tio, nunca entenderé lo que ves en ella. No tenéis absolutamente nada en común y ella lo único que está haciendo es cambiar tu forma de ser... Y lo peor de todo es que tú te dejas. Pareces gilipollas. – Justo en aquel momento terminé con las sombras y volví a cambiar la aguja para ponerme con el color, que era lo más rápido después de todo lo que había hecho y tuve que aguantar, mientras terminaba por fin el tatuaje, una larga lista de cosas buenas de la tal Rebecca y que, según él, tenían en común... Como si a mí me importara o algo.

Aguanté su discursito ignorándolo como mejor pude y cuando estaba a punto de terminar alcé la mirada y negué con la cabeza. - Lo que tú digas, pero cuando te deje por otro menos tatuado, que le guste más y tenga más cosas en común con ella recuérdame que te diga que te lo dije. - me encogí de hombros y le di los últimos detalles al tatuaje, limpié su piel de la tinta que sobraba y dejé que viera como había quedado el tatuaje, escuchando de fondo a Dante decirme que volveríamos a vernos. Me giré para mirarlo con una media sonrisa mientras me quitaba los guantes y me soltaba el pelo, sin duda, me encantaría volver a verlo... A ser posible con menos ropa y más ganas de demostrarme lo que sabía hacer con su lengua... Pero tuvo que volver a hablar de tatuajes y romperme las ilusiones, diciéndome que en cuanto tuviera el diseño me lo pasaría. Al menos ya tenía un futuro cliente, eso era bueno. Iba a responderle a Dante pero Blackie me interrumpió. - ¡Katerina es increíble! Que pasada, es mejor que como lo imaginaba... Ufff... Mi último tatuaje. Que duro. -sonreí y asentí antes de ponerle un poco de vaselina en el tatuaje y cubrírselo con papel transparente. - No hace falta que te recuerde cómo cuidarlo, verdad? - medio sonreí y él negó con la cabeza, sacando del bolsillo de su pantalón su cartera y dándome una buenísima cantidad de dinero por aquel tatuaje. - Gracias. Si tienes algún problema o cualquier cosa, llamame, que tienes mi número. – él me dio un abrazo, me dijo que me llamaría para ir de fiesta algún día y sin más se marchó porque, como no, le esperaba su novia... En fin, cosas que nunca entendería.

Una vez se marchó y nos dejó solos a Dante y a mí conté una vez más el dinero y me lo guardé en el monedero antes de empezar a recoger y limpiar todas las cosas. - Tengo curiosidad por saber qué tatuarás... Seguro que es una pasada. Y eso te lo digo solo viendo los tatuajes que ya tienes. Por cierto, ¿Me dejas ver el dibujo o aún no has terminado? – pregunté, acercándome a ver si veía algo pero él seguía ocultándolo como si se tratara de un tesoro así que me encogí de hombros y terminé de recoger las cosas. Guarde mi pistola de tatuar, la tinta y todo aquello que era mío en mi caja de tatuar y limpié un poco todo lo que había por encima hasta que quedó como si no hubiera aparecido nadie por allí en días así que, sin más que hacer, me senté en la mullida camilla acolchada y me quedé mirándolo. - Así que gatos, eh... ¿Tienes alguno? Yo... No soy muy fan. No me gustan. Ni los gatos, ni los perros, ni los pajaritos, ni los hamsters... No sé, soy un poco rara en ese sentido. - me encogí de hombros y saqué mi móvil para ver si tenía mensajes, como era el caso... Mi mejor amigo me decía de ir de fiesta o de, al menos, acompañarlo al ensayo de su grupo, por otro lado algún lío de una o dos noches quería repetir y el resto era publicidad de mi compañía telefónica, de la competencia o de agencias de viajes... Como si yo fuera a viajar mucho con el dinero que tenía. No sabía muy bien qué decirle a Dante y tampoco quería molestarlo mientras dibujaba así que, sin más me quedé allí sentada escuchando la música que había puesto de fondo al entrar y, como en aquel momento sonaba Slipknot, empecé a cantar, distraída y por hacer algo... Porque si por mí fuera ya me habría lanzado a su cuello y le habría comido la boca, como poco, pero por una vez iba a cortarme... Y solo porque quería ver su dibujo, una vez lo viera... Bueno, ya se vería. Pero tenía que reconocer que aquel chico lo tenía todo, era guapo, estaba bueno y tatuadísimo y me ponía muchísimo... Quería probarlo, ¿qué podía hacer? Pero algo me decía que sería difícil... Muy difícil. Y a mí me encantaban los retos sobre todo si el premio merecía tanto la pena como él.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Mar Dic 11, 2012 6:20 am

A juzgar por lo último que había visto del tatuaje de ella, creía que ya estaría a punto de terminar, porque estaba ya bastante avanzada. No necesitaba alzar la cabeza y salir de mi incomodidad para tener la certeza de que el amigo de ella, Blackie, se iría pronto, y lo prefería así, no porque me hubiera caído mal (para ser una primera impresión, de hecho, no me había caído tan mal como podía hacerlo, lo cual era todo un logro), sino porque no me gustaba la compañía. Toleraba la de Katerina porque estábamos en el estudio donde trabajaba, y porque llevaba ya un rato con ella lo suficientemente largo para empezar a acostumbrarme a que estuviera, pero con alguien más nuevo me costaba mucho, así que prefería que se fuera. También estaba el hecho de que a mí los halagos no se me daban bien, ya que no solía decirlos sinceramente, y alabar el trabajo como tatuadora de alguien a quien acababa de conocer, además de prácticamente prometer que cuando quisiera hacerme el tatuaje que me apetecía en la espalda, me resultaba impropio y desagradable, lo suficiente para que volviera a centrarme en el dibujo. La ventaja de estar relativamente inspirado era que salía rápido, y por eso enseguida lo tuve más o menos presentable. Ese momento coincidió con él yéndose, así que tras despedirme de él me centré en añadir algunos detalles que, en un afán por completar el dibujo, no había incluido, y me parecía que quedarían bien como resultado final.

Sólo tuve unos momentos de calma antes de que ella rompiera el silencio, como parecía incapaz de dejar de hacer. Nunca entendería por qué todo el mundo necesitaba hablar tanto que no apreciaba el silencio. ¿Es que tanto les gustaban sus propias voces que estaban dispuestos a no dejar de decir cosas vacías de sentido con tal de satisfacer el placer de escucharse una y otra vez? Lo odiaba. A mí, que me parecía que para cuando no se tenía nada que decir lo mejor era callar y que aplicaba esa máxima a mi vida diaria, me parecía una estupidez lo que hacían los demás, sobre todo porque solían ser siempre intentos de dar una conversación que muchas veces no quería tener, ya que la gente no solía parecerme interesante. Eran todos iguales. Eran todos igual de superficiales, tan llenos de serrín en vez de cerebro que eran incapaces de aportar nada y de salirse un poco de la tendencia que marcaban los demás, así que no solía perder mi tiempo con gente así. Sin embargo, lo poco que llevaba conociendo a Katerina me había bastado para saber que ella era, al menos, un poco distinta a los demás, y por eso le daba algo más de carta blanca que al resto, sin mandarla a la mierda de buenas a primeras.

Sus palabras, primero refiriéndose a mi dibujo y después a lo que había dicho de los gatos, casi las pasé por alto hasta que algo me hizo centrar mi atención en ella, algo que ni siquiera fue ella. La música de fondo había sido eso, puro ruido ambiente, hasta que The Nameless de Slipknot se hizo reconocible de pronto, y ella empezó a cantar al mismo tiempo que yo, sin pensármelo demasiado, también lo hice. Desde que era un adolescente y había robado el disco de Mate.Feed.Kill.Repeat en centro comercial de Milano hasta que había ido consiguiendo los demás había considerado a Slipknot mi grupo preferido, pero con todo lo que había sido mi vida nunca había podido verlos en directo, y ahora que había muerto Paul seguramente tampoco podría. Eso no evitaba que ya actuara solo cada vez que escuchaba una canción y me pusiera a tararearla, como estaba haciendo en aquel momento... solo, ya que ella ya se había callado y yo era el único que seguía canturreando. Incómodo, de nuevo, me callé y para cambiar de tema le pasé el dibujo del barco en un mar lleno de monstruos zombis.

– Le faltan aún algunos detalles, se me iban ocurriendo sobre la marcha y los estaba añadiendo ahora, pero a grandes rasgos está terminado. – le dije, encogiéndome de hombros y mirando al móvil de ella, en el que Slipknot seguía sonando, pues la canción aún no se había terminado y yo seguía teniendo ganas de tararearla. Al final, no pude evitarlo, y mientras ella miraba el dibujo yo canturreaba entre dientes, más centrado en la letra de la canción que en lo que pasaba a mi alrededor, por lo que de nuevo, cuando quise darme cuenta estaba cantando mientras ella me miraba. Volví a callarme y alargué la mano para recuperar mi dibujo, que ya terminaría en casa con la inspiración extra que suponían las esquinas de la buhardilla.
– No tengo gatos, no porque no quiera sino porque no puedo. Mi casera es bastante estricta con eso. – dije, obviando que, en realidad, era bastante estricta con todo, hasta el punto de echarme de casa al menos una vez al mes porque siempre se le ocurrían fechas inverosímiles para hacerme pagar el alquiler, cuando al no haber podido conseguir el dinero me quedaba con el culo al aire por su culpa. Era entonces cuando los gatos callejeros se me acercaban, también porque intuían que yo solía darles parte de mi comida, y por todas las veces que me había tocado dormir en la calle sabía cómo tratar a esos animales que, en ciertas cosas, se parecían tanto a mí.

En aquel momento, la música se paró porque ella estaba toqueteando el móvil, y fue cuando volví a la realidad y la observé en base a lo que había visto de ella antes, cuando le había robado la cartera pero se la había tenido que devolver. Por lo que sabía, y por lo que ella se había esforzado en hacer que viera, no lo era, pero parecía demasiado fría para que le gustaran los mamíferos, como lo había dicho. Su físico era el de una nórdica, el de alguien con la sangre fría, y eso hizo que se encendiera una luz en mi cabeza, sobre todo cuando recordé que se le había acercado una lagartija antes, cuando estábamos juntos, pese a lo desconfiadas que eran.
– A ti te gustan los lagartos, ¿no? Lo digo por lo de antes, en el parque. Me ha dado esa impresión, al menos. – comenté, con la mirada fija de nuevo en ella y el ceño algo fruncido, aunque más que de manera hostil era por pura curiosidad, por el deseo de saber si había acertado o no, aunque suponía que sí. Observar se me daba bien, era una de las ventajas que tenía estar siempre en segundo plano, y normalmente podía utilizar los resultados de esa observación a mi antojo, pero con ella no lo sabía, porque siempre conseguía sorprenderme. En aquel momento, como si llevara mucho rato sin hacerlo, lo hizo poniendo otra canción de Slipknot, The Blister Exists.
– No sabía que te gustaba Slipknot. No te pega. – le dije, apoyando la cara en una de mis manos y mirándola, de nuevo, con atención, intentando ver en aquel segundo examen qué había pasado por alto que la hiciera parecer fan de mi grupo favorito... aunque, para mi frustración, no encontré nada que diera lugar a pensar eso.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Lun Dic 17, 2012 9:46 pm

Solo pensar en que aquel había sido mi último tatuaje en el estudio y que pasaría mucho tiempo antes de que encontrara otro sitio en el que trabajar me deprimía porque eso significaba no volver a tatuar durante una larga temporada y teniendo en cuenta de que tatuar era como montar en bicicleta que, vale, si pasas tiempo sin hacerlo no se olvida pero no podrás ser tan bueno como antes... Bueno, digamos que aquello no era bueno. Tendría que buscar a gente dispuesta a que la tatuara en mi casa o donde fuera porque si había algo que tenía claro era que no pensaba dejar de tatuar... Nunca. No había nada que me gustara más que el sonido de la aguja en la piel, usar esta como lienzo, plasmar algo que ha salido de ti en la piel de otro para que lo llevara siempre... Podía sonar muy romántico, lo reconozco, pero algo de eso tenía que tener escondido y enterrado en alguna parte, ¿no? Pues no, y quien pensara lo contrario se equivocaba enormemente. Si no, que se fijaran en la música que me gustaba y que escuchaba o, por ejemplo, la canción que cantaba en aquel momento, The Nameless... De todo menos romántica. Aunque me sorprendió no ser la única que se puso a cantarla pues, para mi sorpresa, Dante se había puesto a cantar a la vez que yo y no había podido evitar callarme para escucharlo a él, que terminó solo tarareando y callándose finalmente. Iba a preguntarle algo relacionado con sus gustos musicales pero desvió mi atención al pasarme por fin el dibujo que había estado haciendo. Mientras lo examinaba con ojo crítico él me explicaba que le faltaban algunos detalles porque lo iba haciendo sobre la marcha pero en esencia estaba terminado, yo asentí mientras observaba los trazos de aquella especia de barco vikingo zombi inmerso en un mar tormentoso lleno de monstruos... Era un dibujo realmente bueno y la técnica era envidiable. Me sorprendía mucho que no se dedicara a los tatuajes porque con ese talento ganaría muchísimo dinero... Aunque cuando volvió a ponerse a cantar aparté la mirada del dibujo de nuevo para mirarlo a él, que se calló y cogió su dibujo para guardarlo.

Lo cierto era que no entendía aquel comportamiento pero no sabía si preguntar sobre ello porque, lo poco que lo conocía, tenía la impresión de que no le gustaban en exceso las preguntas... Sobre todo personales. Pues conmigo la llevaba clara porque como yo no me cortaba a la hora de hablar pensaba que el resto era como yo y siempre acababa preguntando de más... No podía evitarlo. Aunque aquella vez conseguí portarme y dejar que fuera él quien hablara, respondiéndome a la pregunta de antes sobre los gatos, al parecer sí que le gustaban pero su casera no le dejaba tener animales y según él era bastante estricta en eso. Yo alcé una ceja y negué con la cabeza, con una fugaz sonrisa en mi cara. Si su casera tuviera que tratar conmigo la llevaba clara... Porque a la gente solían gustarle muchísimo más los gatos o los perros que mis animales. Serpientes, geckos, iguanas, camaleones, pogonas, cordylus, tortugas. Tenía todo tipo de reptiles y ya desde mucho antes de obtener mi pequeña “habilidad” porque, simplemente, me encantaban. Me limité a asentir y cogí mi móvil pues la canción se había terminado y, además, tenía mensajes nuevos que me puse a responder mientras me ponía a elegir otra canción. Cuando aún no tenía ni siquiera elegida la canción él me preguntó si eran los lagartos lo que me gustaban por lo que había pasado en el parque antes de responderle pulsé el play y dejé que sonara de fondo otra canción de Slipknot, The Blister Exists, dejando el móvil a un lado. Al parecer eso sorprendió a Dante tanto o más como que hubiera puesto The Nameless en un principio o siquiera que supiera la letra o me gustaran y además me dijo que no me pegaba que me gustaran Slipknot.

-¿En serio no me pega? - Alcé una ceja, sorprendida. - Vale, quizá vestida así, no lo parezca... Pero me gustan mucho. En Oslo me crié metida en la escena del black metal de allí y desde entondes escucho metal, del tipo que sea, me encanta... Aunque quizá el que menos me guste sea ese tan épico que parece que estés escuchando la banda sonora de una película de fantasía....Me resulta muy cargante. Es a lo, ¿Os vais a cargar al dragón de una vez, melenudos gays pesados? - me reí y negué con la cabeza, divertida. - Sin embargo, a ti sí que te pegan... Tienes ese típico aire de maggot que tanto odian los black metaleros... pero tranquilo, necesitarás mucho más que eso para conseguir que yo te odie... - le guiñé un ojo, medio sonriendo y desvié mi atención de él a la canción que sonaba, cantando un poco y dejando aún más claro que me sabía las letras... No entendía por qué se sorprendía pero en fin. - Ah. En cuanto a los lagartos tienes toda la razón... Son lo mío. Te parecerá una locura pero a veces los entiendo más a ellos que a las personas... Se complican demasiado, los lagartos son más simples y, a su manera, son cariñosos y fieles. De hecho, mi primera serpiente me la regalaron cuando era una cría... Y aún la tengo, mide casi dos metros y medio... Y aún está creciendo. – sonreí pensando en Jörmund pero decidí cambiar de tema porque a la gente solía incomodarle que hablara de mis animales y sí, me la sudaba en exceso que los incomodara pero, por una vez, no quería incomodarlo a él, quizá quería conocerlo mejor (en todos los sentidos) y por eso no quería cagarla demasiado pronto... - Por cierto, tu dibujo es increíble. ¿En serio nunca has pensado en dedicarte a eso? Tatuajes o incluso pintura, ganarías muchísimo dinero, tienes mucho talento... Pero esa es solo mi opinión.

En ese momento me encogí de hombros y leí un mensaje que me acababan de enviar, alzando una ceja. Me levanté y me asomé por la puerta pero al no ver a nadie fruncí el ceño y negué con la cabeza antes de responder el mensaje y volver a centrar mi atención en Dante aunque como la canción se había terminado puse una canción de Bleeding Through por variar un poco. - Oye, ¿tienes algo que hacer esta noche? Mi mejor amigo da un concierto con su grupo y está poniédose pesado con que vaya así que he pensado que podrías pasarte... Si vienes conmigo es gratis así que piénsatelo... Y no te asustes, ellos no tocan ni black ni death ni nada demasiado.... “extremo”. Yo más bien diría que es un poco gay-metal. - me reí, mordiéndome el labio inferior. - Pero no están nada mal así que si te apetece, no sé, te doy mi teléfono o algo y me llamas, ¿Te parece? – antes de que él dijera nada yo ya había cogido un eyeliner de mi bolso y me estaba acercando a él, cogí una de sus manos, la menos tatuada, y en ella le apunté mi número de teléfono, soplando justo después para que se secara, mirándolo a los ojos. - Y si no... Por si algún otro día te apetece quedar o salir o... Escuchar Slipknot juntos. – medio sonreí y sin que él se lo esperara le di un mordisco juguetón en la mejilla, apartándome rápidamente porque no me fiaba para nada de su reacción así que en seguida volví a sentarme donde antes, frente a él mientras lo miraba aún con una media sonrisa en mis labios... Sí, aquello había sido una tirada de caña (por no decir de pesquero noruego) en toda regla... Pero algo me decía que con Dante o lo hacías así o no funcionaría... Y prefería no arriesgarme y soltar todo mi arsenal cuando menos se lo esperara... Y cruzaba los dedos para que funcionara porque, sin duda, valdría la pena. Eso seguro.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Mar Dic 18, 2012 9:02 am

Katerina me resultaba compleja, como un puzzle particularmente difícil que no terminaba de mostrar todas sus piezas o que, cuando intentabas guiarte por el dibujo, hacía que vieras que las formas no se correspondían. Como enigma me parecía interesante, lo suficiente para que quisiera saber más; el hecho de que ese enigma cobrara forma de persona ya me gustaba menos, por mi natural tendencia a que no me cayera bien absolutamente nadie. Ella no era, en principio, una excepción, aunque también era verdad que no me caía tan mal como podría haberme caído teniendo en cuenta que me había frustrado un robo de los de aquel día. Si me ponía en su perspectiva, entendía que le molestara que le hubiera desaparecido la cartera porque era su último día en el trabajo y, con él, sus ahorros estaban en aquella cosa de plástico chillón que llamaba monedero. Si me ponía en mi perspectiva, tenía hambre y necesitaba el dinero, lo cual hacía que no me sintiera culpable por robar nada. Sin embargo, el mismo hecho de entender por qué le molestaba que le hubiera robado ya hacía que fuera diferente a los demás, y eso me frustraba. Era como un rompecabezas difícil, que parecía una cosa y en realidad era otra, aunque con tintes de eso que parecía, como con lo de Slipknot. Por ejemplo, sus tatuajes indicaban que algo en común con la escena tenía, eso sin duda, pero me había fijado en ellos lo suficiente para creer que, por los diseños de fantasía, le iban los grupos más power... cosa que me desmintió prácticamente en el momento en el que abrió la boca.

A medida que sus labios iban formando las palabras y estas iban calando en mi cerebro, mi ceño se iba frunciendo más y más. ¿Por qué parecía tan diferente a como realmente era, o al menos decía ser? Porque había algo en ella, quizá su tan extraña franqueza o el hecho de que quien había mentido en la conversación había sido yo, y no al contrario, que me hacía creer que lo que decía era cierto, y eso era realmente raro. Yo tendía a pensar, con toda la razón del mundo, lo peor de todo el mundo al que conocía, puesto que la gente me parecía una masa despreciable de la que no se salvaba nadie. Si empezaba a hacer excepciones, como las que al parecer mis pensamientos estaban haciendo con ella, no podía significar nada bueno, ya que podrían volver a engañarme como lo habían hecho antes, y eso no me gustaba. Tenía que intentar controlarme, pero resultaba tan difícil con alguien como lo era ella que me parecía incluso costoso no relajarme como nunca en varios años lo había hecho. Estaba tan acostumbrado a una vida de tensión y huida constantes que cuando se me presentaban oportunidades como aquella no sabía cómo reaccionar, y quizá por eso me costó contestar a Katerina, que extrañamente se había quedado en silencio después de todo lo que había dicho de su trasfondo metalero noruego y sus lagartos mascota, entre ellos la serpiente de dos metros que, seguramente, se comía a los gatitos que a mí tanto se me acercaban, pensando que los cuidaría de amenazas como esas.

– A mí tampoco me gusta el power, los veo escritores de fantasía frustrados que se drogan y tienen demasiado tiempo libre, así que escriben canciones que pegan mejor en sagas épicas que en discos. No he escuchado mucho black, pero no me llama demasiado. – añadí, encogiéndome de hombros y con una sinceridad que echaba por tierra mi propósito de dejar de lado lo que me hacía convertirme en alguien más bien sociable... al menos teniendo en cuenta cómo era con los demás. Me grité en italiano, en mi fuero interno, que me tranquilizara y me relajara, y eso pareció funcionar, porque al menos lo siguiente que dije me lo pensé para que no resultara en modo alguno revelador sobre mí o sobre el yo al que la policía buscaba... Angelo.
– Tú no tienes ese aire de maggot que tú dices que yo sí tengo. Habría dicho, sólo viéndote, que te gustaba el rockabilly, o algo así, pero es lo normal teniendo en cuenta que vas disfrazada de pin up. Sólo te falta posar para que te retraten en el avión de algún soldado y das el pego totalmente. Yo no te retrataría porque no suelo hacer nada realista, pero alguien lo haría... De hecho no suelo dibujar, porque casi no tengo tiempo, y no creo que tatuar sea lo mío. Prefiero que me tatúen. Gracias, igualmente. – añadí, sorprendiéndome a mí mismo, incluso, con mi agradecimiento. Estaba tan poco acostumbrado a recibir halagos que no sabía ni cómo tomármelos, y casi había olvidado la última vez que le había dicho gracias a alguien, así que creo que incluso sonó extraño... pero igualmente lo había dicho, y eso debería valer para algo. O quizá no, quién sabía.

En aquel momento, pensé en una de las últimas cosas que había dicho, lo de su mejor amigo y el concierto. Sólo las palabras concierto y gratis ya combinaban tan bien en mi cabeza que quise aceptar inmediatamente, pero me obligué a refrenarme y a pensar, por un momento, en los pros y contras que pudiera tener aquello. Los pros: ir a un concierto de gay-metal, fuera lo que fuera eso, sin pagar nada, y seguramente escuchando música que no estaba mal; los contras: socializar... y seguramente que Katerina quisiera seguir lanzándome indirectas que me esforzaba por ignorar. ¿Qué ganaba, en ese contexto? Creo que los pros; hacía tanto tiempo que no me invitaban a un concierto, de hecho creo que nunca habían llegado a hacerlo, que la sensación me resultaba desconocida y, en cierto modo, agradable. Podía aguantar tener que aguantar los intentos de Katerina de llevarme a la cama, porque eran algo que me parecía tan propio de ella en lo que llevaba conociéndola como sus tatuajes o ser rubia, y lo que podía ganar a cambio era considerablemente bueno... Era la típica clase de riesgos que estaba dispuesto a tomar, porque el resultado podía ser mucho más beneficioso que lo que pudiera acarrear el propio riesgo. Además, dudaba mucho que la policía se presentara en un concierto que no era demasiado extremo, así que estaba a salvo.

– No sé a qué te refieres con gay-metal, pero no veo por qué no puedo acompañarte. El único problema que veo es que has gastado raya del ojo inútilmente, porque no tengo teléfono, ni fijo ni móvil. – comenté, mirando las cifras que, aún legibles pese a estar medio borrosas, estaban apuntadas en mi mano. El principal motivo para mi rechazo a la tecnología no era un afán de volver a un tiempo sin ella, sino más bien librarme de algo que pudiera hacer más fácil que me rastrearan o localizaran, así que si estaba en mi mano lo hacía... Además de que, por descontado, no podía permitirme ninguna tarifa de teléfono. Eso se daba por supuesto.
– Supongo que podríamos quedar después para ir, si eso. O también puedo quedarme aquí y acompañarte después, aunque eso es mala idea porque estarás ocupada... ¿no? – concluí, mirándola a los ojos y, en mi fuero interno, deseando que eligiera la opción número uno... aunque basta que lo deseara para que no lo hiciera, eso lo tenía muy claro.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Mar Ene 08, 2013 3:30 am

No me sorprendió en absoluto el hecho de que Dante y yo tuviéramos una opinión tan parecida con respecto al power metal, incluso me reí con sus palabras porque había dado en el clavo. No era un género que me gustara, más bien lo detestaba, y ya no solo por la música en sí que me parecía excesivamente recargada y demasiado épica y fantasiosa sino por los power metaleros en sí, que no eran más que unos freaks egocéntricos que se creían mejor que nadie... No conocía a uno solo de ellos con el que me llevara bien y eso que yo era todo sonrisas cuando me ponía pero con ellos no había manera. Lo que si que no entendí fue que no hubiera escuchado apenas black metal o que no le llamara la atención porque vale, el black metal era sucio y descuidado, las letras eran oscuras, macabras y sangrientas y los blackers solo eran sociables entre ellos (con algunas excepciones como era mi caso) pero él tenía pinta de ser el típico chico que podía llegar a blacker si se lo proponía... Aunque quizá eso de ser italiano hacía que no entendiera tanto la parte quema iglesias o satanista del black metal, bueno, él se lo perdía. Me hizo gracia cuando dijo que iba disfrazada de pin up y que por ello me pegaba el rockabilly además de que, según él, solo me faltaba posar sobre el avión de algún soldado... Y tuve que morderme el labio inferior porque ya tenía fotos de ese estilo que, si se portaba bien, le enseñaría más tarde. Al parecer Dante no tenía mucho tiempo para dibujar y si eso era así lo de tatuar, con el tiempo que requería, no podría ni planteárselo aunque tampoco lo hiciera porque ni siquiera creía que fuera lo suyo aunque agradeció mi alago lo que me hizo verlo extrañamente encantador por lo que le sonreí ampliamente. Prácticamente acababa de conocerlo, ni nos habíamos líado, ni tocado, ni acostado y ya me parecía encantador... Definitivamente tenía un problema, o eso o aquel chico era tan raro y tan diferente a cualquiera que hubiera conocido hasta la fecha que rompía todos mis esquemas... Y, para qué mentirnos, eso me encantaba.

No esperaba que Dante fuera a aceptar mi invitación y cuando lo hizo me sorprendió bastante porque no parecía de los que van a un concierto con una a la que acaban de conocer pero para mí mejor porque yo sí que era de esas por suerte o por desgracia. Hice una mueca cuando dijo que no tenía teléfono y me encogí de hombros, no todo podía salir tan bien ni ser tan perfecto así que no me lo tomé mal y en ningún momento pensé que pudiera estar mintiéndome porque así era yo, nunca mentía porque no tenía necesidad de ello y pensaba que la gente era igual... Dante me sacó de mi mundo al proponerme varias cosas para ir juntos al concierto. Alcé una ceja y me encogí de hombros. - La verdad es que no tengo nada que hacer hasta el concierto... Quizá vaya a casa a cambiarme de ropa y ver a mis bichos. ¿Te apetece acompañarme? Si no... No sé, podemos dar una vuelta por ahí hasta el concierto. - me mordí el labio inferior, pensativa. - Lo de quedar directamente luego también puede ser, depende de ti... Pero si no tienes teléfono lo veo más difícil... Aunque créeme, lo entiendo, los móviles son cada vez más caros y eso por no hablar de las tarifas... Yo en casa ni siquiera tengo teléfono, suficiente con el móvil... Y ahora que estoy oficialmente sin trabajo tendré que cortarme con las llamadas si quiero seguir teniéndolo. – hice una mueca y me levanté de un salto, lo cogí de las manos e hice que se levantara. - ¿Sabes qué? Puedes ir pensando lo que te apetece hacer fuera, mientras paseamos... No me apetece quedarme encerrada aquí. - le pasé su sudadera y le di de nuevo un mordisco en le mejilla antes de recoger todas mis cosas y con mi maletín en la mano, salir de allí, apagando los ordenadores y esperándolo en la puerta del estudio, una vez estuvimos los dos fuera lo cerré todo, como si nadie hubiera estado allí. - ¿Y bien, has pensado ya? – sonreí ampliamente, esperando que respondiera que le apetecía acompañarme... Porque realmente era lo que me apetecía a mí. Aquel chico era tan interesante y raro que me hacía tener ganas de estar con él, de conocerlo... Y quizá de tirármelo, aunque eso no era nada nuevo, para qué mentirnos... Pero nada de aquello podría pasar si no pasábamos tiempo juntos.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Dom Ene 20, 2013 2:06 am

A mí no me gustaba la gente, ese era un hecho más que evidente que, incluso sin conocerme, se podía saber. Tendía a evitar relacionarme con los demás, tanto porque no podía permitírmelo, un factor importante a tener en cuenta, como porque ni siquiera quería hacerlo. Cuando era pequeño, en Milano, y estaba en el orfanato, no tenía nada que temer porque los demás no eran demasiado agresivos conmigo y no me pasaría nada si trataba algo con ellos, pero ni siquiera entonces me había agradado la compañía de los demás. Cuando había crecido y todo se había liado tanto que era un prófugo, incapaz de interactuar con los demás porque sabía que acabarían por entregarme a la INTERPOL, no había echado de menos la compañía de la gente, a la que evitaba desde que tenía memoria, y por eso haber aceptado ir con ella se me hacía raro... muy raro. Lo único que me había hecho no declinar su propuesta era poder ir a un concierto gratis, algo que pasaba muy poco a menudo porque Londres era una de las ciudades más caras que conocía (y eso que yo era milanés, y es sabido que esa es la capital económica de Italia) y les faltaba únicamente cobrar por respirar. Seguro que estaban en ello.

Ni siquiera sabía quién tocaba ni qué música harían, pero ya había aceptado y era tarde para echarme atrás, así que seguí a Katerina, aprovechando que me había dado algo de tiempo para pensar ya que, así, tenía excusa para no decir nada. Para mi gusto, y eso era algo que todo el mundo tendía a mostrar, hablaba demasiado, y yo era de los que pensaban que si no se tiene nada que decir es mejor callar, así que esos momentos de paz los agradecía enormemente. Además, así pude plantearme las posibilidades que ella me había propuesto y ver los pros y los contras de cada uno... aunque terminé ignorándolos, porque por una vez me venció la curiosidad y decidí acompañarla a su casa. La idea podía no ser buena, y lo sabía, puesto que si me pedía a cambio ir a mi casa no podía llevarla, pero quería saber a qué se refería con sus bichos... y, con suerte, dejaríamos de estar bajo el frío tiempo de Londres, al que aún a veces me costaba acostumbrarme. Milano era frío, también, e igualmente húmedo, pero en Londres vivía con mucho menos y los cambios de tiempo me afectaban más, así que si podía tener una oportunidad para escapar de la humedad la aceptaba encantado, y mi casa (casucha, en realidad, pero no podía permitirme nada más) no era una opción.

– Creo que prefiero acompañarte a casa. Hay demasiada humedad para pasear bien, y creo que los dos hemos lo hemos hecho ya bastante. Además, si esta noche vamos a ir a un concierto, lo mejor será no cansarnos antes de tiempo, porque seguro que acabamos agotados si es que tus amigos son buenos, y no tienen por qué no serlo. – respondí, metiendo las manos a los bolsillos de mi sudadera y encogiéndome de hombros. Por una vez, la prenda no me estorbaba, puesto que había refrescado bastante y el verano ya daba muestras de querer irse, así que no hice siquiera un ademán de quitármela, ya que si no lo había hecho antes, mucho menos lo iba a hacer ahora.
– Y ahora que lo pienso, no me compensa ir a mi casa. Vivo lejos de aquí, y ni siquiera sé dónde es el concierto, así que es mejor si te acompaño y veo a tus bichos. ¿Reptiles? – añadí, mirándola con cierta curiosidad y caminando por donde ella guiaba justo cuando inició la marcha.

Por lo que había comentado antes, y también por lo que había visto de su actuación con la pequeña lagartija, era afín a los reptiles, más que a los mamíferos, y suponía que esos serían sus bichos, pero no lo sabía. Normalmente la gente pone muchas pegas en cuanto a tener mascotas cuando vives de alquiler, y teniendo en cuenta que la tendencia general era a que se tuviera asco a los lagartos y demás a lo mejor se refería a otra cosa... O a lo mejor no vivía de alquiler, no lo sabía. Si era así, al parecer ocultaba más de lo que contaba, puesto que los pisos en Londres eran carísimos, pero si no tenía un casero del que ya podría aprender la bruja de la mía... Bueno, ya lo sabría en cuanto me llevara, aunque al parecer no estábamos muy lejos, ya que estábamos yendo andando en vez de en autobús o metro, algo que me beneficiaba, porque así no tendría que exponer que no podía pagar el billete del transporte público ya que todo el dinero que tenía, robado, era para comer y el alquiler, nada más.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Mar Feb 12, 2013 1:59 am

Me había sorprendido a mí misma al invitar a un desconocido a mi casa pero ya no podía retractarme. Aquello era violar una de mis normas más sagradas pero, después de todo, Dante no parecía un mal chico y solo esperaba que estuviera en lo cierto y no escondiera nada raro porque si llevaba a un psicópata a mi casa y le enseñaba mi posesión más preciada (mis reptiles) y luego le daba por hacer algo contra mí o contra mis bichos... Bueno, prefería no pensarlo porque me asustaba y me enfadaba a partes iguales y el enfado se hacía visible en mi piel, en la que notaba como empezaban a aparecer pequeñas escamas solo de pensarlo. Sacudí la cabeza, fingiendo no pensar en nada y tratando de parecer lo más tranquila posible, esperando su respuesta y rezando a Odín, a Thor, a Loki y a todos los dioses que se me ocurrían para que Dante eligiera la opción de dar un paseo... Pero el que debió escucharme fue Loki porque se burló de mí como solo él lo haría cuando Dante me dijo que prefería acompañarme a casa, dandome buenísimas razones para ello y, por una vez, tuve que darle la razón asintiendo porque con argumentos como los suyos era imposible contradecirlo... Mierda.

Tras encogerse de hombros y hacer un gesto que conocía bien porque yo misma hacía muy a menudo cuando llevaba sudadera, el de meter las manos en los bolsillos de esta, me dio nuevas razones de por qué ir a mi casa era una buena idea, al parecer el vivía bastante lejos y si ni siquiera sabía dónde era el concierto no le compensaba... Y así de paso veía a mis bichos. Me puse un poco tensa pero en seguida sonreí asintiendo ante su pregunta mientras empezabamos a caminar, rumbo a mi casa. - Sí, reptiles... En plural. Espero que no te disgusten, te den asco o miedo porque entonces lo pasarás mal... Oh, y cuando lleguemos dejame entrar a mí primero, tengo que coger a Jörmund que está suelto por casa y no sé cómo te recibirá... - comenté con el ceño fruncido. Jörmund, mi pitón reticulada de más de dos metros y medio era todo un macho territorial y odiaba a los extraños. No estaba nada acostumbrado a que viniera a casa alguien diferente a Andy o a sus amigos o incluso a gente a la que tatuaba en casa... Pero en esos momentos lo encerraba en el cuarto de los reptiles. Sacudí la cabeza y continuamos andando un tramo más, giramos a la izquierda un par de veces, a la derecha y terminamos frente a mi casa, la típica casa inglesa de dos pisos, no muy grande por fuera pero acogedora.

Dante parecía mirar mi casa receloso, como si no creyera que viviera allí o como si no se esperara que mi casa fuera así. Subí los dos escalones que daban al porche y busqué las llaves en mi pequeño bolso, maldiciendo en noruego. - ¿Dónde leches he puesto las llaves? - murmuré para mí misma cuando Dante ya estaba justo detrás de mí. - ¡Ajá! - solté victoriosa con las llaves en la mano, imitando perfectamente a cualquier personaje de videojuego que obtiene un botín necesario para cumplir una misión. Abrí la puerta y entré rápidamente, antes siquiera de que Dante pusiera un pie dentro me giré para mirarlo. - ¿Puedes esperar un segundo aquí? Cuando tenga controlada a la fiera te aviso. - sonreí ampliamente y le guiñé un ojo antes de entrar, llamando a mi serpiente y, cuando estuve lo suficientemente lejos de la puerta, comunicándome con él en un lenguaje en el que solo los reptiles entienden.

Jörmund salió reptando y siseando enseguida a mi encuentro, como dicen los dueños de perros o gatos que hacen sus mascotas cuando llegan del trabajo, y comenzó a subirse por mi pierna hasta enroscarse en mi torso y mi brazo derecho. - Hay un chico en la puerta, vamos a estar un rato aquí y luego nos vamos a ver a Andy... ¿Podrías ser amable con él e intentar no morderlo o comertelo, por favor? - le pedí, acariciandole bajo la cabeza. La serpiente siseó y me prometió que haría lo que pudiera... Y yo sabía que aquello era lo máximo que podía esperar de Jörmund así que suspiré y puse los ojos en blanco, llamando a Dante a voces. - ¡Ya puedes pasar, Dante, cierra la puerta cuando entres! - Escuché la puerta cerrarse y lo guié hasta el salón, donde estaba de pie ante el enorme sofá en forma de U, con mi serpiente enroscada en el cuello. <<¿Quién es ese? Huele a gato.>> Espetó Jörmund, siseando y mirando a Dante de manera peligrosa... - Callate si no quieres acabar siendo filete de serpiente a la parrilla... - solté entre siseos, esperando y rezando porque Dante no se diera cuenta... Mierda, aquello no iba a acabar bien...

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Dom Feb 17, 2013 11:17 pm

Era toda una suerte que no me dieran miedo ni asco los reptiles, eso al menos pude comprobar cuando llegamos por fin a su casa y, después de que me hubiera pedido que pasara al salón, donde apareció con la serpiente más grande que había visto en toda mi vida. Viviendo donde yo había vivido, lo normal eran lagartijas o, si me apuras, culebrillas, nada tan grande como aquel bicho, que parecía encajar mejor en un zoológico que en una casa. Aunque no parecía agresivo... al menos, no con ella, porque la mirada que me echó (y que, por cierto, me hizo retroceder instintivamente) parecía querer significar que me había echado el ojo como merienda. A aquellas alturas yo ya quería irme de allí y alejarme de la serpiente por si acaso, no porque no me fiara de ella (cosa rara, que lo hiciera digo, dado que apenas la conocía) controlando al animal, sino más bien porque todo aquello era muy raro... demasiado. Y yo de eso sabía mucho, porque mi vida no era precisamente normal, pero por una vez me costó reaccionar, y casi pasé por alto los siseos que escuché y que no parecían haber venido de la serpiente, porque sonaban con la voz de Katerina. Vale, definitivamente estaba volviéndome loco, y no tenía ninguna pastilla para poder atajarlo... Joder, esperaba que no me lo hubiera imaginado, pero tampoco podía ponerme en plan “oye, Katerina, ¿acabas de sisear?” porque entonces me mandaría directa al loquero más cercano y, de allí, me enviarían de vuelta a Milano. Tendría que disimular... Como siempre.

– Ese es... ¿Jorgan? ¿Jörmub? No, Jörmund, ¿no? Es enorme... – musité, sin siquiera pensar, y tratando de apartar los ojos de los de la serpiente, aunque resultaba complicado, porque los iris del animal parecían ser hipnóticos y parecían querer sugerirme que me acercara para poder convertirme en carne picada para su merienda y... no, gracias. Aparté la mirada del animal y la centré en Katerina de nuevo, que parecía comportarse con aquel animal como si fuera su hijo. Teniendo en cuenta lo que había visto de ella, ese comportamiento me parecía muy raro, pero a veces la gente se ponía así con sus mascotas, y yo mismo solía proteger a los gatitos que se colaban en mi buhardilla de las garras de la bruja de mi casera, así que no era quien para comentarlo. En cualquier caso, no me sentía cómodo pensando tanto en la serpiente, así que intenté cambiar de tema, o al menos no hablar directamente de la pinta que tenía el tal Jörmund de querer comerme.
– No me importan los reptiles, no suelen disgustarme ni darme miedo, pero esa serpiente tuya impone, eso tengo que reconocerlo. – comenté, y entonces miré a mi alrededor, dándome cuenta por fin de la organización de la decoración y todas esas cosas en las que la gente suele fijarse... cuando no hay serpientes de dos metros y pico ocupando su atención, claro.

La casa, como ya me había parecido sin siquiera entrar, viendo solamente la parte de afuera, era enorme, lo bastante para que tuviera unas cuantas habitaciones libres. Lo raro era que pareciera vivir sólo Katerina en ella; yo habría pensado que compartiría la casa con otras (u otros) para que los gastos salieran más razonables entre todos. Esa opción yo ni siquiera había llegado a considerarla, porque entre que odiaba a la gente como norma general, no quería que nadie me conociera para que no me delataran y necesitaba la soledad para cuando me daban algunos brotes de claustrofobia y aparecían los monstruos no era el más indicado para vivir con compañía, pero ella parecía no tener aquel problema. Por un momento la envidié, puesto que eso le permitía tener mascotas en casa como era aquella serpiente, y a saber cuántas cosas más. ¿No había dicho reptiles, en plural? Seguro que tenía más bichos de los que yo había oído hablar, sobre todo teniendo en cuenta que yo de reptiles sabía lo justo. Justo iba a preguntarle cuando noté un movimiento por mi pierna, subiendo después por mi brazo y, finalmente, posándose en mi hombro. Por pura coincidencia me quedé quieto, ya que creía recordar que cuando una serpiente te escala para asfixiarte lo mejor es no moverte, pero en cuanto noté que aquello era demasiado pequeño para ser una serpiente giré la cara... a tiempo de que la lengua de un pequeño camaleón me diera en la mejilla. Alcé las cejas y miré a Katerina, cuya serpiente siseaba amenazadoramente, y cuando volví a fijarme en el camaleón se había mimetizado con el color de mi sudadera. Bueno, era un consuelo ver que no era el único al que ese bicho imponía respeto...
– ¿Este también es tuyo? – pregunté, y subí la mano hasta mi hombro para que el camaleón se pasara a mi piel y yo pudiera verlo con mayor claridad.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Lun Feb 18, 2013 12:44 am

Traer a un desconocido a casa cada vez me parecía peor idea. Jörmund no dejaba de mirar a Dante de una manera inquietantemente peligrosa pese a que mi amenaza había conseguido calmarlo un poco. Por suerte Angelo no parecía haberse dado cuenta de que había siseado más como una serpiente que como una persona o, si se había dado cuenta, decidió no decir nada para sonar como el loco que parecería si yo lo negaba como tenía planeado hacer si decía cualquier cosa. A Dante le costó un poco recordar el nombre de Jörmund pero por fin lo consiguió y dijo que era enorme, cosa por la cual se ganó un siseo de la serpiente a la que acaricié para que dejara de estar tan hostil... Cosa difícil tratándose de él. Me gustó la sinceridad de Dante al hablar sobre los reptiles, que ni le disgustaban ni le daban miedo, pero reconoció a la vez que Jörmund imponía. Por fin Dante apartó la mirada de nosotros y pude volver a reprender a Jörmund para que se comportara. - Jörmund, no pienso repetírtelo, como no te comportes vas a acabar en las malditas alcantarillas... - solté entre siseos, ya algo malhumorada con la serpiente. Jörmund no me respondió sino que dijo una simple palabra <<Igor>>. En seguida volví a mirar a Dante, buscando a mi camaleón y lo vi subiendosele encima desde la pierna hasta el cuello como solía hacer conmigo. ¿Qué estaba haciendo?

Dante se había quedado quieto mirando al frente, como si Igor fuera otra serpiente pero en un momento dado se giró y justo entonces Igor le dio un lametón en la mejilla. No pude evitar soltar una risita cuando Dante me miró porque no tenía ni idea de que Igor acababa de preguntarme si podía quedárselo. Sin embargo, Jörmund no parecía tan divertido y siseó <<Apartate de él si no quieres que te coma a ti también.>>. Puse los ojos en blanco y acaricié de nuevo la cabeza de Jörmund. - Deberías calmarte, es solo un amigo. - dije, esta vez en inglés normal y corriente para que Dante también lo entendiera. Igor se había mimetizado con la sudadera de Dante y era todo negro, entonces me preguntó si también era mío mientras lo cogía con la mano y lo observaba yo me encogé de hombros. - Ese es Igor, mi camaleón. Igor, él es Dante. - los presenté como si realmente Igor fuera una persona. Igor lo miraba con esa cara tan... intensa suya, esa con la que no puedes evitar reírte mientras me decía que le gustaba mucho y que él quería uno. - Creo que le gustas, Dante, no suele atreverse a acercarse a nadie y menos si no conoce... Esto es raro en él. - me encogí de hombros, dándole una razón “de peso” para explicarle que a mi camaleón le gustaba, una más creíble que “Oye, mi camaleón dice que le gustas y me pregunta que si puede quedarse contigo”, sin duda, mucho más creíble que eso y que me hacía parecer mucho menos loca. - ¿Te apetece tomar algo? ¿Quieres ver la casa? ¿Al resto de los bichos?No sé, tenemos tiempo hasta que empiece el concierto así que puedes elegir. - me encogí de hombros y aparté a Jörmund de encima, dejándolo de nuevo en el suelo, justo en ese momento se marchó reptando y siseando de allí.

-Ah, he visto como mirabas la casa... Es mía. Digamos que mi padre me la compró para poder echarme de casa sin sentir remordimientos ni culpa porque no tuviera un techo bajo el que caerme muerta... - dije con total naturalidad, como si aquello fuera lo más normal del mundo y me acerqué de nuevo a él, acariciando la cabeza de Igor. - Bueno, hombre-camaleón, como no parece que tengas ganas de decidir lo haré yo por ti, muero de sed después de hacer el tatuaje así que vamos a la cocina y bebo algo y, si quieres, me acompañas, ¿Vale? – y sin esperar a que respondiera siquiera lo cogí de la mano con la que no sujetaba a Igor y lo guié hasta la cocina. Era la típica cocina, encimera, fogones, horno, fregadero, nevera, cajones y una pequeña mesa en el centro para comer. No tenía nada del otro mundo excepto los imanes y pegatinas que llenaban la nevera que eran de grupos y flyers de conciertos. - Abrí la nevera que estaba insultantemente vacía y saqué un par de Desperados. - No tengo mucho más que esto pero espero que te sirva, ¿Te apetece una? – dije toda sonrisas, abriendo la mía y dándole un trago. Uf, que sed, estaba seca... Aunque quizá tenía que ver lo que había pasado antes con Jörmund, joder, es que no podía llevar a nadie a casa, nunca escarmentaba!

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Lun Mar 04, 2013 6:40 am

Esa era la primera vez que, según creía recordar, tenía un camaleón en la mano. Los había visto en los documentales que echaban a veces por la Rai y en las tiendas de animales en las que los demás niños se quedaban mirando los cachorros de perro, que normalmente me gruñían cada vez que me acercaba. Yo, como siempre, iba por libre y me acercaba a los gatitos, sobre todo, pero también alguna vez a los reptiles, y siempre había habido una jaula entre ellos y yo, al menos hasta aquel momento. Su tacto escamoso era frío, pero sorprendentemente suave, y la cara con la que me miraba era divertida y, sobre todo, enternecedora... algo que tenía mérito tratándose de mí y teniendo en cuenta que no era un gato. Según Katerina, se llamaba Igor, y debía de gustarle porque se había acercado a mí y eso no era algo frecuente, aunque tampoco lo era al contrario, y a mí me pasaba, a la vista estaba. Lo bueno de todo era que no parecía tan agresivo como su serpiente, que parecía querer comer Angelo para cenar, más bien al contrario, así que me gustaba y me sentía más o menos cómodo, sensación que duró hasta que la serpiente estuvo libre por la casa otra vez. Me fiaba de ella respecto a los animales, pero cualquier ser carnívoro que midiera más que yo, que no era precisamente de mí, no me daba la mayor confianza del mundo...

– Vale... – respondí, pero para cuando lo hice, en apenas un murmullo, ella ya me había llevado a la cocina y ya estábamos compartiendo una cerveza que me supo bastante rica. Hacía tiempo que no bebía por el placer de hacerlo; la mayoría de las veces lo hacía para entrar en calor con licores malos, y había olvidado el sabor de algo como la cerveza. Además, el poco alcohol que tenía, pero sobre todo su amargura, me permitirían ayudar a asimilar lo que ella había dicho de su padre, no por el hecho de que lo odiara, sino más bien por su sinceridad apabullante. Aquella clase de gente que iba diciendo cosas íntimas tan felizmente siempre lograba romperme los esquemas por completo, y hacía que no supiera cómo comportarme... aún más de lo normal, quiero decir. La suerte era que no solían esperar datos tan íntimos de la persona con la que hablaban, y aunque lo hicieran a mí se me daba bien cambiar de tema cuando la cosa se ponía tan espinosa, así que no tenía nada que temer.
– Tu casa es muy bonita. No sabía que las típicas casas de varios pisos de la ciudad fueran así por dentro, las imaginaba más... lúgubres. – comenté, con un ápice de sinceridad en mis palabras.

Normalmente, la ciudad en la que vivíamos era oscura, y el cielo siempre estaba cubierto de nubes grises que amenazaban lluvia, así que la luz no era demasiada, por suerte para mí. Las casas, además, parecían seguir con aquella moda del tiempo de Londres, y tenían pinta de ser muy oscuras, tal y como a mí me gustaba que fueran siempre que fueran grandes también, pero ese no era el caso de mi buhardilla, pequeña y agobiante hasta un punto que me obligaba a tener que salir de cuando en cuando para que me diera el aire. En eso estaba pensando cuando Igor dio un lametón a una gota de cerveza que se estaba escurriendo por la lata y no pude evitar hacer un amago de sonrisa muy breve, porque hacía tanto tiempo que no ponía esa expresión que casi había olvidado cómo se hacía.
– ¿Todos los camaleones son así o es cosa de Igor? Me gusta... Aunque creo que es cosa de todos tus animales, porque Jörmund tampoco se parecía a las serpientes que había visto antes. ¿Cuántos lagartos más tienes? ¿De qué razas? Seguro que no he oído hablar ni de la mitad de ellas... ¿Podemos verlos cuando terminemos la cerveza? – pregunté, siguiendo con la sugerencia que me había hecho antes para, así, poder hablar de cualquier cosa menos de mí. Con suerte, además, no tendría los lagartos en esa misma habitación (los habría visto, de ser así, a no ser que fueran camaleones y se mimetizaran con la habitación como hacía Igor conmigo), así que también podríamos explorar la casa y ver cómo era por dentro... Aunque eso significara darme cuenta de lo poco que tenía y de lo mucho a lo que me gustaría poder llegar si es que pudiera permitirme un alquiler mayor que el de mi buhardilla, y no era el caso, para desgracia de la casera y, sobre todo, la mía.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Lun Mar 04, 2013 11:17 pm

Disfruté de mi cerveza, al fin relajada, y me quedé un poco en mi mundo, dándole vueltas a si había sido buena idea o no llevar a Dante a casa porque no era algo que solía hacer con chicos a los que acababa de conocer ya que allí tenía lo más preciado para mí... Pero cuando me di cuenta de que estaba rallándome demasiado con el tema lo di por zanjado: Dante ya estaba en mi casa y ya había visto a Jörmund y a Igor, no podía hacer nada por cambiarlo y tenía que dejar de pensar en ello, punto. Había tomado una decisión al llevarlo a casa y ahora no podía echarme atrás así que darle vueltas era una soberana estupidez por lo que simplemente me quedé mirándolo a él, cosa mucho más interesante, sin duda. Era extraño, cuanto más lo miraba más me sorprendía de lo diferente que era de cualquier chico que hubiera conocido, no por como era físicamente sino por cómo parecía ser su personalidad y lo cierto era que aquello me gustaba aunque, sobre todo, me intrigaba. Dante me sacó de mis pensamientos cuando hizo aquel comentario sobre la casa y me encogí de hombros y ambos volvimos a sumirnos en el silencio, yo observándolo y él en su mundo, con Igor aún en su mano, quien le dio un lametón a una gota que caía por la botella de cerveza de Dante, miré mal a Igor y casi me perdí lo que me había parecido una sonrisa en los labios de Dante y que me hizo fruncir el ceño. Vaya, no parecía muy acostumbrado a hacerlo... Y eso era extraño.

De nuevo, ahí estaba él, intrigandome y haciendo que me interesara por conocerlo mejor... En todos los sentidos. De nuevo habló, rompiendo el silencio por fin y preguntándome si todos los camaleones eran iguales a Igor o era cosa de mis lagartos y en seguida pareció recordar que tenía más y me preguntó si podíamos verlos. Lo cierto es que no me esperaba que tuviera tantas ganas pero en el fondo me gustó así que decidí darle el caprichito. Lo que fuera por un chico tan guapo y misterioso. - Lo cierto es que no, Igor es un poco... especial. Los animales también pueden sufrir ciertas... “enfermedades” que creemos que solo afectan a las personas, simplemente, en libertad esos animales no sobreviven pero en cautividad... Bueno, se les quiere igual o más que al resto. - me acerqué a ellos y volví a acariciar a Igor, que en seguida se me subió encima y corrió hasta mi hombro. - En cuanto a Jörmund, está acostumbrado a las personas, lo tengo prácticamente desde que salió del huevo y se ha criado conmigo así que tampoco es una serpiente normal, no teme a los humanos, más bien al contrario, y a veces eso ha resultado bastante peligroso... Por eso no suelo traer a mucha gente a casa. – lo miré a los ojos, esperando algún tipo de reacción por su parte mientras bebía de mi cerveza pero algo que me daba un poco de rabia de aquel chico era que parecía imposible descifrar qué estaba pensando... Y lo odiaba porque encima apenas hablaba. - Si quieres ver a mis lagartos podemos ir, no soy de esas maniáticas que no dejan comer ni beber fuera de la cocina así que...

Sin más me fui a la puerta de la cocina con mi cerveza en la mano y lo esperé, haciéndole un gesto con la cabeza para que me siguiera, en cuanto vi que se movía me giré de nuevo y lo guié por mi casa. Subí las escaleras y una vez en el piso de arriba me apresuré a cerrar la puerta de mi habitación, que estaba patas arriba y justo después lo guié por el pasillo, pasando por delante de la habitación de invitados que yo usaba como una especie de estudio, el baño y alguna puerta cerrada más hasta la última, que estaba cerrada con pestillo. Me paré ante ella y lo esperé, mordiéndome el labio inferior cuando llegó a mi lado. - Espero que hayas sido sincero y no te den miedo porque esto... Bueno, ya verás. - medio sonreí y quité el pestillo, abriendo la puerta y encendiendo la luz general pese a que todos y cada uno de los terrarios tenían su propia iluminación programada. Le hice un gesto con la cabeza y cerré una vez entró dentro para que no le diera a nadie por escaparse. Una vez dentro vi como observaba las cuatro enormes paredes llenas de terrarios, incluso en el suelo había zonas para algunos de mis reptiles como las tortugas. Aquella era la habitación más grande de la casa y la había reservado especialmente para todos mis animales. Lo cogí del brazo y lo acerqué a los terrarios más cercanos a la puerta que estaban llenos de geckos de diversas especies y colores, todos ellos, de ojos enormes y saltones, lo miraban con la boca abierta, como si estuvieran sorprendidos, poniendo unas caras realmente graciosas. - Estos son geckos, los más pequeños tienen poco tiempo y son hijos de aquellos de allá, que son adultos. - señalé otro terrario más grande con un varias parejas de geckos más grandes.

Caminé un poco más y le enseñé un terrario lleno de cordylus, varios grandes y alguno más pequeño. Me encantaban esos lagartos porque realmente parecían pequeños dragones y eran simpáticos. - Estos son cordylus aunque se los conoce comunmente como lagartos armadillo porque cuando hay un peligro se muerden la cola y se hacen una bola... - me moví un poco y llegué a un terrario con pogonas. - A estos se los conoce como dragones barbudos por su cabeza pero se llaman pogonas, ahí tengo un par de iguanas grandes y otras más pequeñas, escincos que son como serpientes con patas, salamanquesas, tejús rojos... - fui señalando cada uno de los terrarios mientras iba enumerando las especies, aún quedaban unos cuantos que me salté porque una de mis tortugas vino a nuestros pies, como si quisiera saludarnos. - Y como ves también tengo tortugas, graecas, leopardo, moras, rusas, de caja... Y lo mejor aún no lo has visto. - lo cogí de la mano y lo llevé junto a mis serpientes. Deberían estar separadas, lo sabía perfectamente pero ellas también sabían que como pasara algo estaban muertas por eso las mantenía juntas. Había varias, una blanca y una negra, un aspid, una cobra y una serpiente de un verde intenso. - Te las presento, estas son Ivory, Ebony, Cleo, Ishtar y Kaa. No puedo tener otro macho con Jörmund cerca porque esto parecería aún más una casa de locos... - me encogí de hombros. - ¿Te gustan? ¿Quieres coger a alguno de los lagartos? – sonreí, intentando no parecer demasiado loca o desquiciada después de enseñarle semejante habitación que era de todo menos normal y solo rogué y recé a los dioses que no saliera corriendo y se largara porque lo cierto es que de hacerlo me decepcionaría muchísimo... Y me dejaría claro que no merecía que perdiera mi tiempo con él. Aunque si no lo hacía... Bueno, ya me tenía intrigada así que quizá solo me encapricharía un poco... Más, quiero decir. Todo estaba en sus manos y yo me quedé mirándolo, esperando a ver qué sería... La decepción o la sorpresa. No tardaría demasiado en descubrirlo.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Vie Mar 08, 2013 9:17 am

Dicen que nunca se va a dormir sin saber algo nuevo, y lo que yo aprendí aquel día fue que los lagartos también podían ser especiales. Al menos, eso fue lo que dijo Katerina respecto a Igor, aunque daba igual que lo fuera porque a mí era el que mejor me había caído de todos sus bichos, los dos que había visto por lo pronto y quizá los demás, y pronto él se subió a su hombro, con un gesto bastante gracioso que le pegaba bastante. No tuve la oportunidad de decir nada después de esa perla de conocimiento porque ella dijo que no era maniática (algo evidente viviendo rodeada de reptiles, igual que yo con los gatos) y que podíamos ver a sus animales, así que se puso en marcha y yo, algo más retrasado, la seguí, mirando la casa con curiosidad algo masoquista. No podía evitarlo, tenía que ver lo que su padre había comprado para ella, y además esa era la clase de casa que me gustaba, con los techos tan altos que no me agobiaban, algo importante, y sobre todo muy grande, con cantidad de espacio libre, y eso que ella tenía mucho espacio usado. Por un momento, fantaseé acerca de la idea de poder tener algo más de dinero y mudarme a una casa como aquella, pero después deseché mis sueños, porque si ya me costaba permitirme el alquiler de mi buhardilla, algo así sería imposible.

Ella me sacó de mis pensamientos con su advertencia, que me hizo fruncir el ceño, pero cuando entramos en la habitación comprendí por qué había dicho lo que había dicho: aquello estaba lleno de lagartos de todos los tipos hasta la bandera. En vez del asco que ella pensaba que podría darme, aquello me encantaba, tanto por los colores brillantes que tenían casi todos como porque, bueno, las culebras y los otros bichos me gustaban, así que la seguí con los ojos muy abiertos, tratando de captar cada detalle. Los geckos bebés asustados me hicieron gracia, y fue lo que más me gustó de entre los demás animales (cordylus, pogonas, iguanas, escinos, salamanquesas, tejús rojos, e incluso tortugas) que me enseñó hasta que llegamos a la parte donde estaban las serpientes. Todas ellas tenían colores muy intensos y llamativos, igual que mis tatuajes, y por lo que dijo eran en su mayoría hembras ya que la cosa sería complicada con otro macho compitiendo con Jörmund. ¿A lo mejor por eso me había odiado nada más verme...? Bueno, por eso y por entrar en sus dominios junto a su dueña, eso podía llegar a comprenderlo, si es que era lo que realmente pensaba.

– Me gustan mucho, sobre todo los geckos y las serpientes. Tienes aquí más clases de reptiles de las que pensaba que existían, aunque tampoco sé mucho sobre ellos, así que me sacas de las serpientes, las tortugas y las lagartijas y me pierdo. – respondí, mirándola a ella un momento antes de mirar hacia el terrario donde se encontraban todas aquellas serpientes, que siseaban en mi dirección. Si pudiera ser fiable a la hora de interpretar expresiones faciales de lagarto, y partiendo de la base de que me parecía que no eran las criaturas más expresivas de la Tierra, yo diría que había curiosidad en sus ojillos, e incluso una de ellas, la blanca, parecía mirarme fijamente, de una manera que resultaba casi hipnótica. Supuse, por su color, que ella era Ivory, y volví a mirar a Katerina, que se había mostrado tan maternal con sus mascotas que no dejaba de resultarme curioso verla así porque no le pegaba nada.
– Esa blanca... Creo que es la más bonita de las que tienes en ese terrario, me gusta mucho. ¿Puedo tocarla? – pregunté, y ella aceptó, así que yo me eché hacia atrás un par de pasos para que pudiera maniobrar y enseguida la tuvo alrededor del brazo, siseando suavemente.

Por un momento, llegué a creer que la que siseaba era Katerina, no la serpiente, pero aquello no podía ser... tenía que ser cosa mía, cosa de llevar mucho tiempo sin tomar nada de medicación porque era muy cara en Londres, nada más. Era humana, ¿cómo podía estar siseando? Aunque una vocecilla maliciosa sonó en mi cabeza recordándome que yo hacía figuras con las sombras, así que no era tan raro. No, no podía ser... Por suerte, sólo había sido la voz de mi conciencia, no una alucinación que no podría llegar en peor momento, pero seguramente tendría una dentro de poco porque hacía bastante que estaba más o menos bien, así que como aviso me servía. Volví a la realidad justo cuando ella me empezaba a dar indicaciones de cómo sujetarla y de cómo tenía que comportarme, básicamente de manera tranquila para que la serpiente no se pusiera agresiva. Yo asentí, tratando de recordar todo, y ella extendió el brazo, a lo que yo la imité y la serpiente reptó desde Katerina hasta mí.

Su tacto era frío, escamoso y, sorprendentemente, nada desagradable. No era una serpiente muy grande, pero era rápida y pronto se me hubo enrollado en el brazo, de manera firme pero que no me apretaba ni me hacía daño. Su lengua, al sisear, estaba bastante cerca de mi cara, pero no parecía agresiva, y yo tampoco estaba alterado porque sabía que, aun llegado el caso de que Katerina no pudiera, yo podría defenderme, así que dudé sólo un momento antes de acariciarla torpemente.
– Esta es la primera vez que toco una serpiente... es una sensación rara, pero no es desagradable. Además, está fresca, eso con la humedad de esta ciudad está bastante bien. – comenté, pensando de nuevo en mis cosas, en particular en que nunca había ido a un zoológico y no sabía si la zona de los reptiles era así, pero desde luego en mi cabeza se le parecía bastante, y eso a mí me bastaba. Me fijé en los muchos colores que había allí juntos, fruto de las escamas de todos los animales y, sobre todo, de que no dejaban de moverse, lo cual le daba un toque vivo a la habitación. Me recordaron a mis tatuajes, durante un momento, y al volver a fijar la vista en Ivory se me encendió la bombilla: ¿y si me tatuaba una serpiente? Tenía un hueco en el pecho donde seguramente cupiera, podría quedar bien... Tendría que pensarlo, pero como idea no estaba mal, y decidí consultárselo a ella.
– Oye, ¿tú has tatuado reptiles alguna vez? – inquirí, ya que no se me ocurría otra manera aparte de esa de introducir el tema.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Lun Abr 08, 2013 9:26 pm

Me sorprendía mucho el hecho de que Dante sintiera curiosidad por los reptiles, no era algo común que alguien que parecía normal (bueno, normal... había intentado robarme la cartera, iba cubierto de tatuajes y de lejos podía parecer un poco sospechoso pero yo a lo mío) y por eso me gustaba. No estaba acostumbrada a que la gente sintiera tanta curiosidad por lo que era mi pasión desde que tenía uso de razón y es que incluso mi mejor amigo Andy, que al principio se interesaba, había terminado por ignorar a mis lagartos porque decía que le daban cosa... En fin. No parecía ser un experto como él mismo dijo pero me sorprendió bastante que su elección en cuanto a lo que más le había gustado. Entendía lo de los geckos, todos los tipos de geckos que había eran muy monos, pequeños (aunque podían llegar a los 20 centímetros perfectamente cuando eran adultos), con ojos saltones y enormes que lo miraban todo y graciosos, eran el lagarto perfecto para alguien que no sabe nada de ellos y que quiere tener alguno porque son muy monos y fáciles de cuidar... Pero la parte de las serpientes no me la esperaba. La gente solía tener miedo y fobia de las serpientes, eran animales muy incomprendidos porque en realidad si los cuidabas bien podían acabar como Jörmund, cuidando de ti y de todo lo que te rodeara pero la gente no solía siquiera darles una oportunidad... Y eso me molestaba.

Me quedé mirando a todas las serpientes un rato, sonriendo por sus siseos y sus preguntas sobre quién era él y qué hacía allí conmigo y no me fijé en que Dante me estaba mirando hasta que habló, sacándome de mi ensoñación y preguntándome si podía tocar a Ivory. - Claro que sí, espera. - no tardé demasiado en sacar a la serpiente del terrario con cuidado, dejando que se enroscara alrededor de mi brazo y acariciándola. No me molesté en cerrar el terrario porque sabía que el resto de serpientes no se escaparían así que me limité a acariciar la cabeza de Ivory, que parecía nerviosa, y decirle entre siseos que se portara bien y que él no le haría daño, intentando que se relajara. Justo entonces era el turno de darle las indicaciones a Dante que lo cogió enseguida y una vez comprendió lo básico, dejé que Ivory reptara por mi brazo extendido hacia el suyo. Observé como Ivory y Dante interactuaban de brazos cruzados, era como ver a un niño tocar a una serpiente por primera vez, Dante parecía sorprendido y a la vez encantado y no pareció reparar en el hecho de que cuando Ivory sacaba la lengua para sisear no emitía ningún sonido. Desde siempre, ella había sido así, jamás había hablado ni siseado con sonido, pero lo entendía todo a la perfección así que no era como en el caso de Igor. Dante me sacó de mi mundo al decirme algo obvio que era que nunca había tocado una serpiente y, al parecer, le gustaba. Comentó que estaba fresca y que eso era bueno con la humedad de la ciudad ante lo que yo me encogí de hombros y cuando él volvió a hablar su pregunta no tenía tanto que ver con lo que habíamos estado hablando como parecía y me pilló un poco fuera de juego.

-¿Reptiles? Sí, muchos... Una persona llegó a pedirme un camaleón y me inspiré en Igor para su tatuaje, quedó realmente bien... Pero si lo que preguntas en particular es si he tatuado serpientes la respuesta es sí. Es casi lo que mejor se me da porque, como ves, tengo modelos vivos para practicar y me parece divertido. Además, la gente que quiere tatuajes tipo old school así siempre acaban eligiendo algo con una serpiente así que... - me encogí de hombros de nuevo, acercándome a él y acariciando la cabeza de Ivory, que seguía mirando a Dante fijamente. - ¿Por qué lo preguntas? ¿Quieres tatuarte algún reptil? Porque yo podría hacerlo encantada, incluso ahora mismo si quieres... Tengo tinta en el estudio, las máquinas y todo lo necesario así que por mí no te cortes. - sonreí e hice un gesto para que Ivory volviera conmigo pero no me hizo caso y fruncí el ceño bastante sorprendida porque aquella era la primera vez que me hacía algo como aquello. - Vaya, debes de tener algo, Dante, porque tienes a todos mis animales encandilados... Primero Igor, luego los geckos bebés y ahora Ivory. ¿Es que eres un encantador de serpientes y no me has dicho nada? – bromeé y me aparté un poco, cogiendo a un par de geckos leopardo bebes con las manos y dejando que treparan por mis brazos, acercándome de nuevo. - Si te ha gustado Ivory prueba a coger a los pequeñajos si puedes... Son muy rápidos y hacen muchas cosquillas, además, cuando tienen miedo hacen un sonido muy guay, como si chillaran... Ah, y si te estás preguntando por el precio del tatuaje no tienes por qué preocuparte, solo pienso pedirte una cosa y no es dinero. – finalicé, mirándole a los ojos con picardía y mordiéndome el labio inferior, esperando que aceptara mi oferta, ya no solo porque me moría por besar esos labios carnosos, mordibles y apetecibles que tenía (que también) sino porque me apetecía mucho tatuar alguna serpiente o lo algún reptil y para mí lo de tatuar era más un hobbie que un trabajo por lo que no veía ningún problema en hacerlo en aquel momento... Después de todo aún teníamos tiempo antes de ir al concierto así que era una fantástica idea. ¿Y cómo no iba a serla si se me había ocurrido a mí?

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Mar Abr 09, 2013 6:12 am

A juzgar por su respuesta, no era la primera vez que había tatuado reptiles, tanto serpientes (que era lo que yo más tenía en mente) como un camaleón para el que se había inspirado en Igor, pero yo seguía sin estar seguro. Sabía que lo quería, sí, y seguramente en tonos rojizos quedaría bien con lo que ya llevaba en el pecho, pero no podía permitirme comprar la pomada para curarlo, y mucho menos pagar un tatuaje tan grande como seguramente acabaría siendo y que quizá requería más de una sesión. Eso, sobre todo, era lo que me echaba más para atrás, aunque lo que ella dijo de que no tenía que pagarle con dinero ayudaba bastante. ¿A qué se refería exactamente? Empezaba a hacerme una idea aproximada de cómo era y podía imaginarme por dónde iban los tiros, pero seguía sin conocerla y a lo mejor me equivocaba, no lo sabía. ¿Y si el precio a pagar era demasiado? No por lo que fuera que me pidiera, sino por si se creía que estábamos en deuda, o algo así... Podía ser un ratero, y podía no confiar en nadie que no fuera yo, pero si contraía una deuda la pagaba como que mi nombre era Angelo Sforza, así que en esa situación no podía permitirme hacerlo. ¿Qué hacer? ¿Qué no hacer? Realmente no lo sabía, así que opté por la verdad a medias.

– No lo sé, Katerina, tendría que pensármelo... Tengo un hueco en el pecho donde podría caber, aquí. – señalé la zona de mi clavícula izquierda, más o menos, que era donde, bajo la camiseta, se escondía la piel más o menos libre. – Pero habría que diseñarlo para que no desentonara con los que ya llevo, creo que podría ser demasiado grande para que te de tiempo ahora y, además, me duelen bastante los tatuajes, así que suelen tardar más... Además, no sé exactamente qué querrías pedirme, pero supongo que podemos dejarlo para otra ocasión, ¿no? Quizá ahora podamos diseñar algún boceto para que te hagas a la idea y, no sé, cuando tengamos algo más de rato disponible lo hacemos, o algo. – propuse, incómodo y rascándome la cabeza, de nuevo con la mano que no sostenía a Ivory. La serpiente era preciosa, tan suave como extraño su tacto, pero no siseaba... A lo mejor eso significaba que estaba tranquila, o quizá era cosa de su raza o algo así, no lo sabía, pero verla sacar la lengua sin emitir ningún sonido resultaba una experiencia curiosa, cuando menos, lo suficiente para no querer soltarla.

– Creo que voy a decirte que no a lo de los geckos, no me gusta demasiado que me hagan cosquillas, aunque ahora quiero escucharlos gritar... – comenté, y en cuanto los animales salieron de entre la ropa de Katerina me las apañé para acercarme tanto que les di un susto y chillaron. Como ella había asegurado, su chillido era algo raro, como si en vez de animales fueran máquinas de afeitar encendidas que chirriaran y se pusieran en una posición extraña, aunque cuando vieron que sólo los miraba y no hacía nada más se calmaron. Seguramente Katerina tuvo algo que ver; los lagartos parecían antinaturalmente tranquilos cuando estaba ella, y eso no era algo a lo que estuviera acostumbrado, ni siquiera en mi caso. Normalmente pasaba mucho tiempo en la calle, más del que me gustaría, e incluso cuando era pequeño lo había hecho en Milano, tan diferente a Londres como cabría esperar. Al final, había terminado por descubrir cómo si permanecía tranquilo y llevaba comida encima los gatos callejeros se me acercaban para comer, y cuanto más inmóvil estuviera más posibilidades había de que me dejaran acariciarlos, pero normalmente no tenía esa suerte y simplemente me limitaba a observarlos. Ella con sus mascotas era capaz de manejarlos a su antojo, incluso de hacer que una serpiente como Ivory se sintiera cómoda conmigo (porque seguro que era cosa suya, y no mía), y eso era algo que no me explicaba... pero que, en cierto modo, me gustaba.

Alargué el brazo para devolverle a la serpiente, no sin antes acariciarla de nuevo para despedirme de ella quizá para siempre, ya que no sabía si volvería a aquella casa después de ese día o no, y ella dejó que se le enroscara para que el trayecto de vuelta a la jaula fuera más cómodo. Una vez más, me sorprendió la calma con la que los animales se tomaron a la nueva inquilina del terrario, pero tampoco llegó a extrañarme del todo porque ya me estaba acostumbrando a ver a esos reptiles comportándose así cuando Katerina estaba cerca, así que no fue para tanto, ya no. En cuanto ella terminó, yo me crucé de brazos y la miré, con curiosidad que llevaba acumulando desde antes.
– ¿Cómo sugieres que pague, si no es con dinero? – inquirí, ladeando la cabeza casi como si fuera un gato y con cierta confusión, no tanto por no imaginarme lo que ella tenía en mente sino, más bien, por saber exactamente a qué de todo lo que yo creía se refería exactamente. – Y ¿cómo sabías que tenía en mente hacerme un tatuaje nuevo? ¿Tan predecible era? – añadí, y fruncí el ceño, porque si eso significaba que me estaba relajando tanto y bajaba tanto la guardia cuando estaba con ella a saber lo que había podido averiguar de mí que pudiera suponer la diferencia entre vivir en Londres como Dante y que me expatriaran como Angelo a Milano, pero no a cualquier sitio, sino al loquero o, peor, a la cárcel. Y eso no podía permitírmelo.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Dom Abr 14, 2013 11:54 pm

Los geckos se me habían metido bajo la ropa y con sus patitas me hacían cosquillas, traté de no empezar a reírme y aguantar aquello aunque me costaba bastante por lo que no podía evitar coger a alguno de ellos de vez en cuando con las manos y dejar que jugaran un poco entre ellos en mis manos antes de que volvieran a escaparse y hacer de las suyas. Mientras yo prácticamente jugaba con los geckos, Dante seguía mirando y acariciando a Ivory de vez en cuando, parecía pensativo por lo que decidí no molestarlo y limitarme a jugar con los pequeñajos hasta que finalmente habló y dejé que los geckos volvieran a escaparse mientras observaba el hueco que tenía en su clavícula, examinándolo e imaginando que lo que quedaría bien ahí sería una serpiente... No me acerqué más para ver y tocar porque ya había visto que lo suyo no eran las distancias cortas así que me limité a escuchar sus excusas poniendo los ojos en blanco. Si no quería hacerse el tatuaje tan solo tenía que decirlo, no era tan difícil, porque tiempo teníamos de sobra, no iba a tardar tanto en diseñarlo porque lo haría sobre la piel y así me encargaría de que no desentonara con el resto de tatuajes que tenía en el pecho...Y lo que tenía pensado pedirle no era demasiado, ni siquiera para él, así que lo que dijo no eran más que excusas pero decidí no decirle nada porque pasaba. Si no quería, allá él. No tendría una oferta mejor que la que yo le iba a hacer, eso seguro. Tampoco le gustó la idea de coger a los geckos porque no le gustaban las cosquillas (y por lo poco que lo conocía no me sorprendía en absoluto) pero sí quería escuchar como “gritaban” por lo que no dudó en acercarse demasiado y rápidamente para lograr que se sintieran amenazados y chillaran como solo ellos sabían... Con un sonido parecido al que yo misma emitía cuando era menos humana y que me hizo sonreír. En cuanto vieron que él no iba a cogerlos y yo los acaricié un poco para calmarlos volvieron a corretear por mis brazos y mi cuello tranquilamente, mucho más calmados. Justo en ese momento Dante me devolvió a Ivory y la dejé en su terrario con el resto de serpientes y esta vez si que lo cerré.

Me tomé unos segundos para acariciar un poco a todas las serpientes, saludándolas y aprovechando que le daba la espalda a Dante, siseando y diciéndoles que se portaran bien antes de cerrar su terario. En cuanto me giré me encontré a Dante cruzado de brazos, mirándome y yo alcé una ceja, como preguntándole qué quería. Y en seguida resolvió mis dudas preguntándome cuál sería el pago por su tatuaje, ladeando la cabeza como si fuera un perro o in gato y poco después quiso saber si tanto se le notaba que quería volver a tatuarse. Yo sonreí y me encogí de hombros mientras iba camino al terrario de los geckos para guardarlos. - ¿Predecible? No, más bien ha sido mi instinto de tatuadora. Vamos, eres un chico lleno de tatuajes y yo misma sé lo que engancha eso, estás hablando con una tatuadora que has visto que lo hace bastante bien... Es lógico que te intereses por saber si podría hacerte algo, ¿no? Vamos, digo yo... – me encogí de hombros y cogí a los geckos que seguían correteando por mi cuerpo para dejarlos en su terrario, todos empezaron a quejarse y a decirme que querían seguir jugando y, de nuevo, aproveché que le daba la espalda para decirles que luego los sacaría un poco más. Les eché un poco de comida sin siquiera tocarla ya que eran un par de grillos y unos gusanos y cerré el terrario, dejándolos comer tranquilos porque sabía que así se olvidarían de que querían jugar. Me giré de nuevo y me acerqué a Dante, tanto, que apenas nos separaban unos milímetros. - Solo te pido una cosa como pago... Un beso. Por sesión. - medio sonreí, divertida por la cara que puso y me encogí de hombros, aprovechando para bajarle el cuello de la camiseta y acariciar la zona de su clavícula, justo la que aún estaba del color de su piel. - Podría diseñarlo directamente sobre la piel y así ahorramos tiempo y así nos aseguramos que quede bien con el resto... Si quieres hacerlo en varias sesiones puedo empezar hoy sin problemas, en una hora como mucho estaría terminado si solo tengo que hacer las líneas, si también quieres sombreado una hora y media y con color quizá dos y media...

Volví a apartarme un poco de él, escuchando justo detrás de mí a Jörmund que acababa de entrar en la habitación y empezaba a reptar por mis piernas enroscándose en mi cuerpo y siseando, diciéndome lo mucho que no le gustaba aquel “gato” y que tenía hambre... Una indirecta como cualquier otra para decirme que si se enfadaba o si Dante se pasaba no iba a dudar en comérselo. Pues qué bien. Dejé que Jörmund volviera al suelo, busqué la jaula donde tenía los hamsters y solté uno en el suelo, que salió huyendo por la casa y Jörmund empezó a perseguirlo como un loco para comérselo, saliendo de allí y volviendo a dejarnos solos. Mucho mejor. - Jörmund no se fía de ti. Intenta no hacer nada que pueda utilizar como excusa para que intente comerte, ¿vale? No creo que pudiera pararlo si se empeña en ir a por ti. – me encogí de hombros y volví a acercarme a él, tomándome más confianzas que hasta entonces al ponerme de puntillas (porque mira que era alto el maldito) y mordiéndole la mejilla de manera juguetona, con mi cara quedando muy cerca de la suya. - Entonces, ¿Te animas o no te atreves? Tu mandas, Dante, así que decide. - mordí su labio inferior, estirando de él mientras lo miraba a los ojos. Por Odín, llevaba con ganas de hacer aquello prácticamente desde que lo había visto y ahora no quería dejar de morder sus labios... Si los tatuajes eran adictivos mejor no hablar de sus labios. Tuve que separarme de él, no por miedo a que me apartara de mala manera (que también) sino porque si me quedaba tan cerca corría el riesgo de no dejarle hablar y ponerlo contra la pared, comerle la boca, quitarle la ropa y... Bueno, hacer aquello con cientos de ojos fijos en nosotros y siseos de fondo sería bastante incómodo, la verdad. Por una vez, había tenido suerte. Me limité a recogerme el pelo detrás de la oreja y a mordisquear mi labio inferior mientras esperaba a que decidiera... Porque, ¡joder! Ahora quería tatuarlo... Pero sobre todo, ¡quería besarlo!

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Mar Abr 16, 2013 7:48 am

Durante toda mi vida, había vivido las suficientes experiencias, normalmente malas, para saber que todo el mundo quería algo a cambio de cualquier cosa que hiciera y que cuando la gente era mala solía ser mala señal. Había excepciones, sí, y yo mismo había conocido a una de ellas siendo apenas un niño, pero desde que ella había muerto había dejado de creer en la bondad de la gente... Y, normalmente, no solía equivocarme. Con Katerina aún no sabía si estaba en un error al no confiar en la bondad de sus intenciones, pero lo que ella me había pedido a cambio de tatuarme me parecía, a la vez, mucho y muy poco. Dejando al margen que fuera tan propio de ella, al menos de lo poco que la conocía, que me reprendí a mí mismo por no haberlo pensado antes, era mucho pedirme a mí, que odiaba el contacto físico con la gente a no ser que fuera extremadamente necesario, no de vida o muerte pero casi, y era poco porque tenía que gustarle mucho su trabajo para hacer un tatuaje que sería grande, probablemente, por tan poco... Eso o que le gustaba yo, pero ni siquiera me conocía, así que seguramente sería por lo de su trabajo. Aun así, algo no terminaba de olerme bien, y entre eso y que difícilmente podía pensar cuando ella se me acercaba tanto...

Hacía años, desde Cinzia, que no estaba con ninguna mujer, y no lo echaba de menos porque ni siquiera me acercaba a ellas, normalmente, para que no fueran una tentación. Sin embargo, Katerina era capaz de ignorar que yo estuviera rígido e incómodo para mordisquearme a sus anchas y lograrse con la suya (estando en una habitación como en la que nos encontrábamos, yo a eso lo llamaría lagartear), además de para lograr que me sintiera con más ganas de irme que antes. Seguramente no se tomaría bien que, de pronto, yo dijera que tenía que hacer cualquier cosa y me largara, sobre todo porque ya le había dicho antes que no tenía nada mejor que hacer que ir al concierto con ella, y si algo sabía yo de la mentira era que tenía que ser consecuente con los actos. Llevaba tanto tiempo ocultando al verdadero Angelo que ya aquellas cosas me salían (normalmente y cuando no me lagarteaban) sin pensar, así que en el campo de la mentira era tan fiable como, qué sé yo, Dante Alighieri escribiendo, o quizá no tanto pero me acercaba. Mentir con las palabras era mucho más sencillo que mentir con mi cuerpo, y no había necesitado hacerlo tan intensamente nunca precisamente porque no dejaba que nadie se acercara lo suficiente, así que opté por la costumbre y por hacer lo que más cómodo me haría sentirme: retroceder un poco.

Pareció como si, de pronto, el aire volviera a correr entre nosotros y me refrescara la mente lo suficiente para pensar con claridad y abandonar el embotamiento al que había estado antes expuesta. Me di cuenta de que jamás volverían a hacerme una oferta tan buena, y dado que mi intención iba a seguir siendo la de tatuarme (en eso tenía razón, era adictivo) y mi economía iba a seguir estando tan mal como aquel momento mientras no encontrara trabajo, cosa que veía bastante mal, no me quedó más remedio que acceder.
– Puedes delinearlo, si eso... Sé que tenemos tiempo, pero no estoy seguro de que vaya a aguantar bien el dolor de que te estés mucho rato más que eso con la aguja, así que prefiero empezar por ahí. – acepté, aunque parte de mí (la paranoica, esa que tan viva estaba siempre que hablaba o pensaba cualquier cosa, ya fuera como Angelo o como Dante) no se terminaba de fiar. ¿Y si después del beso me pedía otra cosa que no sería capaz de darle? Porque, vale, con un beso tenía mis reservas pero podía dárselo si la cosa se ponía chunga, pero no quería nada más... y ella parecía tener exactamente eso en mente, o a lo mejor era sólo mi impresión, pero por lo que había visto de ella hasta aquel momento lo dudaba bastante.

Además, esa era otra, ¿cómo se suponía que iba a valerle con un beso si hacía años que no besaba a una mujer? También era verdad que lo de los besos lo había practicado más que el sexo, pero no dejaba de tener la misma experiencia que el adolescente que se había encaprichado de la mujer más peligrosa de su ciudad a largo plazo, así que a lo mejor eso redundaba en mi contra y ella me hacía pagarlo, o algo... No podía evitar ser paranoico, era lo que me había mantenido vivo y libre de la policía hasta aquel momento, y a veces eso se convertía en un problema, pero esa no era una de las veces porque tenía mis motivos de bastante peso. No quería contraer una deuda con ella a la que no podía hacer frente, y tampoco quería arriesgarme de ninguna manera, pero el estúpido deseo que tenía de tatuarme había hablado por mí, y así estaba... jodido.
– No quiero que me coma una serpiente, la verdad, y mucho menos una tan grande como Jörmund... – comenté, sin poder evitar dirigir la mirada hacia donde ella había convencido con comida a su serpiente para que se fuera y, en el fondo, temiendo que volviera.

No tenía problemas con animales del tamaño de Ivory, ni tampoco con serpientes más o menos domesticadas (o bajo control, como ella parecía tener a las suyas), pero Jörmund me provocaba un respeto irracional que no terminaba de gustarme... como no me gustaba nada que supusiera someterme a cualquier autoridad. ¿Qué podía decir en mi defensa? Me gustaba ir por libre, lo había hecho desde que había sido un crío sin que nadie se molestara en absoluto por lo que hacía o dejaba de hacer en mis muchas excursiones, y me había acostumbrado a tener libertad para que, después, me la arrebataran, así que aprovechaba ocasiones como aquella que me había brindado escaparme de Italia y construirme una nueva vida, por precaria que fuera, para hacer lo que quería... entre lo que se encontraba tatuarme. Ese era otro de los motivos por los que, al final, había terminado aceptando.
– ¿Dónde tienes pensado hacerlo? El tatuaje, quiero decir. ¿Lo otro supongo que da igual...? No sé... – pregunté, de pronto muy incómodo y descubriendo, nada más dejar de hablar, lo sumamente interesantes que eran las punteras de mis zapatillas, a las que miré con tal de no tener que enfrentarme a ella y su mirada.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Jue Mayo 09, 2013 11:58 pm

Para mi gran sorpresa, pues ya daba la batalla por perdida, Dante aceptó finalmente mi oferta de tatuarlo aunque tan solo accedió a que lo delineara porque quizá no soportara el dolor. Lo entendía perfectamente, había muchas personas que no soportaban la aguja más de cinco minutos y otras, como yo, que podían pasarse horas con la aguja recorriendo sus cuerpos y no me molestaba absoluto pues cuantas más sesiones tuviéramos que hacer, más besos suyos tendría y eso me ponía de buen humor. No pude evitar reírme, sin embargo, por su comentario sobre Jörmund y me encogí de hombros, con expresión inocente. - Tranquilo, no dejaría que te comiera, no quiero quedarme sin mis besos, ¿sabes? - bromeé, divertida, sobre todo por la cara que puso en aquel momento como si realmente pensara que hablaba en serio. Puse los ojos en blanco pero antes de tener tiempo de volver a hablar él me preguntó dónde pensaba tatuarlo, poniéndose de repente muy incómodo al mencionar el tema del beso, mirando al suelo y consiguiendo que lo mirara mordiéndome el labio inferior, sin poder creerme lo que veía. ¿Podía ser cierto que aquel chico que parecía tan duro y peligroso fuera realmente tan tímido e inocente como parecía en aquel momento? No lo sabía, de hecho, no podía saberlo y era consciente de que las apariencias engañaban pero no sabía hasta qué punto era así con él.

-Tengo un estudio-barra-habitación de invitados donde tengo mis cosas para tatuar, la idea era hacerlo allí. Ven, te lo enseñaré. - lo cogí de la mano, consiguiendo así que dejara de mirar el suelo, y lo saqué de la habitación de los reptiles para llevarlo a otra, bastante alejada de aquella, en cuyo centro había una cama bastante grande (aunque no tanto como la mía), con un par de armarios, un espejo de cuerpo entero junto a la mesilla de noche que había junto a la cama, guitarras en sus fundas y un escritorio casi tan grande como la cama además de un sillón de cuero negro reclinable, perfecto para los tatuajes. Justo en la pared en la que estaba apoyado el escritorio había un enorme corcho lleno de plantillas de tatuajes de todos los tamaños, tipos y estilos, dibujados y tatuados por mí o en mí. - Pues aquí es. El plan es que te sientes en aquel sillón y te tatúe ahí. Ese escritorio es donde suelo trabajar aquí en casa y ahí ves varias de mis guitarras, también tengo un piano en otra habitación... - me encogí de hombros y me acerqué al escritorio, cubrí el sillón con papel de cocina y preparé rápidamente las tintas, la vaselina y las máquinas, tan rápido, que no debió de darle tiempo a pensárselo de nuevo. Volví a por él y lo senté en el sillón y yo me senté sobre él, a horcajadas, antes de quitarle la camiseta y coger un rotulador rojo y otro negro con los que empecé a dibujar sobre su piel. - Si voy tan rápido es porque no quiero que cambies de idea... Tengo muchas ganas de tatuarte, hace mucho tiempo que no hago serpientes y me encanta. - me encogí de hombros y lo miré, mordisqueando el rotulador. - Además, quiero mi pago. - le guiñé un ojo y solté una risita por lo incómodo que parecía. - No tardaré demasiado en hacer el boceto sobre tu piel, así que en cuanto termine, te miras y si te gusta empezamos, ¿vale?

Y sin esperar siquiera una respuesta continué dibujando concentrada, primero, siguiendo las lineas de su cuerpo para que la serpiente se adaptara a él y al espacio libre que tenía en su piel, y una vez obtenida la forma deseada, poniéndome con los detalles, haciendo las primeras líneas en rojo y las definitivas en negro para que resaltaran más y cuando estaba casi terminado el boceto lo miré de nuevo. - Por cierto, ¿prefieres pagar antes o después del tatuaje? - me mordí el labio inferior y bajé la mirada porque no me había dado cuenta de que estando así, podía besarlo cuando quisiera y no, no podía, tenía que trabajar... Pero era difícil tener la miel tan cerca de los labios y no probarla. Terminé por fin las líneas básicas y los detalles mínimos que podía tener el boceto de la serpiente y tapé los rotuladores. - Listo, ya puedes ir a ver si te gusta. – me aparté de encima de él y dejé que se levantara mientras yo me recogía el pelo y me ponía las gafas de pasta negras y blancas que siempre usaba para tatuar, ya no tanto porque las necesitara, sino porque no me gustaba forzar la vista y podía dar dolores de cabeza muy grandes tras pasar horas tatuando. Sin más, me limité a esperar su veredicto antes de ponerme los guantes por si quería que cambiara algo o... lo que fuera. Pero esperaba que le gustara, me había empleado al máximo y tenía muchísimas ganas, tanto de tatuarlo, como de besarlo... Solo esperaba que mereciera la pena la espera... O si no, bueno, al menos haría un tatuaje divertido y jodidamente interesante. Había que mirar siempre el lado bueno de las cosas y aunque pareciera mentira, yo era experta en hacerlo y eso era tan cierto como que se me daba de pena mentir... Por eso ya ni lo intentaba.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Miér Jun 05, 2013 1:13 am

Aún no tenía muy claro dónde me había metido. Cuando le había quitado la cartera, lo último que había pensado es que no sólo terminaría devolviéndosela, sino que acabaría siendo tatuado por ella en su casa algo que llevaba tiempo queriendo hacerme como era una serpiente, y no me gustaba. No tener las cosas bajo control significaba que podía ponerme más en peligro, pero con ella no parecía correr el riesgo ya que lo único que me había pedido a cambio era un beso por sesión. Ese precio, que normalmente estaría más que dispuesto a pagar, sabía que me costaría dárselo porque ella iba muy lanzada y yo no quería nada salvo que me tatuara... La última vez que me había acercado a una chica con intenciones de más de eso había terminado encerrado en el loquero, y por eso no sabía cómo actuar con ella. Pese a que no tenía por qué querer denunciarme y ni siquiera sabía quién era, no podía evitar sentirme incómodo y estar a la defensiva, ya que eso podía evitarme errores como los que, hacía tiempo, me habían llevado a huir de Milano. Y ella o bien no lo notaba, que lo dudaba, o le daba igual porque quería besarme o tatuarme, o quizá ambas cosas, no lo sabía, pero lo ignoró vilmente mientras me llevó a una habitación con un sillón donde me tatuaría, algo que agradecí.

Si a mí ya me costaría, entre la incomodidad y lo que me dolería, tatuarme, ella con su velocidad contribuía a que se pasara todo algo más rápido, y era todo un detalle pese a que, seguramente, lo hiciera sin ser muy consciente de que lo hacía. Yo no sabía mucho de eso, pero me parecía que tanta energía no podía ser normal, aunque quizá simplemente era muy activa y ya estaba. Desde que me habían encerrado, había tendido a aumentar mi interés por las enfermedades mentales y otras cosas, sobre todo por ver si podía haber una cura que me impidiera ver monstruos de vez en cuando, y entre eso y toda la jerga psiquiátrica que había escuchado algo sabía, pero no tanto para juzgarla. Había conocido a gente que era puro nervio, sobre todo en un país como Italia, donde lo raro, incluso en el norte, era ser tan reservado como lo era yo desde que tenía memoria, así que por mucho que ella fuera noruega bien podía ser que fuera tan impulsiva, de hecho me lo creía por lo que había visto de ella. Y, si no me lo creía, lo hice cuando ella se sentó sobre mí para dibujar el boceto.

– No... no creo que me arrepienta, no suelo hacerlo con los tatuajes... De lo contrario, estaría bastante jodido porque tengo demasiados para que eliminarlos sea una opción. – intenté bromear, y más o menos funcionó porque me distraje lo suficiente para que ella dibujara el boceto y yo pudiera pensar en el beso. Era contraproducente que lo hiciera con ella encima, lo sabía, y el esfuerzo de voluntad que tuve que hacer para mantenerme como estaba fue enorme, tanto que incluso me vi obligado a pensar que estaba besando a, qué sé yo, una fea estatua de metal y no a una chica tan guapa como era Katerina. Eso me ayudó, y decidí que lo mejor era dárselo después, porque si ya me iba a costar aguantar el tatuaje, lo último que necesitaba era empezar a tatuarme en tensión después de darle un beso para el que me tendría que controlar mucho. – Creo que lo mejor es que te pague después. Supongo que tendrás que confiar en que no me vaya sin besarte. – comenté, medio en broma medio en serio, y en cuanto reaccioné me levanté y fui a ver el boceto que me había dibujado.

Aunque ya había visto fotos de sus tatuajes, tanto antes como ahora en la habitación, la verdad es que el boceto me encantó y sorprendió a partes iguales. Katerina dibujaba muy bien, y había sido capaz de meter la cantidad justa de detalle para que el diseño, como debía pasar cuando te hacías un tatuaje, te enamorara a primera vista, ya que no cabía el arrepentimiento, mucho menos cuando, como en mi caso, no podría siquiera permitírmelo. Por eso, enseguida volví a la silla y me senté de nuevo, aunque lo hice algo más relajado que antes, ya que al menos respecto al dibujo no tenía mis dudas.
– Es perfecto, Katerina. Te agradezco mucho todo esto. Me costó mucho, seguramente más de lo que ella pensaba, dar las gracias. No era muy dado a reconocer esa clase de gestos, sobre todo porque nadie solía tenerlos conmigo, y era demasiado orgulloso para no considerarlos como limosna, pero ella no sabía nada de mí y no tenía por qué habérselo tomado como tal. Me parecía tan sincera que, al menos respecto a eso, decidí serlo yo también, ya que no me perjudicaba decirle la verdad en esas circunstancias y respecto al tatuaje. Además, quizá si la halagaba le salía mejor... Ese era el efecto que solían tener los halagos, según la gente, ¿no?

– Aunque intente relajarme sé que esto me va a doler, siempre es así. – comenté, mordiéndome el labio inferior antes de mirarla. – Supongo que ayudaría que me distrajeras hablando, o algo así. Habitualmente ha funcionado tener algo más en lo que centrar mi atención para no montar ningún espectáculo. – finalicé. Si había algo que odiaba aún más que agradecer las cosas, pedir perdón o que me tuvieran lástima eso era pedir favores, y por eso había intentado que sonara como una sugerencia, más que como algo que le pedía. No sabía si había tenido ese efecto, sobre todo porque ella era tan impredecible que lo mismo pensaba que estaba abusando, no lo sabía, pero si lo cumplía se lo agradecería... Me encantaba llevar tatuajes pero odiaba el dolor que me causaba hacérmelos, algo contradictorio pero no por ello menos real, así que si tenía que hablar para que doliera menos lo haría, no me importaba, ya que a fin de cuentas, ¿qué importaba cuánto dijera si todo iban a ser mentiras porque no podía ser de otra manera?

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Sáb Jun 08, 2013 9:36 pm

Tras haber visto un poco más de él y escuchar lo que pensaba con respecto a los tatuajes tenía que reconocer que me gustaba mucho como era el chico en ese aspecto. Le gustaban los tatuajes, debía estar casi cubierto por completo y no se arrepentía de ninguno de ellos, algo muy importante teniendo en cuenta que son para toda la vida... Y que borrarlos cuesta aún más dolor y dinero que hacerlos. Lo cierto es que no sabía nada sobre sus muchos tatuajes pero tras un tiempo en ese mundillo aprendes a no hacer demasiadas preguntas sobre ellos porque mucha gente puede llegar a incomodarse, las personas podían llegar a tatuarse por razones tan profundas, emocionales y personales que preguntar qué significaban sus tatuajes podía llevar a un momento demasiado incómodo y por eso ni siquiera me había propuesto preguntarle a Dante si sus tatuajes tenían algún tipo de significado o simplemente le gustaban... Como mi primer tatuaje, el del cuello, que con los años, quizá, empezaba a adquirir algo más de significado al igual que la mayoría de los que llevaba que, pese a que muchos no significaran nada al final terminaban por hacerlo y eso solo hacía que me gustaran aún más. En cuanto a lo de tener que esperar por el beso, no sabía hasta qué punto era buena idea y no pude evitar hacer una mueca en cuanto se levantó para mirar el boceto ya que no quería estar más concentrada en el beso que en el tatuaje pero tendría que intentarlo... Y más aún cuando yo misma notaba que estaba algo hiperactiva en aquel momento. A Dante le encantó el tatuaje y mi sonrisa fue aún más amplia una vez me hube sentado de nuevo sobre él, alcé una ceja con su “sugerencia” de hablarle mientras lo tatuaba y asentí.

- Puedo poner música, si quieres. No suelo callarme ni aún cuando tatúo así que no creo que haya ningún problema en ese aspecto y si te duele mucho me dices que pare y te masajeo un poco la zona para calmarla. - me encogí de hombros y me quité uno de los guantes, cogí mi móvil y puse música de fondo, no demasiado alta para que pudiéramos escucharnos si hablábamos y dejé que el aleatorio se encargara de todo, esta vez, sonando mis queridos Mayhem desde el principio. Una vez puesta la música, volví a ponerme el guante y cogí la pistola de tatuar, mojé un poco de tinta negra y cogí vaselina con un dedo que, antes de nada, le puse por la zona. - Allá vamos, te prometo que no tardaré mucho. – y llevé la aguja a su piel y empecé a tatuarlo con calma, dándome cuenta, por la postura en la que me encontraba, de la tensión en su cuerpo en cuanto la aguja había entrado en contacto con su piel. Fruncí el ceño sin dejar de tatuarlo concentrada. Al parecer el chico no mentía cuando decía que lo pasaba bastante mal con los tatuajes y yo le había prometido que no iba a tardar así que lo cumpliría pero, para hacerle más ameno el rato, decidí hablarle como él me había pedido. - No soy mucho de contar cosas y menos sobre mí pero creo que hasta tú te has dado cuenta de que soy hiperactiva, ¿no? - sonreí, alzando la mirada unos segundos para encontrarme con la suya y seguir con el tatuaje, que estaba yendo bastante bien. - Es algo que tengo desde pequeña y lo descubrieron por el deficit de atención que viene unido a la hiperactividad... Odio las malditas pastillas, desde siempre, y en cuanto tuve un poco de uso de razón las dejé porque no me gusta tomar nada si no es estrictamente necesario, como las anti baby, así que descubrí que si hacía cosas que me gustaban o interesaban no me aburría tanto ni me ponía tan hiperactiva y eso fue lo que me llevó a tatuar. - eso y tirarme a un vikingo tatuador... pero no creía que eso fuera de su incumbencia y mucho menos cuando se ponía tan... ¿Tímido? Hablando de determinados temas.

Me parecía extraño y peculiar que no fuera como todos y cada uno de los hombres a los que me había encontrado en mi vida, quizá era cosa mía, que atraía solo a los salidos que no buscaban más que sexo (como si hiciera falta algo más para ser feliz) pero el caso era que, si bien no iba a dejar de comportarme como siempre porque yo era así, este chico me hacía no saber muy bien qué decir o cómo actuar. Acababa de conocerlo, no podía contarle mi vida y no me gustaba demasiado hacerlo pero tampoco sabía mentir así que tenía un dilema que esperaba que se resolviera pronto porque yo había seguido tatuandolo y le dolía bastante, las líneas básicas eran sencillas pero el tatuaje era grande y aún me quedaba un poco y no podía ir más rápido así que esperaba que se me iluminara la cabeza mientras, de fondo, sonaba una canción algo más lenta que, inconscientemente, comencé a cantar aún intentando pensar en qué decirle. - ¿Por qué te cuesta tanto lo de los besos y esas cosas? Ya sé que no es de mi incumbencia pero no se me ocurre nada más que preguntarte ahora mismo y me has pedido que te hablara para no morir de dolor así que... Lo siento si me meto donde no me llaman pero, ¿es que has tenido alguna relación tormentosa y has salido mal parado? Porque eso pasa más a menudo de lo que piensas... La mayoría de tios que conozco han tenido de esas a patadas y... - me los he tirado a todos porque buscaban exactamente lo que yo podía ofrecerles. De nuevo, otra cosa que no podía decirle de buenas a primeras si no quería asustarlo y más teniendo en cuenta que me debía un beso que esperaba con ansias ya que tenía ganas de ver si lo de su pinta de malote-tímido que es una fiera en la cama era cierta y sí, eso podía saberse solo con un beso aunque a veces no era suficiente... Y esperaba que esta lo fuera. - Yo nunca he salido con nadie así que tampoco puedo darte consejos, simplemente, que mejor solo que mal acompañado, ¿no? Lo cierto es que soy pésima en esto de las relaciones, digamos que soy un poco más... Impulsiva. – me encogí de hombros y seguí a lo mío, retirando la tinta sobrante con servilletas y limpiando un poco el estropicio que se montaba en su piel entonces para poder ver lo que hacía y es que me gustaba repasar las líneas bastante porque así, con el tiempo, el tatuaje parecía como el primer día y pese a que ahora pudiera estar acordandose de toda mi familia, estaba segura que algún día me lo agradecería.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Jue Jun 13, 2013 6:57 am

Ni siquiera tuve tiempo de responder a la propuesta de la música porque, más rápido de lo que había previsto o desearía, llegaron los pinchazos. Había escuchado que a cierta gente tatuarse le parecía relajante, casi terapéutico, pero yo no podía olvidar que eran agujas clavándose miles de veces en mi piel, hiriéndola para que la tinta penetrara y así el dibujo quedara bien hecho, y eso me dolía... me dolía demasiado. Por eso, más que en decir sí o no me centré en cualquier otra cosa que me alejara de las agujas e incluso de su sonido vibrante, algo que inevitablemente enlazaba con el dolor del tatuaje que me estaba haciendo. Era como esos que, cuando se queman, no dejan de pensar en fuego, llamas y carne dolorida; si no me distraía, acababa volviendo inevitablemente a lo que me estaba haciendo tanto daño en primer lugar, y por eso la escuché como a poca gente había escuchado a lo largo de mi vida. Seguramente, sólo Natalia se había merecido semejante atención y sin nada de dolor de por medio, al menos para asegurarse de que yo la estaba oyendo cuando me hablaba, y sin embargo ahí estaba Katerina, hablándome para evitar que maldijera a todos sus muertos en dialecto milanés. Si el italiano sonaba bonito y musical (porque era un hecho, aunque en mí no soliera sonar así), mi dialecto se parecía bastante a idiomas nórdicos, al menos en cuanto a sonoridad, así que no le recomendaba escucharme utilizarlo... ni tampoco quería llegar yo al límite de hacerlo.

– Había notado que no parabas quieta, y la opción de la hiperactividad me parecía probable, pero me parecía mal preguntar. – respondí, sinceramente y sin pensar. De la misma manera que odiaba hablar de mí mismo, tampoco me gustaba meterme en la vida de los demás, y mucho menos ser yo quien preguntara por esa clase de detalles que no me incumbían. Había aprendido que si no decías mucho de ti mismo, la gente solía asumir lo peor, un pasado traumático, o timidez excesiva, y no solían hacer preguntas ni, tampoco, dar demasiado de ellos a cambio. Eso, que a mí me gustaba porque me permitía no enredarme emocionalmente con nadie (con los problemas que me había traído cada vez que lo había hecho, lo último que quería era acercarme más a nadie de lo que era estrictamente necesario), al parecer Katerina no lo compartía, puesto que me estaba contando cosas de ella... aunque, al parecer, tampoco era como si yo fuera especial, sino que simplemente lo de mentir no era lo suyo. Esa era la impresión que me daba, al menos.
– Supongo que lo de las pastillas tiene que ser un asco...

Incluso aunque se tratara de alguien a quien conociera, no habría dicho la verdad, que entendía perfectamente su rechazo a medicarse de cualquier manera. Era algo demasiado personal, y también demasiado doloroso desde que había estado en el psiquiátrico y me obligaban a estar constantemente colocado para que, así, pudieran tratarme... aunque ni por esas. Decían que yo era conflictivo simplemente porque cuando me habían encontrado había sido por una pelea, la primera importante en la que me metía de adulto, y eso había determinado que no hubiera absolutamente nadie que creyera que, si me dejaban en paz, podía ser pacífico... así que me recluían y me daban calmantes y electroshock, por mucho que lo odiara. Lo que sí bastaba para atajar mi esquizofrenia, calmantes, era algo a lo que no me gustaba recurrir, tanto por los recuerdos como por los efectos secundarios que tenían y que notaba casi inmediatamente después de tomar las pastillas, así que la entendía... pero no iba a decírselo. A veces me costaba admitir en voz alta, para mí, el tiempo que había pasado encerrado, ideando un plan para escaparme, así que contárselo a alguien más, a quien encima ni conocía, estaba fuera de toda posibilidad, por mucho que la necesidad de distraerme del dolor del tatuaje me hiciera hablar casi sin pensar.

– En Italia suelen ser cálidos, pero en el norte somos más fríos, quizá es por eso. También hay más... tuve una mala experiencia, no es algo que me guste recordar, pero supongo que también influye en que no quiera repetirla bajo ningún concepto. – admití, e inmediatamente después apreté la mandíbula porque tenía la impresión de haber dicho más de lo que debía. ¿Qué me pasaba? Parecía que solamente con que me dijera que me entendía en ciertas cosas y fuera sincera (no podía no serlo y decirlo para contentarme, ya que ni me conocía y además había sido ella quien había sacado el tema) yo ya me abría, y no... Mi vida era mía, únicamente, y no confiaba en nadie lo suficiente para contarles más de lo necesario y que podían ver cuando me conocían como Dante.
– Tienes razón, Katerina. Mejor solo que mal acompañado. Y tu alternativa, la impulsividad, es tan válida como la mía de no querer implicarme. – añadí, y entonces ella apartó la pistola porque, al parecer, ya había terminado la parte que podía tener lista en aquella sesión. Eso significaba que me tocaba besarla, y la perspectiva me hizo sentir un nudo en el estómago por la incomodidad y el nerviosismo tan grandes que casi ni me alegré por el fin del dolor, al menos por aquel día.
– Espero que no seas muy dura conmigo y juzgando el beso, hace tiempo que no lo hago y... eso. – finalicé, bajando la mirada a cualquier sitio que no fuera ella, ya que ayudaba a hacerme sentir incómodo sin, seguramente, pretenderlo siquiera.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Mar Jul 02, 2013 3:12 am

Definitivamente, Dante me dejó claro con sus palabras que no tenía la más mínima oportunidad con él. Lo cierto es que aún tenía esperanzas de que, con el beso, eso cambiara porque después de todo la esperanza era lo último que se perdía pero había sido como si Dante supiera exactamente lo que estaba pensando, que podríamos... No sé, pasarlo bien juntos o algo así y de golpe quiso que me olvidara de eso mencionando su frialdad que contrastaba con la del resto de italianos que había conocido (y que por mucho que el dijera que era por eso dudaba que solo hubiera conocido italianos del sur) y a una ex que le había dejado tan mal sabor de boca que no quería repetir la experiencia y por si con eso no me quedaba lo suficientemente claro lo de no querer implicarse ya lo aclaraba del todo. Suspiré, sin pensar demasiado en aquello porque ya estaba a punto de terminar el tatuaje y en cuanto lo hice aparté la pistola de su piel y me limité a limpiar el tatuaje por completo mientras él comentaba lo del beso, alcé una ceja y le puse un poco de vaselina en todo el tatuaje para que aguantara un poco más sin que le picara. - ¿En serio hace tiempo que no lo haces...? - le aparté un poco el pelo de la cara y así conseguí que me mirara a los ojos, le sonreí divertida y me encogí de hombros antes de negar con la cabeza. - No me lo creo, tienes pinta de ser un rompecorazones, Dante. Que no quieras implicarte no supone que tengas que meterte a cura, ¿no? Porque créeme, sería todo un desperdicio... - comenté, bajando las manos por su pecho y acariciándolo con más cuidado de lo que acostumbraba, siempre, para que no se levantara de golpe y me tirara ni nada por el estilo porque en la posición en la que estábamos podría hacerme daño así que una vez llegué con mis manos a la zona del ombligo las aparté de él antes de levantarme y señalarle el espejo. - ¿No quieres ver cómo ha quedado antes? - sonreí ampliamente, dejándole un poco de tiempo para concienciarse y, de paso, ver lo mucho que merecía la pena un beso por semejante obra de arte que había hecho en su piel.

Mientras él se levantaba e iba a verse al espejo yo no pude evitar echarle un vistazo a su espalda, ancha y fuerte y a su culo y antes de que pudiera decir o hacer algo más me acerqué a él, lo cogí del pelo e hice que girara la cabeza para besarme. Le metí la lengua hasta la campanilla y acaricié la suya, intensificando el beso y empleándome al máximo... Pero fue inútil. Me aparté de él con el ceño fruncido y lo miré entre molesta, sorprendida y frustrada. ¿Por qué se quedaba rígido? ¿Por qué no me devolvía el beso? Ni me planteaba que no le pareciera guapa o sexy porque eso no tenía discusión y por ello no tenía ni idea de qué mosca le había picado o por qué se comportaba así... ¿Podía no haberle gustado el tatuaje y por eso no me besaba? - ¿Pasa algo...? ¿No te ha gustado el tatuaje o...? – no se me ocurría que más podía ser por lo que no dije nada más y me limité a mirarlo, esperando su respuesta aunque como tardó en llegar y como yo estaba empezando a impacientarme bufé (más bien siseé, conteniéndome lo suficiente como para no mostrar mi lengua de lagarto) y negué con la cabeza. - Si te piensas que me voy a contentar con que te dejes robar un beso la llevas clara... Se supone que eres tú el que tiene que besar o, al menos, devolver el beso. No me gusta besar a un maldito trozo de hielo que ni siente ni padece y se queda rígido hasta que me de por separarme... Para eso me vuelvo a Oslo. - solté, encogiéndome de hombros y mordiéndole la mejilla, apartándome un poco de él y poniéndome a recoger todo lo que había usado para el tatuaje. Si conociera mejor a Dante aprovecharía la tinta y las agujas utilizadas y quizá me haría algo pero no me fiaba de que no tuviera... No sé, cualquier cosa. - Siento haberme puesto así... Yo... No sé, no estoy acostumbrada a que me digan que no, ¿sabes? No es que sea una caprichosa y siempre tenga lo que quiero, de hecho suelo pasarlas putas para llegar a fin de mes la mayoría de las veces pero con los hombres suelo tener más suerte... - me giré para mirarlo y justo después tiré las servilletas, las tintas usadas, las agujas, todo lo que ya no servía y limpié las pistolas de tatuar antes de guardarlas y apartarlo todo, sentándome en el sillón en el que había estado él hacía unos minutos. - En fin, ¿volvemos a intentarlo, cielo? – sonreí, mordisqueándome el labio inferior, esperando no haber sido demasiado brusca o idiota... Cosa que probablemente había sido. En fin, ¿qué podía decir? No me sentaba muy bien que me rechazaran y, al parecer, con aquel chico lo llevaba claro... Quizá por eso me atraía tantísimo. O quizá aquello solo era una razón más.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Mar Jul 02, 2013 7:55 am

Por mucho que lleváramos un rato hablando de besos y, en general, de mi sosa vida sexual (al menos comparada con la suya, que parecía estar más transitada que la Plaza de San Pedro del Vaticano cuando había cónclave), su beso me cogió totalmente por sorpresa, y ese fue el motivo por el que no se lo devolví. O, al menos, fue uno de los motivos, ya que por mucho que hubiéramos llegado al acuerdo y fuera el mejor al que podía aspirar en mis circunstancias, seguía sin gustarme la idea de besar a una extraña a la que apenas conocía. Eso me recordaba demasiado a Cinzia; Katerina, en general, no lo hacía, pero a veces tenía puntos que, aunque no quisiera, me obligaban a recordar, y eso no me gustaba nada, sobre todo si tenía que besarla, pero no podía evitarlo, y no pude evitar tampoco retroceder un paso cuando ella me llamó cielo. ¿Lo había hecho a propósito? Cielo, amore y otros derivados era lo que ella solía llamarme siempre que me veía, aunque no era por mí, sino porque se lo llamaba a todo el mundo, igual que también liaba a todo el mundo como quería. Eso Katerina sí lo tenía en común con ella, ya que había conseguido convencerme para que me hiciera el tatuaje, y ahí estaba, pensando en Cinzia mientras se suponía que tenía que besarla... mala combinación.

– No, no soy un rompecorazones, es que no me interesa demasiado todo... eso, por mucho que digas que sea un desperdicio que así sea. No soy un monje, pero no tengo la necesidad constante de buscar a nadie, supongo que estoy bien solo y no me molesta estarlo, así que por eso ni siquiera lo cambio. – respondí, en un intento desesperado por ganar tiempo aunque fuera volviendo a un tema como el de antes. ¿De verdad creía que era un desperdicio? A mí me parecía una de las mejores cosas que podía hacer, sobre todo si había depredadoras salvajes como Cinzia al acecho. No me fiaba absolutamente nada de ella, no era tanto por cómo era sino por lo mucho que en un momento me había recordado algo que prefería olvidar tanto como eso, así que me iba a costar besarla por mucho que supiera que tenía que hacerlo, porque en una cosa tenía razón, y eso era que el tatuaje le había quedado increíble, mucho mejor de lo que había esperado sólo viendo fotos de sus otros trabajos.
– El tatuaje está bien, no, está genial, es sólo que... No sé, no acostumbro a que me roben besos y me has pillado por sorpresa, no he podido reaccionar a tiempo. – me excuse, encogiéndome de hombros y tratando de que no se enfadara, ya que me había hecho el tatuaje tan bien que, por una vez, me importaba lo que pensara y, sobre todo, la impresión que se llevaba de mí después de todo.

¿Qué resultado tenía todo eso, por lo pronto? Pues que yo era un chico raro, introvertido, frío y muy diferente de cualquier italiano que se preciara, pero eso ya lo sabía, y en realidad no había que conocer a Angelo para saberlo, puesto que Dante ya daba esa pista, normalmente para que la gente, con mi hostilidad, dejara de intentar conocerme. Lo raro era que hubiera encontrado a la persona que menos se interesaba por mi extrañeza ya que, al parecer, le daba absolutamente igual que fuera como era porque le interesaba, por mi cuerpo y mis tatuajes, pero así era, y no sabía cómo reaccionar al respecto. Toda una vida siendo ese chico en el que nadie se fijaba (salvo Natalia, pero ella ya no estaba para seguir ocupando ese puesto, ni tampoco había dejado yo que lo hiciera) me había acostumbrado al anonimato y me había hecho relativamente fácil ocultarme cuando había llegado el momento, pero tanta atención por parte de alguien me descolocaba. Y a lo mejor fue eso, o la mirada insistente que se le escapaba aunque quizá no fuera del todo su intención hacerlo, pero la cuestión fue que terminé negando con la cabeza, reduciendo la distancia que me separaba de ella, cogiéndola de la cara y besándola... Sólo que, a diferencia de cómo lo había hecho ella, yo me tomé mi tiempo y fui despacio, lo suficiente para no jugar con su lengua más que al final, y simplemente un poco. Esa era la clase de besos que no estaba acostumbrado a dar, y que prefería darle porque si le seguía el anterior sería otra vez como volver a besar a Cinzia, y me negaba a ver así a alguien que no se merecía tal insulto.
– ¿Mejor así?

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Lun Jul 15, 2013 10:57 pm

Quizá había ido muy lejos con un desconocido que no estaba acostumbrado a tratar con alguien como yo, quizá me había encaprichado del tío con el que menos posibilidades tenía en el mundo, quizá todo aquello no iba a ser más que una pérdida de tiempo... Pero aún así yo no pensaba rendirme. Me daba igual que no le gustara (allá él y su mal gusto), no me importaba que lo suyo no fueran los besos (aunque entonces no quería ni pensar como era en la cama...) y me importaba una mierda que él fuera de esos raritos que prefieren estar solos en un rinconcito oscuro y solitario en medio de una fiesta con gente, alcohol, drogas, sexo y lo que surja. Sí, me daba igual porque ahora me había picado y si no lo tenía a él, literalmente, al menos lo conocería y quizá, ¿por qué no? Haría un nuevo amigo. No es que yo fuera especialista en hacer nuevos amigos (de hecho tenía uno y gracias) y la gente no solía aguantarme más de lo necesario y por eso me parecía buena idea, a lo mejor alguien tan diferente a todo lo que había conocido antes como lo era Dante podría aguantarme lo suficiente... O no, quien sabía. El caso fue que ahí estaba yo, esperando a que el chico se diera cuenta de que tenía sangre en las venas (a lo mejor no la tenía y yo estaba presuponiendo demasiado) y actuara, hablara o hiciera cualquier cosa y cuando finalmente lo hizo no pude evitar alzar una ceja... ¿Acababa de cambiarme de tema? De nuevo, volvía a decirme que no era un rompecorazones, que no le interesaban las relaciones, que no era un monje pero no tenía la necesidad de follar como un conejo (al contrario que yo) y que estaba perfectamente solo y no quería cambiarlo... Cuando terminó de hablar yo no podía evitar seguir mirándolo con una ceja alzada y no hice ni un solo comentario, esperando a ver por dónde le daba por salirse a continuación.

El siguiente cambio de tema fue un poco más lógico, esta vez habló del tatuaje, de lo mucho que le gustaba... Y por fin volvió a mencionar el beso. Como excusa para no haberme devuelto el beso me dijo que lo había pillado por sorpresa y me limité a encogerme de hombros, sin creerme en absoluto su excusa porque... A ver, si alguien te besa como lo había besado yo a él, bueno, puedes tardar en reaccionar pero tarde o temprano, si es lo que quieres, acabarás haciéndolo y devolviéndole el beso a la otra persona y si él no lo había hecho había sido porque no había querido, no por otra cosa, que yo sabía mucho de besos y en algo así no podía engañarme. Comencé a dar golpecitos con los dedos en mis piernas, impaciente porque hiciera o dijera algo más aunque para nada me esperé que se acercara a mí, me cogiera la cara y me besara... así. Nunca me habían besado de esa manera, con esa calma que poco a poco iba cogiendo intensidad hasta que nuestras lenguas se encontraron y, poco después, se separó, dejándome sin aliento. Estaba sorprendida, no sabía qué hacer o decir pero sabía que volver a besarlo sería un error y más aún después de aquel beso... Que no podía quitarme de la cabeza. ¿Qué mosca me había picado? Me sentía como una maldita adolescente tras su primer beso y hacía mucho que había pasado esa época para mí... Ahora era yo quien hacía que los hombres se sintieran así al besarme, ¡no al contrario! De no haber estado sentada, me habrían temblado las rodillas, estaba segura. - Eh... sí... mucho... mucho mejor. - no me di cuenta hasta que vi su cara de que había hablado en noruego, me aclaré la garganta y lo aparté un poco de mí para levantarme. Por Odín, Katerina, ¿qué leches te pasa?

- Quiero decir que sí, mucho mejor. Esto... ¿Esperas que me cambie y vamos al concierto? – y sin esperar que me respondiera salí prácticamente corriendo de la habitación y fui a la mía, quitándome la ropa por el camino hasta que llegué y sin siquiera cerrar la puerta porque me daba igual que me viera (aunque probablemente a él no) pues ya lo había hecho bastante gente y no me importaba así que me puse mis mejores galas de puta del infierno (básicamente unas botas altas de cordones con bastante plataforma, medias de rejilla, unos minishorts de vinilo y un top-sujetador-camiseta corto que dejaba el ombligo al aire y con ello mi piercing y los tatuajes de mis caderas y tenía un pentagrama invertido hacia abajo), me maquillé y me solté el pelo y una vez lista lo llamé para que entrara si quería o algo. - ¿Dante? ¿Estás por ahí? Si estás listo nos vamos ya, bueno, si aún quieres ir... Si no, podemos quedarnos aquí y hacer maratón de pelis de miedo... ¿Te gustan? Porque yo soy una fanática. – hablaba sola mientras arreglaba un poco mi cuarto, guardaba la ropa limpia y echaba la sucia al cubo antes de salir al pasillo. Lo cierto es que ahora que me había cambiado me apetecía ir y seguro que nos lo pasábamos bien aunque no sabía hasta qué punto a él le apetecería... O le gustaría aquel rollo. Solo esperaba que no cambiara de idea, después de todo, un concierto era un concierto. Aunque quedarme en casa con él, después de semejante beso, no me parecía ni tan mala idea después de todo.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Dom Jul 21, 2013 8:09 am

Lo primero que pensé cuando me separé fue que no le había gustado el beso porque hacía mucho tiempo que no besaba a nadie, había perdido práctica y, en fin, eso nunca había sido lo mío, y cuando ella me dijo algo en vikingo lo confirmé. Su comportamiento era extraño viniendo de alguien que hasta aquel momento prácticamente no había cerrado la boca, y esa manera de huir por la casa en un momento que había demostrado que podía poner en práctica, superándome a mí cuando robaba algo, era suficientemente significativa para alguien que había hecho lo mismo muchas veces. No le había gustado, por mucho que a mí me hubiera parecido que no estaba tan mal teniendo en cuenta cómo podría haber sido... no, en realidad no me había parecido que hubiera estado nada mal, pero si ella reaccionaba así sería porque yo estaba equivocado. A fin de cuentas, ella tenía más práctica, casi me lo había admitido antes aunque no hubiera utilizado esas palabras, y se suponía que ella sabía más de besos que yo, así que ¿por qué no creerla? Por mucho que se me ocurrieran varios cientos de motivos por los que no hacerlo, por una vez opté por lo contrario, y me limité a esperar allí a que volviera sin ver su striptease gratuito.

Probablemente fuera el primer hombre de los que llevaba a casa que no tenía el menor interés de verla desnuda, pero si ni siquiera antes lo tenía, ahora que ella había acabado poniendo tanta tierra de por medio después de mi beso mucho menos. ¿Para qué? ¿Para que me volviera a fallar el subconsciente y se me notara aún más el tiempo que llevaba sin hacer nada con nadie? Pasaba. Prefería hacer como ella y cambiar de tema para no sufrir una humillación así, gratuita y totalmente innecesaria, así que me limité a esperarla... sin esperarme que saliera así vestida. Realmente no sabría poner una definición a su ropa, podría pasar por gótica pero iba enseñando demasiado para ser de esas, o al menos de las que yo había visto en Milano (escasas, sí, pero existentes) y sobre todo en Londres. ¿Iba así a todos sus conciertos? No, ¿no? A los conciertos la gente normal iba a saltar y gritar, y con eso saltar no debía de ser cómodo... al menos, no lo parecía. Entonces ¿se había vestido así por mí? No podía ser si el beso había sido tan malo... ¿no? ¿O a lo mejor no había sido malo? Llegado a aquel punto, si hubiera sido un dibujo animado de mi mente saldría humo porque no sabía qué pensar y estaba muy confundido (al humo, mejor, habría que añadirle chiribitas que me salían de los ojos), así que preferí cambiar de tema yo también y coger lo que ella había lanzado.

– No sé, habíamos dicho de ir al concierto, ¿no? Yo ya estaba mentalizado... aunque tengo que reconocer que la idea de las películas me gusta. ¿A ti también te van las películas de terror? No lo sabía... Es decir, no te pega viéndote a primera vista, no sé, y como no habías dicho nada... – empecé, pero como me atascaba tanto mientras hablaba me mordí los labios para poner en orden mis ideas y tentado estuve de sacudir la cabeza, si bien no lo hice (de milagro). – Mejor vamos al concierto, algo así no pasa todos los días y hay que aprovecharlo, mientras que una película se puede ver en cualquier momento... al menos, si tienes vídeo o simplemente televisión en casa y no tienes que ir, cuando quieres ver algo, a mendigarlo a cualquier bar. Pero ¿qué esperaba de mi casera y del mísero alquiler que pagaba? La buhardilla era muy mala, sí, y si hubiera aparatos eléctricos seguramente me habría electrocutado más de una vez por el agua que se colaba entre las tejas mal puestas, así que pensándolo bien era preferible vivir sin televisión por mucho que echara de menos ver películas de zombis y esas cosas... Para eso, solía colarme en el cine a ver las de terror, ya que eso se me daba bastante bien desde que era un niño y el sistema que usaba en Milano era similar al de Londres, pero no solía ver pelis en casa, y el plan me gustaba... aunque no sabía si me gustaba tanto que fuera en su casa.

Katerina me imponía bastante, sobre todo porque ella era tan sexual que no podía evitar pensar que quería liarme para que yo también lo fuera cuando no tenía ningún interés en meterme en esa clase de cosas otra vez, no después de Cinzia. Además, ni siquiera sabía si el beso le había gustado o no y me sentía bastante incómodo, al parecer tanto como ella (no literalmente aunque su ropa me pareciera lo menos cómodo que alguien podía ponerse para un concierto), porque su lenguaje corporal hablaba por sí mismo.
– No sé dónde es el concierto, llevo bastante tiempo en Londres pero seguramente ni aunque me dijeras la calle sabría localizarme a menos que me identificaras algo que haya allí, como una tienda o así. Supongo que tendrás que guiarme tú, como antes has hecho hasta aquí, así que cuando tú digas yo te sigo y eso. – añadí, tan incómodo que, tópico a más no poder, me rasqué la cabeza y bajé la mirada al suelo. ¿Qué se suponía que tenía que decir, vamos a ver? Ella era la que iba a llevarme, y también la que vería que yo ni en un concierto solía dejarme llevar a no ser que fuera de Slipknot, o eso suponía porque por mucho que fueran mi grupo favorito nunca los había visto. Y si hasta entonces no se había decepcionado conmigo, entonces lo haría seguro, como todos. Ya hasta ni siquiera me afectaba, por la costumbre y porque la única persona que no se había decepcionado nunca conmigo estaba muerta y enterrada muy lejos... en Milano. Donde yo debería estar..

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Lun Jul 22, 2013 5:02 am

¿Por qué era incapaz de quitarme de la cabeza aquel beso? Había estado intentando pensar en cualquier otra cosa mientras me cambiaba de ropa pero el beso volvía a mi cabeza una y otra vez como si se tratara de algo tan excepcional que solo quería repetirlo... Pero no podía hacerlo. Quizá por eso había huido, por eso y porque esos besos no estaban hechos para mí, lo sabía desde que había sido una niña en vez de pensar en príncipes, castillos y princesas, pensaba en monstruos, en guerreros vikingos y en cosas sangrientas y macabras. Desde siempre había sido una niña diferente y que el beso de un rarito me hubiera impactado tanto no podía significar nada bueno pero aún así ahí estaba yo, frente a él, con una magnífica sonrisa mientras lo miraba de arriba a abajo, pensando en que tenía una camiseta de Slipknot que me quedaba demasiado grande y que a él le quedaría fantástica... Pero era capaz de pensar que se la daba porque quería algo de él así que ignoré aquel pensamiento y me encogí de hombros con su comentario sobre mí y las películas de miedo... ¿Qué pasaba, que por ser rubia, paliducha y vestir como una pin up (al menos, así me había conocido) no me podían gustar las pelis de miedo? Iba a enfadarme, de hecho, estaba a punto de contestarle pero al verlo nervioso y cómo se mordía los labios se me olvidó absolutamente todo lo que había estado pensando y me centré en sus labios carnosos... ¡Joder! ¿Es que era incapaz de pensar en otra cosa? Al parecer, con aquel chico sí... Justo con el que menos debería. Era idiota. Me hizo gracia lo que dijo de que no tenía ni idea de los nombres de las calles y sonreí sin poder evitarlo, al principio me había pasado lo mismo y aún había calles que ni siquiera reconocía aunque él seguía incómodo y ni siquiera vio mi sonrisa porque bajó la mirada al suelo y yo aproveché para acercarme a él y, poniéndome en la trayectoria de sus ojos, buscar su mirada aunque no desde tan abajo como antes. - Pues creo que cerca hay varios supermercados hindúes, algún sitio de kebaps, dos o tres bares de moteros... y la el sitio en el que tocan. - comenté aunque al final me encogí de hombros y me reí. - Si sabes donde te digo con mi maravillosísima descripción es que eres un hacha, chico.

Lo cogí de las manos y estiré de él para que me siguiera, como había dicho que haría, aunque cuando estábamos en el pasillo me giré y le di un pico que, por la cara que puso, no se esperaba en absoluto. - Por cierto, el beso... - no sabía cómo decirle aquello, era incapaz de mentir pero tampoco era capaz de decirle algo así a un desconocido... Especialmente a alguien como él que, encima, me parecía extremadamente guapo e interesante. Me mordí el labio inferior antes de continuar. - Nunca me habían besado así. Y créeme, eso es todo un reto teniendo en cuenta que me han besado muchos chicos... y chicas. - solté una risita divertida al ver su cara, que, en aquel momento, era todo un poema. - Así que, enhorabuena, Dante... Me has sorprendido mucho y para bien. ¿Nos vamos? – No le di tiempo a responder y volví a estirar de él, haciendo que me siguiera y una vez salimos de casa y cerré la puerta no volví a cogerlo ni del brazo ni de la mano. Se le veía en la cara que aquello, en fin, no era lo suyo así que prefería no tentar a la suerte porque el chico me caía bien y no quería espantarlo así que empezamos a caminar. Yo empecé a hablar de películas de miedo, sagas épicas como todas las de Saw, pesadilla en elm street, hellraiser, viernes 13, halloween y el amanecer de los muertos, me sorprendió que tuviéramos un gusto tan parecido y continuamos hablando de aquello durante un buen rato hasta que llegamos al barrio en el que estaba el local en el que iban a tocar Andy y su grupo. - ¿Sabes? Antes he visto por mi armario una camiseta de Slipknot que me queda demasiado grande y nunca me pongo y he pensado que a ti te quedaría de maravilla así que si quieres podríamos quedar otro día y te la doy. - me encogí de hombros justo cuando pasamos por delante de los supermercados hindúes y los bares de los que le había hablado hasta llegar a un sitio cuya puerta estaba por debajo de la acera y que, acertadamente, se llamaba Underground. La puerta estaba llena de personas esperando para entrar y yo pasé de la cola, seguida por Dante y hablé con el tío de seguridad que estaba en la puerta que tras comprobar con su walkie una cosa asintió y nos dejó pasar a Dante y a mí. Una vez dentro, el sitio estaba casi a oscuras, las luces que había allí casi ni alumbraban y el ambiente era de expectación, sonreí y me giré hacia Dante, que lo miraba todo con interés. - ¿A que mola ir de VIPs, eh?

Justo en ese momento, alguien vino corriendo hacia nosotros y me abrazó, levantándome del suelo y hablándome en noruego. Andy estaba nervioso y ni se había fijado de que no estaba sola y empezó a hablarme de los planes que había para después del concierto, del setlist que iban a tocar y absolutamente de todo lo que pudo en los cinco minutos que me costó reaccionar y volvió a dejarme en el suelo. - Yo también me alegro de verte, Andy... Y respira hondo, estás muy nervioso. - sonreí y después me giré, cogí a Dante de la camiseta e hice que se acercara para poder presentarlos. - Bueno, Andy este es Dante. Dante, él es Andy mi mejor amigo de noruega y bajista del grupo que vamos a ver tocar... Luego cenaremos con él y con los del grupo así que aprovecho y adelanto presentaciones. - se dieron la mano e intercambiaron algunas palabras mientras yo miraba a nuestro alrededor, la sala estaba casi llena y entendía perfectamente el nerviosismo de Andy, además, aquella noche solo tocaba su grupo por lo que toda aquella gente iba a verlos a ellos. - Oye, chicos, ¿os importa que os deje solos un momento? Voy a la barra a por algo de beber y no os preocupéis, os traeré algo. – les guiñé un ojo y me alejé un poco de ellos, dejando que Andy y Dante hablaran o lo que fuera mientras yo iba a la barra y pedía una jarra de cerveza para Andy, un jägerbomb para mí y para Dante un vodka con lima porque tenía pinta de pegarle o porque... Bueno, si no le gustaba siempre podía cambiárselo por mi jäger. Cuando volví con ellos le di a cada uno su bebida y brindé con ellos. - Espero que os guste a cada uno lo vuestro y si no... Bueno, podemos cambiar. - sonreí y bebí un buen trago de mi jägerbomb. Tenía tantísimas ganas de que empezara el concierto que volvía a estar hiperactiva... ¡Mal asunto!

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