The Nameless {Katerina Sorensen}

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Mar Ago 06, 2013 10:09 pm

Uno de los motivos por los que había terminado decidiéndome por Londres desde que había huido del orfanato y por los que había elegido una ciudad tan lejana a Milano (y, a la vez, tan cercana si era un fugitivo, porque en avión no se tardaba demasiado, o al menos eso había leído, porque yo los aviones... no), era precisamente lo que ella había mencionado de pasada, que había muchas culturas mezcladas, cada cual con sus cosas específicas. En una ciudad en la que estaban representados casi todos los países del mundo, ¿quién iba a buscar a un prófugo italiano, cuando ni siquiera era la ciudad con más inmigración de Europa o del mundo? Por eso, cuando había llegado la primera vez no me había sorprendido demasiado ver a gente de todas partes del mundo, e incluso lo había visto como una ventaja porque habitualmente la comida extranjera era asequible incluso para mi habitualmente inexistente dinero, pero cuando ya llevabas un tiempo en la ciudad, al final, la descripción que ella había dado podía aplicarse como a unos diez sitios, así en frío, y tendría que fiarme de ella para llegar al concierto sin ser capaz de ir yo solo. Y yo odiaba depender de nadie, aunque no tuve mucho tiempo de decírmelo porque ella, rebosante de actividad, me dijo que mi beso había estado bien (y también que había besado a muchas chicas, momento en el que tuve que tragar saliva) y me llevó con ella hacia el lugar donde sería el concierto.

Comparada conmigo, Katerina resultaba sumamente agotadora, lo estaba empezando a descubrir, pero también podía llegar a ser divertida... o algo así. Además, no sabía que teníamos tantas cosas en común, puesto que la ropa que llevaba antes de mutar en metalera zorrona era de pin up y distraía bastante de cuáles eran sus gustos, y nunca habría dicho que le gustaban las cosas de terror tanto como a mí. Aunque, bueno, tampoco era algo que soliera gustar a la gente, desde pequeño había sido rarito también en eso y ya estaba acostumbrado a que me miraran raro las pocas veces que hablaba de mí mismo, así que lo contrario, lo de ella, era ya lo extraño... igual que su ofrecimiento de darme una camiseta de Slipknot. ¿Por qué lo hacía? Mi primer impulso fue pensar que era por lástima, algo que rechazaba enormemente, pero después pensé en cómo era ella (o, al menos, cómo había aparentado ser) y pensé que, quizá, era una simple excusa para quedar conmigo otra vez... Y no sabía si lo prefería o si eso me hacía sentir aún más incómodo que todo lo demás. Probablemente la segunda. Por eso, me limité a asentir, aún un poco (muy) cohibido, sobre todo cuando ella pasó de la fila y nos dejó entrar a un sitio que, a primera vista, no me disgustó demasiado.

No conocía demasiados sitios de conciertos en Londres. La ciudad, tan cara como lo era para alguien que no podía tener más que trabajillos ocasionales y que todo lo que ganaba era robando, no permitía que fuera mucho de conciertos, y por eso no conocía demasiados locales allí. Ese, sin embargo, me atrajo desde el principio porque estaba oscuro, y teniendo en cuenta lo mucho que yo odiaba la luz era la elección perfecta. No tuve tiempo de decirlo, pese a todo, porque ella me presentó a su amigo Andy de Noruega (¿qué había dicho yo de gente de otros países en Londres...?) y huyó haciendo la croqueta, dejándome solo con él mientras iba a comprar alcohol. Maravilloso. Simplemente estupendo. Y quien no pille la ironía aquí, tiene un problema.
– Esto... hola. – murmuré, pero él estaba tan nervioso que enseguida se puso a hablar del concierto, un tema en el que podía meter algo de baza, y me permitió estar ligeramente menos incómodo, aunque sobre todo lo hice cuando Katerina trajo alcohol, vodka con lima, y después de brindar bebí un trago. Como había comido, podía relajarme (un poco, tampoco mucho) y beber sin la certeza de acabar borracho, así que con suerte podría utilizarlo para socializar... o algo así.
– El vodka está bien, es lo que habría pedido yo. Gracias.

Pese a que lo dije, no estaba seguro de si alguien aparte del cuello de mi camiseta lo había oído, en parte por el jaleo cada vez mayor de la sala, en parte porque tampoco lo dije muy alto y, en parte, porque Katerina estaba ocupada hablando con el tal Andy porque al parecer él se iba ya a prepararse para el concierto. Y ni siquiera entonces tuvimos mucho tiempo de intercambiar más que un par de palabras, porque abrieron las puertas de la sala y de repente una avalancha de gente nos condujo hasta la barra que separaba el escenario del público y terminamos estampados, en primera fila y con las bebidas en el vaso de milagro.
– Creo que será mejor que bebamos antes de que nos bañen en alcohol. – comenté, lo suficientemente alto para que ella lo escuchara, y entonces me bebí el vodka de un par de tragos, como sólo alguien que había bebido mucho podía hacer sin atragantarse o sin que le molestara el ardor del alcohol en la garganta. No iba a decir que en invierno había tenido que sobrevivir a base de vodka barato, con más diéresis que letras y con unas resacas bestiales después; no era plan de abrirme tanto a una desconocida, porque por mucho que estuviera haciendo por mí lo seguía siendo, y eso no debía olvidárseme.

Como si algo quisiera que dejara de pensar en Katerina o en todo lo demás, pronto las luces se apagaron y el grupo salió al escenario. No se me pasó la mirada que me lanzó el cantante, y cuando empezaron y todo el mundo empezó a saltar yo simplemente... bueno, movía la cabeza y eso, pero no me sentía nada cómodo. Uno de los problemas que tenía alguien como yo en los conciertos era que la gente me resultaba agobiante, odiaba que me tocaban, odiaba que estiraran de mí o de mi ropa y odiaba que me empujaran, y cualquiera podría preguntarse ¿por qué vas a un concierto? Bueno, la música me gustaba, y los amigos de Katerina eran muy buenos, pero eso no quitaba que lo estuviera pasando tan mal mientras los demás a mi alrededor lo vivían, y por eso en un momento dado me dejé arrastrar por la gente hasta que terminé fuera de la marabunta, apoyado en una pared desde la que tenía buena vista (y mejor acústica, por cierto) del concierto y con otro vodka con limón en la mano, esta vez pagado por mí. No estaba lo suficientemente borracho para aguantar, ni socializar ni todo lo demás...

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Miér Ago 14, 2013 2:53 am

Me encantaban los conciertos, era algo que no podía evitar y la excitación y las ganas de que comenzaran me mataban de nervios por eso bebía, para intentar calmarlos y disfrutar mejor del momento con buena gente y buen sabor de boca. Andy también estaba nervioso había visto toda la gente que había fuera esperando a la apertura de puertas del local y nunca había visto a tanta gente junta para verlos a ellos, sabía que en el fondo estaba orgulloso y sentía que se merecía aquello pero a la vez eso solo hacía que las ganas de que aquel día todo saliera perfecto crecieran así que le di palmaditas en el hombro, traté de calmarlo y darle consejos, al menos, le dije lo que creía que podría ayudarle a calmarse y que todo saliera bien y no la cagara así que no tardó demasiado en terminarse la cerveza e irse de allí rápidamente, dejándonos solos a Dante, que seguía bebiendo su vodka con lima tranquilamente y a mí aunque no pude decirle demasiado porque en seguida abrieron las puertas y acabamos prácticamente empotrados contra el escenario. Dante y yo nos terminamos las copas de un par de tragos y antes de que las luces del lugar se apagaran y las fangirls se pusieran a gritar como locas cuando el grupo salió. Dave y Kyle me sonrieron al reconocerme en la primera fila aunque el bisexual se fijó antes en Dante a quien le echó una mirada que hablaba por sí sola: le había gustado. Y aquella miradita, por la razón que fuera, me hizo alzar una ceja molesta... Aunque la molestia no tardó en desaparecer cuando empezaron a sonar los primeros acordes de la primera canción y todo el público comenzó a saltar, gritar e incluso cantar, algo que sorprendió al grupo bastante pues no esperaban siquiera que la gente supiera sus canciones. Yo simplemente sonreí y canté como la que más, mirando de reojo a Dante que movía la cabeza y disfrutaba de la música a su manera... Como debía ser.

Sin embargo, lo perdí de vista durante unos segundos mientras el grupo seguía adelante con el setlist del concierto y cuando volví a buscarlo con la mirada, Dante ya no estaba allí. Traté de buscarlo entre toda aquella gente pero había desaparecido, solo veía a niñas y a chicos cantar y saltar y antes de que pudiera irme de allí y buscarlo, Kyle y Dave me cogieron y me subieron al escenario para cantar con ellos una canción. Sonreí una vez estuve sobre el escenario y bailé con ellos dándolo todo, moviéndome y haciendo los coros junto a Andy en su micro, cuando la canción terminó ya me iba a bajar pero no me dejaron, Andy me presentó al público y yo le di un puñetazo en el hombro, insultándolo en noruego porque sabía lo que pretendía... Y justo después me hizo cantar una canción frente a todas aquellas personas. Nunca, en mi vida, había cantado delante de tanta gente y al principio me costó comenzar, incluso Kyle y Dave tuvieron que ayudar pero después lo di todo aunque antes de terminar y para evitar que Andy volviera a liármela más les dejé por allí el micro que me habían prestado y salté del escenario al público, dejando que la marea humana me arrastrara hasta el final de la sala, con la gente sin cortarse a la hora de meter mano aunque disfrutando de la sensación, que era una pasada. Al final la gente se terminó y yo estaba agotada pero justo en aquel momento vi a Dante al final de la sala y, dejándome llevar por la emoción del momento corrí hacia él, cogí su cara entre mis manos y lo besé intensamente, tan solo metiendo un poco de lengua al final. - Oh, me pareció ver un lindo gatito... - sonreí, divertida y le mordí la mejilla. - Sí, es cierto, vi un lindo gatito!

Me aparté un poco de él ya que su incomodidad era visible hasta desde el escenario y sonreí, mirando su copa. Al parecer Dante no era el típico chico de primera fila de los conciertos y prefería verlos y disfrutarlos desde la distancia, con su copa y su rincón tranquilo. - ¿Vodka con limón? - pregunté, refiriéndome a la copa que tenía en la mano. - A mí también me ha entrado la sed... Voy a por algo a la barra... Intenta no huir de mí, ¿quieres? - bromeé y me encogí de hombros alejándome de él dando saltitos hasta llegar a la barra, pedirme un Jägerbomb y volver de igual manera junto a Dante, bebiendo de mi copa. - ¿Qué te están pareciendo? ¿Te gustan? Yo creo que a Kyle le has gustado tú por la mirada que te ha echado... Sí, Kyle es el flacucho que hace la melódica... Y por cierto, voy a matarlos por lo que me han hecho... ¡No sabes que vergüenza he pasado! Y ¡sí!, ¡vergüenza! ¡yo! - me reí y bebí un poco más de mi copa, los conciertos me ponían de buen humor, ver a mis amigos tocar y pasarlo bien también pero, sobre todo, me encantaba conocer a gente nueva... Especialmente gente como Dante, tan diferente que era divertida y misteriosa. Solo esperaba que él no pensara que yo no era más que una pesada a la que le encantaba el contacto físico... Y que me diera otra oportunidad y quisiera volver a quedar. Después de todo, aquel chico me había caído bien... ¡Y eso no pasaba todos los días!

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Mar Ago 27, 2013 6:31 am

Era una norma universalmente aplicable a mí en cualquier situación que cuanta más distancia hubiera entre la gente y yo, ya fuera física o incluso mentalmente hablando, más cómodo me sentiría en cualquier situación. No dejaba de tener su ironía que mis únicos ingresos vinieran del robo, lo que me obligaba a pegarme tanto a cuerpos sudorosos que muchas veces me moría de asco antes incluso de tocar el cuero de las carteras; tampoco que viniera de una ciudad tan poblada como lo era Milano y que, aun así, no me acostumbrara, pero el contacto físico con otra gente era algo que me incomodaba. A lo mejor se trataba de mi propio subconsciente, sobre el que seguramente se podían escribir varios libros de la mejor (y más oscura, según mis informes psiquiátricos) fantasía, que me hacía sospechar de que cualquiera que se me acercara buscaba lo mismo que yo en la gente: quedarse con mis cosas. Sí, bueno, bien es sabido que cree el ladrón que todos son de su condición, y yo era la prueba palpable de que así era, pero no podía evitarlo: al igual que los espacios pequeños me agobiaban, que la gente convirtiera una sala enorme en una marabunta humana de la que no podía escapar había conseguido más de una vez que se me acelerara el pulso y no pudiera respirar a menos que me alejara... y había preferido evitármelo, no por los del concierto, porque tenía que reconocer que eran buenos, sino por mí. Además, desde esa distancia veía y escuchaba mejor, y llegué a agradecerlo cuando Katerina subió al escenario.

Nunca me hubiera imaginado que tuviera tal... presencia. No, la palabra no era esa, era poderío. No tenía la mejor voz del mundo, probablemente, aunque yo de eso entendiera más bien poco; sin embargo, era capaz de hacer que todos tuviéramos la vista clavada en ella y que no pudiéramos apartarnos porque ella se comía el escenario, e incluso desde la distancia en la que yo me encontraba era increíble su manera de dejarnos a todos patidifusos. Ni siquiera conocía la canción que estaba cantando, y la verdad era que no podía importarme un poco menos, porque estaba demasiado embobado con ella... algo que ni siquiera se me pasó cuando ella bajó del escenario y vino hasta mí para besarme. No, en realidad eso consiguió que me embobara un poco más todavía, y no fue hasta que ella vino con su bebida y empezó a hablar que yo reaccioné, con evidente retraso pero, al menos, pudiendo hablar de nuevo.
– Dios, Katerina, has estado... increíble. No sabía que... wow. – sacudí la cabeza y di un trago a mi bebida, lamentando una vez más no estar lo suficientemente alcoholizado para aguantar lo que me echaran porque, después de su actuación, estaba ligeramente más incómodo que antes delante de ella, sobre todo porque con lo sexy que me había parecido (sí, ¡a mí!) no tenía ni la más remota idea de lo que podía o debía decir... y, en ese momento, recordé que ella había hablado del grupo, que estábamos en un concierto y que su amigo Andy era quien estaba en el escenario junto a ese que se había fijado en mí, Kyle. Eso me hizo reaccionar.

– Son muy buenos, no me esperaba que lo fueran tanto, aunque no esté allá puedo seguir disfrutando y creo que aquí oigo mejor y... eso. El contraste entre las dos voces me parece que suena bien, y tienen canciones cañeras. – opiné, señalando hacia la zona del público de la que yo había huido vilmente para dar más énfasis a mis palabras y, después, mirándola a ella, que parecía aún afectada por su actuación, como si no hubiera sido una de las mejores que había visto nunca... y vale que no tuviera dinero normalmente, pero sí que me había colado en las suficientes para tener con lo que compararla. Eso, claro, no podía decírselo porque supondría que me hiciera preguntas que no me apetecía contestar, pero sí que podía intentar que ella creyera que me había gustado (mucho) lo que había hecho, porque aún parecía algo escéptica. Bueno, suponía que eso era lo que pasaba cuando mientes constantemente: al final, nadie te cree al decir la verdad las pocas veces que lo haces... Eso era lo que, de pequeño, me habían enseñado los cuentos que me solían dejar las monjas para que leyera y me estuviera tranquilito sin molestar a nadie, como si incluso entonces me hubiera gustado juntarme con los demás, o algo.
– ¿Nunca te has planteado cantar en un grupo? Parecías pegar muy bien con ellos, vale que sean tus amigos, o que al menos Andy lo sea, pero no sé, creo que quedarías bien si te aburres de tatuar o si tienes problemas para encontrar trabajo, o algo... – pregunté, aunque nada más abrir la boca supe que estaba metiéndome en cosas que no eran asunto mío y, por eso, volví a sacudir la cabeza y a beber, como si aquello fuera a borrar lo que había dicho aunque, en el fondo, no hubiera sido tan inapropiado como podría llegar a haberlo sido. – No sé, es que cantas muy bien, o eso me ha parecido, y parecías estar cómoda ahí arriba y... ya me callo. – continué, sólo para acabar cerrando la boca para no meter más la pata, aunque no creyera que se podía hacerlo un poquito más.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Mar Ago 27, 2013 10:04 pm

Me sorprendió la reacción de Dante, ¿qué digo sorprender? Me dejó sin palabras, sí, a mí. No esperaba que el chico, bueno, pareciera tan sorprendido con mi actuación porque, al parecer, le había gustado de verdad y aquello sí que no me lo esperaba. Ni siquiera parecía molesto por el beso y eso, viniendo de él, ya era raro. No era como si lo conociera de toda la vida, ya lo sabía, pero empezaba a hacerlo y a parte de que me resultara tan misterioso e interesante ya podía deducir bastantes cosas sobre él como, por ejemplo, que no era un chico de muchas palabras o que la gente y él no encajaban mucho. Y aún así yo me empeñaba en encajar con él, si antes de terminar la noche no me había mandado a la mierda podría considerarme bastante afortunada. Cuando dijo que el grupo le parecía bueno no pude evitar sentir un ramalazo de orgullo por mis chicos, a los que conocía gracias a Andy prácticamente desde que había llegado a Londres. Como a mí, le gustaba el contraste entre las voces y me dio una excusa bastante pobre para explicarme por qué estaba tan lejos aunque negué con la cabeza, como restándole importancia, no me importaba estar en primera fila o al fondo de la sala, disfrutaba de la música igualmente y como aquel día había ido con él, con él me quedaría, así de simple. De nuevo, sin previo aviso, Dante volvió a sorprenderme con su pregunta, haciéndome alzar una ceja, lo cierto era que nunca me había planteado estar en un grupo por mucho que Andy se empeñara, sí, me gustaba cantar y pasar el rato con mis amigos en su local de ensayo pero no pensaba que aquello fuera para mí como al parecer, desde que me había visto sobre el escenario, sí que pensaba Dante. Y me lo confirmó al decirme que cantaba bien y ponerse nervioso hasta callarse finalmente.

No pude evitar sonreír y morderme el labio inferior mientras lo miraba. Estaba incómodo, no había que ser un lumbreras para darse cuenta de eso y lo único que se me ocurrió para tratar de quitarle la incomodidad fue besarlo. Esta vez fue un beso más lento para que ambos pudiéramos disfrutar de él lo que quisiéramos antes de separarnos. - Gracias, Dante. Creo que las únicas personas que conozco que me hayan dicho están todas sobre el escenario ahora mismo así que, que lo digas tú... No sé, tiene mucho más valor, creo... Por eso de que acabo de conocerte y no tienes por qué decir esas cosas para quedar bien y... eso. - me encogí de hombros y solté una risita. - Por Odín, creo que ahora la que debería callarse soy yo. - me mordí el labio inferior y le di un trago a mi bebida, mirando hacia el escenario y reconociendo la canción, quedarían aproximadamente un par y si querían hacer un bis serían como mucho cuatro o cinco así que aún tenía tiempo para charlar con Dante de cualquier cosa antes de que nos secuestraran y nos metieran a cenar y beber en el backstage. - Me alegro de que te guste y espero que lo estés pasando bien, no me gustaría que te arrepintieras de haber seguido a la loca de los reptiles a un concierto y luego te lo hubieras pasado mal. - me reí y le saqué la lengua, sin darme cuenta hasta que ya fue demasiado tarde que mi lengua no era totalmente humana. Esperaba que con la poca luz del lugar no se hubiera notado en exceso y bebí un buen trago de mi copa porque si empezaba a transformarme lo mejor era relajarme, beber y disfrutar porque si me ponía nerviosa sería peor, mucho peor... Y no podría controlar la transformación.

- Respondiendo a tu pregunta de antes no, nunca me he planteado meterme en un grupo ni nada por el estilo, acabaríamos a bofetada limpia seguro y no me apetece tener malos rollos con nadie, ya sabes lo que dicen: Vive y deja vivir. Eso es exactamente lo que hago yo y así me evito líos innecesarios... Además dudo mucho que me canse de tatuar alguna vez. Como has podido comprobar en tu propia piel soy buena y me encanta así que... ¿Por qué dejarlo? - sonreí y me llevé la copa a los labios, mordiendo el cristal antes de beber de nuevo, sedienta. - Tú seguro que tampoco te has planteado nada por el estilo, ¿eh? Te pega por tu apariencia pero por cómo eres... Seguro que preferirías ser jardinero así al menos si viene mucha gente puedes esconderte en las plantas, ¿verdad? - bromeé, alzando las cejas y riéndome, sin duda no era el tipo de persona que estaba a gusto con la gente, especialmente con los desconocidos y yo llevaba ignorando eso desde que lo había conocido. - Es broma, cielo.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Miér Oct 02, 2013 7:01 am

Aunque ella dijera que no acabaría bien con los del grupo, yo no estaba tan seguro. Ella parecía ser capaz de hablar hasta con una piedra, y teniendo en cuenta que la gente no era lo mío pero que aun así había conseguido que terminara en un concierto lleno, yo diría que capacidad de convicción y sociabilidad tenía, así que ¿por qué no? No podía estar seguro porque apenas la conocía, por mucho que pareciera hablar de sí misma sin ninguna preocupación o dificultad, pero empezaba a creer que si no quería estar en un grupo no sería por eso, o quizá sí pero porque ella no sabía el efecto que tenía en la gente. ¿Acababa yo de pensar eso...? La gente sí que me había sentado mal. Pero antes de que pudiera escabullirme porque aquello había sido una pésima idea, se me daba mal socializar y no quería estar con el grupo después del concierto porque sería incómodo o cualquiera de los mil motivos que tenía para querer irme de allí, ella me besó y literalmente ejerció de barrera humana en mi plan de huida. Plan, por cierto, que se me olvidó un poco, pero sólo durante el tiempo que ella estuvo pegada, porque en cuanto se separó (tras unos segundos de que lo hiciera, en realidad) lo volví a recordar sólo para darme cuenta de que era una estupidez como la copa de un pino.

– No creo que seas una loca de los reptiles. – dije, aunque no estaba muy seguro de si ella lo había oído o no, pero de todas maneras era la verdad, y eso en mí ya era lo suficientemente digno de mención como para ignorar todo lo demás. De todas maneras, si ella era una loca de los reptiles, ¿en qué quedaba yo? El único motivo por el que no tenía la buhardilla llena de gatos, igual que el que había ido repitiendo una y otra vez durante toda mi vida, era que quienes controlaban mi alquiler me lo habían prohibido, eso o no quería cabrearlos porque era el único techo que tenía, así que me conformaba con los callejeros. Eso al menos cuando se me acercaban, y normalmente no solían hacerlo porque no tenía comida que ofrecerles, pero cuando la tenía y me acercaba a los del barrio en el que había terminado viviendo solían dejar, incluso, que los tocara, igual que el viejo Ludovico allá en Milano... Y no pude evitar pensar en qué sería de aquel gato, con cara de mala leche y actitud aún peor, pero al que echaba de menos como nunca, probablemente, podría echar de menos a ninguna persona porque yo para eso no valía.

– No me gustan mucho las plantas... pero probablemente acabaría escondiéndome entre ellas alguna vez, así que más que jardinero, no sé, yo diría que valgo para vándalo profesional. – bromeé, aunque parezca mentira continué con la broma que ella me había dicho aunque eso no fuera mi estilo, e incluso me permití sonreír ligeramente, aunque no tenía tanto que ver con la broma sino con las segundas intenciones que tenía, porque estaba claro, y lo había comprobado más de una vez en mis carnes, que vándalo profesional quizá no, pero delincuente ya era otro cantar. Además, era cierto que me había escondido entre las plantas, pero sólo cuando no me quedaba más remedio, porque no me gustaban, estaban llenas de bichos, te dejaban pegajoso y asqueroso y encima picaban. Pensarlo hizo que me llevara una mano al cuello y me rascara, distraídamente, sólo para después darme cuenta de que ella estaba conmigo (aún, porque sorprendentemente no se había hartado de mí) y mirarla, algo sorprendido quizá.

– Cuando era pequeño solía tocar la batería... Pero hace años que no puedo porque no tengo ninguna, creo que se me ha olvidado y todo, así que ya no me lo planteo aunque antes sí lo hiciera. – admití, para después callarme bruscamente, llamándome de todo en italiano e inglés en mi interior por haber dicho algo así. ¿Es que era idiota, o algo? Porque no debía decir nada de mí mismo, no podía confiar en nadie, ni siquiera en Katerina, porque cualquiera podía llevarme a las autoridades y que descubrieran que tenía una identidad falsa y el resto no quería ni pensarlo. No, había sido un tremendo error hablar, e iba a cambiar de tema pero antes de que me diera cuenta, porque estaba tan distraído hasta aquel momento que ni había seguido la última parte del concierto, de que habían terminado y de pronto estuvimos rodeados... no, en realidad pronto nos arrastraron por la marea de gente hacia el backstage sin que yo pudiera decir o hacer nada para resistirme, porque eran más y más fuertes que yo. Mal momento para recordar que casi me daba fobia el contacto humano...

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Dom Oct 13, 2013 3:20 am

Me costaba creer que Dante hubiera seguido mis bromas, de hecho le había dejado claro que no hablaba en serio por miedo de que me mandara a la mierda y se fuera y por eso, escuchar como seguía las bromas me dejó boquiabierta porque no lo esperaba para nada. Aunque bueno, tampoco esperaba que me dijera que no pensaba que fuera una loca de los reptiles y aún así lo hizo aunque tan bajo que apenas pude escucharlo y solo intuí las palabras... Que quizá no había dicho y habían sido solo imaginaciones mías. Por eso preferí ignorarlas, junto al hecho de que me parecía sexy imaginarlo como un vándalo profesional porque, ¿para qué mentirnos? Me ponía mucho la sola idea y si no quería asustarlo (aún más) tendría que cortarme un poco porque ya llevaba bastante ignorando el hecho de que él no estaba cómodo con los desconocidos y, después de todo, yo seguía estando en esa categoría para él... Por mucho que me gustara que eso cambiara. Sin embargo, él seguía sorprendiéndome cada vez más y esta vez lo hizo al decirme que de pequeño tocaba la batería, no pude hacer ningún comentario al respecto porque, justo en aquel momento, la gente nos arrastró hacia la zona en la que se encontraba el backstage. El concierto ya había terminado y los que no intentaban salir intentaban colarse en el backstage por la cara y así fue como Dante y yo terminamos delante del backstage junto a una marabunta de personas más que armaban un jaleo considerable... Y yo que pensaba que después del concierto íbamos a estar tranquilos, que ilusa era cuando quería.

Justo cuando la gente empezaba a empujar, Andy abrió la puerta y cuando nos vio a Dante y a mí nos hizo un gesto para que pasáramos dentro y yo, sin pensármelo dos veces, cogí a Dante del brazo y lo entré conmigo justo antes de que Andy cerrase la puerta. - Habéis estado increíbles! - abracé a Andy y le di un beso en la mejilla y entonces él nos condujo a una sala bastante grande en la que había varios sofás y donde apenas había un par de miembros del grupo, Kyle y uno de los guitarristas con su novia, el resto debía estar duchándose o cambiándose de ropa. Antes siquiera de que pudiera decir nada, Kyle vino de un salto hacia nosotros y me saludó con dos besos... Al igual que a Dante, la cara que se le quedó al pobre fue un cuadro y para que Kyle no se pasara demasiado con él medio abracé a Dante, que estaba rígido a más no poder, mientras los presentaba. - Hola, Kyle... Te noto contento, aunque normal con el concierto que acabáis de dar. Bueno, te presento a Dante, es un... amigo. - hice la pausa antes de la última palabra para que sobreentendiera lo que quería decir con aquello, básicamente, que no era de su guerra y, en todo caso, lo quería para mí... Cosa que era cierta, para qué mentirnos, pero que dudaba que ocurriera en un futuro cercano... o lejano. Kyle saludó a Dante lo invitó a algo de pizza pues sobre una mesa tenían más de tres cajas humeantes que esperaban a ser devoradas. Antes de que Dante pudiera responder solté un gritito cuando alguien me levantó desde detrás y cuando volví al suelo me giré y golpeé a Dave en el pecho por darme un susto de muerte, una vez estuvimos todos allí, nos sentamos en los sofás y con cerveza y alcohol más fuerte brindamos antes de coger cada uno una porción de pizza y empezar a cenar con hambre.

Todos comenzaron a reír, a bromear, a hablar de música y de mujeres y yo seguía todas las conversaciones, metiendo baza siempre que podía y mirando de vez en cuando a Dante, que estaba sentado a mi lado, en un momento dado en el que perdí el hilo de la conversación me acerqué algo más a él. - Lo siento, seguro que estás incómodo porque no conoces a nadie, yo... No sé, supongo que puedes irte cuando quieras. - susurré cerca de su oreja para que pudiera escucharme solo él, ya que no tenía ninguna intención en que los demás escuchasen lo que fuera que tuviera que decirle a Dante. Una vez me separé me encogí de hombros y sonreí, pasándole un trozo de pizza como para hacer las paces o algo así. - Oye, Kat, deja un poco para los demás que aquí también hay gente hambrienta! En serio, ¿cómo consigues encontrar a chicos tan guapos y que ninguno te diga que no? Al final vas a tener que darme clases... – puse los ojos en blanco al escuchar a Kyle y le lancé una patata que había por allí para que se callara. - Quizá es porque yo cuando veo a uno que me gusta no me poco como un chihuahua en celo en su pierna... Deberías aprender a controlarte de vez en cuando, Kyle. – solté y a mi comentario lo acompañó una carcajada general antes de que, por suerte para mí y para el pobre Dante, cambiáramos de tema. Lo cierto era que yo me lo estaba pasando bastante bien pero una parte de mí se sentía culpable por casi haber arrastrado a Dante a que viniera conmigo porque probablemente estaría incómodo y yo no podía hacer nada por evitarlo... ¿O sí?

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Angelo Sforza el Sáb Nov 09, 2013 11:01 am

Que fuera italiano no significaba que me gustara que me saludaran con dos besos. Cuando era pequeño era cuando más había socializado, y entonces lo máximo que hacía era pelearme o ponerme a jugar con niños que no conocía y a quienes no volvía a ver nunca, o si había suerte a la mañana siguiente, y nada de eso implicaba que me dieran besos. Ni siquiera de adolescente, que era cuando se suponía que tenía que haber sido más frecuente, me había pasado porque mi adolescencia había sido de todo menos normal y lo último en lo que había pensado había sido en socializar... hasta Cinzia. Y con ella la había fastidiado tantísimo desde que la había conocido que ni siquiera contaba, aunque prefería otro tipo de besos a los de la mejilla, esos que me había dado el tal Kyle y que hicieron que Katerina me medio abrazara para dejar claro que iba con ella y que a mí él no me iba. Y menos mal. Incluso aunque supusiera que me tocara lo agradecí porque tratar con hombres se me daba tan mal como tratar con mujeres, y más si esos hombres querían algo conmigo, que aunque me halagaba un poco (igual que también lo hacía que Katerina me hubiera dejado claro desde el principio que yo la atraía) lo que más me producía era mucha incomodidad... más, quiero decir. Por si estar rodeado de gente que no conocía no fuera suficiente.

Ellos hablaban y yo, como si fuera uno de los camaleones de Katerina, me mimetizaba con el ambiente, intentando pasar lo más desapercibido posible. Posiblemente por deformación “profesional”, aunque difícilmente se podía considerar trabajo a lo que yo hacía, por un momento me planteé desvalijar a un par de los presentes, pero era una tontería cuando había comida en la mesa, y totalmente gratis. O eso creía. No sería lógico que alguien fuera a pedirme explicaciones, ¿verdad...? Al menos, yo no lo creía, pero era bien probable que me equivocara porque era la primera vez que estaba con un grupo de gente que parecía llevarse bien tan grande y no sabía cómo comportarme. Por suerte, Katerina volvió a hacer de salvadora y me dijo que podía irme cuando quiera, pero después me dio un trozo de pizza y mi estómago pensó antes que mi incomodidad, porque antes casi de darme cuenta lo cogí y lo mordisqueé, con hambre porque estaba poco acostumbrado a comer tan a menudo y tenía mucho hueco en el estómago por la falta de costumbre. Además, justo en ese momento se unieron al grupo los que no habían estado hasta aquel momento, y uno de ellos fue a saludar a Katerina... Andy, creía recordar; sí, el chico que habíamos visto antes y que también me saludó.

– Bueno, Dante, ¿de qué conoces a Katerina? – preguntó Kyle, y a mí casi se me atragantó el trozo de pizza en la garganta aunque, por suerte, pude tragar sin hacer demasiados esfuerzos... y menos mal. ¿Qué se suponía que iba a decirle? La verdad estaba fuera de toda discusión, porque ni a ella le confirmaría las sospechas al decir que había intentado robarle la cartera y me había pillado, aparte de que yo no decía la verdad ni cuando era fácil hacerlo, y no iba a empezar entonces. Las mentiras eran una opción muy buena, pero con todos los presentes mirándome y esperando una respuesta dudaba mucho de mi capacidad de inventarme algo, sobre todo habiendo bebido alcohol antes, así que tendría que ser bastante evasivo... Por suerte, esa era una de las cosas que mejor se me daban desde que tenía uso de razón.
– Coincidimos en el mismo sitio en el mismo momento, la verdad es que no hay mucho más que pueda decir aparte de que le llamé la atención y a partir de ahí empezamos a hablar. – respondí, encogiéndome de hombros y dejando a todos los presentes satisfechos con la respuesta... menos a Kyle, que parecía querer saberlo todo sobre mí aunque yo no quisiera que supiera nada y cada vez estuviera más y más incómodo... porque sí, se podía. A punto estaba de alcanzar mi límite.
– Y, dime, ¿tienes novia? ¿O novio? ¿Hay alguien que te guste por ahí? Con tu cara bonita seguro que tienes a todo el mundo comiendo de tu mano... Nadie en su sano juicio le diría que no a esos ojos tuyos. – afirmó, y yo a esas alturas ya probablemente estaba hasta sonrojado pero más de las ganas que estaba acumulando de salir de allí que de otra cosa... Y negué con la cabeza firmemente para dejarle claro que no, y que ni ganas, que lo único que quería era salir de allí porque me estaba agobiando mucho y empezaba a faltarme el aire, como a veces me pasaba en mi buhardilla cuando veía cosas que sabía que no tenían que estar ahí pero estaban, y sólo las pastillas podían ayudarme a eliminar aunque cuando no las tenía todo era más fácil y yo me sentía mejor... más yo.

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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

Mensaje por Katerina Sorensen el Lun Mar 17, 2014 12:30 am

Las cosas no estaban yendo bastante bien, la verdad, aunque podrían ir mucho mejor si Kyle dejaba de acosar a Dante. Todos sabíamos que en cuanto Kyle le echaba el ojo a alguien era pesado y se ponía en plan presentador de programas de cotilleos pero tampoco era muy difícil darse cuenta de que aquella vez no le estaba saliendo bien y que Dante estaba muy incómodo, cada vez más, y Andy y yo nos mirábamos algo preocupados. Sabía perfectamente que Andy, desde que me había visto con Dante, ya se imaginaba que aquel chico no era un simple lío al que tirarme y si te he visto no me acuerdo y por eso parecía algo preocupado por el comportamiento de su amigo. Bueno, como todos. Porque pasó de preguntarle de qué nos conocíamos o cómo nos habíamos conocido a si tenía novia, novio o algún amor imposible o algo así y a soltarle piropos gratuitamente que estaba segura que Dante no estaba acostumbrado a escuchar... y menos por parte de otro hombre. Ni siquiera yo había sido tan directa con él (¿o sí? ¿se consideran los besos ser directa...?) y ya era hora de que me metiera en medio para impedir que al pobre le hicieran un tercer grado que, probablemente, fuese mucho peor que un interrogatorio de la policía. Le di tiempo a Dante a contestar, pero como se limitó a negar con la cabeza, nervioso, aproveché para hacerlo yo. - Si tiene o no tiene novia te da igual, Kyle. No eres el maldito Jesucristo gay que puede convertir a todos los hombres que te interesan en homosexuales. - todos se comenzaron a reír por mi comentario pero, por esa vez, yo hablaba en serio así que esperé a que las risas se apagaran para continuar, aún mirando a Kyle a los ojos. - ¿Qué pasa? ¿Ya te ha dejado tu amigo Oliver...? ¿Por qué ha sido esta vez? ¿Un tío? ¿Una tía? ¿Un travelo? - y con aquello conseguí que Kyle se levantara, molesto y picado y se fuera de la habitación (probablemente a la ducha) refunfuñando. - Creo que esta vez ha sido por un transexual... Le molaba eso de que de cintura para arriba fuera mujer y de cintura para abajo fuera hombre. Creo que Kyle no podía competir con eso. - dijo Andy y todos asentimos y volvimos a comer y a beber tranquilamente. Conocíamos a Kyle, era todo un drama queen y sabíamos que tarde o temprano se le pasaría así que ya ni nos molestábamos.

El ambiente se relajó un poco más y todos terminamos hartos de pizza aunque no de bebida. Los chicos ya habían empezado a beber y pese a que yo me moría de ganas, no podía. Aquel había sido mi último día de trabajo y tenía que buscar uno nuevo si quería comer durante los meses siguientes porque una cosa era que tuviera unos ahorrillos y otra muy diferente que pudiera mantenerme a mí y a todos mis reptiles sin trabajar. Miré a Dante de reojo, que pese a todo aún seguía incómodo y comiendo los últimos trozos de pizza (porque había comido menos y más lento que ninguno) y suspiré antes de acercarme a su oreja, apoyando la mano en su muslo sin pensar en lo que hacía. - Si quieres podemos irnos ya, mañana tengo que madrugar y hacer mil cosas así que no me importaría... - me encogí de hombros y sin siquiera darle tiempo a que me respondiera cogí los trozos de pizza que habían sobrado y los guardé en una de las cajas que cerré y cogí antes de levantarme. - Bueno, chicos, nosotros nos vamos ya. Como bien sabréis me han echado del estudio y estoy oficialmente en paro así que mañana me toca ponerme a rogar y a lamer culos para ver si me cogen en algún otro sitio mientras busco un nuevo estudio... - todos asintieron, ya algo bebidos y se levantaron (los que aún podían) a despedirse de nosotros, especialmente Andy y Dave que se despidieron de mí con un par de besos y abrazos y a Dante le estrecharon la mano o le dieron palmadas en los hombros. Sonreí quedé para vernos otro día o llamarnos cuando supiera algo del trabajo y salí de allí junto a Dante y la caja con las sobras de pizza.

Una vez fuera, me acerqué a Dante y le di un beso, algo más largo que un pico pero nada demasiado intenso y sonreí. - Me lo he pasado bien, hombre-gato. Siento que te hayan sometido a un tercer grado y que hayas estado incómodo la mayor parte de la noche pero... Bueno, supongo que te lo compensaré cuando acabemos el tatuaje. - sonreí  y me encogí de hombros mientras me mordía el labio inferior. - Ah, por cierto. Toma. - le pasé la caja con la pizza que había sobrado con una sonrisa y él me miró con cara de sorpresa, como extrañado por aquel gesto. - Apenas has comido esta noche, probablemente porque estabas demasiado incómodo o cortado para hacerlo y mis amigos se han puesto como unos cerdos comiendo así que esos trozos son tuyos. Y no me rechistes o te lanzo a Kyle! - bromeé antes de negar con la cabeza y mirarlo a los ojos. Sus ojos resaltaban mucho en su cara, especialmente en medio de la noche, porque aquel azul era tan intenso que hacía que te perdieras en ellos aún sin quererlo. - Bueno, pues ya nos veremos otro día, Dante. Ha sido un placer conocerte. Ya sabes donde vivo así que cuando quieras pasate, ¡y no te olvides, que quiero terminar tu tatuaje! No se pueden tatuar siempre chicos tan simpáticos y tan guapos. - le guiñé un ojo y le di un beso en la mejilla, bueno, más bien en la comisura de los labios y me despedí con la mano. - ¡Hasta otro día, Dante! - y me marché de allí sin más, con paso rápido para llegar cuanto antes a casa y dormir. Aquel había sido un día de lo más intenso, la verdad, y aún me costaba creer que pudiera haber conocido a un chico como Dante y es que nunca había conocido a nadie igual... Y algo me decía que tenía algo diferente, especial. Y quería conocerlo. Sobre todo, quería ser su amiga. Sin importar las ganas de empotrarlo que pudiera tener y que, por cierto, eran bastantes.
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Re: The Nameless {Katerina Sorensen}

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