Sombra aquí...sombra allá (Angelo Sforza)

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Sombra aquí...sombra allá (Angelo Sforza)

Mensaje por Eian McKellar el Jue Ago 30, 2012 10:49 pm

Hoy había vuelto a mi rutina normal. Sé que le había prometido a Cam varias veces que no volvería a arriesgarme a utilizar mi poder, después de lo que descubrimos. Algo en lo que estaba de acuerdo, después de comprobar, que todo daño que sufra mi sombra lo sufriré yo en persona. Era un riesgo demasiado grande, puesto que ella parecía tener vida y pensamientos propios. Es cierto que hasta ahora siempre me ha hecho caso, aunque siempre se está saliendo un poco del guión acordado. Pero supongo que eso siempre viene bien, hay menos posibilidades de que te pillen y siempre hay que improvisar, cuando algo sale mal. Ya de nada de eso importaba, estaba aburrido de no hacer nada y desaprovechar el poder que la tormenta me ha dado. He estado haciendo esta clase de cosas yo mismo, y nunca me ha pasado nada. Bueno, me ha cogido la policía un par de veces, pero nunca he resultado herido. ¿ Porqué tenía que pasar ahora?

Salí de casa temprano, justo después de que Cam se marchase a su trabajo, para así no levantar sospechas. Sería bastante raro verme levantado tan pronto y sin nada que hacer. Andaba despacio, mientras le susurraba a mi sombra las indicaciones para mi nuevo plan. Obviamente había tomado precauciones, no parecía un loco hablando solo, iba con los cascos puestos escuchando música. Por lo que parecía que iba cantando, como muchos jóvenes hacen mientras caminan por las calles. La cuestión es que el plan ra el siguiente: nos dirijíamos a una calle bastante comercial, con tiendas caras. Hace unos días había echado un ojo a una jollería, cuyo dependiente era un hombre mayor y que encima estaba desarmado. Pobre iluso, que seguía confiando en la gente. Todo sería fácil, la sombra estaría esperando a que algún cliente pidiese ver algo del mostrador, momento que ella aprovecharía para llevarse las cosas de mayor valor. Luego volvería a mi, y asunto resuelto. Ya tendría dinero para ahorrar y regalarle algo bonito a Lil.

Al pasar por delante de la joyería, yo sigo caminando, aunque mi sombra ya me ha abandonado. Para no levantar sospechas, ni siquiera miro a la tienda, sigo mi camino hacia un parque que se encuentra al final de la calle. Giro mi cabeza, para ver como mi sombra me saluda con la mano y se mete en el interior de la joyería. Niego con la cabeza, dejando escapar un largo suspiro entre mis labios. Una vez que llego al parque, me siento en un banco apartado y a la sombra, como es lógico, a fumar un cigarrillo. Esperando que el tiempo pase deprisa y mi sombra venga lo antes posible.

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Re: Sombra aquí...sombra allá (Angelo Sforza)

Mensaje por Angelo Sforza el Vie Ago 31, 2012 3:22 am

Llevaba varios días sin dormir en casa, y uno sin comer. Se me había terminado el dinero que había podido conseguir de maneras totalmente ilegales –porque, tal y como estaban las cosas, nadie daba trabajo a alguien sin cualificar– hacía días, y pese a que había estirado de él todo lo que había podido llegaba un momento en el que se terminaba y me tocaba robar. No era algo que me desagradara, porque partía de la base de que todo el mundo tenía más de lo que realmente se merecía y la gente acomodada no tenía ni idea de lo que era la supervivencia, así que robar no me suponía sentimiento de culpa siempre y cuando yo pudiera sobrevivir, que era el plan. Por eso, aquella mañana en la que iba a hacer eso que tantas veces había hecho ya para seguir adelante, no me atacaron los remordimientos, como tampoco lo habían hecho los días anteriores, cuando había estado vigilando aquella tienda. Me levanté temprano del local en ruinas en el que había dormido, que aquella noche me supo mejor que mi buhardilla habitual, y me adecenté, de tal manera que la ropa negra que llevaba pareciera, de hecho, negra, y no gris por el polvo y las cenizas acumuladas en el suelo sobre el que había dormido.

La chaqueta, cerrada con cremallera hasta el cuello y con la capucha subida en aquel día de lluvia, me servía para ocultar mi rostro entre la multitud agolpada en la bulliciosa calle de tiendas en la que me encontraba, y también en la que se encontraba la joyería. Me coloqué en una de las calles adyacentes al comercio, una en la que podía tenerlo vigilado, y con aspecto tranquilo, normal, igual que el de cualquier joven londinense, me puse a observarla como si estuviera esperando a alguien, y no planeando un robo. Durante aquel tiempo, no me pasó desapercibida la actitud sospechosa de un chico que sería de mi edad, más o menos, y que pasó de largo, pero que después volvió... con algo que me resultaba demasiado familiar. En aquel momento decidí entrar a la joyería y prestar atención al chico, a su comportamiento y a lo que hacía. Fingiendo que examinaba una cadena de plata que, de hecho, me podía permitir con el contenido de una cartera que había vaciado antes, no le quité ojo de encima a su manera de robar, algo menos cuidadosa que la mía y que me hizo sospechar, también porque la textura de aquella persona no era normal. Me recordaba a mis sombras, a las que yo utilizaba, y sólo por eso ignoré el atraco sutil que estaba llevando a cabo salvo para, con auténtica sutileza, valerme de un brazo de sombras que le cogió una de las pulseras que había robado.

Cuando él salió, yo aún me quedé unos segundos más para no levantar sospechas, y pronto me fui para no perderle el rastro. Camuflado entre las personas que había por allí, y sorprendiéndome por su falta de cuidado, comparado conmigo al menos, lo seguí hasta que llegó a un parque donde un clon suyo lo esperaba. Sabía que era un ladrón, sabía que era extraño el hecho de que hubiera dos como él, y al haber gato encerrado y tener una información que me beneficiaba sobre él, me acerqué a donde estaba y, sin más preámbulos, saqué la pulsera de diamantes y oro blanco del bolsillo, dejándola colgar de mi mano.
– Creo que esto es tuyo. Yo que tú tendría más cuidado, ¿dónde se ha visto un ladrón descuidado? – dije, haciendo bailar la pulsera frente a él –bueno, ellos– y con genuina curiosidad, algo sorprendente porque la gente, por lo general, no me gustaba... Y no solía haber excepciones, ni siquiera en compañeros de oficio, aunque quizá la hubiera si encontraba uno con un poder extraño.

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Re: Sombra aquí...sombra allá (Angelo Sforza)

Mensaje por Eian McKellar el Lun Sep 03, 2012 9:42 pm

Estar allí sentado esperando sin más, no era algo muy divertido que hacer en el tiempo libre. Yo prefería hacer las cosas por mi mismo, se podría decir que era mi hobby. Unos coleccionaban insectos, otros jugaban al fútbol, otros leen libros...yo simplemente robo. Un hobby ni mejor ni peor que el resto. Pero desde que adquirí este poder nada era igual, y suponía que las cosas serían más fáciles para mi, pero ahora me daba cuenta de que eso no estaba tan claro. Primero debía de acabar de domar a mi sombra y eso no era tarea fácil. Mire el reloj de mi muñeca algo nervioso, espero que no tarde mucho más en volver con nuestro botín estoy ansioso por ver lo que hemos conseguido y empezar a venderlo en algún callejón oscuro. Aunque cuando fumaba solía ser un momento relajado y tranquilo para mi, hoy no lo era. No solía preocuparme mucho por lo que hacía mi sombra en los momentos en los que la dejaba sola. Pero hoy notaba que algo raro pasaba, como si de una premonición se tratase. Mi sombra iba a hacer algo que nos iba delatar o...tal vez sea mucho peor que eso. Justo en el momento, que iba a encenderme otro cigarro, veo aparecer a mi sombra por la esquina del parque, aunque esta no iba sola. Puede que solo sea casualidad y sea una paranoia mía, que tan solo el chico que sigue sus pasos, va a hacer el mismo camino que ella. ¿Porqué no? Es lógico que con todas las personas que hay en esta ciudad, alguna tome el mismo camino que tú o decida ir al mismo sitio y a la misma hora. Lo raro sería que nunca te encontrases con nadie de esta forma.

Me quedo sentado, dando un suspiro, cuando mi sombra aparece y me muestra el botín conseguido en la joyería con bastante interés. Parece que hasta ella misma se siente orgullosa de lo que acaba de hacer. Sonrío de forma amplia al ver todo lo que ha conseguido y, doy un pequeño golpe en su hombro, que a la vez siento yo. Cuando iba a decir unas palabras alentadoras a mi sombra, aparece un extraño joven justo delante de nosotros. Le miro con desconfianza y frunciendo el ceño, la verdad es que nunca antes había visto a este chico, pero no me gustaba en absoluto el momento que había decidido para hacer su aparición. Muestra una pulsera que deja colgando entre los dedos de su mano, y me dice que debería de tener más cuidado. ¿Se podría considerar aquello como una amenaza sutil?

- Lo siento colega pero no se de que me hablas. Nunca había visto esa pulsera. - digo con un tono de voz pausado y relajado, intentando no delatarme con lo que acababa de suceder. En ese momento, mi sombra se coloca en su sitio normal, algo asustada por la situación. - No te conozco de nada ¿verdad? Pues ya te he dicho que eso no es mío, por lo que puedes seguir tu camino. - digo poniendo un gesto mal humorado en mi rostro. Espero que la muy idiota de mi sombra no se haya dejado ver de forma tan fácil. Además, ¿que querría aquel chaval? Por sus pintas, no sería lógico que me entregase a la policía, seguro que el más de una vez se había visto en un apuro parecido. Daba igual, lo que era obvio es que al llegar a casa, tendría una bonita charla con mi sombra y aclararíamos las cosas. Doy una calada al cigarro, sin apartar la vista de los ojos del chico, puede que no le intimide pero él a mi tampoco.

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Re: Sombra aquí...sombra allá (Angelo Sforza)

Mensaje por Angelo Sforza el Mar Sep 04, 2012 8:12 am

Teniendo en cuenta que acababa de ver a lo que parecía el hermano gemelo de aquel chico robando en la misma joyería a la que yo le había echado el ojo días atrás y que, por tanto, tenía asegurado que era un ladrón, no esperaba que fuera a confiar en mí. La primera regla de quienes nos dedicábamos a robar, fueran cuales fuesen nuestros motivos, era la desconfianza hacia todos y hacia todo. Si nos relajábamos, bajábamos el listón y al prestar menos atención éramos más fáciles de capturar. Si, encima, el ladrón era como yo, alguien que tenía más motivos que esa dedicación para desconfiar, era evidente que no caería en una provocación como aquella, aunque estuviera motivada por la curiosidad. Sabía que él no sería como yo –pese a todo, y aunque hubiera dicho un par de frases, sonaba a angloparlante nativo, y no pensaba que hubiera tenido que huir de su país porque lo buscaban como a un criminal de guerra–, pero también sabía que si se dedicaba a robar teníamos que tener en común al menos una actitud común de desconfianza, razón por la cual no me extrañó que su primer impulso fuera negar que la pulsera fuera suya. Sin embargo, se había dado de bruces con alguien extremadamente versado en el arte de tener el control sobre los demás, e iba a hacer que cantara y lo admitiera como que me llamaba Angelo Sforza, aunque nadie en ese país supiera ese dato, que me ocupaba de ocultar celosamente de cualquiera que pudiera denunciarme a la policía para que no me deportaran de nuevo a Milán.
– Lo siento, ha sido un fallo mío. Se le habrá caído a alguien de camino aquí, donde por pura casualidad te he encontrado junto a tu amigo, y me ha parecido que era tuya. – dije, con muchísima ironía y una sonrisa que dejaba claro que ni yo mismo me creía mis propias palabras, aunque me comporté de acuerdo con ellas, al menos al principio. Me guardé la pulsera en el bolsillo, hice un gesto de despedida con la cabeza y me giré para irme de allí... sin hacerlo inmediatamente.

Había algo raro allí, algo que olía a chamusquina con el casi gemelo del chico que fumaba, y estaba seguro de que lo había visto robar las joyas entre las que se encontraba aquella pulsera, así que si quería seguir negando un hecho evidente allá él, pero yo me llevaría parte del botín. De tal manera que pareció casi casual, me choqué mientras me iba con el segundo chico, al que había seguido, simplemente por ver si su textura era tan extraña como aparentaba, pero el subconsciente me falló y acabé desvalijándolo de todo lo que había robado rápidamente, como un buen carterista. Todo eso, que sucedió en un segundo, resultaba imperceptible para alguien no ducho en el mundo del robo; un simple choque rápido, una mirada y un gesto de disculpa, retomar tu camino en dirección contraria. Te podíamos dejar sin un triste céntimo más rápido que lo que se tarda en llamar a la policía para que fuera tras la pista de un ladrón, y eso era lo que yo había hecho con él, ya que si no lo admitía... bueno, al menos yo me garantizaba tener un pellizco con el que poder llevarme algo a la boca. Mi estómago lo necesitaba, así de claro lo dejó cuando ya lejos de aquellos dos rugió, y en lugar de desviarme hacia cualquier otra parte apreté el paso en dirección a la calle comercial de antes, donde había alguna tienda en la que coger algo de comida sin pagarla. Tampoco es como si pudiera permitirme hacerlo, aunque con aquel botín esperaba poder sobrevivir más tiempo del que normalmente podía. Al final, aquel chico iba a ser mi golpe de suerte de aquel día, pobre desgraciado... si me importara fastidiarlo, que no era el caso.

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