Last To Know {Jack Thomas}

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Last To Know {Jack Thomas}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Vie Jul 12, 2013 12:15 am

- Adriana Paola Gregoletto, ¿piensas salir de la cama hoy o acampamos en tu puerta hasta que decidas amanecer? - la voz de Maus hizo que me girara en la cama y me tapara hasta la cabeza, obviamente, sin ganas de salir de la cama tras una noche de fiesta con Carlo que, por cierto, había desaparecido aquella mañana... Como si me importara. Casi pude ver como Maus ponía los ojos en blanco en cuanto escuché su suspiro y sabiendo exactamente lo que iba a hacer me agarré con fuerza a las sábanas aunque al parecer no demasiado porque él me destapó del todo justo antes de abrir las ventanas y dejar que, por si no estaba despierta del todo, el sol terminara el trabajo por él. Solté un gruñido y escondí la cabeza bajo la almohada, para ver si así conseguía que me dejara en paz y cuando escuché como se marchaba de la habitación respiré aliviada porque eso significaba que podía tener un rato más de tranquilidad... O eso creía. - ¿Tanto te agotó Leone anoche, pequeña Corleone? Y yo que pensaba que te gustaba más el soldadito... He perdido una apuesta por tu culpa así que me debes una, Corleone. - bufé al escuchar a Ezio y le tiré la almohada a la cara, al menos, donde supuse que debía estar teniendo en cuenta de donde venía su voz. ¡Joder! ¿Es que no podía descansar tranquila? Al parecer no, además, se empeñaban en mezclar a Carlo y a Jack en la misma frase y me molestaba... No se parecían en nada, ni mi relación con cada uno de ellos tenía nada que ver pero al parecer tenía que elegir... Y eso se me daba de pena. - ¿Qué leches pasa, es que no tenéis a nadie más a quien torturar esta mañana? Porque yo estaba perfectamente hasta que habéis llegado... – Ezio se tumbó a mi lado en la cama y se encogió de hombros, sonriendo ampliamente y apartándome el pelo de la cara, que era lo que estaba usando para repeler el sol. Antes de que ninguno pudiera decir nada empezó a sonar mi móvil y me giré para cogerlo de la mesilla de noche, no era una llamada ni un mensaje, si no una alarma para recordarme que aquella tarde-noche había quedado con Jack. Apagué la alarma y le envié un mensaje para decirle que nos veíamos esa noche y me desperecé, todo bajo la atenta mirada de Ezio, que no se perdía detalle. - Sea quien sea el que te haya dejado esa carita tendrá que esperar... Hoy tenemos un día completito, esta mañana tenemos que preparar las pagas mensuales y después de comer nos vamos a las afueras, tienes una reunión con alguien importante... Maus no ha querido dar más detalles pero solo hay una condición, Carlo está fuera. – asentí y Ezio me despeinó antes de levantarse de la cama y salir de mi habitación, donde me dejó sola y pude desperezarme y remolonear un poco más, haciendo cálculos mentales, esperando que me diera tiempo a volver de aquella misteriosa reunión antes de mi... ¿cita? O lo que fuera con Jack.

El resto de la mañana pasó extremadamente lento, solo podía pensar en qué leches me pondría para aquella noche, no tenía ni idea de qué íbamos a hacer pero sabía que tendría que arreglarme, recordaba que Jack me había mencionado algo al respecto y no se me ocurría qué vestido ponerme... Porque no quería nada demasiado descarado pero tampoco quería parecer una monja... Me pasé la mañana apartando montones de dinero, armas nuevas con munición, móviles nuevos, chupa chups y condones sin prestar demasiada atención a lo que hacía. La paga de mis chicos se basaba en aquello, armas nuevas con números de serie lijados y munición, móviles nuevos desechables para que fuera prácticamente imposible rastrearnos de mes a mes y chupa chups y condones... Porque era una pequeña broma desde que llegamos a Londres. Una vez tuvimos las pagas preparadas y apartadas, cada una en sus respectivos sobres las guardamos y las dejamos preparadas para cuando tuviéramos que repartirlas, probablemente al día siguiente. A la hora de comer me limité a tomarme una porción de pizza con un redbull para espabilarme y dejé que mis chicos fueran los que lo recogieran todo y arreglaran la cocina mientras yo me duchaba y me arreglaba. Cuando llamaron a la puerta de mi habitación yo ya tenía el pelo rizado cayendo por mi espalda y aún llevaba una toalla al rededor del cuerpo, sin tener ni idea de qué ponerme. - ¿Adriana? ¿Aún no estás lista? - la voz de Maus me sorprendió de nuevo y me limité a encogerme de hombros. - Nos vamos a ir dentro de poco, tardamos casi una hora o más en llegar más lo que estemos allí... Así que se nos hará tarde seguro. – asentí y me mordí el labio inferior, mirando los vestidos que tenía en el armario, sin tener ni idea de qué ponerme porque, pese a que no quisiera reconocerlo, quería impresionar a Jack. Y entonces, como si Maus me leyera el pensamiento, me ayudó a aclararme. - ¿Has quedado luego? Si es así yo elegiría el morado... Te queda muy bien. No tardes. - y con una sonrisa volvió a cerrar la puerta y me dejó sola frente el armario. Saqué el vestido que me había dicho Maus y sonreí, tenía varios tonos de morado de más oscuro a más claro y era un palabra de honor que llegaba casi hasta el suelo, me puse un conjunto de ropa interior a juego y el vestido con unos enormes taconazos negros, terminé de maquillarme y cogí un bolso y una chaqueta por si acaso y en menos de media hora ya estábamos en el coche, camino a aquella reunión secreta de la que el único que sabía algo era Maus. No había visto a Carlo en todo el día y me parecía algo sospechoso pero no quise hacer ningún comentario ni preguntar, desde que descubrí que Carlo sabía lo mío desde el principio y me había estado ayudando había pasado a confiar más en él y había vuelto a las andadas... Aunque no nos habíamos acostado. Todos mis chicos pensaban que sí y nos miraban mal, lo odiaban y lo temían a la vez y no parecían entender que yo confiara en él de nuevo, como si me hubiera lavado el cerebro o algo así... Y por eso pensaban que nos acostábamos cuando no era así. Suspiré mientras miraba el paisaje por la ventanilla, cada vez más alejados de la civilización y más metidos en un paraje boscoso bien diferente a todo lo que conocía y donde me sentía segura... - Tu padre es muy amigo del señor Cromwell, Adriana. - Maus iba hablándome de la persona con quien iba a encontrarme por el camino, dándome datos necesarios y que probablemente nadie excepto él supiera. - Su nombre es Benjamin, es un conde muy interesado por el arte aunque esta reunión tiene más que ver contigo que con él.

Maus fue bastante conciso a la hora de dar datos y detalles sobre aquel hombre, al parecer, un conde y eso me parecía aún más sospechoso que la desaparición de Carlo. Por un momento llegué a pensar que quizá mi padre podría haber planeado aquello, que aquella reunión tenía algo que ver con él y el corazón me dio un vuelco en el pecho aunque aquella sensación duró poco... Lo que tardamos en llegar a la enorme propiedad del conde Cromwell. Aparcamos todos los coches en la entrada y me ayudaron a salir y a subir las escaleras de la entrada. La mansión era enorme, antigua y parecía más una fortaleza o un castillo que una casa, era impresionante y todos mis chicos se quedaron mirándola boquiabiertos. Ordené a cuatro de ellos que se quedaran fuera esperando, dos en los coches y otros dos flanqueando la puerta y miré la hora, ya era bastante tarde por lo que hice una mueca, Maus me preguntó si todo estaba bien y asentí antes de enviarle un nuevo mensaje a Jack, diciéndole que probablemente llegaría algo tarde, que tenía asuntos familiares que atender... Y sabía que no necesitaba explicarle nada más porque él lo entendería, entonces apagué el móvil y lo guardé en el bolso. Cogí aire y llamé a la puerta. - Allá vamos. – Antes siquiera de que diera tiempo a que el timbre dejara de sonar un mayordomo alto, larguirucho y arreglado abrió la puerta y con apenas echarnos un vistazo y sin decir absolutamente nada nos guió a Ezio, Maus y a mí por la enorme mansión, que observé con detenimiento, especialmente la enorme escalera que daba al piso de arriba, hasta que llegamos a un enorme despacho, muy parecido al que tenía mi padre en Nápoles o en Roma, y nos quedamos allí de pie, esperando a que apareciera alguien o alguien nos informara de qué hacer o cuanto debíamos esperar... Y yo estaba cada vez más y más nerviosa. Quizá no me había puesto el vestido adecuado, quizá no debería haber ido a aquel sitio... ¿Y si aquello solo nos traía problemas? No estaban las cosas como para ir buscándome problemas así porque sí por muy radar para atraer problemas que tuviera... De repente, empecé a tener dudas y, entonces, apareció aquel hombre de pelo blanco, ojos claros y sonrisa amable. - Vaya, te has convertido en toda una mujer, Adriana. Tu padre estará orgulloso de ti. - sus palabras me hicieron sonreír y me mordí el labio inferior, haciendo una leve reverencia. Todas las dudas que había tenido hacía escasos segundos desaparecieron de un segundo, entonces Maus y Ezio estrecharon la mano del señor Cromwell, quien intercambió unas palabras con Maus que solo ellos escucharon y entonces nos hizo un gesto para sentarnos. - Bien, comencemos... Probablemente te estés preguntando qué estás haciendo aquí y qué tengo que ver yo con tu familia. La respuesta a esa última pregunta es muy sencilla, no tengo nada que ver con vosotros, por eso tu padre me ha elegido a mí para esto. - sus palabras me sorprendieron tanto que tuve que hacer esfuerzos por no quedarme boquiabierta, aquello significaba que mi padre estaba vivo, estaba intentando contactar conmigo y lo había conseguido. Estuve a punto de levantarme y abrazar a aquel hombre pero me contuve a tiempo y sonreí... Aquella reunión empezaba a parecerme la mejor idea del mundo y, en el fondo, hasta empezaba a pensar que iba a merecer la pena llegar tarde a mi cita con Jack aunque fuera solo por lo que significaba aquella reunión.. Y estaba segura de que él lo entendería.

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Re: Last To Know {Jack Thomas}

Mensaje por Jack Thomas el Dom Jul 14, 2013 8:26 am

Aquel día, había quedado con Paola. Parecía mentira, para cualquiera que me conociera aunque fuera un poco, que la perspectiva de tener una cita (o algo así, porque ella no las llamaba de esa manera y yo no sabía si, para mí, lo eran exactamente o no...) con una italiana, teniendo en cuenta mi historial, pudiera hacerme tanta ilusión que había llegado a convertirse en mi primer pensamiento del día, aún entre las brumas del sueño y sin estar despierto del todo, pero fuera raro o no la cuestión era que ese se había convertido en mi mejor (y único) plan del día, por lo que todo iba a girar a su alrededor... y no me equivocaba al suponerlo, no. Ni siquiera necesité la alarma del móvil para recordar que tenía la tarde-noche ocupada, ya que sabía que sólo era cuestión de que ella me enviara un mensaje para que quedáramos porque, a fin de cuentas, estando yo de permiso tenía horario de casi vacaciones, y dado que la mafiosa a tiempo completo era ella prefería que fuera ella quien decidiera cuándo quedáramos. Incluso en eso parecía haber cambiado; Paola, de alguna manera extraña que no terminaba de entender, me había alterado respecto a lo que solía ser en mí, ya que habitualmente, ni siquiera cuando había estado emparejado, me habían ilusionado tanto las citas. Al final, cuando ya llevabas tiempo con una persona, las cosas tendían a volverse monótonas, y quizá era por la frescura que Paola suponía o porque, de alguna manera, me aliviaba increíblemente que si estábamos quedando tan a menudo se aligeraba la carga de pecado que sentía que cometía cada vez que estábamos cerca, no lo sabía, pero la cuestión era que, al final, cada día que quedábamos me lo pasaba bien... ¿qué digo bien? Me quedaba con ganas de que el encuentro no se terminara nunca y, cuando lo hacía, de que se repitiera cuanto antes.

La mañana, con esa perspectiva, se me pasó tan increíblemente lenta que ni siquiera llenarla con actividades rutinarias me ayudó a sobrellevarlas. Por primera vez en bastante tiempo bajé al supermercado a hacer la compra (con la consecuente cara de asco que se me quedaba cada vez que veía a las infieles acaparar los pasillos e impedir que los demás nos paseáramos para conseguir lo que queríamos), llevé a Abel al veterinario (y me gané un buen número de arañazos por los brazos) e incluso le compré arena, comida y juguetes, cualquier cosa con tal de salir de casa y que las paredes no se me echaran encima. Cuando no me quedó más remedio que volver a meterme en mi piso, me dediqué a limpiar y a acomodar a mi gato, que a la vista de la comida se volvió casi manso, y después a preparar la comida; en fin, cosas normales que se suelen hacer cualquier día cuando se tiene un poco de tiempo, es verano y no se tiene absolutamente nada mejor que hacer. Después de comer, me metí a la ducha para perder un poco el sentido del espacio-tiempo (aunque, todo hay que decirlo, tampoco funcionó mi estrategia demasiado bien, únicamente para no oír el móvil, pero eso es otra historia), y cuando salí me enredé la toalla alrededor de la cintura para ir así a mi armario, donde decidiría qué ponerme. Yo no era como esos desviados que se pasan horas decidiendo acerca de su ropa; por suerte para mí, mi padre me había inculcado buen gusto a la hora de vestirme, y mi experiencia en otras citas hacía que no tuviera que pensarme demasiado qué ponerme, por lo que enseguida elegí una camisa blanca, unos pantalones de corte informal, negros, y un chaleco del mismo color que era parte del mismo conjunto. Una vez listo, se me ocurrió coger el móvil, que estaba en el sofá, para mirar la hora y si tenía algún mensaje, y en buena hora lo hice, porque Paola me había dicho que llegaría un poco tarde poco estaba liada.

Entre las ventajas que tenía saber que la chica con la que estaba quedando era mafiosa se encontraba, sobre todo, una: estaba mentalizado de antemano de que muchas veces no podríamos quedar, o tendríamos que hacerlo a un horario diferente, porque ella estaba ocupada. Eso, por supuesto, era la teoría, ya que en aquel momento no pude evitar chafarme porque yo estaba listo, sin nada mejor que hacer, y ella, ocupada como estaba, no se encontraría conmigo hasta mucho, mucho después. ¿Qué podía hacer hasta entonces? No tuve que pensarlo demasiado, puesto que la idea se me presentó muy claramente: si ella iba a tardar, entonces yo podía permitirme hacer lo propio e ir a hacerle una visita a mi abuelo, al que le había prometido, hacía lo que me parecía una eternidad, que tenía que ir a verlo. Con esa idea en la cabeza, cogí el móvil, la cartera y las llaves del coche, listo para salir, y me dirigí hacia el garaje, donde tenía aparcado mi fiel Bentley Mulsanne, que hacía también demasiado tiempo que no cogía. Una vez dentro del vehículo, desconecté casi por completo porque el camino a casa de mi abuelo lo había hecho innumerables ocasiones y, por eso, me sabía la carretera casi de memoria, así que solía salirme automáticamente ir hasta allá, incluso tan tranquilamente como conducía yo, en parte por el tráfico de la salida de Londres y, en parte, porque tampoco tenía ninguna prisa, dado que tenía tiempo. Sin embargo, llegué antes de lo que había pensado que llegaría, y por eso cuando lo hice la casa estaba vacía, sin rastro de los invitados que mi abuelo, invariablemente, siempre tenía, de tan diversa índole que no solía ver a las mismas personas en su compañía más de una vez.

Aparqué en el lugar que siempre estaba reservado para mí, aunque no pusiera mi nombre en ningún sitio ya que aquello era más una tradición que cualquier otra cosa, y me bajé del vehículo para dirigirme hacia la puerta, donde el diligente mayordomo, Charles, no necesitó ni que llamara para abrirme y dejarme pasar. El camino lo conocía de memoria, y teniendo en cuenta que no tenía un abrigo que colgar, dado que pese a que fuera verano se estaba lo suficientemente bien para que no necesitara chaqueta, me dirigí directamente hacia la biblioteca, donde mi abuelo siempre solía estar en compañía de brandy viejo y un buen libro. Y, como suponía, allí lo encontré, tan contento como siempre de verme por mucho que le hubiera sorprendido que me hubiera presentado allí sin avisar (y por mucho, también, que disimulara la sorpresa bajo la capa de diligencia británica de la que siempre hacía gala). Me dio la bienvenida y estuvimos, durante un largo rato, hablando de la casa y de sus cuentas, ya que siempre insistía en que debía estar preparado para cuando llegara el momento de llevarla y debía saber administrarme bien sin ayuda del cascarrabias que solía ayudarlo con las cuentas. Cuando hablaba de él, en su rostro las arrugas se intensificaban a la altura de los ojos y la comisura de los labios, muestra de la diversión que le provocaba hacer rabiar elegantemente al cascarrabias que, desde que vivía su padre, había estado ocupándose de la casa en la que en ese momento nos encontrábamos. Yo, por mi parte, compartía ese mismo placer macabro de sacar de quicio al pobre hombre, que por mucho que farfullara siempre echaba de menos cuando no lo hacíamos porque eran viejas costumbres que preferíamos no perder. Sin embargo, llegado un momento, mi abuelo me dijo que esperaba visitas muy importantes, y yo le dije que había quedado (aunque él se lo había imaginado, a juzgar por el brillo curioso de sus ojos azules), así que me dirigí hacia el piso de arriba para terminar de guardar los papeles que habíamos utilizado y él se quedó en la planta baja.

Paola aún no me había avisado, pero entre que cogía el coche y volvía a Londres tenía aún un buen rato, por lo que, como mi abuelo me había enseñado, prefería ser yo quien esperara antes que hacer que una dama me esperara. Por ese motivo, aunque no tuviera por qué volver ya lo haría de todas maneras, pero al mismo tiempo como no tenía prisa me tomé mi tiempo a la hora de guardar los documentos en sus lugares correspondientes, ordenados de tal manera que si alguien necesitaba mirarlos los encontraría fácilmente. En cuanto hube terminado, me metí las manos en los bolsillos y bajé la gran escalinata de la casa bajo la atenta mirada de Charles, a quien sin duda mi abuelo había dado instrucciones para escoltarme hacia la puerta dado que él, a juzgar por cómo estaba su despacho, estaba ya reunido. Sin embargo, una y mil veces había estado presente en aquel tipo de encuentros, y supuse que no importaba que una vez más también lo estuviera durante unos segundos, lo suficiente para despedirme. De todas maneras, era el heredero de mi abuelo, aquel que en un futuro continuaría haciendo lo mismo que él siempre hacía, así que ni siquiera venía mal del todo que me pasara por allá, al menos normalmente. Por eso, lleno de confianza, me acerqué y toqué a la puerta cerrada un par de veces hasta que escuché el indudable adelante de mi abuelo.
– Señor Cromwell, yo ya me iba, había quedado con... – comencé, mientras abría la puerta, pero no pude seguir una vez vi quiénes estaban dentro porque, literalmente, me había quedado mudo. Sólo mi flema británica habitual impidió que la boca me llegara hasta el suelo de la sorpresa y que pareciera levemente sobresaltado en vez de lo alucinado que estaba por verla allí. ¿Qué demonios hacía Paola, mafiosa, junto a otros a los que conocía y cuyas caras eran un poema, viendo a mi abuelo...? – había quedado con ella. – concluí, aún sobresaltado, y dado que me había quedado parado como un pasmarote cerré la puerta tras de mí y me acerqué unos pasos, pero no lo suficiente para ser parte física de la reunión que estaba teniendo lugar allí.
– No sabía que os conocíais.

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Re: Last To Know {Jack Thomas}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Lun Jul 15, 2013 3:04 am

El señor Cromwell era un hombre mayor, con una vitalidad sorprendente para la edad que debía tener y que, sorprendentemente, parecía conocer a mi padre bastante bien pese a que tenía pinta de ser el hombre que menos fuera de la ley se encontraba de todos los que estábamos en aquella habitación. Tras soltar la bomba de que estábamos allí reunidos por decisión de mi padre nos ofreció a todos una copa y yo me negué pero Maus y Ezio aceptaron gustos y mientras él servía tres copas  volvió a sentarse en su gran sillón que le daba un aire aún más noble y se limitó a estudiarme de nuevo, como si viera un fantasma o no pudiera creerse lo que veía. Negó con la cabeza y sonrió. - Eres la viva imagen de tu madre, Adriana... - comentó y tras aquello no pude evitar moverme un poco en mi asiento, quería preguntarle de qué conocía a mi padre, por qué me trataba como si me conociera o... Tenía tantas preguntas que no sabía por donde empezar así que me mordí en labio inferior y me decidí a saberlo todo antes de que continuáramos. En fin, ¿qué podía decir? La curiosidad italiana podía más que el saber estar y la educación británica. - Señor, no me gustaría ser maleducada pero querría preguntarle... ¿De qué conoce a mis padres? ¿Y por qué me trata como si nos conociéramos? Me temo que no lo recuerdo... – Maus estuvo a punto de darme un codazo para que me callara pero, por suerte, estábamos sentados lo suficientemente separados como para que no pudiera hacer más que atravesarme con la mirada por lo que me limité a ignorarlo y sonreirle a aquel conde tan simpático y amable... Y a la vez tan británico. - No eres maleducada, signorina, y estoy encantado de responder tus preguntas. Tu padre y yo nos conocimos hace muchos años cuando tu madre aún vivía, su negocio de blanqueo de dinero en Londres estaba oculto bajo una tapadera de galería y tratantes de arte y antigüedades y tengo que reconocer que el arte es una de mis debilidades... Así fue como lo conocí. Y a ti y a tu madre os conocí en uno de mis viajes a Italia en los que coincidí con tu padre... Allí también conocí a tu hermano. ¿Son de tu agrado las respuestas? – asentí varias veces y entonces Maus se aclaró la garganta y atrajo la atención de todos los que estábamos en la habitación, incluso la de Ezio que solía aburrirse bastante en aquel tipo de reuniones aunque esta vez estaba especialmente atento a todo lo que ocurría y se decía. - Perdone, señor Cromwell, pero creo que deberíamos... Ir al grano. – él asintió, volviendo a ponerse serio pero antes de que pudiera decir nada más, alguien llamó a la puerta y nos quedamos todos en silencio hasta que él dio permiso para entrar a quien fuera que estuviera al otro lado de la puerta.

Estaba preparada para ver al mayordomo al otro lado de la puerta, preguntando cualquier cosa típica de mayordomo como si queríamos una taza de té o a informarle al señor de que tenía una llamada o esas cosas que hacen los mayordomos (especialmente los que parecían estar sacados de una película tanto como aquel) pero sin duda lo que no me esperaba en absoluto era escuchar primero aquella voz tan familiar que me hizo girarme al instante antes de ver a Jack allí... Tan sorprendido de verme como yo a él. Jack anunció que era conmigo con quien había quedado y entró dentro de la habitación, cerrando la puerta tras él y entonces no pude evitar fijarme en cómo iba vestido, al parecer, también listo para nuestra cita o lo que fuera. Con sus pantalones, su camisa y su chaleco estaba tan guapo que no pude evitar dejarme llevar pese a que sabía perfectamente que no era el momento ni el lugar... - ¡Jack! - exclamé finalmente, sorprendida, justo antes de levantarme e ir directa hacia él con intención de besarlo y abrazarlo aunque una vez llegué frente a él me paré en seco al recordar dónde estábamos y me limité a bajar la mirada, algo sonrojada por mi maldito pronto, tan italiano que me había resultado imposible de contener, y me mordí el labio inferior. - Ciao... – murmuré con las manos en la espalda, el mejor lugar que se me ocurría para tenerlas apartadas de él y que no me volviera a traicionar mi maldita italianidad, que siempre hacia acto de presencia en el momento menos oportuno... A las pruebas me remitía. - Yo tampoco sabía que os conocíais, John. Acercate, toma asiento con nosotros. No es mi intención privarte de la compañía de una dama como la signorina. – cuando dijo aquello no pude evitar alzar una ceja, mirando a Jack. ¿John? No recordaba que nunca nadie le hubiera llamado así antes y lo cierto es que me hizo gracia pero eso no fue lo que me hizo sonreírle y cogerle de la mano para que se acercara a nosotros, más bien, lo hice porque ahora que estaba allí no me apetecía nada que se marchara. Jack saludó a Maus y a Ezio, que seguían alucinados por la situación y después al señor Cromwell y se sentó en un sillón junto al mío, en el que yo me senté justo a la vez que él. - Me temo, signorina Gregoletto, que tendremos que posponer nuestra reunión... Ahora lo que me interesa es saber cómo os conocisteis vosotros dos. No parece que frecuentéis los mismos círculos, ¿me equivoco? – tuve que reprimir una sonrisa y morderme el labio inferior, apartando la mirada y buscando la de Jack. No sabía qué relación tenía él con el señor Cromwell por lo que no sabía si responder o dejar que él lo hiciera aunque al recordar nuestro primer encuentro... - No, lo cierto es que fue pura casualidad... - murmuré, sin poder borrar aquella estúpida sonrisa de mi cara... Esa que se me ponía siempre por culpa del maldito Jack y que consiguió que Maus y Ezio tuvieran que aguantarse la risa y me miraran divertidos... Malditos. Ya hablaríamos cuando llegáramos a casa, ya...

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Re: Last To Know {Jack Thomas}

Mensaje por Jack Thomas el Jue Ago 01, 2013 12:33 am

¿Qué demonios estaba haciendo mi abuelo reunido con Adriana, Ezio y Maus, mafiosos los tres, cuando en teoría él no tenía nada que ver con esos asuntos? Sabía perfectamente que mi abuelo tenía una vida muy interesante al margen de lo que yo conocía de él, que era bastante porque pasaba bastante a menudo a verlo, pero de ahí a relacionarlo con la mafia había un trecho tal que casi ni reaccioné cuando Paola vino corriendo hacia mí con intenciones que yo mismo compartía, no iba a engañarme respecto a eso. Sin embargo, estaba demasiado sorprendido para hacer algo que no fuera seguirla y pasar a la habitación, sobre todo porque al parecer mi presencia bastó para que abandonaran cualquier tema de conversación anterior y se centraran en nosotros dos. ¿Sería porque él no sabía que yo conocía la ocupación de las tres personas con las que se había reunido, o quizá por cualquier otra cosa? A lo mejor estaba haciendo una montaña de un grano de arena y los conocía por algo que no fuera ilegal, como la mafia, pero lo dudaba, porque si algo sabía de mi abuelo era que estaba muy bien posicionado y por mucho que no me lo esperara y que me hubiera sorprendido, y de qué manera además, a medida que lo asimilaba me iba pareciendo más normal y daba paso a que otras cosas me sorprendiera... como lo fue que me llamara John. Y ni siquiera fue porque utilizara aquel nombre, siempre solía llamarme así por algún motivo que desconocía, sino más bien porque lo hizo delante de gente ante quien me había identificado como Jack, el diminutivo, algo que ellos no tenían por qué saber y que podía hacer que se confundieran tanto como lo estaba yo.

– Pasó el día que vine a Londres desde Irak esta última vez, en cuanto bajé del tren ella apareció, y me confundió con otra persona. – respondí, sonriendo al llegar a ese punto porque esa era la manera más diplomática que se me ocurría de decir que había fingido que era su novio o su marido y que me había comido la boca así porque sí. Maldita italiana... – Después de eso empezamos a hablar, nos caímos bien y entre eso y que hemos coincidido alguna vez... En la subasta, por ejemplo, cuando pujé por el Caravaggio, Charlotte y yo coincidimos con Ezio y con ella. – añadí, y él asintió, al parecer conforme con mi explicación por algún motivo que desconocía del todo. ¿Quizá ya lo sabía y lo había preguntado para ver si era sincero...? No me sonaba demasiado probable, pero conociendo a mi abuelo posible era, así que no debía ahuyentar la posibilidad tan de plano.
– Toda una coincidencia, por lo que veo, y más si coincidisteis en la subasta. ¿Por qué no me dijiste nada de la signorina? ¿Querías esperar a conocerla un poco más? – preguntó, probablemente con miles de segundas intenciones que no entendía detrás de sus palabras y logrando que me sintiera incómodo por aquella suerte de tercer grado al que me estaba sometiendo delante de Paola y los demás. Él no solía ser tan inquisitivo conmigo, aunque lo cierto era que tampoco solíamos coincidir en una situación en la que él estaba reunido con mi... lo que fuera italiana, así que en cierto modo podía justificarlo.

– Aún sigo conociéndola más, es toda una caja de sorpresas y desde luego no lo que parece a primera vista. – afirmé, lanzando una mirada furtiva a la susodicha para que no pensara que me había olvidado de que estaba ahí (por mucho que la conversación pareciera focalizada en mi abuelo y yo) y después volviendo a mirar a mi abuelo, que había alzado una ceja.
– En eso estoy de acuerdo, y apenas hemos pasado juntos... ¿cuánto, signorina, unos minutos? – preguntó, con una educación que yo jamás dejaría de envidiar por mucho que, según mi familia, tuviera mucho de él, y haciendo que yo me removiera en mi asiento sutilmente, deseoso de cambiar de tema para ver si, así, tenía alguna respuesta a la pregunta que llevaba haciéndome desde que había entrado en la habitación: ¿qué relación tenía mi abuelo con la mafia italiana? Sin embargo, como era el único de los presentes que no lo sabía y por eso estaba en minoría, la maldita democracia haría de las suyas y me impediría saberlo por mucho que la curiosidad estuviera carcomiéndome, así que ya tenía más o menos asimilado que, si lo averiguaba, no sería aquel día, al menos aún no, porque las circunstancias no me eran afines.
– Y ¿conocías también a sus acompañantes, John, además de al signore Auditore, que has mencionado antes? – quiso saber mi abuelo, sacándome un instante de mis pensamientos y haciendo que mirara, de nuevo de reojo, a Maus y Ezio antes de clavar la mirada de nuevo en el señor Cromwell, que por algún motivo que desconocía estaba más inquisitivo aquella mañana que lo que normalmente estaba.
– Sí, al signore Biazzi lo conocí hará no demasiado, y a Enzo, Marco y Giovanni la primera vez que la vi a ella. Siempre suele ir muy bien acompañada, y los veo tan unidos que casi podrían ser familia... – comenté, probablemente cometiendo un error al mencionar indirectamente que sabía que eran de la mafia pero, quizá, acertando, todo porque no sabía qué era lo que mi abuelo quería saber y si realmente sabía o no con quién había estado haciendo negocios, porque aliada o no al final para mí la familia iba lo primero, y por eso me aseguraría de velar por mi abuelo cuanto hiciera falta.

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Re: Last To Know {Jack Thomas}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Vie Ago 02, 2013 9:01 pm

La conversación cambió tanto en apenas unos minutos que no pude evitar moverme en mi asiento, nerviosa. No tenía ni idea de la relación que tenían Jack y el señor Cromwell pero estaba segura de que era bastante cercana pese a que se trataran con respeto y educación pero aquel tercer grado sobre nosotros que le estaba haciendo no hacía más que ponerme nerviosa, incluso en un momento dado me sonrojé, cuando ambos coincidieron en que era una caja de sorpresas y no era lo que aparentaba a primera vista... ¿Por qué no podrían hablar de otras cosas como hombres normales? No sé, de fútbol o de películas de acción (incluso románticas si pillas a mis chicos en sus días...) como lo hacían mis chicos. ¿Por qué tenían que hablar de mí como si no estuviera delante o peor, como si estuviera delante y quisieran hacerme ver que no se habían olvidado de mí? Yo ya estaba prácticamente siendo tragada por mi asiento, rezando porque me tragara de una maldita vez pero, en el fondo, atenta a todo lo que decían. Al parecer, el señor Cromwell quería saber hasta qué punto Jack nos conocía a mi familia y a mí y no sabía si su tercer grado se debía a aquello pero yo no podía quedarme callada durante mucho más tiempo y pese a que sabía que no era de buena educación meterse en conversaciones ajenas no iba a poder evitarlo... Jack no se merecía aquel interrogatorio, tuvieran ellos la relación que fuera.

- Señor Cromwell, disculpe la intromisión, pero no tiene por qué preocuparse. Jack lo sabe todo. Es mi... aliado. - sonreí ampliamente, quitándole importancia al asunto mientras apoyaba una mano en la pierna de Jack, al mismo tiempo, detrás de mí, Maus y Ezio se movieron inquietos en sus asientos, probablemente, aguantándose la risa aún más pero mi vista estaba fija en el frente, en el señor Cromwell, que acababa de alzar una ceja como si lo que acabara de decirle no entrara dentro de las posibilidades que hasta el momento pudiera haber estado considerando. - Lo cierto es que es muy difícil esconderle a alguien como Jack algo tan importante como quién soy yo o mi familia porque termina por descubrirlo de una manera u otra al final y alguien como él, un soldado inteligente, bien entrenado y educado siempre es de ayuda para nosotros... Especialmente cuando, como sabe, estamos solos aquí. - entonces el señor Cromwell asintió, como si de repente lo entendiera todo o algo así y nos dedico a Jack y a mí una cálida sonrisa, logrando que me preguntara hasta dónde era capaz de saber solo con lo que le decíamos, que no era demasiado, pero que a él parecía servirle casi tanto como si se lo contáramos todo.

- Bueno, creo que eso lo aclara todo así que, por mi parte, ya hemos terminado. Estaré en contacto con el signore Biazzi para nuestro próximo encuentro, signorina. - el señor Cromwell se levantó, dispuesto a estrechar mi mano pero antes de hacerlo volvió a sonreír, probablemente, se había fijado en mi expresión, que dejaba más que claro que no había entendido por qué ese repentino cambio de actitud. - Tranquila, signorina, no es que no confíe en John, lo conozco bien y se que no ha podido encontrar un aliado mejor... Pero no me gustaría robarles más tiempo de su cita. Además, le diría a John que le enseñara la propiedad pero no creo que sea el día, solo se arruinaría ese bonito vestido que dudo mucho que se haya puesto por mí. - y, de nuevo, el señor Cromwell consiguió sonrojarme con lo que me limité a levantarme y a estrecharle la mano casi sin mirarlo porque había dado en el clavo. ¿Cómo era posible que supiera tanto con apenas echarnos un ojo y casi sin intercambiar palabra con nosotros? Ahora entendía mucho mejor por qué mi padre lo había elegido a él para aquello. Era un hombre inteligente, educado y observador, alguien en quien se podía confiar lo que me llevaba a pensar que en eso se parecía mucho a Jack. Y mientras el señor Cromwell estaba a punto de estrechar la mano del susodicho, de nuevo, no pude evitar meterme donde no me llamaban.
- Solo una cosa más, señor Cromwell, como sabrá no hay nada como la curiosidad italiana y sé que no es algo de mi incumbencia pero... ¿De qué se conocen Jack y usted? - la pregunta pareció cogerlos desprevenidos a ambos, que no se la esperaban, pero yo no pude evitar hacerla. Como había dicho, no había nada como la curiosidad italiana... Era como la de los gatos. Y en este caso los italianos solíamos tener el mismo final que los mininos cuando eramos demasiado curiosos. Solo esperaba que este no fuera el caso. Jack no dejaría que me pasara nada, ¿verdad?

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Re: Last To Know {Jack Thomas}

Mensaje por Jack Thomas el Mar Ago 06, 2013 10:54 pm

Antes de que pudiera darme cuenta, la curiosidad italiana dio un potente golpe al saber estar británico del que yo había hecho gala, basándome en un doble sentido a prueba de la inteligencia de todos los presentes, para dejar claro que yo sabía perfectamente a qué se dedicaba la italiana y también los que la acompañaban (al margen, claro, de comentar entre ellos todo lo que pasaba entre Paola y yo, porque si pensaban que no me había dado cuenta iban listos) porque era un soldado inteligente, bien entrenado y educado, palabras textuales. No se me daba muy bien encajar cumplidos, sobre todo de parte de alguien de quien nunca habría esperado que los dijera de mí, así que me limité a mirar a mi abuelo y a Paola alternativamente, como si se tratara de un partido de Wimbledon particularmente interesante (y eso que a mí ni siquiera me gustaba el tenis) en el que yo simplemente era alguien del público, y no uno de los participantes, por mucho que estuvieran hablando tanto de mí que bien podía considerárseme, dentro de esa metáfora, como la bola que se estaban lanzando. Para cuando mi abuelo nos dejó espacio para tener intimidad (o, al menos, para que pudiéramos tener la cita que se suponía que íbamos a haber tenido si las cosas no se hubieran puesto así de... raras, cuando menos) yo ya pensaba que me había librado del tercer grado y que las cosas podrían empezar a ser más normales, pero una vez más la curiosidad italiana ganó la batalla a cualquier otro contendiente, incluyendo de nuevo lo que yo esperaba de ella, y nos preguntó a mi abuelo y a mí por nuestra relación, ya que ahora que lo pensaba yo no había dicho nada al respecto y, al parecer, mi abuelo, ese que me cedió la palabra con un gesto, tampoco.

– La verdad es que llevo conociéndolo toda mi vida. – respondí, sin poder evitar una sonrisa, porque no dejaba de resultarme curioso que se nos hubiera pasado por completo decir nada... La verdad es que entendía que tuviera la duda porque para un espectador externo que solamente se fijara en nuestro trato, bien podía ser uno de sus subordinados, mientras que la realidad era muy distinta, tanto que yo era el heredero del título que él portaba, aunque odiara la idea. Por eso, la curiosidad de la italiana me pareció sumamente apropiada, por una vez, y por eso no dije nada al respecto, aunque pudiera haberlo hecho y, en otras circunstancias, seguramente lo habría hecho. – El señor Cromwell es mi abuelo materno, Paola. – aclaré, finalmente, sin ser consciente de que el tiempo que me había tomado había hecho que sonara casi dramático, como si la relación entre nosotros no fuera cordial como la que más. Teniendo en cuenta que mis padres trabajaban tanto fuera del país que difícilmente los veía, era él quien había tenido un papel más importante en mi educación, y también era mi modelo a seguir, en quien me gustaría convertirme cuando llegara a su edad. Mi admiración por él no conocía demasiados límites, y los dos sabíamos perfectamente que aunque físicamente no nos pareciéramos demasiado al margen de simplemente darnos un aire, mentalmente teníamos muchas cosas en común, motivo por el cual había sido yo, y no mi madre o incluso mi hermana, quien mejor se llevara con él y quien más lo ayudara con todo.

– ¿No se lo habías dicho, John? – me preguntó, con la ceja alzada, y yo simplemente me encogí de hombros, como restándole importancia al hecho de que ahora parecía ser cosa mía...
– Ni siquiera sabía que os conocíais. – repliqué, y entonces mi abuelo asintió y lanzó una mirada que no supe interpretar a Maus y a Ezio, que vigilaban la escena desde lejos, seguramente tan sorprendidos como Paola pero, por una vez (y, conociendo a Ezio, seguramente sin que sirviera de precedente), disimulando más que ella. Ellos, a su vez, asintieron, y yo ya estaba bastante perdido, una sensación que empezaba a repetirse más de lo que me gustaría en ese encuentro, así que miré a mi abuelo en busca de una explicación, ya que seguramente todo sería parte de alguno de sus planes maestros que solamente él conocía pero que, al final, tenían sentido. ¿En serio alguien se pregunta por qué quiero ser como él...?
– Pensándolo mejor, puede que robe al signore Biazzi y al signore Auditore unos momentos más. ¿Por qué no le enseñas a la signorina Gregoletto a Beowulf? Estoy seguro de que le encantará. – propuso, y en aquel momento, solamente por no responder a ninguna pregunta que pudieran hacer, la cogí de la mano y la saqué de allí para llevarla a las caballerizas, con paso tan tranquilo como mi actitud, si bien en cuanto estuvimos solos no pude evitar acercarme a ella y besarla lentamente como los dos habíamos querido hacer desde que nos habíamos visto. No quería separarme, y aún no iba a hacerlo, puesto que el beso estaba siendo increíble, pero entonces un relincho molesto me sorprendió y me hizo apartarme a tiempo de negar con la cabeza, divertido.
– Paola, te presento a Beowulf, el caballo al que bauticé así cuando tendría unos diecisiete años y no tenía un nombre mejor en la cabeza. – murmuré, y señalé al caballo pura sangre inglés, de lustroso pelaje negro y crines del mismo color, que nos miraba desde su posición.

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Re: Last To Know {Jack Thomas}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Miér Ago 14, 2013 9:47 pm

No tenía ni idea de que el señor Cromwell era el abuelo de Jack y cuando me lo dijo mi mandíbula debió de caer hasta el suelo porque era lo último que me habría esperado... Aunque al saberlo ahora todo tenía un poquito más de sentido. Tenía sentido que Jack estuviera allí, que se llevara tan bien con él y lo tratara con tanta educación y respeto pero a la vez que se conocieran tanto y tuvieran una relación cordial, sí, pero diferente a la que estaba segura que tenían con el resto. Sin embargo, pese a los ojos azules que bien podía tener el ochenta por ciento de la población inglesa, me costaba mucho encontrar algún parecido físico entre ellos por lo que en un principio ni siquiera había considerado la posibilidad de que estuvieran emparentados hasta que Jack lo había revelado, consiguiendo que su abuelo el señor Cromwell le preguntara si no me lo había dicho hasta ahora... Y teniendo en cuenta que ya llevábamos un tiempo conociéndonos yo también me preguntaba por qué no había dicho nada... Aunque quizá si lo había hecho no le había dado demasiada importancia porque no sabia quién era su abuelo hasta ahora. Jack nos respondió a ambos al decir que no sabía que nos conocíamos. Bueno, por eso se lo perdonaba. Justo en ese momento, el señor Cromwell miró a mis chicos y mis chicos lo miraron y yo alcé una ceja porque me dejaran fuera de aquel intercambio de miradas que seguro que significaba más de lo que a primera vista parecía, a punto estuve de decirles algo al respecto pero el señor Crowell se me adelantó, básicamente, echándonos a Jack y a mí de allí con el pretexto de que me enseñara a un tal Beowulf, que por el nombre supuse que sería un perro o algo así, mientras él hablaba con Ezio y Maus. Antes siquiera de que me diera tiempo a enfadarme, bufar o mostrar mi disconformidad con aquello, Jack me cogió de la mano y me guió por el lugar hasta llegar a los establos. Para no variar, ya iba a preguntarle qué hacíamos allí pero una vez más consiguió callarme aunque esta vez de una manera que me encantó pues el beso que me dio fue digno de repetir una y otra vez hasta la saciedad. Fue un beso lento pero intenso y cuando ya estaba dejándome llevar por completo algo llamó la atención de Jack y se separó de mí, enseñándome lo que habíamos ido a ver: Un precioso caballo negro que nos miraba fijamente.

Pese a que el nombre que le había puesto cuando no era más que un adolescente pareciera más adecuado para un perro, viendo al caballo se notaba que tenía fuerza y carácter y no pude contenerme y acercarme para acariciarle el morro aunque el caballo no parecía tener demasiado buen humor porque me lanzó un mordisco que conseguí esquivar a tiempo. - Vaya, tu caballo tiene un humor de perros. - sonreí, divertida y dejé que oliera mi mano antes de volver a intentar acariciarlo, consiguiéndolo esta vez sin ganarme ningún mordisco. - Me recuerda a mi yegua, Lucrezia. Era una pura sangre andaluza de pelaje marrón y crin negra. Mi padre me la regaló cuando era pequeña y ella no era más que una potra, aprendí a montar en ella. No sé qué habrá sido de ella, la verdad. - me encogí de hombros y me giré para mirar a Jack, acercándome un poco a él y cogiendo una de sus manos. - Al final la cita no está yendo ni tan mal... Aunque ahora creo que debería haberme puesto otra cosa, este vestido no me parece lo más adecuado para ir por aquí y menos cuando me entran tantas ganas de montar. - acaricié sus nudillos con los labios, mirándolo y los mordisquee con cuidado después. Estaba guapísimo y elegante como el que más, los trajes le quedaban increíblemente bien e incluso lograban que pareciera aún más imponente de lo que ya era mientras que yo a su lado no parecía más que una pequeña y frágil damisela en apuros. Sonreí ante aquel pensamiento y negué con la cabeza. - ¿Soy la única que piensa que está siendo todo muy raro hoy? Estoy segura de que tarde o temprano lo sabrás pero tu abuelo es amigo de mi padre y me ha dicho que ha sido él quien le ha pedido que organizara esta reunión. ¿Sabes lo que significa eso? Mi padre esta vivo... Y quiere volver. Hace mucho tiempo que no recibía noticias tan buenas y aunque luego Maus se enfade conmigo quería compartirlas contigo. - sonreí ampliamente y me mordí el labio inferior. - No sé, supongo que soy feliz. Parece que por fin empiezan a salirme bien las cosas. - me puse de puntillas y le di un suave pico en los labios aunque al separarme me quedé a escasos milímetros de él, disfrutando de lo que me hacía sentir tenerlo tan cerca. - ¿Hay algo más que quieras enseñarme, Thomas?

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Re: Last To Know {Jack Thomas}

Mensaje por Jack Thomas el Miér Ago 21, 2013 11:03 pm

Aunque el nombre se lo hubiera puesto hacía mucho tiempo, la verdad era que con la mala leche que tenía el caballo en cuestión, visible sin ir más lejos en su intento de morder a mi italiana, le pegaba mucho llamarse igual que alguien que había matado un dragón, tal y como el poema épico decía que había hecho Beowulf. La primera vez que me había ido a montar, mi abuelo me había prohibido acercarme a Beowulf a menos que supiera cómo mantenerme sobre un caballo, e incluso cuando ya tenía cierta práctica me había caído más de una y de dos veces, porque era bastante indomable... a menos que le cogieras el truco, y a mí me había costado, pero lo había hecho. Ella, al parecer, había tenido la misma experiencia que yo, o al menos una similar, con su yegua Lucrezia, de la que me habló brevemente, y quizá fue eso o simplemente que se acercó tanto a mí que me resultaba imposible no hacerlo, pero le presté mucha atención, absorbiendo cada una de las palabras que me decía. Probablemente no fuera buena señal, pero no dejaba de querer saber todo lo que ella pudiera contarme, y la sola idea de que dejara de hacerlo me desagradaba, pudiendo hablar como lo estábamos haciendo. Sin embargo, prefería no pensar en lo que significaba, ¿para qué? Era preferible rodear su estrecha cintura con los brazos y asegurarme de que estaba tan cerca que apenas existía espacio entre nosotros, porque si pensaba en lo que estaba haciendo probablemente encontrara la manera de culparme y no me apetecía cuando estaba tan bien.

– No sabía lo de mi abuelo, siempre había pensado que solamente era un noble inglés con una pasión desmedida por el arte, pero ¿relaciones con la mafia? No, jamás... Aunque, si tengo que serte sincero, no me sorprende, sobre todo desde que nos encontramos en la subasta. Ahora ya sabes que el Caravaggio era para él, ¿eh? Luego te lo enseño, pero ahora prefiero que veas el jardín. – propuse, dándole un pico como el que ella me había dado antes y, entonces, soltando su cintura pero únicamente para cogerla de la mano y guiarla fuera de las caballerizas, a través del jardín. La enorme mansión de mi abuelo tenía como ventaja que parte de su terreno daba a un bosque cercano, que antaño habían sido tierras comunales pero que ahora sólo le pertenecían a él, y por eso era muy buena para dar paseos a caballo o, simplemente, a través de los árboles. Además, el jardín estaba sumamente cuidado, y tenía dibujados, como si fueran nervios, numerosos caminos que serpenteaban a través de la vegetación y de las fuentes que se encontraban allí cuando los antepasados de mi familia llegaron a la mansión, que según decían había pertenecido a numerosos nobles antes que a nosotros, por raro que se me hiciera meterme en ese grupo. Mi intención era que Paola paseara conmigo a través del jardín para dar tiempo a mi abuelo a que solucionara cualquier asunto que tuviera pendiente con Maus y Ezio y, después, conducirla al interior de la casa, que estaba decorado con soberbio gusto y donde, probablemente, podría resguardarse del frío que aun siendo verano no dejaba de hacer.

– Siempre es bueno tener la confirmación, pero como sabes yo confiaba en que tu padre estuviera vivo. Alguien que durante tanto tiempo ha sabido escabullirse de la justicia, por mucho que lleve tanto tiempo oculto, debe guardar por fuerza un as en la manga, y como creo recordar que te dije una vez, si lo hubieran capturado lo habrían puesto por activa y por pasiva en las noticias para alabar la tarea de los servicios de inteligencia que lo hubieran conseguido. – comenté, encogiéndome de hombros, y entonces me detuve frente a una de las fuentes, que en ese momento no estaba funcionando pero que, aun así, no dejaba ninguna duda de lo magnífica que era una vez se pusiera en marcha el mecanismo que haría el agua bailar. Sin embargo, tenía cosas mejores en las que centrar mi atención que en una fuente que había visto mil veces, y por eso me giré hacia Paola, sentada a mi lado y que, en aquella escena, parecía sorprendentemente acorde, como si hasta aquel momento hubiera estado incompleta pero una vez había hecho acto de presencia todo parecía encajar bien.
– Quiero enseñarte toda la casa, Paola. He pasado gran parte de mi infancia aquí, y puede que esto haga nuestros días respectivos aún más raros, no lo sé, pero me gustaría que lo conocieras. Y sí, sé que probablemente Maus nos mate a ambos, pero si son buenas noticias deberías poder compartirlas, ¿no? Además, yo voy a guardarte el secreto. Para algo soy tu aliado. – concluí, sonriendo de medio lado antes de acercarme y besarla.

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Re: Last To Know {Jack Thomas}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Lun Ago 26, 2013 2:22 am

Nunca había entendido a la gente que decía cosas como “Daría lo que fuera por un momento a tu lado” o del tipo de “Más vale un minuto contigo que una eternidad sin ti”. Siempre había pensado que eran tonterías de quinceañeras y había mirado por encima del hombro a cualquiera que hubiera dicho semejantes gilipolleces en mi presencia y ahora era yo la que, por extraño que pareciera, empezaba a pensar... ¿Qué? ¿Qué era lo que pensaba? Sabía que no había nada como estar entre los brazos de Jack, pegada a él y sin absolutamente nada más importante que hacer que mirarnos a los ojos pero también sabía, como debía de saber él, que aquello no podía durar. Mientras pensaba aquello, sus palabras, aún mostrando parte de su sorpresa anterior por el descubrimiento de que su abuelo tenía relaciones con la mafia me hizo sonreír. Apenas había asimilado que íbamos a salir de allí para ver el jardín y su pico ayudó a que me costara hacerlo hasta que soltó mi cintura y me cogió de la mano para conducirme fuera de los establos por el enorme lugar. Durante el paseo hasta el jardín e incluso por él volvieron a mi cabeza los pensamientos que había decidido ignorar antes... Y que había ignorado prácticamente desde que había conocido a Jack. Pese a que sabía que probablemente mi destino fuera casarme con un desconocido para ayudar a la familia aún, en mi fuero interno, deseaba que las cosas fueran diferentes, tener algo como lo que en su día habían tenido mis padres y... ¿Ser feliz? Parecía una broma de mal gusto que alguien como yo aún fuera capaz de pensar en eso y aún así no podía evitarlo, menos aún cuando estaba con Jack. Por suerte para mí y para mi cordura Jack me sacó de mis pensamientos, recordándome que mi padre seguía vivo y que era su abuelo el que me iba a ayudar a contactar con él... Como también que él mismo, prácticamente desde el día en que nos habíamos conocido, había creído que seguía vivo y que estaba escondido en cualquier parte. Me mordí el labio inferior, sentándome en el borde de una de las fuentes que había en el magnífico jardín de la mansión del abuelo de Jack, aprovechando que él se había parado junto a ella. Me quedé mirando el agua, que estaba tranquila y en calma porque la fuente no estaba en marcha y dejé la mente en blanco, tratando de volver disfrutar el paseo, el lugar y la compañía como si nada más importara por lo que no me esperé las palabras de Jack... Ni lo que fuera que significara aquello. Aunque cuando me besó dejé de pensar, simplemente acaricié su mejilla y llevé la mano a su nuca para intensificar el beso, jugando con su lengua, deseando que aquello no terminara nunca... Pero tuvimos que separarnos. Aquel beso me había robado el aliento y tuve que respirar hondo para recuperarlo, mordiéndome el labio inferior.

- ¿Es necesario que volvamos? Yo... Estoy bien aquí. No me importa lo que estén hablando dentro o que me hayan echado de allí como si no me interesara lo que fueran a decir... Solo quiero estar aquí, contigo... Y no pensar en nada más por una vez. - me encogí de hombros, bajando la mirada y sin poder evitar que un cúmulo de sensaciones, pensamientos y sentimientos me abrumaran de golpe. No podía ignorarlo más... Aquello me aterraba. Que Jack quisiera mostrarme algo tan personal, hacerme parte de ello, nunca en mi vida nadie había hecho algo así conmigo y tenía miedo de que aquello, como él decía, hiciera aún más raras las cosas entre nosotros.... Pero también tenía miedo de que no me importara en absoluto. Y aún así... - ¿Sabes? Olvídalo, enséñamelo todo. - no pude evitar alzar las cejas y reírme por el doble sentido de aquellas palabras, si tenía que pasar algo, bueno, que lo hiciera... Total, ya tenía claro que olvidar a Jack me resultaría difícil y, ¿qué más daba un poco más? Así al menos podría disfrutar al máximo de cada momento que pasara con él sin penar en nada ni en... nadie más. Le di un casto beso en la mejilla y le guiñé un ojo antes de levantarme, colocándome bien el precioso y caro vestido que me había puesto solo para él y le ofrecí mi mano para continuar paseando por el jardín aunque, esta vez, de vuelta a la casa de su abuelo. - Me gustaría poder enseñarte el lugar donde me crié... Era muy parecido a esto, ¿sabes? Bueno, sin el bosque tan cerca y todo eso pero estaba algo alejado de la ciudad para protegernos a todos y siempre estaba lleno de gente, mi padre no dejaba que Pietro ni que yo fuéramos solos a ninguna parte y a parte de los caballos teníamos perros... Lo cierto es que fueron buenos momentos.  Supongo que mi habitación seguirá tal y como la dejé hace unos diez años. - me encogí de hombros, recordando mi infancia, al menos la parte buena y sonriendo al hacerlo porque hacía mucho que no pensaba en ello y en lo mucho que echaba de menos mi hogar. Estaba segura de que él, con lo que amaba su tierra, entendería perfectamente lo que yo sentía al respecto. - Ojalá pueda volver pronto a Italia... Hace tanto que me marché que temo haber olvidado, no sé, todo. Y tú podría venir. Supongo que es una locura pero eres mi aliado, ¿no? Tienes todo el derecho del mundo a conocer aquello... Y me gustaría enseñarte aquello, si no has estado, claro. - sonreí y continué caminando con él en silencio, tratando de ignorar aquella pequeña parte de mí que me decía que lo que decía eran tonterías, que Jack jamás vendría conmigo y que de hacerlo aquello solo empeoraría... en fin, todo. ¿Por qué tenía que ser así? ¿Por qué no podía tomar yo mis propias decisiones? Ya, porque las cosas eran así desde mucho antes de que yo naciera y no podía llegar yo y cambiarlas de la noche a la mañana... Pero no podía evitar tener esperanzas. Después de todo era lo último que se perdía. Y Jack solo lograba que me resultara más y más difícil hacerlo.

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Re: Last To Know {Jack Thomas}

Mensaje por Jack Thomas el Miér Sep 04, 2013 1:53 am

No se me escapaba lo apropiado que había sido besarla después de referirme a ella como su aliado para expresar lo extraño de lo que fuera que nos unía, y a lo que llamábamos alianza, pero mentiría si dijera que lo había hecho a propósito, y Él bien sabía que yo no mentía si no era por un bien mayor porque no me gustaba pecar, como a todo buen cristiano. No, si la había besado había sido porque no había podido evitarlo, al estar tan cerca lograba matarme de ganas de hacer que estuviera aún más pegada a mí, y no se me ocurría mejor manera de conseguirlo que, tal y como había hecho, rozar sus labios, por mucho que como siempre me pasaba no fuera capaz de prever las consecuencias y acabara sin aliento por su culpa. ¿Qué podía decir en mi defensa? No podía evitarlo, con ella hacía tiempo que había llegado a la conclusión de que era superior a mi fuerza de voluntad, habitualmente considerable, porque me atraía demasiado, física y psicológicamente, así que hacía tiempo que había llegado a la conclusión de que lo mejor que podía hacer era rendirme a la evidencia, dejar que todo siguiera su curso y que pasara lo que Él quisiera que pasase, porque al final Suya sería la voluntad que lo guiaría todo. Por eso, la escuché atentamente, también porque me interesaba lo que estaba diciendo y podía incluso entenderlo por lo apegado que me sentía a mi Inglaterra natal, y por eso continué caminando con ella, aunque en un momento dado me detuve, cerca de una de las fuentes, porque me había parecido ver que ella, por el vestido que llevaba, tenía la piel de gallina, y lo caballeroso era evitarlo, así que me quité la chaqueta y se la puse por los hombros, indiferente al frío que nos rodeaba porque estaba acostumbrado a eso y mucho más.

– Nadie debería estar lejos de su hogar demasiado tiempo, pero da igual que pasen cien vidas sin que estés allí, en el fondo jamás puedes olvidar el lugar al que sabes que perteneces, lo llevas aquí dentro. – respondí, y cogí una de sus manos para llevarla a donde palpitaba su corazón, en la parte izquierda de su pecho. Alguien que no hubiera estado tanto tiempo lejos de casa y en medio del desierto, como yo, probablemente no entendiera el apego que sentía hacia mi gente y hacia mi hogar, pero ella que había estado separada del suyo probablemente comprendería mejor que nadie lo que era la añoranza, aunque nuestros objetos añorados no pudieran ser un poco más diferentes, o al menos eso creía, dado que jamás había visitado Italia. – Me gustaría ir contigo, todo lo que conozco de Italia es de lo que he leído o me han contado militares que han estado destinados conmigo, y estoy seguro de que probablemente acabe sorprendiéndome si la visito. – añadí, y en aquel momento, cuando ella bajó su mano de nuevo a un lateral de su cuerpo, yo entrelacé sus dedos con los míos y la conduje de nuevo hacia el interior de la casa, pero no por la salida que habíamos utilizado nosotros, por las caballerizas, sino una lateral que solía usar cuando era más pequeño y me apetecía bajar al jardín directamente desde mi habitación. En realidad, si había utilizado aquella puerta era porque conducía hasta el segundo piso, donde se encontraba mi cuarto de entonces, y quería que ella lo viera por algún motivo que desconocía, ya que probablemente era lo más personal que hubiera por mi parte en la casa de mi abuelo.

– Nunca he traído aquí a ninguna chica, ¿sabes? Bueno, en realidad, nunca he traído aquí a nadie que no fuera de mi familia, supongo que esto es demasiado personal, pero... no sé, ya que estamos aquí quiero que lo veas, me parece que es lo correcto. – aclaré, aunque en realidad no tuviera por qué darle explicaciones de por qué hacía lo que hacía, sobre todo porque en ciertos momentos ni siquiera yo mismo lo entendía, y aproveché que estábamos plantados frente a la puerta de mi habitación para darle un pico muy corto, tras el que abrí y la dejé pasar a mi pequeño santuario. La habitación no era demasiado grande, y salvo la cama, que era lo único que con los años había cambiado para que se ajustara a mi altura, ya que en eso era en lo que más se notaba que había crecido, todo estaba igual que siempre: estaban los posters antiguos, de cuando mi abuelo era joven, de aviones de guerra y de propaganda británica, todos conservados perfectamente; estaba el armario de madera de roble, que ahora que había crecido me parecía mucho menos imponente que antes; estaban las estanterías llenas de todos los libros clásicos y no tan clásicos, porque la mayoría de mis libros de Orwell se encontraban allí, que había devorado con los años... Todo estaba igual que siempre, que cuando había sido un niño e incluso que cuando era un adolescente que ya quería irse a defender a su país, y ella era la única persona que había entrado allí por elección mía y no porque tuviera derecho a hacerlo por compartir sangre. En el fondo, la idea de haber sido capaz de hacer eso me aterraba, porque significaba que ella me importaba mucho más de lo que probablemente fuera capaz de admitir en voz alta, pero estaba tan acostumbrado a guardarme mis pensamientos y emociones para mí, cosas de ser británico de pura cepa, que no dejé que trasluciera o se reflejara en mi rostro, demasiado ocupado en mirarla a ella y estudiar sus reacciones. ¿Le gustaría? ¿O quizá pensaría cualquier cosa sobre mí? No lo sabía, y era esa incertidumbre precisamente lo que me hizo volver a hablar.
– Si tu habitación está como la dejaste hace diez años, se parecerá entonces a esta, porque aunque he vivido aquí bastantes temporadas no he tocado nada de la decoración salvo la cama, y únicamente porque no cabía.

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Re: Last To Know {Jack Thomas}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Dom Sep 22, 2013 11:53 pm

Jack era todo un caballero británico y cada segundo que pasaba a su lado servía para darme cuenta de que nunca había conocido a nadie como él y, probablemente, nunca lo haría. Su forma de cubrir mis hombros con su chaqueta únicamente porque tenía frío, cómo entendía la añoranza que sentía hacia mi hogar o incluso su manera de coger mi mano y guiarme por un camino totalmente diferente al que habíamos utilizado para salir de la casa solo eran pequeños gestos que ayudaban a que esa sensación que tenía en mi interior aumentara cada vez más y llegó un momento, justo cuando nos paramos frente a la puerta de su cuarto, en el que me moría de ganas de ver qué era lo que había dentro. Como si de repente hubiera olvidado el miedo que sentía por todas las implicaciones que pudiera tener aquello en nuestra relación, esa que pese a que nos consideráramos únicamente aliados era muchísimo más complicada que eso, lo que más deseaba en la tierra era que abriera la puerta y poder ver qué había allí dentro y por qué tenía tantas ganas de enseñármelo o incluso por qué hacerlo podía suponer un cambio tan importante entre nosotros. El hecho de que nadie excepto su familia hubiese entrado allí ayudó a que el miedo volviera durante unos segundos pero él fue capaz de borrarlo de un plumazo con aquel simple beso que me supo tan a poco... Y entonces abrió la puerta. Cuando entré y miré a mi alrededor casi pude ver a un pequeño niño rubio admirando los pósters de aviones de guerra de la pared y soñando con convertirse algún día en un piloto, o a ese mismo niño sentado en el escritorio y leyendo todos los libros de las estanterías, mirando el enorme armario de roble como si de él pudieran salir los personajes de los libros que leía, o incluso... Al ver la cama tragué saliva. Nunca había llevado a nadie allí. Aquello cobraba un sentido diferente en aquel momento y di un paso para observarlo todo mejor, más de cerca, escuchando a Jack de fondo mientras acariciaba los libros que había sobre las estanterías reconociéndolos todos pues si no los había leído, al menos habían caído en mis manos en algún momento. Finalmente me giré hacia él y le dediqué una cálida sonrisa.

- Me encanta. - fue lo único que fui capaz de decir y luego me acerqué a él y lo cogí de la mano para que dejara de parecer un simple espectador y compartiera conmigo el momento. - Casi puedo imaginarte de pequeño en este lugar... Dice más de ti de lo que probablemente tú podrías decir en mucho tiempo. Reconozcamoslo, hablar de ti y abrirte no es tu fuerte. - volví a sonreír y le acaricié la mejilla aún sin creerme que... todo aquello estuviera pasando realmente, que Jack y yo estuviéramos allí o que, simplemente, hubiera tenido la suerte de conocer a alguien como él en mi vida... Que lo había cambiado todo, quisiera reconocerlo o no. Estaba a punto de besarlo cuando mi móvil comenzó a sonar y sin siquiera mirar el identificador me separé de Jack, haciéndole un gesto para que esperara un poco antes de responder. - ¿Dónde demonios estás? ¡Llevo toda la mañana buscándote, Adriana! ¿Por qué no me has dicho que salías o a dónde ibas? Pensaba que... ¡Dios! Dime dónde estás, voy ahora mismo. - me quedé petrificada al escuchar aquella voz, desde que había llegado allí había olvidado por completo a Carlo y que ahora volvíamos a llevarnos bien... Únicamente porque él conocía mi secreto y parecía poder controlarme pese a que aún no supiera demasiado bien cómo lo lograba. Desde el día en que Carlo había logrado que no matara a Angelo y a Maus en casa habíamos empezado a pasar mucho más tiempo juntos y parecía como si las cosas volvieran a estar bien entre nosotros... Pero Jack no sabía nada de aquello y aún no entendía por qué. En el fondo, no quería que me odiara. - Ahora no puedo hablar, Leone, estoy reunida. Te llamo cuando termine... - pero él no me dejó terminar, estaba enfadado, molesto y... ¿preocupado? Al menos lo parecía o decía que lo estaba pero Carlo era más cambiante que un camaleón y saber si decía la verdad o no muchas veces era relativo pues lo que podía ser verdad en un momento determinado, a los cinco minutos ya no lo era. - ¿Ahora soy Leone otra vez? Creía que ya volvía a ser Carlo... Ah, espera, déjame adivinar, ¿estás con él? Porque eso explicaría muchas cosas, como por ejemplo por qué vas escondiéndote, ¿es que no te dice algo el hecho de que tengas que esconderte para verle? - ya no lo soportaba más, en apenas unos segundos Carlo había arruinado el momento y ahora incluso Jack parecía inmóvil e incluso tenso. Evité deliberadamente su mirada, con miedo de lo que pudiera ver reflejado en ella. - Carlo, hablamos luego, en serio, tengo que dejarte. Ciao. - y colgué. Pero aquella llamada lo había cambiado todo. Miré a Jack, evitando sus ojos, y me mordí el labio inferior. Me avergonzaba que supiera que volvía a llevarme bien con Carlo, me avergonzaba que hubiera escuchado aquella conversación... Y especialmente me avergonzaba haber tenido que mentir sobre el hecho de que estábamos juntos.
- Lo siento... - murmuré, sin saber qué más decir.

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Re: Last To Know {Jack Thomas}

Mensaje por Jack Thomas el Miér Oct 02, 2013 7:02 am

Estuve a punto de besarla. Todo parecía ser lo más indicado para hacerlo, no creía que fuera a haber un momento mejor para acariciar sus suaves labios y que ella se acercara a mí como siempre solía hacerlo, tan intensamente como de costumbre, para compartir algo a lo que estaba acostumbrado, aunque no debiera... Eso fue lo que vi en aquel momento. Con una sola palabra, toda la atmósfera de la habitación se transformó en una distinta, de algo íntimo pasó a ser algo burlón que se reía en mi cara por haber confiado en ella lo suficiente para... ¿para qué? ¿Para pretender que iba a ser distinta o capaz de ponerme por encima de Carlo, de ese maldito bastardo? No, al final la sangre y la tierra siempre tiraban, y si ya estaba encontrando razones sobradamente justificadas para odiar mi pretensión y mi estupidez, pensar que alguien podía cambiar tan radicalmente era la mayor de todas ellas. ¿Quién era yo? Sólo era un británico más, alguien a quien ella le gustaba tanto que estaba dispuesto a renunciar a su Dios y a sus creencias sólo por pasar un rato junto a alguien que, evidentemente, no quería nada más de mí que lo físico, que era lo que yo menos valoraba. ¿A quién le importaba que a mí ella me gustara por lo que había en su cabeza, porque ni siquiera era mi tipo físicamente hablando y aun así creía que era guapa? A ella, desde luego, no, y todo lo que hubiera podido creer hasta aquel momento era una simple mentira que me había contado a mí mismo porque se trataba de lo que quería oír pero, también, de lo que ella me hacía escuchar. Me negaba a creer que era simplemente culpa mía, no cuando no había sido yo quien había mentido sobre la persona con la que me encontraba sino que ella había ocultado que seguía manteniendo el contacto con Carlo y a él no le había dicho que estaba conmigo, como si se avergonzara... y probablemente lo hiciera, ya que todo apuntaba a ello, y la certeza que poco a poco se abrió paso en mi mente fue la gota que colmó el vaso.

– No, Paola, más lo siento yo. – murmuré, pero con el silencio que parecía haberse apoderado de la habitación estaba seguro de que me había escuchado, a pesar incluso de que no parecía mi voz la que había dicho esas palabras, sino otra distinta. Aunque de cuerpo presente me encontrara allí, la realidad era que mi mente estaba lejos, muy lejos de allí, sobre todo porque era esa indiferencia momentánea o enfadarme hasta un punto que no le recomendaba a nadie ver y al que no estaba dispuesto a llegar en la casa de mi abuelo, de entre todos los lugares posibles. Aunque me estuviera costando el esfuerzo de muchos años, estaba siendo capaz de mantenerme a raya por pura testarudez y haciendo alarde de un autocontrol que, por el esfuerzo al que lo estaba sometiendo, probablemente se esfumaría en el momento menos oportuno de todos, y no podía permitírmelo, sencillamente no podía. Entre eso y que las cuatro paredes de mi habitación se estaban haciendo cada vez más pequeñas y opresoras, sobre todo con la presencia de Paola allí, que en vez de resultarme reconfortante ya solamente significaba una fuente casi infinita de molestia y enfado, la única opción que tenía era la de irme, y eso era precisamente lo que iba a hacer, pero me la llevaría de allí porque no quería que mancillara más mi pequeño santuario en casa de mi abuelo. Estaba dispuesto a perder, al ser yo quien cediera, pero no a permitir que el daño fuera tan considerable como podría serlo si seguía allí, por eso no pasaba.

– La reunión ha terminado. Dile a tu querido Carlo Leone que ya puedes ir con él, que ya no tienes que esconderte más o cualquiera de las otras cosas que te ha echado en cara, realmente me es indiferente lo que tengáis o lo que quieras contarle porque está claro lo que opinas al respecto, y no pienso rebajarme. Lo creas o no, dado que lo has pisoteado de mil maneras distintas, tengo mi orgullo. – advertí, y a medida que iba pasando el tiempo se me iba notando más la dureza en la voz, lo cual solamente podía ser sinónimo de que mi autocontrol no iba a durar mucho y de que, como explotara, probablemente los dos lo lamentaríamos... porque si olvidaba mis motivos, me volvía una auténtica bestia como sólo el desierto sabía que podía llegar a ser, y ella corría el riesgo de sacar una parte de sí misma que yo había conocido por accidente y que prefería ignorar, puesto que eso había contribuido a que estuviera como lo estaba. No, no iba a permitirme lamentos, ni mucho menos iba a dejar que ella siguiera siendo la que controlaba todo en mi vida, ya no más. Con paso decidido, me alejé de ella como debería haber hecho desde un principio y me acerqué a la puerta, que abrí aunque no llegué a pasar, puesto que el gesto dejaba muy claro, sin necesidad de que dijera o hiciera nada, que ella ya no era bienvenida en mi santuario. Sin dejar que añadiera nada, una vez abandonó mi habitación me dirigí hacia la sala de estar, donde haría la cosa menos educada que se me ocurría y por la que mi abuelo seguramente me reprendería más adelante, en privado, pero que era lo que tenía que hacer. Por suerte para mí, cuando entré en la sala donde estaban reunidos sin ser anunciado estaba claro que la reunión ya había terminado, por lo que a lo mejor, incluso, algo me salía bien aquel día y podía librarme de una clase de protocolo de mi abuelo.
– Señor Cromwell, signori... signorina Gregoletto, debo irme. Si me disculpáis. – concluí, haciendo un pequeño gesto con la cabeza para despedirme y, después, dirigiéndome hacia la puerta sin mirar atrás.

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Re: Last To Know {Jack Thomas}

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