Sinners & Saints {Jack Thomas}

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Sinners & Saints {Jack Thomas}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Miér Oct 23, 2013 4:00 am

No era capaz de dejar de pensar en todo lo que había pasado en aquella pequeña habitación entre Jack y yo. Era superior a mis fuerzas y en cierto modo era normal porque después de todo lo que me había dicho, de lo que probablemente pensara de mí... Lo único que quería era revivir aquel día, que hasta entonces había sido maravilloso, y cambiar mis acciones. No debería haber cogido el movil, ni mucho menos tendría que haberme ido de allí sin rechistar después de que me dijera que había pisoteado su orgullo entre otras tantas cosas... Tendría que haberme quedado, tendría que haber luchado como solo yo sabía y podía hacer y aún así el hecho de que Jack de repente me tratase como a una total y completa desconocida, como alguien por quien únicamente sentía indiferencia o incluso odio, me destrozó más de lo que yo misma fui y soy capaz de reconocer. Durante días le escribí y le llamé pero no obtuve respuesta alguna y poco a poco las cosas en mi casa se habían complicado hasta el punto que no tenía ni un solo momento de respiro. Motines, traiciones, pequeñas batallas en los barrios bajos de Londres fueron algunas de las cosas que, además de regalarme varias heridas de guerra, me impidieron pensar un poco en mí misma.

Por si todo eso no fuera poco, Carlo estaba endiosado. Primero que Ezio y Maus comentaran lo que había pasado con Jack y de lo que yo no había dicho ni una sola palabra ya lo hizo pensar que lo había elegido a él y que no iba a volver a ver nunca más al “inglesito” como él lo llamaba, eso fue lo que hizo que empezara a crecerse... Y el hecho de que me resultara imposible concentrarme y estar en lo que debía estar fue otra de las razones que hizo que, al final, pareciera más bien que él era el hijo de Alessandro y no yo por cómo nos daba órdenes y nos mandaba a todos. No se podía negar que Carlo tenía bastante visión militar y en cuanto a estrategias no había muchas personas dentro de la familia capaz de igualarlo pero aún así su manera de pasar por encima de todos nosotros parecía aún más exagerada por sus formas, su tono de voz, sus palabras... Todo.

Aquella noche era la primera en mucho tiempo en la que no tenía nada importante que hacer y pese a que necesitaba descansar con locura esa opción estaba descartada de antemano pues lo que más necesitaba era salir del piso y pasear, estar sola y dedicarme un poco de tiempo a mí misma y a pensar en las cosas que realmente quería. Salí de casa sin despedirme y sin avisar a nadie, todos estaban o dormidos o demasiado cansados como para moverse, hablar o que les importara a donde iba así que, con las manos metidas en los bolsillos de la chaqueta que llevaba, comencé a caminar sin rumbo por las calles de Londres, sin rumbo fijo y sin pensar en absolutamente nada más... O, al menos, intentándolo. Lo cierto es que la idea de presentarme en casa de Jack cada vez se me antojaba mejor y pensar en arreglar las cosas con él me ponía nerviosa... Casi tanto como el hecho de volver a verlo. Me sentía como una niña que está a punto de entrar por primera vez al circo y a la que le han contado todas las maravillas y sorpresas que había en él y por eso, mordiéndome el labio inferior y con la idea de arreglar las cosas con él costara lo que costase cambié el rumbo y comencé a caminar en dirección contraria intentando no pensar en que podía encontrarlo acompañado o que quizá no quisiera verme... Porque entonces me entrarían las dudas y cambiaría de idea rápidamente.

-¿¡A dónde te crees que vas?! - sentí una mano agarrandome con fuerza de la muñeca y estirando de mí para que lo encarara. Los ojos de Carlo echaban fuego y no tenía ni idea de qué mosca le había picado... Pero ya estaba harta. Harta de él, de que jodiera siempre las cosas y de que pensara que yo era suya cuando yo no era propiedad de nadie. - ¿Y a ti qué más te da? ¡Suéltame! – forcejeé con él para que soltara mi muñeca pero solo conseguí que la apretara con más fuerza mientras me miraba de una manera que no me gustaba nada. - ¡A mí no me hables así, Adriana, te lo advierto, tú no eres quien para gritarme! - mientras hablaba (bueno, más bien gritaba) podía ver como sus colmillos iban aumentando de tamaño, haciéndose cada vez más animales pese a que él probablemente ni se diera cuenta. ¿Qué mosca le había picado! - ¡Que me sueltes, no voy a volver a repetirtelo! Soy Adriana Paola Gregoletto y tengo todo el derecho del mundo a gritarte ¿y sabes por qué? ¡Porque no eres más que un estúpido soldado así que suéltame si no quieres enfadarme y acabar mal! – y entonces él soltó una risotada sin nada de gracia y soltó mi brazo con fuerza, logrando que me golpeara contra la pared y me hiciera daño en el hombro pero antes siquiera de que yo pudiera reaccionar sentí sus manos en mi cuello, apretando más y más y pese a que yo lo arañaba e intentaba que me soltara él, simplemente, me miraba a los ojos. - No eres más que una niña mimada que no sabe cuál es su sitio pero tranquila... Yo te enseñaré cuál es y cómo tienes que tratarme porque, aunque no te lo creas, yo estoy por encima de ti... Y puedo hacer contigo lo que quiera. – yo pataleaba, intentaba golpearlo y librarme de sus manos porque como no dejara de apretar no tardaría en perder el conocimiento... Y una parte de mí, una demasiado catastrófica pero bastante realista me decía que eso era lo que él quería... Y por eso no iba a parar. Y pese a que sabía que aquello era lo peor que podía hacer, el pánico se apoderó de mí e intenté defenderme como pude porque me negaba a dejar que Carlo pudiera conmigo... No. Eso sí que era superior a mis fuerzas.

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Re: Sinners & Saints {Jack Thomas}

Mensaje por Jack Thomas el Jue Oct 31, 2013 7:42 am

Pese a que no podía estar ni siquiera un poco más enfadado con Paola después de todo lo que había pasado la última vez que nos habíamos visto, evitarla me resultó mucho más difícil de lo que había previsto en un primer momento y probablemente de lo que debería, dado que alguien que me trataba así y pisoteaba tan vilmente mi confianza, extraordinariamente depositada en ella, no merecía un lugar en mi vida, y eso era un hecho. Para intentar apartar la vista del móvil y, con ella, las tentaciones que no dejaban de materializarse en llamadas y mensajes que me obligaba a diario a no responder, me centré en ayudar a Mich en el restaurante, de tal manera que casi parecía que me habían contratado cuando, en realidad, si estaba allí no era por el dinero, sino por ayudar a mi mejor amigo y por sacar la mente de esa eterna batalla entre el querer y el deber. Aunque mis intenciones eran buenas, y no podía negar que entre el propio Mich, su hermana Elisabeth e incluso la noruega Katerina a quien cada vez veía más a menudo en el bar me ayudaban a distraerme, la técnica sólo funcionó al principio, puesto que cuando empezó a pasar el tiempo me di cuenta de que seguía echando de menos a Paola y seguía queriendo verla... y me odiaba por ello. No había dejado de odiarme, en mayor o menor medida, desde que había pasado todo el asunto de la llamada, ya que me sentía un estúpido y un ingenio por haber confiado tanto en una desconocida casi total desde el primer momento, pero en aquel momento el odio se intensificó aún más y se volvió casi imposible de aguantar, por lo que, además del restaurante de Mich, incluso volví al gimnasio. Me decía que era una manera de desconectar sin tener que recurrir a la confesión, obviando el sacramento de la penitencia por mi particular visión hacia los curas que no se acercaban a ser merecedores de hablar Su palabra, pero en realidad era una manera práctica de olvidarme de todo, ya que si me imaginaba que el saco de boxeo era el maldito león me sentía inmediatamente mucho mejor.

Aquella noche, precisamente, fue un claro ejemplo de la rutina que había aprendido a llevar a cabo desde el momento en el que todo se había arruinado cuando parecía ir mejor que nunca. Por la mañana estuve en casa de mi abuelo, que con todo el tacto del mundo sabía preguntarme por ella sin lograr molestarme o enfadarme más de lo normal (un talento, por cierto, que probablemente jamás dejaría de admirar); por la tarde, o más bien desde la hora de la comida, me puse el uniforme de camarero para ayudar a Mich y a Elisabeth a encargarse de los cada vez más clientes que iban a su restaurante, algo que dentro de lo malo era una noticia increíble y lograba hacerme sonreír, al menos por la tarde; por la noche, después de acabar el turno y cenar con ellos aunque fuera bastante temprano, me fui al gimnasio a darle una paliza al saco de boxeo y, así, a descargarme. Mientras daba cada golpe con una rabia que sólo recordaba haber sentido en Irak absolutamente todas las veces que había sido enviado allí, intenté olvidar que algo en mi interior me decía que aquello no podía durar, que no podía permitirme machacarme por culpa de la italiana y que debía pasar página, pero como en casi todo era muchísimo más fácil decirlo que hacerlo, y yo me veía incapaz... Quisiera o no, ella se había convertido en alguien importante para mí aunque lo que sintiera hacia ella fuera tan contradictorio como ella muchas veces me había demostrado ser, y la complicación no le restaba intensidad a la maraña de la que quería desprenderme, así que necesitaba tiempo para superarlo, tiempo y distancia, y sobre todo la segunda la estaba cumpliendo a la perfección, aunque no tanto la primera. Sin embargo, cuando aún estaba ocupado con el saco y centrado en la tela y no en los demás a mi alrededor, que cuando me fijé después vi que me estaban mirando con caras entre el miedo, el respeto y el alucine, no sabía que Él quería que nada fuera exactamente como yo pensaba que iba a ser... como casi todo respecto a ella.

En cuanto terminé, sin socializar porque no era mi estilo hacerlo ni tampoco se esperaba eso de mí, me fui directo a la ducha y me cambié de ropa. Como iba a ir directo a casa no me arreglé, sino que me limité a unos vaqueros, zapatillas de tela, una camiseta negra y una chaqueta de color gris oscuro casi negro con la que el frío de Londres, considerable pese a ser simplemente octubre, no me calaría hasta los huesos en el breve camino a mi casa... o, una vez más, eso era lo que creí hasta que me empecé a acercar a mi barrio. Aquello que un viejo brujo irakí me había dicho que poseía y que yo en un inicio no había creído, la suerte de percepción que me hacía notar que las cosas iban mal, pareció activarse como un sexto sentido que aumentaba a medida que me acercaba y que casi pareció explotar cuando reconocí la figura del león intentando ahogar a Paola... Ahí fue cuando dejé de pensar, me ajusté mejor la bolsa de deporte que llevaba al hombro y me acerqué a tiempo de escuchar sus palabras y de reaccionar antes incluso de considerar si era una buena idea o si debía hacerlo, cosa que probablemente no fuera así... para no variar.
– Te equivocas, nadie puede hacer con ella lo que quiera, y si no lo sabes es que no la conoces tan bien como te crees. – solté, y en ese momento no decidí conscientemente hacerlo, si bien por algún motivo mis poderes, recibidos en aquella tormenta que sólo podía haber sido obra del Altísimo, controlaron su cuerpo para evitar una reacción contra mí y que me fuera mucho más sencillo cogerlo del cuello y apartarlo a las malas de ella con una ira que desconocía que sentía y que me llevó a estamparlo contra la pared de un golpe. Entonces, mi mirada se desvió hacia Paola, y la amalgama de sentimientos confusos que sentía por ella se tradujo en uno: alivio. Alivio por verla, por ver que pese a que le costaba respirar estaba bien, y sobre todo alivio por haber llegado a tiempo de evitar que el gilipollas se la cargara.
– ¿Haces tú los honores o prefieres dejármelo a mí? – le pregunté, señalando a Carlo con la cabeza, porque si algo estaba claro era que aquello no iba a quedar así, y si no se lo hacía pagar ella lo haría yo.

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Re: Sinners & Saints {Jack Thomas}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Sáb Nov 09, 2013 11:34 pm

El aire me faltaba y con él las esperanzas poco a poco también me abandonaban. La esperanza de volver a ver a Jack, de arreglar las cosas con él y de librarme de una vez por todas del león con quien me sentía esclavizada desde que se había convertido en la mano derecha de mi hermano. Era como si estuviese condenada a pasar toda mi vida bajo su yugo, a someterme tanto a mi hermano como a Carlo y a dejar que ambos me consumieran lentamente hasta terminar conmigo... Como estaba haciendo Leone en aquel momento. Lo que estaba ocurriendo parecía una metáfora de cómo me sentía y de cómo sería mi futuro y no podía odiarlo más por eso peleaba, por eso lo arañaba, pataleaba, mordía... Intentaba defenderme y aguantar porque lo último que quería era que él ganara, que pensara que era suya y que podía hacer conmigo lo que quisiera... Algo que realmente en aquellas circunstancias era bastante cierto pero que me negaba a admitir por nada del mundo. Me pregunté por qué cuando más lo necesitaba esa parte de mí más animal que humana no hacía acto de presencia y la odié porque entendí perfectamente que incluso esa parte de mí estaba sometida por él, como si él fuera el líder de la manada. Pese a todos mis esfuerzos por resistir y por defenderme no había duda de que él estaba ganando y lo supe cuando mi visión comenzó a nublarse y, justo entonces y por una milésima de segundo, se me pasó por la cabeza rendirme... Pero antes siquiera de que pudiera hacerlo algo pasó.

No supe demasiado bien lo que era hasta que Carlo no se apartó bruscamente de mí, me había parecido escuchar justo antes la voz de Jack pero no le había dado importancia pues estaba segura de que había sido mi mente que me estaba jugando una mala pasada, que quería hacerme pensar que él aparecería y me salvaría cuando... no, estaba claro que no lo haría. Me odiaba demasiado. Aquella certeza solo consiguió que me costase aún más respirar y aún así lo hacía de manera acelerada y entrecortada como si estuviese a punto de tener un ataque de ansiedad. Pero entonces al alzar la mirada y encontrarme con los ojos azules de Jack fijos en mí el corazón me dio un vuelco y me quedé sin aliento. ¿Qué estaba haciendo él allí? ¿Por qué me había ayudado? Fui incapaz de formar una sola palabra y cuando escuché su voz de nuevo mi cuerpo actuó por mí y lo abracé. Lo había echado tanto de menos que volver a estrechar su cuerpo entre mis brazos fue una sensación indescriptible, apenas fueron unos segundos pero en ese tiempo no importaba nada: el tiempo, el lugar, la desagradable compañía... Simplemente importábamos nosotros.

-Oh, qué romántico... La puta y el soldado. - junto a nosotros la voz de Carlo resonó y me hizo apartarme de Jack, no por sus palabras si no porque esa voz no era exactamente la suya y al mirarlo pude comprobar por qué: se estaba transformando. - Así que era eso. Por eso huías en mitad de la noche y sin hablar con nadie ni decirle nada a nadie, para encontrarte con él. Ahora entiendo muchas cosas... - y entonces soltó un rugido que me hizo retroceder inconscientemente pero entonces me di cuenta de cómo parecía inmóvil y su cara iba cambiando, primero la sorpresa y después el cabreo y entonces lo entendí y miré a Jack. Carlo no podía moverse y probablemente fuera por él así que no podía atacarnos ni hacernos daño y eso me dio mucha más confianza. Sin decir nada me acerqué a Carlo y le di un puñetazo en la cara con lo que él volvió a rugir y a punto estuvo de morderme por lo que lo cogí del pelo y le eché la cabeza hacia atrás. - ¿Ahora quien puede hacer lo que quiera con quien? - sonreí e hice que se golpeara la cabeza con la pared antes de volver junto a Jack. - Creo que te toca... Es... lo mínimo. - me mordí el labio inferior y me puse de puntillas, dándole un beso en la mejilla y susurrándole un “Grazie” que estuve segura de que Carlo ni siquiera escucho y, de repente, me sentí intimidada por él y bajé la mirada al separarme... Y es que aún no podía creerme que él estuviese allí de verdad. Me había salvado de Carlo... En todos los sentidos. Y siempre se lo agradecería.

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Re: Sinners & Saints {Jack Thomas}

Mensaje por Jack Thomas el Miér Dic 04, 2013 10:37 am

Se suponía que la odiaba... Es más, se suponía que no quería saber nada de ella, que me había traicionado tanto y herido tan profundamente, aunque fuera en mi orgullo de tamaño demasiado grande para lo que sabía que me convenía, que tenía que haber evitado ayudarla y que haberme separado de ella como si me diera asco, pero en lugar de eso cuando me abrazó sólo quise que siguiera aferrada a mí porque durante esos pocos segundos que duró su contacto me sentí en paz, como si todo lo que había pasado desde la última vez no hubiera sido más que una broma pesada. Por desgracia, la voz del león que a aquellas alturas ya sonaba más animal que humano arruinó el momento y la hizo separarse de mí; si ya en condiciones normales escucharlo me ponía de muy mal humor, si encima era el causante de que una vez más lo que más deseaba se agriara sólo podía odiarlo, sin aditivos ni edulcorantes. Por raro que pareciera, y yo era el primero que sabía que el odio era un sentimiento que no me reportaría ningún beneficio, sabía que desde el instante en el que lo había conocido seríamos enemigos, pero no comprendí hasta qué punto más que en aquel momento, cuando sólo por hablar deseé estrellar su cráneo contra la pared hasta que no quedara más que un amasijo informe de sesos y sangre mezclados contra los ladrillos. Sin embargo, preferí controlarme y dejar que fuera ella quien se vengara primero, no conocía toda la historia pero a juzgar por la situación debía de haber mucho rencor pasado acumulado entre ellos que sólo había aflorado en aquel momento, y si podía contar con ella para ser mi aliada de nuevo, aunque fuera en algo real como un odio común, lo disfrutaría, igual que bebí de cada golpe que le daba con la satisfacción de la venganza que tantas veces había disfrutado en Irak pero que, aun así, seguiría escapándoseme mientras Amir Ibn-La’Ahad siguiera vivo y correteando por ahí como la cucaracha que era.

– Partamos de la base de que jamás podré golpearte tanto como te mereces... Dicho eso, y sabiendo que no me apetece perder mi tiempo con escoria como tú, tendrás que conformarte con saber que ella no es ninguna puta y que va a hacer lo que le venga en gana sin que tú la controles, Carlo. – afirmé, y entonces aproveché que seguía estando bajo mi control para cogerlo de la cabeza y golpearlo contra la pared, no con la fuerza suficiente para matarlo sino simplemente para dejarlo inconsciente y con una buena contusión que, sin embargo, me olía que terminaría curando gracias a eso que lo transformaba en león. En cuanto él estuvo inconsciente, imaginé que no teníamos mucho tiempo antes de que despertara y quisiera vengarse, así que quedarnos no era una opción, como tampoco lo era ir a mi casa porque estaba tan cerca que él se imaginaría dónde era y sería el primer sitio donde buscaría. ¿Dónde podíamos ir...? Y ante la ausencia de una respuesta automática a esa pregunta sólo pude cogerla de la mano, sin ser demasiado consciente de lo que hacía, y empezar a caminar en una dirección más céntrica donde por suerte los turistas nos ayudaran a camuflarnos hasta que se me ocurriera un destino... uno en el que, a ser posible, pudiera dejar la bolsa de deporte que llevaba al hombro en vistas de que a mi casa no podía ir, al menos no mientras Carlo siguiera pululando por la zona, porque hasta donde yo sabía seguía siendo un mafioso y si me lo cargaba habría consecuencias... sobre todo para mi alianza. Aunque, ahora que lo pensaba, ¿cómo demonios estaba mi alianza? Porque una vez pasado el alivio momentáneo del abrazo había vuelto todo el rencor que sentía por lo que había hecho, quería una buena explicación que no estaba seguro de que fuera a llegar, y por eso, ya que sabía que necesitábamos hablar y ya que estábamos refugiarnos del frío y de la lluvia que empezaba a caer con cada vez mayor intensidad, terminé conduciéndola a un bar donde contaba con que nadie iba a molestarnos siempre y cuando consumiéramos algo que justificara nuestra presencia allí. Nada más entrar en el local, yo pedí un té (sin teína, como siempre) con leche y azúcar, y mientras me instalaba ella pidió su consumición, de tal manera que pronto tuvimos frente a nosotros tazas humeantes que suplían lo que nosotros no sabíamos decir.
– ¿Qué ha pasado exactamente, Paola? – pregunté, con las manos a ambos lados de la taza mientras esperaba a que estuviera listo el té y mirándola a los ojos.

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Re: Sinners & Saints {Jack Thomas}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Dom Feb 09, 2014 10:54 pm

Pocas personas podrían entender ese odio tan visceral e insano que sentíamos Carlo y yo por el otro. De hecho, las cosas entre nosotros incluso habían empezado bien, de la mejor de las maneras posibles y, entonces, algo había ocurrido. Algo que tenía la impresión de que jamás descubriría y él cambió... Y se convirtió en el monstruo que ahora estaba frente a nosotros. Cada golpe era una pequeña vendetta en sí mismo por todo lo que me había hecho a lo largo del tiempo: sus burlas, sus insultos, sus intentos de controlarme, cómo a veces intentaba jugar conmigo y hacer conmigo y con mi cuerpo lo que quisiera... No, yo nunca sería suya por una razón muy sencilla que hasta un animal como él entendería, yo nunca pertenecería a nadie y, de hacerlo, la otra persona me respetaría y seríamos iguales cosa que con él nunca pasaría. Cuando lo golpeaba, en ningún momento pensaba que aquello solo traería consecuencias devastadoras para mí, mi único pensamiento era “golpea fuerte y hazle daño en su enorme ego de león” y eso fue lo que hice... Aunque no demasiado ya que aún era consciente de la presencia de Jack, presencia que aunque no estuviera mirándolo directamente me perturbaba, me ponía nerviosa y me hacía sentirme como una niña pequeña... Y era su turno. Él lo odiaba casi tanto como yo, quizá su odio no tenía una historia tan larga y trágica como la nuestra pero aún así hay odios que no tienen razón de ser y aún así son los peores. Como si fueran dos leones luchando por ser el líder de la manada, no podían verse, no soportaban escuchar una simple mención del otro... Querían despellejarse y torturarse lentamente hasta matar al otro de la manera más horrible posible. Y Jack me había salvado, se merecía descargar su odio con él o todo lo que quisiera pero lo conocía y sabía que no lo mataría, podía traer demasiadas consecuencias, yo misma lo sabía pero una parte de mí estaba deseando que lo hiciera y así ya nunca se interpondría entre nosotros. Nunca más.

Jack me defendió ante el león una vez más sin que yo se lo hubiera pedido siquiera y entonces lo hizo, le estampó la cabeza contra la pared con la suficiente fuerza como para dejarlo inconsciente pero aquello no bastaría... El león se curaría y más cuando estaba a punto de transformarse por completo. Teníamos que salir de allí si queríamos evitar una pelea aún peor que no estaba dispuesta a dejar que sucediera, menos aún cuando Jack y yo aún no habíamos podido hablar y solucionar... lo nuestro, fuera lo que fuese. Como si me hubiera leído el pensamiento, Jack me cogió la mano y me sacó de allí rápidamente. No tenía ni idea de a dónde nos dirigíamos, solo sabía que no íbamos a su casa ya que estábamos cada vez más y más cerca del centro, rodeados de turistas y de gente. El frío de Londres me hizo comenzar a tiritar y la lluvia no ayudó mucho y solo pude maldecir en napolitano aquel clima y aquella maldita noche mientras Jack me guiaba por la zona hasta llegar a un bar bastante típico en el que nos sentamos y pedimos, él un té y yo un buen café caliente, antes de quedarnos en el más absoluto silencio. Ya con nuestras tazas calientes y humeantes en la mesa, Jack y yo seguíamos en silencio, aparté la mirada de él y la centré en mi taza porque, realmente no sabía qué decir. Sí, quería arreglar las cosas pero una cosa era saber lo que quería y otra muy diferente era saber cómo hacerlo... Y yo era demasiado impulsiva como para pensar en cosas como esa. Por suerte, él rompió el hielo, preguntándome qué había pasado mientras me miraba directamente a los ojos y, por una vez, logré sostenerle la mirada. Quería que supiera que nada de lo que iba a decirle era mentira, quería que por una vez me creyera porque era lo que más necesitaba en aquel momento.

- Las últimas semanas han sido una locura, Jack. Yo... Iba a verte, necesitaba hablar contigo porque... No podía aguantar seguir estando así. Y a mitad de camino él ha aparecido y, bueno, el resto ya lo has visto. Ha intentado... - me llevé inconscientemente una mano al cuello, acariciándolo porque aún me dolía. - De no ser por ti, él habría ganado y ya no habría podido librarme de él. Desde aquel día en casa de tu abuelo no han dejado de pasar cosas, hemos tenido motines, pequeñas guerras internas y mil cosas más y Carlo se ha ido creciendo, actuaba como si fuera el Capofamiglia y nos daba órdenes a todos y si no hacíamos lo que él nos ordenaba teníamos que enfrentarnos directamente a él. - sacudí la cabeza. Algo me decía que aquella no era la explicación que Jack buscaba y suspiré. Era el momento de sincerarse del todo y esperaba que esta vez sí que le bastara con mi palabra. - Lo único por lo que Carlo y yo parecíamos más... unidos últimamente era porque él me vio convirtiéndome en... eso. Casi ataco a Maus y a un amigo de la familia. Iba a hacerlo, Jack, a arrancarles la cabeza y destrozarlos. Y Carlo me controló, no tengo ni idea de cómo lo hizo pero lo hizo y... Todo esto es culpa mía porque dejé que siguiera haciéndolo, siendo yo un animal con ganas de destrozarlo todo o simplemente siendo yo misma y cuando me he hartado ha sido demasiado tarde. - me mordí el labio inferior y aparté la mirada de él, avergonzada, pues sabía que seguro que él estaba decepcionado conmigo después de todo. Pero tenía que entenderlo, no quería hacer daño a nadie y si haciendo un pacto con el mismísimo diablo (león en este caso) evitaría herir a personas a las que quería... Lo haría. - Lo siento. Tengo tanto miedo de hacer daño a alguien por error que... No pensé en lo que estaba haciendo. Lo siento mucho, Jack. – volví a mirarlo a los ojos y me limité a esperar cualquier tipo de reacción por su parte. Yo no podía hacer más, ya le había dicho todo lo que había por decir y solo esperaba que me entendiera y me perdonara aunque sabía que era difícil y que le costaría mucho hacerlo. Pero las esperanzas eran lo último que se perdía y las mías estaban todas puestas en que aquello se solucionaría.

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Re: Sinners & Saints {Jack Thomas}

Mensaje por Jack Thomas el Vie Mar 07, 2014 2:45 am

Creerla o no creerla: esa era la cuestión. Si atendía a sus palabras ella me estaba buscando, motivo por el cual había estado cerca de mi casa cuando la había encontrado; si hacía caso a la parte de mí que deseaba confiar en que lo que decía era cierto, ella sabía que había cometido un error y quería solucionarlo porque no deseaba que estuviéramos mal… Pero una parte de mí se resistía a ver el vaso medio lleno, probablemente esa misma parte que recordaba que había sido su elección coger el teléfono y preferirlo a él, una bestia inhumana como había demostrado que era hacía un momento y ella había sufrido en sus propias carnes. No me había pasado inadvertido cómo se llevaba la mano al cuello, el lugar donde él había apretado para intentar dejarla fuera de combate, ni tampoco el hecho de que aún parecía muy trastocada. Si alguien tenía motivos reales más allá de una suerte de odio a primera vista (mi caso) para odiar al león se trataba de ella, y por eso se estaba disculpando… eso era lo que quería creer. ¿Qué sería la verdad, lo que ella realmente sentía? Era un misterio. Yo tenía a los italianos por mentirosos natos, probablemente por esa vena mediterránea que todos tenían en mayor o menor medida y que los hacía tan diferentes de la frialdad inglesa de la que yo era tan buen ejemplo, pero a ella yo sabía pillarla en las mentiras, o al menos creía que sabía, y mirarla fijamente significó confirmar que no estaba diciéndome la verdad, así que dejé que hablara y que me explicara el porqué de lo que tanto me había atormentado durante el tiempo que habíamos durado mal: su elección. Y cuando por fin lo comprendí, habiendo decidido ya creer en sus palabras y a sabiendas de que me decía la verdad, ya era tarde porque dijera lo que dijese yo ya sabía que terminaría perdonándola, y más cuando lo hizo abriéndose tantísimo como para admitir, delante de mí, que tenía miedo. El orgullo infinito del que los italianos hacían gala se había evaporado frente a mí para dejar paso a Paola, a la mujer que era y no a la que aparentaba ser delante de todos, Leone incluido. Comprenderlo me hizo alargar la mano por encima de la mesa y buscar una de las suyas para apretarla, en un intento probablemente inútil de confortarla, pero que era lo único que me sentía aún capaz de hacer.

– Te perdono, Paola. – afirmé, y traté de sonreír ampliamente, pero para ser sincero lo único que pude llegar a hacer fue una sonrisa normal, menos de lo que ella merecía. Acaricié el dorso de su mano con el pulgar, pensando mis siguientes palabras y en todo lo que me había contado, pero antes de hablar di un trago a mi té porque probablemente el calor de la infusión ayudaría a bajar todas las emociones que había vivido a un nivel normal que me permitiera funcionar más allá del odio y de sentimientos tan intensos como esos a los que no estaba, ni estaría seguramente, acostumbrado.
– Respecto a lo del león… Sólo puedo hacer conjeturas, no tengo ni idea de lo que él es capaz o de lo que hizo que se convirtiera en eso tras la tormenta, pero sí sé de lo que tú eres capaz y de que yo también soy capaz de controlarte. – comencé, en tono relativamente suave para que nadie de nuestro alrededor pusiera la oreja, por si acaso, y mirándola a los ojos de nuevo. Era curioso, con aquella luz me parecían más verdes que nunca aunque supiera que el verdoso era solamente un matiz que adquirían a veces, y aun vulnerable pocas veces me había parecido tan guapa como entonces. – Yo lo hago ejerciendo dominio sobre tu cuerpo, incluso aunque hayas perdido el control de tu mente y la adrenalina te fluya con fuerza no realizas ningún viaje astral, el cuerpo sigue siendo el tuyo y por eso yo puedo controlarlo. En eso consiste mi poder. En el caso de Leone… Ya te digo, sólo puedo suponer, pero partamos de una base: él se convierte en león y los leones hasta donde yo sé son los reyes de la sabana. La descripción más adecuada para tu… estado, por llamarlo así, es que te conviertes en un animal, ¿no? Pues es una simple cuestión de jerarquía: el animal en él es el alfa, el tuyo se convierte en beta, y de su posición superior nace el control sobre lo que tú haces transformada. – deduje, encogiéndome de hombros al final y rezando (no literalmente pero casi) por no tener razón… Puesto que, si la tenía, eso significaba que Carlo seguiría teniendo sobre ella un control demasiado grande para que Paola pudiera librarse fácilmente de su influencia, como los dos sabíamos que necesitaba.

– Yo también quería hablar contigo, pero a la vez no quería hacerlo… Parte de mí se moría por escuchar lo que tuvieras que decir y se resistía a dejar pasar las llamadas, pero otra parte sentía aún demasiado enfado por lo de la última vez y, bueno, el orgullo es un pecado al que estoy acostumbrado, puedes imaginar qué parte fue la que ganó y por qué. – afirmé, aunque me diera vergüenza admitir incluso ante mí mismo que por mucho que intentara purgarme al final siempre seguía cayendo en lo mismo de lo que trataba de huir, un círculo vicioso que llevaba siendo extremadamente intenso desde que había vuelto de Irak la primera vez… la peor vez. Las cicatrices, no solamente físicas sino también mentales, no me habían abandonado y sabía que ya probablemente nunca lo harían, pero eso ella no tenía por qué saberlo y, de hecho, no pensaba contárselo, era demasiado personal incluso en una situación como la que estábamos, y también era demasiado pronto… Si las cosas seguían yéndonos bien y podía considerarla amiga, no solamente aliada, a lo mejor… Pero no lo sabía. Y aún me llevaría tiempo saberlo porque ese no era el tipo de cosa que se averigua en un día, sin más.
– ¿Hay algo de la famiglia en lo que pueda ayudarte, Paola? Si es así, sólo tienes que decirlo, al fin y al cabo somos aliados, y para ese tipo de cosas estoy… especialmente si es en contra de Leone. – propuse, sonriendo de medio lado y a sabiendas de que probablemente aquella no era la actitud más sabia respecto a alguien como Carlo, pero no podía evitarlo… La clase de odio que sentía por él no me dejaba otra alternativa.

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Re: Sinners & Saints {Jack Thomas}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Mar Sep 16, 2014 3:17 am

Estaba a punto de derrumbarme. En todos los sentidos. Todas las emociones que había vivido durante aquellas semanas, lo que había pasado aquella noche y mis propios sentimientos y remordimientos estaban haciendo acto de presencia en aquel momento y como un tsunami estaban a punto de destrozarlo todo a su paso. Cuando Jack cogió mi mano, el simple contacto me reconfortó, cuando su piel entró en contacto con la mía, esa chispa que tan bien conocía prendió y una sensación extraña e intensa recorrió todo mi cuerpo. Lo había echado de menos. Aquella certeza me asustaba tanto como el hecho de que en algún momento pudiera llegar a hacer daño a la gente que me importaba. Nunca me había pasado aquello con nadie. No había querido reconocerlo ni siquiera ante mí misma pero con él delante, sintiendo su mano sobre la mía, su calor, como me acariciaba con su mirada... Todas mis defensas se venían abajo y no podía negarlo. Me importaba más que muchas personas de mi familia. Me importaba tanto que era capaz de enfrentarme al mismísimo diablo por él y eso me aterraba. Sin embargo, sus palabras disiparon el miedo. Al menos, durante unos minutos. ¿Me perdonaba? No estaba segura de haberlo oído bien, quería creerlo, quería pensar que esas habían sido exactamente sus palabras... Además, me había vuelto a llamar Paola de aquella manera en que solo él lo hacía. Contuve las lágrimas que intentaban escapárseme como mejor pude y bajé la mirada hacia nuestras manos en la mesa, evitando sus ojos. No quería que me viera así, no soportaba que la gente me creyera débil o inútil pero en aquel momento lo era y probablemente él fuera consciente. Entonces me explicó su teoría, una teoría que tenía demasiado sentido para lo que me hubiera gustado y lo miré a los ojos. No, no podía estar en lo cierto, no podía ser eso... Si fuera eso nunca podría librarme de Carlo y aquello suponía mi peor pesadilla. No quería creerlo, al igual que él, pues su mirada reflejaba sus pensamientos, no demasiado diferentes de los míos y a punto estuve de echarme a llorar en aquel mismo instante pero no lo hice entonces pues él continuó y yo me obligué a escucharle, a centrarme en sus palabras y en su significado. Como había supuesto él no había querido saber nada de mí pese a que una parte de él quisiera coger mis llamadas, escucharme a mí y mis excusas, fueran las que fueran, pero el orgullo había ganado la batalla y, probablemente, de no ser por Carlo no estaríamos allí en aquel momento.

Ahí ya no pude soportarlo más y aparté la mirada, tratando de ocultar las lágrimas que rodaban por mis mejillas entre las sombras de aquel local en el que nos encontrábamos. Jack continuó preguntándome si podía hacer algo para ayudar a la familia porque éramos aliados y si necesitaba ayuda contra Leone, él intervendría encantado. Aquellas palabras hicieron que apartara la mano de la suya, como si ardiera, y me secara las lágrimas rápidamente, recuperando la compostura. ¿En serio? ¿Tan solo le importaba la familia en aquel momento? ¿Es que yo no significaba nada para él? Aliados... Sí, y qué más. Tenía muchos aliados y no había vivido con ellos ni la mitad de lo que habíamos vivido Jack y yo. Que dijera aquello me afectó más que nada de lo que hubiera dicho hasta entonces y clavé la mirada en él, entre molesta y decepcionada. - Mi familia no necesita tu ayuda en nada, Jack. - dije, quizá demasiado molesta pero incapaz de suavizar el tono. No en aquel momento, no después de todo lo que había ocurrido y mucho menos después de todo lo que había pasado en aquellas semanas por él. - Y si eso y tu odio hacia Carlo es lo único que te importa, mejor me voy. Ya he tenido demasiadas emociones por esta noche. – me levanté, recuperando mi orgullo y mi fuerza de golpe y dejando más que claras mis intenciones. Sin decir nada recogí mis cosas y una vez estuve junto a él, mirándolo a los ojos con una de las miradas más intensas que he lanzado nunca, me despedí. - Nunca dejaría que un aliado me viera como me acabas de ver tú. Pero tranquilo, no volverá a ocurrir. Ahora ya está todo claro. Siento haberte molestado esta noche y... Bueno, todas las anteriores. Ya nos veremos, Thomas. Te informaré si necesitamos tu ayuda. – y sin más, me dirigí hacia la puerta. Saliendo de allí a toda prisa y con la cabeza bien alta. Si después de aquello iba a derrumbarme, no quería que él lo viera. No después de todo. Necesitaba salir de allí y no mirar atrás. En aquel momento, solo quería volver a casa, encerrarme en mi habitación y dormir hasta olvidar a Jack y todo lo que tuviera que ver con él.

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Re: Sinners & Saints {Jack Thomas}

Mensaje por Jack Thomas el Vie Sep 26, 2014 6:58 am

No podía recordar la última vez que me había sentido tan bien, probablemente porque sólo cuando era un niño la sonrisa solía venirme tan naturalmente como lo hacía cuando estaba con ella y ya apenas recordaba ese tiempo en el que todo iba bien y apenas tenía preocupaciones. Nunca habría podido imaginar que alguien ajeno a mi familia pudiera tener un efecto así en mí, y mucho menos alguien a quien había conocido en circunstancias tan surrealistas como a ella, pero la realidad era así, y no quería discutirla. ¿Era egoísta por mi parte desear alargar todo lo que pudiera aquel bienestar que me resultaba tan ajeno que no sabía cómo actuar al respecto? Probablemente, y bien sabía que el egoísmo era un pecado que no deseaba cometer en absoluto, pero era incapaz de negarme a disfrutar de aquel regalo tan inesperado, como lo era su compañía. Por eso, la sonrisa que hasta entonces había sido de medio lado se me transformó en una completa mientras esperaba su respuesta, e incluso acaricié la suave piel del dorso de su mano con el pulgar, sin pensar demasiado en lo que hacía y simplemente limitándome a sentir esa ligereza tan agradable. Podría acostumbrarme a eso... Podría acostumbrarme a sentirme bien en vez de atormentado y lleno de odio, era un soplo de aire fresco que estaba empezando a vincular con ella porque hasta que Paola no había aparecido ni siquiera había contemplado la posibilidad de que pudiera pasarme algo así. Estaba atrapado en mi interior, en mis miedos y en todas las heridas sin curar que sabía que arrastraba desde la primera vez que había ido a Irak y me habían atrapado, pero sólo ahora veía la libertad. La visión era casi abrumadora, de tanto que me extasiaba, y mi mayor deseo era zambullirme de cabeza en la posibilidad de liberarme de mí mismo, mi peor enemigo, y que ella me ayudara a recuperarme. Era todo lo que deseaba, estaba empezando a darme cuenta de ello, y la certeza me llegó tan rápidamente que casi me asustó, pero me obligué a resistir. Si estaba con ella, todo iría mejor, todo funcionaría tan bien como me sentía, todo...

Todo no iría bien. Ella se apartó y el rechazo me dolió como hacía años que ya no me dolía ninguna herida que pudiera sufrir. ¿Qué había dicho? ¿Qué había hecho mal para que ella se apartara así? No entendía su actitud, ¿por qué se había puesto así? Yo quería estar ahí para lo que ella necesitara, ya fuera en temas de la familia o en cualquier otra cosa, ¿es que eso era demasiado? ¿Pretender que yo le hacía tanto bien como ella me había hecho a mí era mucho pretender? Porque, aparentemente, así era... Eso era lo que sus palabras estaban diciéndome, tan alto y claro como yo había elegido ignorar porque por una vez me había sentido demasiado bien para escuchar a la lógica. Sabía que era demasiado pronto, que seguramente la mía había sido una decisión apresurada y producida por el momento en el que nos encontrábamos, pero... ¿en serio? ¿Cómo podía creer que lo único que me importaba era el odio hacia Carlo, si ese odio había nacido precisamente por todo lo demás? La sorpresa que había sentido al principio pronto se fue transformando en indignación, en molestia, en un dolor sordo que me molestaba porque no estaba acostumbrado a sentirlo y que se me extendía por dentro, arrastrando todo lo bueno que pudiera haber sentido antes. De un momento a otro, todo el bienestar fue eliminado por la ira, por la misma rabia de siempre sólo que destinada hacia alguien que hasta entonces sólo me había hecho tener buenos pensamientos. No lo entendía, se estaba precipitando y cerrando en banda, y a mí se me estaban acabando las ganas de luchar contra su determinación. ¿Para qué? Ya había dejado claro que era italiana, era evidente que siempre pondría lo suyo antes de mí o de cualquier cosa que yo pudiera significar, y haber pensado lo contrario, que ella podría creer que yo significaba algo importante en su vida, era una manera de engañarme a mí mismo, como debería haber supuesto. No, a ella sólo le importaba su orgullo, la vergüenza de que un mísero aliado (como si eso no pudiera ser mucho más de lo que ponía en el diccionario) la viera sufrir como si fuera una simple persona era demasiado para lo que ella podía aguantar. Yo no le importaba, porque si lo hiciera se daría cuenta de que no buscaba sólo tener alguien a quien odiar... Y no sólo no le importaba, sino que encima demostraba que no me conocía en absoluto.

– Sí, Gregoletto. Ahora todo está claro, mucho más de lo que tus palabras podían haberme dicho. – escupí, casi, levantándome del asiento donde me encontraba y metiéndome las manos en los bolsillos. Estaba seguro de que destilaba rabia y de que si alguien me miraba vería a alguien peligroso, capaz de cualquier cosa, pero me daba igual; también me daba igual no parecer tan distante como solía, como mi padre me había enseñado que debía ser. Siempre el perfecto caballero inglés, frío e inexpresivo pero bien educado; estaba harto, no me sentía así y no tenía la fuerza suficiente para intentar convencerme a mí mismo de hacer el esfuerzo. Dolía, como nunca antes me había dolido nada, tanto por mi orgullo destrozado como también por algo en lo que no quería pensar, ya no. Antes quizá habría intentado contemplar la posibilidad, pero ¿en aquel momento? No, ya no estaba dispuesto. Ella no valía la pena, si sólo veía lo que quería ver y no lo que en realidad pasaba. Me había costado darme cuenta pero finalmente lo había hecho, seguramente demasiado tarde porque el daño ya estaba hecho y algo me decía, seguramente intuición, que sólo empeoraría...
– ¿Sabes qué? No me informes. Si necesitas ayuda, mejor te buscas a alguien que sea más que un... ¿cómo lo has dicho? Ah, sí, “simple aliado”. Seguramente a esa persona no la juzgarías como me estás juzgando a mí, especialmente si es italiano, pero ese siempre ha debido de ser el problema. No soy de tu familia, no soy de tu círculo, y cualquier excusa debe de serte buena para echarme como si fuera un perro, ¿no? Pues bien, no tienes por qué hacerlo; ya me voy yo. Espero que nada de esto vuelva a pasar. – sentencié, y sin darle opción a que me contestara me dirigí hacia la puerta con firmes zancadas que servían sobre todo para convencerme a mí mismo de no volver la vista atrás, ya que de hacerlo no sabía lo que sería capaz de hacer. Una cosa, sin embargo, sí que tenía clara: esa conversación era un punto final en nuestra relación, al menos en lo que a mí respectaba.

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Re: Sinners & Saints {Jack Thomas}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Lun Nov 03, 2014 3:12 am

El miedo, el enfado y la decepción se habían apoderado de mí tan rápido que me habían impedido razonar. La certeza de que Jack me importaba, de lo mucho que significaba para mí pese a ser alguien ajeno a la familia y a todo lo que eso conllevaba me asustaba y el miedo hizo que sus palabras tomaran un significado que probablemente no fuera el verdadero. Fue el miedo el que lo comenzó todo pero el enfado ocupó su lugar rápidamente, cegándome, impidiéndome ver que quizá estaba exagerando y, a la vez, haciendo que mi orgullo resurgiera como un huracán. Finalmente la decepción fue lo peor. Me abatió, me dejó fuera de combate y me hizo pensar en que quizá nunca le había importado, en que probablemente yo no fuera para él más que un bache en el camino que tuviera que superar o incluso arreglar antes de continuar. Y todo porque aquella noche, después del miedo que había pasado cuando Carlo me había atacado, me había vuelto vulnerable y débil y todo me afectaba más que nunca. Aquello nunca tenía que haber pasado, no tenía que haber hablado con Jack de aquellos temas después de lo que había pasado, tenía que haber ido a su casa con él o a dónde me hubiera llevado y simplemente estar a su lado, en silencio, porque eso era lo único que quería, lo que más deseaba en el mundo. Pero no había ocurrido. Ahora yo estaba molesta, sintiendo todas aquellas cosas, dominada por el miedo y lo único que pretendía era ponerme a salvo lo más rápido posible, marchándome, poniendo distancia entre nosotros, deseando descansar y pensar en todo aquello antes de meter la pata hasta el fondo... Pero ya era tarde. El daño ya estaba hecho y no fui consciente de cuan grave era hasta que Jack habló, con una rabia como jamás había escuchado en su voz, llamándome por mi apellido y, sin embargo, no fue eso lo que más me dolió. Sus palabras, duras e hirientes me golpearon como una bofetada. ¿Que no le informara? ¿Que me buscara a otro? Conforme iba escuchando sus palabras mi expresión iba cambiando, aquel miedo convertido en rabia y en molestia dejaba paso a la desolación más absoluta que sentía al darme cuenta de lo que estaba pasando. No. No podía ser. Otra vez no. Sus últimas palabras, dichas antes de que se girara y se fuera de allí, me dejaron petrificada.

Tardé unos segundos en reaccionar, observé atentamente como Jack cruzaba todo el local y atravesaba la puerta, probablemente, para no volver nunca y sentí como algo se hacía pedazos en mi interior justo en ese momento. Aquello no podía estar pasando. Y, sin embargo, así era. Tardé lo que me pareció una eternidad (aunque no debieron de ser más de unos segundos) en pensar con claridad y es que no estaba dispuesta a dejar que todo acabara así y me prometí a mí misma que no pensaba dejar que aquella noche en la que probablemente había firmado mi sentencia de muerte con Carlo también significara el fin de mi relación, fuera cual fuera, con Jack porque no, ya había perdido demasiado aquella noche y a Jack no estaba dispuesta a perderlo también, mucho menos por algo como lo que acababa de ocurrir. Así, con fuerzas y esperanzas renovadas, salí de allí con paso rápido y decidido y una vez fuera del local eché a correr hasta que alcancé a Jack, que por suerte no se había alejado demasiado. La lluvia que caía con intensidad ni siquiera me frenó y a punto estuve de tropezar y caer varias veces pero no lo hice, tenía un objetivo en mente y ese era llegar hasta Jack e impedir que se alejara más de mí... Aún podía arreglar las cosas, solo tenía que conseguir que me escuchara una vez más. Cuando llegué a su altura, corrí más rápido para cortarle el paso y lo miré mientras trataba de recuperar el aliento después de la carrera. - No te vayas, por favor... Escuchame. - conseguí decir entre jadeos y es que no me di cuenta de lo realmente agotada que estaba hasta aquel momento. Cuando mi respiración se normalizó me acerqué un poco más a él. - Lo siento, no quería que te lo tomaras así. Yo... No he pensado, simplemente tenía miedo de que no me vieras como a nada más que una aliada, como alguien a quien solo ayudas por compromiso porque yo... yo no te veo así. Y sí, me cuesta asimilarlo y también me cuesta reconocerlo pero esta noche ya han pasado demasiadas cosas como para perderte. No quiero volver a perderte, Jack, no otra vez y... Dios, esto está saliendo peor de lo que pensaba y probablemente solo te esté dando más razones para que quieras marcharte y no saber nada de mí y...

Cuanto más hablaba, más me costaba respirar al pensar que mis palabras podían ser ciertas. No sabía qué hacer, no sabía cómo actuar y aquello podía conmigo. Tenía que calmarme, tenía que serenarme y pensar con claridad pero me costaba tanto que Jack bien podría hartarse de mí y de todo aquello e irse a la mínima y por eso hice un esfuerzo sobrehumano para conseguirlo y, finalmente, surtió efecto... O algo así. - Nunca he pretendido juzgarte, Jack, ni tratarte como a un perro como dices. Me importa una mierda que no seas italiano o que no seas de mi familia porque, ¿sabes? He llegado a preocuparme por ti mucho más de lo que lo haría por muchos de ellos... Y si en algún momento ha parecido como si te juzgara o no te tratara como merecías o simplemente he sido demasiado gilipollas como para no darme cuenta de lo que tenía delante... Lo siento. Pero, ¿sabes qué? No quiero buscarme a nadie. Solo quiero estar bien contigo, nada más... - murmuré finalmente, bajando la mirada durante unos segundos antes de tragar saliva y volver a mirarlo a los ojos. Ya estaba, ya lo había dicho. Acababa de reconocer ante él y en voz alta que me importaba... Me importaba mucho. Y por mucho que eso me asustara sabía que era lo correcto, era lo que tenía que hacer si quería arreglar las cosas con él y si había algo que de verdad ansiaba con todas mis fuerzas era eso. Pero, ¿y si me estaba equivocando? Aunque, ¿cómo podía hacerlo? Algo que se sentía tan bien no podía estar mal, ¿verdad? Bien cierto era, también, que en las últimas semanas ese sentimiento de bienestar que asociaba con él no había estado presente más que en contadas ocasiones. Pero eso no importaba. Lo importante era que yo había tomado una decisión y asumiría sus consecuencias, fueran las que fueran. - Bueno, ya está, ya lo he dicho... Ahora es tu turno decidir si quieres mandarme a la mierda y no volver a verme nunca más. No te culparía, la verdad, pero tenía que intentarlo... - me encogí de hombros, sin siquiera mirarlo a los ojos por miedo a encontrar en ellos la respuesta y que esta no me gustara y me mordí el labio inferior. Si alguien me hubiera dicho tiempo atrás que sería capaz de hacer lo que estaba haciendo por alguien me habría reído de él en su cara pero, en ese momento, era lo que tenía que hacer, sentía que era lo correcto. Y es que sin Jack muchas cosas dejarían de tener sentido para mí... Y no estaba dispuesta a dejar que eso ocurriera sin luchar.

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Re: Sinners & Saints {Jack Thomas}

Mensaje por Jack Thomas el Lun Dic 22, 2014 11:13 pm

No recordaba haber estado nunca tan seguro de nada como lo estaba de que tenía que salir de allí cuanto antes. Cada vez era más fuerte la certeza de que juntarme con los Gregoletto, especialmente con Adriana, no me traería más que problemas, cada vez estaba más convencido de que seguirle el rollo cuando la había visto en la estación había sido un error, y lo único que podía hacer era cortar por lo sano y seguir hacia delante costara lo que costase... Aunque supiese que me dolería, que lo que vería como un error durante los primeros días sería precisamente haberla dejado ir porque aún tenía la maldita esperanza de que las cosas pudieran solucionarse, incluso sabiendo que no lo harían. Ella me lo había dejado claro, yo no era más que un simple aliado, y creer que podría llegar a ser algo más había sido cosa mía y de mi estupidez y mi costumbre de creer que todo el mundo buscaba lo mismo que yo cuando era evidente que no era así... Ella me lo había demostrado con creces cada vez que nos habíamos visto. ¿Cómo había podido estar tan ciego? ¿Cómo había podido encapricharme tanto que ni siquiera veía las cosas con claridad...? Porque si algo tenía claro era que aquello tenía que ser más fuerte que un simple capricho, de lo contrario jamás habría llegado a aquel extremo de rabia y frustración en estado tan puro como hacía años que no había sentido, demasiados para recordarlos bien, ya que eso habría sido igual de doloroso. Llevaba desde entonces huyendo de cualquier tipo de emoción fuerte porque sabía que no se me daba bien aguantarlas, no cuando me tocaban y amenazaban con hundirme, igual que aquella vez. Podía no parecerlo porque daba una imagen totalmente distinta, pero era muy consciente de mis debilidades y normalmente actuaba en consecuencia para poder evitarme cagarla y joderme aún más de lo que ya estaba, pero para una vez que no lo hacía terminaba mal. Eso debería servirme como lección, como indicativo de que no debía dejarme llevar por ella y de que lo mejor que podía hacer era irme y ya está.

Por eso mismo cuando me llamó y me detuve el primer sorprendido fui yo, ya que había creído que estaba mentalizado para cortar por lo sano de una vez por todas y ella no necesitó demasiado para hacer que me diera cuenta de que no era verdad y de que probablemente nunca lo sería. Sólo en aquel momento empecé a notar de verdad la lluvia, que por una vez lo que caía era una chaparrada que me estaba empapando y cuyas consecuencias afrontaría luego, pero que en aquel momento no podía importarme menos porque mi maldita atención estaba puesta en ella. ¿Cómo se suponía que debía sentirme al respecto...? Por mucho que hubiera intentado convencerme a mí mismo, a ella no le hacía falta más que una palabra para que yo me sometiera como jamás había creído que podría llegar a hacerlo, y estaba tan anestesiado sentimentalmente que ya ni siquiera le daba vueltas. Sí, al final había llegado a aquel punto; alguien tan frío como normalmente yo solía serlo tarde o temprano llegaba a un momento en el que las sobredosis de sentimientos lo volvían indiferente o, mejor, adormilado e incapaz de sentir nada más hasta que pusiera en orden el revoltijo que ya sentía. Era como si me apagara casi por completo, como si mis nervios no pudieran ser capaces de soportar ni una sola mala noticia más y me cerrara en banda, y probablemente eso fuera lo que había pasado en realidad... Aunque eso no significaba que no me alegrara por su disculpa. Lo hacía, y mucho, o para ser más exacto lo haría una vez tuviera tiempo de procesarlo todo y de analizar las cosas una a una. Hasta entonces lo único que podía hacer era pensarlo todo con la lógica fría y racional y no con el corazón, como había hecho con ella y como había terminado por conseguir meterme en aquel lío, y por eso di vueltas a todas sus palabras a medida que las iba diciendo hasta vaciarlas por completo de significado y que incluso los sonidos que conocía me parecieran extraños. Esa era la única manera de la que me veía capaz de procesarlo todo; solamente así podría darle una respuesta... por mala o débil que fuera, y sabía que la mía lo sería.

– No eres sólo una aliada para mí, pensaba que ya lo sabías y que a estas alturas era evidente. – empecé, pero no recriminándole, sino poniendo en orden mis pensamientos. Había decidido que lo mejor era empezar por los hechos, por aquello de lo que estaba absolutamente seguro, y que a partir de ahí ya avanzaría hacia lo complicado. Sólo esperaba que mi técnica funcionara. – No quiero marcharme. ¿No quiero? No... No quería. Aunque debía, probablemente. – No quiero que te busques a nadie, eso me cabrearía mucho después de todo y ya has visto que mis cabreos no son recomendables... – continué, añadiendo otra verdad al carro, pero sintiéndome demasiado abrumado a la vez para continuar. Había sido una noche demasiado larga, el cansancio me empezaba a hacer mella y mi propia mente estaba funcionando más despacio de lo normal, yo me lo notaba y seguramente ella lo haría también si seguía hablando. Era preferible que los dos descansáramos, durmiéramos un poco y ya aclaráramos las cosas cuando estuviéramos más lúcidos... O, al menos, cuando yo lo estuviera. – No quiero mandarte a la mierda, Paola, pero ahora mismo no tengo la fuerza mental suficiente para tener claro qué puede significar todo esto que te he dicho y algo me dice que tú estás igual que yo. Creo que deberíamos descansar, aclarar las ideas y, no sé, si quieres quedar mañana para hablar todo esto con un café y a ser posible sin correr el riesgo de coger una pulmonía. ¿Te parece eso bien? – propuse, entrelazando los dedos de ambas manos con algo de inquietud y para tenerlas al menos ocupadas, porque si las dejaba caer tendría otra cosa de la que preocuparme y yo, Dios lo sabía muy bien, había llegado a mi cupo aquella noche. Necesitaba empezar de cero y lo necesitaba urgentemente.

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Re: Sinners & Saints {Jack Thomas}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Miér Feb 18, 2015 9:56 pm

Había empezado a temblar. La lluvia, cada vez más fuerte, caía sobre nosotros sin tregua pero no podía importarme menos. En aquel momento, solo me importaba lo que fuera que Jack tuviera que decirme. Por una vez había hecho todo lo que me habían aconsejado todos con los que había hablado sobre el tema y solo esperaba que para una vez que decidía hacer caso de lo que me decían, no me saliera el tiro por la culata. Desde Maus y muchos de los chicos (¡incluso Ezio!) hasta la propia hermana de Jack, todos me habían dicho que hablara con él, que intentara arreglar las cosas y que, por Dios, dejara de lado mi maldito orgullo si realmente quería recuperarlo. Y eso había hecho. Aunque en aquel momento no estaba segura de si realmente funcionaría o simplemente tendría que volverme a casa mientras pensaba alguna manera efectiva (y que no hubiera probado ya) de olvidarlo... Probablemente Jack no fuera consciente de todo lo que me había jugado por él, especialmente al enfrentarme a Carlo y si aquello no terminaba como yo quería o esperaba... No tenía ni idea de como irían las cosas a partir de ese momento. Y, ¿para qué mentir? eso me aterrorizaba. No tener el control de la situación, no poder predecir las consecuencias o el daño que se podría derivar, las futuras posibles vendettas... Casi era peor aquello que la incertidumbre. Casi. Porque en aquel momento todo mi cuerpo estaba en tensión. Necesitaba una respuesta. Necesitaba saber qué pensaba Jack al respecto, si me perdonaba o si no querría volver a verme nunca más... Que existiera esa posibilidad era lo que más me hacía estar así, sin fiarme de nada, de nadie... Ni siquiera de mí misma.

Que Jack tardara en responder ya me parecía una mala señal pues era como si tuviera que procesar toda la información que le había dado, como si sopesara los pros y los contras de una decisión que podría cambiarlo todo. De repente, estaba diferente. O quizá no tanto. Me había acostumbrado a ver esa parte de Jack tan pasional que ahora, volver a ver esa frialdad que realmente tanto lo caracterizaba me aterraba como nada podría hacerlo. Fue eso, probablemente, lo que me dio la pista y me hizo esperar sus palabras: unas que no eran precisamente lo que yo esperaba oír y que probablemente terminarían con aquello y, bueno, conmigo. Sin embargo, no fue así. Al menos al principio. Jack dejó claro que para él no era una simple aliada y a esas alturas mi corazón ya iba a una velocidad imparable y yo, incapaz de hablar, me limitaba a observarlo, con la boca seca, nerviosa y tensa. No quería marcharse, no quería que me buscara a otro porque se cabrearía (e inconscientemente sentí un alivio irracional al escuchar aquello)... Pero aquel no era el momento para hablar de aquello. Como si hubiera estado cubierta hasta el momento por un enorme paraguas que se hubiera cerrado de repente, comencé a sentir la lluvia sobre mí cada vez con más fuerza, helándome al igual que sus palabras y dejándome, probablemente, peor que si me hubiera dado una respuesta. No lo entendía. Necesitaba una respuesta. Y lo único que él había sido capaz de decirme era que lo hablaríamos al día siguiente con más calma cuando estuviéramos más descansados... Já! Como si después de todo aquello pudiera dormir así como así. Me sentí rechazada. Sentí como si su falta de respuesta ya fuera una y aquello me sentó mucho peor que el haber recibido una negativa por su parte. De repente me sentí pequeña, insignificante, inútil y rota. Me había preguntado si aquello me parecía bien. Otra broma cruel más. Pues claro que no me parecía bien. Aquello no era lo que esperaba, aquello no... ¿y qué esperaba? ¿que volviera corriendo a mis brazos? ¿que aceptara mis disculpas y fuéramos felices como lo habíamos sido hasta hacía unas semanas? Tenía que empezar a convencerme de que mi vida no era una maldita película o me llevaría decepciones mucho peores (si es que se podía, que en aquel momento lo dudaba) que aquella.

Suspiré, sin fuerzas ni ganas de discutir. Ya estaba, no podía luchar más. Lo había dado absolutamente todo y me sentía derrotada. Sin siquiera mirarlo e incapaz de dejar de temblar me encogí de hombros. - Vale... - murmuré como única respuesta. ¿Qué más podía decirle? Él había dicho que en aquel momento no podía decir más y por mucho que yo necesitara que lo hiciera, obligarlo a hacerlo no sería lo correcto. Aún así me sentía como si no hubiera nada más que yo pudiera hacer al respecto y aquello era nuevo y frustrante. No lo soportaba. - Pues ya... Nos vemos. - Rechazada. Esa era la palabra para describir exactamente como me sentía. Y no era algo bonito. Más bien al contrario. Era la primera vez que sentía algo así... Miento. Era la primera vez que me importaba sentir algo así. Sin nada más que decir, me acerqué un poco más a él, le di un beso en la mejilla y prácticamente salí corriendo en dirección a mi casa... O a donde fuera. Porque si algo tenía bien claro era que aquella noche, por mucho que Jack hubiera dicho que ambos lo necesitábamos, no iba a pegar ojo... Y mucho menos descansar. No tenía ni idea de cuando volveríamos a vernos, si realmente me llamaría al día siguiente para hablar o si era una manera de decir que necesitaba tiempo... Pero para mí estaba todo tan claro que dolía demasiado. Y en aquel momento solo quería alejarme de aquel lugar y no volver a pensar en nada. Dolía demasiado. Si había en el mundo algo que no pudiera soportar era el dolor... Y no precisamente el físico. Por eso salí corriendo sin mirar atrás porque no podía soportarlo más. Tenía que alejarme de él o me derrumbaría. Otra vez. Y no estaba dispuesta a volver a hacerlo, menos delante de alguien, especialmente, del causante de toda esa amalgama de sentimientos que me impedía pensar con claridad... O que me hacía hacerlo demasiado.

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Re: Sinners & Saints {Jack Thomas}

Mensaje por Jack Thomas el Lun Abr 20, 2015 12:53 am

Ni siquiera con esa anestesia sentimental en la que me encontraba inmerso pude evitar que sus palabras me dolieran como una bofetada directa al corazón y un puñetazo al estómago. La había fastidiado sólo por necesitar más tiempo, por ser un maldito témpano de hielo al que se le había olvidado lo que era sentir y que en cuanto las cosas se ponían algo más complicadas de lo normal se bloqueaba, y ella me lo había demostrado con su respuesta, tan seca y cortante como creía que sólo podía serlo yo. Y lo peor no era saberlo y ser dolorosamente consciente de ello, lo peor era que desde el momento en que me dio un beso en la mejilla y salió corriendo, más rápido de lo que yo era capaz de similar en mi estado de apatía generalizada, supe que no podía detenerla. ¿Qué demonios había hecho? ¿Qué tenía en la cabeza que me había convencido de que aquello era una buena idea cuando desde el momento en que ella me miró a la cara y supe que le había roto el corazón yo tampoco iba a poder descansar? Lo único que conseguiría era coger una pulmonía si seguía allí plantado más tiempo, aunque ni siquiera sabía cuánto había pasado desde que ella se había marchado y había huido de mí. Pudieron ser unos pocos segundos o una hora completa, el tiempo no pasaba para mí de la misma manera en que pasaba en realidad y no tenía ni fuerzas para mirar el reloj porque suficiente tenía con convencerme de que tenía que irme de allí e ir a casa. Sí, una ducha podría ayudarme, tal vez un té me aclararía la bruma que tenía en la cabeza y que hasta me impedía ver bien (¿o eso era por la lluvia?), pero a partir de ahí... a partir de ahí estaría solo y habría arruinado todo lo que existía entre ella y yo, y que ni siquiera sabía lo que era.

Con ese peso sobre mis hombros, tan fuerte que amenazaba con hundirme del todo, me dirigí hacia casa como si fuera un muerto viviente y una vez allí me sequé y me metí en la cama, donde permanecí con los ojos abiertos de par en par toda la noche. Ni siquiera el colchón ayudó a la hora de darme descanso porque mi mente estuvo toda la noche repitiendo la conversación que habíamos tenido para recordarme lo imbécil que había sido por dejarla ir. Daba igual lo que hubiera hecho (¿lo daba?) o lo que hubiera pasado, sabía de sobra que había cometido un gran error y que los dos estábamos lamentando mi estúpida decisión, seguramente tan despiertos a las tantas de la madrugada que ni siquiera contemplábamos la posibilidad de dormir. Yo, al menos, no lo hacía, pero estaba casi seguro de que ella tampoco era capaz a juzgar por cómo había terminado nuestra conversación, y quizá por eso me decidí a ser el maduro de los dos y ser quien cogiera el teléfono para quedar y hablar... A fin de cuentas había sido yo el responsable de posponer una conversación que nos debíamos, ¿por qué no ser yo también quien intentara dar el primer paso para arreglarlo? Por eso, sin fijarme siquiera en qué hora era, envié un mensaje disculpándome y pidiéndole vernos al día siguiente, y sorprendentemente (o quizá no tanto...) ella me respondió enseguida, aceptando. Probablemente esa rápida respuesta fue lo que hizo que la carga que tenía encima se aligerara un poco, lo suficiente para que a partir de ese momento pudiera dormir algo, no demasiado ni demasiado bien pero eso habría sido un milagro, y nada aquella noche indicaba que fuera posible que pasara uno.

Al cabo de unas pocas horas me levanté y, cómo no, tenía aspecto de acabar de salir de la tumba como en una de esas películas que tanto le gustaban a mi hermana. Me dirigí casi arrastrándome al baño para lavarme la cara y adecenterarme un poco, pero ni por esas conseguí parecer presentable hasta que no estuve duchado y vestido, demasiado pronto para lo que habíamos quedado Paola y yo, pero en mi cabeza ni siquiera entraba la posibilidad de volver a meterme en la cama o perder el tiempo o... cualquier cosa. Sencillamente no se me ocurría, ni por asomo, así que salí de mi piso pronto, dejando que el gato me maullara e intentara frotarse contra mis piernas (mala señal...) antes de cerrar la puerta y enfrentarme a la mañana londinense, que aunque aún no había empezado del todo ya demostraba el movimiento típico de una gran ciudad. Con las manos en los bolsillos y atravesando un mar de colegiales que se dirigían hacia sus escuelas yo me encaminé hacia la cafetería, cercana a Harrods, en la que había quedado con Paola, aprovechando que tenía tiempo para recorrer la distancia que separaba mi piso, algo más céntrico, de allí. Cuando llegué el sitio estaba casi vacío salvo por los ejecutivos que se estaban pidiendo las dosis diarias de café, y yo esperé en la fila pacientemente para pedir algo de desayunar (un té y un muffin) para tener algo que hacer mientras la esperaba. Con mi parca comida frente a mí, en una mesa, esperé a que el té se enfriara y no fuera magma volcánico sin dejar de mirar hacia la puerta a ver si ella venía o no. En el fondo tenía la sospecha de que me dejaría plantado, y no podía decir que no me lo merecía, pero eso me habría destrozado por completo, algo horrible teniendo en cuenta que parecía estar recuperando mi capacidad para sentir algo. Sin embargo, cuando la vi aparecer tan preciosa como siempre se me olvidaron todos los miedos por completo y sólo pude pensar en seguir cada movimiento que hacía con la mirada. Estaba totalmente hipnotizado por ella, por cada paso que daba dirigiéndose hacia mí, y por eso no pude evitar, cuando llegó a mi altura y dejó su consumición, levantarme, cogerla de la cara y besarla como saludo, sin pensar absolutamente en nada que no fuera ella, su boca y su cercanía. Sólo pensé al separarme, cuando le hice un gesto para que se sentara y me di cuenta de que había vuelto a cagarla pero bien.
– No quiero mandarte a la mierda y no volver a verte. Pero no quiero ser sólo tu aliado. Quiero más. Eso es lo que no sabía cómo decirte anoche. – solté, sin filtros, y cuando me di cuenta bebí un trago de mi té con el que me quemé la garganta, pero así quizá al menos pensaría antes de hablar.

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Re: Sinners & Saints {Jack Thomas}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Lun Abr 20, 2015 6:25 am

No podía respirar. Mientras corría para alejarme de Jack, notaba como me iba faltando el aire cada vez más y por mucho que intentaba respirar, por mucho que intentaba conseguir el ansiado y necesario aire, era imposible. Y eso lo hacía todo aún peor. No poder respirar me hacía estar más nerviosa y los nervios solo conseguían que buscara el aire con más desesperación. Todo estaba empezando a darme vueltas cuando llegué al piso y una vez traspasé la puerta me dejé caer de rodillas en el suelo con un ataque de ansiedad que amenazaba con hacerme perder el conocimiento. Y casi lo hizo de no ser porque Maus, al verme, corrió hacia mí y me levantó para llevarme a mi cuarto, donde me sentó en la cama mientras me hablaba con calma, pidiéndome que tratara de relajarme, que normalizara mi respiración y me prometía que todo iría bien… Pero, ¿y él qué sabía? No, nada iba a ir bien. No después de aquella noche. Cuando conseguí respirar con normalidad de nuevo, no pude evitarlo y me eché a llorar en sus brazos ante lo que él me rodeó y acarició mi pelo sin decir nada más. ¿Qué iba a decir? No me había visto así en años (si es que alguna vez lo había hecho) y debería estar casi tan preocupado como sorprendido, de eso no me cabía duda pero no quería hablar. No quería decir en voz alta lo que más me atormentaba en esos momentos. Reconocerlo. Perder. Era demasiado por lo que simplemente me limité a dejar que todo saliera.
Perdí la noción del tiempo y no sé cuánto estuve allí, abrazada a Maus y llorando pero sé que tuvo que ser bastante pues cuando me separé, sin más lágrimas que poder derramar, él tenía la camisa empapada. – Te traeré algo de comer. – fue lo único que dijo él una vez se aseguró de que ya no lo necesitaba o, al menos, de que podría estar cinco minutos sin él. No tenía hambre pero tampoco quería decírselo. No tenía fuerzas para hablar y él me obligaría a comer y discutiríamos y… eso era lo último que me apetecía en aquel momento. Suspiré y saqué mi teléfono, aún tenía mensajes, fotos y… demasiadas cosas que me recordaban a Jack pero no quería pensar en eso. Le quité el sonido y lo dejé en la mesita antes de dejarme caer boca arriba en la cama, mirando al techo e intentando no pensar en nada… Algo muy difícil dadas las circunstancias. Cuando Maus volvió a entrar, llevaba un plato con una bruschetta no demasiado grande que sabía perfectamente que no le rechazaría y lo dejó en la mesita antes de sentarse en la cama, mirándome con preocupación. - ¿Qué ha pasado, Adriana? – la suavidad con la que formuló la pregunta reflejaba su genuina preocupación y suspiré. Tendría que contárselo todo, al menos, la parte que afectaba a Carlo. Tenían que estar avisados. - La he cagado, Maus… - comencé. A continuación, le conté lo que había ido a hacer, mis intenciones de arreglarlo todo con Jack, cómo durante el trayecto Carlo me había asaltado y Jack había aparecido para salvarme… Lo que le habíamos hecho a Carlo y mi conversación con Jack. Aunque en aquella última parte se me rompió la voz y no pude continuar. Maus asintió, en silencio, y asimiló todo lo que acababa de contarle antes de acariciarme el pelo y decirme que todo iría bien. Entonces, se levantó y me informó de que iría a avisar a los chicos y de que se prepararían para cualquier posible vendetta de Carlo. – Descansa un poco, Adriana. Mañana será otro día y todos te necesitamos. – y sin más, salió de mi cuarto y me dejó sola con mis demonios. Unos demonios demasiado reales como para poder conciliar siquiera el sueño.
Las horas pasaron y mis ojos seguían abiertos con la mirada perdida en el techo cuando escuché el móvil vibrando en la mesita junto al plato del que solo quedaba media bruschetta (al menos lo había intentado). No sabía qué hora debía de ser pero sabía que sería tarde pues hacía ya un buen rato que había dejado de escuchar ruidos y ajetreo al otro lado de la puerta y, con el corazón en un puño, cogí el móvil sabiendo que no había muchas personas que pudieran escribirme a esas horas, ese día, en aquel momento. El mensaje de Jack, ese que esperaba que nunca llegara, me hizo morderme el labio inferior y antes de que pudiera reaccionar me encontré con que ya le había respondido: Acababa de aceptar su invitación para tomar un café al día siguiente. Puse el despertador y volví a dejar el móvil en la mesita antes hacerme un ovillo y tratar de dormir… Inútilmente. Cuando sonó el despertador no había dormido ni un minuto y en su lugar había imaginado los mil y un posibles escenarios de la conversación que tendríamos Jack y yo esa mañana, preparándome mentalmente para todos y cada uno de ellos. Salí de la cama y fui al baño, me duché y me arreglé rápidamente, maquillándome como nunca y disimulando las ojeras kilométricas que tenía porque no pensaba dejar que nadie viera lo mala noche que había pasado. Una vez estuve lista, cogí el móvil y las llaves y me dispuse a salir de casa. O lo intenté. Maus, Ezio y un montón de mis chicos se pusieron frente a la puerta, cortándome el paso y sermoneándome sobre lo mala idea que era salir sola, especialmente desde que no había noticias de Carlo. Los ignoré y los esquivé antes de salir de casa y conseguí irme sin que nadie me siguiera, probablemente, porque Maus se lo dijo. Después de todo, siempre podían rastrear el GPS de mi móvil que debía llevar encendido a todas horas.
Caminé más rápido de lo que me gustaría hasta llegar a la cafetería en la que había quedado con Jack y una vez entré y lo vi, cogí aire y, con calma, pedí un café y me dirigí hacia él, preparada para absolutamente todo lo que fuera a pasar… O eso creía. Cuando él cogió mi cara y me besó, rompió todos mis esquemas y destrozó aquel muro que había decido levantar esa mañana antes de salir de casa. Una vez más, estaba indefensa ante él. Y sus palabras terminaron de rematarme. Quería más. Jack quería más pero, ¿a qué se refería con eso? ¿Y si no era capaz de darle lo que quería? ¿Y si aquello no era más que una idea terrible? En lugar de terminar con mis dudas, sus palabras solo consiguieron crearme nuevas preguntas y tragué saliva antes de sentarme, mirando mi café para intentar concentrarme y pensar con claridad. Algo muy difícil después de ese beso. Aún podía notar su sabor en mis labios, no quería beber por miedo a no volver a sentirlo y me mordí el labio inferior antes de mirarlo. Lo cierto era que yo también quería más. Pero no tenía ni idea de lo que eso significaba. – Yo también… - murmuré bajo, dudando siquiera de que él lo hubiera oído. – Pero no sé lo que significa eso, Jack. Nunca me ha pasado esto, no lo entiendo y no he pegado ojo en toda la noche pensando que esta sería la última vez que nos viéramos y aún tengo ese miedo presente, ¿sabes? De alguna manera me cuesta creer que las cosas vayan a salir bien porque ¿desde cuándo los malos tenemos un final feliz? – bajé la mirada, medio sonriendo con amargura y me encogí de hombros antes de darle un pequeño sorbo a mi taza de café. -Yo… Lo único que tengo claro es que quiero estar bien contigo. – volví a mirarlo a los ojos y me mordí el labio inferior, sin saber qué más decir porque, después de todo, ya lo había dicho todo… Ahora era su turno de hablar y decidir si lo que acababa de decirle le convencía o si se lo había pensado mejor o… lo que fuera. Pero necesitaba una respuesta, una definitiva, y la necesitaba en ese momento.

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Re: Sinners & Saints {Jack Thomas}

Mensaje por Jack Thomas el Vie Mayo 15, 2015 2:07 am

No debería haberla besado, mi mente no hacía más que repetirme que había sido una idea horrible y que sólo había conseguido liar más las cosas, pero aunque supiera que eso era cierto y que no había ayudado a nuestra situación, precisamente, no había sido capaz de evitarlo y sabía que, de encontrarme en la misma situación, seguiría sin ser capaz de reaccionar de manera distinta. ¿Cómo podría, si sus labios eran lo único en lo que me sentía capaz de pensar? ¿Cómo se suponía que iba siquiera a intentarlo si lo único en lo que me sentía capaz de centrarme era en las ganas que tenía de tocarla, aunque fuera un simple roce accidental al coger una servilleta u ofrecerle el azúcar para su café? Ella se había convertido en el único foco de mi atención sin hacer nada deliberadamente para conseguirlo, y yo era perfectamente consciente de que debía intentar centrarme en la situación para tratar de poner la madurez necesaria para solucionar nuestros problemas, pero era simplemente incapaz, y eso que no dejaba de intentarlo. Por cada vez que mi mente intentaba volver al tema que nos atañía, mis ojos se desviaban a sus labios, a sus preciosos ojos, a sus manos, a sus mejillas, a cualquier parte de su cuerpo que pudiera distraerme y hacerme darme cuenta de que perderla no era una posibilidad, no cuando ya la había conocido y quería más. No, no quería: necesitaba más de ella, aunque sólo fuera cogerle la mano por encima de la mesa, como realmente llegué a hacer, para asegurarme de que ella seguiría ahí y no se marcharía en medio de la conversación que, al parecer, yo tenía que dirigir. Tampoco me extrañaba, no demasiado, teniendo en cuenta que de los dos el único que tenía experiencia real en relaciones era yo y además yo era el responsable de que nos hubiéramos vuelto a encontrar después de todo lo que había pasado hacía apenas un día, aunque parecía mucho más.

– Esta no va a ser la última vez que nos veamos. Voy a hacer todo lo posible por conseguir que no te canses de mí y te vayas para no volver, ¿vale? – le aseguré, dedicándole una sonrisa tranquilizadora y aún sin soltar su mano, así que tuve que utilizar la otra para coger la taza de té que tenía delante y llevármela a los labios. El muffin, por cierto, ni siquiera era una opción si dejaba de tocarla, pero dado que tenía claras mis prioridades y alimentarme no era una de ellas teniendo en cuenta que aún tenía el estómago algo revuelto desde la noche anterior, era evidente a lo que estaba dispuesto a renunciar y a lo que no.
– Tal vez los malos no tengan un final feliz, Paola. Tal vez todos vayamos a ir al Infierno porque somos pecadores y da igual lo mucho que lo intentemos, no podemos borrar nuestra naturaleza. A lo mejor ninguno de los dos estamos libres de culpa en esto, y eso es probablemente lo más seguro, pero ¿desde cuándo vas a rendirte... tú? Estamos hablando de la misma italiana que me besó sin conocerme, que consiguió que quisiera llevarla a tomar algo cuando yo no soy así y lo sabes bien, y con la que he llegado hasta aquí. Esa italiana, la Paola que yo conozco, no se rinde así como así, y mucho menos cuando está en juego algo que le interesa. Porque si tienes claro que quieres estar bien conmigo... me parece evidente que esto es algo que puedes llegar a querer. ¿No? – razoné, acariciándole los nudillos con los dedos hasta que me aparté un poco, para darle espacio y tiempo más que nada, y aproveché para mordisquear el muffin que me había pedido por decir que comía algo, nada más. Una cosa era que yo pensara que tenía razón, porque lo pensaba, pero de ahí a que ella lo hiciera había un gran trecho. Además, esto se suponía que tenía que ser cosa de los dos, y no sólo de mí, así que ella también debía decir algo.

– Supongo que lo que esto significa es ser más que simples aliados. Puedes llamarlo como quieras, no estoy seguro de que importe siempre y cuando seamos algo, pero este vacío legal en el que estamos no nos está llevando a ninguna parte y lo único que hace es terminar en situaciones como esta. Así, al menos, las cosas estarán claras, sea como sea esto. – deduje, y en ese momento cogí la taza de té con las dos manos para llevármela a la boca y beber, esta vez porque tenía la garganta seca y necesitaba hidratarla, o algo así. Qué menos cuando acababa de decir, sin usar esas palabras pero sí esa idea, que quería salir con ella... Quién me había visto y quién me veía. La única que quizá se lo podría haber visto venir era mi hermana, y eso porque ella me conocía lo suficiente para saber cómo funcionaba yo en este tipo de temas de sentimientos, relaciones y todo eso (bastante mal, pero en cierto modo me defendía, o eso quería creer). Sin embargo, ni siquiera yo me lo había esperado, al menos no completamente, por mucho que supiera que quería algo más de ella que una simple amistad. Había muchos pasos intermedios a los que podíamos haber recurrido, pero a la hora de la verdad no estaba seguro de que fueran a funcionar. Culpa de mi monogamia, supongo, pero ¿qué le iba a hacer? Ya no tenía sentido ocultar la realidad: ella me gustaba (mucho), y el siguiente paso lógico era pedirle salir a ver si podíamos funcionar o si, por el contrario, todo se quedaría en algo extraño que podía haber sido pero que en realidad no fue porque ninguno de los dos se atrevió a dar el paso.
– Así que, Paola, creo que deberíamos hablar de nosotros... Y de qué queremos ser. – concluí, luchando contra el impulso de agarrarla de nuevo.

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Re: Sinners & Saints {Jack Thomas}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Sáb Feb 13, 2016 4:32 am

Aquella convicción que parecía tener Jack sobre el hecho de que aquella no sería la última vez que nos veríamos, por desgracia, no era contagiosa. Yo no estaba tan segura de que las cosas fueran a ser así. Tenía miedo, no, más bien estaba aterrada porque no quería decir algo equivocado y alejarlo de mí para siempre. Sabía que era especialista en decir las cosas más inadecuadas del mundo en el momento menos oportuno y esta vez quería controlarme, quería quedarme calladita, no decir nada y simplemente asentir y hacer todo lo que me dijera Jack solo con tal de volver a estar bien con él porque eso era lo único que quería y por lo que daría cualquier cosa. Jack decía que no quería que me cansara de él pero yo no pensaba que eso fuera posible, no después de todo lo que habíamos vivido de todo lo que habíamos compartido y todos esos recuerdos y experiencias que sin él no tendría. Jack había entrado en mi vida como una persona más, alguien interesante con quien pasar el tiempo pero poco a poco me había ido dando cuenta de que era mucho más, alguien capaz de cambiarme, de hacerme ver el mundo de otra manera y, sobre todo, de obligarme a no rendirme nunca. Y es que yo no era una persona dada a rendirse o a no intentarlo todo antes de darlo por perdido y él lo sabía bien pero había algunos temas en los que no estaba tan segura y aquel era uno de ellos. Sentimientos. Relaciones. Nada de eso se me había dado nunca demasiado bien y esa conversación se centraba, precisamente, en ellos, mis dos mayores miedos. Nunca me había gustado demostrar lo que sentía, para mí siempre había sido una debilidad tremenda el hacerlo pero parecía que con Jack era justo lo que tenía que hacer si quería que siguiera ahí, conmigo.

Y pronto llegó el momento en el que Jack dijo en voz alta lo que tanto miedo me había dado reconocer o siquiera pensar. La definición más clara de aquel “más” que me había pedido y que yo no entendía o no quería entender a qué se refería pero que pronto, gracias a él, supe que todos mis miedos y preocupaciones tenían razón de ser. Jack quería más. Y eso significaba ser “algo”, ponernos un nombre, tener un compromiso el uno con el otro, tener una relación. Tenía mucho miedo y ni siquiera había tocado mi café cuando él terminó de hablar. No podía. Temblaba. ¿Qué podía decirle? No, mejor, ¿qué querría él escuchar? Porque en aquel momento, cualquier palabra que saliera por mis labios podría significar el decirle adiós para siempre a Jack y eso era algo que, simplemente, no podía dejar que ocurriera por nada del mundo. Antes era capaz de hacer una locura. – Eso ha sonado como si me estuvieras pidiendo salir… – murmuré, más para mí que para él, intentando ser yo también la que dijera en voz alta aquellas palabras que parecía que ninguno de los dos era capaz de decir por una u otra razón. – Yo… No estoy segura de lo que quiero ser, más por falta de conocimiento o información que por otra cosa. Pero estoy segura de que quiero lo mismo que tú, de eso no tengo ninguna duda. – comencé, sintiéndome estúpida y pensando que eso no hacía más que empeorar las cosas porque Jack solo quería o quizá necesitaba una respuesta clara y contundente. Pero no tenía ni idea cuál era esa respuesta.

Por fin llevé las manos a la taza de café humeante. Solo el olor del café me daba angustia, no tenía hambre, ni mucho menos, pero necesitaba beber, mantenerme ocupada en algo que no fuera Jack y todos mis pensamientos durante unos segundos y por eso le di un trago muy corto a mi taza antes de continuar, sin siquiera mirar a Jack a los ojos y cogiendo aire antes de hablar. – Si lo que quieres saber es si saldría contigo… La respuesta es sí. Especialmente si con eso podemos arreglar todo este desastre. Ahora mismo, es lo único que quiero. – Hablando de hacer locuras… Acababa de hacer una de ellas. Le había dicho que sí. Y ni siquiera entendía a qué había accedido exactamente pero con aquello él no se iría y estaríamos juntos y bien, como hasta el momento y todo sería perfecto y no me odiaría y… yo no necesitaba nada más. Pero, ¿y si él no había querido decir eso? ¿Y si no se estaba refiriendo a salir conmigo? Entonces, ¿qué pensaba hacer? A parte de salir corriendo de allí más avergonzada que nunca, claro. Solo esperaba haber acertado, que mis palabras lo hubieran convencido de lo que fuera que tuviera que convencerlo para no odiarme más y, joder, volver a ser como éramos… Simplemente Jack y Paola, el soldado y la italiana. No necesitaba nada más. Solo quería volver a tenerlo a mi lado y, así, volver a sonreír una vez más.

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Re: Sinners & Saints {Jack Thomas}

Mensaje por Jack Thomas el Vie Abr 08, 2016 6:03 am

No debía tocarla. Me lo repetía a mí mismo en todos los idiomas que conocía, y eran bastantes aunque ninguno llegara al nivel de mi adorado inglés, porque tal vez así me convencería y sería capaz de olvidar el cosquilleo que sentía en los dedos de puras ganas de alargar la mano hacia ella y estrechársela con la mía. No debía porque no quería presionarla, porque acababa de pedirle salir sin pedírselo de nuevo y era un gran paso, vaya si lo sabía, que ella debía pensar por su cuenta, sin que yo interfiriera. Sin embargo, me podían las ganas, lo notaba como un deseo demasiado grande para poder resistirlo, y para poder tener las manos ocupadas decidí coger la taza firmemente y apretarla hasta el punto de que se me quedaron los nudillos blancos. O eso deduje, porque no aparté la mirada de ella, no podía perderme nada de lo que me dijera a continuación como respuesta a la pregunta que yo no le había hecho y que me llenaba de tal ansiedad que si no fuera porque era un soldado muy entrenado para controlar mis movimientos, seguramente estaría temblando o moviendo la pierna sin parar. ¿Y si me decía que no? ¿Y si me decía que no quería saber nada de mí y que no valía la pena un rato corto de felicidad por los problemas que le había causado? Porque había mucho sobre la mesa, no literalmente pero casi; había demasiadas cosas en juego pendientes del resultado de aquella conversación, entre otras cosas que acabáramos lo suficientemente bien para que existiera la posibilidad de volver a vernos… Y me daba miedo que, si decía que no, no volviéramos a hacerlo, porque después de todo, las cosas serían demasiado dolorosas para poder volver a mirarnos a la cara, y eso sería lo que, a mí, más me dolería de todo: perderla. La realidad era que sí, quería salir con ella, de hecho me moría por hacerlo porque ella me gustaba muchísimo, pero otro motivo para desearlo era aferrarla a mí y que no huyera de mi lado… Cosa que no hizo.

A medida que hablaba yo iba recordando lo que era respirar, la presión de mis músculos (que, sin darme cuenta, estaban como piedras por la tensión) se fue aligerando, y poco a poco solté la taza de té, que si no había roto era de puro milagro. Quería lo mismo que yo. No me lo podía creer, quería lo mismo que yo, que se resumía a ella. A estar con ella, quiero decir; quería arreglar todo ese desastre y estar conmigo… No podía creerlo. De verdad, no podía, sin que ella se diera cuenta me pisé con fuerza a mí mismo para darme cuenta de que no soñaba (no por el dolor, que apenas sentía, sino por la fuerza del golpe y la presión y… eso. Cosas sin importancia en aquel momento), y cuando de verdad asimilé que estaba despierto y que todo aquello estaba pasando sonreí de verdad, como no lo había hecho en… Ni siquiera sabía cuánto tiempo hacía desde entonces.
– Paola… Gracias. Muchísimas gracias. – le dije, rezumando tanta gratitud que hasta yo mismo lo noté en cada una de las palabras que le había dicho. Y es que no podía evitarlo, me sentía de pronto tan relajado que era como si descansara después de una larga misión que, además, había sido exitosa, y sólo podía estar feliz por ella y por nosotros. Porque me había dicho que sí, cielos, ¡me había dicho que sí! Ya no pude aguantarlo más, le cogí la mano y le besé el dorso, y si no me mudé a su asiento fue porque me parecía un poco acelerado, aunque justo acabara de aceptar salir conmigo y técnicamente ya conociéramos bastante bien el cuerpo del otro. Prefería que fuera ella la que se me acercara o hacerlo después, cuando no estuviéramos en público y pudiera disfrutarlo mejor, así que me obligué a conformarme con besarle la mano, sonriendo, y con acariciarle los nudillos con los labios, por fin feliz.
– Puedo enseñarte lo que quieras saber de tener pareja. No quiero que desconozcas esto, ¿vale? Así ya no habrá más lío… Yo no quiero que haya más embrollo. Sólo quiero estar contigo.

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Re: Sinners & Saints {Jack Thomas}

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