17 Crimes (Adriana P. Gregoletto)

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17 Crimes (Adriana P. Gregoletto)

Mensaje por Charlotte Thomas el Vie Nov 01, 2013 2:55 am

BigDan y yo habíamos roto... o algo así. Nunca habíamos llegado a salir juntos porque sólo éramos amigos que de vez en cuando se acostaban, pero llevábamos ya una temporada en la que solamente actuábamos como amigos y ni siquiera nos salía nada más, a mí porque suficiente tenía con los profesores de la universidad en plan dictador a la romana y por el maldito gilipollas de mi ex y a él porque ahora que el susodicho se había pirado se había centrado en diseñar ropa y en un nuevo grupo y apenas tenía tiempo... Era curioso, todos nuestros problemas tenían un regusto a la antigua que no podía ser casualidad, pero la verdad era que, al menos yo, no pensábamos demasiado en ello porque todo lo demás era lo suficientemente agobiante para ponernos con esa clase de tonterías y preferíamos centrarnos en lo importante, como lo éramos nosotros. Aunque pareciera cualquier cosa, en realidad nuestra “ruptura”, que era lo más parecido que había tenido yo a una en toda mi vida antes de Varkatzas, fue bastante bien, porque de mutuo acuerdo decidimos seguir siendo amigos y contándonoslo todo aunque no nos diera por follarnos como conejos cada vez que nos viéramos. ¿Significaría eso que estaba madurando, que estaba demasiado jodida o que la presencia de Jack en Londres, a la que aún no me acostumbraba, me estaba metiendo tanto miedo a su reacción en el cuerpo que me estaba enderezando sin siquiera intentarlo? Probablemente fuera más cosa de la tercera opción porque seguía sin tener el perfil para meterme a monja, pero la cuestión fue que, una vez aclarado eso, todo en mi vida volvió a ser como lo había sido, y con ello llegó el inevitable aburrimiento que tarde o temprano siempre me alcanzaba.

En el centro comunitario, todos los inadaptados que había conocido, a algunos más que a otros, se habían terminado yendo, así que ya casi ni siquiera tenía que ir de voluntaria porque parecía que habían reducido la cantidad de ASBOs que daban a los londinenses de mi edad. Además, había encontrado un trabajo pero aquel día libraba por suerte, y mucho mejor porque no me apetecía aguantar a mi jefe en plan misógino. En clase, me limitaba a hacer lo que me mandaban y ya estaba, cada vez me llevaba peor con el resto de mis compañeros, así que prefería tratarlos lo menos posible porque estar aburrida no equivalía tampoco a ir buscando gresca por ahí, y dado que mi nuevo “amigo” (o algo así... porque no habíamos acabado precisamente bien), Rashid, sólo se pasaba por la universidad de cuando en cuando estaba más sola que la una, entre pitos y flautas. No dejaba de ser curioso que, al final, con quien más hubiera acabado quedando (obviando los días que iba de fiesta hasta el amanecer, en cuyo caso quedaba con quien me encontrara) era mi hermano, y también que parecía que pese a que se suponía que me odiara (y aún lo hacía, porque lo conocía lo suficiente para saber que seguía sin ser precisamente santo de su devoción, pero al menos a aquellas alturas estaba más sociable, y eso era bueno para mí) ya no quería matarme... y eso era bueno. Echaba de menos los días en los que nos llevábamos bien y él me contaba sus cosas, y para volver a hacerlo yo le había contado las últimas movidas que había tenido en clase, lo del centro comunitario, incluso lo del griego (aunque muy por encima, porque por la cara que había puesto tampoco le había hecho demasiada gracia enterarse aunque ya se hubiera ido... además lo sabía sin que yo se lo contara porque de pronto le había dado por preocuparse por mí otra vez), con la loca esperanza de que él me contara algo.

No sé qué fue más raro, que colara o que mi hermano estuviera teniendo, por primera vez en su vida, problemas con las mujeres. Ni siquiera mis padres habían conocido a todas sus novias, yo era la única que lo había hecho y sabía que tenía un radar para elegir a las peores (con alguna notable excepción, pero no era yo quién para juzgarlo... de tal palo tal astilla, y tal), así que saber que la chica italiana que había visto en la subasta a la que lo había acompañado le gustaba, aunque él no se diera cuenta de cuánto, era raro... Raro pero bueno. No la conocía, pero me había caído bien sin siquiera hacerlo porque parecía lo suficientemente vivaracha para darle vida a mi hermano, y dado que hacía años que la había perdido mi bendición la tenían, aunque no la necesitaran porque harían lo que les diera la gana, igual que todo lo demás, y por eso yo ya ni siquiera me extrañé cuando, un día aparentemente normal en el que había quedado con Jack por la mañana y por la tarde no tenía nada más que hacer que ir de compras, acabé en un centro comercial de los muchos que había por Londres y en una de las tiendas vi precisamente a la chica que tenía loco a mi hermano. Y, como no podía ser de otra manera, yo saludé tan felizmente como si la conociera de toda la vida.
– Tú eres la amiga italiana de mi hermano Jack... Adriana, ¿no? Encantada, soy Charlotte Thomas.

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Re: 17 Crimes (Adriana P. Gregoletto)

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Lun Nov 11, 2013 7:25 am

Esa mañana, al despertarme, había pensado que seguro que ir de compras me pondría de buen humor, que conseguiría sonreír o incluso me despejaría y me olvidaría de todo... Pero no fue así. Lo primero que hice al llegar al centro comercial fue comprarme un café para llevar con el que me puse a mirar escaparates mientras me lo tomaba con calma pues, ¿qué prisa tenía? Maus había sido el que me había dado la idea ya que aquel día yo no podría hacer absolutamente nada por todas las revueltas y traiciones y problemas que tenía encima y sabía perfectamente que de quedarme en casa y no salir pensaría en todo eso y me pondría peor así que había seguido su consejo y allí estaba, mirando escaparates, viendo fotos de modelos rubios de ojos azules que me hacían pensar que yo había visto unos ojos más bonitos y que yo conocía a un inglés mucho más guapo que cualquiera de ellos... Y pensar en eso me hacía pasar de largo y no entrar en aquella tienda porque pensar en Jack dolía. Quizá demasiado. Al principio le había llamado más de dos y tres veces al día y no había dejado de enviarle mensajes pero poco a poco, ante su silencio, había dejado de hacerlo... Porque él había dejado más que claro que no quería saber nada más de mí y que yo insistiera no serviría para nada y esa certeza me había hecho incluso acercarme más a Carlo por puro despecho pero al hacerlo me había dado cuenta de que era lo peor que podía pasarseme por la cabeza y había conseguido no llegar muy lejos con él... Y tenía que reconocer que la excusa de las guerras internas me había servido de mucho, especialmente el hecho de que él se comportara cual militar y preparara unas estrategias bastante buenas y complejas con las que se mantenía ocupado y medianamente alejado de mí.

Finalmente, me terminé el café y lo tiré a una de las papeleras que había por allí antes de entrar a una tienda y ponerme a mirar ropa, lo primero que llamó mi atención fueron los vestidos, tan elegantes y a la vez sexys que me hacían sonreír al verlos... Y pensar en lo mucho que le gustaría a Jack verme con alguno. Negué con la cabeza y me fui a ver las camisetas y, como no, aquella temporada se llevaba lo militar: camuflaje por todas partes y prendas que parecían sacadas del armario de un marine. Salí de la tienda y entré en otra en la que se repetía el mismo esquema, al igual que en la siguiente y en la siguiente y cuando ya no podía más me fui a un restaurante del mismo centro comercial para comer algo, intentando que fuera lo menos inglés de la tierra y que se tradujo en una simple hamburguesa del McDonald's porque sabía que de tomarme un kebap volvería a pensar en Jack y no... Aquel día ya tenía suficiente. Tras comer volví a la zona de las tiendas, me mentalicé de que tenía que dejar de pensar en todas aquellas estupideces y centrarme en mí, en lo que me apetecía comprar o en probarme ropa porque si no me volvería loca así que de nuevo entre en las tiendas intentando tener la mente más abierta, ver la ropa sin pensar en nada más allá de en si me gustaba y en eso estaba cuando, de repente, alguien se me acercó y yo ni siquiera aparté la mirada de la camiseta que tenía en la mano, decidiendo si probarmela o no, porque pensaba que sería una de las chicas que trabajaban en la tienda y que venía a preguntarme si necesitaba ayuda en algo pero al escucharla no pude evitar alzar la mirada, encontrándome con aquellos ojos azules tan parecidos a los de su hermano.

- Bueno... Amiga... No sé hasta qué punto él estará de acuerdo en eso ahora mismo... - murmuré, más para mí que para ella y cuando me di cuenta de cómo me estaba mirado, entre sorprendida y extrañada, negué con la cabeza y le di dos besos en las mejillas. Cosas de ser italiana. - Encantada, soy Adriana Paola pero bueno puedes llamarme Adriana. Tu hermano es la única persona que prefiere mi segundo nombre... - y, de nuevo, volví a murmurar aquello último. ¿Por qué no podía dejar de pensar en Jack? Sí, vale, que todo lo que me rodeaba me recordara a él era una buena excusa pero, ¿por qué todo tenía que recordarme a él? Me odiaba, no quería volver a verme y yo... Yo solo quería que me perdonara o al menos poder explicarme o ¡qué se yo! Me bastaba cualquier cosa con tal de saber que no iba a odiarme para siempre... Cosa complicada en aquel momento. Charlotte, la hermana de Jack, seguía mirándome y yo me mordía el labio inferior mientras pensaba en todo aquello aunque si no quería que aquello fuera (aún) más violento debería hablar... Y eso hice. - No pude hablar contigo en la subasta pero Ezio me dijo que eras muy simpática. Espero que no te molestara que Jack y yo nos fuésemos aquel día y te dejáramos con Ezio... Aunque si yo fuera tú preferiría la compañía de un italiano zalamero a la de mi hermano. - sonreí y me encogí de hombros, guiñándole un ojo y fingiendo que estaba bien y que no había pasado nada entre Jack y yo... Ojalá. - ¿Y qué haces por aquí? ¿Vienes a renovar tu armario o, como yo, has venido porque no tenías nada mejor que hacer? – pregunté, intentando entablar una conversación (o algo así) con la hermana del hombre que tanto me obsesionaba. No, aquello no podía ser normal... Ni mucho menos sano pero, ¿qué podía hacer? Si el karma se había empeñado en que aquel día todo en mi vida girase en torno a él no podía hacer más que rendirme y asumirlo... Porque, después de todo, ya sabía que no podría olvidarlo y esa certeza dolía casi tanto como saber que probablemente él ya me hubiera olvidado.

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Re: 17 Crimes (Adriana P. Gregoletto)

Mensaje por Charlotte Thomas el Miér Dic 04, 2013 10:27 am

Yo no era ninguna experta en lenguaje corporal, y de hecho Jack podía dar buena fe de que en realidad tampoco se me daba bien descifrar las expresiones de los demás, pero hasta yo me di cuenta de que cuando mencionó a mi hermana pareció chafarse, y preferí no preguntar, no porque no sintiera curiosidad, sino porque si mi hermano, que era el experto en relaciones de nosotros dos (a las pruebas del exitazo de la mía me remitía), ni siquiera sabía que aquella chica le gustaba, ¿qué iba a saber ella...? Además, podían estar raros por cualquier otro motivo, a mi hermano sólo necesitabas entrarle por el ojo izquierdo para que te odiara eternamente, y quizá había pasado algo entre ellos que no conocía y que no creía que fuera de mi incumbencia y por eso estaba así... Podía haber mil motivos, no la conocía lo suficiente para meterme felizmente en el tema sin ser invitada porque mi cupo de hacer cosas a la ligera se había pasado por aquel día, y entre eso y que su expresión cambió tan rápidamente como lo hizo el tema de conversación me convencí para no volver a mencionar a mi hermano a menos que no me quedara otro remedio, y la verdad era que tenía todo un arsenal de temas que no lo incluían a él en la recámara, así que por mí encantada de centrarme en una conversación normal con una persona normal y no con la gente de la que me rodeaba habitualmente porque no me quedaba otro remedio. Era irónico, pero bastaba que quisiera juntarme con alguien (BigDan, para más señas) para que apenas nos encontráramos, y bastaba que no quisiera verle el pelo a los más idiotas de clase para que no faltaran a ninguna... Debía de haber hecho algo que había enfadado mucho al karma y me había hecho pagárselas todas juntas, porque de lo contrario, de verdad, yo no lo entendía.

– Adriana, pues. La verdad es que es un poco por las dos, estoy hasta las narices de que mi vida se reduzca a la universidad y poco más, y entre eso y que tengo el armario lleno de nada que ponerme... – respondí, al menos a la primera cuestión, y respecto a la segunda no pude evitar sonreír y morderme el labio inferior al pensar en Ezio, a quien no calificaría yo precisamente como simpático... al menos no antes que sexy o increíblemente intenso en la cama, pero aunque ella se imaginara que no habíamos terminado jugando al parchís precisamente tampoco creía que fuera plan de confirmárselo.
– Para nada, te agradezco enormemente que me dejaras quedarme con tu amigo y enseñarle la vida nocturna de Londres, no todos los días una conoce a un chico tan simpático e italiano y hay que aprovecharlo, ¿no crees? – añadí, guiñándole el ojo y después sonriendo de nuevo, con lo que iban más veces en apenas cinco minutos que en los últimos días. ¿Tanto necesitaba un cambio de aires que estar con ella me estaba poniendo de mejor humor o era, simplemente, que si las dos huíamos de temas de los que no queríamos hablar nos animábamos más que si nos anclábamos en lo demás? Probablemente fuera un poco de ambas cosas, a decir verdad las relaciones amistosas jamás habían sido mi fuerte, y mucho menos con mujeres, porque con hombres siempre solía conseguir lo que quería y ni ellos ni yo íbamos buscando más, pero con otras chicas siempre había chocado y no sabía, exactamente, de qué hablar con una... Aunque estaba dispuesta a intentarlo porque, total, ¿qué perdía de hacerlo?

Desvié la mirada de nuevo hacia la ropa que nos rodeaba y rápidamente me llamó la atención un vestido de un intenso tono lila que, con el tono de piel tan moreno que tenía ella, probablemente quedaría estupendamente, así que lo saqué y lo examiné, aunque no pude evitar alzar una ceja porque era bastante más descarado de lo que parecía cuando estaba colgado... como si a mí me importara, y suponía que a ella tampoco, pero si era amiga de mi hermano ¿cómo saber si le gustaba enseñar o si por el contrario era más recatada? Fácil: preguntando.
– Creo que este vestido te quedaría muy bien con tu piel, tus ojos y tu pelo, pero no es la clase de vestido que yo llevaría cerca de Jack... – opiné, pasándole la percha y sin poder evitar darme de golpes interiormente porque aunque me había prometido que no sacaría el tema de mi hermano ahí estaba, aludiendo a lo único que sabía que teníamos en común hasta que descubriera algo más de ella, pero ya he dicho que socializar no era lo que mejor se me daba, así que pasaba lo que pasaba...
– Lo digo porque si ya se pone como un basilisco cuando me ve llevando camisetas de grupos, aunque sea del de nuestro primo, un vestido así puede hacer que me mate lenta y dolorosamente... Antes de enviarme a Bristol de vuelta de una patada, claro. – concluí, mirando el vestido con cierta melancolía (más que nada porque recordaba cuando a él le había dado igual cómo me vistiera porque seguía siendo mi hermano mayor, después de todo) para después mirarla a ella.

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Re: 17 Crimes (Adriana P. Gregoletto)

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Sáb Feb 15, 2014 11:20 pm

Si había ido precisamente a aquel centro comercial había sido para poder desconectar y no pensar en absolutamente ninguna de las mil y una preocupaciones que tenía y el hermano de Charlotte era una de ellas o, más bien, el hecho de que me odiara y no quisiera saber absolutamente nada de mí. Por eso estar allí con la hermana de Jack después de llevar toda la mañana pensando en él y sintiéndome una estúpida y una idiota por ser incapaz de solucionar las cosas no era precisamente la mejor manera de desconectar del mundo... Aunque ella al principio pareció intentar no tocar demasiado el tema de su hermano, quizá al notarme algo tensa o incluso, ¿por qué no decirlo?, algo deprimida solo con mencionar al susodicho y es que, después de todo lo que habíamos vivido juntos, me estaba dando cuenta de que no podía soportar estar así con él y si algo tenía claro era que lo solucionaría como fuera o, al menos, lo intentaría. Me daba muchísima rabia sentirme así porque yo solía alardear de que se me daba bien disimular y ocultar todo aquello que pensaba en las situaciones que lo requerían pero en algunos temas algo más personales era tan inútil e inexperta como podía serlo un niño de cinco años y aquella era una de esas situaciones en las que por mucho que yo quisiera disimular me resultaba imposible hacerlo y, así,  hasta Charlotte era capaz de enterarse prácticamente sin querer de que su hermano y yo estábamos pasando por un momento... delicado. Al menos, consiguió distraerme un poco al explicarme por qué estaba allí de compras y no haciendo cualquier otra cosa, lo cierto es que nuestras razones tenían mucho que ver y a la vez nada y por eso me parecía que, ¿por qué no? Si a ella le parecía bien podríamos continuar las compras juntas... Siempre eran mejor dos cabezas que una para decidirse y en un día como aquel estaba claro que yo necesitaba una segunda opinión antes de querer tirarme por algún puente al Támesis. Me hizo gracia como describió después a Ezio porque sí, simpático e italiano eran dos adjetivos aplicables a Ezio pero algo me decía, quizá aquella sonrisa pícara de sus labios al hablar de él, que estaba pensando otros adjetivos muy diferentes para definir a mi querido Auditore. Definitivamente, aquella chica y yo podríamos llevarnos muy bien, de hecho, me parecía que Charlotte era bastante simpática y eso que la noche que nos habíamos conocido no habíamos tenido la oportunidad de hablar demasiado ya que yo estaba en medio de unos asuntos familiares y mucho más interesada en pasar la noche con su hermano que en conocerla... Como a ella le pasó con Ezio y conmigo, suponía, especialmente desde que había hecho aquellos comentarios sobre él ante los que no pude evitar sonreír de manera casi cómplice. ¿Qué podía decir? La entendía perfectamente, no por Ezio en sí, sino por la situación y, en fin, todo y aquello era extraño teniendo en cuenta que las mujeres y yo nunca nos habíamos llevado demasiado bien. Eso de criarme rodeada de hombres y con mi madre como único modelo femenino que seguir había hecho mucho daño aunque me había convertido en quien era, algo que no cambiaría por nada del mundo.

De repente, Charlotte se apartó de mí y fue directa a una percha llena de vestidos de la cual cogió uno lila, precioso, que se puso a observar y estudiar como si estuviera sopesando los pros y los contras del vestido. Me acerqué a ella e hice lo propio con el vestido, me gustaba mucho, me recordaba a uno que tenía y que había llevado alguna vez delante de Jack a quien, como no, le había encantado... No pude evitar sonreír con algo de melancolía, sentimiento que disimulé a la perfección (esta vez sí) cuando ella se dirigió a mí con el vestido, diciéndome que me quedaría bien pero que no era la clase de vestido que llevaría ante Jack. Aquella confesión me hizo fruncir el ceño porque no entendía a qué se refería con aquello y es que yo misma había llevado vestidos mucho más descarados estando con Jack y aquel era precioso, sí, un poco atrevido, pero no tenía nada que envidiarle a aquel vestido rojo con el que volví loco a Jack en la Roxy hacía lo que me parecía ya toda una vida. Ahogué un suspiro y cogí la percha que Charlotte me ofrecía para observar mejor el vestido mientras ella se explicaba, claro, era muy diferente que yo llevara esa clase de vestidos a que los llevara su hermana pequeña aunque lo que ella no sabía era lo mucho que había cambiado Jack con respecto a mí desde que lo había conocido por pura casualidad en aquella estación de tren. Me encogí de hombros y la miré con una media sonrisa. - Es precioso, la verdad, y por Jack no te preocupes... No es el vestido más descarado que he llevado cerca de él y sigo aquí. Aunque es normal que se preocupe por lo que tú lleves puesto, ya sabes, eres su hermanita pequeña y tienes que dar tanta buena imagen como la que él da para la familia... el hombre perfecto... - murmuré aquello último y negué con la cabeza, tenía que dejar de pensar en él, lo necesitaba, porque cuanto más lo hacía más lo echaba de menos y más inútil me sentía. - De todas maneras, no tengo por qué ponerme este vestido para Jack, hay muchos hombres ahí fuera que estarían encantados de verme con esto puesto, eso seguro... E incluso a ti. - sonreí y, acercándome a las perchas de donde ella había escogido mi vestido, cogí uno azul, no azul claro ni azul oscuro sino un azul intenso que probablemente resaltaría sus ojos y su piel pálida y la haría estar preciosa y es que aquella familia, otra cosa no, pero buenos genes tenía un rato largo. - Este me parece perfecto para ti. Olvídate de Jack y de lo que pensaría o diría de verte con esto puesto y piensa en si te gusta a ti o no y lo que diría cualquier otro hombre del mundo al vértelo puesto... Seguro que sería algo muy parecido a una exclamación seguida de alguna blasfemia. - solté una risita y me encogí de hombros. - Creo que hacemos un buen equipo tú y yo... Si no tienes nada mejor que hacer, ¿te importa si te acompaño en las compras? Lo digo porque estar sola he descubierto que es incluso peor para intentar desconectar y dejar de pensar en... lo que no debo. Así que un poco de compañía no me haría daño... Si quieres, claro. – propuse, encogiéndome de hombros y mirándola. Se parecía tanto a su hermano y a la vez tan poco que era curioso pensar que eran hermanos y que habían sido criados por las mismas personas porque no se me ocurrían dos personas más opuestas psicológicamente que ellos dos. Charlotte tan decidida, lanzada y abierta y Jack tan introvertido, serio y frío... Definitivamente, aquella familia era todo un misterio para mí, y quizá por eso me atraían tanto, cada uno a su manera. Quizá por eso me resultaba tan imposible olvidar a Jack... O quizá, simplemente, no quería olvidarlo. Pero en aquel momento no importaba y es que, después de todo, lo único que importaba era desconectar y conocer a Charlotte, con quien estaba segura de que me llevaría bien... Y me lo pasaría aún mejor.

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Re: 17 Crimes (Adriana P. Gregoletto)

Mensaje por Charlotte Thomas el Jue Mar 06, 2014 1:07 am

Adriana lo había llamado ir de compras, pero en realidad lo que íbamos a hacer (porque, por supuesto, yo iba a aceptar más que encantada) era una terapia de grupo mientras íbamos a tiendas y los trapitos solucionaban parte de los muchos problemas que teníamos las dos por, cómo no, temas de hombres. Lo suyo era por mi hermano, que para una vez que tenía que darse cuenta de sus sentimientos relativamente rápido necesitaba que lo ayudaran, y lo mío porque, bueno, acababa de salir de mi primera relación (y probablemente la única que tendría, a juzgar por el éxito de la anterior) y prefería superar la ruptura con compras antes que con chocolate. Eso probablemente me convertía en la única mujer del mundo que no elegía el dulce en primer lugar, pero bueno, teniendo en cuenta que ella me caía bien y que lo de ir de compras era mi plan inicial hasta se entendía, especialmente por la elección de aquel vestido que, hablando pronto y mal, me hizo golpearme la mandíbula contra el suelo de lo mucho que abrí la boca, sorprendida a más no poder. ¡Era increíble! Y si escuchaba el consejo que me había dado, el de ignorar a Jack (y también a cierto ex mío que no hacía más que molestar) y centrarme sólo en lo que me gustaba, definitivamente podía verme llevando algo así, que no era más de mi estilo porque no podía… incluso aunque no llevara calaveras, cosas satánicas ni nada de furcias infernales (todo palabras de mi querido hermano mayor, ¿es que yo tampoco podía dejar de pensar en él…?), como sí que era más habitual en mí. No pude evitar sonreír ampliamente y coger el vestido para colocarlo delante de mi pecho y ver cómo me quedaría. Seguramente necesitaba probármelo para decidir si lo compraba o no, pero el mero hecho de haberlo descubierto ya era una buena señal en la que yo quería confiar.

– Dios, Adriana, ¡me encanta! Has elegido exactamente lo que yo me habría cogido si tuviera que ir a algún sitio más o menos elegante donde las botas de cordones y las medias de red estén prohibidas en combinación… Por supuesto que quiero ir de compras contigo, auguro que vamos a renovar nuestros armarios por completo. – afirmé, sin poder evitar seguir sonriendo (y ya era bastante más a menudo de lo que llevaba haciéndolo últimamente, esa chica estaba claro que me sentaba bien) y después dirigiéndome hacia otras perchas para mirar más trapos. Ella no sabía cómo lo hacía, pero yo prefería atiborrarme de perchas y sólo entonces ir al probador a ver qué me quedaba mejor y qué me quedaba menos bien, así que eso haría… a menos que ella me sugiriera lo contrario, pero no parecía que fuera a hacerlo. De todas maneras, lo de ir de tiendas era algo tan mecánico, especialmente si se tenía una madre como la mía que casi lo hacía por deporte, que pronto tuve un buen montón de cosas en las manos y ya estaba lista para la primera ronda, así que me giré para mirar a Adriana y para ayudarla a elegir algunas cosas que me parecía que le pegaban, algo que al parecer se me daba mejor de lo que había pensado en un principio pero que me alegraba de poseer como talento… más que nada porque significaba que tenía alguno, lo cual no era un mal descubrimiento teniendo en cuenta cómo me había dejado el maldito griego con todo el daño que me había hecho. ¿Lo sabría ella…? No, lo dudaba, no parecía puesta en los cotilleos de la clase pija de Londres a la que en teoría yo pertenecía como la oveja negra de los Thomas, así que seguramente ignoraba que no era la única jodida en temas de hombres.

– ¿Sabes? Entiendo bien lo que dices de ir sola, definitivamente no ayuda a pensar en lo que no tienes que pensar… Es como psicología inversa, basta que te digas que no tienes que hacer algo para que cuando menos te lo esperes te encuentres haciendo precisamente ese algo. – comenté, encogiéndome de hombros y apoyándome en una de las estanterías, donde ella estaba revolviendo las camisetas para mirar en el caos de aquella tienda en particular. La única ventaja que le había encontrado sobre las de alrededor era que las dependientas se ocupaban solamente de reponer, ordenar y la caja, no de andar detrás de ti siendo pesadas y preguntando lo que querías… Odiaba ese tipo de sitios, porque si necesitaba ayuda la pedía y ya estaba, ¿tan difícil de entender era? Y eso podía aplicarse a mi situación… Sólo que en vez de pedir ayuda había decidido coger a Adriana por banda y meterla en una especie de terapia de grupo que nos beneficiaría a ambas. Suficientemente parecido, ¿no?
– Rompí con mi novio hace no demasiado, yo calculo que un par de semanas a lo sumo, y no acabamos precisamente bien… Creo que cuanto más escabrosa es una ruptura más gente se entera y peor se vuelve, pero en este caso  ya había muchas cosas acumuladas y… bueno, no quiero aburrirte con detalles, la cuestión es que desconectar de todo es uno de los motivos por los que estoy aquí. – le conté, y aunque supe desde el momento en que abrí la boca que eran demasiados datos no pude frenar el torrente de información hasta que terminé de hablar.

En ese momento, avergonzada como lo estaba por lo mucho que necesitaba una amiga que me escuchara (o una psicóloga, probablemente la función de ambas sería parecida y totalmente enfocada al desahogo), bajé la mirada hasta un jersey que tenía todo el aspecto de ser muy suave, calentito y confortable, negro con una interrogación blanca en medio, y se lo pasé casi sin mirarla. ¿Cómo podría hacerlo? Sin siquiera haberle dicho la mayoría de las cosas (como que la ruptura había sido por sus cuernos o que esta era la segunda vez que me engañaba porque era idiota y confiaba demasiado en quien no me convenía, además de porque él era un cabronazo) ya le había contado media vida mía, pero si lo pensaba bien ¿en realidad estaba tan mal? La mayoría de la gente de mi edad lo sabía, e incluso en la universidad era algo que había salido enseguida a la luz porque, bueno, a todo el mundo le parece mucho más interesante un cotilleo así que la vida de Augusto, así que… Prefería que lo supiera porque se lo había contado yo, pero ni eso lo hacía aceptable, así que me mordí el labio inferior y por fin la miré.
– Lo siento, he hablado sin pensar y ahora probablemente pienses que soy una penas… Probablemente lo sea, no voy a engañarte, pero lo complicado en estos casos es no serlo, creo.  En fin, volvamos a las compras, ¿de acuerdo? No quiero molestarte con mis historias tristes. – me disculpé, sacudí la cabeza y sonreí de nuevo, con toda la intención de volver a dedicarme a la ropa y pasar página respecto al tema de mi ex… costara lo que costase.

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Re: 17 Crimes (Adriana P. Gregoletto)

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Mar Sep 16, 2014 1:47 am

Una vez Charlotte aceptó mi ofrecimiento de ir a comprar juntas, nos pusimos en marcha y comenzamos con la terapia. Mientras Charlotte prácticamente recorría la tienda como si fuera una experta y supiera dónde iba a encontrar exactamente todo lo que buscaba, yo me centraba en los montones de ropa desordenados y llenos de cosas que no tenían nada que ver entre sí. Aquellos montones de ropa bien podrían simbolizar mi vida o, más bien, mi gusto en hombres... O algo así. Pero una vez más traté de no pensar en ello, cogí camisetas, sudaderas, vestidos y todo lo que pude pero mi cabeza seguía centrada en algo en lo que prefería no pensar. Pensaba en Carlo y en cómo había cambiado con los años, al igual que mi forma de verlo. Cuando había sido más joven lo había visto como a una especie de James Dean, un rebelde sin causa capaz de dar su vida por la familia Gregoletto y sus maneras altivas, su sarcasmo y su picardía me habían parecido lo más sexy y atrayente del mundo. Ahora, sin embargo, lo despreciaba. No podía soportar tenerlo cerca, que me hablara, que me diera órdenes... Nada. Y luego estaba mi parte más animal que parecía pensar todo lo contrario. En cambio, Jack era todo lo contrario y no tenía ni idea de cómo ni por qué se había fijado en mí porque estaba segura de que no era su tipo, de que debía estar arrepintiéndose siquiera de haberme acompañado a tomar algo aquel día en la estación de tren y que probablemente nunca volvería a hablarme. Aquella certeza me hizo suspirar y apartar la mirada de la ropa justo cuando Charlotte me pasaba ropa y me aconsejaba sobre qué me podría quedar bien. Ella siguió hablando mientras yo permanecía en silencio, mirando camisetas e intentando no pensar en nada por muy difícil que me resultara y, entonces, soltó aquel bombazo sobre que acababa de dejarlo con su novio y me giré de golpe. ¿Y yo estaba jodida? Por Dios, a veces era gilipollas. Cogí el jersey que me pasaba aún mirándola y lo achuché inconscientemente, vaya, era justo lo que necesitaba. Entonces, cuando se disculpó diciendo que probablemente pensara que era una penas fruncí el ceño y negué con la cabeza.

- Pues claro que no pienso que seas una penas, Charlotte. Lo siento mucho, no tenía ni idea... De hecho la que debería disculparse soy yo porque lo mío es una soberana gilipollez comparado con lo tuyo. Y no, no me molestan tus historias tristes así que ven aquí. - sonreí, solté el jersey que seguía achuchando como si no hubiera mañana y le di un abrazo rápido. Por alguna razón me sentía como si aquella chica y yo fuéramos familia o algo así porque normalmente me importaba una mierda lo que le pasara a otras personas excepto a gente de mi familia así que aquello era lo más parecido a la empatía que me había pasado nunca. Quizá eran las hormonas, quizá la situación o simplemente aquella chica y yo conectábamos pero fuera lo que fuera, me hacía confiar en ella y por eso, una vez la solté, me sinceré. - Si te sirve de consuelo, yo la he cagado con tu hermano. He metido la pata hasta el fondo y dudo que vaya a perdonarme y solo de pensarlo... Dios. No sé qué hacer, nunca me había pasado esto y... Da igual. Supongo que ya está, se ha terminado fuera lo que fuese que teníamos y punto. Tengo que asimilarlo y ya. – me encogí de hombros, sin mirarla, y cogí toda la ropa que había apartado para probarme. Miré toda la ropa que ella también había cogido y sonreí, cambiando de tema de la manera menos sutil de la tierra. - Bueno, ¿qué?, ¿vamos a los probadores? Creo que ya hemos cogido media tienda y deberíamos ver si realmente nos gusta o nos queda bien antes de salir de aquí llenas de bolsas... ¡Aún nos quedan muchas tiendas que visitar! - sonreí ampliamente y la cogí del brazo, llevándomela a toda prisa a los probadores. Por suerte había espacio de sobra para las dos y nos pusimos cada una en uno, justo en frente, y empezamos a probarnos cosas.

Yo empecé con los vestidos aunque tuve que dejarlo bastante rápido pues a casa uno que me probaba pensaba en qué pensaría Jack si me viera con él y, durante unos segundos, sonreía porque sabía que le encantaría pero después recordaba que ya no debía de interesarle así que daba igual. Terminé bastante rápido con el resto y me volví a vestir, colándome en el probador de Charlotte con la ropa en la mano. - Creo que no me llevaré más que el jersey, un par de camisetas y un vestido... No me veo demasiado bien hoy. - me encogí de hombros. - ¿Y tú? ¿Algo con lo que demostrarle a los hombres que vales más que nadie y que eres guapísima? Vamos, haz que tu ex se muera de remordimientos y solo con verte se de cuenta de que ha sido un gilipollas al dejar escapar a semejante bellezón. - le guiñé un ojo y sonreí. - Por cierto, ¿Cómo fue? Quiero decir, ¿lo dejaste tú o te dejó él? Y ¿por qué? - entonces, me di cuenta de lo que estaba haciendo y en seguida me cambió la cara. Maldita vena cotilla italiana. - Oh, scusa, scusa, scusa! Seguro que es de lo último que quieres hablar ahora... No quería meterme donde no me llaman... Te espero fuera, mejor. – y sin más, me preparé para salir de allí sin mirarla, llamándome de todo en italiano por lo que acababa de hacer. ¿Cómo podía ser tan idiota? Definitivamente, lo de hacer amigas no era lo mío... Y me jodía bastante porque Charlotte me caía bien pero al parecer era incapaz de hacer nada bien con los miembros de aquella familia...

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Re: 17 Crimes (Adriana P. Gregoletto)

Mensaje por Charlotte Thomas el Lun Dic 15, 2014 11:37 pm

Bueno, al menos una de las dos no pensaba que era una penas, eso era mejor que nada... aunque iba a necesitar un poquito más que su palabra para convencerme de que lo mío no era una tontería, no por nada, sino porque llevaba con la autoestima hecha polvo desde que lo había dejado con el griego, y por experiencia sabía que esas cosas llevaban su tiempo. Sin embargo, ahí estaba, dispuesta a intentar pasar página y a pasar un rato con Adriana de compras, algo que hacía bastante que no hacía simplemente porque me apetecía, y en cierto modo eso me daba motivos para estar de buen humor, o al menos para intentarlo... Igual que también lo hizo ese abrazo que me cogió por sorpresa del todo. Yo en ciertas cosas era bastante inglesa; mi familia me había educado para ser respetuosa, quizá demasiado, con el espacio vital de las personas, y aunque me lo solía pasar por donde me apetecía cuando se trataba de ligar no era muy dada a abrazar a la gente, lo cual no significaba que no me gustara. De hecho, le devolví el abrazo y por un momento incluso sonreí porque, de algún modo y aunque la conociera poco, ella era alguien en quien parecía poder confiar, lo más cercano a una amiga que había tenido en... bueno, probablemente siempre, y no me importaba lo más mínimo abrazarla o que me abrazara. Era hasta reconfortante, sobre todo por saber que ella me apoyaba aunque ni siquiera supiera toda la historia, porque si llegaba a contársela entonces estaba casi segura de que lo haría. Cosas de tenerla en tan alta estima. Aunque lo que me sorprendió fue que ella dijera que las cosas con mi hermano no estaban bien, porque si había alguien a quien tenía en buena estima en temas de relaciones era a él, y pensar que la había dejado ir con lo guay que era esa chica y el bien que podría hacerle era hundir mi esperanza en que mi hermano era el cuerdo de la familia, al menos en tema de relaciones. Si a mí me tocaba ser la responsable, aunque fuera en eso, apaga y vámonos. No llegué a decirle nada, sin embargo, porque ella cambió muy rápido de tema y preferí dejarlo correr y hablar de ello en algún otro momento.

No creía que estar en una tienda sin un café o algo así fuera el mejor sitio para tratar algo delicado como era cualquier cosa que implicara a mi hermano, así que me dirigí al probador y me puse a ponerme modelitos que había cogido y que no terminaban de convencerme. No tenía término medio: o parecía, al intentar vestir más seria, mi madre o parecía una puta barata cuando intentaba buscar algo más provocativo. Al final, para cuando Adriana entró en mi probador, yo ya estaba con un jersey de cuello alto y unos vaqueros, apoyada en la pared y mirando a la pila de ropa como si fuera a contestarme o a hacer algo.
– No pasa nada, Adriana... Tarde o temprano debería hablar de ello, y dado que la ropa no me inspira no creo que este sea un mal momento. – me encogí de hombros y le hice un gesto para que se sentara mientras yo me quitaba el jersey y me probaba una camiseta diferente, esta vez más de mi estilo. – Me puso los cuernos, así que le dejé yo. La primera vez que me engañó fui tan estúpida que le perdoné, pero ¿esta? No. Me la puede jugar una vez, pero dos veces ya soy incapaz de aguantarlo, por pillada que esté. – resumí, sorprendentemente tranquila, y continué probándome las pocas cosas que me quedaban y aprovechando que estaba ella allí para aconsejarme sobre lo que me quedaba mejor y lo que me quedaba peor. Al final, para cuando salimos de allí, yo llevaba los maravillosos vaqueros que había encontrado, un par de vestidos y una chaqueta bastante mona que me podía pegar con casi todo y no era de cuero, como la mayoría de cosas que siempre terminaba llevando, sobre todo para ir de fiesta. Con nuestras cosas en las manos nos dirigimos hacia las cajas, pero como sólo había una abierta tocaba hacer una fila que tenía pinta de ir bastante lenta, así que tendríamos tiempo para, al menos, acabar la conversación, o eso esperaba.
– Mira, sé que no quieres hablar de esto y por eso has cambiado de tema, pero respecto a mi hermano puedo darte un consejo: habla con él. Excepto conmigo, es bastante más comprensivo de lo que puede parecer, y si le gustas... en fin, ni siquiera él puede negar que seguro que está dispuesto a darte otra oportunidad, sea lo que sea lo que haya pasado entre vosotros. – le aseguré, sonriendo y dándole un apretón cariñoso en el hombro. Y si eso no colaba... Bueno, siempre estaba yo para convencer a Jack de que le diera una oportunidad a Adriana. Para eso estaban las amigas, ¿no?

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Re: 17 Crimes (Adriana P. Gregoletto)

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Mar Feb 17, 2015 10:29 pm

Si comparaba la historia que me acababa de contar Charlotte con mi vida, probablemente, yo era el novio cabrón y estúpido que le había puesto los cuernos nada más y nada menos que dos veces y luego iba pidiéndole perdón como un imbécil para, probablemente, hacerle lo mismo una tercera vez. Saberlo me hacía sentirme aún peor con respecto a todo. Para empezar, Charlotte no se merecía que alguien la tratara así y mucho menos estando tan enamorada de aquel chico como parecía estarlo. Yo nunca había estado en una situación así, enamorada, pero sí que sabía lo que ocurría si no era recíproco, lo había visto durante toda mi vida. Los italianos, siempre tan cálidos y pasionales, también podemos ser unos cabrones y a lo largo de mi vida había podido presenciar los amores y desamores de más miembros de mi familia de los que podría o querría contar. Desde la pérdida del ser querido (a manos de otro como había podido enterarme con el tiempo) hasta las infidelidades o el amor no correspondido. Todo aquello eran cosas que destrozaban a las personas por dentro y hacían que de ningún modo fueran lo mejor de sí mismos. Más bien al contrario. Probablemente esa era una de las mil y una razones que tenía para no enamorarme (nunca) pero cuando no podías evitarlo corrías el riesgo de acabar tan jodida como parecía estarlo Charlotte... Y lo odiaba.

Cuando terminó de probarse todo lo que se había entrado al probador y decidimos juntas qué debía llevarse y qué no, nos fuimos directas a la caja y nos pusimos a la cola para pagar. Aquello tenía pinta de ir para largo y mientras yo suspiraba exasperada, Charlotte decidió volver a sacar el tema de su hermano, con lo que no pude hacer otra cosa que tragar saliva y mirarla como un cervatillo asustado. Aquello era lo único en lo que quería pensar y lo único de lo que quería hablar pero aún así, sentía que necesitaba contárselo a alguien. Esta vez ni siquiera había podido sincerarme con Maus que era algo así como el psicólogo profesional de la familia y se notaba que el no hablar de ello y guardármelo para mí era mucho peor. Charlotte me aconsejó que hablara con él, me aseguró que me daría otra oportunidad, especialmente si le gustaba y me animó a no rendirme... Pero ella no había visto su cara. No había visto el desprecio con el que me había mirado ni cómo me había tratado aquel día en casa de su abuelo después de la llamada que lo había cambiado todo. Dudaba enormemente que Jack fuera a perdonarme nunca. Yo siempre solía ser optimista pero, en aquellos temas, no demasiado. - Charlotte, no va a darme una segunda oportunidad. Ya te lo he dicho, metí la pata hasta el fondo. Él se abrió conmigo y yo estropeé el momento sin siquiera quererlo. - sacudí la cabeza. Quería contárselo todo pero la cola para pagar de una tienda no me parecía el mejor lugar del mundo. Necesitaba un buen café en las manos para coger fuerza y poder hablar sobre el tema con más calma. - Mira, en pagar, vamos a tomar un café, ¿vale? Porque necesito cafeína en vena y más si voy a contarte mi versión de toda la historia... Porque estoy segura de que algo te habrá dicho él... - murmuré aquello último, apartando la mirada. No debía de haber dicho nada demasiado cruel ni malo si Charlotte se llevaba tan bien conmigo pero tampoco quería tentar a la suerte.

Como si hubiera invocado a algún ser supremo que quería que yo hablara del tema con alguien, quien fuera, en aquel momento una cajera abrió una segunda caja y todo fue mucho más rápido. Charlotte y yo pagamos en seguida y con un par de bolsas cada una salimos de la tienda. Como a ella no le había sonado nada mal mi idea de ir a tomar café nos sentamos en una cafetería y pedimos algo antes de seguir con el tema. Una vez tuve mi humeante café delante y le di un pequeño sorbo para no quemarme demasiado suspiré y me mordí el labio inferior. - Como sabrás, y si no lo sabes te lo digo yo ahora, tu hermano y yo nos conocimos por pura casualidad. Él volvía del frente en el tren y yo estaba en la estación porque tenía que hacer unos recados y prácticamente lo asalté y nos fuimos a tomar algo juntos... Aún no sé cómo ni por qué aceptó pero ahí nos conocimos. - me mordí el labio inferior, medio sonriendo al recordar aquello. Estaba segura de que era algo que jamás olvidaría. - Después nos volvimos a ver en la subasta de arte y a partir de entonces nos hemos estado viendo, sobre todo por casualidad al principio y luego ya llamándonos y quedando y eso... Y, bueno, hay otro chico, Carlo. Tu hermano y él se odian desde la primera vez que se vieron y él digamos que es algo así como un empleado mío por lo que tengo que pasar mucho tiempo con él... En fin, mi familia tiene negocios con tu abuelo y fui a su casa. No tenía ni idea de que era de vuestra familia hasta que vi a Jack allí y, bueno, Jack me enseñó aquello. Me presentó a su caballo, me enseñó la habitación en la que dormía cuando era niño y... entonces Leone, Carlo, me llamó. - suspiré y negué con la cabeza al recordar aquello. Al recordar a Jack. - Cogí el teléfono y Carlo parecía molesto y preocupado, dijo cosas de Jack y... Bueno, Jack se enfadó y se molestó y prácticamente me echó y... Se fue. Ahora, no responde mis mensajes ni coge mis llamadas así que... Supongo que no me va a dar una segunda oportunidad. – le di un buen trago a mi café, casi terminándomelo porque necesitaba algo para ocupar mis pensamientos y, en fin, todo y negué con la cabeza, mirando a Charlotte. - Lo siento, esto será de lo último de lo que querrás hablar después de lo que me has contado pero necesitaba contárselo a alguien... Supongo que ahora ya podemos seguir con las compras, desconectar y maldecir e insultar al sexo débil. - traté de bromear, con una media sonrisa. Realmente le agradecía muchísimo a Charlotte todo aquello porque no sabía lo mucho que necesitaba hablar del tema hasta que había empezado a hacerlo. Solo esperaba no ser una molestia... Detestaba ser una molestia.

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Re: 17 Crimes (Adriana P. Gregoletto)

Mensaje por Charlotte Thomas el Miér Abr 22, 2015 7:26 am

Fue toda una suerte que de repente abrieran la caja que faltaba porque, y sólo ahora me daba cuenta de ello, la que estábamos teniendo Adriana y yo no era una conversación de tener de pie, sino una que necesitaba de un café (como poco) y estar sentadas en un bar, cualquiera. Si fuera por mí y por mi estado de ánimo, seguramente sería más cerca de querer hablar con una tarrina gigantesca de helado y tirada en el sofá cual desecho humano, pero hasta yo me daba cuenta de que eso era demasiado cliché, y sólo por mantener la poca dignidad que me quedaba estaba dispuesta a aguantar y optar por el sustituto digno: salir de allí cuanto antes e ir a cualquier cafetería. La suerte fue que, de hecho, lo conseguimos gracias a que las cajeras habían decidido ponerse las pilas y ganarse el sueldo, así que en un abrir y cerrar de ojos pasamos de la tienda a una cafetería donde ella fue, seguramente, más sincera conmigo de lo que había sido con cualquier otro. Y ni siquiera podía decir que no entendía por qué... Yo misma la había cogido por banda con menos delicadeza que Freddy Krueger en una cristalería y le había contado todos mis problemas, así que era de esperar que ella hiciera lo mismo conmigo. Había algo en la idea de desahogarse con un casi desconocido, que no sabe lo suficiente de tu historia anterior para juzgarte, que resultaba casi terapéutico, y por eso suponía que nos habíamos elegido la una a la otra para contarnos lo que nos estaba destrozando por dentro... aunque lo suyo, a diferencia de lo mío, sí que tenía solución. Jack era testarudo, eso era algo que no se ponía en duda, pero si por lo que me estaba contando había aceptado acercarse a ella en primer lugar, sólo necesitaba esperar a que dejara de sentirse herido para que la perdonara y volviera a hacer lo que... bueno, lo que se supone que hicieran, tampoco quería demasiados detalles.

– Jack y yo llevamos sin hablarnos para contarnos cosas personales desde... bueno, desde antes de que se fuera a Irak. Lo único que sabía es que estaba más susceptible de lo normal y cuando le pregunté al respecto me dijo que había discutido con alguien, así que ya ves que de esto sólo puedo saber lo que me cuentes tú... Pero no te preocupes, lo conozco lo suficiente para saber cómo funciona esa cabecita suya y sé perfectamente que todo lo que me estás contando es verídico y pasó tal cual. Maldito orgulloso... – aclaré, sacudiendo la cabeza al final y casi poniendo los ojos en blanco. Cuando se trataba de mi hermano, el problema siempre era su enorme orgullo del tamaño del maldito parlamento al que tanto iba para buscar a mi abuelo; conmigo era cuestión de que hería su orgullo de hermano mayor por las decisiones estúpidas que había ido tomando a lo largo de los años, mientras que con ella era porque se había sentido herido, lo cual demostraba que esa chica le gustaba. Y teniendo en cuenta que mi hermano siempre tendía a la monogamia, era muy posible que estuviera contemplando algo más con ella hasta que todo el asunto del león había tenido lugar, algo que quizá ella no habría estado preparada para darle, así que quizá no había mal que por bien no viniera... ni siquiera esa discusión tan gorda que, aun así, habían tenido.
– Mira, no quiero forzarte, ¿vale? Me caes bien y eres de las mejores compañías que ha tenido mi hermano en mucho tiempo si exceptuamos a algún amigo cuerdo que le queda, pero tampoco mucho. Lo que sí puedo decirte es que, ahora mismo, Jack necesita su tiempo para que su orgullo se recupere. No puedo decirte cuánto porque, bueno, si lo supiera yo estaría mucho mejor con él de lo que estoy ahora, pero algo me dice que él no va a ser tan duro como lo es conmigo porque no eres su hermana pequeña, y eso influye. ¿Mi consejo? Espera algunos días, aclárate tú misma e intenta buscarte cosas que te relajen y te distraigan y, cuando estés mejor, abórdalo y habla con él. – propuse, y como ya tenía la garganta seca de tanto hablar di un trago a mi batido de fresa, tan impropio de mí como delicioso.

Ella había dicho que ya podíamos volver a hablar de trapos y del sexo débil, pero ¿realmente seríamos capaces de volver a algo tan trivial después de semejante conversación que acabábamos de tener? A mí nunca se me habían dado bien las cosas de chicas salvo en lo relativo a usar ese cuerpo de chica para mi propio disfrute, todo el tema de las compras me desbordaba por completo, y las únicas veces que lo hacía solían ser un fracaso salvo cuando era acompañada, como ir con Adriana me había demostrado. Partiendo de esa base, todo el tema de los cotilleos también se me daba bastante mal excepto si se trataba de hacerlo con una italiana, experta en cotilleos, aunque ahora había otro problema: no tenía ni idea de qué teníamos en común o de qué cosas eran temas tabú entre nosotras. Jack era lo único que sabía que compartíamos, pero creía que hablar más de mi hermano sería bastante contraproducente, así que eso me dejaba en la coyuntura de buscar un nuevo tema de conversación... con lo genial que se me daba hacerlo.
– No sé si soy la más indicada para poner verde al sexo débil, ¿sabes? O sea, motivos me sobran, sí, porque los hombres son unos jodidos estúpidos y unos orgullosos que no valoran lo que tienen, pero tampoco es como si hubiera algún hombre en mi vida ahora mismo con el que poder cebarme... Los he ido borrando a todos y lo único que me queda son mis compañeros de clase, por triste que suene. – comenté, y después di un trago a mi batido tras el que ahogué un suspiro, mirándola. – Pero si quieres criticar soy toda oídos, ¿eh? Ezio me pareció, cuando lo conocí, todo un elemento, seguro que ha hecho alguna que se vea... – propuse, y terminé por sonreír al recordar al italiano de ojos verdes al que gracias a ella había probado... hacía lo que me parecía una eternidad, eso sí.

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Re: 17 Crimes (Adriana P. Gregoletto)

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Sáb Feb 13, 2016 3:34 am

Paciencia. Según Charlotte todo lo que necesitaba para que Jack dejara de odiarme era paciencia y darle tiempo para que su orgullo se recuperase. Oh, si tan solo fuera tan fácil… Y es que si había alguna cosa en el mundo de la que carecía una italiana lanzada y apasionada como yo era, precisamente, de paciencia. Odiaba la paciencia, no entendía a todos aquellos que decían que era una virtud porque a mí me parecía una pérdida de tiempo, una excusa para dejar que pase el tiempo sin hacer absolutamente nada, esperando que tu vida se arregle sola por arte de magia… Y al parecer esa era mi única oportunidad con Jack. Era irónico, ¿verdad? Pero ella era su hermana, por muy mal que se llevaran, tenía que conocerlo mejor que nadie igual que yo conocía a Pietro mejor que muchas personas y solía conocer absolutamente todos los motivos que tenía para actuar como lo hacía. Esperar… Solo de pensarlo me ponía de los nervios y empezaba a mover las piernas a toda prisa, no quería esperar, no podía hacerlo. Lo único que quería era hablar con Jack para intentar explicarme y excusarme, dejarle claro que todo había sido un error y que si tenía que elegir a alguien, por mucho que supusiera ir en contra de todos los principios de mi familia, lo elegiría a él antes que a Carlo. Y ese pensamiento me aterraba. Sobre todo, porque era cierto. Pero no quería pensar en su significado, no me atrevía a hacerlo porque de hacerlo… Quizá me pensaría lo de hablar con Jack y lo de solucionar las cosas, simplemente, por miedo. Pero en ese momento me sentía tan mal que hasta ese miedo se me hacía ínfimo comparado con la idea de no volver a ver a Jack nunca más y, sobre todo, de que el último recuerdo que tuviera de él fuera aquella mirada penetrante y cargada de odio y de desprecio que me dedicó en casa de su abuelo.

Por suerte Charlotte intentó cambiar de tema, gracias a Dios, porque eso era lo que más necesitaba en aquel momento. Especialmente después de desahogarme igual que lo había hecho ella antes conmigo y, por ello, sabía perfectamente que era el momento de dejar de lado nuestros problemas y empezar a cotillear y hablar de cualquier cosa con tal de olvidarnos de los hombres que nos traían de cabeza porque eso solo nos traería aún más problemas… Si es que se podía. Así que cuando sacó el tema, precisamente, de Ezio no pude evitar reírme porque no se me ocurría un espécimen mejor del sexo débil con el que cebarnos a la hora de cotillear y criticar y es que yo a Ezio lo quería muchísimo (era casi como un hermano para mí) pero lo cierto era que no se me ocurría un hombre más italiano que él… Y eso ya era decir. – Uh, Ezio… Es un peligro. Es el típico del que tienen que esconder todos los padres a sus hijas con edades de entre dieciséis y treinta porque le da igual y cuando se fija en una… No parará hasta conseguirla. Y por eso sí, las ha liado bien pardas, de hecho, muchas veces hemos tenido que ir a salvarlo o intentar que no lo maten de una paliza novios cabreados o… Una larga lista de anécdotas increíbles. Pero no es un mal chico, solo es muy italiano y le gustan demasiado las mujeres… Supongo que se podría decir que es mi alter ego masculino. – bromeé al final sin poder evitarlo y sonriendo, terminándome mi café de un par de tragos porque, de golpe, ya me sentía mucho mejor y con algo más de fuerzas.

– Ahora en serio, por suerte o por desgracia, conozco a muchos chicos como Ezio… De todas las nacionalidades. Podría decirse que tengo un largo historial con los hombres aunque nunca me había pasado nada como lo de tu hermano… Somos tan diferentes… Quizá por eso es todo tan… Intenso. Lo cierto es que no me sorprendería nada que me odiara, no tengo ni idea de cómo ni por qué empecé a caerle bien o le hice gracia porque lo normal era que me hubiera puesto a parir en el mismo segundo que me lancé a su cuello en lugar de seguirme el rollo… - cuando me di cuenta de que había vuelto a sacar el tema de su hermano solté un bufido y negué con la cabeza, enfadada conmigo misma porque aquello ya era lo último. Joder, ¿qué parte de olvidar a Jack o dejarlo aparcado durante unas horas era la que no entendía? Todo, al parecer, porque si no, no me lo explicaba. – Lo siento, parece que soy idiota, siempre termino hablando de lo mismo así que… Vamos a ir a lo básico y quizá de ahí podemos avanzar y conocernos mejor, ¿Te parece? No sé, por ejemplo, estabas estudiando, ¿verdad? ¿qué estudias? O, no sé, ¿qué tipo de música escuchas? ¿qué libros te gusta leer o cuál es tu jugador favorito de la selección italiana? Porque reconozcámoslo, todas tenemos un jugador favorito de la selección italiana de fútbol. – sonreí, volviendo a bromear (al menos en parte) y me encogí de hombros, dispuesta a seguir intentando desconectar. Si tenía que esperar y ser paciente, tendría que ocupar mi tiempo y mi mente en cualquier tipo de cosas si quería soportar más de un día sin volverme loca… Y planeaba empezar en aquel mismo instante con Charlotte.

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Re: 17 Crimes (Adriana P. Gregoletto)

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