Bones {Kaya Blackbird}

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Bones {Kaya Blackbird}

Mensaje por Matt Tuck el Dom Feb 02, 2014 4:32 am

Hacía tiempo que las cosas habían dejado de estar aburridas, y aunque al principio lo había agradecido porque eso era lo que me gustaba había llegado a un punto en el que ya ni eso me satisfacía... Ya no había demonios, ni derramamientos de sangre, ni muerte, ni strippers (joder, echaba de menos a las strippers, pero se me había acabado el dinero y las inglesas ni por mí lo hacían gratis) ni nada de lo que hacía a la vida divertida, porque lo había cambiado todo por peleas. Así, sin más. Hacía tiempo que no había visto a ningún demonio pero en mis circunstancias el tiempo era relativo, porque ¿cómo se suponía que tenía que medirlo si ni siquiera sabía el tiempo que mi cabeza se había fundido como una maldita bombilla averiada? No, si al final los del orfanato iban a tener razón cuando decían que había algo en mí que no iba bien... Y lo que me molestaba reconocerlo hacía que golpeara más fuerte a mi rival, porque aún seguía gustándome demasiado la muerte y el sufrimiento ajeno... Especialmente lo segundo. Había cosas que nunca cambiarían, y tratándose de mí nada lo haría si no era a (aún) mejor, así que prefería que así fuera incluso en medio de la pelea ilegal en la que estaba metido hasta el cuello, literalmente desde el momento en que mi rival, un chaval paliducho de ojos demasiado azules y mucha más rabia dentro (por favor, no tenía nada que envidiarme... no tenía ni la más remota idea de lo que era la rabia si no estaba en mi situación), Wood, llevó las manos a mi cuello para estrangularme. Qué agradable todo.

Yo no estaría allí de no haber sufrido el maldito accidente. Desde que me había despertado en un coche en llamas, con mi melena ardiendo (y aún lamentaba haber tenido que cortarme mi pelazo...) y la ropa destrozada, a las afueras de Londres, no había tenido demasiadas opciones para no morirme de hambre. Al principio ni siquiera recordaba mi propio nombre, probablemente por la contusión que aún llevaba encima, pero poco después había recordado todo... hasta que había bajado del avión en Houston, al menos. A partir de ahí había sólo negro, ausencia total de recuerdos, hasta que había despertado en el coche como si hubiera estado hipnotizado y acabara de recuperar la consciencia, y desde ese momento a empezar desde el principio haciendo lo que mejor sabía hacer: pelearme. Matthew Tuck había desaparecido en combate; el extraño que se presentaba como Matt era diferente a lo que una vez había sido, pero tenía cosas en común con el anterior... Por ejemplo, sabía que ya no necesitaba la sangre de demonio, pero seguía disfrutando de morder y hacer sangrar durante el sexo; seguía adorando la fiesta, pero sabía que si no tenía pasta ni para comer, difícilmente podía permitirme salir tanto como me apetecía, y sobre todo me atormentaba el agujero negro que había en mis recuerdos, más saber qué había pasado y qué lo había provocado que la falta de recuerdos en sí, que no era más que una gran resaca... pero muy a lo bestia.

Me deshice fácilmente de su intento de matarme y lo tiré al suelo, porque aunque fuera más alto que yo, era también mucho menos corpulento. El combate terminó enseguida, y ni yo le ofrecí ayuda para levantarse ni él me la pidió: nos odiábamos, aunque ninguno de los dos lo dijera en voz alta, y lo más gracioso era que ni siquiera teníamos motivos para hacerlo... aparte de darnos palizas de vez en cuando y ganar dinero al derrotar al otro, vaya. Aunque algo me decía, a lo mejor el instinto que pocas veces me fallaba, que él no lo hacía por el dinero sino por otras cosas, y no podía importarme menos (no por no tratarse de mí, aunque también). Ya había terminado, así que salí a la calle con los billetes arrugados en los bolsillos para que la lluvia intensa que caía hiciera la función de ducha que me quitaría la sangre que me caía por la nariz hasta los labios, y que en un momento dado lamí. Me dirigí hacia el hospital, aunque no tuviera pensado entrar sino robar medicinas que me vendrían bien para curarme más rápido, y por eso terminé en un callejón, esperando a que salieran para llevar a cabo el crimen perfecto, una copia pálida y patética de los que solía cometer antes, hacía lo que parecía una eternidad. En cuanto la enfermera de turno salió a fumar, entré, cogí lo que necesitaba y salí rápidamente para dirigirme hacia una calle más amplia con bancos que podía utilizar. Me senté y empecé a ocuparme de mis heridas sin testigos, porque ni siquiera en Londres había gente a las cinco de la mañana por los peores barrios. De pronto, dejó de llover, y para cuando quise darme cuenta ya no estaba solo.

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Re: Bones {Kaya Blackbird}

Mensaje por Kaya Blackbird el Vie Feb 07, 2014 6:02 am

Las modelos son tontas, las modelos no tienen cerebro, las modelos no tienen vida social, las modelos no tienen amigos... Todo eso lo escuchaba a diario en boca de tantas personas que ya había dejado de molestarme incluso al oírlo. Sabía perfectamente que todas aquellas palabras estaban llenas de hipocresía y, sobre todo, de una envidia visceral que hacía que la gente nos criticara solo porque, en el fondo, quería ser como nosotras. Realmente, si ellos supieran como era nuestra vida de verdad probablemente nos envidiarían más porque no muchos podrían estar en aquella fiesta privada en la que estaba yo, junto a unas cuantas compañeras de profesión. Habíamos sido invitadas para darle buen nombre al local e incluso nos pagarían algo de pasta por aparecer, beber gratis, sonreír y hacernos fotos con quien tuviera la valentía suficiente como para acercarse a las mujeres más guapas que verían en sus vidas. La fiesta no estaba mal: La música era bastante comercial pero de vez en cuando ponían algo de rock y no podía evitar bailar y dejar que se me acercara quien quisiera siempre y cuando mantuvieran las distancias. La bebida no faltaba y justo cuando la noche empezaba a hacerse larga, pasó algo que cambió el rumbo de la noche.

- Blackbird, tengo algo para ti.

Nunca había sido muy fan de las italianas pero Alessandra se había ganado un puesto especial en mi vida. Con esa cara de niña buena, tan alta, de piel morena y ojos enormes y marrones era imposible decirle que no a algo y pese a que al principio la odiaba más que a nada en el mundo ya me había acostumbrado a ella, a su carácter infantil y desenfadado y a sus proposiciones indecentes. Cuando la miré, me hizo un gesto señalándome la puerta del baño y automáticamente entendí a lo que se refería. Sabía que no era nada sexual puesto que a ella le gustaba hacer esas cosas delante de la gente como demostró al acercarse a mí y robarme un beso antes de que pudiera siquiera reaccionar. Finalmente, la seguí sin cruzar ni una sola palabra más con ella y una vez en el baño me pasó al vuelo una de las tan preciadas bolsitas con polvo blanco que tan de moda estaban entre las modelos y que ella llevaba tiempo ocupándose de suministrarme.

- Mi novio dice que puede conseguir más y más barata... De hecho, la compra directamente de la mafia y probablemente le maten por vendérnosla a nosotras pero... ¿Qué más da? Solo es una cara bonita. Con suerte me ligaré a uno de los peces gordos de la mafia y tendré la vida resuelta...

Alessandra hablaba demasiado. Como todas las italianas. Mientras ella cotorreaba yo preparaba un par de finas rallas, enrollaba un billete de cincuenta y esnifaba una tras otra hasta levantarme, algo mareada por el subidón repentino. Antes de contar hasta diez ya notaba mi adrenalina por las nubes y tras agradecerle a mi compañera su regalo, salí del baño y fui directa al podio a darlo todo y es que en algún momento tenía que notarse de donde venía. Las calles me habían enseñado todo lo que sabía, los bares de mala muerte y los clubes de striptease solo habían servido para aumentar mi experiencia y ahora que mi estatus era casi de super estrella podía permitirme dejarme llevar y bailar por placer en lugar de hacerlo por dinero... Al menos por una noche.

Bailé y bailé hasta que mis piernas aguantaron, bebí más agua que lo que haría en un día normal y antes de las cinco de la mañana nos reunieron a todas las modelos y nos pagaron, dejándonos marcharnos si queríamos. Como la mayor parte tenían pareja o cosas que hacer al día siguiente se marcharon y yo me fui con ellas aunque en lugar de ir directa a mi casa comencé a deambular por las calles de Londres, al principio, bajo la lluvia, dejando que me arrullara mientras bailaba y daba vueltas bajo ella. No sabía hacia donde iba y eso solo lo hacía mejor, más interesante. Callejón tras callejón, avenida tras avenida pude ver los restos de una especie de club de la lucha ilegal ya desmantelado, a putas y yonkis en su hábitat natural y finalmente, me quedé parada ante un banco, mirando al chico que tenía frente a mí.

No sabía cómo había llegado hasta allí y no tenía ni idea de por qué me había parado frente a él pero había algo en él, no sabía a ciencia cierta de qué se trataba, que me impedía marcharme. Su espalda ancha, sus enormes y musculados brazos y su torso de acero se dejaban entrever gracias a su ropa mojada y pegada. Sus brazos llenos de tatuajes le conferían un aspecto misterioso y peligroso al igual que las heridas que lucía y que intentaba curarse bajo mi atenta mirada. Entonces, subió la mirada y me atravesó con sus fríos ojos azules, robándome el aliento y la capacidad de raciocinio. Debería decir algo, va a pensar que soy idiota o que quiero algo...Pero, ¿qué podía decir? Me había quedado sin palabras y había algo en él tan atrayente que me impedía darme la vuelta y marcharme de allí. Sonreí y ladeé la cabeza cual gatito antes de sacar un paquete seco (¡milagro!) de Marlboro.

- ¿Tienes fuego, muñeco?

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Re: Bones {Kaya Blackbird}

Mensaje por Matt Tuck el Lun Feb 17, 2014 10:28 am

Veamos… Costillas, enteras. Me había roto a lo largo de mi vida las costillas las veces suficientes para saber cuándo lo estaban y cuándo no, sobre todo porque solía doler demasiado, tanto que respirar costaba, y a mí no me suponía esfuerzo. Manos, enteras, aunque tenía los nudillos magullados e inflamados por haber estado peleándome utilizando los puños, malditas costumbres que tenía uno… Cara, entera, al menos eso creía. Notaba el labio inflamado y la boca me sabía a sangre, pero aparte de eso seguía enterito y tan jodidamente atractivo como siempre, así que mejor centrarme en los cortes que sí que sabía que tenía porque sangraba y me escocían por el agua de lluvia, que era por todos sabido que menos limpia estaba cualquier cosa, igualita que mi camiseta, sólo que lo mío era solamente sangre y el agua la estaba disimulando mucho. Por un momento maldije mi don de la oportunidad para elegir una camiseta blanca precisamente una noche de pelea pero oh, espera, tampoco era como si tuviera muchas más opciones, dado que mis cosas habían ardido… eso las que no estaban en paradero desconocido o las que estaban muy lejos y no podía conseguir fácilmente. Qué planazo… que a mí no me importara robar tampoco significaba que pensara convertirlo en una maldita costumbre, apreciaba demasiado mi integridad para acabar convirtiéndome en un preso más y, además, esos patéticos perdedores no se merecían estar cerca de mi perfección ni un momento. Por eso, curándome como lo estaba haciendo, había tomado las precauciones suficientes (obviamente, si hacía algo lo hacía bien) para que no me pillaran, y por eso nadie lo hizo.

Al menos, no lo hizo nadie que pudiera meterme entre rejas… La tía que había venido bailando bajo la lluvia como si estuviéramos en una película y no en un barrio no muy bueno de Londres de madrugada se plantó delante de mí por motivos obvios, para comprobar lo increíblemente sexy que era y si era de verdad (sí, lo era, ¿quieres un autógrafo por convertir tu sueño erótico más recurrente en realidad o prefieres esperar al polvo…?). Yo le devolví la jugada examinándola con el mismo descaro o quizá con un poco más (seguramente con mucho más, porque yo lo valgo), y el resultado no fue para nada desagradable: era una morenaza impresionante, candidata a ganar el premio de miss camiseta mojada 2014, con ojos verdes (o eso supuse porque tenía las pupilas bastante dilatadas y vérsele se le veían lo justo… los ojos, claro, los pezones son otra historia) y piel oscura. Sería totalmente mi tipo si no estuviera claramente colocada, ya que eso significaba que era una yonki mimada de las que me gustaban más bien nada y que cuanto más lejos estuviera de ella mejor, y sin embargo… Sin embargo, cuando la había mirado no la había visto con el increíble vestido rojo que llevaba, sino que la había visto más joven con una especie de top rojo de putón con lentejuelas. Serían imaginaciones mías, a lo mejor había perdido más sangre de la que creía o llevaba tanto rato sin comer que ni siquiera era capaz de asimilar lo que veía y tenía alucinaciones, pero algo dentro de mí, esa parte que creía que una tormenta me había dado poderes porque era un maldito hecho, creía que era real… Aunque no supiera por qué demonios lo sabía ni de dónde narices había venido esa imagen que, además, no era de Inglaterra porque yo reconocía las calles inglesas (sobre todo las galesas) y no eran así, ni de coña.

– No, no fumo. – respondí, callándome lo que estuve a punto de decir de “al menos ya no” y que preferí callarme. Sería demasiado complicado explicarle que ya no sentía el menor deseo de fumar cuando con ella ofreciéndome tabaco lo que más me apetecía era hacerlo, y además tampoco le importaba lo más mínimo saber que tampoco era como si tuviera el dinero suficiente para permitirme un vicio así, o cualquiera en realidad, puesto que ya no era una estrella del rock como antes me gustara o no. En cierto modo, era liberador ser sólo Matt, siempre y cuando claro fuera capaz de superar la angustia que me provocaba no recordar cuatro años de mi vida o por qué eran cuatro y no tres y medio o treinta.
– Pero a lo mejor hay cerillas por aquí, morena, voy a mirar pero sólo por ti, así que agradécemelo. – añadí, y aunque fuera una idea rara de narices no era del todo imposible, y menos en un hospital de barrio, que hubiera cerillas para esterilizar algunos de los materiales, así que no me sorprendió tanto como debiera encontrarme una caja, de la que saqué una para encenderle un cigarro como me había pedido. Y como yo difícilmente hacía nada gratis, la cogí del brazo y la senté en el banco en el que yo me encontraba, a mi lado pero sin tocarme (porque me gustaba que lo hicieran voluntariamente y no obligadas, así de rarito era…). Entonces, estiré el botiquín hacia ella y la miré a los ojos.
– ¿Le echas un ojo a mi espalda? Tengo muchos talentos, pero girar el cuello como la niña del Exorcista no es uno de ellos. – pedí, y al final medio sonreí por algo que sólo yo podía entender, como era lo cerca que había llegadllegado a estar de ser el niño del Exorcista versión galesa y sexy.

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Re: Bones {Kaya Blackbird}

Mensaje por Kaya Blackbird el Jue Feb 20, 2014 1:56 am

Al observar a aquel hombre (porque llamarlo “chico” sería no hacerle justicia ya que estaba clarísimo que tenía delante a un hombre hecho y derecho) un millón de dudas sin respuesta me asaltaban y eso solo me hacía sentir aún más curiosidad por aquel desconocido, si es que era posible. Estaba más que segura de que no lo conocía de nada porque de hacerlo lo recordaría pero aún así había algo en él que me resultaba extrañamente familiar aunque era incapaz de saber exactamente de qué se trataba. De todas maneras y por mucho que la droga que me había metido hacía ya horas y que seguía en mi sistema fuera exactamente lo que me incitaba a hacer, no me apetecía ponerme en plan filosófica ni nada por el estilo y algo me decía, llámese intuición, llámese que al tipo acababan de darle una paliza, que a él tampoco le apetecería ponerse así por lo que dejé que se me comiera con la mirada encantada. No era algo que me molestara o me importara demasiado, mucho menos teniendo en cuenta que precisamente mi trabajo consistía en eso, dejar que la gente se me comiera con la mirada ya fuera en vivo y en directo o a través de las fotos por lo que estuve muy tentada de girar sobre mí misma para que él no se perdiera ni un solo detalle de mi cuerpo porque si lo que quería era comprobar si estaba buena no quería que se quedara con ninguna duda de que, efectivamente, lo estaba... Y un rato largo, además.

Por desgracia, mi mísero intento de entablar una conversación con él no sirvió de nada porque no fumaba y, al escuchar su respuesta, inconscientemente puse pucheros porque pensaba que mi oportunidad de decir algo ingenioso había pasado y solo me quedaba girarme y marcharme pero no fue así y él no llegó a ver mis pucheros porque cuando volvió a hablar para decirme que buscaría cerillas en el botiquín que llevaba no pude evitar sonreír, sintiendo como un escalofrío recorría todo mi cuerpo cuando me llamó “morena”. No había sido el primero y estaba segura de que no sería el último en llamármelo pero había algo en su forma de hacerlo que hacía que me temblaran las piernas y mi cerebro dejara de pensar... O quizá no era cómo me llamaba, quizá solo era cómo me miraba o, simplemente, que él en general me quitaba el aliento, cosa que también podía ser. Al final, él me encendió el cigarro con una cerilla de la caja que había encontrado en el botiquín y antes de que pudiera apartarme, me cogió del brazo y me sentó junto a él en el banco, pasándome el botiquín y pidiéndome ayuda para curarle la espalda. Sonreí, quizá porque él me contagió su sonrisa, y asentí antes de acercarme más a él ya que pese a que me hubiera sentado ni nos rozábamos. Le subí la camiseta por la espalda y observé y evalué sus heridas con ojo crítico, tenía numerosos cardenales por todas partes, zonas enrojecidas e hinchadas y pequeños cortes aquí y allá pero nada demasiado grave. Sin ser consciente de lo que hacía, comencé a acariciar su espalda con cuidado, centrándome en las cicatrices que la recorrían entera y que parecían muy antiguas. Cuando me di cuenta de lo que hacía aparté la mano rápidamente y me aclaré la voz.

-No tienes nada demasiado grave, puedo curarte los cortes que tienes pero necesitarías hielo en cantidades industriales para bajar la hinchazón de los golpes y, sobre todo, descansar. - comenté, como la experta en la que la experiencia me había convertido. Y es que con el tiempo había aprendido a curarme sola pues en las calles no todos los clientes eran buenos y amables y solo querían compañía... Los había otros que eran unos cerdos que solo buscaban su placer y no les importaba golpear y todo lo que fuera necesario con tal de conseguir su objetivo. Sacudí la cabeza, tratando de apartar aquellos pensamientos de mi cabeza ya que parecían de otra vida. Yo no era la misma, había cambiado... Como todo a mi alrededor. Suspiré y comencé a curarle con cuidado los cortes sin mediar palabra, con el cigarro que me había encendido en los labios, a veces dándole caladas y echando el humo por la nariz. Una vez terminé, no mucho después, volví a bajarle la camiseta y apagué el cigarro en el banco en el que nos encontrábamos, volviendo a guardarlo a la mitad. - Ya sé que no es asunto mío pero, ¿qué te ha pasado? Parece que te hayan dado una paliza bastante fuerte... Espero al menos que dejaras al otro peor. - sonreí y me mordí el labio inferior antes de ofrecerle la mano mientras me presentaba - Me llamo Kaya.

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Re: Bones {Kaya Blackbird}

Mensaje por Matt Tuck el Lun Mar 10, 2014 10:11 am

En cuanto pronunció su nombre mi mente pareció querer recordar un momento parecido hacía mucho tiempo, pero tan pronto como la ilusión vino se esfumó y me dejó con una sensación rara en el cuerpo que no me sentía capaz de identificar. Kaya… Para ella, por algún motivo que desconocía, me pegaban más nombres como lo podría ser Lust, y aunque no sabía de dónde había venido aquel pensamiento no podía tener ni siquiera un poco más de razón, igual que si decidía llamarla morena, como ya lo había hecho antes. Ella era la morena más guapa que había visto en lo que recordaba, un período de tiempo que aunque tuviera un hueco de unos cuatro años se componía de otros veintiséis que podían compensarlo, y me había curado la espalda sin pedirme nada a cambio, aunque ¿qué iba a pedirme…? Suficiente honor era tener una excusa para acariciarme tan gratuitamente, especialmente las cicatrices que sabía que tenía pero a las que trataba de prestar la menor atención posible, así que no dije nada, al menos no respecto a eso. Además, mi mente estaba bastante ocupada intentando encontrar la respuesta a la pregunta que me estaba carcomiendo: ¿por qué me resultaba tan familiar aquella mujer…? Si la hubiera visto antes lo recordaría porque no tenía una cara fácil de olvidar, antes al contrario, y sin embargo tenía la horrible sensación de que la había conocido y de que, incluso, había sido algo más que una simple conocida. Por mucho que intentara apartar aquellos pensamientos de mi mente era incapaz de hacerlo, y sólo me sentía capaz de estudiarla con atención para ver si, así, recordaba algo, que no creía pero que, bueno, nunca se sabía, ¿no?

– Me llamo Matt. – dije, estirando la mano para atrapar suya y darle un beso en el dorso, con aire divertido que ocultaba mi contrariedad a la perfección. Normalmente habría asumido que, como era famoso, ella simplemente me conocería y lo de presentarme ni siquiera tendría que pasar, pero con ella el pensamiento no se me había ocurrido hasta después de presentarme, igual que otro tan estúpido o incluso más: ¿sería una periodista que quería saber más de mi desaparición…? Por lo que había visto en alguna de las revistas en las que solía salir antes, cuando aún estaba con mis amigos y teníamos al grupo en activo por completo, se había especulado muchísimo acerca de mi desaparición y todos se preguntaban dónde estaba y qué me había pasado para irme tan de sopetón. Por supuesto, nadie creía que me hubiera muerto; tenía una reputación de putero lo suficientemente arraigada para que por una vez me sentara bien y simplemente asumieran que me había ido por ahí de vacaciones con alguno de mis ligues, que por una vez ni eran conejitas de Playboy ni derivadas, así que tenía la ventaja de que aunque terminara reapareciendo (y lo haría, pero tiempo al tiempo) nadie creería que había hecho un Jesucristo… Eso sí sería difícil de explicar.
– Ah, y ¿esto? Nada demasiado grave o que yo no haya buscado, no te preocupes… Ha sido más una pelea que una paliza, porque lo he devuelto con creces y además he ganado yo, así que… – aclaré, con aire indiferente y restándole importancia al tema porque, para mí, no la tenía en absoluto.

Ella no era, sin embargo, como yo. A ella parecía haberle importado el estado de salud de un extraño aleatorio que se había encontrado, y aunque yo sabía que era demasiado increíble para ser simplemente uno más de los hombres a los que ella había podido ver aquella noche, no me conocía y muchas veces la gente tiene el mal gusto de ignorar a quien tienen delante aunque fuera una joya como yo… Además, sabía perfectamente que las peleas ilegales sólo eran algo sin importancia para los que estábamos metidos en ellas, y que además en realidad ninguno de los que participábamos nos odiábamos… salvo Wood, pero porque él odiaba a casi todo el mundo por deporte. En cualquier caso, incluso aunque no hubiera sido experto en mentir cual bellaco, tampoco le habría dicho la verdad y también habría recurrido a cambiar de tema, tal y como hice en aquel preciso momento.
– ¿Qué trae por aquí a una chica tan guapa como tú, morena? No es el mejor barrio para andar sola a estas horas, ¿sabes…? Cualquiera podría intentar algo. – pregunté, alzando una ceja y fijándome mejor en ella y en lo increíblemente sexy que iba mientras que yo iba de recién apalizado… aunque también sexy, eso estaba más que claro y ni tenía que preguntarse. ¿Habría salido de alguna fiesta interesante cerca de allí? Seguramente sí, le pegaba tanto como a mí meterme en peleas.
– Esto te sonará extraño, pero ¿nos conocemos? Me resultas increíblemente familiar. – pregunté, sin poder evitarlo y con el ceño fruncido.

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Re: Bones {Kaya Blackbird}

Mensaje por Kaya Blackbird el Vie Mar 14, 2014 6:11 am

Matt. No sabía por qué pero aquel nombre me decía mucho y a la vez nada. Matt. Solo pensar en ese nombre sentía escalofríos y parecía como si algo en mi mente quisiera que recordara... ¿Que recordara qué? ¿Una vida pasada, quizá? Cuando era pequeña mi abuela me había hablado muchas veces de aquello, las vidas pasadas, la predestinación, el hecho de que había personas que hacía años habían compartido sus vidas y que si volvían a encontrarse en su vida actual, probablemente, la historia se repetiría... O, al menos, aquellos a los que maldijésemos con nuestros poderes. A mí nunca me habían lanzado una maldición pero por un momento entendí perfectamente aquel sentimiento de desorientación, de no entender si lo que está ocurriendo es real o un simple sueño... O quizá fuera cosa de las drogas. Por alguna extraña razón, el nombre le pegaba casi tanto como el gesto que hizo al presentarse y el beso que me dio en el dorso de la mano logró que la zona me ardiera solo por el hecho de haber estado en contacto con sus labios... ¿Qué mierdas me estaba pasando? Parecía una maldita adolescente, no podía controlar mis impulsos y aquello no era propio de mí, drogada o sobria. Escuché atentamente su explicación, centrándome en su voz, en sus palabras para intentar apartar de mí todas las extrañas sensaciones que estaba sintiendo tan de repente y asentí al escuchar que si estaba así no había sido por una paliza sino por una pelea. Casi suspiré aliviada, especialmente por el hecho de que el hubiera ganado la pelea porque si él estaba así no quería ni imaginarme a su contrincante y por mucha intriga que despertara en mí aquel tema de la pelea decidí no preguntar... Ya que él cambió de tema casi al instante.

El cambio de tema, sin embargo, no fue demasiado beneficioso para mí ya que se interesó por mí y por lo que fuera que estuviera haciendo en aquel barrio de la ciudad, según él, no muy bueno... Inconscientemente miré a mi alrededor y me encogí de hombros. En Houston había estado en barrios mucho peores que aquel y no me habían hecho nada así que en Londres dudaba que me pasara algo demasiado grave. Además, ya no era una simple prostituta de dieciocho años que salía a la calle por pura necesidad, ahora era una modelo, estaba empezando a hacerme un nombre en el mundillo incluso... Y ahora, más que nunca, podía defenderme. Antes siquiera de que pudiera responder a la pregunta de Matt él me sorprendió a mí con otra que yo llevaba haciéndome prácticamente desde que lo había visto por primera vez hacía escasos minutos. ¿Nos conocíamos? Fruncí el ceño porque aquello, definitivamente, no podía ser normal. Algo raro estaba pasando ahí y  yo sabía mucho de aquellas cosas porque, después de todo, seguía siendo una bruja aunque solo fuera en espíritu... Y en algunos poderes que ni siquiera sabía como había vuelto a recibir. - Te sorprenderá, Matt, pero llevo haciéndome esa pregunta desde que te he visto pero no logro identificarte. No sé, quizá solo tenemos una de esas caras... Aunque permíteme decirte que esto es raro. Muy raro. – me encogí de hombros e inconscientemente le pasé una mano por el pelo, bueno, más bien por la nuca y prácticamente sentí como si hubiera algo que fallara.

- Volviendo a tu pregunta de antes... Esta chica tan guapa no quería volver a casa y ha decidido dar un paseo. He tenido que ir a una fiesta y cuando todas mis amigas se han ido he decidido hacerlo yo también pero como no me apetecía volver a casa he empezado a caminar. Y aquí estoy. Creo que he tenido mucha más suerte que cualquiera de mis amigas al encontrarte, ¿no crees? - sonreí y, con una expresión de pura inocencia, me acerqué aún más a él y le mordisqueé el lóbulo de la oreja antes de recorrerla con la lengua lentamente. - Y, entre tú y yo, tampoco me importaría que intentaran algo conmigo siempre y cuando lo intentaras tú. – por un momento hasta me costó creer lo que acababa de decirle a aquel completo desconocido pero entendía perfectamente por qué lo había hecho y es que solo con mirarlo despertaba mis instintos más primitivos... O hablando mal y pronto, me ponía burra. Por eso había apagado antes el cigarro, ahora me daba cuenta. Pese a que había sido un acto reflejo en el que ni siquiera había pensado y a lo que no le había dado la más mínima importancia, ahora que lo pensaba, sabía exactamente por qué lo había hecho: Quería besarlo. Desde que lo había visto, además. Y aquel impulso era tan fuerte que me había hecho apagar el cigarro para que el tabaco no fastidiara su sabor porque sabía que costara lo que constase iba a besarlo... Y como él no parecía resistirse demasiado no pude evitar sonreír con picardía antes de acercarme más a él y recorrer sus labios con mi lengua para mordisquearlos después, incitándolo a que no se separase si no más bien al contrario... Y entonces lo besé con una pasión tal que incluso me sorprendí a mí misma. Por Alá, ¡qué bien besaba aquel chico!

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Re: Bones {Kaya Blackbird}

Mensaje por Matt Tuck el Mar Mar 18, 2014 9:42 am

¿Que a lo mejor teníamos “una de esas caras”? Por favor, ¿por quién me tomaba, un cualquiera al que se acababa de encontrar? Porque vale que acabáramos de vernos aunque los dos tuviéramos la sensación de que ya nos conocíamos, menos mal porque eso significaba que no estaba tan loco como podría llegar a estarlo y de hecho sabía que lo estaba, pero de ahí a catalogarme como al resto… Por favor, la diferencia era evidente, yo tenía de vulgar lo que un tiburón de terrestre o vegetariano, así que más valía que sólo fuera un decir o, de lo contrario, me molestaría y mucho, cosa que si no hice fue porque me besó. Y no fue un besito cualquiera, un pico o incluso uno a la mejilla que se le había desviado; no, era un beso en condiciones, con lengua y todo, que yo me encargué de devolverle para ver si así le quitaba de la cabeza que yo era vulgar en algo porque, sencillamente, no, esa palabra no entraba dentro de mi vocabulario. Llegué incluso a sentarla a horcajadas sobre mí, sin que pudiera importarme un poco menos si nos veía alguien o incluso si algún vagabundo decidía tocarse con nosotros, más que nada porque ni siquiera pensaba en eso… Desde el momento en que había empezado a besarla, y especialmente cuando la había cogido de la cintura para sentarla como estaba y para pegarla a mí de paso, tuve la sensación de que esos labios ya los había probado y de que alguien que se movía así de bien no podía habérseme escapado porque tenía demasiado buen gusto para ignorar una oportunidad tan buena como lo era ella. Además, estaba esa molesta sensación de familiaridad aunque no recordara haberla conocido, y eso me dio una idea tan fugaz que a punto estuvo de hacerme separarme, aunque no lo consiguió: ¿y si nos habíamos conocido en ese período de tiempo del que yo no sabía nada…? Pero eso era imposible, entonces ella se acordaría, en buena lógica al menos, y decía que no me conocía tampoco. Todo era demasiado raro, y yo terminé por quedarme sin aire, así que me separé para respirar y, de paso, para morderle los labios, simplemente porque podía.

– Ni me has dado tiempo a intentarlo porque lo has hecho tú, pero adelante, no voy a ser yo quien te diga que no si es que te apetece seguir, morena. – comenté, sonriendo de medio lado y aún sin apartarla de encima de mí. ¿Por qué no seguir así? Estaba delgada, no pesaba demasiado, y aun así bajo el vestido se adivinaban unas curvas que me moría de ganas por seguir y poseer, no necesariamente en ese orden, con una fuerza tal que me sorprendía incluso a mí mismo. ¿Por qué demonios me ponía así…? Ella sólo era una mujer; una morenaza como jamás había visto y más sexy que ninguna, de acuerdo, pero una mujer a fin de cuentas… Y yo seguía siendo lo más cercano a un dios que yo conocía aunque supiera que debía de existir alguno (era de lógica que si creía en la existencia de Lucifer, demonios y ángeles también creyera en la de Dios, ¿no…? Y eso que la lógica y yo no fuéramos precisamente amigos porque estaba infinitamente sobrevalorada y yo era mejor que limitarme a algo así), por lo que ponerme como un adolescente estaba descartado. ¡Por favor, que ni cuando había tenido quince años había estado tan desesperado…!
– Tus amigas sólo podrían rezar por conocerme y ni por esas serían capaces de tener tanta suerte como has tenido tú… Aunque, francamente, dudo que si me hubiera encontrado con ellas habría acabado tan, digamos, interesado en alguna de ellas, a menos que se parezcan mínimamente a ti y sean la mitad de sexys… Yo no merezco menos. – repliqué, sonriendo más ampliamente aún que antes y dejándole claro que aunque ella pensara que estaba bromeando en realidad no lo hacía, sino que era sincero en todo, tanto en lo mucho que me valoraba (bueno, en realidad no me valoraba mucho, sino que lo hacía lo suficiente, ni más ni menos) como en que la consideraba sexy, pero ¿qué iba a hacer? Mis gestos habían hablado por sí mismos, y si no la considerara mínimamente atrayente no estaría encima de mí, eso por descontado.

– Mira, morena, te lo digo sinceramente: ni tú ni yo tenemos caras que se olviden fácilmente… Y también dudo bastante, por cómo vas vestida y cómo estaba yo antes de encontrarme contigo, que coincidamos en algún tipo de  ambiente, no nos pega demasiado ir a los mismos sitios, así que no estoy tan seguro de si nos conocemos o no, prefiero dejarlo en un misterio por resolver. – añadí, encogiéndome de hombros y callándome para mí la parte más importante, una que no estaba dispuesto a compartir con cualquiera que pasara por mucho que estuviera así de increíblemente buena: la parte de los cuatro años de mi vida que no recordaba. Ni siquiera se lo había contado a mis amigos, que lo sabían probablemente todo de mí (salvo la parte en la que era un endemoniado y mataba para beber sangre y tal, pero eso eran menudencias), así que ¿por qué iba a confiar en ella? A menos que supiera que a ella también le había dado una amnesia repentina así de pronto y que casualmente le habían borrado los mismos años que a mí, cosa que anulaba por completo la posibilidad de que fuera parte del accidente que había tenido ya que lo recordaría de haberla visto al despertar, no diría nada, por muchas ganas que tuviera… Había algo en ella que me invitaba a hacerlo, a preguntárselo y a confiar en una completa desconocida como no había hecho nunca en toda mi vida, y hasta yo reconocía lo penoso de la idea, así que eso bastó para convencerme por el momento. Más adelante ya se vería.
– Y dime, Kaya, ¿a qué te dedicas? ¿Vives la buena vida de ir de fiesta por la noche y dormir de día o tienes algún tipo de trabajo con horarios raros…? Con esa cara y ese cuerpo mínimo diría que eres actriz o modelo, probablemente lo segundo, porque en eso estoy menos puesto y quizá te habría reconocido… A menos que te hayas hecho famosa de la noche a la mañana. – elucubré, lo admito, pero con ella encima ¿qué más podía hacer…? Además, esa era una manera tan buena como otra cualquiera de conseguir información, así que poco me importaba.

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Re: Bones {Kaya Blackbird}

Mensaje por Kaya Blackbird el Miér Sep 17, 2014 1:01 am

Nunca me habían besado como lo hizo aquel desconocido. ¿O sí? Porque ese beso tenía mucho de familiar pese a que estaba segura de que no conocía a ese hombre. Entonces, ¿por qué tenía aquella sensación? ¿Por qué acariciaba sus brazos y me movía contra él una vez me sentó encima a horcajadas como si supiera que era lo que debía hacer o como si lo hubiera hecho ya una y mil veces antes? Pero dejé de pensar en ello, me centré en besarlo como si no hubiera mañana hasta que  él se separó, sin aliento, y me mordió los labios, robándome la idea y haciéndome sonreír. Yo quería más y, al parecer, él también por sus palabras pero no llegó a cumplir sus palabras y más bien se puso a hablar que a actuar, haciéndome casi imposible lo de centrarme en sus palabras. Y es que en aquel momento, sentada a horcajadas sobre él, después de EL BESO y del cúmulo de sensaciones que me estaban recorriendo, lo único en lo que podía pensar era en volver a besarlo. No me tomé demasiado en serio sus palabras sobre mis “amigas” pues el chico seguía siendo guapo y estando bueno y sabía perfectamente que si cualquiera de las chicas, especialmente Alessandra, se le presentaban como había hecho yo, él no habría actuado de manera muy diferente. Eso sí, me resulto bastante divertido su egocentrismo y como pensaba de él que era el amo del mundo. De hecho, no pude evitar soltar una risita ante sus palabras y acariciarle el pelo, mirándolo a los ojos y frunciendo el ceño. Tenía razón, si lo hubiera visto antes me acordaría de él y probablemente él se acordaría de mí pero no estaba de acuerdo en que él y yo no coincidiéramos en los mismos ambientes pero él me acababa de conocer, no tenía ni idea de que yo iba a algunas fiestas como la de aquella noche por trabajo y que prefería una y mil veces un buen concierto de punk en una sala pequeña y llena de gente gritando y pasándoselo bien... Pero eso él no lo sabía. Me mordí el labio inferior y no dije nada pues él continuó hablando, esta vez, preguntándome por mi trabajo, haciendo suposiciones más que acertadas. Me encogí de hombros y bajé las manos de su pelo a su pecho, que acaricié distraída mientras lo miraba a los ojos.

- Has acertado, Mattie. Soy modelo. Desde hace unos... no sé, ¿cuatro años? Bueno, algo menos. Todo fue tan rápido que ni recuerdo bien cómo empecé pero un día estaba sin trabajo en Houston y al día siguiente estaba viajando a Inglaterra para firmar contratos con marcas que nunca habría pensado que se podían interesar por mí. Aunque la verdad es que te equivocas en lo de los ambientes... Aquí donde me ves, soy una fan loca de los Misfits o los Sex Pistols. Esta noche he tenido que ir a una fiesta bastante pija por trabajo pero, ¿qué puedo hacer? Soy modelo, no puedo decir que no a estar en esos ambientes... Pero no te negaré que hay ambientes que me gustan mucho más. - medio sonreí y le mordisqueé el labio inferior, estirando de él y dándole un pico después. - De hecho prefiero mil veces estar aquí contigo que en esa fiesta. Ah, y no seas capullo, Matt. Estoy segurísima de que si cualquiera de mis compañeras de trabajo te hubiera entrado como lo he hecho yo, te habría dado exactamente igual y el resultado no habría sido muy diferente a cómo estamos tú y yo ahora... Pero tranquilo, soy realista, no busco a un caballero de brillante armadura, me conformo con un tipo duro con un acentazo sexy y unos increíbles ojos azules. Al menos por esta noche. - le guiñé un ojo, divertida, y con ganas de ver su reacción y es que, si tanto se quería, estaba segura de que aquello le molestaría. O no. Quizá él pensaba lo mismo pero realmente me daba igual  porque si se enfadaba, lo iba a besar e iba a hacer que se olvidara de su enfado como yo mejor sabía, vamos, haciendo que se olvidara hasta de su nombre porque no se me ocurría nada que me apeteciera más en ese momento. - Por cierto, no es que me importe demasiado lo de ser exhibicionista o no pero ya que mi casa queda fuera de toda discusión... ¿Vamos a la tuya o a algún sitio en el que podamos tener más intimidad o estar más tranquilos? No me apetecería que nada ni nadie nos molestara ahora mismo. - me encogí de hombros y para convencerlo le robé un beso rápido pero intenso, sonriendo antes de, ya que estaba, atacar su cuello con más calma de la que en realidad quería utilizar en ese momento. Y es que los mordiscos suaves e inocentes que le daba y los pequeños chupetones no eran nada comparado con lo que me moría de ganas por hacer... Pero tiempo al tiempo. Estaba segura de que aquella noche, pese a las horas que eran, no había hecho más que empezar. Y algo me decía que, de seguir así, no querría que terminara nunca.

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Re: Bones {Kaya Blackbird}

Mensaje por Matt Tuck el Sáb Dic 27, 2014 11:34 pm

Pues claro que había acertado, ¿cómo podía no haberlo hecho? Tenía un ojo impresionante para todo, sí, pero especialmente para las modelos, que podía o no podía venir del hecho de que me había tirado a unas cuantas... Más bien a tantas que había perdido la cuenta hacía mucho, muchísimo tiempo. Pero eso sólo pasaba porque, joder, ninguna estaba como ella o de lo contrario me acordaría de todas y cada una. ¿Qué demonios me pasaba a mí con las morenas, vamos a ver? Me había pasado toda la vida convencido de que a mí me iban las rubias, tatuadas y tetonas para que de pronto empezara a resultar que las morenas eran mis preferidas, y eso sí que no sabía cómo tomármelo. ¿Sería cosa de ese maldito período de tiempo que había desaparecido de mi mente o qué demonios pasaba? Porque si resultaba que podía tener amnesia selectiva para algo que ni siquiera creía haber elegido olvidar, también podía creerme a la perfección que resultara que mi tipo había cambiado así de pronto, sin motivo aparente (que recordara). En cosas peores creía, a fin de cuentas... Porque pocas cosas se me ocurrían que dieran más por culo que los malditos demonios salvo la amnesia dichosa que había decidido atacarme sin motivo alguno, así sin más. En fin, como pensar en ello no iba a solucionar nada decidí cambiar de tema y centrarme en ella, que tampoco necesitaba hacer grandes esfuerzos para atrapar mi atención, y eso que yo sólo se la daba a lo que realmente era importante: yo, y muy pocas cosas más. Debía sentirse honrada, aquella modelo que parecía tener dentro a una punky demasiado a flor de piel para lo que le convenía pero exactamente como a mí me gustaba, porque le estaba dedicando tanta atención por mi parte incluso aunque, sin saberlo, hubiera tocado un tema prohibido: ir a mi casa. Eso, definitivamente, estaba fuera de toda posibilidad porque no era como si tuviera una casa a la que llevarla, así que tendríamos que buscarnos algún sitio discreto y tendría que encontrarlo rápido. Suerte que mi inventiva funcionara siempre tan bien.

– Vaya, me has pillado... Acabas de descubrir que sólo soy un capullo galés de ojos azules en vez de un gentleman inglés con ojos aburridos y demasiado educado. ¿Qué puedo decir? Me tiran mucho las modelos, especialmente si están tan bien como tú. – sentencié, medio sonriendo y después besándola de nuevo, tanto porque me apetecía (y no poco, además) como para darme a mí mismo tiempo para pensar. ¿A dónde demonios podía llevarla que hubiera intimidad pero no fuera mi casa...? Como no fuera algún local de los que sí que seguía conociendo se me hacía complicado, y aunque la idea de llevarla a algún sitio donde solía ensayar me repateaba, tampoco era como si tuviera otra opción, porque si de algo estaba seguro aquella noche era de que ella sería mía pasara lo que pasase y se cabrease quien se quisiera cabrear por ello.
– Vamos, tengo el sitio perfecto en mente. – respondí, al separarme, y le guiñé un ojo para hacer que todo pareciera más una proposición que la orden en la que terminó convirtiéndose. Tampoco era como si me importara demasiado, ella tenía tantas ganas de mí como yo de ella, así que el hecho de ponerme un poco autoritario mientras termináramos como queríamos y después adiós muy buenas no me quitaba el sueño. A ella tampoco debía de quitárselo, por cierto, porque enseguida se puso de pie y me siguió, bien pegada a mí para que pudiéramos ir liándonos por el camino hasta no muy lejos de allí, donde había un local de ensayo de mi grupo que hacía bastante que no utilizábamos... tanto que ni instrumentos había. Sólo quedaban algunas fotos (que escondí sin que ella viera) y un sofá desvencijado que me trajo a la cabeza la fugaz imagen de ella y yo acostándonos en otro muy parecido... ¿Una premonición, un recuerdo, una fantasía? No lo sabía, y no quería pensar en ello, así que la tumbé sobre él y no nos di tiempo a reflexionar sobre nada porque pronto estuve besándola como si no existiera el mañana. Y, en realidad, bien podía no existir...

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Re: Bones {Kaya Blackbird}

Mensaje por Kaya Blackbird el Dom Feb 14, 2016 2:30 am

Cuando había dicho que era un capullo capaz de hacer con cualquier modelo o, en general, mujer que estuviera de buen ver lo mismo que estaba haciendo conmigo, tenía muy claro que no había nada más lejos de la realidad aunque por un momento sentí una punzada de algo muy parecido a los celos que me encargué de ocultar como mejor supe. ¿Por qué diablos me ponía así con un maldito desconocido? Y un… ¿galés? Di gracias a todos los dioses cuando me besó porque por fin pude centrarme en algo real, algo como él, sus labios y su lengua. Le devolví el beso como si quisiera olvidar y, sobre todo, apartar de mi mente aquella sensación que se había manifestado físicamente como un escalofrío al escuchar esa palabra. Galés. No entendía qué diablos me estaba pasando, nada de aquello tenía sentido y yo era especialista en cosas que no tenían sentido, especialmente por todo lo que había sido capaz de hacer y aún era. Solo acariciando su piel podía curar sus heridas o incluso infligirle nuevas, ¿había algo que tuviera menos sentido que eso? Pues, al parecer, sí. Esa sensación de familiaridad que tenía desde que lo había visto y que se mezclaba con unas ganas locas de devorarlo y hacerlo mío… aunque solo fuera durante aquella noche.

Tras el beso, nos levantamos y me guio a un sitio en el que deberíamos tener más intimidad. No estaba lejos de allí y llegamos rápidamente, aprovechando para darnos calor con nuestros besos en el camino, luchando con aquella noche helada de Londres. Cuando llegamos, me quedé clavada en la puerta durante unos instantes. No sabía qué era aquel sitio pero en mi cabeza apareció la imagen de un lugar igual o parecido, lleno de instrumentos de música y, como en ese sitio, un sofá en el centro… Un sofá en el que ya había estado. ¿Con él? Intentaba recordar, me esforzaba en hacerlo mientras él recogía un poco el sitio o, simplemente, lo adecentaba antes de cogerme y cerrar la puerta, tumbándome en el sofá y besándome. Sus besos eran como un millón de recuerdos, sensaciones olvidadas mezcladas con toques de realidad que me volvían loca. No sabía qué estaba pasando allí, quizá el chico también tenía poderes, quizá todo aquello me lo estaba provocando él… Cualquier cosa era posible y, sin duda, explicaría por qué me sentía así.

Me dejé llevar y le quité la camiseta, lanzándola por ahí y aprovechando para acariciar su pecho, arañándole con cuidado con mis uñas y mirándolo, estudiándolo y tratando de descubrir qué era lo que me resultaba tan conocido. Mis manos acabaron por recorrer sus brazos llenos de tatuajes, siguiendo las líneas antes de mirarlo a los ojos y volver a besarlo, esta vez, haciéndonos girar en el sofá para terminar encima de él y empezar a morderle con mucha más fuerza el cuello, sin cortarme lo más mínimo mientras le arañaba el pecho antes de buscar sus labios una vez más y devorarle la boca. – ¿Tienes… un grupo? – pregunté muy bien sin saber por qué, apenas separándome un poco de sus labios que llené de picos después de hablar. – Esto es… un local de ensayo, ¿verdad? – ¿cómo diablos podía saber eso? Quizá tenía aún más poderes de los que había pensado en un primer momento. Sí, tenía que ser eso, si no, no se me ocurría qué otra cosa podría ser. Era lo único que tenía sentido, ¿verdad? No. Lo único que tenía sentido y que parecía estar bien en esa situación éramos nosotros. Juntos, besándonos, arañándonos y mordiéndonos, pegándonos el uno al otro como si no hubiera mañana. Sí, sin duda, eso era lo único que tenía sentido en aquel momento. Y por eso volví a besarlo.

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Re: Bones {Kaya Blackbird}

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