Breaking Point {Adriana P. Gregoletto}

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Breaking Point {Adriana P. Gregoletto}

Mensaje por Matt Tuck el Miér Feb 05, 2014 8:19 am

Tras el accidente podía haberlo perdido todo, incluso el control sobre mis cuentas corrientes y las claves que me permitirían (en un mundo ideal en e que yo recordaba qué había sido de mi vida los cuatro malditos años anteriores, claro, y en un mundo ideal en el que no había habido Apocalipsis porque lo único bueno de los demonios era que al menos de ellos sabía cosas) acceder a mi dinero. Puesto a enumerar, también había perdido el control de lo que tenía, el conocimiento de si tenía un precioso piso en Londres de tamaño ideal para un soltero (porque si de algo estaba seguro, era que no podía haber tenido novia, ¡yo!, después de Charlotte. Una y no más, santo Tomás) en el que pudiera quedarme o, qué sé yo, si me había tirado a la Conejita Playboy del mes de mayo, pero sabía que tenía mi orgullo. Y el día que mi orgullo me abandonara sería el día que el verdadero Apocalipsis, el del mundo terminándose porque lo dijeron los mayas hace la tira de años, sucedería, pero por suerte el mundo podía seguir estando seguro y contando conmigo (aplausos al acabar, por favor) porque mi orgullo seguía tan grande como el Big Ben frente al que me encontraba. Había decidido que podía estar pelado de pasta y que muchos mendigos lo tenían mejor que yo, pero me negaba a pedir e incluso a robar comida, y por eso me había dedicado a las peleas callejeras porque, bueno, al menos me daban dinero aunque no fuera exactamente legal, como si yo alguna vez en mi vida hubiera sido amigo de la ley, la autoridad o cualquier otra cosa que me quisiera controlar, con lo que lo odiaba. ¡Antes muerto! Aunque había días que me iba mal, porque hasta yo perdía (muy de vez en cuando, que seguía siendo con diferencia el mejor de todos aquellos aficionados), aquel tenía algunas libras a mano, y por eso iba a poder comer, lo cual era toda una novedad.

A mí lo barato me gustaba, en general, bastante poco, cosas de haberme malacostumbrado a tener una cantidad considerable de pasta en la cuenta durante unos cuantos años, pero cuando no me quedaba más remedio me conformaba con lo que había, aunque eso supusiera comer fish and chips. Había terminado hasta las narices de esa mierda tan inglesa, pero a veces no podía hacer otra cosa porque era morirme de hambre, quedarme en ayunas o eso, así que no tenía elección. Aquella noche, sin embargo, tenía algo más de pasta, y por eso pude permitirme un Subway. A cualquiera que se lo dijera... Mandaba narices que habiendo currado allí cuando era más joven para pagarme la universidad tuviera que volver estando bastante peor de pasta que entonces, y eso me llenaba de mala leche casi tanto como no ser capaz de recordar lo que había sido de mí desde Texas... Que vale que en Texas el alcohol corriera más que el agua, pero de ahí a tener un agujero negro tan largo había un trecho que ignoraba cómo había recorrido. Otro interrogante. Y lo peor no eran los interrogantes, que también, sino que era incapaz de arrojar luz sobre los misterios que ocultaban y, claro, ahí terminaba, comprando un bocata en el Subway más cercano cuando podría haber estado metido en la cama (o en el jacuzzi... o en el sofá... el sitio era lo de menos, no había sitio donde yo no hubiera follado alguna vez en mi vida, así que era irrelevante) y cenando rápidamente para, después, ir a beber, sencillamente porque podía y porque no quería terminar perdiendo mi aguante de profesional, no de aficionado, como era el de mis amigos.

Sin que me importara demasiado cómo, terminé llegando a un garito en el que nunca había estado (que recordara, porque lo mismo había sido un maldito Mister Universo, y por lo bueno que estaba eso era posible y todo, y no lo recordaba) y que se llamaba Wolfsbane. La apariencia del sitio me gustó, eufemismo como otro cualquiera para decir que cualquiera de las camareras estaba para que me hicieran un par de favores en cuanto acabaran sus turnos, así que entré y pedí una cerveza barata, que era garrafón puro y duro, pero que bien poco me importaba. Borracho, seguramente, todo cobraría algo más de sentido que el que tenía estando despierto (o sea, nada), y si no al menos me iba a asegurar de no recordar porque yo lo había elegido y no porque me habían obligado, así que bebí con tragos largos la enorme pinta que me habían servido y me dediqué a mirar al frente, a mi caza de la noche... Hasta que vi a alguien que me resultaba familiar. ¿Quién sería ella? ¿Me la habría tirado...? Sí, lo había hecho; apenas la miré un poco más me di cuenta de que era la prima del bajista de Trivium, buenísima en la cama por cierto, y decidí que, ¿por qué no?, ella podría ser mi objetivo de la noche. Seguro que no le importaba repetir con un dios como lo era yo... Así que, claro, me acerqué con todo mi desparpajo y dejando mis intenciones tan claras que si dudaba de lo que quería era porque tenía un serio problema llamado retraso mental profundo. Y yo que la recordaba lista...

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Re: Breaking Point {Adriana P. Gregoletto}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Dom Feb 16, 2014 12:33 am

Otro día que iba y venía, una noche más llena de preocupaciones en la que simplemente podía sonreír y asegurarme de que las cosas iban exactamente como yo quería... O, al menos, eso me gustaba pensar. Saber que había dejado de controlar lo que pasaba en mi casa no me gustaba lo más mínimo, pensar que el maldito Leone intentaba suplantarme día a día y que encima lo estaba consiguiendo me enfadaba muchísimo y por eso necesitaba sentir que aún había algo en mi vida que controlaba... Y eso era Wolfsbane. Desde el principio, mi hermano y los suyos no habían visto claro abrir Wolfsbane y por eso me había empeñado aún más en hacerlo así que una vez que había empezado a dar tantos beneficios, tanto legales como ilegales, me había sentido orgullosa y les había callado la boca a todos como nunca. Sin embargo, últimamente no había podido estar demasiado visible por allí, desde que Jack y yo habíamos tenido aquella discusión (por llamarla de alguna manera porque, básicamente, yo no hablé, él me echó de casa de su abuelo y no volví a saber más de él), todo se había vuelto del revés y Wolfsbane era lo único que parecía seguir yendo viento en popa por eso, aquella noche en la que todos tenían algo que hacer menos yo, que siempre acababa fuera de todos los planes del maldito Leone, decidí que era hora de que la jefa volviera a hacer acto de presencia para asegurarse de que todo seguía marchando como debería.

Así que allí estaba yo, con las camperas, unos shorts vaqueros rotos y sujetos con un cinturón de tachuelas para que no se me cayeran más de lo estrictamente necesario y el top roto de Wolfsbane que no cubría más que mis pechos. Además, teniendo en cuenta que llevaba unos días con un humor de perros decidí hacer una broma interna conmigo misma y ponerme un collar de pinchos en el cuello, así, bien maquillada y con el pelo ondulado cayéndome por los hombros, estaba detrás de la barra ayudando a mis camareros y camareras a servir y poniéndome al día de absolutamente todo lo que había pasado desde la última vez que había estado trabajando allí que, al parecer, era bastante. Nuestra chica estrella estaba enferma y una de las novatas la había sustituido y se había ganado una fama bastante... peculiar, la llamaban la lagarta aunque nadie tenía muy claro por qué y pese a que todos seguían intentando joderla y darle los peores turnos (porque no le caía bien a ninguno de los que trabajaba allí con alguna pequeña excepción) ella se las apañaba para seguir consiguiendo clientes, fama y propinas y al parecer siempre sonreía pasara lo que pasase y eso los ponía a todos de los nervios. Realmente, el Wolfsbane era como un patio de colegio en el que todos los niños malos quieren destacar y ser peor que los otros pero, por una vez, estaba de acuerdo con todos ellos y es que cuando habíamos contratado a esa chica ya no me había entrado por el ojo pero si nos daba dinero y buen nombre... ¿Qué podía hacer al respecto? Nada, obviamente, al menos hasta que nuestra chica estrella volviera a estar en forma. Me pasé la mayor parte de la noche tras la barra, sirviendo como hacía mucho que no había servido y cotilleando como la que más, dejando claro que el mito de que los italianos eramos unos cotillas era totalmente cierto. Me lo estaba pasando sorprendentemente bien y había desconectado más que ningún otro día en que había intentado hacerlo conscientemente así que en un momento dado salí de detrás de la barra y me tomé un descanso, disfrutando de la buena música mientras me bebía un whisky con hielo y bailaba al ritmo de la música sin ser prácticamente consciente de ello.

De repente, alguien se me acercó y no pude evitar sonreír de lado con mi copa en los labios antes de girarme y, dejándome llevar, bailarle un poco a él... Aunque eso fue antes de fijarme mejor y reconocer a quien se me había acercado. Matt Tuck en persona estaba allí plantado, mirándome con una cara que dejaba claras sus intenciones y, aún así, no pude evitar mirarlo sorprendida. Hasta donde yo sabía, el chico estaba desaparecido y sobre su vida amorosa lo último que sabía gracias a mi primo era que tenía novia... Aunque eso podía cambiar fácilmente tratándose de Tuck. Lo que más me sorprendía era que estuviera allí cuando en teoría nadie tenía ni idea de su paradero... Y no sabía muy bien cómo reaccionar al respecto. - Vaya, vaya... ¿El desaparecido Matt Tuck reaparece en Londres? ¿Dónde leches te habías metido? Tienes a todo el mundo buscándote. - negué con la cabeza y me fijé mejor en él. Había cambiado, se había cortado el pelo (mucho) y sorprendentemente le quedaba incluso mejor que largo, pero eso no era lo que más me llamaba la atención. Había algo en su expresión, un pequeño matiz, quizá, diferente. Ya no era aquel tío egocentrico, capullo y endiosado que hacía que te olvidaras de absolutamente todo en la cama... O quizá sí. Pero además de eso había más. Mucho más, parecía. - ¿Me dejas invitarte a una copa para celebrar que estás vivito y coleando? Además, si quieres, podemos ir al reservado y ponernos al día... Si no tienes nada mejor que hacer, claro. - me encogí de hombros y le dediqué una de mis mejores sonrisas, sorprendida y extrañada a partes iguales por su presencia en Wolfsbane pero, aquella noche, me había prometido a mí misma que no pensaría demasiado y, mirando sus imponentes ojos azules, me convencí de que sería fiel a mi promesa... Pasara lo que pasase.

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Re: Breaking Point {Adriana P. Gregoletto}

Mensaje por Matt Tuck el Lun Mar 10, 2014 8:41 am

Sí, vale, la morena estaba buenísima (porque, qué coño, aunque nunca fuera a llegar a mi nivel no se le podía negar lo evidente) y era buena en la cama, pero si me había acercado a ella y no a ninguna de las otras tías del local, en su mayoría rubias y tatuadas, no era sólo porque era mi tipo, sino también porque era alguien de mi pasado. Teniendo en cuenta que ignoraba lo que había sido de mi vida los cuatro últimos años y que, hasta donde sabía, podía haber estado en cualquier parte del mundo, ¿y si ella había tenido algo que ver? Vale que era improbable porque a mí lo de repetir con una misma tía varias noches, aunque fuera tan espaciadas en el tiempo, no me motivaba en exceso, pero a lo mejor lo había hecho, y un a lo mejor era la máxima certeza a la que podía aspirar en esas circunstancias, al menos hasta que supiera un poco más cómo había perdido la memoria y con quién. La única base que tenía para tratar de saberlo era la lógica, que me decía que era imposible que el accidente me hubiera dado una amnesia tan selectiva como lo era la mía dijeran los médicos lo que les viniera bien decir; recordaba, además, que seguía teniendo poderes pero que eran diferentes a entonces, y que en alguna parte había oído que el infame Apocalipsis (para los cazadores, por supuesto, porque para la gente de a pie era una temporada más de sus vidas) había terminado, así que si yo tenía poderes, el resto también podía tenerlos, y por tanto había podido alguien hacerme eso. La cuestión era ¿por qué? O sea, a ver, era evidente que tenía enemigos porque no se puede ser tan perfecto como lo soy yo sin que haya envidias por parte de absolutamente todo el mundo, pero ¿por qué cuatro años y no, qué sé yo, mi maldita infancia? Eso habría sido una bendición…

Sin embargo, en vez de poner mis pensamientos en común con ella, di un trago a mi bebida y la escuché preguntar lo mismo que, suponía, preguntaría absolutamente todo el mundo que me conocía: ¿dónde había estado durante todo aquel tiempo, tras el accidente, en el que nadie había sabido nadie de mí aparte de mí mismo, que era el más importante de todos…? Y, como no podía ser de otra manera, mentí como un bellaco, como alguien tan acostumbrado a mentir desde que tiene uso de razón que incluso tiene problemas diciendo la verdad, como alguien que, en definitiva, sólo podía ser yo.
– Me tomé unas vacaciones, estaba tan harto de todo que hasta el pelo me corté, y ¿qué mejor que las islas para desconectar de los estresantes Estados Unidos…? Por eso estoy en Londres, pero me alegra de estarlo porque así puedo aceptar tu oferta de copa y reservado. – respondí, con una sonrisa de medio lado, de las que eran tan mías y dejaban a la Mona Lisa como aficionada frente al profesional que era yo, como en tantas otras cosas, y dejé (por una vez y sin que sirviera de precedente, que conste) que ella tomara la iniciativa y se dirigiera hacia el famoso reservado donde íbamos a terminar seguramente con erótico resultado, cosa que a mí no podía importarme menos. Por mucho que pensara que ella a lo mejor podía ayudarme con el tema de mi memoria, y lo hacía porque hasta en mí la esperanza era lo último que se perdía, yo siempre me había caracterizado por hacer las cosas por dos motivos: porque podía y porque me apetecía. En el caso de la italiana, Adriana según creía recordar (y si lo hacía era porque me había gustado, no por otra cosa), la posibilidad de averiguar algo era tan remota que el hecho de que fuera mi tipo había ganado la partida a todo lo demás y por eso estaba pensando más en aprovechar el reservado que en hablar… Total, ¿para qué? ¿Para frustrarme más por ver que se me acababan las opciones a las que podía recurrir? No, gracias.

En cuanto llegamos nos sentamos en un sofá, bastante cerca pero sin llegar a tocarnos (aún), cada uno con nuestras respectivas copas en las manos. Como ella había pedido antes un brindis para celebrar que estaba vivito y coleando, choqué mi cerveza con su bebida y entonces le di un trago rápido tras el que la dejé por ahí, sin importarme demasiado en qué parte de la mesa terminara siempre y cuando lo hiciera ahí y no en el suelo o en el sofá, porque eso sí que me molestaría.
– Lo que yo no sabía era que tú estabas en Londres… La última vez coincidimos en Estados Unidos, ¿no? Me quiere sonar que fue en la gira con el grupo de tu primo y sus amigos, pero tengo la percepción del tiempo algo tocada últimamente. – comenté, encogiéndome de hombros y mirándola a los ojos (para variar) antes de apoyarme mejor en el sofá y coger mi cerveza, aunque fuera por tener algo entre las manos con lo que jugar. Podía entrarle a lo bestia como deseaba hacer, a sabiendas de que solamente por lo bueno que estaba ella me seguiría el juego como ya había hecho una vez, o podía hablar y ser más sutil, cosa que no me pegaba normalmente pero que aun así había hecho más de una y más de dos veces… Por algún motivo que me era desconocido escogí la segunda opción, quizá porque en el fondo ella no me había caído del todo mal la primera vez o porque a su primo aún lo respetaba, pero decidí dedicarme a hablar.
– ¿Eres VIP en este garito, italiana? No tiene pinta de que conseguir meterte en el reservado sea fácil ni siquiera tratándose de mí, y tú lo has hecho parecer tan fácil que es casi insultante… demasiado para que seas sólo una camarera. ¿Eres amiga del jefe, tu novio te ha colado en alguna lista…? – pregunté, por curiosidad y después dando un trago de cerveza.

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Re: Breaking Point {Adriana P. Gregoletto}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Mar Sep 16, 2014 2:31 am

Tras la sorpresa inicial que me había llevado al reconocer a Matt Tuck, me centré en sus palabras que sonaban a todo menos a verdad pero, realmente, no podía importarme menos. Matt siempre había sido así, hablar de él y de su vida privada o lo que fuera que pudiera estar pasándosele por la cabeza no era su especialidad así que me encogí de hombros y como él había aceptado mi oferta de ir al reservado lo cogí de la mano y lo llevé a uno de ellos mientras, por el camino avisaba a mis chicos con un gesto de que no me molestaran porque probablemente estaría ocupada. Por un momento y, mientras nos dirigíamos al reservado, la imagen de Jack se me cruzó por la cabeza como un relámpago que anunciaba la tormenta. ¿No era el primo de Jack el batería del grupo de Matt? Recordar aquello me hizo aminorar el paso y sentarme bastante alejada del galés cuando este se sentó en el sofá. Le daba vueltas a mi vaso de tubo entre las manos mientras pensaba en lo que podía suponer aquello. Si pasaba algo entre Matt y yo y Jack se enteraba podría ir olvidándome por completo de hacer las paces con él y solucionar toda la mierda que teníamos encima pero... ¿por qué iba a enterarse Jack? Por lo que sabía, los del grupo de Matt no tenían ni idea de dónde estaba así que el primo de Jack no tenía por qué enterarse y, por tanto, Jack tampoco... ¿verdad? Matt me devolvió a la realidad al chocar su cerveza contra mi copa y medio sonreí, dándole un gran trago a mi copa porque aquello no me podía estar pasando a mí. ¿Desde cuando pensaba en otro hombre cuando tenía delante a alguien como Matt que, además, se le veía en la cara que estaba dispuesto a hacerme de todo? Definitivamente, algo no estaba bien conmigo. Matt recordó la última vez que nos habíamos visto, en una ira del grupo de Pao y estaba segura de que también había recordado, pese a que no lo había comentado, cómo habíamos acabado aquella noche. Medio sonreí y asentí, como diciéndole que yo también me acordaba perfectamente. Su siguiente pregunta, sin embargo, fue mucho menos comprometida y sonreí ampliamente, orgullosa a más no poder, antes de responderle. - ¿Novio, Tuck? ¿Desde cuándo yo tengo de eso? Y sí, se podría decir que soy muy buena amiga del jefe... Básicamente porque el jefe soy yo. El local es mío y a veces vengo a ayudar a mis chicos, de ahí el uniforme y que pueda entrar a los reservados cuando quiera, como quiera y con quien quiera... Ah! Y eso también me asegura más intimidad aquí que a ninguno de mis clientes.

Me encogí de hombros y le di otro trapo a mi copa, mordiendo el cristal mientras lo miraba, sopesando los pros y los contras de lanzarme a su cuello en aquel instante. En seguida, una idea se me pasó por la cabeza. Si quería estar segura de que Jack no se enteraría, lo mejor sería preguntarle por su relación con el resto de su grupo y eso hice. - Entiendo perfectamente lo de querer desconectar pero, ¿qué piensan tus amigos? Lo último que salió en la prensa es que no tenían ni idea de dónde estabas... Ni ellos ni tu novia. Aunque, bueno, supongo que las cosas no terminaron demasiado bien entre vosotros. ¿Le pusiste los cuernos, Tuck? La verdad es que cuando mi primo me dijo que tenías novia y que ibais bastante en serio no me lo podía creer... No hay nada que me pareciera tan imposible como Matt Tuck con novia seria. – solté una risita y me acerqué un poco a él, apoyando una mano en su muslo y acariciándolo de manera distraída, sin darle demasiada importancia. - Yo me mudé aquí hace un tiempo, ya hará dos años o más... Sí, creo que bastante más pero el tiempo se me ha pasado volando. Entre lo de adaptarme a la ciudad, abrir esto y todo... He estado bastante liada. Además he conocido a los primos de tu batería... ¿Moose? Charlotte es un amor y Jack... - me mordí el labio inferior y dejé la frase en el aire. ¿Qué podía decir de él? Se suponía que era el último tema que tendría que sacar en aquel momento y aún así no había podido evitar hacerlo. ¡Joder! ¿Y ahora qué hacía? Me encogí de hombros, con expresión inocente. - Bueno, es Jack. Mucha mala hostia y tan serio y recto que parece como si tuviera un palo de escoba metido por el culo. – solté una risita y me mordí el labio inferior, me terminé mi copa y dejé el vaso vacío sobre la mesa, aprovechando todos los movimientos para acercarme más al galés. Era hora de cambiar de tema y, sobre todo, de dejar de pensar. Me lo había prometido. Y yo nunca rompía una promesa. - Lo cierto es que echo bastante de menos Italia, ¿sabes? El clima de aquí es una mierda y la gente es muy fría... Necesito algo de calor humano, ¿sabes a lo que me refiero? - alcé las cejas y dejé caer aquella señora proposición indecente, dejando en sus manos lo que tuviera que pasar. Yo ya había hecho mi parte y necesitaba que fuera él quien tomara la iniciativa porque no quería arrepentirme ni nada por el estilo... ¿Cómo diablos podía importarme tanto Jack? Joder, ni que fuera a ponerle los cuernos... ¡Si solo eramos amigos, nada más! Bueno, amigos con derecho pero... ¡Ya se me entendía!

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Re: Breaking Point {Adriana P. Gregoletto}

Mensaje por Matt Tuck el Lun Dic 22, 2014 11:57 pm

Como la conversación había tocado un punto que era jodidamente incómodo para los dos, hice la única cosa que alguien con dos dedos de frente (como yo) podía hacer en ese momento: la besé. Y no le di un beso casto y puro que podía confundirse con un pico, no, para nada; le pegué tal morreo que antes de que pudiéramos darnos cuenta (como si de hacerlo nos hubiera dado por separarnos, o algo, que ella tenía buen gusto y no se apartaría de mí así como así) ella estaba encima de mí y yo tenía las dos manos sujetándola para que no se me cayera. ¿Qué otra cosa podía haber hecho, vamos a ver? ¿Decirle que no tenía a dónde ir y que tenía un espacio de tiempo sin memoria en mi cabeza en el que bien podía haberme dedicado al porno gay porque no tenía ni la más remota idea de lo que había hecho...? A ver, me imaginaba que no lo habría hecho, pero no por privar al mundo de mi increíble cuerpazo y de lo bien que se me daba hacer todo, sino porque si de algo estaba seguro era de que seguían gustándome las tías... mucho. Especialmente las morenas, aunque toda la vida hubiera estado convencido de que prefería a las rubias zorras y tatuadas, y eso me hacía preguntarme si la novia esa que se suponía que había tenido no habría sido morena... Pero eso, me temía, no lo sabría mientras no le preguntara a mis amigos, y dado que no pensaba acercarme a ellos a menos que recordara algo más prefería seguir viviendo como lo hacía. ¿Que era patético? Pues sí. Pero si resultaba que había algo (o alguien) sobrenatural detrás de mi amnesia selectiva prefería apartarlos del peligro porque ellos no se merecían que les pasara nada. Yo tampoco, a ver, pero al menos yo sabría cómo defenderme llegado el caso porque lo estaba haciendo a mi manera y eso tenía que contar algo, joder.
– Bah, lo dejamos precisamente por eso, ¿desde cuándo yo puedo tener algo parecido al compromiso...? – respondí, burlón, y gracias a eso pude disimular increíblemente que no tenía ni idea ni de quién era la susodicha, así que esa sería mi última palabra al respecto.

Prefería mil veces hablar de Jack Thomas porque estaba totalmente seguro de que no lo había visto en los últimos años y, sobre todo, de que no había cambiado lo más mínimo, especialmente por lo que ella había dicho, que lo del palo metido por el culo lo recordaba perfectamente. Y eso me hacía preguntarme por qué demonios no podría recordar cosas más importantes y sí podía tener imágenes absolutamente claras de tonterías sin importancia y de gente que ni me iba ni me venía, porque yo llevarme con él... lo justo. Me llevaba mucho mejor con su hermana, más que nada porque ayudaba que ella no me viera como a un satánico (aunque lo fuera un poco) y me tratara como tal, pero a ella también hacía mucho que no la veía y que Adriana resultara conocerla era inquietante como poco. Como muy poco.
– Bueno, entonces si el local es tuyo puedo aprovecharme de que tú y yo nos llevemos tan bien y quedarme un rato más, ¿no? – añadí, sonriendo y guiñándole un ojo, aunque los dos sabíamos muy bien que ella no tenía ningún motivo para echarme, y mucho menos cuando estaba consumiendo como cualquier otro cliente (con la diferencia de que yo molaba más, pero eso venía de fábrica). Además, ¿con quién mejor que conmigo iba a compensar el frío de Inglaterra, vamos a ver...? Por mucho que Gales molara más tenía que reconocer que lo de las temperaturas era bastante parejo en Bridgend que en Londres por eso de que ambas estaban bastante al sur, y gracias a eso estaba bastante acostumbrado, pero ella evidentemente no porque era muy sureña, se le notaba a la legua sin que tuviera siquiera que intentarlo demasiado. Pero yo lo prefería así, no íbamos a engañarnos; me gustaba la calidez más que la aburrida frialdad de la mayor parte de las británicas. Así me iba...
– Además, italiana, tienes que reconocer que nadie da calor tan bien como yo... Así te ayudo a que no eches tanto de menos tu casa. Son todo ventajas, ¿no crees?

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Re: Breaking Point {Adriana P. Gregoletto}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Mar Feb 17, 2015 9:46 pm

Cuando Matt me besó, algo en mí hizo ¡click! y todo comenzó a darme vueltas. ¿Qué diablos estaba haciendo, vamos a ver? No. No podía estar liándome con Matt, no tenía que hacerlo, mucho menos si quería recuperar a Jack. Aquello era un error y solo entonces lo veía. Aún así, más por la sorpresa que por otra cosa, le devolví el beso y me quedé quieta sobre él cuando se separó, bastante más rígida de lo que pretendía en un momento, con unas ganas brutales de gritar de frustración porque si de algo no había duda (y más después de semejante beso) era de que estaba ardiendo... Y solo quería desfogarme un poco. Pero no. Por una maldita vez en mi vida tenía que haber pensado antes de actuar y por eso ahora estaba sintiéndome como una mierda por dentro, fingiendo la mejor sonrisa del mundo (y que colaba y todo porque ya la había usado tantas veces que había perdido la cuenta) y tratando de no pegarme demasiado a Matt pese a que estaba sentada encima de él.

Por suerte para ambos (especialmente para mí), Tuck era incapaz de callarse. Le gustaba demasiado el sonido de su voz como para no hablar y precisamente por eso rompió el silencio y me devolvió a la realidad haciendo un comentario tan típicamente suyo que me hizo preguntarme si todo lo que había oído de él antes de su misteriosa desaparición no había sido una gran mentira porque seguía exactamente igual que lo recordaba. Un capullo integral que estaba demasiado bueno para lo que le convenía a un ego como el suyo. Vamos, mi tipo. Intenté alejar aquellos pensamientos de mi cabeza porque en aquel momento ni siquiera estaba segura ni de cual era mi tipo (¿rubios de ojos azules? ¿O eso solo era una excepción?) ni de si lo que estaba haciendo allí con Matt (nada, aún) estaba bien o no. Agradecí que él finalmente dijera algo a lo que pude responder con una media sonrisa, obviando por unos segundos la proposición indecente de sus palabras. - Claro que puedes quedarte aquí, Tuck, todo el tiempo que quieras y con quien quieras... De hecho, te sorprendería lo cómodos que son estos sofás. Para dormir, claro. – me encogí de hombros y llevé una mano a su pelo. En aquel momento, echaba mucho de menos su melena porque ponerme a jugar con ella me relajaría mucho dadas las circunstancias y me ayudaría a pensar con claridad... O a no hacerlo. Pero me contenté con acariciarle el pelo corto que le quedaba sorprendentemente bien teniendo en cuenta que desde que lo conocía lo había visto con el pelo largo y era como siempre lo imaginaba.

-Y en cuanto a lo de darme calor... Ambos sabemos que se te da muy bien, Tuck. Pero no creo que sea el mejor momento y lugar para hacerlo... Además, perdona que te lo diga pero no podrías conseguir nada que una botella entera de vodka no pudiera. - le guiñé un ojo, poniendo un poco de distancia entre ambos (aunque aún seguía encima, si alguien me entendía que me lo dijera porque yo no lo hacía) y retándolo como me encantaba hacer... ¿Qué podía decir? Me encantaba jugar con fuego. El problema era que aquella noche quemarme sí que parecía ser un problema y no sabía muy bien cómo tomarme aquello. De todas maneras, ¿qué otra cosa podía hacer? No era como si la conversación de Tuck pudiera ser apasionante (básicamente iba a hablar de él, de lo guapo que era, lo bueno que estaba y las cosas increíbles que podría hacerme) así que tenía que buscarme alguna excusa para, probablemente, retrasar lo inevitable y darme tiempo a mí misma para pensar en los pros y los contras de lo que iba a podría pasar. - De todas maneras, no has respondido a mi pregunta, galés. ¿Saben tus amigos siquiera dónde estás? Aunque dadas las circunstancias lo dudo mucho o estarías encerrado en tu casa con un guardia en la puerta impidiéndote salir como castigo y matándote a pajas o llamando putas para pasar el rato... Visto así tampoco es mala idea para ti, ¿no? – me encogí de hombros y ¡por fin! conseguí reunir las fuerzas suficientes para apartarme de encima de él y sentarme a su lado. De nuevo, intentaba saber si había riesgo de que Jack se enterase de aquello y, de nuevo, me sentía estúpida por pensar siquiera en él en un momento como aquel... Definitivamente era idiota. Y aquel chico me afectaba más de lo que me gustaría y querría reconocer.

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Re: Breaking Point {Adriana P. Gregoletto}

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