Starting Over (Rashid Ibn'La-Ahad)

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Starting Over (Rashid Ibn'La-Ahad)

Mensaje por Charlotte Thomas el Lun Feb 10, 2014 2:39 am

No mentiré diciendo que no había sido culpa mía: lo había sido. Tal vez la primera vez que sucedió no, porque estaba firmemente convencida (y más después de que hubiera habido una segunda parte) de que no había hecho nada para merecer que me pusiera los cuernos, pero la segunda había sido culpa mía confiar en él y en que podía ser capaz de cambiar. En el fondo, suponía, era demasiado buena, y por eso había terminado doblemente escamada tras apenas un año y un par de meses de relación sin contar el tiempo que habíamos pasado separados la primera vez. Y en lugar de estar triste o deprimida como lo había estado cuando me había dado cuenta de que el amor es una mierda, esta vez estaba cabreada, tanto conmigo misma por imbécil como con él por doblemente imbécil, mentiroso y cabrón. No solamente se había ido con su “mejor amiga”, esa que a saber cuánto tiempo llevaba comiéndosela sin que yo lo supiera (yo no había querido ni preguntar...), sino que encima mi maldito hermano había terminado por tener razón y eso me jodía casi tanto como los cuernos, porque si en eso había estado en lo cierto, ¿en qué más tendría que haberle escuchado? No quería ni pensar en ello, más que nada porque después de la ruptura lo único que quería era empezar de cero, y así lo había hecho. Muy poco a poco, volví a centrarme en los estudios que no había llegado a abandonar del todo, ignoré aún más que antes los comentarios de la gente, volví a tirarme a todo tío que me apeteciera de los que se me ponían delante e incluso encontré un trabajo... sí, yo. Y ni siquiera era de gogó, que según mi madre era lo único para lo que me valía lo que estaba estudiando (¿amor de madre en estado puro, decías?), sino de camarera en una tetería bastante tranquila en la que, como mucho, de vez en cuando se fumaba hachís, pero nada raro aparte de eso... que era mejor que mi hermano ignorara, por cierto, pero eso era bastante irrelevante a aquellas alturas porque Jack y yo apenas nos hablábamos ya.

Como yo había predicho, no se enteró de que había conocido a Rashid y de que había seguido viéndolo por la universidad más a menudo de lo que me habría gustado, pero sí se enteró (bueno, en realidad todo el mundo lo supo, al paso que iba mi vida iba a ser el argumento del próximo Gran Hermano) de que había salido con el griego yonki, y también de que me había engañado dos veces. De hecho, fue enterarse de que me juntaba con él lo que lo hizo cabrearse más de lo normal y pagarla conmigo, y gracias a eso y a algunas otras cosas yo me puse a salir con Varkatzas, pero en su defensa tenía que decir que desde hacía tiempo incluso me apoyaba... o algo así. Mi hermano nunca había sido la persona más sentimental de la Tierra, y sus detalles conmigo solían ser inexistentes, pero llevaba desde hacía el par de meses que había tenido la bronca padre con el griego apoyándome a su manera e, incluso, llevándome a clase y trayéndome los días de lluvia, que en Londres solían ser la mayoría. Alguna que otra vez me había dejado en el trabajo, pero desde el principio supe que no le gustaba mucho que estuviera allí y por eso preferí pedirle que no lo hiciera, así que los días como aquel que me tocaba currar terminaba yendo andando aunque cayeran chuzos de punta del cielo... como, de hecho, caían. Para no variar, yo no me había vestido adecuadamente porque iba muy fresca para el tiempo que hacía e incluso llevaba zapatillas de tela, por lo que al llegar a la tetería estaba empapada como una sopa y lo primero que hice fue meterme en el vestuario para secarme a la antigua usanza, porque mi jefe estaba por ahí y no era plan de enseñarle que era un monstruito que controlaba el agua. Una vez seca, me puse el uniforme (pantalones negros por las rodillas y una camiseta blanca de manga corta, así como un delantal; mi jefe decía que si no tenía aspecto de princesa oriental no merecía ponerme ropa de Las Mil y Una Noches, y como yo necesitaba el trabajo no me había quejado), unas zapatillas secas y me recogí el pelo en un moño alto y despeinado que tenía las mismas ganas de permanecer en su sitio que yo de trabajar: ninguna.

Para cuando salí, mi jefe ya estaba en su despacho hablando por teléfono, y yo me puse a limpiar y a organizarlo todo antes de abrir para que estuviera impoluta, como si alguien fuera allí por la decoración o algo. Como siempre, había sido tan puntual que me sobró tiempo, y también como siempre cogí los libros que había cogido en la biblioteca (y que me había preocupado por proteger de la lluvia más que a mí misma) y los extendí para empezar con un trabajo porque tenía un margen de un par de horas hasta que empezara a llegar la gente en aquel turno de tarde que empezaba casi a mediodía, aprovechando que tenía horas libres. Como siempre, el ambiente silencioso del local (una vez mi jefe dejó de gritarle al teléfono en árabe y se fue de allí al menos) me ayudó a concentrarme en lo que tenía entre manos, una de mis sempiternas matrices de Harris con las que me peleaba aún más de lo que me gustaría, y como siempre también tuve tiempo de terminar antes de que viniera el primer cliente, porque la imagen que daba estudiando allí era, cuando menos, rara de narices. Sin embargo, antes de que me diera tiempo a recogerlo todo sonó la campanilla de la puerta y tuve que dejar mis cosas en el almacén rápidamente para salir a recibir al cliente... que flipó al verme tanto como flipé yo al verle allí, aunque en el fondo no tendría que haberme sorprendido tanto que Rashid estuviera en una tetería árabe. De pronto, volví a tener diecinueve años y la conversación de hacía unos dos volvía a tener lugar; él se mostraba amable y caballeroso para cambiar de opinión al momento siguiente, y yo... yo, harta de todo y de todos, lo mandaba a la mierda sin remedio. Me mordí el labio inferior, avergonzada aunque al mismo tiempo cabreada (aún) por todo, y me obligué a ser profesional porque mi sueldo dependía de ello, y como mis padres me habían cortado el grifo casi del todo tampoco tenía muchas más opciones.
– ¿Qué te pongo?

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Re: Starting Over (Rashid Ibn'La-Ahad)

Mensaje por Rashid Ibn-La'Ahad el Mar Mar 11, 2014 1:48 am

Todo había pasado demasiado rápido... O no, quizá no. Quizá simplemente había metido la pata hasta el fondo desde el principio pero, por desgracia, no me había dado cuenta hasta que todo había terminado, es decir, hasta que no había sido demasiado tarde. O, bueno, cuando ella se había mostrado como realmente era. Cuando había conocido a Alex por pura casualidad, lo primero que me había atraído de ella era su exotismo, la manera en que su piel morena brillaba bajo la luz del sol, sus enormes y despiertos ojos verdes, siempre llenos de curiosidad, sus labios carnosos que muchas veces me impedían pensar con claridad... Por mucho que al principio me hubiera costado lo mío acostumbrarme a su inocencia y a su aparente desconocimiento sobre la vida en general mentiría si dijera que su forma de ser no me enamoró por completo... o algo así. Por eso, el principio no fue tan duro como había imaginado que sería, más bien al contrario y aquello, la relación o lo que fuera que teníamos se fue convirtiendo poco a poco en un sueño... Sí, algo demasiado bueno como para ser real. Pese a mi archiconocidísimo pesimismo nato, especialmente en aquellos temas, decidí dejar de lado mis malas vibraciones y darle una oportunidad a lo nuestro, entregándome de lleno en una relación con la persona más infantil e inmadura que había conocido nunca... y así me fue.

La culpa de que las cosas acabaran como lo hicieron no fue del todo mía. Sí, yo sabía cómo era ella desde el principio y sí, sabía a lo que atenerme tras conocerla un poco pero jamás me había imaginado que ella pudiera ser tan... rastrera. Yo solo había querido ser bueno con ella, me sentía como si tuviera que protegerla del mundo, un mundo para el que no estaba preparada y que se la comería con patatas a la mínima y yo di la cara por ella, la ayudé, le hice descubrir muchas cosas y ella me lo pagó engañándome con otro. No habría sido tan malo, sin embargo, si ese “otro” no hubiera sido mi hermano pequeño. Porque sí, mi hermano pequeño, aquel que había desaparecido hacía ya muchos años en Irak, estaba vivo y casualmente estudiaba la misma carrera que ella y se llevaba demasiado bien con Alex. Bueno, decir demasiado bien es un bonito eufemismo para decir que el imbécil de Dario, que obviamente había sido criado por unos estúpidos occidentales que le habían enseñado una mierda de valores, lo único que había querido desde el principio había sido conquistar a Alex... Y al final lo había conseguido. La bronca que tuvimos cuando me enteré fue monumental y, no solo eso, si no que ella, además, se hacía la inocente como si no fuera culpa suya... ¿Y de quién era si no? ¿Mía? Al final, le dije que no quería volver a verla nunca más y ella se largó, aún así, tuve que soportar verla por la universidad con Dario, dándose besos, haciendo manitas y comportándose como una estúpida pareja de adolescentes en plena edad del pavo.

Para entonces, la universidad ya me había contratado como una especie de profesor interino aunque aún no había dado ninguna clase en el sentido estricto de la palabra y aproveché que ya tenía mi propio despacho para encerrarme en él día y noche, trabajando y tratando de desconectar y encontrar algún tema de estudio lo suficientemente interesante y atrayente como para ayudarme a olvidarme de todo... Pero fue inútil. Dos años. Dos años habían pasado desde que había pisado por primera vez la universidad de Londres y en aquel momento me sentía como un hombre completamente diferente, como si ya no fuera el mismo y aquel pensamiento me molestaba y me cabreaba. Por eso, aquel día, salí de mi despacho tras comer apenas un sándwich, harto de aquella suerte de rutina que empezaba a llevar y que tanto detestaba y comencé a caminar por las calles de Londres. Necesitaba desconectar, necesitaba volver a sentirme más yo, encontrar algo que me hiciera volver a mis raíces, al punto de partida... Y solo se me ocurría un lugar en el que podría hacerlo. Una vez decidido el destino, tan solo tuve que caminar pensando en quién me encontraría en la tetería. ¿Trabajaría Zahara aquella tarde? ¿O quizá Hadiya tenía el turno de tardes? No podía importarme menos, todas ellas sabían perfectamente cómo tratarme y eso era, precisamente, lo que necesitaba en ese momento. Ellas eran capaces de hacerme desconectar como nadie y, por eso, cuando me encontré frente a la puerta de la tetería no pude reprimir una sonrisa antes de entrar al lugar, acercándome con paso lento y decidido a la zona donde se suponía que alguien debía recibirme.

Alguien que resultó ser la última persona a la que habría pensado encontrarme allí. Charlotte me miraba entre extrañada y sorprendida con aquellos enormes ojos azules fijos en mí, como preguntándome sin hacerlo, de una manera demasiado descarada qué estaba haciendo allí aunque cuando habló su voz sonó llena de indiferencia y sus palabras fueron muy diferentes a lo que parecían preguntarme sus ojos... Esos a los que era incapaz de dejar de mirar. Ella era la hermana de Jack Thomas, el hombre que me había salvado la vida en Irak y a quien creía que mi hermano había hecho algo... No demasiado bueno, como todo lo que hacía Amir. Sacudí la cabeza y me quedé quieto en mi lugar, sin mover ni un solo músculo, lo cierto era que la última vez que nos habíamos visto me había comportado como todo un capullo con ella y, probablemente, era una de las cosas de las que más me arrepentía de los últimos años... Dejando a un lado todo lo ocurrido con Alex aunque, en el fondo, aquello me lo merecía. Ella seguía esperando mi respuesta y yo estaba empezando a parecer un imbécil aún mayor de lo que probablemente ella pensara que era así que me aclaré la voz y, por fin, hablé.

- ¿Estás tú sola? - tras pronunciar aquellas palabras me di cuenta de que no era lo mejor que podía haber dicho y traté de solucionarlo de alguna manera aunque tenía que reconocer que estaba oxidado en eso de hablar con mujeres que me odiaban... Normalmente era yo el que las odiaba a ellas. O algo así. - Quiero decir, ¿no tienes ninguna... compañera? Ellas... suelen servirme. - y, de nuevo, quería darme de cabezazos contra una pared. ¿Es que era idiota? Porque empezaba a parecerlo aunque, ¿cómo iba a decirle a una futura alumna en potencia que quería una shisha de hashish? Suspiré y me pasé una mano por el pelo, nervioso por primera vez en meses y me mordí el labio inferior. - Tomaré... un té. Gracias. - y, sin más, caminé hacia una de las mesas más apartadas del lugar en la cual los sofás llenos de cojines que la rodeaban estaban pegados a la pared y suspiré, dejándome caer sobre los cojines como ya había hecho tantísimas veces en aquel lugar. Inconscientemente me desabotoné los primeros botones de mi camisa y, con los ojos cerrados, esperé a que ella me sirviera. Probablemente debía disculparme, había sido un capullo y ella había demostrado ser una de las pocas mujeres en toda la ciudad con las que realmente se podía hablar... Aunque, en aquel preciso instante, lo último que me apetecía hacer era hablar. Ya me disculparía en otro momento... O lo haría cuando dejara de ver sus enormes ojos azules fijos en mí al cerrar los ojos. Sí, eso estaría bien.

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Re: Starting Over (Rashid Ibn'La-Ahad)

Mensaje por Charlotte Thomas el Miér Mar 12, 2014 4:25 am

Oh. Dios. Mío. ¿Era impresión mía o de verdad era cierto lo que veía, que con el tiempo se había puesto aún más sexy que antes? Porque ya me lo había parecido al principio, cuando ni remotamente estaba tan jodida como lo estaba en aquel momento después del exitazo de la única relación seria que había tenido en mi vida, pero ahora... Ahora era demasiado hasta para mí. Mientras lo miraba con atención, por no decir que me lo comía con los ojos e intentaba que no se me notara demasiado, cosa en la que me había vuelto relativamente buena respecto a cuando nos conocimos, tuve que recordarme más de una y más de dos veces que se suponía que lo odiaba a más no poder porque se había portado como un cerdo la última vez, pero ni por esas dejaba de babear. Tenía el pelo más largo, la típica barba de dos días que a la mayoría de hombres los hace parecer zarrapastrosos pero a los guapos de verdad los elevaba a la categoría de dioses, y su camisa... en fin, que nadie me hiciera empezar a hablar de su camisa o de lo contrario tendría que fregar el suelo de babas y no era plan. ¡Maldita sea, que el tío era el mismo que me había mandado a tomar viento fresco hacía dos años, cuando ni siquiera buscaba algo más que su amistad! ¿Y se suponía que tenía que ser una camarera profesional que lo sirviera y se portara como si no lo conociera o, peor, como si no le atrayeran los hombres a los que ya había conocido hacía ya un tiempo? Porque eso no venía en mi contrato, y difícilmente lo justificaba mi sueldo, así que decidí apartar la mirada de él para poder aclararme y dejar de odiar y querer empotrar al mismo tiempo, y funcionó, o lo hizo durante los tres segundos exactos que le costó volver a cagarla y hacer que pusiera los ojos en blanco ante sus más que patéticos intentos de arreglar un fallo monumental. Yo al menos en el tiempo que no nos habíamos visto había aprovechado para mejorar mis dotes sociales, pero ¿él? Él parecía haberse vuelto aún más incómodo cuando se juntaba con gente que antes, y eso ya era decir.

– Zahara se fue en cuanto se quedó preñada, y en cuanto a Hadiya no solemos coincidir y hoy le tocaba librar, así que estoy sólo yo, pero no te preocupes, no he olvidado cómo servir un té. – repliqué, sin poder evitar sonar mordaz como yo sola pero sin, tampoco, arrepentirme lo más mínimo de haberlo hecho. En aquel momento, después de que él prácticamente soltara que prefería a cualquiera de las otras camareras antes que a mí, me había vuelto toda la molestia de la última vez e incluso escuchaba sus palabras preguntándome si no tenía nada mejor que hacer... Me había vuelto tan rastrera que estaba tentada de usar su misma frase contra él, pero me contuve a tiempo y, a decir verdad, no tengo claro por qué, pero no me importaba, porque al final volví a ponerme detrás de la barra a prepararle el té que me había pedido con toda la calma del mundo. Total, ya debía de pensar que era una simple occidental inepta más que, encima, ni siquiera se vestía como las otras camareras de la tetería, así que ¿importaba realmente que me tomara mi tiempo para prepararle un té a la menta con miel? Siendo mi jefe iraní, era el té por defecto que solía pedir cuando nadie me especificaba más, si querían cosas más complejas debían pedirlas porque de lo contrario yo no tendría ni idea, aunque a nadie parecía caberle en la cabeza que yo no leía mentes y que en cuestión de tés, como en casi todo lo demás, para gustos estaban los sabores y cada persona era un mundo. Con esos pensamientos en la cabeza me dio por mirarlo mientras la bebida hacía infusión, y lo que vi me sorprendió tanto como me hizo poner los ojos en blanco porque, en fin, no podía ser un poco más cliché... Y tampoco podía ser un poquito más sexy, ya que de lo contrario ni andar tranquilo por la calle podría. Estaba recostado sobre los cojines de la mesa más pegada a la pared, con los botones de la camisa lo suficientemente abiertos para dar ganas de acariciarle el pecho pero no lo suficiente para ir buscándolo, y yo como si fuera una adolescente no dejaba de mirarle los pectorales, embobada y molesta conmigo misma. Subí hasta su rostro, que permanecía con los ojos cerrados, y lo que vi me resultó tan extrañamente familiar que por un instante sentí cierta empatía hacia él...

Sólo cuando ya me habían partido el corazón, y ya no sólo una sino dos veces, había sido capaz de entender lo que se sentía siendo engañado por la persona en la que más confiaba. Había visto la misma expresión que tenía él al mirarme al espejo durante bastante tiempo después de mi ruptura, de ambas en realidad, y sabría reconocerla en cualquier parte, incluso en la persona que menos pensaba que tendría siquiera un corazón capaz de amar algo que no fuera la arqueología o la historia. Tal vez fue el reconocimiento, o tal vez que cuando él abrió los ojos y yo aparté la mirada sentí que no estaba sola en mi mierda aunque él no tuviera intención alguna de escucharme o de ayudarme, pero la cuestión fue que terminé de servir el té y, aunque no me lo hubiera pedido, me dirigí hacia la trastienda para buscar una de las cachimbas con hachís que escondíamos allí. En cuanto la tuve, me dirigí con ella y con el vaso hacia la mesa de Rashid y lo puse todo delante de él, que me miraba con una expresión difícil de desentrañar, especialmente si no estaba de humor.
– Mira, cielo, tienes una pinta horrible, reconozco a alguien que necesita despejarse en cuanto lo veo, y sé perfectamente a lo que te refieres cuando dices que Zahara y Hadiya te servían, no soy ninguna ingenua por mucho que ni comparta tu cultura o tu religión. – comencé, y cuando él iba a decirme algo puse un dedo en sus labios y lo paré a tiempo. – Eres un maldito cabrón, mi opinión respecto a ti no ha cambiado desde la última vez y no creo que lo haga a menos que te pongas las pilas y lo intentes, pero ni yo soy tan inhumana para querer que estés aquí deprimiéndote por la vergüenza que te da perdirme esto, así que ahí lo tienes. Ahora, si me disculpas, debería hacer inventario. Si quieres algo llámame, y si quieres el número de Hadiya para que te sirva como te gusta pídemelo, lo tengo guardado y estoy segura de que está lo suficientemente en sus cabales para no decirte que no. – concluí, encogiéndome de hombros y separándome de él para irme hacia la barra otra vez, aunque antes de hacerlo cogí un mechero, de marca Zippo, que tenía en los pantalones y se lo pasé por si él no tenía. Y, la verdad, después de soltarle todo eso no pude quedarme más a gusto... Llevaba dos años queriendo llamarlo cabrón y por fin lo había hecho, una cosa más que borrar de mi lista de cosas que hacer.

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Re: Starting Over (Rashid Ibn'La-Ahad)

Mensaje por Rashid Ibn-La'Ahad el Miér Mar 12, 2014 7:05 am

Había metido la pata una vez tras otra desde que había entrado en la tetería y no sabía exactamente cómo sentirme al respecto. ¿Por qué parecía como si lo único que se me diera bien con la gente en general fuera eso, meter la pata y equivocarme sin parar? Pues porque era cierto, estaba claro. Si no, no tenía manera de explicar mi ineptitud a la hora de dirigirme a Charlotte sin molestarla, logrando como respuesta que ella se mostrara algo borde conmigo y me diera quizá más información de la deseada sobre sus compañeras de trabajo. Lo cierto es que me quedé pensando en sus palabras (casi tanto como en sus ojos), dándole vueltas a la información que me había dado como si fuera de vital importancia, simplemente, porque necesitaba pensar en algo, cualquier cosa, para distraer mi mente de volver a pensar en cosas que no debía... En cosas que tenía que olvidar porque sabía perfectamente lo que era capaz de hacer el odio y... No, aquello no podía ser. No quería acabar como Amir. Suspiré, y aún con los ojos cerrados me dejé llevar por los recuerdos. Zahara. Era una belleza afgana de Kabul, su piel era de color ocre oscuro, tan suave como sus ojos del color de la miel que parecían acariciarte con cada una de sus miradas y, pese a su apariencia exótica tan propia de mi lugar de origen, era sumisa, obediente y complaciente... Como cualquier mujer musulmana. No me extrañaba en absoluto que se hubiera quedado embarazada aunque lo que me extrañaba era, precisamente, que hubiera decidido tenerlo... Aunque no era como si tuviera otra opción. Hadiya por el contrario tenía mucho más carácter que su compañera aunque siempre terminaba por acatar todas y cada una de las órdenes que recibía pese a que a veces se mostrase algo rebelde. Me alegraba de que al menos ella conservara su trabajo. Sonreí con amargura y abrí los ojos, encontrándome con aquellos enormes océanos azules fijos en mí que en cuanto se encontraron con mi mirada buscaron refugio en otra parte. Algunas cosas nunca cambiarían.

Antes de que Charlotte me sirviera el té, se marchó a la trastienda y no pude evitar observarla con curiosidad porque no tenía ni idea de lo que iba a buscar allí aunque lo entendí todo cuando ella dejó la shisha sobre la mesa junto a la taza de té que me había servido. Obviamente, ella no debía saber mucho sobre el funcionamiento de aquello y mucho menos debían dejarla andar toqueteando aquellas cosas. Conocía perfectamente al dueño como para saber que si ni siquiera dejaba que una occidental se vistiera como una princesa oriental mucho menos iba a dejar que usara aquello o que jugara con drogas... Pero mi cara debía de ser todo un poema en aquel momento ya que ella tuvo que explicarme que, al parecer, tenía una pinta horrible y a defenderse diciendo que no era ninguna ingenua y ahí iba a hablar pero me lo impidió, apoyando uno de sus dedos en mis manos y logrando con eso mucho más de lo que pensaba pues entonces me tuvo batallando contra mí mismo para no perder el control y mordisquearle el dedo antes de seguir con su cuello y... Antes de que mis pensamientos pudieran tomar otro cauce muy diverso ella me insultó. No recordaba que me hubieran llamado antes “maldito cabrón”, con aquellas exactas palabras pero sabía perfectamente que aunque me lo hubieran llamado antes nunca me lo podría merecer tanto como en aquel momento. Porque era cierto. Me merecía aquello y mucho más. Y aún así ella parecía que seguía dolida y resentida por lo que había pasado hacía ya tanto tiempo que parecía en otra vida... E incluso me ofreció llamar a Hadiya pero no era a quien quería en aquel momento. Antes de que pudiera decir nada, ella volvió a la barra, dejándome con la shisha sin preparar y el té ardiendo delante de mí.

No me lo pensé demasiado y tras convencerme de que más no podía meter la pata, alcé la mirada, buscándola, y la llamé. - Charlotte. ¿Puedes venir un momento, por favor? - pese a que dudaba siquiera de que quisiera hacer lo que acababa de pedirle, mi voz sonó lo suficientemente sincera como para que ella se acercara a mí aunque sin demasiadas ganas y se plantara delante, esperando a que hablara y le dijera qué quería. - Lo siento. Ya sé que en su día me porté como un capullo y que hoy no he empezado tampoco con muy buen pie pero... - sacudí la cabeza y me aparté el pelo de la cara, encogiéndome de hombros. No podía poner ninguna excusa pero tampoco podía decirle la verdad de por qué no estaba en el mejor de mis momentos... No quería que sintiera lástima por mí porque suficiente tenía conmigo mismo. Suspiré y antes de que ella pudiera responder o reaccionar la cogí del brazo y estiré de ella con cuidado para que, sin tirar nada de la mesa, acabara prácticamente tumbada encima de mí. Disfruté de la sensación, de su cercanía, del calor de su cuerpo e inspiré su aroma antes de hablar. - Cuando te he dicho que ellas solían servirme no solo me refería a eso... - hice un gesto con la cabeza hacia la shisha y atrapé uno de sus rizos con mis dedos, jugando con él. - ¿Sabes lo que es la alheña? Hace tiempo, no te diré cuanto, descubrí lo relajante que es que dibujen por el cuerpo con alheña y cuando venía aquí, además de tomar lo que fuera... Ellas lo hacían. - me encogí de hombros y la miré a los ojos, soltando por fin aquel rizo tan rebelde como su dueña, aguantándole la mirada y perdiéndome, por un momento, en sus ojos. - No quería molestarte ni que creyeras que soy tan estúpido como Said. No todo lo de nuestra tierra es mejor. Y estoy seguro de que a ti te quedaría mucho mejor el “otro” uniforme que a muchas de las mujeres irakíes que conozco. - entonces dejé que se apartara por fin y me senté bien en aquella especie de sofá o diván, desmontando la shisha con manos expertas mientras la miraba de reojo. - ¿Te enseño a preparar esto? Es sencillo y quizá te sirva... Para la próxima. – Ya le había pedido perdón y ahora estaba dispuesto a intentar arreglar lo que había hecho mal con ella la primera vez o, al menos, a intentar empezar de cero... Y desconectar, sobre todo desconectar y olvidarme de todo aquello que no dejaba de atormentarme porque lo necesitaba. Después de todo, ¿por qué si no había acudido a aquel lugar?

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Re: Starting Over (Rashid Ibn'La-Ahad)

Mensaje por Charlotte Thomas el Jue Mar 13, 2014 7:36 am

No. No lo había mirado de reojo ni una vez. No, definitivamente… Vale, sí, lo había hecho, pero ¿qué podía decir en mi defensa? La trastienda estaba ordenada hasta la saciedad, la barra tres cuartos de lo mismo, había terminado los deberes hacía un buen rato porque era así de aplicada y había tenido un buen rato libre hasta que él había venido y no tenía nada mejor que hacer salvo esperar a que se tomara el té rápido y nos librara a los dos de un momento jodidamente incómodo. Aunque, a decir verdad, yo ya me olía que iba a ser así porque es lo que pasa cuando insultas a alguien con quien tienes una historia (o algo así), por caótica que sea dicha historia, así que no creí que me quedara otra que mirarlo de reojo a ver cómo iba… y, cómo no, me equivoqué. Empezaba a resultarme molesta la manía del destino, el karma o lo que fuera que hubiera controlándolo todo (la casualidad, probablemente) de demostrarme que lo que mejor se me daba hacer era equivocarme, pero cuando él me llamó no solamente me demostró que al final no iba a estar sin hacer nada, sino que además puede que él no fuera tan cabrón como creía… pero sólo puede. En su defensa había que decir que se disculpó conmigo (¡por fin!) y que yo casi inmediatamente después lo perdoné porque era así de imbécil y no me venía mal un amigo, aunque me lo llegué a replantear cuando él me dijo lo de la alheña y yo ya estaba imaginándome por dónde iba porque había dado demasiados detalles para lo que a mí me habría gustado y, en fin, algo me decía que eso siempre terminaba con final feliz con la zorra afortunada de mi compañera Hadiya…

Llegada a ese punto sólo me cupo preguntarme si es que era la única en la ciudad que no lo había probado. Porque, por el amor de Dios, llevaba queriendo hacerlo desde que lo había conocido y entre sus ojos y sus labios me había vuelto loca sin siquiera hacer nada, y… Oh. Dios. Mío. Antes siquiera de poder darme cuenta terminé encima de él y ahí fue cuando me pude dar por perdida del todo. Si hubiera estado conectada a una máquina del hospital que refleja las ondas cerebrales las mías habrían estado planas porque no podía pensar ni, la verdad, tampoco quería. ¿Se podía ser un poco más sexy…? Sus palabras las oí de fondo mientras estaba ocupada mirando sus pectorales, luego sus ojos y por último sus labios, que no tuve ocasión de probar porque él se separó poco después, soltando también el rizo con el que había estado jugando y que extrañó su cercanía casi tanto como yo. Por eso, cuando terminó de hablar yo solamente pude asentir para que él me enseñara a montar la cachimba, pero mi atención no estaba por completo donde debía y sólo me enteré a medias del proceso, aunque al final terminó montada y él pudo utilizarla como le viniera en gana. Yo, por mi parte, me levanté y me dirigí de nuevo a la barra para coger un cuenco escondido bajo ella, y con él en la mano volví al sofá, pero no tan separada como había terminado de él sino como me había puesto al principio. En esa posición, me deshice el moño que llevaba y dejé que me cayera el pelo por los hombros libremente, pero antes de que él cogiera ningún otro rizo yo atrapé su barbilla, mordí su labio inferior y lo besé con todas las ganas que tenía acumuladas desde la primera vez que lo había visto, exactamente igual que todas las mujeres de mi clase.

Mentiría si dijera que no fue el mejor beso que me han dado nunca… A él le cogió por sorpresa, pero cuando me lo devolvió me demostró que había hecho muy bien deseándolo y sobre todo besándolo ahora que había tenido la oportunidad, si bien al final tuvo que separarse de mí por la maldita estupidez que era respirar.
– Créeme, también sabía lo de la alheña… Supongo que esta es la mejor manera que se me ocurre de decirte que disculpas aceptadas y que sé que eres mejor que mi jefe, pero no se lo digas, ¿vale? Me gustaría seguir trabajando aquí… – murmuré, volviendo a besarlo pero de manera mucho más corta porque enseguida terminé sentándome a horcajadas sobre sus piernas, relativamente separada para tener más margen de maniobra y porque por mucho que mi subconsciente me gritara que quería hacerlo no estábamos haciendo nada sexual, simplemente iba a relajarlo y a demostrarle que era mucho mejor que Hadiya o Zahara hasta sin intentarlo. Le desabroché el siguiente botón de la camisa y entonces lo miré a los ojos, divertida en cierto modo. – Un consejo, Rashid, a ninguna chica le sienta particularmente bien que hablen de las maravillas de otras delante de ellas… Especialmente si se trata de esto. – añadí, pero sin acritud por una vez, y desabroché el resto de botones de su camisa rápidamente para quitársela y poder tener su pecho ante mí. La visión, francamente, me dejó sin palabras… Es decir, sí, había visto muchos hombres así antes, y probablemente algunos que estaban más definidos que él, pero tratándose de Rashid todo era diferente y su piel dorada llena de cicatrices me llamaba muchísimo más que cualquier otra cosa que hubiera tenido la oportunidad de probar antes.

Ante el nudo que se me puso en la garganta me giré y di un trago al té que yo misma le había preparado antes de abrirle la boca a él y dejar caer el líquido con suavidad para que no se atragantara. Después le acerqué la cachimba, pero en vez de dejar que él fumara lo hice yo y le pasé el humo directamente a la boca, besándolo después y notando el efecto del hachís en mi interior muy levemente, porque apenas había tomado nada y no quería tomar tampoco mucho más. Necesitaba estar lo más centrada posible, aunque fuera mucho pedir, para alejarme de los preliminares y dibujarle algo en el pecho con la alheña, así que me separé y cogí el pincel que había en el cuenco para empezar a delinear sus músculos, primero con los dedos y luego con la alheña. Aunque no fuera la mejor dibujante del mundo me defendía, eso no se me podía negar, especialmente porque había pasado sin problemas las asignaturas de dibujo de mi carrera y si me ponía con algo figurativo al menos se reconocía lo que era, pero ni a él ni a mí nos importaba menos mi talento porque lo importante era que dibujara, y eso hice. Sólo cuando comencé con las formas ondulantes alrededor de sus pezones, en sus pectorales, pude comprender por qué le parecía tan relajante y por qué ninguna de las otras camareras se resistía a servir a alguien como él, ¿cómo podrían? Tenerlo bajo mí me parecía ya lo suficientemente deseable como para sentirme poderosa, y no pude evitar acercarme a su oído y mordisquearle el lóbulo de la oreja, juguetona. – Mejor dejamos lo de la shisha y lo de hablar para la próxima vez… Ahora disfruta. Yo lo haré. – murmuré, sonriendo y después separándome para seguir dibujando sobre el que probablemente era el hombre más sexy que había visto nunca.

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Re: Starting Over (Rashid Ibn'La-Ahad)

Mensaje por Rashid Ibn-La'Ahad el Jue Sep 18, 2014 1:52 am

Primero desmontar las dos partes de la shisha, después llenar la parte de abajo con agua hasta la mitad (aunque ese paso ya estaba hecho) volver a montarla, poner el tabaco mezclado con el hashish en la parte de arriba, cubrirlo con papel de plata y hacerle agujeros y, por último, encender el carbón y colocarlo sobre el papel de plata. Después, darle un par de caladas y comprobar que todo estaba perfecto. Hice aquello en tiempo récord y tampoco me fijé demasiado en si ella se enteraba bien de cómo se hacía porque yo lo que intentaba en aquel momento era no pensar en ella sobre mí, en el calor de su cuerpo, en su aroma atrayente o en sus increíbles ojos azules. Cuando terminé y le di un par de caladas, ella se levantó e inconscientemente mi cuerpo se relajó, como si su simple cercanía me alterase. Y lo hacía. Más de lo que quería reconocer. Cuando ella volvió, se puso tan cerca de mí que ni siquiera me fijé en lo que llevaba en la mano. Había tardado tan poco que no me había dado tiempo a reaccionar o a pensar en cualquier cosa desagradable, más bien al contrario, y cuando se quitó el moño estuve a punto de acariciar su pelo pero ella no me dejó. Me cogió de la barbilla y me besó. Mi sorpresa fue mayúscula aunque cuando finalmente reaccioné le devolví el beso con pasión, dejándome llevar y disfrutando de su sabor, jugando con su lengua y pegándola a mí. No era consciente de las ganas que tenía de besarla hasta que ella lo había hecho y, en aquel momento, lo último que quería era separarme. Quería pegarla a mí, tumbarla en el diván conmigo encima y besar su cuello, acariciar su cuerpo y... hacerla mía. El simple pensamiento me hizo estremecerme y cuando nos separamos, sin aliento, tuve que reprimir un jadeo pues quería más. Sus palabras las escuché de fondo pero estaba ocupado mirando sus labios y sus ojos alternativamente, mordiéndome el labio inferior y tratando de comportarme como un caballero y alguien civilizado, cosa que en aquel momento me resultaba casi imposible... Y aún así lo conseguí, no sé muy bien cómo. No, no quería que la despidieran y mucho menos por mi culpa. Al menos me había perdonado y eso ya era mucho. Pensar en sus palabras me calmé un poco, al menos hasta que ella volvió a besarme antes de sentarse a horcajadas sobre mí. Inconscientemente mis manos fueron hasta sus caderas, afianzandola sobre mí y pegándola más a mi cuerpo. Ella se puso manos a la obra, desabrochándome el primer botón de la camisa y aconsejándome que no hablara maravillas de otras mujeres cuando estuviera con una. Medio sonreí y asentí al tiempo que ella me quitaba la camisa y cogía mi té, dándole un trago antes de darme de beber en la boca. No recordaba que nadie hubiera hecho eso nunca y disfruté con ello, saboreando el té más que nunca y tragando con calma antes de que hiciera lo mismo con la shisha, dándole una calada y pasándome el humo, terminando con un beso, que yo le devolví encantado. Quería más. La quería a ella.

No ayudó que, tras separarse, cogiera el pincel y empezara a dibujar con alheña sobre mi pecho. Tragué saliva y cerré los ojos, echando la cabeza hacia atrás. Tenía que controlarme y relajarme. Sin embargo, no podía hacerlo. No con ella encima. Normalmente el hecho que dibujaran en mi pecho me calmaba, me hacía poner la mente en blanco y no pensar en nada pero en aquel momento era demasiado consciente de ella, de su cuerpo sobre el mío, de sus dedos acariciando mi cuerpo, de lo mucho que me estaba excitando con aquello. Cuando mordisqueó mi oreja, suspiré y asentí ante sus palabras. Aunque quisiera no podría hablar con ella sobre nada demasiado profundo y, por suerte, ella continuó dibujando en mi pecho. Me mordí el labio inferior y traté de controlar mi respiración. Aquello funcionó unos minutos, los mismos que conseguí controlar mi excitación pero, al final, maldije en árabe y abrí los ojos para encontrarme con su expresión de sorpresa porque probablemente no esperaba que soltara aquello, aunque no supiera lo que significara. Sonreí ampliamente y llevando mi mano a su nuca la pegué a mí para volver a besarla. El beso fue tan intenso con el primero, jugué con su lengua y mordisqueé sus labios al separarme, medio sonriendo y buscando sus ojos con la mirada. - Te prometo que no volveré a hablar de las maravillas de nadie delante de ti... Aunque si vas a dejarlas tan mal, me tientas para que lo haga más a menudo, ¿sabes? - acaricié su cuello con los labios y a continuación lo besé con calma. Su piel era tan suave que me incitaba a pasarme toda la tarde acariciándola pero mi cuerpo me pedía otra cosa. Volví a mirarla y mordí su mejilla. - Creo que esto se nos está yendo de las manos, princesa. Al menos a mí. ¿Cómo lo haces? No puedo ni pensar con claridad ahora mismo... Aunque eso, probablemente, sea culpa mía. Pero es que eres todo lo contrario a lo que estoy acostumbrado, eres tan diferente a... - me callé. ¡Por Alá! ¿Cómo podía ser tan estúpido? En serio, lo mío era meter la pata porque si no, que sacara a mi ex novia así sin venir a cuento en la conversación, no se entendía. Aparté la mirada y me aclaré la voz, tratando de pensar rápido en cómo arreglar aquello. Finalmente, sacudí la cabeza y volví a mirarla, sus ojos me ayudaban a ordenar mis pensamientos. Eran hipnóticos. - Lo siento, no estoy en mi mejor momento y tú... Wow. Eres increíble. Y ahora mismo siento que estoy volviendo a meter la pata y que lo mejor sería que me callara de una maldita vez y te dejara hacer porque si no seguiré metiendo la pata y acabarás volviendo a pensar que soy un capullo y... Eso es lo último que quiero. Me gustaría volver a empezar de cero contigo, sin importar quién soy yo, quién eres tú o quién diablos sea tu hermano... - murmuré aquello último, bajando la mirada y dándole una calada a la shisha. Ya estaba, ya había vuelto a meter la pata. Entonces, y tratando de arreglar lo que acababa de hacer y decir, volví a besarla. Eso parecía ser lo único para lo que servía, lo que mejor se me daba y, al menos, al hacerlo dejaba de pensar en todo. En todo excepto en ella. Y eso era lo único en lo que quería pensar. Y eso haría. Acaricié su cintura y subí las manos hasta su espalda, pegándola a mí antes de separarme de sus labios para llenarle el cuello de pequeños chupetones y mordiscos, todo lo que fuera con tal de disfrutar de ella y hacer que olvidara todo lo que había dicho... Solo esperaba que aquello funcionara.

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Re: Starting Over (Rashid Ibn'La-Ahad)

Mensaje por Charlotte Thomas el Lun Oct 06, 2014 2:06 am

Tuve que hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad para limitarme a dibujar con la tinta y no con mis labios, que era lo que su piel más me sugería en una situación como la que estábamos. ¿Le pasaría a él lo mismo? Por mi posición, a horcajadas sobre él, podía darme cuenta de que algo excitado estaba, pero lo conocía lo suficiente (o al menos creía hacerlo, porque en esos casos nunca se sabía...) para saber que él llevaba lo del autocontrol mejor que yo. ¿O no? Porque aquello que dijo en árabe me sonó a maldición aunque yo de ese idioma no supiera nada más que salam alaikum (o algo así), y más por educación que por otra cosa... Pero su tono había sido lo suficientemente expresivo para imaginarlo y yo ya había pasado de la fase de la sorpresa a la fase de esperarme casi cualquier cosa. Y digo casi, no simplemente cualquier cosa, porque que me besara era exactamente lo último que se me habría pasado por la cabeza como opción de comportamiento entre nosotros en aquella situación aunque fuera lo que más me apeteciera. ¿A quién quería engañar...? Él era increíblemente atractivo, me lo había parecido desde la primera vez que lo había visto, y sólo que él no hubiera estado interesado en mí (bueno, vale, y también que me había pasado mucho tiempo molesta con él en teoría, porque en la práctica apenas pensaba en ello) me había impedido lanzarme. Ahora que los dos lo habíamos hecho y él no solamente no se había separado sino que encima me había devuelto el beso no había nada que me detuviera para seguir liándome con él, incluso si eso suponía perder mi trabajo. De pronto me importaba tres cominos lo que pensara mi jefe si me pillaba así con Rashid, o incluso lo que cualquiera que pasara por la calle pudiera opinar; sólo me importaba el momento, dejarme llevar como llevaba queriendo hacer desde que había mandado a tomar por culo al griego (qué elección de palabras más apropiada...) y ya está. Sí, eso quería... Y, por supuesto, eso era lo que no conseguiría.

Cuando él habló fastidió todo un poco (mucho), no tanto por cabrearme sino porque de golpe me cortó todo el maldito rollo, incluso encontrándome encima de él. Lo único que había tenido que hacer para conseguirlo era mencionar a mi hermano Jack, y de hecho fue eso en lo primero que me centré, pero cuando fui capaz de pensar en algo con un poco más de sentido rememoré lo primero que él me dijo y me di cuenta de que, quizá, yo no había sido la única jodida durante esos dos años. A lo mejor, aunque con él era imposible saberlo porque el muy cabrón era tan abierto como un libro sellado y encima escrito en arameo, él también había tenido alguna experiencia tan desastrosa como mi última (y también primera) relación... Y todavía le dolía, como a mí. Darme cuenta de eso hizo que si me quedaba algo de rollo sin cortar en ese momento se hiciera pedazos, y por eso suspiré y me dejé caer a su lado en el sofá, con los pinceles que había usado aún en la mano. Cerré los ojos un momento y después los abrí como si me costara esfuerzo, intentando volver al momento y al lugar en los que me encontraba en vez de perderme en mis recuerdos, que no me harían nada más que daño.
– No cuela, ¿sabes? Besas tan bien que podrías distraer a cualquier otra, pero me temo que yo soy algo más difícil de confundir que eso. – le dije, resignada, y cogí una de sus manos para acariciarle los dedos y la piel con cuidado, más para darme tiempo a mí misma de encontrar algo que decir que no le molestara que por otra cosa. ¿Qué tema podía buscar, vamos a ver? ¿El hecho de que había hecho lo contrario a lo que me había prometido en la frase anterior? ¿O que había mencionado a mi hermano cuando se suponía que no debía hacerlo? Todo eso podría sonar a acusación, y yo más que molesta estaba, en cierto modo, preocupada por él... porque tenía que estar mal para admitir que no se encontraba en su mejor momento, y por lo que fuera a mí me interesaba saberlo para ver si así podía ayudarlo o lo que fuera, que tampoco es que fuera una experta en ese tipo de temas.

– Si quieres que empecemos de cero podemos hacerlo, no hay problema, pero tienes que ser sincero conmigo... Y yo te prometo serlo también contigo. Así que te voy a hacer una pregunta, que puedes contestar o no contestar, pero dado que me has quitado todo el calentón mencionando a mi hermano es posible que me debas al menos un sí o un no, lo demás es ya cosa tuya. – propuse, soltando su mano pero para compensar apoyándome un poco en él en aquel sofá en el que los dos habíamos terminado. – Cuando has dicho que era distinta a ella... Te referías a alguna ex, ¿no? ¿Te hizo daño? No tienes que contestar, ya lo sabes, pero si dijeras que sí... bueno, has ido a encontrar a la persona adecuada para quejarte. – sonreí, amargamente, al terminar de hablar y volví a coger su mano, porque prefería eso que ir a por la shisha y colocarme para olvidar. Lo había probado, algún día que la rabia había sido sustituida por el dolor, y la resaca del día siguiente me había confirmado que era una idea tan mala que prefería estar sobria de todo tipo de sustancias si quería meterme en asuntos espinosos, como aquel. Incluso aunque no me respondiera yo ya me imaginaba por su expresión que había dado en el clavo, y la verdad era que si él había pasado por algo parecido a lo mío lo entendía aún mejor que antes. Compartir esa clase de dolor es lo que tiene, ¿no? De todas maneras, pronto sentí un escalofrío y me acerqué un poco más a él, que seguía en silencio después de que yo hubiera terminado de hablar. Como no quería que se molestara conmigo por haber sacado el tema, decidí que lo mejor sería volver a decir algo, lo que fuera, porque así al menos lo distraería un poco y podríamos volver a estar normales, como antes. Dios, lo que daría por volver a estar como antes con él... Eso nos habría ahorrado algo así como millones de problemas.
– No voy a pensar que eres un capullo aunque metas la pata. Si he sido capaz de conseguir llevarme bien con mi hermano, ¿cómo no voy a darte a ti una oportunidad? Sólo eres un poco desastre... Pero eres un desastre increíble. – sonreí de verdad, esta vez, y le di un beso en la mejilla antes de volver a sentarme donde estaba, junto a él.

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Re: Starting Over (Rashid Ibn'La-Ahad)

Mensaje por Rashid Ibn-La'Ahad el Dom Oct 12, 2014 2:46 am

Definitivamente había metido la pata. Lo supe en el momento en que ella se apartó de mí y se sentó a mi lado como si no importase nada de lo que hacía para intentar que olvidara lo que había dicho. Ahogué un suspiro y cerré los ojos por unos segundos, arrepintiéndome en seguida de hacerlo porque la imagen que me vino a la mente no era la más adecuada para aquel momento pero, al menos, sirvió para que se me borrara cualquier tipo de excitación del cuerpo y es que pensar en mi ex novia saliendo con el que podría ser mi hermano pequeño (porque, básicamente, coincidía con él en todo: nombre, edad, procedencia...) me hacía sentirme como una mierda. Era como si ella se hubiera cansado de mí y me hubiera cambiado por uno más joven y divertido, alguien que la tratara como a una niña pues eso parecía ser lo que andaba buscando... Después de todo era una niña malcriada. Charlotte me sacó de mis pensamientos, confirmando que mis besos y mis caricias no habían servido para hacer que se olvidara de lo que había dicho y yo me limité a encogerme de hombros sin siquiera mirarla. Estaba abatido. Como si de repente hubiera vuelto a aquel momento y todo estuviera pasando de nuevo. No quería ni pensar en ello y, aún así, eso era lo único en lo que podía pensar. Ella me importaba y me había dejado como a un perro en una cuneta. El contacto con su piel al cogerme la mano y acariciarla me reconfortaba y me ayudaba a controlar la oleada de sentimientos que amenazaban con destrozarme por dentro y solo esperaba que ella no se hubiera molestado realmente porque entonces... en fin, prefería no pensarlo. Por suerte ella no parecía demasiado molesta e incluso se planteaba lo de empezar de cero pero me pedía sinceridad... ¿en qué? Había sido sincero con ella, más esta vez que la anterior. Y eso ya era bastante porque yo tendía a ser sincero, otra cosa era que fuera más reservado que lo era... y mucho. Así que supuse que el problema no era la sinceridad, más bien la falta de información... Y lo confirmó con su siguiente pregunta. Cuando me preguntó por Alex, me tensé inconscientemente. Intenté controlarme pero no pude porque además Charlotte quería saber si me había hecho daño. Apreté los puños y la mandíbula y me quedé en silencio. No, no quería hablar de ello, no quería contarle a nadie lo mucho que había sufrido y que sufría por culpa de una niña malcriada... Me sentía traicionado y abatido y lo único que quería era olvidarla.

Se hizo el silencio. No quería responder pero una parte de mí me pedía a gritos que lo hiciera, que me desahogara y que le explicara a alguien cómo me sentía pero no estaba seguro de si Charlotte era la persona más indicada para hacerlo aunque ella me hubiera dicho que sí. ¿Acaso ella habría tenido alguna mala experiencia durante aquel tiempo en el que ni nos habíamos dirigido la palabra? Por una vez la curiosidad pudo conmigo pero fue sustituida en seguida por la sorpresa. ¿Acababa de decir que era increíble? Bueno, para ser exactos me acababa de llamar “desastre increíble”pero... yo no me veía así. Bueno, a ver, a veces era algo desastre y últimamente más que nunca pero increíble nunca habría sido una palabra con la que me hubiera definido así que no entendía cómo podía pensar ella eso aunque entonces la opción de que a ella también le hubieran hecho daño tomó más forma. Sí, sería por eso. - No soy increíble. Un desastre sí pero, ¿increíble? Creo que te equivocas de persona... - murmuré. - Pero gracias. Por todo. – de nuevo se hizo el silencio mientras batallaba contra mí mismo, ¿le contaba lo de Alex o no? Si lo hacía probablemente no pudiera parar una vez empezara y dudaba de que ella quisiera escuchar todo lo que tenía que decir sobre ese tema pero a la vez, si no decía nada, perdería la oportunidad de volver a empezar de cero con ella... Y sabía perfectamente que, de hacerlo, me arrepentiría toda la vida. Finalmente, suspiré y cogí aire antes de hablar. - Con respecto a tu pregunta de antes... Sí. A ambas. Pero dudo que te interese o que quieras escuchar todo lo que tengo que decir así que te lo resumiré bastante: Conocí a una chica, supongo que... no sé, me enamoré y al final resultó que ella no sentía lo mismo y se fue con otro... Un chico que además es probable que sea familiar mío... Pero esa es otra historia. Así que juzga tú misma. - ya estaba, ya se lo había contado. ¿Y por qué no me sentía mejor después de hacerlo? Se suponía que así era como funcionaban las cosas, ¿no? Pues al parecer no porque yo seguía sintiendo, de repente, aquel vacío en el pecho que llevaba ahí desde que ella me había dejado. - Antes has dicho que eras la persona adecuada para que me quejara... ¿Por qué? ¿Has tenido alguna mala experiencia últimamente? No quiero meterme donde no me llaman pero sonabas... ¿triste? - fruncí el ceño y negué con la cabeza. - Y no me gusta que estés triste.

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Re: Starting Over (Rashid Ibn'La-Ahad)

Mensaje por Charlotte Thomas el Vie Nov 21, 2014 12:16 am

Cada vez que se hacía el silencio entre nosotros debía batallar conmigo misma para que el dique que mantenía mis recuerdos del griego a buen recaudo, ocultos tras un perímetro de seguridad, no se fuera a tomar viento, pero a cada momento que pasaba sin que su voz me distrajera me resultaba más y más difícil, como si sólo me hubiera convencido de que debía ser fuerte pero siguiera sin serlo, en realidad. Probablemente lo que me pasaba fuera eso, porque ¿cómo se supone que quedaba una después de que su primer amor la engañara dos veces? Mi hermano me había dicho, bendito fuera porque por primera vez años había vuelto a comportarse como mi familia, que no era culpa mía, pero en el fondo no podía dejar de pensar que, a lo mejor, sí lo era. Había sido yo quien lo había perdonado la primera vez, quien lo había liado para que saliera conmigo pese a que supiera que la monogamia no se le daba bien, y también había sido yo la que se había creído sus palabras cada vez que me decía que me quería. Yo, y sólo yo, había terminado metida en aquel lío del que por fin había salido, sí, pero con las heridas abiertas debajo de tiritas que estaban a punto de caerse porque ya eran viejas y el adhesivo fallaba. Lo único que podía hacer, estando así, era tratar de poner distancia entre los recuerdos y yo para que así pudiera ver si era cierto que el tiempo lo terminaba curando todo, pero no sabía si era capaz, y de hecho ya estaba empezando a pensar que no a juzgar por el hecho de que me había metido vilmente en su vida y por lo que me contó él había sufrido tanto como yo. Genial, no solamente era imbécil y masoquista sino que encima le hacía daño a una persona con la que quería reconciliarme sólo por creer que podría ayudarlo... cuando ni siquiera sabía si era así o no. ¿Podía sentirme peor, encogida como lo estaba en el sofá de mi trabajo a su lado, más maduro y fuerte de lo que yo podría serlo nunca? Seguramente no, pero me sorprendió el hecho de que sí pude sentirme mejor cuando él me dijo que no le gustaba que sonara triste. Me provocó tal oleada de ternura escucharlo que me costó un poco reaccionar, y cuando lo hice bajé la cabeza, más tímida de lo que había sido en muchísimos años.

– Debería sonar cabreada, ¿sabes...? Yo pensaba que ya no podía estar triste, sólo cabreada, pero ya veo que me equivocaba. – farfullé, casi, y sacudí la cabeza, aunque sólo para que el moño se me deshiciera casi del todo y los mechones de pelo me taparan la cara. – Cuando nos conocimos yo era voluntaria en un centro de servicios a la comunidad, una larga historia que quizá te cuente otro día. Allí había un chico con el que tonteaba... muchísimo. Sabía que era imbécil perdido, un egocéntrico y un cabrón, pero me gustaba picarle y además físicamente me atraía muchísimo, así que al final pasó lo inevitable: nos liamos. El problema fue que después de discutir contigo, no sé por qué pero sí sé que no por culpa tuya, empecé a pasar más tiempo con él y, bueno, me pillé muchísimo. Muchísimo al nivel de primer amor, quiero decir. – empecé, cogiendo aire después de semejante perorata y cruzando las piernas a lo indio. A aquellas alturas ya no me sorprendió sonar triste, sobre todo después de que él me hubiera dicho que lo hacía, pero lo que sí que me sorprendía era que cada vez se me atragantaban menos las palabras, como si a diferencia de lo que creía sí que hubiera empezado a superarlo... o algo así. – Empezamos a salir juntos, más porque me empeñé yo que por otra cosa, porque en el fondo sabía que él no valía para eso... Fui una estúpida entonces, y aun así me sorprendió cuando una noche, de fiesta, me puso los cuernos. Me sorprendió y me rompió el corazón, quiero decir, pero volví a ser imbécil y lo perdoné después de pasar una mala temporada. – me detuve, de nuevo, porque me había descubierto rozando con los dedos la zona de mis brazos donde aún me quedaba alguna cicatriz de aquel período en el que había tocado fondo del todo, disimulada pero aún visible. Alcé la mirada hacia él para que no pensara nada raro (y no se diera cuenta de lo que había llegado a hacer, imbécil de mí, por culpa de alguien que no lo merecía) y me encogí de hombros. – Estuvimos otro tiempo después de eso, pero me volvió a poner los cuernos, esta vez con la que era su mejor amiga. Volví a dejarle y, bueno, he estado intentando superarlo desde entonces, así que es normal que suene triste... Aunque debería sonar más bien cabreada. También lo estoy, pero ahora mismo... Bueno, no es lo que más. Así que te entiendo, ¿sabes? Y no voy a juzgarte. No soy quién para hacerlo. – terminé de decir, y una vez más me sorprendió lo que hice, porque después de todo no me veía capaz de sonreír y, aun así, dibujé una sonrisa sincera en los labios, poco amplia, pero al menos veraz.

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Re: Starting Over (Rashid Ibn'La-Ahad)

Mensaje por Rashid Ibn-La'Ahad el Mar Mayo 12, 2015 9:43 pm

Saber que Charlotte también lo había pasado mal y había sufrido por un capullo no me hacía estar mejor. Eso que decían que mal de muchos, consuelo de tontos era mentira. No me consolaba saber que no era el único que estaba destrozado psicológicamente porque quizá yo me lo merecía por haber pensado que una chica cuya máxima aspiración en la vida era encontrar al príncipe azul de las películas de Disney tendría la madurez necesaria como para poder estar en una relación. Pero lo suyo… Lo suyo era diferente. Ella había confiado ciegamente en alguien, se había enamorado, y él había traicionado esa confianza y la había engañado. ¿Lo peor? Que no solo había sido una vez sino varias. En aquel momento y por sorprendente que me pareciera empecé a sentir una rabia incontrolable hacia alguien a quien ni siquiera era capaz de poner cara. Me olvidé de Alex y de Darío por un momento (y era más de lo que lo había conseguido en días e incluso semanas) y me centré totalmente en Charlotte porque, después de todo, era ella quien me necesitaba (o algo así) en aquel momento.

- Espero que sepas que nada de lo que me has contado es culpa tuya… - le dije, apartándole el pelo de la cara para poder verla mejor. La mujer llena de fuerza y energía que había conocido la primera vez parecía haberse esfumado por completo o, al menos, en parte. Aun así podía ver cómo intentaba resurgir de sus cenizas cual Ave Fénix, más fuerte que nunca. Podría haber sufrido, podría estar destrozada por dentro pero eso no acabaría con ella. La envidiaba. Envidiaba su fuerza. Para ser tan joven parecía mucho más madura que cualquiera de su edad. – No fue culpa tuya enamorarte, Charlotte. Y, de hecho, deberías alegrarte de haberlo hecho. ¿Sabes? Muchas personas en su vida ni siquiera lo hacen y, sí, el amor duele, creo que somos el claro ejemplo de ello pero… Al menos hemos aprendido la lección. Espero.

No pude evitar acariciarle el pelo y prácticamente revivir en mi cabeza aquel primer encuentro entre nosotros. Me arrepentía tanto de cómo me había comportado al final con ella, especialmente cuando me había hablado de su hermano. Debería ser sincero con ella. Debería hablarle de lo que había pasado en Irak, de cómo su hermano me había salvado la vida y cómo antes de eso muchos de los nuestros habían apresado sistemáticamente a soldados occidentales para torturarlos y que nunca más volvieran a ser los mismos. Por Alá, ni siquiera yo era el mismo. Si ella supiera las cosas que había hecho probablemente no me hablaría y me miraría con odio y desprecio. Pero ella me había pedido sinceridad y ahora entendía que eso iba mucho más allá de explicarle mi desastrosa y dolorosa vida sentimental. Además, así quizá podríamos dejar de pensar en nuestros respectivos ex, algo que no sabía ella pero yo agradecería enormemente.

- Creo que no me he disculpado lo suficiente por cómo me comporté en el laboratorio. Lo cierto es que sí que conozco a tu hermano y, sinceramente, eso me echó un poco atrás en aquel momento. Pensar que estaba con la hermana del hombre que me salvó y al que muy probablemente los nuestros torturaron… Y si no a él, a amigos suyos. – sacudí la cabeza y me aparté el pelo de la cara, suspirando antes de mirarla a los ojos. – No sé, no me parecía bien. No me parecía correcto que lo único en lo que pudiera pensar fuera en besarte, ¿sabes? Necesitaba apartarme y me comporté como un imbécil. Y… Bueno, quería que lo supieras. Quería ser sincero contigo al respecto, al menos esta vez. Así que… Lo siento.

Me disculpé una vez más aunque aún no me parecía lo suficiente. No podía evitar sentir que solo por el hecho de que ella no supiera las cosas horribles que había hecho en la guerra estaba mintiéndole y engañándole y después de lo que me había contado sobre su ex novio eso era lo último que pretendía con ella. Solo quería arreglar las cosas y que por muy jodidos que estuviéramos ambos al menos pudiéramos tener algo de compañía y apoyo para salir del hoyo en el que estábamos metidos hasta el fondo… Porque se nos notaba. Había sido más sincero con ella que desde que nos conocíamos y eso era raro porque no muchas personas en Londres conocían nada de mis años como mercenario en la guerra… Unos años que me habían cambiado por completo y me habían convertido, en cierto modo, en quien era ahora. Alguien tranquilo y calmado en la superficie pero tan letal como una mina antipersonas en el fondo.  

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Re: Starting Over (Rashid Ibn'La-Ahad)

Mensaje por Charlotte Thomas el Sáb Mayo 30, 2015 11:14 pm

Estaba tan cómoda con él que por un momento hasta llegué a preguntarme cuánto tiempo hacía que no me relajaba del todo con un hombre... La respuesta fácil sería “desde el griego”, pero ni siquiera con él había sido capaz de estar absolutamente tranquila, seguramente porque en el fondo sabía perfectamente que en cuanto yo dejara de estar a la defensiva todo se jodería. Con Rashid, inexplicablemente, eso no me pasaba, y resultaba sorprendente teniendo en cuenta cómo habíamos terminado la primera vez que nos habíamos conocido, pero suponía que los dos habíamos cambiado y que eso de estar igual de jodidos debía de unir bastante. Sin embargo, ahí estábamos, fastidiando al sentido común y hablando tan tranquilamente que yo estaba hasta dispuesta a darme una tregua a mí misma y convencerme de que él tenía razón y no había sido culpa mía... hasta si sabía que, al menos en parte, sí lo había sido. De hecho la conversación estaba siendo tan cordial y normal (hasta si se trataba de una conversación sobre hijos de la gran puta... y luego estaba su ex) que llegó a disculparse conmigo (otra vez. Bueno, otras veces, que lo hizo varias) por nuestro primer encuentro y me explicó por qué se había portado como lo había hecho. Ahí fue cuando, probablemente, la tranquilidad se me evaporó del todo, pero no fue culpa suya (demonios, ¿cómo podía serlo si me acababa de confesar que se moría por besarme!) sino de lo que había dicho acerca de mi hermano. Fue en ese momento cuando todas las piezas del puzzle que llevaba atascado en mi cabeza varios años encajaron y entendí muchas cosas, especialmente por qué había vuelto tan diferente de la guerra la primera vez que fue. ¿Lo habrían capturado? O, peor, ¿lo habrían torturado...? Porque a Mich imaginaba que no, él apenas había cambiado desde que lo conocía, pero Jack... A Jack lo habían vuelto un monstruo, y sólo ahora empezaba a darme cuenta de lo mucho que necesitaba a mi hermano mayor sano y salvo, ya no tanto por mí sino por él.

– Gracias por contármelo. Él nunca ha llegado a hablarme de nada de esto, pero creo que es porque lo que fuera que le pasara allí lo cambió y ya casi ni siquiera es el mismo. Él y yo nos llevamos mal precisamente desde que se marchó, ¿sabes? Y ahora por fin entiendo por qué. O, bueno, no lo entiendo del todo, pero me lo imagino, y eso es suficiente por ahora. – murmuré, y en ese momento tuve un escalofrío tras el que me pegué a él inconscientemente, como si hasta ese momento no hubiéramos estado lo suficientemente cerca o algo. Cuando me di cuenta de lo que había hecho fui a apartarme, de verdad que sí, pero cuando lo miré solamente pude recordar sus palabras diciéndome que se había muerto de ganas de besarme y no lo había considerado apropiado. Tenía gracia porque en aquel momento besarlo sería seguramente lo menos apropiado que podía hacer, sobre todo por lo que habíamos estado hablando, pero eso no quitaba que me muriera de ganas... incluso aunque pensara en mi hermano y se me rompiera el corazón. Por un momento estuve tentada de apartar los pensamientos de lo que le había pasado a Jack y de besarlo, pero pronto caí en la cuenta de que eso no sería justo para Rashid y por eso aparté un poco la cara para que no tuviera demasiadas tentaciones... como si me faltaran, estando él tan cerca de mí.
– Lo siento, la que cree que ahora mismo no es apropiado besarte soy yo... – murmuré, pero le sonreí para que no pensara que estaba enfadada o algo e incluso le apreté la mano en un gesto cariñoso. Era la decisión correcta, estaba segura de ello incluso aunque en mi mente me estuviera insultando en un millón de idiomas porque me moría de ganas de probarlo otra vez, y lo pude confirmar cuando me vibró el teléfono móvil y, al sacarlo, tenía un mensaje de mi jefe. La tranquilidad se me acababa de terminar del todo y además de la peor manera posible, pensé mientras me levantaba como si tuviera un muelle en el asiento y me alisaba la ropa y empezaba a recogerlo todo como una histérica mezclada con el conejo de Alicia, el que llega tarde.
– Oh, Dios, mi jefe va a venir en cinco minutos y como se entere de lo que hemos estado haciendo me despedirá... ¿En qué estaba pensando? ¡No tengo remedio! – farfullé, recogiendo todo (como podía) a toda prisa.

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Re: Starting Over (Rashid Ibn'La-Ahad)

Mensaje por Rashid Ibn-La'Ahad el Dom Feb 14, 2016 1:59 am

Su hermano no le había hablado de nada de lo que le había ocurrido en Irak y solo con que me dijera aquello ya entendía mucho más de lo que me hubiera gustado. Si no había hablado con ella del tema, siendo su hermana, lo más probable era que efectivamente lo hubieran (¿hubiéramos?) torturado y eso explicaría absolutamente todo lo que me había explicado Charlotte sobre su relación con él desde que volvió de Irak. Y yo que pensaba que no podía sentirme más culpable respecto a algo relacionado con ella de lo que ya me sentía… Qué iluso era cuando quería. Y es que en ese momento volvía a echarme en cara a mí mismo todas las decisiones estúpidas que había tomado a lo largo de mi vida, sobre todo, la de meterme a mercenario junto a mi odio injustificado a los occidentales y absolutamente todas las bestialidades que había hecho en el frente.
Por suerte o por desgracia ella me devolvió a la realidad, a aquel momento en aquel lugar, simplemente al pegarse más a mí. Con eso me hizo ser perfectamente consciente de su cuerpo en contacto con el mío, de la fragancia de su pelo y de su aliento prácticamente sobre mis labios. Ni toda la fuerza de voluntad del mundo era capaz de combatir semejante tentación pero ella se apartó de mí, consiguiendo alejar la tentación aunque no demasiado, no lo suficiente… Y mientras se disculpaba, yo solo podía mirarle los labios, seguir sus movimientos mientras intentaba normalizar mi respiración. ¿Qué diablos me estaba pasando? Me estaba comportando como un adolescente, como sin duda Alex se habría comportado con cualquiera que se le hubiera puesto a tiro… Como Darío, por ejemplo. Aquel pensamiento me hizo apartar la mirada, apretando la mandíbula mientras ella se centraba en su móvil que acababa de sonar o, al menos, eso supuse porque ni siquiera lo había oído. Entonces, como si de repente tuviera toda la prisa del mundo, se levantó de golpe y empezó a recogerlo todo, murmurando algo como que ¿la iban a despedir? Conseguí volver en mí a tiempo y la ayudé a recogerlo todo, aun con la ropa descolocada.

– ¿Qué pasa? Viene Said ya, ¿y qué? ¿Es que no puedes servir un maldito té? Y el resto… Vamos, si ellas lo hacen por qué tú no. Lo has hecho mucho mejor que ninguna de las otras empleadas y me has ayudado… Bastante. Y para eso he venido, ¿no? Si Said tiene alguna queja de ti, yo responderé por ti, es lo menos que puedo hacer después de todo. – le dije mientras la ayudaba a recogerlo todo y dejar la mesa y, en general, el local como si allí no hubiera pasado nada. Lo único que dejaba claro que sí que había pasado algo (y no lo suficiente para mi gusto) era mi pecho lleno de dibujos y formas. Me arreglé la ropa rápidamente y cubrí todos y cada uno de sus dibujos, esos que estarían prácticamente durante toda una semana en mi piel, recordándome a ella y a ese momento que habíamos pasado juntos y que me había servido para desconectar más de lo que había hecho en mucho tiempo. – Oye, ya sé que nada de esto parece buena idea y que todo es bastante descabellado como para salir bien pero… ¿Puedo darte mi teléfono? Así, si necesitas hablar puedes llamarme o podemos vernos o… Lo que te apetezca. Cuando te he dicho que quería empezar de cero era cierto.

Antes de que Charlotte pudiera contestar o decir nada escuchamos la puerta justo detrás de nosotros y ambos nos giramos para comprobar que se trataba de Said, que ya había vuelto como había dicho Charlotte que había. En ese momento no podía odiar ni un poco más a aquel estúpido iraní con una cicatriz en el ojo y con pintas de ser igual que mi hermano Amir… O peor. Sabía que tenía familia, de hecho, creía recordar haber visto alguna vez a su hermana y a su hermano pequeño y lo cierto es que me apiadaba mucho de los dos pues parecían más bien infelices y, siendo jóvenes, estando sanos y viviendo en Londres, lejos de toda la muerte y destrucción de su país… No se me ocurría cómo diablos podían estar así. Sacudí la cabeza para apartar aquellos pensamientos y me giré, fingiendo una sonrisa, cuando Said se acercaba a nosotros y me daba una palmada en la espalda.
Cuanto tiempo sin verte, Ibn-La’Ahad, ya pensaba que habías encontrado un sitio mejor… O que habías vuelto a tu país. Tendrás que disculparme, pero hoy solo trabaja ella así que me temo que no podrás disfrutar tanto como siempre… – el tono en el que se refirió a Charlotte me hizo sentir náuseas y una rabia que ni siquiera era consciente de que sentía ya que solo me di cuenta cuando, de golpe, todo a nuestro alrededor comenzó a temblar lentamente y Charlotte inconscientemente se pegó a mí, logrando que me diera cuenta de que aquello era cosa mía. – Charlotte es tan buena o más que el resto, no sé siquiera por qué no la tienes vestida como a las otras… Créeme, ganarías mucha más clientela. ¿No has pensado el efecto que tendría alguien como ella con ropas orientales? A mí me tendrías mucho más a menudo por aquí… - comenté, mirando de reojo a Charlotte y, sin poder evitarlo, sintiéndome mal por hablar sobre ella con su jefe mientras estaba presente. Pero nada de lo que había dicho era mentira y, sobre todo, quería que supiera que lo que le había dicho antes era cierto: pensaba apoyarla con Said.  

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Re: Starting Over (Rashid Ibn'La-Ahad)

Mensaje por Charlotte Thomas el Jue Feb 18, 2016 11:54 pm

¿Y qué? ¿Cómo que y qué? ¿Es que no se daba cuenta de la clase de gilipollas retrógrado que era mi maldito jefe? ¿No había sido suficiente explicarle que no me dejaba ir de princesa oriental porque no lo era y se me notaba para que entendiera qué pensaría si sabía que me había liado con un cliente…? Porque eso podía ser cosa de las chicas que contrataba y que eran de las suyas, pero no mía, de una sucia occidental que a la mínima cosa que hiciera mal estaría en la calle, como los dos sabíamos muy bien. Y, a ver, no necesitaba el trabajo para vivir (no demasiado, al menos, porque con mi padre sí que me hablaba…), pero quería la independencia de tener mi propio dinero y de no depender de nadie y ser una adulta. No quería arruinarlo por ser la misma Charlotte de siempre, la que se acostaba con quien no debía y ponía en riesgo todo lo que tenía sólo por un calentón que, por una vez, parecía compartido. Menos mal, no era la única jodida… Y parecía que quería empeorar su situación aún más al decir que me defendería delante de Said. Casi me tuve que parar en seco (y si no lo hice fue por pura inercia) para asimilarlo, porque no podía creerme lo que acababa de oír: ¿había dicho que iba a defenderme? ¿En serio…? Y no sólo eso, también me había dicho que aunque era una idea horrible (lo que significaba que diría que sí inmediatamente a cualquier cosa que dijera a continuación) quería darme su teléfono por si acaso. Wow. Decir que estaba atontadísima y sorprendida era quedarme muy corta, no pude casi ni reaccionar, y cuando fui a hacerlo el rey de Roma (de Irán, en todo caso) apareció y, cómo no, se dirigió a mí como si fuera un chicle pegado en el suelo. Hasta ahí, todo normal; lo que no lo fue, fue el temblor.

En un momento, la tierra empezó a vibrar demasiado fuerte, como si estuviera empezando un terremoto o algo así, y sin darme cuenta conscientemente de lo que estaba haciendo terminé acercándome a Rashid, cuya presencia sí que noté, cómo no hacerlo. En cuanto lo toqué, el temblor paró, pero antes de que pudiera llegar a preguntarme nada él me defendió (otra vez) delante de Said y yo casi sonreí, casi. Si no lo hice fue porque Said me miró con desprecio y yo aparté la mirada, incómoda.
– Es mi jefe, hago lo que él manda. – admití, encogiéndome de hombros, y Said, satisfecho porque yo no quería buscar pelea (y menos con él…) se encogió de hombros.
– Qué fetiches más raros tienes, Ibn-La’Ahad, y yo que pensaba que ya conocía todos tus gustos. Pero me temo que no voy a dejar que mancille la ropa que ni siquiera puede llenar, es todo huesos, no tiene absolutamente nada. – sentenció, y como si no hubiera sido suficiente me cogió del brazo y me hizo girar sobre mí misma como para demostrar que… ¿qué? ¿Qué estaba delgada? Ya lo sabía, era evidente, tampoco hacía falta que se recreara. – No, me temo que va a seguir así. De hecho, hoy ni siquiera va a seguir, vete al vestuario, has acabado por hoy. – añadió, y como tampoco podía decir nada al respecto me fui a cambiarme de ropa y ponerme la de la calle, que aún estaba empapada, y no me quedó más remedio que secarla a mi manera. Que le dieran, no pensaba coger una maldita pulmonía por salvar las apariencias, me negaba. Después, cogí mis libros, los guardé y cuando estuve lista fiché la media jornada más o menos que había hecho aquel día y salí, encontrándome con que Rashid también parecía listo para irse. Después de echarnos tan sutilmente, no me extrañaba.

– Ya te mandaré el horario. Ahora, largo. – me gruñó, y yo me encogí de hombros y me marché de la tetería, sin ser consciente de que Rashid me había seguido hasta que no me detuvo cuando yo ya había empezado a andar rápidamente, mojándome otra vez en el intento. Él había abierto un paraguas y me lo había acercado, lo cual me obligaba a pegarme a él (con excusa) y a cogerlo del brazo para que pudiéramos caber los dos sin mojarnos demasiado. Como si a mí me importara…
– Siento la escenita, al final ni siquiera he podido contestarte que sí, me gustaría tener tu móvil. Nunca se sabe para qué puedo necesitar hablar contigo o un amigo o… no sé. A ti. – le dije, encogiéndome de hombros y después siguiendo el camino que él estaba marcando por eso de que dirigía la marcha. La verdad, se me había quedado mal cuerpo después de la escena de mi jefe, y por mucho que me gustara la lluvia había refrescado y empezaba a tener frío, así que pasear no era lo que más me apetecía en absoluto. Volver a la tetería no era ninguna opción, más que nada porque si nos había echado era porque iba a hacer alguna cosa ilegal de las suyas y que a mí no me importaban; ir a mi casa tampoco me apetecía, y a la suya… eso me apetecía demasiado para lo que me convenía. Así que o nos buscábamos un sitio donde no empaparnos o nos íbamos cada uno por nuestro lado.
– ¿Y ahora… qué?

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Re: Starting Over (Rashid Ibn'La-Ahad)

Mensaje por Rashid Ibn-La'Ahad el Jue Mar 03, 2016 10:12 pm

Ver la clase control que ejercía Said sobre Charlotte me molestaba. Especialmente cuando ella se limitaba a bajar la mirada y asentir a todo lo que él le decía, como si fuera su dueño y señor y todo lo que él dijera fuera sagrado. No, por ahí sí que no pasaba. Pero esta vez me controlé. Esta vez no hubo temblores y la tierra no se abrió para tragarse a aquel estúpido que trataba a Charlotte peor que a un perro aunque me hubiera gustado hacerlo. Pero no, yo ya no era aquella persona, hacía mucho que había dejado de serlo. Y ahora solo quería que Charlotte volviera a ser la de siempre, tan decidida y con ese carácter tan suyo que parecía que nadie podía pasarle por encima… Una mujer completamente diferente a la que estaba junto a mí en aquella situación: frágil, sometida y sin voz ni voto. No era justo y no pensaba dejar que eso siguiera así por mucho más tiempo. Cuando la cogió del brazo y la hizo girar, estuve a punto de darle un puñetazo en la cara para borrarle aquella estúpida sonrisa de superioridad de sus labios finos, tan agrietados como si siguiera en el desierto. Entonces, mandó a Charlotte a que se cambiara y cuando nos dejó solos me acerqué a él con pasos lentos, como de un animal que acecha a su presa y di una vuelta a su alrededor, poniéndolo notablemente nervioso.
¿Sabes que estás tratando como basura a alguien cuya familia podría o bien meterte entre rejas para toda la vida o, peor, mandarte de vuelta a Irán de una patada, como poco? Yo que tú tendría cuidado, Said. Te la estás jugando demasiado. – y justo cuando terminé de hablar, lo cogí por el cuello desde detrás con mi antebrazo, ahogándolo con una llave que había aprendido de soldados bien entrenados. – Y por si eso no te convence, piensa que como mercenario he hecho cosas peores de las que puedas imaginar y si me entero que vuelves a hacer algo que no me gusta con ella, volveré. Y no para bien. – llevaba casi diez segundos aplicando presión y Said estaba a punto de perder el conocimiento pero justo antes de que lo hiciera, lo solté y me aparté de él con las manos en los bolsillos de mis pantalones y medio sonriendo. Justo en ese momento, Charlotte salió del vestuario y Said le ladró como el perro que era que se fuera y cuando salió por la puerta la seguí, no sin antes dedicarle una media sonrisa a Said. – Recuerda lo que te he dicho. Ya nos veremos, Blackbird. – pronuncié con énfasis su verdadero apellido y le guiñé el ojo. Said usaba un apellido falso para que nadie supiera que su padre era occidental, americano para más señas pero aun así yo conocía la verdad y estaría encantado de recordársela siempre, especialmente si veía en su rostro aquella expresión de ira y odio hacia mi persona.

Cuando salí fuera del local, diluviaba y abrí un paraguas que llevaba siempre en el maletín, acercándome a Charlotte con grandes zancadas hasta detenerla para que se metiera bajo el paraguas y no se empapara… Aún más. Continuamos caminando, pegados para no mojarnos mientras yo pensaba en el mejor lugar al que ir en aquel momento. – Pues ahora pensaba acompañarte a tu casa. Ya sé que es estúpido porque parece que yo vaya dictando el camino y ni siquiera sé dónde vives pero… Era una opción. Si lo prefieres podemos ir a la mía, tengo que darle de comer a Iblís y Bestia lleva casi todo el día solo y con este diluvio universal ni siquiera ha podido salir a pasear, creo que cuando me vea se me va a comer. – me encogí de hombros e hice una mueca. – Supongo que acompañarme a pasear a mi perro no es una posibilidad con este tiempo, ¿no? Pero el caso es que deberíamos ir a algún sitio porque no podemos quedarnos en la calle bajo esta maldita lluvia, ¿te he dicho ya que odio vuestro clima? Es horrible, ni siquiera sabéis lo que es el sol de verdad… - gruñí, recordando los veranos excavando bajo el sol en mitad del desierto y echando de menos esos momentos en los que todo era perfecto y las cosas no se habían salido de madre y mi vida, bueno, era mucho menos complicada. Oh, bendita juventud.

Ambos seguíamos caminando pegados bajo el paraguas mientras decidíamos qué hacer y a dónde pero me fijé claramente en que Charlotte parecía a punto de echarse a temblar de frío y cuando pasamos delante de una cafetería tradicional no me lo pensé mucho antes de agarrar a Charlotte de la cintura para guiarla al interior del establecimiento. – Mientras lo pensamos, ¿qué te parece si te invito a un chocolate caliente o a un café? Tienes pinta de necesitar entrar en calor… Bueno, los dos. – sonreí mientras cerraba el paraguas y justo después le sujetaba la puerta para que entrase. Era la típica cafetería con mesas y sillas o sofás para sentarse pero no era una cadena como un Starbucks o un Costa Café por lo que me gustaba aún más. Había gente de todo tipo: parejas de ancianos tomando té y pastas, jóvenes tomando café y chocolate y riéndose y madres con sus hijos. El ambiente era cálido y muy diferente del de la tetería oriental de la que acabábamos de salir. Ambos nos sentamos en un par de sillones y pedimos al camarero que parecía tener quince años y miraba a Charlotte embobado antes de seguir charlando como hasta antes de entrar. – Lo que ha pasado con Said, ¿es normal? Porque no deberías dejar que nadie te trate así. No lo mereces. Si te vuelve a molestar dímelo, por favor. Me encargaré personalmente de que se le bajen los humos. – comenté, mucho más serio de lo que había estado con ella, probablemente, nunca y cuando terminé de hablar mi expresión cambió y cogí una servilleta y un bolígrafo que llevaba siempre encima para apuntarle mi número a Charlotte. – Toma. Para que no pienses que no iba en serio. Iba totalmente en serio. Puedes llamarme para comprobarlo, si quieres. – medio sonreí, pasándole la servilleta justo cuando nos servían lo que habíamos pedido acompañado de galletas y pastas para el té. Muy inglés todo: un día lluvioso, té, pastas… Hace unos años habría sentido nauseas solo con la imagen y ahora, lo cierto es que ahora estaba a gusto. Aunque probablemente se debiera única y exclusivamente a la compañía…

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Re: Starting Over (Rashid Ibn'La-Ahad)

Mensaje por Charlotte Thomas el Jue Mar 17, 2016 8:32 am

Ya ni siquiera sabía si era una buena o una mala idea ir a mi casa. Hacía tiempo que era solamente mía, que ya no quedaba nada que me recordara a mi ex, en parte por mi cabreo al romper y en parte porque mi hermano había sido de ayuda por primera vez en su vida y me había obligado a eliminarlo de mi vida por completo. Aun así, llevarlo a mi casa significaría que no podría evitar lanzarme, y eso era lo que no sabía si era apropiado… hasta si mi maldito cuerpo me traicionaba y me descubría pegándome a él como si no existiera el mañana. Pero, a ver, ¿alguien podía culparme? Al margen de que él fuera un caballero conmigo y que se ofreciera a cubrirme con su paraguas, lo cual me obligaba a estar cerca para que el gesto no fuera en vano, estaba helada, y su cuerpo desprendía un calor la mar de agradable que me ayudaba a entrar en calor… o esa era mi excusa, porque realmente hasta que no llegamos a aquella cafetería no dejé de estar completamente congelada. Menos mal que no había aceptado su oferta de ir a su casa de inmediato, porque sabía que, de hacerlo, no habría habido nada ni nadie que me hubiera impedido lanzarme a su cuello, lo cual habría sido incómoda porque estaba bastante segura de que me habría apartado… o de que nos habríamos acostado pero las cosas habrían estado extrañas porque nosotros mismos lo estábamos. Y sin embargo, pese a que mi mente tuviera muy claro que liarme con él era una idea horrible en aquel momento, mi cuerpo no parecía captar muy bien la idea, porque en cuanto entramos sólo tuve ojos para él (aunque el camarero fuera adorable, todo había que decirlo), y en cuanto tuvimos las consumiciones delante yo aproveché para levantarme de mi sofá y sentarme en el suyo, muy pegada a él porque el espacio era el justo. Y yo me había dicho que debía apartarme… Un aplauso para mi lógica y para mí, que estaba acurrucada contra él, medio apoyada en su pecho, con el chocolate en el regazo y acercándome para darle un beso en la mejilla.

– Te creo, de verdad. No te voy a llamar para comprobar que es tu móvil porque confío en ti. – le dije, aprovechando para guardar el número en mi teléfono (no estaba dispuesta a que se me borrara la servilleta por guardarla en mi ropa mojada) y a sabiendas de que, quizá, no debería creerlo… Aún tenía en la cabeza el temblor que había sucedido en la tetería aunque ninguno de los dos habláramos de ello, sabía que era posible que hubiera tenido algo que ver con él pero no estaba segura, y tampoco me parecía bien preguntarle. Además, había algo salvaje en él; por mucho que se comportara como un maldito caballero que hasta me había rodeado los hombros con el brazo para darme más calor humano, intuía que había un lado de él que podía descontrolarse y que seguramente lo haría… aunque probablemente no delante de mí. Ni siquiera contando con mi suerte para sacar lo peor de todos aquellos hombres con los que terminaba juntándome. – Y no te preocupes por Said, ¿vale? Trata así a todas. A mí peor porque soy occidental, pero me da igual mientras me pague, tampoco planeo quedarme toda mi vida en ese trabajo, así que no tienes por qué gastar tu tiempo en eso. Quiero creer que sé cuidarme sola… y además últimamente me llevo bien hasta con mi hermano. El único hombre que me trata mal es Said. Ya ni mi ex, aunque bueno, él es para darle de comer aparte. – reflexioné en voz alta, y cuando terminé me encogí un poco de hombros y mojé una pasta en el chocolate caliente para comérmela y disfrutarla de la mejor manera posible. Aunque, realmente, eso era engañarme a mí misma, porque una manera mucho más satisfactoria de disfrutar el chocolate sería con él, en un lugar más íntimo que una cafetería llena de gente que, aunque estaban a lo suyo, seguían siendo posibles espectadores… y eso no me gustaba.
– Es gracioso, Rash, tú y yo siempre terminamos en bares… Pero espero que no acabemos como cuando nos conocimos. – comenté, y al darme cuenta de lo que había dicho (de la posibilidad de acabar tan mal como entonces) cambié de tema enseguida. – No me importaría ir contigo a pasear a Bestia y a alimentar a Iblís. Suena divertido. – le dije, sonriendo, y callándome que mis motivos para querer ir a su casa no tenían todo que ver con sus mascotas… Por mucho que quisiera convencerme de que sí.

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Re: Starting Over (Rashid Ibn'La-Ahad)

Mensaje por Rashid Ibn-La'Ahad el Sáb Abr 02, 2016 11:24 pm

No sabía cuál era la razón exacta de cómo me sentía en aquel momento. La sangre hervía en mi interior a consecuencia de las cosas que me contaba Charlotte, cosas que en teoría parecían nimiedades inofensivas y que mi mente desglosaba y analizaba concienzudamente lo suficiente como para entender el significado oculto de sus palabras. Para empezar, ella confiaba en mí cuando yo sabía perfectamente que aquello no era lo más sensato del mundo porque, en fin, me conocía a la perfección y sabía que no era digno de tanta confianza por mucho que con ella me comportase mejor que con nadie en mi vida. Y es que no podía evitarlo, casi desde que la conocía, ella había tenido tal efecto en mí que me había hecho mandar las cosas a tomar viento la primera vez. Pero esta vez esperaba que fuera diferente, ambos éramos diferentes, habíamos cambiado y estábamos mal y quizá eso era tan peligroso o más que cualquier otra cosa. Sin duda, si su hermano pudiera vernos en aquel momento, sentados en el mismo sofá, conmigo rodeando sus hombros y pegándola a mí para darle calor, él querría matarme. De hecho, desearía no haberme salvado la vida aquella vez hacía ya lo que me parecía una eternidad en Irak. Eso como poco. Pero si su hermano supiera cómo la trataba Said, esperaba que sintiera lo mismo que yo: aquella rabia hirviendo dentro de mí que me hacía estar tenso hasta en ese momento en el que no había razones para estarlo. Lo mejor sería relajarme porque Charlotte podría pensar que estaba así por ella cuando, realmente, era lo mejor que me había pasado en todo el día… Por no decir en semanas o incluso meses. Dejé escapar un suspiro y traté de acomodarme mejor en mi asiento, pegándola a mí con firmeza mientras acariciaba de manera distraída sus rizos con la mano con la que la estaba rodeando. Podría acostumbrarme aquello…

Supongo que por el contexto habrás imaginado que Iblís es mi gata… y Bestia mi perro. Bueno, realmente Bestia era de mi ex… O algo así. Lo rescatamos de la perrera juntos pero me lo llevé a mi casa. Y ahí sigue. Es enorme y parece que tenga malas pulgas pero en el fondo solo es como un cachorro grande y quiere jugar siempre. Estoy seguro de que le gustarías… – comenté, aprovechando que ella había cambiado de tema y siguiendo con él para intentar no hablar de cosas demasiado dolorosas y, finalmente, fracasando estrepitosamente en el intento. Parecía como si Charlotte y yo fuéramos incapaces de no mencionar a nuestros ex cada cinco minutos y la entendía tanto y tan bien que, en el fondo, me alegraba de no haber ido a mi casa porque estaba seguro de que, en nuestro estado, habríamos hecho algo de lo que quizá luego nos arrepentiríamos… O eso o estaríamos incómodos cada vez que nos viéramos, no estaba seguro.
Ya sé que esto es de lo último que querrás hablar, especialmente con todo el tema de tu ex y todo eso pero prefiero hablar las cosas antes de acabar mal… otra vez. No me gustaría hacerte daño… Más, quiero decir. No te lo mereces. – comencé, introduciendo el tema del que iba a hablar a continuación, uno más delicado y que parecíamos esquivar como profesionales cada vez que podíamos por mucho que se notara a la legua que ambos pensábamos (o al menos sentíamos) lo mismo al respecto. – Charlotte… Me gustas. Nos hemos visto poco y no siempre hemos acabado con buen pie pero tu manera de ser… Eres como un huracán. Hay un antes y un después de ti. Y eso me encanta. Pero ahora, verte así… Me encantaría hacer algo por ti, ayudarte… Pero estoy seguro de que lo que ambos pensamos, al menos hoy, no ayudaría más que durante un tiempo limitado. Y ya que confías en mí, como has dicho, me gustaría… No sé, ¿ser de más ayuda? – me encogí de hombros y bebí un poco de café para intentar aclarar mis ideas. Cualquiera diría después de semejantes incoherencias que estaba acostumbrado a hablar en público. – Lo que quiero decir es que quiero ser tu amigo o… como quieras llamarlo. Estar ahí si me necesitas y ayudarte. Quiero que vuelvas a ser la Charlotte de antes. Vamos, que estés bien otra vez… Por Alá, todo esto en mi cabeza sonaba mucho mejor. Lo siento. – sacudí la cabeza y me aparte el pelo de la cara antes de volver a beber un poco más para ver si con lo que quemaba me callaba y pensaba antes de hablar… Aunque ya lo había hecho y había sido un desastre. Quizá el secreto era no pensar y dejarse llevar… Quizá llevaba toda la vida haciéndolo mal… Y así había terminado.
Y… ¿Sigues estudiando? Debes de estar ya en ¿cuarto? Porque no has terminado aún, ¿no? No se me dan muy bien los números y eso que las fechas sí que debería controlarlas bastante para lo mío pero… ya me entiendes. – me encogí de hombros y suspiré, mirándola y sin poder evitar sonreír. – ¿Ves cómo antes tenías toda la razón del mundo? Soy un completo desastre. Pero al menos te tengo a ti, ¿no?

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Re: Starting Over (Rashid Ibn'La-Ahad)

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