From Dusk Till Dawn || {Angelo Sforza}

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From Dusk Till Dawn || {Angelo Sforza}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Lun Abr 14, 2014 2:14 am

Estaba segura de que mucha gente se preguntaría qué podría estar haciendo la hija del mafioso más buscado de toda Italia un Martes por la tarde aunque también estaba más que segura de que la respuesta a esa pregunta les decepcionaría sobremanera puesto que lo que hacía aquella tarde no era nada más y nada menos que trabajar. Pero no, no tenía que hacer nada peligroso como preparar una transacción de armas entre irlandeses e italianos o atacar a los camellos de las mafias rivales para demostrarles quienes tenían el verdadero control sobre una zona u otra de la ciudad... Aquella tarde me tocaba servir copas en un bar-discoteca en el que no había demasiada gente. Bueno, lo cierto es que estábamos yo, un chico cargando cajas y arreglando el almacén y cuatro borrachos que bebían whisky solo desde que habíamos abierto. Así que allí estaba yo, sentada en la barra, tomándome un chupa-chups y muerta del aburrimiento. Llevando el top roto y los shorts vaqueros que componían el uniforme y mirando mi móvil con ganas de que dieran las diez o las doce o la hora que fuera para poder irme a casa de una maldita vez y... ¿Y qué? Estar en Wolfsbane era lo mejor que podía hacer en aquellos momentos si no quería pensar en cosas que no debía como, por ejemplo, cómo mi vida estaba patas arriba desde hacía ya unos meses.

De golpe, un mensaje me sacó de mis pensamientos. El típico tono de mensaje del iPhone me hizo volver a centrarme en mi móvil y alcé una ceja al leer en la pantalla que Maus iba a tardar en venir. Normalmente, aquello no me habría sorprendido porque suponía que sus cosas tendría que hacer porque era como Dios o algo así pero lo que me sorprendió fue que, literalmente, el mensaje decía que había conocido a una chica y por eso iba a tardar... La cara que se me quedó debía de ser muy cómica porque mi compañero de trabajo, un italiano de apenas dieciocho recién cumplidos, se rió al  pasar por mi lado y comentó algo sobre que por mi cara debían estar ofreciéndome como poco un trío. Críos... Sacudí la cabeza y respondí rápidamente el mensaje. Aquello era lo más entretenido que me había pasado en toda la tarde así que decidí aprovecharlo y escribirle que no me importaba, me las apañaba con Francesco, pero que en cuanto llegara tendría que contármelo absolutamente todo con pelos y señales y, bueno, lo que surgiera. Entonces, guardé el móvil y continué observando el panorama que me esperaba tragarme durante las próximas horas y tuve que reprimir un bostezo. Esperaba que, al menos, cuando Maus llegara me trajera cotilleos y noticias frescas porque si no... No quería ni pensarlo. Finalmente, me bajé de la barra, subí el volumen de la música del local porque aquello parecía más un velatorio que un bar y, moviéndome al ritmo de la música y aún con el chupa-chups en los labios comencé a ordenar las botellas que había detrás de la barra. Después de todo, algo tenía que hacer, ¿no? Lo que fuera con tal de no pensar demasiado y, por una vez, lo estaba logrando. ¡A ver cuánto me duraba!

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Re: From Dusk Till Dawn || {Angelo Sforza}

Mensaje por Angelo Sforza el Sáb Jul 05, 2014 10:07 am

Apenas sabía qué día era. Solía pasarme a menudo cuando estaba en la calle, un día se mezclaba con el siguiente y con el anterior como una rutina horrible que se repetía igual siempre, daba igual si estaba en Milano o en Londres porque en ambas ciudades había terminado sin casa. La casera me había echado, no sé por cuánta vez consecutiva ya, y yo había perdido la cuenta del tiempo que llevaba sin una casa, arrastrando mis cosas de aquí para allí, para cuando me Maus contactó conmigo. Como mi única manera de sobrevivir era robar, se suponía que no debía ser fácil contactar conmigo, pero él era un mafioso italiano que desde que yo lo conocía parecía tener un sexto sentido para salirse con la suya, así que ni siquiera me extrañó que terminara encontrándome y que me ayudara. Aunque al principio me negué (por orgullo), al final el hambre me hizo rendirme a la evidencia de que así no podía seguir, y por eso él empezó a ayudarme a robar dinero hasta que pagué a la casera y pude volver a la buhardilla. Se le notaba en la cara que eso no era lo que él quería para mí, que prefería dejarme el dinero simplemente y ya estaba, pero también sabía que yo no aceptaría y por eso no me lo había discutido. Parecía mentira, pero lo conocía sorprendentemente bien dadas las circunstancias, y eso no sabía cómo tomármelo. Probablemente bien, supongo... Era un amigo; mi único amigo. Pero también era un mafioso, y eso nunca traía nada bueno, no necesitaba recordar a Leone para saberlo bien. Aun así decidí arriesgarme, y eso fue lo que me hizo terminar allí y así.

Seguía sin saber qué día era, probablemente entre semana porque no había mucha gente, aunque a media tarde nunca solía haberla (salvo los turistas. Pero en Londres hay turistas siempre, así que eso no es de extrañar). Había quedado con Maus el día anterior, ¿lunes quizá?, porque últimamente solíamos vernos para que él siguiera intentando ayudarme y yo siguiera diciéndole que no necesitaba caridad. Se había convertido en una especie de costumbre que no me disgustaba porque sabía que esa era su manera de preocuparse y suponía que era... agradable, que alguien lo hiciera por una vez. Desde Natalia, al menos. Y sabía que aunque ella hubiera tenido algo que ver en el interés de Maus, él era sincero, en lo que podía contarme al menos. Yo no le presionaba porque valoraba mi cuello y no quería secretos de mafiosos condenándome a visitar el fondo del Támesis, así que de momento nos iba bien. Por eso acepté cuando me dijo de ir a Wolfsbane, pero en cuanto entré y vi que él no estaba y que quien sí estaba era Adriana (incómodo, muy incómodo) a punto estuve de irme otra vez a casa o a donde fuera. Tuve que obligarme a pasar hacia la barra, tan rápido como si estuviera huyendo, y una vez allí a murmurar la bebida que quería (una Nastro Azzurro) para que me la sirviera alguien, a ser posible no ella. Y, por supuesto, fue ella la que lo hizo, así que no me quedó más remedio que saludar con un parco ciao. Tampoco sabía qué más decir, de todas maneras.

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Re: From Dusk Till Dawn || {Angelo Sforza}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Vie Jul 25, 2014 1:34 am

Había ordenado las botellas en orden alfabético y cuando terminé no había pasado ni una hora, así que volví a quitarlas todas y empecé a ordenarlas por su graduación, tratando de recordarla de memoria y, cuando no lo hacía, me tocaba mirar la botella. Eso me haría tardar más o, al menos, eso pensaba mientras quitaba botellas de detrás de la barra y volvía a colocarlas. Mientras lo hacía, pensaba en lo que no debía. Carlo probablemente estaría pensando ya en vengarse de mí o, al menos, en demostrarle a Jack que nadie le plantaba cara y podía largarse de rositas. Hacía días que no lo veía, prácticamente me evitaba y tan solo yo conocía la razón: No quería partirme el cuello con testigos. Si me ponía una sola mano encima con cualquiera delante no saldría bien parado y lo sabía perfectamente así que prefería calmarse y preparar su venganza con calma... Y aquello era lo que más miedo me daba. Sacudí la cabeza y traté de volver a centrarme en las bebidas alcohólicas, saboreando en mis labios el chupa-chups y mordiéndome el labio inferior. Lo mejor sería olvidarme de Carlo, al menos durante aquella tarde, y no pensar en todo lo que podría llegar a hacer, simplemente, por vendetta. De hecho, era el italiano que más a pecho se tomaba lo de la vendetta de todos los que conocía y eso que la mayor parte de personas que conocía eran italianos por razones obvias... Pero ninguno era como Carlo. Leone era único porque, después de todo, él no había nacido así, lo habían hecho y por eso era peligroso. Estaba más que segura de que aún me guardaba rencor por todo lo que había pasado hacía años y parecía como si solo quisiera darle más razones para que me odiara y deseara verme muerta pero, ¿qué podía hacer? No lo soportaba y odiaba que quisiera controlarme como si de algún modo fuera suya cuando no podía haber nada más lejos de la realidad.

No llegué a profundizar más en ese tipo de pensamientos, en si yo le pertenecía a alguien o si alguna vez lo haría (y mejor que mejor porque, por mi parte, quería seguir siendo libre durante mucho tiempo, gracias) porque escuché la puerta abrirse a mis espaldas. No me giré pues supuse que sería otro borracho que quería un whisky y estar en un sitio con un ambiente tan decadente como el que reinaba en aquel momento en Wolfsbane pero me sorprendió escuchar una voz que me resultaba tremendamente familiar pidiéndome una cerveza (y para más sorpresa, una italiana). Busqué un botellín de Nastro Azzurro en la nevera y se lo serví al tiempo que observaba a mi nuevo cliente, sorprendiéndome al ver que se trataba de Angelo Sforza, el chico al que casi mato de una paliza por intentar robarme. Una punzada de culpabilidad me atravesó en cuanto me fijé en que se trataba de él pero, al segundo siguiente, la culpabilidad dejó paso a otro sentimiento muy diferente que ni siquiera sabía, al menos hasta aquel momento, que él me despertaba. - Ciao, angioletto. - lo saludé, medio sonriendo porque aquel apelativo cariñoso le iba que ni pintado ya que, a parte de llamarse Angelo, parecía uno con aquellos enormes ojos azules de cachorrillo con los que miraba. Me mordí el labio inferior, mirándolo o más bien estudiándolo, mientras volvía a llevarme el chupa-chups a la boca. El chico era guapo, bastante, y estaba mucho más arreglado que la primera vez que lo había visto, cuando lo había confundido con un indigente. Ahora, sin embargo, delante de mí había un hombre que me incitaba, sin hacer nada, a querer hacer muchísimas cosas. - Cosa fai qui, vita? Y más a estas horas... Solo hay borrachos que no tienen vida y, bueno Francesco y yo pero porque trabajamos aquí. - me encogí de hombros y ladeé la cabeza, creyendo entender por qué estaba allí. - Ah! ¿Esperas a Maus? Va bene, me ha dicho que tardará un poco en llegar, ha conocido a una chica y al parecer ha sido un flechazo. Así que me parece que te tendrás que conformar conmigo. - me mordí el labio inferior y le guiñé un ojo, apoyando los codos en la barra y la cara en mis manos, mirándolo desde mucho más cerca, para poder estudiarlo mejor. - ¿Y qué es de tu vida, cucciolo?

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Re: From Dusk Till Dawn || {Angelo Sforza}

Mensaje por Angelo Sforza el Miér Ago 13, 2014 6:10 am

En Milano en verano hacía un calor de mil demonios, tanto que el asfalto del suelo de las calles siempre parecía ablandarse y moldearse bajo tus pies cuando pasabas por él. Londres era muy distinto, allí siempre hacía algo de fresco aunque estuviéramos en pleno agosto, y como yo además era friolero siempre terminaba llevando algo de manga larga, que en momentos como aquellos me servía como una buena excusa para tener algo en la mano que poder estrujar y apretar de forma semiinconsciente. Estaba nervioso. No llegaba al punto de estar atacado, tenía que ser una situación muy extrema para que yo pareciera nervioso en vez de lo simplemente incómodo que, lo sabía, aparentaba estar siempre, pero cerca estaba... y el motivo era Adriana. Una persona normal que hubiera visto lo que yo había visto (ella convirtiéndose  en un monstruo) seguramente la temería por eso, pero si yo la respetaba y me la tomaba con precaución era más bien por su profesión... por la otra, no la de camarera. Supongo que lo de ser una persona normal nunca había sido lo mío. Tampoco me importaba demasiado no serlo, y menos en un momento en el que estaba algo ocupado mirándola a la cara mientras ella ponía el chip de italianidad a funcionar y se deshacía en motes cariñosos (creo) conmigo. Nadie me había llamado angioletto desde Natalia... Nadie había tenido motivos para hacerlo porque no se lo había permitido, y precisamente Natalia fue de quien me acordé cuando ella dijo que Maus estaba con una chica y por eso no había podido venir. ¿Habría sido capaz de olvidarla...? Lo dudaba. Si alguien la había apreciado más que yo, ese era él, sin ninguna duda, y la herida que había dejado su muerte era difícil de curar, lo sabía porque a mí aún me dolía. Sin embargo, en el fondo y si lograba ignorar que a mi yo niño le molestaba que alguien pudiera ocupar el lugar de un ángel como Natalia, apreciaba a Maus lo suficiente para alegrarme también por él. Se lo merecía.

– Sí, estaba esperando a Maus, me dijo ayer que estaría aquí, pero si está ocupado y molesto puedo volver luego... – comencé, pero la cara de Adriana fue un poema hasta para mí, que era bastante inepto en cuanto a relaciones sociales, y me mordí el labio inferior. – O, pensándolo bien, puedo quedarme... No tengo móvil al que pueda llamarme, así que siempre puedo esperarlo aquí y... esto... ¿entretenerte? – pregunté, con el ceño fruncido por la incertidumbre, y me pasé la mano por el pelo para echármelo hacia atrás. Lo llevaba largo desde que había llegado a Londres, en parte porque no tenía dinero para cortármelo y en parte porque era algo tan diferente al pelo corto que llevaba en Milano que suponía que me haría parecer otra persona el tiempo suficiente para poder esconderme de quien me persiguiera. El problema era que, a veces, se me terminaba por caer a la cara, y la manera de apartármelo me hacía parecer un chulo de barrio... de los de putas y de los que no. Supuse que fue por eso y no por mi más que conocida incomodidad que ella puso cara rara, pero en el fondo sabía que no era por el gesto, sino por mi actitud decididamente poco sociable. Al menos eso era lo que (seguro) que estaba mirando raro el otro chico, Francesco, porque aunque estaba hablando en italiano era lo menos italiano de la Tierra y eso era un hecho que demostraba hasta sin quererlo. Cuando vio que lo estaba mirando murmuró entre dientes algo de por dónde podían darnos a los norteños y murmuré entre dientes un insulto en milanés como respuesta, que lo hizo callarse y volver a lo suyo. En ese momento yo me remangué las mangas y di un trago a mi cerveza antes de volver a dirigirme a Adriana como si nunca hubiéramos dejado de hablar.
– Pues... Mi vida va como siempre, creo. Algo mejor, ahora que me relaciono con Maus, pero eso siempre ha sido así con él. Estoy planteándome cambiar de piso, pero no sé ninguno tan barato como en el que estoy... y eso que es caro de narices. ¿A ti cómo te va? – me arriesgué a preguntar, con la curiosidad de saber si seguía mezclándose demasiado con Leone o si había recapacitado al respecto.

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Re: From Dusk Till Dawn || {Angelo Sforza}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Miér Ago 13, 2014 10:40 pm

Estaba harta de tener que elegir siempre entre esto y lo otro, lo bueno y lo malo, mi padre o mi hermano y una larga lista de cosas sobre las que desde siempre había tenido que elegir. No lo soportaba y por eso ver a Angelo allí significaba, en cierto modo, un respiro de todo aquello. Él no tenía nada que ver con mi familia y, a la vez, sabía quiénes éramos y lo que hacíamos. Era extraño y a la vez agradable no tener que fingir con alguien y además poder dejar a un lado toda la mierda que venía unida a mi familia o, al menos, centrarse solo en la parte buena y pensaba aprovecharlo al máximo. Necesitaba un respiro y, en aquel momento, mi respiro tenía los ojos azules y pinta de no estar demasiado cómodo aunque no sabía si era por la situación o por mí. Recordaba la última vez que nos habíamos visto, bueno, la primera y la última en realidad y había estado a punto de perder el control un par de veces de hecho... De hecho creo que lo hice. Sí, Carlo me había sacado de allí para que no les hiciera daño a Maus y a él pero, ¿realmente Angelo había llegado a ver algo de aquello? No tenía ni idea, era incapaz de recordar nada de lo que me pasaba cuando perdía el control y si lo había visto entonces tendría razones de peso para sentirse incómodo conmigo... Y adiós a mi respiro. Aunque, bueno, Angelo parecía ser así de normal y al menos me respondió y, como pensaba, me confirmó que estaba allí porque había quedado con Maus. Y dijo que si molestaba se iba. Mi cara debió de ser un poema porque el chico no tardó demasiado en rectificar y decir que mejor se quedaba y, de nuevo, no supe si fue exactamente por mi cara o por lo que había visto si es que había llegado a hacerlo. Pero me olvidé algo de eso cuando me propuso entretenerme, alcé una ceja inconscientemente y medio sonreí porque estaba segura de que a mí se me estaban ocurriendo formas muy diferentes de que me entretuviera de las que él pudiera estar pensando... Y me dio por fijarme en sus labios, que había mordido varias veces antes, y en cómo se echaba el pelo hacia atrás, un gesto que no le pegaba nada y a la vez mucho. Paradójico, ¿no? Sin embargo, mientras yo miraba a Angelo, él y Francesco intercambiaron insultos y me hicieron fruncir el ceño porque yo tenía que haberme perdido algo... Pero no, al parecer no me había perdido nada. A Francesco solo le molestaba que él fuera norteño y se le notara tanto y eso no podía ser bueno porque muchos de nuestros chicos eran norteños como el propio Ezio (y vaya pieza) y hasta Maus había estado a punto de casarse con una norteña y de todo el tiempo que había pasado allí se le había pegado bastante su carácter. Pero, ¿qué podía esperar de uno de los hombres de mi hermano? Definitivamente, tendría que hablar más tarde con él.

Ahogué un suspiro, y es que siempre era yo la que terminaba pensando en todas aquellas cosas y cuando Angelo volvió a hablar me centré en sus palabras. Al parecer, Maus era como su ángel de la guarda y siempre que aparecía al chico le iban bien las cosas y pensaba en cambiarse de piso y todo... Vamos, si hasta estaba más guapo! O quizá eso último era cosa mía, que también podía ser. En cierto modo, y aunque no lo quisiera reconocer, estaba asustada por lo rápido que habían ido las cosas con Jack y lo serio que se estaba poniendo todo entre nosotros y solo de pensarlo me entraban escalofríos y, obviamente, no quería pensar en ello y entonces me encontraba viendo a Angelo con otros ojos o, más bien, con los ojos con los que lo habría visto desde el primer momento si no hubiera estado teniendo que elegir, como siempre, entre Carlo y Jack. Cuando me preguntó por mí, me encogí de hombros e hice una mueca. - ¿Tú qué crees? - busqué con la mirada a Francesco y cuando lo vi entrar en el almacén para buscar unas cajas me acerqué más a Angelo, para poder hablar con él con sinceridad aunque en voz baja, como si se tratase de una confidencia. - Me toca estar aquí encerrada y, cuando no, en mi casa porque enfadé a Carlo al plantarle cara y ahora se han puesto más nazis conmigo y ni siquiera me dejan salir de casa sin escolta. - cuando vi por el rabillo del ojo como Francesco salía del almacén forcé una sonrisa más falsa que las tetas de la Anderson. - Pues, como te digo, todo va de maravilla. Solo me falta dar volteretas hacia atrás. En cuanto a lo de la casa, habla con Maus, seguro que puede encontrarte algo barato, te diría de quedarte con nosotros pero no creo que quieras estar en la misma casa que Leone... – me encogí de hombros, y me dediqué a morder el palo del chupa-chups que ya me había terminado. Al menos sabía que mi padre no estaba muerto y que tarde o temprano aparecería... Solo esperaba que lo hiciera más temprano que tarde pues no sabía cuánto sería capaz de aguantar a Carlo o a Pietro. - Cambiando de tema drásticamente, ¿cómo llevas el tema mujeres? Eres italiano y muy guapo, no me sirve de excusa que seas tímido, tienen que lloverte del cielo con esa carita que tienes, vita. - medio sonríe y le acaricié la mejilla descaradamente. Ya estaba bien de hablar de temas familiares. ¿No quería un descanso de todo eso? Pues a ver si me ponía a ello y me centraba en lo que realmente era importante: el bombón que tenía delante... Y eso hice. - Y si es falta de práctica siempre puedes contar conmigo, Sforza. - le guiñé un ojo, haciéndole proposiciones indecentes muy poco sutilmente. ¿Qué podía decir? Lo de ser sutil no era lo mío.

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Re: From Dusk Till Dawn || {Angelo Sforza}

Mensaje por Angelo Sforza el Lun Sep 01, 2014 9:16 am

Todos los que me conocían sabían que socializar ni era lo mío, ni había sido nunca lo mío ni seguramente sería nunca lo mío, y por eso había llegado a un punto en el que ni siquiera lo intentaba. Cuando de hecho lo hacía, como era el caso, nunca sabía si estaba bien lo que decía o si la otra persona pensaría que era retrasado por el sencillo hecho de que no se me daba bien tratar con la gente... así que cuando le pregunté a Adriana qué tal le iba, como no podía ser de otra manera, me arrepentí enseguida de haberlo hecho. ¿Qué demonios me hacía pensar que ella me respondería? Ella era la hija del mafioso italiano más importante y seguramente la heredera de todo el tinglado, y yo en cambio era un don nadie perdido en Londres cuya única obsesión en la vida era volver a Milano a toda costa, corriera el riesgo que corriese. Además, ella estaba liada con Leone, y dado que los dos nos odiábamos aunque él apenas me hubiera conocido (mi teoría era que odiaba a casi todo el mundo por igual, aunque con más ganas si se era conocido o amigo de Maus) no creía ser la persona con la que ella tenía más ganas de hablar. Lo único que esperaba era que no me mandara a la mierda porque, si no, estar allí esperando a Maus sería increíblemente incómodo, aún más de lo normal quiero decir. Sin embargo, en contra de todo lo que yo creía que pasaría en aquel momento, ella no solamente decidió contestarme, sino que lo hizo como una confidencia... y ahí yo ya flipé del todo. Tanto lo hice, de hecho, que aunque normalmente mi primer instinto fuera apartarme de cualquier amago de contacto físico que pudiera encontrarme no solamente no me separé, sino que encima de buena gana me acerqué más para que ella tuviera la certeza de que nadie la escuchaba cuando me contaba todo con una sinceridad que me abrumó. No lo entendía. ¿Por qué estaba decidiendo abrirse conmigo? ¿Qué le había hecho yo para decidir que merecía la pena contármelo? ¿Tan desesperada estaba? ¿O es que era una jugada de Leone para atraer mi confianza...? No, eso sí que no. Yo no era tan importante ni de coña.

– No se me da bien vivir con gente, no creo que funcionara lo de vivir con vosotros. Y en cuanto al tema mujeres... no es que lo lleve bien o mal, es que no lo llevo. No estoy interesado en conocer a nadie, es demasiado complicado. – respondí, callándome lo que quiso escapárseme y que seguramente la ofendería como mujer aunque no tuviera nada que ver con ella. Mi preocupación real era que mi gusto debía de estar atrofiado, porque siempre que me había acercado a una mujer la cosa había terminado mal, y prefería no arriesgarme otra vez porque ya las consideraba problemáticas... Exactamente igual que a los hombres. Por eso prefería no socializar, en general, y si encima podía elegir no socializar con italianos sureños que me miraban mal por venir de una ciudad como la mía, pues tanto mejor, porque si seguía así acabaríamos mal de verdad... Y meterme en peleas con mafiosos era lo último que me gustaría. Además, no me convenía lo más mínimo, y mucho menos si el que estaba allí era amigo de Leone, como sospechaba. De no serlo, Adriana no habría sido tan cuidadosa de quejarse cuando no estaba él presente, y de no serlo seguramente se llevarían incluso bien, porque hasta yo notaba el mal rollo. Yo. Con lo sumamente penoso que era en todo el tema de sentimientos, impresiones y relaciones humanas. Aunque en mi defensa tenía que decir que notar cuando alguien iba a malas sí se me daba bien, más que nada porque en mi vida me había tocado aguantarlo tantas veces que estaba ya acostumbrado.
– De todas maneras, no es por falta de práctica. He tenido, ¿sabes? Que no quiera nada ahora es elección mía, no timidez... Aunque admito que eso puede influir bastante contigo. Quiero decir, mírate, eres... eres tú, y yo soy simplemente... yo. – casi balbuceé, y cuando me di cuenta de lo estúpido que había sonado di un largo trago a mi cerveza para poder tener algo que hacer y que se me notara menos que estaba increíblemente rojo, tanto que me ardía la cara.

Probablemente el alcohol no ayudara demasiado, sobre todo porque hacía un tiempo que no bebía nada, pero no pude evitar terminarme la Nastro sólo con tal de no mirarla a la cara. ¿Cómo había sido capaz de empezar tan fanfarrón para luego deshincharme como si fuera un globo? Bueno, en realidad era sencillo: yo no valía para darme aires. No era un italiano en eso del egocentrismo aunque sí que tuviera mi orgullo, tan grande que me daba bastantes problemas; era un bicho raro comparado con lo que ella debía de estar acostumbrada a tratar y, sobre todo, con el otro camarero. No me pasó desapercibida la carcajada que soltó después de oírme hablar, ni tampoco que soltó algo en napolitano que sonaba demasiado parecido a un insulto para no serlo. Incluso a mí, que no comprendía el dialecto, me resultó claro que se estaba burlando de mí con todas sus ganas. Y aunque mi cabeza me repetía que no debía mezclarme con ellos más de lo debido y que incluso ser amigo de Maus era un riesgo, no pude evitar que me enervara su actitud arrogante y que volviera a mirar a Adriana, pero esta vez con otros ojos.
– Por curiosidad... ¿Tú qué piensas de mí, como mujer? Has dicho que soy guapo, pero ¿hay algo más que te pueda llamar la atención? ¿Algo en lo que te fijes por encima de lo demás o que te eche para atrás? Creo que los tatuajes no son del gusto de todo el mundo, pero por los que te veo a ti supongo que no te molestan, ¿me equivoco? – pregunté, apoyando los antebrazos en la barra y mirándola a los ojos, con curiosidad. Aunque mi instinto era rehuir las miradas directas, no pude evitar clavar la mía en ella, en parte porque si miraba al otro camarero lo iba a golpear y en parte porque tenía los ojos muy bonitos... bueno, toda ella era bonita, al menos lo que yo veía. Y quizá fue darme cuenta de eso lo que me hizo olvidarme momentáneamente del camarero y tercero en discordia que allí se encontraba, pero el caso es que por suerte para mí lo hice y pude centrarme por completo en ella y seguir mirándola.
– Y tú... ¿Cómo llevas el tema hombres? ¿Alguien cerca de ti que merezca la pena? – pregunté, y por algún motivo que desconozco el acentazo milanés que normalmente no se me notaba impregnó todas y cada una de mis palabras.

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Re: From Dusk Till Dawn || {Angelo Sforza}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Mar Sep 16, 2014 10:18 pm

La mejor manera de evitar explotar y empezar a liarla más de lo que normalmente lo hacía solía ser desahogarme y lo había hecho con Angelo porque sabía perfectamente que él y Carlo no se llevaban bien, más bien al contrario, así que de mi hermano ni hablábamos. Además, solo por el hecho de ser italiano ya sentía que tenía más en común con él que con cualquier inglés que se me pusiera delante y eso le hacía ganar bastantes puntos pero la verdad es que ni por esas entendía por qué le había contado aquello. Quizá simplemente necesitaba decirlo o el hecho de que Maus lo cuidara y confiara en él ya me hacía pensar que era de los buenos y, por lo tanto, confiar yo también en él. Después de todo, era lo menos que podía hacer después de lo que le había hecho nada más verlo. Me había disculpado pero aún así no me parecía suficiente y ahora que lo veía medianamente arreglado y sin parecer un simple mendigo me arrepentía aún más de lo que le había hecho. ¿Cómo diablos había podido perder tanto el control como para darle semejante paliza? La respuesta era sencilla pero no quería pensar en ella. El estrés al que me veía sometida día sí y día también causaba estragos en mí y me hacía casi imposible controlar mi parte más animal... Si es que en algún momento había podido llegar a controlarla. Entonces, inconscientemente, estuve a punto de contárselo, de hablarle sobre lo que me pasaba pero me controlé, eso sí que complicaría las cosas. Si me estaba pasando lo que me estaba pasando con Jack era precisamente por haber sido demasiado sincera, por haber confiado tanto en él y porque se había convertido en alguien demasiado importante para mí y no había nadie fuera de mi familia que pudiera ni debiera importarme tanto... O eso quería creer. Así que cerré el pico y me limité a escuchar a Angelo mientra me contaba que lo suyo no era convivir con gente antes de cambiar radicalmente de tema para centrarse en mi última pregunta: Las mujeres.

Fruncí el ceño, sorprendida y sin entender nada, cuando dijo que no estaba interesado en conocer a nadie porque era muy complicado. Yo bien sabía lo complicado que podía llegar a ser todo eso y aún así no me cortaba a la hora de conocer gente nueva y... ¿por qué no? Darme una alegría, que nunca estaba de más. Conocer a alguien no tenía por qué significar serle fiel a una persona o directamente salir con ella pero esa parecía ser únicamente mi visión sobre el tema. ¿Había dicho ya que Angelo era el italiano más raro que había conocido? Bien, pues lo era, y a punto estuvo de hacerme cambiar de opinión cuando empezó a decir que sí que había tenido experiencia y que no querer nada con nadie era pura elección no timidez... Y entonces se puso prácticamente a balbucear que conmigo sí que era timidez porque yo era... ¿yo? Y él era él. Me mordí el labio inferior, medio sonriendo mientras él se iba poniendo cada vez más rojo y yo cada vez tenía más ganas de besarlo. ¿Cómo podía ser tan tímido y adorable y al segundo salirle ese orgullo italiano que tan bien conocía? Ignoré a Francesco riéndose a nuestra espalda y cómo lo llamaba gallina maricón en napolitano. Tenía que armarme de paciencia, sobre todo desde que había golpeado a Carlo y lo había enfadado porque ahora todos se creían con derecho a pegarme a mí y no me apetecía montar un espectáculo delante de Angelo porque nos podría traer problemas tanto a él como a mí y más a él que a mí, no nos convenía. Y entonces el milanés volvió a sorprenderme, preguntándome qué opinión tenía sobre él como mujer. Me costó reaccionar por culpa de la sorpresa pero cuando finalmente lo hice, Angelo, con los brazos apoyados en la barra, me preguntó cómo llevaba yo el tema de los hombres con un marcadísimo acento milanés que no le había escuchado nunca antes ni a él ni a nadie y que me hizo sentir un escalofrío. Oh, dios. ¿Cómo podía ser tan sensual así de repente? Tragué saliva y acercándome un poco a él, medio sonreí.

- Mmmmm... ¿Por dónde quieres que empiece, vita? Porque lo mío con los hombres se puede resumir en que estoy rodeada de idiotas y tengo la cabeza demasiado ocupada en otras cosas como para centrarme en los posibles pretendientes que pueda tener... En este tema y, más ahora que nunca, soy más italiana que nadie. No busco nada serio y si alguien me interesa, me lanzo y lo paso bien con él pero hasta ahí... Con un león al acecho no puedo permitirme ni enamorarme ni encapricharme porque eso sería tan malo para mí como para el pobre diablo al que le hubiera echado el ojo... - me encogí de hombros y le serví otra Nastro Azzurro en vistas de que ya se había terminado la suya pero, antes de que pudiera beber él, le di un trago y le guiñé un ojo. - Y en cuanto a ti, Sforza, dejame decirte que tienes el acento más sexy que he escuchado nunca y que deberías explotarlo más porque casi salto la barra para comerte la boca solo con oírte. - me mordí el labio inferior, sonriendo, y continué. - Lo que más llama la atención de ti son tus ojos. O quizá es que yo tengo debilidad por los ojos claros últimamente... Pero precisamente por eso puedo decirte que tus ojos dicen más de ti de lo que probablemente te gustaría. Y me encantan. También está el hecho de que eres el italiano menos italiano que he conocido nunca y eso me sorprende y me resulta chocante pero no deja de ser interesante. Los capullos egocéntricos, orgullosos y arrogantes no me van, ya tengo suficiente con Leone. Tú único problema es que te falta seguridad e iniciativa. Y no, los tatuajes no son un problema, en absoluto... Más bien al contrario. Son muy sexys. - me reí y le revolví el pelo aunque mi mano se quedó más tiempo del necesario acariciándole el pelo, tentada de agarrarlo con fuerza y atraerlo a mí para besarlo. Pero si lo hacía, lo asustaría o probablemente se separaría incómodo de mí y estaría en silencio hasta que llegara Maus y eso era lo último que quería. Pero tenía que entenderlo, yo seguía siendo la hija de Alessandro Gregoletto y para él debía de ser lo más intocable que había. La historia de mi vida. - Por cierto, ya sé que ya me disculpé en su día pero... Cuando nos vimos por primera vez no era yo. No sé qué me pasó pero eso no es propio de mí y siento que por mucho que me disculpe no voy a arreglar lo que hice pero aún así necesito hacerlo así que... Perdona. Como te digo, no estoy pasando por mi mejor momento y te sorprendería saber que esta conversación es lo mejor que me ha pasado en todo el día... No quiero que tengas una imagen equivocada de mí. - me mordí el labio inferior y bajé la mirada, algo avergonzada por mi comportamiento de aquel día. - Y ya que estamos, ¿qué piensas tú de mí como hombre, Sforza? Sé sincero y olvidate de quien soy. Ahora mismo, solo somos un hombre y una mujer charlando... Y me apetece saber qué opina ese hombre sobre la mujer. – volví a robarle la Nastro Azzurro y le di otro trago antes de sonreír ampliamente, a la espera de su respuesta.

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Re: From Dusk Till Dawn || {Angelo Sforza}

Mensaje por Angelo Sforza el Miér Nov 12, 2014 9:36 am

Pensar en Adriana Gregoletto, hija de uno de los mafiosos más poderosos de toda Italia, era probablemente lo más difícil que había hecho en mucho tiempo... salvo, quizá, mentir a alguien tan sincero como era Katerina, pero al margen de eso lo que Adriana me había pedido se llevaba la palma, y encima quería que lo hiciera como mujer. Como no era lo suficientemente difícil ya de por sí conciliar la idea de que ella, amiga de Leone y alguien que me había dado una considerable paliza, fuera agradable conmigo y se arrepintiera de hacerme daño (algo a lo que no estaba acostumbrado, ni de ella ni de nadie), encima tenía que añadir algo con lo que yo no podía sentirme menos cómodo: su efecto sobre mí. Aunque era cierto que yo me lo había buscado, estuve muy tentado de hacer como un mago e irme con una bomba de humo, y si no lo hice fue porque... ni siquiera sé por qué. Quizá porque tenía curiosidad por lo que yo mismo iba a responder y pensaba de ella, quizá porque temía lo que pasaría (o lo que pensaría de mí. Increíble pero cierto) si quedaba como un cobarde, o quizá simplemente porque estaba tan abrumado después de sus palabras que no me sentía capaz de nada que no fuera sonrojarme hasta la raíz del pelo. Probablemente fuera la última, ahora que lo pienso, porque eso explicaría que me ardieran las mejillas y que me muriera de vergüenza. ¿En serio había dicho que mi acento era sexy...? Cuando era un niño, los demás siempre solían meterse conmigo porque hasta cuando hablaba en italiano sonaba como si lo hiciera en milanés, y todos decían que debía sonar a italiano, y ya está, sin acentos. Desde siempre, incluso cuando había seguido estudiando idiomas, mi obsesión había sido quitarme el acento lo más posible, pero a veces me salía solo y me avergonzaba... Aunque no tanto como sus halagos, pero prefería no pensar en lo que había dicho de mis ojos o mis tatuajes porque, si lo hacía, me explotaría la cara, y no era plan. Necesitaba mi cara... Me era muy útil para todo, obviamente, pero sobre todo en aquel momento para recibir halagos que no estaba seguro de merecerme del todo y para beber Nastro Azzurro, como hice en aquel momento hasta terminarme el botellín, con la loca esperanza de que el escaso alcohol me diera algo de valor.

– Tú eres muy... italiana. – murmuré, haciéndole caso e intentando no reprimir el acento hacia el que tan confuso me sentía. Ella pareció tomarse mi juicio a buenas, aunque yo no estaba tan seguro de que fuera bueno, y su mirada me hizo suponer que debía seguir, así que eso hice. – La seguridad y la iniciativa que dices que me faltan a ti te sobran, eso es algo bueno, pero eres muy intensa y eso puede ser algo abrumador para alguien como yo. Tienes unos ojos muy poco claros... Misteriosos, quiero decir; no te traicionan y dicen lo que tú quieres que digan. Sonríes mucho y de muchas maneras, pero eso me gusta porque eres muy expresiva si te apetece y te hace aún más guapa. Eres muy atractiva, y peligrosa, pero eso sólo te hace más atrayente. Además, eres inteligente y pareces fuerte, bueno, eres fuerte. Eres una bomba de relojería. – sentencié, casi del tirón, y cuando me callé aproveché que ella me había pasado otra cerveza para aclararme la voz al darle un buen trago. Debería haberle dicho también, ya que estaba, que me invitaba al alcoholismo y que me hacía poner al límite mi aguante, que era considerable, pero preferí callarme y no echarle más leña al fuego. Suficiente había tenido con mover la cabeza antes bajo su mano como si fuera un gato y con ganarme las risas del otro maldito camarero, que a cada momento que pasaba me caía un poco (mucho) peor... Cómo se notaba que era del grupo del maldito león, no como Maus, que era la mejor persona que conocía. Viva, al menos, porque entonces Natalia le quitaría el puesto sin despeinarse lo más mínimo, como me había demostrado cuando la había conocido y había tenido la oportunidad de tratar con ella cuando era aún un crío que no tenía ni idea de lo peligrosa que era la vida. Pero como no quería pensar en ella porque, pese al tiempo pasado, seguía doliéndome, volví a centrarme en Adriana, ignorando vilmente al otro camarero porque no se merecía que le entrara al trapo, y mucho menos que me planteara siquiera hacerlo.

– No eres la única que se rodea de idiotas... Yo no tengo leones al acecho, creo, pero tengo lo mío, como creo que a estas alturas ya sabrás porque no dudo que has investigado quién soy y todo lo demás. No te lo echo en cara, ¿eh? Yo quizá habría hecho lo mismo de haber podido. Bueno, lo que quiero decir es que seguramente por eso que sabes sea un italiano tan poco italiano, aunque no creo que ni de pequeño lo haya sido nunca mucho. Pero eso da igual. – añadí, luchando contra el impulso de volver a beber de mi tercera botella de cerveza porque tampoco quería ser tan cliché como Francesco y convertirme en el tópico del italiano borracho. No lo era... Aunque se me daba mejor beber, de eso estaba seguro, que a cualquiera de los presentes, Adriana seguramente incluida. Cosas de haber vivido en la calle tanto tiempo como lo había hecho yo. A aquellas alturas, sin embargo, Francesco ya había puesto un poco más la oreja que antes como el cotilla poco sutil que era, y como lo siguiente que iba a decirle a Adriana era algo delicado, hice lo único que se me ocurrió para que sólo ella escuchara lo que tenía que decir: acercarme. Y aunque me puse tan rojo como antes (dudaba que en algún momento hubiera dejado de estarlo, ahora que lo pensaba bien) no dudé cuando me acerqué a ella con el pretexto de darle un beso en la mejilla que en realidad  fue más bien acercarme sutilmente a su oreja.
– Vi lo que pasó. No en ese momento de la paliza pero sí después, con Leone, y aunque sé que él sí es en realidad tan león como vi (porque estoy seguro de que lo vi, te lo prometo, no fue una alucinación) también creo que tú no eres así y que eso no es culpa tuya. Lo que quiero decir es que sí, supongo que está claro que te perdono. -  confesé, y ahora sí que le di un beso en la mejilla, quedándome, al separarme, muy cerca de ella.

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Re: From Dusk Till Dawn || {Angelo Sforza}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Jue Abr 02, 2015 2:03 am

Si me hubieran dicho aquella mañana que ese día iba a tener una conversación como la que estaba teniendo con Angelo Sforza probablemente no me lo habría creído. Es más, me habría reído en la cara de quien fuera que lo hubiera sugerido (probablemente Maus ya que debía ser el único amigo que teníamos en común) y, sin embargo, allí estábamos los dos, soltándonos piropos como dos buenos italianos. Y eso que él de italiano tenía lo justo y necesario... Incluso menos. No pude evitar sentirme más que orgullosa cuando él me dijo que era muy italiana pese a que sabía perfectamente que eso, para muchas personas, podía no ser tan bueno como a mí me lo parecía pero me daba absolutamente igual. Yo era italiana de pura cepa y a quien no le gustara… Bueno, podía irse a la mierda. Otra de las cosas que me dijo, aparte de que era muy segura y tenía iniciativa, fue que era muy intensa. Alcé una ceja con la cabeza ladeada ante aquel comentario porque hasta entonces nunca me lo habían dicho pero entendía perfectamente a lo que se refería. No era el único al que demasiada intensidad lo abrumaba. A mí me había pasado con Jack. Continuó estudiando mis ojos, según él, misteriosos y que nunca me traicionaban porque decían lo que yo quería y que mi sonrisa me daba mucha expresividad y me hacía muy atractiva… Vaya. Eso sí que no me lo esperaba. Escuchar de sus labios que dijera que era muy atractiva era toda una sorpresa. No tanto lo de peligrosa, inteligente y fuerte porque él mismo lo había comprobado en su propia piel pero… ¿Atrayente? Bueno, con todo lo que había dicho de mí solo debía de ser atrayente si se era un poco masoquista. ¿Es que acaso él lo era? Porque por cómo me estaba mirando en aquel momento, de manera muy diferente a como lo había hecho hasta entonces, parecía que hablaba por experiencia cuando decía que era atractiva y atrayente. “Eres una bomba de relojería.” no pude evitar reírme ante aquella afirmación, nunca me habían dicho nada parecido pero estaba más que segura de que muchos lo pensaban aunque no se habían atrevido a decírmelo hasta aquel momento y pese a que aquello pudiera ser muy malo, yo prefería tomármelo de la otra manera.

Él bebió un buen trago de la nueva cerveza que le había pasado para aclararse un poco las ideas y solo entonces continuó. Esta vez volvió a ponerse un poco nervioso hablando de que ya debía saber lo que le había pasado y las razones que tenía para ser tan poco italiano como era aunque, según él, ya de pequeño no había sido muy normal… Pero estaba tan segura como él parecía estarlo de que su estancia en el loquero había agravado mucho aquello. Lo que sí me sorprendió, incluso más que todo lo que había dicho hasta el momento, fue lo que hizo a continuación. No me esperaba que se acercara a mí y mucho menos que pareciera que fuera a darme un beso en la mejilla pero cuando estuvo muy cerca de mi oreja me susurró algo que me dejó helada. Me había visto. Había visto en lo que era capaz de convertirme, el monstruo que tenía dentro. Y aun así… ¿Aun así me perdonaba? Me quedé petrificada y casi ni sentí el beso que me dio finalmente en la mejilla antes de separarse porque mi cabeza estaba demasiado ocupada dándole vueltas a todo lo que él había dicho, procesándolo todo y tratando de pensar una excusa, cualquier cosa con la que pudiera explicar lo que él había visto… Pero ya era tarde. Ya me había visto la cara y aquello supondría la confirmación que él necesitaba para lo que había visto.
- Lo… Lo siento… - murmuré de nuevo, sin saber muy bien qué hacer o decir a continuación. Me aclaré la voz y me mordí el labio inferior, mirando de reojo a Francesco que seguía sin quitarnos la vista de encima. – Francesco, ocúpate de la barra. Voy a hacer una pausa para fumar…

De un salto, salí de detrás de la barra y cogí a Sforza del brazo, estirando de él para llevármelo al callejón trasero del local, donde solíamos salir todos a fumar cuando lo necesitábamos o, en fin, a lo que surgiera. En aquel momento, el callejón en el que nos encontrábamos nos daba un poco de seguridad y confidencialidad. Justo lo que necesitaba para hablar con Angelo. Especialmente después de la bomba de relojería que me acaba de soltar el capullo. ¿Cómo se suponía que tenía que mirarlo ahora a la cara? Me encendí un cigarro con las manos temblorosas y le ofrecí a él mientras le daba una calada al mío. No me gustaba que la gente supiera aquello sobre mí porque si yo misma pensaba que era un monstruo… ¿Qué iban a pensar ellos? Además, cualquier cosa capaz de ponerme a merced de Leone era algo malo y lo sabía perfectamente.
- Lo que viste… No puedo explicártelo. Pasó después de una estúpida tormenta y supongo que a Leone también pero desde entonces cuando me cabreo mucho o estoy en peligro o algo… Me convierto en… eso. – me encogí de hombros y le di una calada profunda al cigarro que tenía en la mano, mordiéndome el labio inferior. – No sois muchos quienes lo sabéis pero tampoco quiero que se entere todo el mundo y… ¿Podemos cambiar de tema? – prácticamente rogué con la mirada, sin ganas de seguir hablando de aquello que me hacía sentirme tan… diferente. Sacudí la cabeza y tiré el cigarro antes de acercarme a él y besarlo como llevaba deseando desde, prácticamente, que había entrado en Wolfsbane. De todas maneras, aquello era probablemente lo que Francesco pensaba que estaríamos haciendo así que… ¿Por qué no darle razones para hacerlo?

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Re: From Dusk Till Dawn || {Angelo Sforza}

Mensaje por Angelo Sforza el Jue Mayo 14, 2015 12:12 am

No. Aquello no estaba bien. ¿Por qué me besaba? No quería que me besara.  No, en realidad mi mente no quería que me besara porque no era el momento ni el lugar ni tampoco era algo que ella, una mafiosa, debiera hacer con alguien tan poco importante como yo, pero mi cuerpo sí que quería y se lo estaba devolviendo sin que me costara demasiado esfuerzo hacerlo. Demonios, hasta lo estaba disfrutando... y eso sólo me había pasado antes con Katerina y nadie más, ni siquiera con Cinzia, aunque ella había sido la que me había enseñado a besar en primer lugar (la única cosa buena que me había dejado, si lo pensaba). Probablemente por eso me separé, aunque también se debía a que si me estaba besando era para no hablar de la tormenta y de que se convertía en un monstruo, no porque realmente quisiera hacerlo. La historia de mi vida. Ya casi (remarco el casi) ni siquiera me importaba, pero prefería no pensar demasiado en ello yo tampoco y dejar que las cosas se solucionaran de una manera mejor que compartiendo saliva porque no era lo que debía hacer y porque no me sentía cómodo, igual que nunca lo estaba con ninguna mujer (salvo Katerina). ¿Qué podía decir? Me habían arruinado la experiencia hacía tiempo, pero los recuerdos seguían a flote demasiado a menudo y me impedían pensar siquiera en la posibilidad de acercarme a alguien, mucho más cuando ese alguien era tan importante como la maldita Adriana Gregoletto. ¿No se daba cuenta de que podía, literalmente, hacer con mi vida lo que quisiera mientras que yo sólo era una motita de polvo pequeña que le había terminado por hacer gracia? Podíamos hablar, si quería; estaba más o menos dispuesto y eso ya era mucho decir, pero lo que no sabía si estaba dispuesto a hacer era besarla y olvidarme de todo porque temía las consecuencias de acercarme demasiado a alguien. Típico de mí, ¿verdad?

– No voy a decirle nada a nadie, Adriana. Si lo hiciera, me preguntarían que cómo lo sé, y que por qué una tormenta fue capaz de convertirte en lo que yo vi. Como no se me da bien hablar, tendría que enseñar que la tormenta me hizo algo a mí también, y ya he estado en el loquero lo suficiente para saber que no quiero volver. Prefiero callar antes de que me tomen por loco o de que te enfades conmigo y decidas ejercer de mafiosa... – expliqué, y ella se quedó un poco alucinada, aunque quizá pudo ser porque la había separado y no creía que muchos hombres se hubieran apartado de ella en toda su vida. No era la clase de mujer que aceptara un no por respuesta, y mucho menos de alguien tan extraño como lo era yo y que suponía que pensaba que tampoco podía aspirar a mucho más que a aceptar lo que los demás quisieran darme. Si lo hacía, en realidad, tampoco podría juzgarla por ello... más que nada porque era lo que yo pensaba, al menos en lo que se refería a todas las cosas de relaciones, sentimientos y demás. De todas maneras tampoco estaba demasiado dispuesto a pensar en eso, y ella seguía mirándome extrañamente, así que extendí una mano y nuestras sombras se enredaron en el suelo como si fueran serpientes, sinuosa y lentamente. Después, apreté el puño y mi sombra se materializó; fue como si se despegara del suelo y se hinchara para adquirir volumen, como si fuera una persona a mi lado, sólo que hecha de oscuridad, una que se acercó y la tocó, con la extraña sensación que eso siempre resultaba. Sin embargo, al final relajé de nuevo la mano y la sombra se derrumbó en el suelo, en donde volvió a ser una sombra normal, la que proyectaba mi cuerpo.
– Parece apropiado, ¿no? Alguien como yo manejando las sombras. – solté, amargo, y me encogí de hombros, mirando al suelo de nuevo.

Nadie más, aparte de mí, sabía lo que yo podía hacer. Era algo que me ayudaba mucho a robar porque nadie se esperaba una sombra, y cuando cogía cosas con una de ellas era imposible que se vieran al quedar envueltas en oscuridad. Eso por no hablar, claro, de que el rarito sombrío tenía que tener algún tipo de poder (en caso de tener alguno, que a veces aún pensaba que se trataba de una alucinación mía) relacionado con cosas oscuras y malas, no con algo que podría resultar bueno y beneficioso para alguien que no fuera yo. ¿Significaba eso que todos nuestros poderes, si es que había más gente que nosotros tres, estaban relacionados con nuestras personalidades? Porque no la veía a ella tan animal como su poder me había resultado ser, pero a Leone sí que lo veía animal, su mismo nombre lo decía y, bueno, todo lo demás también lo gritaba a los cuatro vientos.
– No fumo. Nunca he podido permitírmelo y no he querido empezar ni siquiera cuando he tenido dinero. – expliqué, casi automáticamente, y después me encogí de hombros. No estaba mal como intento para cambiar de tema, ¿no? Además, era cierto; nunca me había dado por fumar, ni alcohol ni mucho menos drogas de las que sabía cómo conseguir estuviera en el país que estuviese, así que tampoco estaba de más decírselo, y mucho menos cuando ella me había ofrecido su cigarro para darle una calada. O eso creía. Qué mal se me daba la gente, demonios...

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Re: From Dusk Till Dawn || {Angelo Sforza}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Jue Mayo 14, 2015 9:33 pm

No esperaba que Angelo me devolviera el beso y aun así lo hizo, sorprendiéndome para bien porque el chico realmente sabía cómo besar y yo… Bueno, digamos que me dejé llevar. Necesitaba calor humano. Necesitaba algo así. Y entonces él se separó y yo me mordí el labio inferior. Al menos me había devuelto el beso pero lo cierto era que en ese momento yo quería más y por si no me había dado cuenta, todo mi cuerpo me lo gritaba mediante señales: tenía la piel de gallina, ardía y mi corazón latía desbocado en mi pecho. Joder, qué mal me sentaba que todo se estuviera desmoronando a mi alrededor. Sin embargo, cuando Angelo habló me di cuenta de que si se había separado era probablemente por quién era yo y porque no quería acabar mal por culpa de no saber controlarse. Típico. ¿Por qué siempre tenía que espantar a los hombres que sabían quién era yo, vamos a ver? Los únicos que no habían huido y a los que no les había importado lo más mínimo quien era yo habían sido Carlo y Jack y eso tampoco había salido muy bien. Suspiré y me encogí de hombros, al menos agradecida de que no fuera a contarle a nadie lo que había visto porque… No. No quería que nadie supiera que era un monstruo. Al menos no literalmente. Lo otro ya lo pensaban.

Aun así no pude evitar sorprenderme cuando dijo que la tormenta también le había afectado a él. Alcé una ceja al escucharlo y lo observé con detenimiento. ¿Qué diablos podría haberle hecho la tormenta a él? Busqué cuernos, pinchos, una cola quizá o cualquier cosa visible en su cuerpo pero no había nada. Quizá era algo mental, como lo de Jack. Él podía controlar los cuerpos de las personas a su antojo solo con pensarlo. No era algo que le hubiera visto hacer mucho pero sí que lo había hecho más de una vez para salvarme de la bestia en la que me convertía. Entonces, Angelo extendió la mano y lo vi. Nuestras sombras parecían bailar hasta que él cerró el puño y la suya tomó forma y volumen. Su sombra se acercó a mí y me tocó. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo e inconscientemente me aparté justo cuando él la hizo volver al suelo. Era impresionante. Él retomó el tema del cigarro que le había ofrecido y del que ya ni siquiera me acordaba porque estaba en el suelo consumiéndose. Por mi parte, yo no podía dejar de pensar en su poder y en lo que acababa de hacer.

- Es… Es increíble. – conseguí decir cuando finalmente reaccioné (y eso que me costó más de lo que en un principio me hubiera gustado). – Lo que haces. Es precioso. No sé por qué hablas de ello como si fuera algo malo, te recuerdo que hablas con alguien que cuando se convierte en eso pierde todo el control y es capaz de desmembrar a gente con sus propias manos por el mero hecho de hacerlo… - aparté la mirada. Se suponía que lo que tenía que hacer era que dejara de temerme pero algo me decía que soltando eso solo iba a conseguir lo contrario… Y encima me sorprendería. – Te envidio. Tú al menos puedes hacer cosas con tu poder. Puedes controlarlo, utilizarlo para beneficiarte a ti o a los demás pero ¿yo? Lo mío no es más que una maldición que, por si todo lo de antes no fuera suficiente, me deja a merced de Leone.

Suspiré y apoyé la espalda en la pared. ¿Por qué diablos le estaba contando todo aquello a él? No tenía sentido pero realmente era el único al que podía hablarle de todo aquello. Mis chicos… Bueno, no me creerían, se asustarían y probablemente acabaría en un loquero como el del que huía Angelo. Después estaba Leone pero me negaba a hablar con él de nada y Jack… Estaba claro que él no quería hablar conmigo, de nada. Así que solo me quedaba Angelo. Estaba segura de que si se lo decía, él pensaría que era triste que solo pudiera sincerarme y hablar con él de según qué cosas.
- Por cierto, ¿debo entender que prefieres hacer como si no te hubiera besado? Porque por tu manera de separarte y de no hablar de él es lo que parece por mucho que me lo hayas devuelto… Y, cazzo, Sforza… Cómo besas. O quizá es cosa mía por no esperarme que fueras a devolvérmelo… Pero ya me callo. Se supone que si quieres hacer como si no hubiera pasado debería dejar de hablar de ello pero aquí estoy. – me encogí de hombros y lo miré de reojo, medio sonriendo. – Tengo que reconocer que tenía ganas de besarte. Te sorprenderá pero eres lo más normal y simple que tengo en mi vida ahora mismo. Y ahora ya podemos cambiar de tema.

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Re: From Dusk Till Dawn || {Angelo Sforza}

Mensaje por Angelo Sforza el Lun Feb 15, 2016 6:48 am

La cara empezó a quemarme tanto que me sorprendió no notar llamitas saltándome a los ojos porque me había puesto a arder por ella y por todas las cosas que estaba diciendo de mí y mis (inexistentes, dijera lo que dijese) habilidades al besar. Tenía muchísimas ganas de esconderme debajo de mi ropa o detrás de un cubo de basura y que ella no me viera para que dejara de hablar de mí. Odiaba ser el maldito centro de atención de una conversación, especialmente si la conversación era con una mujer (y más si era como ella de lanzada, italiana, guapa y… todo), y ella no podía evitar volver al tema una y otra vez. Por si tenía dudas de que le había gustado, que las tenía, porque seguía sin creerme que pudiera besar bien o sin hacer ninguna tontería como morderla o ahogarme. Dio, menuda suerte no haberme ahogado, eso sí que habría sido incómodo… Como si escucharla hablar tan bien de mí y del beso no lo fuera lo suficiente. No pude evitar encogerme un poco sobre mí mismo a la vez que seguía sin mirarla a la cara porque, sencillamente, no era capaz; la escuchaba porque no me quedaba otra y porque algo sí que me habían educado, pero eso no significaba que me atreviera mucho a hacerlo. Y cuando ella terminó los dos nos quedamos en silencio, esperando una respuesta que sabía que me tocaba a mí pero que me sentía incapaz de darle estando tan sobrio como lo estaba. Dos Nastro Azzurro no eran suficientes para atreverme a hablar con una mujer, y nada menos que con una Gregoletto; era de esperar, aunque no por ello dejaba de ser un poco patético. ¿Cómo demonios podía haberle gustado que alguien como yo la besara, vamos a ver?

– Es bueno para coger cosas sin que nadie las mire y para defenderme algunas veces y para asustar a alguien y poder sorprender y que te dejen hacer lo que quieras, pero no es precioso. Da miedo. A mí al principio me lo daba. Y no sé qué soy capaz de hacer porque nunca he probado a llevarlo al límite porque, eso, me da muchísimo miedo. – balbuceé, un poco rápido, aunque compensé haber hablado un poco (demasiado) bajo con hablar en italiano normal y no en mi dialecto. Eso solía pasarme cuando estaba nervioso, o sea que la mayor parte del tiempo, y también cuando me echaban la bronca las monjas del orfanato y los médicos del loquero; era un auténtico milagro que no me hubiera salido con ella, y yo no creía en los milagros.
– Soy un cobarde, Adriana, un cobarde y un mendigo que además es un ratero y que no tiene donde caerse muerto. Y por si eso fuera poco ni siquiera me atrevo a mirarte a la cara cuando te hablo, así que no puedo creerme que yo sea algo normal o simple en tu vida porque ni siquiera lo soy en la mía. – añadí, estrujándome los dedos unos con otros en un gesto que yo sabía que era demasiado nervioso y sin siquiera mirarla, otra vez, no por darme la razón a mí mismo sino porque seguía sin atreverme… Ella era demasiada mujer y demasiada persona para mí, era como si la realeza de todo lo que había conocido al crecer hubiera decidido de golpe hacerme caso y tratarme bien; no me encajaba del todo, no lo entendía, y cuando no entendía algo mis dotes sociales se volvían aún peores de lo normal. Y me ponía, por supuesto, a hablar de cosas sinceras pero algo humillantes para mí sin parar.

– Me gustaría que hicieras como si no me hubieras besado. Es muy confuso pensar así cuando tengo todos los pensamientos enmarañados y ardo entero y no debería seguir hablando pero lo hago. Y sobre todo es confuso porque no sé si quería separarme o no pero lo he hecho y es muy frustrante y oh, Dios, Angelo, cállate. – terminé, dándome un puñetazo (más o menos) suave en el brazo y mordiéndome el labio inferior mientras la miraba, mortificado a más no poder. Sobre todo estaba mortificado porque seguía sin poder mirarla a los ojos, y sólo había podido subir hasta sus labios, que eran los responsables de que yo estuviera tan nervioso como lo estaba aunque antes me hubiera podido soltar un poquito con ella. Parecía que hacía una maldita eternidad de eso… ¿Por qué no seguíamos bebiendo y hablando? El alcohol no sólo me hacía entrar en calor; me hacía parecer un ser humano que sabía lo mínimo de cómo relacionarse con otro ser humano, y eso era lo que necesitaba en ese momento. En cantidades industriales, a poder ser, como en los camiones que solía ver a las afueras de Milano cuando era pequeño y me escapaba del orfanato día sí y día también.
– Pero no podía no devolvértelo, Adriana, eso lo sabes, ¿no? Tienes que saber muy bien el efecto que causas en la gente y sobre todo en los hombres… Especialmente si esos hombres son tan… tan como yo. – terminé de balbucear y me intenté obligar a tener el pico cerrado. Como casi siempre, por otro lado.

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Angelo Sforza

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Re: From Dusk Till Dawn || {Angelo Sforza}

Mensaje por Adriana P. Gregoletto el Vie Feb 26, 2016 5:22 am

No entendía por qué Angelo no parecía estar demasiado contento con su poder. Si yo hubiera tenido algo así, que pudiera controlar y utilizar a mi antojo, habría sido más que feliz. De hecho, me pasaría el día usando mi poder para absolutamente cualquier cosa que se me ocurriera y, sin embargo, él no pensaba lo mismo. De hecho, como él mismo dijo, parecía asustado ante su propio poder y eso sí que no podía entenderlo, en absoluto. ¿Asustado de un poder que ni siquiera podía volverse contra él y que podía controlar? No me lo creía. Si él tuviera mi maldición, entonces, se colgaría porque lo mío sí que daba miedo… Y mucho. Me asustaba incluso a mí y eso que yo me consideraba una persona que no era fácil de asustar y aun así… Aun así despertar cubierta de sangre y rodeada de miembros amputados no era nada agradable y cada vez que me ocurría sentía deseos irrefrenables de gritar de puro terror. Y él tenía miedo de sus sombras. No solo eso sino que se llamaba cobarde a sí mismo seguido de cosas incluso peores que me hicieron fruncir el ceño mientras lo escuchaba porque no entendía cómo alguien podía pensar semejantes cosas de sí mismo. Aquello solo podía ser resultado de una vida llena de calamidades y traumas que lo habían llevado hasta donde estaba y lo cierto es que conociendo un poco todo lo que había vivido no lo culpaba. Probablemente ni yo misma hubiera llegado tan lejos como él… Pero Angelo no era un cobarde, eso lo tenía más que claro, dijera él lo que dijese. Pero antes de que pudiera decirle nada él habló sobre el beso y me callé de golpe. Ni siquiera hice amago de interrumpirlo porque algo me decía que si lo hacía, él no volvería a tocar el tema porque se estaba muriendo de vergüenza como me reconoció… A la vez que hablaba sobre el efecto que, según él, yo tenía en los hombres. Si él supiera que ese efecto solo funcionaba con los hombres equivocados… Suspiré y cogí un par de vasos de chupito, antes de continuar, para servir un par de vodkas y ofrecerle uno a él mientras yo me bebía el mío de un trago.

– Lo primero de todo: No eres un cobarde. Un cobarde no habría escapado del loquero y ni siquiera habría llegado a Londres huyendo de absolutamente todo el mundo. Así que no permito que digas eso… Con mis amigos no se mete nadie. – lo miré mal, bromeando y en seguida volví a sonreír, relajando más mi expresión y apoyando los brazos en la barra. – En cuanto a lo de mendigo y ratero ante eso no puedo decir nada más que, si quieres, nosotros podemos ayudarte… Pero Maus ya me ha contado que no es la primera vez que oyes la oferta y la rechazas así que una cosa que sí que diría que eres es orgulloso… Como buen italiano. No eres tan raro como crees después de todo, Sforza. – le guiñé un ojo y aprovechando ese comentario me mordí el labio inferior antes de introducir el tema del que menos quería hablar el chico-gato. Los besos. Y yo. Me había ido a juntar con el único hombre que no quería hablar de esas dos cosas conmigo y no sabía si me gustaba, me sorprendía o me molestaba pero, conociéndolo, era imposible que eso me molestase. – Hablas del efecto que tengo yo en los hombres, Angelo pero, ¿sabes tú el efecto que causas en las mujeres? Probablemente nunca te hayas fijado, sobre todo porque no te gusta estar en público ni nada y tienes pinta de huir a la mínima oportunidad pero estoy más que segura que por ello te pierdes las miradas de muchas mujeres que de buenas a primeras no te verían ni como un cobarde, ni como un mendigo ni como un ratero sino, simplemente, como a un hombre. Y uno muy guapo. Y sexy cuando quiere con esa aura de misterio. – sonreí y negué con la cabeza. – Lo cierto es que yo no tengo tanto efecto en los hombres como crees. Solo suelen fijarse en mí los hombres menos adecuados… O a los que menos les convengo. No todo podía ser perfecto para la hija de Alessandro Gregoletto, ¿no?

Suspiré, bajé la mirada y me serví más vodka, bebiéndome un par de chupitos de golpe para ver si el alcohol me hacía callarme o dejar de pensar o, simplemente, desconectar. No quería que Angelo cargase con todo lo que me preocupaba ni con todas las historias que tenía en ese momento sin solución alguna en mi vida pero a la vez necesitaba que alguien, de la manera que fuera, estuviera ahí aunque solo fuera pasa escucharme… Por voluntad propia. – He dicho que eres lo más simple y normal de mi vida por una razón, Angelo. Sigo siendo la hija de mi padre, nada en mi vida es normal. Tengo que hacer tratos con irlandeses y galeses a cambio de armas y droga, tengo que comerciar con camellos locales para venderles mercancía y sacar beneficios, evitar guerras entre bandas, intentar que mi hermano no decida matarme porque ya no le interesa tenerme por aquí… Y eso por no hablar de mis problemas personales que de simples tienen lo justo… Vamos, ¿qué tiene de simple convertirse de vez en cuando en una máquina de matar? No lo he dicho como algo malo. Que seas simple y normal es bueno y me gusta pero, sobre todo, lo envidio. Sí, has oído bien, te envidio. Y eso no se lo digo a cualquiera. – le guiñé un ojo y me encogí de hombros antes de sentarme en la barra, quedando más cerca de él y mordiéndome el labio inferior mientras miraba de reojo la puerta. – Supongo que Maus estará al caer. – murmuré.

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Re: From Dusk Till Dawn || {Angelo Sforza}

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