Un Mundo Feliz || Jack Thomas

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Un Mundo Feliz || Jack Thomas

Mensaje por Katerina Sorensen el Jue Mayo 14, 2015 3:35 am

Buscaba como una loca mis libros favoritos por toda la casa. ¿Dónde diablos los había metido? No podía haberlos dejado en Oslo, ¿verdad? Ya llevaba varios años viviendo en Londres y que justo ahora me diera cuenta de que había dejado mis antiguos libros en Oslo sería, cuanto menos, irónico. Para comprobarlo, siempre podía llamar a mi padre y preguntarle… Pero eso estaba fuera de toda discusión. Llevaba años sin hablar con él y sin saber qué era de su vida y, al menos por mi parte, las cosas seguirían así durante mucho tiempo. No. Seguro que los había prestado y no me los habían devuelto. Pero, ¿por qué justo los clásicos que había empezado a devorar cuando había comenzado el instituto y había dejado a un lado mi obsesión por Alicia en el País de las Maravillas? Porque si repasaba las estanterías repletas de películas de serie B (o incluso Z) y libros que habían sido publicados en los últimos años no había ni rastro de nada clásico… Excepto por aquella enorme y viejísima edición de Alicia en el País de las Maravillas que me había regalado mi padre cuando había cumplido 15 años. Definitivamente, me había dejado todos y cada uno de los clásicos que tenía y que había devorado durante mi adolescencia más de una y de dos veces en casa de mi padre en Oslo.

Siseé sonoramente al ser consciente de aquello porque no podía haber un momento peor – O mejor, según se mirase – para darme cuenta de semejante tragedia. Y es que, ¿qué mejor que leer un clásico para una aburrida tarde de primavera en la que no tenía absolutamente nada que hacer que ver la vida pasar? Pues, al parecer, acercarme a la librería a comprar una vez más esos clásicos porque si había algo que estaba fuera de toda discusión era llamar a mi padre y pedirle que me enviase mis libros. Ambos habíamos prometido que nunca más molestaríamos al otro y estábamos cumpliendo esa promesa como mejor sabíamos y no pensaba romper mi palabra porque una tarde de aburrimiento me había dado por ponerme a leer. Por ello, me arreglé un poco (tampoco demasiado, tenía pensado ir a la librería y volver), cogí las llaves y el monedero y salí de casa en dirección a la librería más cercana para hacerme con un buen cargamento de libros para mis tardes aburridas porque, diablos, ¿a quién no le apetecía re-leer un buen libro de vez en cuando?

Tras caminar un buen rato – no pensaba entrar a la típica “cadena de librerías” – encontré una pequeña y vieja librería que conservaba un antiguo escaparate que perfectamente podía remontarse a la época victoriana (o quizá algo posterior, el caso es que era antiguo y precioso). Tenía pinta de ser un pequeño negocio local e incluso familiar y aquel ambiente antiguo, oscuro y a la vez cercano me atrajo como si fuera un canto de sirena. Entré dentro y aquel sentimiento no hizo más que aumentar. Boquiabierta me moví por el lugar tras saludar al dependiente (o era dependienta, ni me había fijado, estaba demasiado ocupada observándolo todo) en busca de pequeños tesoros en forma de libros. Tenían cosas de lo más antiguas y cosas algo más modernas. Teniendo en cuenta que yo buscaba libros de ciencia ficción, fui directa a la sección que parecía contener esos libros aunque lo que yo buscaba era algo muy especial. Literatura contrautópica y futurista escrita desde los años veinte hasta… bueno, nuestros días. Así, cuando encontré lo que buscaba empecé a coger libros. Rebelión en la granja y 1984 de Orwell; la trilogía de la Fundación, los propios dioses y alguna recopilación de relatos de Asimov; la guerra de los mundos y el hombre invisible de H.G. Wells; Fahrenheit 451 de Bradbury… Y así hasta que llevaba un buen montón de libros en brazos. Ya iba a pagar cuando recordé que Mich, el chico que trabajaba en el restaurante al que yo solía ir antes y/o después de trabajar en Wolfsbane a comer o tomar un café, me había recomendado leer algo de Aldous Huxley. Busqué libros del autor y me detuve ante uno en particular.

– Un mundo feliz. – leí el título en voz alta y acaricié el lomo del libro con una media sonrisa grabada en los labios. – Sí, ¿y qué más? – cogí el libro y lo puse con el resto porque, sin duda, tenía que leerlo. Junto a ese, cogí La Isla y El genio y la diosa. Por fin, con una montaña más grande de libros que yo. Me dirigí a la caja a pagar para así poder ir por fin a casa y encerrarme para leer. Por Odín, ¡qué ganas tenía!

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Re: Un Mundo Feliz || Jack Thomas

Mensaje por Jack Thomas el Lun Jul 13, 2015 2:39 am

Se me ocurrían muchas ventajas de volver a llevarme bien con mi hermana, entre ellas que por fin había empezado a seguir el camino recto y se daba cuenta de la importancia de tener familia, pero también se me ocurrían unos cuantos inconvenientes, y hacer recados para ella era uno de los más grandes. Evidentemente, ya que me había pedido por favor que me acercara a una librería para buscar un libro del s. XIX que necesitaba para un trabajo y que ella no podía encontrar, iba a hacerlo, pero eso no significaba que en mi día libre me apeteciera demasiado. Especialmente porque, aquel día, en mis planes lo único que estaba era quedar con Paola para verla y tomar algo, como hacían las parejas normales, y yo de eso sabía bastante. Sin embargo, le había hecho una promesa a mi hermana, y bien sabía Él que iba a cumplirla aunque eso significara renunciar al plan que más me apetecía de todas las posibilidades que tenía estando de permiso, como lo estaba en aquel momento. Por eso, nada más salir de la cama y hacer toda la rutina mañanera a la que me había acostumbrado (ducharme, desayunar, vestirme y darle la comida a Abel, que me recibió con un bufido), le mandé un mensaje a Paola para preguntarle si tenía planes después de comer y me dirigí hacia una librería. Hacía algunos días había estado investigando el libro que me había pedido y sabía que en la mayoría de grandes superficies sería imposible encontrarlo, y más una edición original, que era lo deseable. Por eso, el lugar al que me dirigí fue una librería que había fundado una familia británica noble y antigua, conocidos tanto míos como de mi abuelo, que precisamente por su estatus podían permitirse mantenerla aunque muchas veces, estaba seguro, no diera precisamente beneficios. Estaba demasiado encajonada y disimulada entre otros negocios, en uno de los barrios más elegantes de la ciudad, para llamar la atención a menos que se buscara la tranquilidad del oscuro interior, y por eso cuando entré allí no me sorprendió nada estar solo.

Tras los saludos de rigor, pregunté al dependiente (el nieto menor de la familia, a quien aún le imponía yo bastante) por el libro, y me lo buscó en la base de datos para confirmarme que, efectivamente, lo tenían. Mientras buscaba, a mí me llegó un mensaje de Paola diciéndome que no podía quedar porque estaba muy liada, así que le dije a Roger, que ya estaba dispuesto a acompañarme a por el libro, que simplemente me señalara dónde estaba porque yo podría encontrarlo perfectamente. Él pareció aliviado por no tener que acompañarme, e incluso le cambió la cara a mejor cuando me alejé del mostrador para meterme entre un par de estanterías a mirar libros, con el olor a papel antiguo embriagándome. Todo el mundo parecía creer que no me daba cuenta, pero conocía bien la fama que tenía y que era la principal responsable de que la gente que sabía de mí soliera evitarme, temerme o tratarme con hostilidad. Había llegado a un punto en el que era imposible que no lo notara, y que los demás creyeran que era estúpido, ciego y sordo me molestaba casi más que el hecho de ser temido por los demás. Era muy consciente de lo que era, de cómo era y de que no encajaba en las concepciones que tenían los demás sobre las personas con las que se solían llevar bien, y aunque me molestaba que se quedaran en lo que ellos querían creer, no me esforzaba por disuadirlos. ¿Para qué? Prefería tomármelo con la frialdad de siempre porque así tarde o temprano acabaría resbalándomelo, especialmente si, como en ese momento, podía dedicarme a estar un rato solo, tranquilo y rodeado de libros, que tanto me gustaban. Enseguida encontré el que Charlotte me había encargado, pero ya que estaba allí aproveché para buscar alguno más que me interesaba releer, como una edición magníficamente ilustrada del Paraíso Perdido, de Milton.

En cuanto tuve lo que quería salí de entre las estanterías para ir al mostrador a pagar, pensando que estaría solo como lo había estado al entrar. Sin embargo, debía de haber estado muy distraído por los libros, porque en el tiempo en el que había estado buscando había entrado alguien a quien no podía ver, escondido como se encontraba tras una montaña de libros que... Vaya, demostraban que tenía buen gusto. Algunos de ellos, los de Orwell de hecho, se encontraban entre mis favoritos, cosa que casi nadie sabía de mí, y por eso la persona que se ocultaba ya me caía bien, sin siquiera conocerlo. Por eso, cuando tropezó (cosa lógica cuando no se mira por donde se va) y la montaña estuvo a punto de caérsele, me acerqué con un par de largas zancadas para sostener los libros y coger unos cuantos, de manera que pudiera llevarlos a la caja. Gracias a ese gesto, pude ver que quien se escondía detrás de las páginas era alguien a quien conocía, y no pude evitar sonreír de medio lado.
– ¿Te vas a picar mucho si te digo que eres la última persona que esperaba encontrarme aquí...? – le dije, como saludo, y la ayudé a llevar sus libros a donde Roger nos miraba con los ojos como platos. No tenía claro si era porque yo estaba hablando con alguien, porque ella era guapa (objetivamente hablando era un hecho), porque yo hablaba con una persona tatuada o por todo, pero el caso es que le costó reaccionar y cobrar a Katerina los libros que estaba a punto de comprar.
– Tienes buen gusto, por cierto. Yo tengo todos estos en mi casa, y estos en concreto – señalé a los de Orwell y a Un Mundo Felizestán tan desgastados que un día se me van a acabar soltando del lomo. – añadí, y ahora la que estaba alucinando era ella, así que aproveché para echar un cable a Roger y que pasara los libros de Katerina más rápido.

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Re: Un Mundo Feliz || Jack Thomas

Mensaje por Katerina Sorensen el Sáb Feb 13, 2016 2:47 am

No sabía quién me había mandado a mí a coger semejante cantidad de libros porque por mucho que me apeteciera leérmelos todos estaba claro que era una muy mala idea irme cargada con todos ellos a la caja sin siquiera ver hacia dónde me dirigía porque aquello era imposible que acabara bien… Y, efectivamente, cuando apenas acababa de girarme para emprender el camino hacia la caja, me tropecé al no mirar por dónde iba y a punto estuvieron de caerse todos los libros con los que iba cargada y, peor aún, yo con ellos. Sin embargo, unas manos misteriosas me ayudaron, sujetándome los libros que estaban a punto de caerse y ayudándome, con ese gesto, a recuperar rápidamente el equilibrio. El hombre – porque esas manos enormes y fuertes eran indudablemente de hombre – me cogió unos cuantos libros para ayudarme y entonces fue cuando por fin me di cuenta de la identidad de mi salvador… A quien conocía desde hacía un tiempo y con quien no me llevaba especialmente mal.

No pude evitar sonreír, primero al verlo porque lo cierto era que me alegraba mucho de hacerlo (y es que ¿a quien no le alegra ver a un dios nórdico de dos metros sonriéndole y alegrándole el día?), y, después, por su comentario porque no me sorprendía en absoluto. Si la gente no me conocía bien, no tendría ni idea de mis gustos, especialmente en lo referente a la lectura, y por eso se sorprendían cuando me veían leyendo el tipo de literatura que tanto me apasionaba y que no debía encajar demasiado con mi físico porque a todo el mundo le sorprendía sobremanera cuando se enteraba de lo que me gustaba. Por eso no le di más importancia y cuando Jack me acompañó a la caja me limité a seguirlo sin dejar de mirarlo. – La verdad es que yo tampoco me esperaba encontrarte en un sitio así, por mucho que te pegue más que a mí… De todas maneras, me alegro de haberlo hecho, hace mucho que no nos vemos, Jack. – comenté justo cuando llegábamos a la caja y dejábamos los libros sobre el mostrador bajo la mirada atónita del dependiente que parecía flipar y al que no pude evitar sonreírle ampliamente, con lo que solo conseguí ponerlo un poquito más nervioso de lo que ya estaba.

En cuanto al comentario que Jack me hizo sobre los libros, lo cierto es que a punto estuve de sonrojarme porque nadie solía halagar ni valorar mi gusto en libros y mucho menos alguien tan guapo, apuesto e inteligente como Jack. Por eso me limité a encogerme de hombros ante su comentario, incapaz de mirarlo directamente a la cara. – La verdad es que Un mundo feliz me lo recomendó Mich, no lo he leído y como me gusta este tipo de literatura pues he decidido darle una oportunidad. Toda mi colección de libros se quedó en Oslo con la mudanza y no he tenido mucho tiempo de leer ni de comprar más hasta hoy así que… – una vez el dependiente me dijo la suma que debía pagarle, saqué la tarjeta y pagué rápidamente, cogiendo la bolsa con todos los libros y esperando a que Jack también terminara. – ¿Tú que has comprado? La verdad es que no me vendrían mal más recomendaciones aunque ya tengo material para unos cuantos meses… No sé, solo es curiosidad. – comenté, echándole un ojo a los libros que estaba a punto de pagar Jack, de los cuales no había oído hablar nunca. Bueno, siempre había una primera vez para todo, ¿no?
– Por cierto, ¿te apetece tomar un café? Hace tiempo que no hablamos y no estaría de más ponernos al día… Si quieres, claro. – y es que después de todas las veces que nos habíamos visto, a veces dudaba de que le cayera demasiado bien por mucho que lo intentase pero no podía evitarlo. Aquel inglés (medio vikingo, estaba segura) de dos metros imponía mucho… Y para mí aquel sentimiento era algo nuevo que solo me había pasado antes con mi padre… Y ni eso.

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Re: Un Mundo Feliz || Jack Thomas

Mensaje por Jack Thomas el Mar Mayo 10, 2016 9:46 pm

A decir verdad, a una nórdica tatuada y vestida de zorra de Satanás le pegaba más una Biblia Satánica (que Él me perdonara siquiera por pensar en semejante agravio a la divinidad) o, qué sabía yo, las mejores maneras de invocar al demonio, no ciencia ficción distópica que era ya un clásico del siglo XX y, además, de mis libros favoritos. No sabía si me sorprendía más el hecho en sí de que le gustara o que coincidiéramos en algún gusto ella y yo, dos personas que, al margen de ser rubios, éramos completamente opuestas, pero la demostración estaba allí, pagando conmigo y tan viva y coleando como había podido notar antes, cuando la había ayudado. Ella llevaba desde ese momento mostrándose más tímida conmigo que cuando nos habíamos conocido, y no sabía si eso se debía a que seguía aún sorprendida (sí, ella también) por haberme encontrado allí o por cualquier otra cosa… No pude evitar pensar que, quizá, habría escuchado mi maldita reputación de fascista, cosa que no era, y por eso se mostraba más dubitativa al tratar conmigo, pero no lo parecía, ¿no? Quizá si así fuera me diría algo, en vez de mantener una conversación normal conmigo o preguntarme por los libros que estaba comprando, ambos interesantes a su manera aunque sólo uno fuera mío.
– Este de aquí es para mi hermana, me pidió por favor que se lo intentara conseguir y, bueno, he decidido ser buen hermano y hacerlo. Este otro, Paraíso Perdido… es intenso. Es poesía inglesa del s. XVII, trata sobre la caída de Adán y Eva y sobre el mal, la justicia y… Bueno, es todo un clásico, si te interesa podría dejártelo. – propuse, sorprendiéndome a mí mismo tanto como sorprendí a Roger (supongo que en mi fama lo de ser generoso no se contemplaba) antes de pagar y acompañarla fuera.

– Da la casualidad de que hoy no tengo más plan que este, por cierto, así que sí, me gustaría. Conozco un bar por aquí cerca, es un pub tranquilo que me recomendaron y que resulta que es decente, por si tienes hambre y quieres comer algo también. – le dije, sonriendo, y en ese momento le hice un gesto para que me pasara las bolsas y se las llevara yo. ¿Qué podía decir? Ella era más bien poca cosa (bueno, en cuanto a masa muscular, en cuanto a cuerpo no, en absoluto), mientras que yo era un soldado bien entrenado y con mucha fuerza física, no iba a dejar que ella cargara con algo que ya le había dado problemas antes, cuando casi se había chocado conmigo por no poder ver. Además, a mí no me importaba en absoluto ayudarla y ejercer de caballero porque me habían educado así, sobre todo mi padre y mi abuelo, así que insistí y al final yo llevaba todas las bolsas, tanto las suyas como la mía, más pequeña. Así, llegamos al pub que le había dicho, y le abrí la puerta para que ella entrara antes que yo, como se suponía que debía ser. Solamente cuando ella ya estaba dentro yo la seguí y me dirigí hacia la mesa que eligió, donde dejé las cosas y me senté tras, obviamente, ayudarla a ella a que se sentara.
– Perdona, estoy un poco chapado a la antigua y a la inglesa y eso a veces puede incomodar un poco a la gente. – me disculpé, encogiéndome de hombros al final, porque no era intención mía incomodarla ni que se pensara que yo creía que era inútil ni nada de eso, simplemente me habían enseñado buenos modales, y me gustaba utilizarlos siempre que podía, como por ejemplo cuando llegó la camarera, dejé que ella pidiera primero y sólo después yo me pedí un refresco de limón, algo a lo que allí ya estaban acostumbrados porque me conocían. – Supongo que, por lo que me has dicho, en el restaurante estás bien… ¿Qué hay de nuevo en tu vida, Katerina?

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Re: Un Mundo Feliz || Jack Thomas

Mensaje por Katerina Sorensen el Vie Jun 24, 2016 10:49 pm

Paraíso Perdido. No pude evitar fijarme en ese libro y pensar en lo que Jack me había dicho de él durante el tiempo que tardó en pagar y salir fuera. Sonaba tan bien que me estaban entrando ganas incluso de volver a entrar a la tienda y comprármelo. Pero no, ya había gastado mucho dinero y tenía libros para muchos meses, además, a malas siempre podía pedírselo a Jack ya que después de todo había sido él quien se había ofrecido a prestármelo. Una vez fuera, pude olvidarme del libro gracias a él y a que aceptó mi plan de ir a tomar algo juntos para ponernos al día. Lo cierto era que me apetecía mucho pasar un rato con el dios nórdico de dos metros de quien tanto hablaba Mich constantemente. Era bastante interesante comparar todas las cosas que había oído de él con la persona en sí y es que había oído tantas cosas de Jack que, después, una vez lo conocías y lo tenías delante incluso te sorprendía y no sabías si creerlo. Especialmente cuando hacía cosas como la de coger mis bolsas para llevarlas él, insistiendo hasta que me rendí y simplemente lo acompañé al pub. Allí, me abrió la puerta e incluso me ayudó a sentarme y yo ya estaba alucinada e incluso buscando la cámara oculta, ¿acaso aquello era normal? Él pareció leerme el pensamiento y se disculpó y me explicó que estaba chapado a la antigua… No hacía falta que lo jurase.

No tienes por qué disculparte, Jack. Eres así y a quien no le guste… Que se aguante. Si tuviera que disculparme yo por ser como soy cada vez que incomodo a alguien me pasaría la vida haciéndolo. – sonreí y le guiñé un ojo justo cuando apareció la camarera y le pedí una cerveza y cuando Jack pidió se marchó y nos dejó solos de nuevo, a tiempo de que Jack pudiera preguntarme por mí. – Pues… Nada, supongo. Sigo trabajando en el restaurante y tengo a mis reptiles y… Bueno, quizá… Supongo que lo más nuevo, raro y sorprendente que me ha pasado últimamente es que un chico me… ¿rechazó? No sé si esa es la palabra adecuada, la verdad. Tiene problemas de dinero y no está muy bien en el sitio en el que vive y le ofrecí mi casa y… Me dijo que no. – fruncí el ceño sin poder evitarlo mientras recordaba esa noche tan extraña en la que había encontrado a Dante y todo lo que había pasado, deteniéndome demasiado en el beso que nos dimos en el parque antes de sacudir la cabeza. – El chico es como un gato asustado, ¿sabes? Creo que nunca he conocido a alguien así es tan… inseguro y tímido. Y aunque alguna vez me sigue el juego es como si no tuviera nada de efecto en él. Pero hace mucho que no lo veo… - me encogí de hombros y justo en ese momento llegó la camarera con nuestras consumiciones, le di las gracias cuando las servía y cuando volvió a marcharse, choqué mi cerveza contra su refresco antes de beber, sonriendo.

Como ya no tenía demasiado que contarle a Jack, mientras bebía recordé que cuando nos habíamos conocido él tenía problemas de faldas, unos problemas de los cuales creía recordar que nunca habíamos vuelto a hablar y por un momento me morí de curiosidad por saber cómo habían quedado las cosas así que no pude evitar preguntar. – Bueno, ¿y qué me dices de ti? ¿ya arreglaste las cosas con la chica de Wolfsbane o sigue siendo un sitio vetado? Si quieres aun puedo pisarle con los tacones, si la veo. – bromeé, antes de darle otro trago a mi bebida y encogerme de hombros. – Ahora en serio, creo que nunca llegué a enterarme de lo que pasó al final pero espero que acabara bien… Al menos para ti. – sonreí y me encogí de hombros. Era sincera al decir aquello, no era una persona rencorosa y, por suerte o por desgracia, siempre tendía a querer lo mejor para los demás y a ver lo mejor de la gente… Algo que no siempre era bueno. – A parte de eso… ¿Alguna novedad por tu parte, Jack?

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Re: Un Mundo Feliz || Jack Thomas

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