Bermellón (Jessie Jones)

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Bermellón (Jessie Jones)

Mensaje por Jack Thomas el Lun Nov 14, 2011 4:21 am

En Londres apenas salía el sol. Me había acostumbrado tanto al sol constante del desierto irakí, siendo sólo contrastado por las noches oscuras en las que no era visible absolutamente nada a nuestro alrededor, que la sensación de levantarme por la mañana y no encontrar aquella gran bola de fuego en el cielo marcando el inicio de la jornada sino una masa de nubes volviendo gris el cielo y la atmósfera me dejó, por un momento, descolocado... al menos hasta que volví a recordar que me encontraba en Londres, no en Irak, y que las cosas allí eran siempre muy diferentes, y evidentemente mejores. ¿La principal razón? Londres no estaba lleno de infieles hasta las tejas de las propias casas, en su mayoría de adobe, y pese a que había muchos por aquí, cada vez más por su manía de extenderse como la plaga de langostas que eran en realidad. Echaba de menos escuchar mi propio idioma, despertarme en una cama cómoda en vez de en la rígida cama que tenía en la base militar donde solía pasarme largas temporadas, echaba de menos no tener el horario tan rígido que había llevado allí, sólo roto cuando había ataques por sorpresa de suicidas, normalmente, que desbarajustaban todo el orden que tratábamos de crear allí en pos de una religión falsa, basada en falacias y sin un atisbo de verdad por estar equivocada en todos los planteamientos propios que no había copiado de la verdadera, la mía... La que yo profesaba y justificaba mis actos en casi su totalidad, pese a que hubiera excepciones que realizaba por mí mismo.

Una de aquellas excepciones era precisamente la que me había hecho despertarme aquel día y salir de la cama pese a mi cansancio largamente acumulado por haber vuelto hacía apenas unos días del frente: una especie de reencuentro con una chica, conocida mía de la infancia o algo así. Jessie Jones había vivido en Escocia la mayor parte de su vida y había sido allí, en uno de los veranos que había pasado de vacaciones con mi familia, donde la había conocido, una tarde en la que había hecho de canguro de mi hermana cuando ella todavía mantenía cierta inocencia y yo sólo estaba madurando la idea de convertirme en militar, y a partir de aquel día los dos, Charlotte y yo, habíamos terminado manteniendo una relación con ella que había continuado de forma esporádica hasta que me había enterado, encontrándomela por la calle además, de que había venido a Londres. ¿Qué mejor manera de retomar una relación pasada que yendo a tomar algo a uno de los muchos bares londinenses? Quizá examinando si era digna de volver a relacionarse conmigo, razón por la cual la había mantenido vigilada pese a haber quedado y me había llevado una sorpresa interesante... algo difícil de ver, pero existente a fin de cuentas. ¿Qué clase de criatura, si no es infernal, muestra colmillos cuando atisba algo de sangre por mucho que después los esconda? Sólo un hijo de Satanás, o quizá alguien castigado por él, pero la cuestión era que aquello le daba un toque diferente al asunto, más peligroso si se quería entender así, algo que reforzaba mi idea de quedar con ella para ver si era digna de seguir viviendo o por el contrario merecía, como una infiel más, la muerte... Cosa muy probable.

Metiéndome a la ducha rápidamente después de encender el móvil, apenas me costó un cuarto de hora estar listo y desayunado, a tiempo para deshacer las bolsas que aún quedaban a medio empaquetar en mi casa y de paso dejar que el tiempo avanzara hasta que fuera media mañana, el momento en el que había medio quedado con ella en aquel bar. Salí de casa en mangas de camisa por el poco frío que hacía aquel día, vaqueros y zapatillas de cordones, una imagen muy diferente a la mía propia que estaba acostumbrado a ver con mi uniforme militar y las armas que solía portar, y caminé tranquilamente, con las manos en los bolsillos de los pantalones, en dirección a aquel bar, sin sacar el coche del garaje pese a que supiera que tendría que echarle un ojo a la batería por el largo tiempo que había pasado sin utilizarlo, y en cuanto llegué me bastó un breve vistazo al reloj del móvil para saber que iba pronto, por lo que sin alterarme lo más mínimo pese a los intentos desesperados de la joven camarera por llamar mi atención, pedí algo en mi línea, sin alcohol ni cualquier sustancia estimulante o excitante, que se tradujo en un simple Nestea que empecé a beber, a sorbos, sumido en mis propios pensamientos, desde luego bastante más interesantes que los de la camarera que, por la cara, tenía que estar poniéndose las botas por el repaso del kamasutra que se estaba dando conmigo en su cabeza. Patético.

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Re: Bermellón (Jessie Jones)

Mensaje por Jessie Jones el Mar Nov 15, 2011 12:41 am

Nunca he sido una chica que crea en el destino, o en la tontería esa de que el mundo es un pañuelo. Las cosas son lo que son, el mundo es una superficie redonda de 12.756,8 kilómetros a nivel ecuatorial, lo que dista bastante de ser un pañuelo, y el destino son solo las consecuencias de nuestros actos. Y el resto es puro azar. Como lo fue el hecho de que el otro día, tomara una ruta distinta para ir a la universidad. Siempre prefiero ir paseando tranquilamente, con una buena música sonando en el ipod, pero no ese día. Shadows hizo que me retrasara y tuviera que correr por callejones y zonas que habitualmente no transito. Y un fantasma del pasado se me apareció. No fantasma en la forma mala, si no en algo más referente a que era una persona que no pensé volver a ver. Menos aún después de mudarme de Inverness.

Jack, alguien a quien conocí, junto a su hermana, unas vacaciones y con los que se podría decir que no he vuelto a tener contacto salvo si de nuevo decidían pasar algunos días en la verde Escocia. Nada serio, nada que pudiera llamar amistad, pero lo cierto es que verlo fue casi tan raro como curioso. Me hizo recordar los días en los que no te preocupaba nada salvo divertirte, en los que creías que todas las personas eran dignas de confianza, en los que Susanne estaba viva, y yo aún no era la pequeña monstruito en la que me había convertido. Sí, puede que Jack no fuera mi amigo pero él traía consigo recuerdos que me hacían sonreír. Por eso podría decir que me ilusionó ese cambio en mi rutina que hizo que me lo encontrara. Y más aún que volviéramos a quedar para tomar un café otro día.

Y ese otro día es hoy. Apenas me costó trabajo levantarme, para cuando el despertador me taladró los oídos con su estridente melodía, la cual apunté mentalmente debía cambiar, estaba despierta, mirando al techo, perdiéndome en las imágenes del pasado. En Charlotte y yo jugando en el parque ante la atenta mirada de su hermano. Ya por entonces parecía un chico serio, y el otro día habíamos hablado poco, pero me había dado la razón en que hay algunas características que se incrementan con la edad. Más despierta que de costumbre, me duché lentamente, dejando que el agua calmara en parte la alegría que sentía. Nunca nada que te produce tanta euforia acaba saliendo bien, sólo me preguntaba qué sería lo que fallaría esta vez. Salí con esos pensamientos del baño, me puse unos vaqueros y una camiseta negra de tirantes, mis converse y mi pulsera de cuero preferida que cubría parcialmente el tatuaje de mi muñeca, cogí una manzana y una chaqueta fina, raro para un noviembre en Londres. Le puse la comida a Shadows y me marché corriendo mientras le dejaba la promesa de sacarlo a la vuelta. Algo bastante idiota, los perros no entendían a los humanos…

Miré el reloj mientras seguía corriendo por las abarrotadas calles de la ciudad. Si Jack seguía siendo tan estricto como lo era de pequeño, probablemente me matara si llegase tarde… y por supuesto llegaba tarde. Apreté el paso y pocos minutos después estaba parada frente a la ventana del bar, sin rastro alguno de la carrera gracias a mi nueva resistencia, viendo a un Jack de espaldas siendo comido por los ojos de la camarera. Sonreí, nunca lo habría pensado de esa manera, pero el tiempo no le había tratado mal tampoco en eso. Entré comprobando la hora en el reloj de la pared del bar. Puntual. No iba a ir tan mal después de todo. Caminé hacia él y le puse una mano en el hombro, asaltada de pronto por multitud de dudas. ¿Debía darle dos besos? ¿la mano? ¿Un abrazo? ¿qué se hace en estas ocasiones? Decidí que lo mejor sería no tentar a la suerte y limitarme a sentarme a su lado, retirando la mano de donde la tenía.

-¡Jack! Espero que no lleves mucho esperando- llamé a la camarera sacándola de su ensoñación y pedí una coca cola que se apresuró en traerme- Debo reconocer que eres la última persona que esperaba encontrarme aquí. Creí que vivíais en Bristol.-le dí un trago a la coca cola-¿Cómo te ha ido? ¿Qué tal está Charlotte?

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Re: Bermellón (Jessie Jones)

Mensaje por Jack Thomas el Mar Nov 15, 2011 3:22 am

No podía evitar levantar la mirada de vez en cuando de la superficie líquida de mi bebida, que hacía una espuma blancuzca que me recordaba, en parte, por qué no solía beber cosas de esas aunque aquella fuera la excepción, hasta la superficie también lisa y brillante, aunque aquella por lo pulido, del reloj que colgaba en la pared, con sus agujas avanzando lentamente o, al menos, pareciéndome que corrían más lentas de lo que lo hacían, casi más caminar que correr como se supone que de habérmelo pasado bien lo habrían hecho... Y es que no, no me lo estaba pasando bien, no cuando estaba en pleno nido de pecado, a la vista de la camarera posada sobre mí me remitía sin necesidad de girarme para saber que el 90% de la población femenina de aquel local estaba en las mismas, cayendo una y otra vez en aquel pecado que era lujuria y que se combatía de una manera muy sencilla: autocontrol. Incluso aunque yo a veces...
¡Basta!
Apreté la mano sobre el muslo, acallando mis propios pensamientos, y la otra la llevé al vaso de Nestea que tenía enfrente, en la barra. Bebía aquello porque sabía que no llevaba teína (demasiado poco té en la sustancia como para incluir algo así, al menos en cantidades que verdaderamente me causaran algún efecto) y no me afectaría, pero prefería estar gastando mi tiempo, aquel que no dejaba de correr y almacenarse en un enorme reloj de arena controlado por Dios, en otras cosas más interesantes.

Y antes lo pienso, antes sentí una mano en el hombro, una menuda y sin apenas fuerza comparada con la que tenían las mías pero que bastó para girarme y encarar a la pelirroja, a Jessie Jones, que enseguida retiró aquel contacto para sentarse a mi lado, en un banco que quedaba libre, y dar por finalizadas mis ideas rebeldes de irme de allí, así como para dar por comenzado aquel juicio al que iba a someterla. Cualquiera podría pensar que en aquellos rasgos suyos, inocentes incluso, no escondían nada malo, pero yo sabía lo que había visto, y la experiencia me decía, casi gritándome, que eran aquellos aspectos inocentes y casi angelicales los mejores refugios para que Satanás escondiera los pecados mayores, las ofensas directas al Creador y especialmente aquellos actos que suponían, en sí mismos, un desafío (inútil, pero no por ello merecedor de dejar de ser punido por mí) a Él... y a su autoridad.

Por eso mismo no iba a confiarme, y me mantendría a la defensiva en cierto modo, pese a que a fin de cuentas no tenía que ir al ataque de entrada. Mi experiencia en mi trabajo me gritaba que era mucho mejor tantear el territorio antes que lanzarme a ciegas a un terreno en penumbra cuyos secretos y amenazas no conocía. Con un examen previo, no obstante, gozaba de nuevos asideros y de pautas que me permitirían ya no solo guiar mi comportamiento en la dirección que tenía que seguir, sino también hacerlo de tal manera que pareciera, porque así lo era, que la situación había llevado de manera natural hasta aquel punto en el que terminaríamos encontrándonos. ¿Cuál era, por tanto, la estrategia que tenía que llevar a cabo? Seguirle el juego, al menos de momento, e ignorando incluso aquella alusión a la zorra de mi hermana, porque ella no tenía por qué saber lo mucho que había cambiado desde que jugaban juntas.
– Hola, Jessie... Y no, apenas llevaré unos minutos, no más de diez sin duda aunque no sepa exactamente cuántos. El tiempo pasa más rápido estando solo y no es que estuviera demasiado pendiente del reloj, así que... – repliqué, encogiéndome de hombros y permitiéndole un momento para que bebiera de su Coca-Cola antes de dirigirle una mirada a la camarera que, en sí misma, resultaba totalmente explícita porque decía un ”fuera” que hasta alguien como ella entendería... y así fue, lo comprendió y se fue de allí... buen perro, o mejor dicho buena perra.

– He de admitir que las cosas han cambiado bastante desde que veraneamos en Inverness y te conocimos, primero por el tema que has mencionado de vivir en Bristol como pueden serlo otras cosas... Sí, solíamos vivir allí, pero hace unos años decidí entrar en el ejército y me salía bastante mejor en cuanto a localización venirme aquí, así que cada vez que tengo un permiso para volver vengo directamente aquí. Charlotte estudia en la universidad, también en esta ciudad, así que salvo nuestros padres, que permanecen a caballo entre ambas, nos hemos mudado aquí más o menos del todo. Es a ti a quien no me esperaba encontrar aquí, la verdad... ¿Qué ha sido de la chica pelirroja con tanto acento escocés que conocí entonces? Pareces cambiada... Mucho, además. – repliqué, dejando la siguiente pregunta al aire con tono aparentemente jovial que contrastaba con mi mirada, fría y seria como siempre, examinándola y juzgándola de antemano al haber dejado caer cambios como, no sé, quizá que le salían colmillos como buena criatura del Demonio y la alejaban del buen camino... por ejemplo.

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Re: Bermellón (Jessie Jones)

Mensaje por Jessie Jones el Miér Nov 16, 2011 3:10 am

La velada creía que no había empezado especialmente mal. El sitio no era agobiante, no había demasiada gente cotilla, y pese a que casi todas las chicas del bar parecían mirar a Jack, y en cierto modo a mí con odio por estar con él, lo cierto es que no me importaba. Nunca había visto a Jack más allá de su rol como niñero. Podía aceptar que resultaba llamativo, pero su seriedad siempre era algo que había hecho que cualquier otro rasgo en él, quedara eclipsado. Y aún así, me permití un tiempo para mirarle mientras él aclaraba los minutos que llevaba esperando, los cuales también ignoré. Si llevaba más de diez era porque él así lo había querido… incluso aunque pareciera querer decir algo con segundas en su frase. Parecía alto, muy alto para ser exactos, atlético, y al parecer con mucha fuerza. Algo que corroboraría su muslo si pudiera, lo que me hizo volver a su cara y examinar si de verdad estaría bien.

Acallé mis dudas por cortesía mientras él me explicaba el por qué de su vivienda actual en Londres. El ejército. No sabía por qué, algo en su porte sí indicaba esa profesión. Esa seguridad en sí mismo, la seriedad, la rigidez, el hacer lo correcto ya desde que era adolescente, ese matiz de peligrosidad que se podía adivinar en sus ojos. Apostaba a que sería un militar de los que cumplen su función sin preguntar a qué o quiénes hay que llevarse por medio. Y esa idea hizo que me removiera en el asiento y diera vueltas a la coca cola haciendo que se levantara espuma. Esperé a que esta desapareciera para darle otro trago intentando mantener la mirada a Jack. Me recoloqué el pelo tras la oreja y me encogí de hombros ante su respuesta.

-Bueno ya sabes, cosas de la vida. Me vine a estudiar aquí, entré en el cuerpo de policía y me encantaría entrar en la policía científica. Quién sabe, quizá en un año lo logre. -le sonreí percatándome de que de nuevo estaba esa mirada penetrante ahí. Con su pregunta que quise pensar que era inocente pero…¿y si lo sabía? ¿Y si esos cambios no iban solo porque hubiera crecido 30 centímetros y hubiera desarrollado un cuerpo de mujer? No…claramente no, era imposible. ¿Cuántas veces me había alimentado desde… bueno desde que era lo que era? ¿Tres? Y había tenido cuidado. O algo así para que nadie dijera nada. Claro que, ¿quién puede fiarse de las personas? Esas que por delante ponen buena cara pero están esperando que te des la vuelta para tirarte todo tipo de mierda encima… si alguien había dicho algo de lo que era o lo que hacía iba a tener serios problemas… y no solo porque me echaran del trabajo o de la universidad, si no porque iba a ser objeto de estudios. Peor que los ratones con los que experimentan en los laboratorios.

Intenté calmarme, asegurándome a mí misma de que, fuera como fuera, era muy improbable que si alguien hubiera confesado algo, hubiera llegado precisamente a los oídos de Jack, alguien a quien no veía de hacía años y con quien precisamente me había encontrado. No, tantas casualidades juntas no pueden existir ¿no? Así que respiré profundo de forma disimulada y seguí jugueteando con la pajita en el vaso.

-Me gustaría volver a ver a Charlotte. Aunque quizá ni la reconociera por la calle, para mí sigue siendo la chica pequeña y desgarbada con la que jugaba. Pero qué te voy a contar a ti de cambios… yo he cambiado-murmuré sin especificar exactamente el cuánto, y aún así, de forma inconsciente, pasé la lengua por mis dientes, asegurándome que los colmillos seguían en su sitio y de su mismo tamaño, en un gesto que esperaba, él no interpretara como ningún tipo de insinuación. Hacía días que no me alimentaba, era cierto, pero tampoco había tenido la necesidad…- ya no uso vestiditos de flores, y tampoco suelo llevar dos coletitas y ahora juego con otro tipo de cosas… Además, tú has cambiado también. Sigues siendo el mismo tipo serio, calculador, correcto… pero a no ser de que hayas dejado de sentir dolor, quizá deberías soltarte la pierna, a ese ritmo de presión mañana tendrás un bonito cardenal.-estiré la mano para tocarle la muñeca de la suya a la que me refería y darle más efecto a mis palabras-Cualquiera diría que te incomoda mi presencia… ¿y sabes qué? pensándolo mejor-sonreí- quizá no hayas cambiado tanto… sólo la carcasa. Y a ellas les gusta por cierto. Aunque tampoco te interesen, exactamente como antes… -miré su mano, no llevaba anillo-- No te has casado… así que…¿ pasar tanto tiempo con tu hermana pequeña y su amiga “ la pelirroja con acento escocés” te ha saturado de feromonas?-bromeé… aunque casi me arrepentí al ver de nuevo sus ojos e intenté corregirlo con otra pregunta-Vale es algo que no me incumbe demasiado…¿cómo te va en el ejército? Debe ser duro.


Última edición por Jessie Jones el Miér Nov 23, 2011 9:31 am, editado 1 vez

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Re: Bermellón (Jessie Jones)

Mensaje por Jack Thomas el Jue Nov 17, 2011 1:59 am

Realmente era una ventaja, aquello de no sentir el dolor en todo su esplendor por muchas desventajas que pudiera tener y, de hecho, tenía. Sin ir más lejos, tenía que mantener una constante revisión de mi cuerpo en busca de heridas que podían empeorar mi salud o incluso matarme ya que, por mí, ni siquiera iba a sentirlas en sus lugares respectivos. Todo posible inconveniente se podía, sin embargo, paliar con mucho cuidado a la hora de comportarme, y me evitaba, tener los nervios de tal manera, ser un quejica o un blanco que no sirve de nada ni a Dios ni a su país, lo único que de verdad importaba además de la familia y esa clase de valores que la gente parecía haber olvidado pese a ser tan sumamente importantes. Aquella carencia para muchos pero ventaja para mí, como una especie de regalo si ignoraba su origen, me servía perfectamente para ser capaz, sin mayores dificultades, de centrarme y de ir siempre hacia delante, avanzando por el sendero que era correcto. No había dudas, no había nada que me retrasa, no había incertidumbre... Sólo había la certeza de estar haciendo lo correcto, viéndose reforzada lógicamente por aquella falta de impedimento que se sumaba a la mía de los supuestos escrúpulos que tenía que sentir y que quedaban totalmente apartados cuando la misión que había que llevar a cabo era la mía: una de origen divino, justificada precisamente por eso mismo.

Y aquella falta de dolor, al menos en su mayor parte, era algo a lo que estaba totalmente acostumbrado, tanto que ni siquiera me daba realmente cuenta de cuándo lo que me hacía a mí mismo resultaba peligroso, como podía llegar a serlo aquel gesto con el que estaba aprisionando mi propio muslo, sin que no obstante me importara, como nada que pudiera haber ya en él, ya que a fin de cuentas si no dolía era como si no existiera, perdiendo todo su valor. Aparté mis pensamientos de la fuerza que hacía, siendo perfectamente consciente de ella, y los dirigí a Jessie, que a mi lado había empezado a hablar sobre sus propios motivos para acudir a Londres y, después, cambiando de tema a uno que seguía sin gustarme absolutamente nada, a uno que incumbía a mi hermana y mi propia vida, incluida una observación sobre el hecho de no estar casado... Hecho que ni le iba ni le venía, en realidad, porque sólo me interesaba a mí y a mi familia a la hora de mirar por ellos, buscando a una mujer que fuera adecuada para el apellido Thomas y que, hasta la fecha, no había encontrado porque todas habían salido ranas, aunque nunca tanto que bebían sangre... como Jessie Jones, hecho que me confirmó cuando en un movimiento que atisbé por el rabillo del ojo se pasó la lengua por donde estaban los colmillos. Sospechoso, y más si sabía por qué lo hacía.

– Nunca se sabe lo que puede pasar y cómo pueden cambiar las personas... Charlotte ya no es la niña con la que jugabas en ningún aspecto, y así como yo tampoco soy más el que solía vigilaros tú misma has cambiado en muchas cosas. Es lo que hace el tiempo, pero también las decisiones y los actos. – repliqué, fijando la mirada un momento en donde sus colmillos estaban para después volver a clavarla en sus ojos. No me gustaba hablar de mí mismo ni siquiera con conocidos, como lo era ella, ya no sólo por lo que pudieran llegar a saber de mí para utilizarlo en mi contra, que también, sino más bien porque no se merecía saber de mí más que lo justo, la versión edulcorada que me permitiría tener la ventaja razonable y necesaria para hacer lo que tenía que hacer: juzgarla bajo el código de Dios, y no ningún otro que pudiera, como un falso ídolo, tratar de imponerse al de verdad.

– Te sorprendería saber hasta qué punto he cambiado, aunque ciertas cosas sigan iguales a como solían ser cuando fui a Inverness hace tanto tiempo. No negaré que físicamente es lo más obvio, hasta un punto que a los extraños os puede resultar desconocido e inimaginable – comencé a decir, haciendo una referencia mental a mis nervios tocados pero que no pensaba que ella fuera a entender... y mejor que así siquiera, así como su ignorancia respecto a mis dones. – pero aún así sigo siendo yo, el mismo a quien no le incomoda tu presencia más que el hecho de estar en un sitio donde no se me quita la vista de encima... la fuerza de la costumbre, que hace que lo pueda soportar. Y sí, supones bien, el ejército es duro. Me destinaron a Irak cuando prácticamente acababa de entrar y allí estoy todavía a excepción de momentos como este en los que estoy de permiso. Echaba Londres de menos. – añadí, encogiéndome de hombros y dándole un trago al Nestea que tenía en el vaso, mirándola de reojo.

No dio tiempo, no obstante, a que ella respondiera o reaccionara. La camarera que teníamos delante de nosotros era tan torpe, además de que estaba demasiado centrada mirándome intentando (inútilmente) que no se notara, que apenas si se daba cuenta de lo que hacía o más bien debería estar haciendo, y llegó el momento en el que la situación no dio más de sí por la inutilidad de la muchacha y dejó caer, delante de nosotros, una jarra llena de cerveza al suelo y a parte de la barra, cortándose y haciéndose una herida importante en la mano al tiempo que yo agarraba el vaso de Nestea y lo levantaba para que no se mezclara con la cerveza, justo antes de volver a dejarlo, fuera de la zona de influencia, y alargar la mano hasta la herida de la camarera, que gemía de dolor.
– ¿Estás bien? – inquirí, fingiendo que me interesaba al examinar la herida con ojos expertos porque de primeros auxilios sabía por mi experiencia en el ejército, y no me beneficiaba precisamente quedar como un desalmado que no era pese a que ella no se lo mereciera. Con mis movimientos, dejé a la vista la sangre que, copiosamente, le caía por la mano del corte que se había hecho por despistada mientras aparentaba, aunque con la mirada de reojo en Jessie y disimulando, no como ella lo hacía.

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Re: Bermellón (Jessie Jones)

Mensaje por Jessie Jones el Jue Nov 24, 2011 3:25 am

¿Estaría volviéndome loca, o acababa de mirarme los dientes? Maldita sea, me estaba volviendo una completa paranóica. Si ya ni con amigos podía relajarme ¿qué coño iba a pasar conmigo? Claro que no podía considerar a Jack un amigo, pero tampoco había dado motivos para considerarlo enemigo, o al menos aún. Muchas personas se fijan en la sonrisa de otras, los labios… los dientes. Seguro que mi movimiento no se le había pasado desapercibido y por eso miró. Esa debía ser la explicación racional. La ÚNICA explicación que quería valorar. Además, Jack acababa de decirme que había vuelto a Londres para descansar de una de las misiones… era temporalmente imposible que supiera nada, y mucho menos que supiera que yo estaba viviendo en Londres.

Suspiré, debía estar peor de lo que pensaba si incluso podía dar un doble sentido a las palabras de Jack sobre los cambios, las decisiones y los actos. Si él supiera… toda esa mierda sobre ser capaces de decidir era sólo una patraña. Algo que los humanos nos inventamos para justificar nuestras acciones, pero ¿cuánto de ello era 100% decisión nuestra? Sincéramente, pienso que nada. Todo está influenciado por algo. En mi caso, por desgracia, era la sangre y ese instinto animal que me domina cuando huelo su presencia. No hay elección. En ocasiones sólo autocontrol.

Y debía echar mano de él para seguir soportando su escrutinio. Si la mirada de Jack fuera de rayos X ya habría radiografiado hacía rato todos mis huesos, hasta los de los oídos. Cuando hablaba, bebía o parecía distraído, su mirada no se apartaba de mí. No era porque pensara que le gustaba, era sólo ese constante examen lo que definitivamente me incomodaba un poco, y dificultaba mi propuesta de tranquilizarme. En contraposición, me hacía gracia esa conciencia suya de que todas las miradas estuvieran puestas en él. Era una extraña mezcla entre egocentrismo y conciencia de la situación… importándole bien poco. Él se había mirado al espejo y se había convencido de que era atractivo y de que todas le mirarían. Simplemente parecía haberlo aceptado e ignorado.

Sin embargo cuando iba a replicar algo ocurrente sobre su alta autoestima, el tiempo se paró un segundo para después avanzar a toda velocidad. Tanto que me pregunté si no sería obra de algún superpoder… porque era algo en lo que nunca había pensado, pero si yo había cambiado, era probable que alguien más lo hubiera hecho. Nada ocurre de forma aislada y única en el universo. Pero tampoco tuve elección de pensar en ello. La camarera tropezó o algo así. No pude reaccionar, no pude retirar el vaso tal y como Jack hizo. Tampoco pude levantarme y marcharme. Sólo pude mirar la sangre y como Jack sostenía la mano de la camarera que parecía haber abierto las compuertas el día que el fibrinógeno estaba de vacaciones.

El olor invadió mi fosa nasal enviando en cuestión de milésimas de segundo la información al cerebro y todo se descontroló. Mis músculos se tensaron y como un resorte, me levanté de la silla mientras el dolor característico en mi mandíbula me avisaba de la salida inminente de los colmillos. Todo lo demás se desvaneció , Jack, la camarera, el bar. Lo único que era capaz de ver era ese líquido color Burdeos, oler ese aroma ferroso, sentir el dolor punzante de los colmillos que ya habían asomado, oír el corazón de la muchacha bombear sangre enloquecido. Todo en mí incitaba a tirarme sobre ella y drenarla allí mismo. Dios, quería hacerlo, ansiaba hacerlo. Pero algo hizo que una pequeña parte de razón asomara antes de que pudiera cometer una locura. Probablemente fuera el pinchazo de mis propios colmillos en el labio inferior o sólo un golpe de suerte, pero conseguí cerrar la boca y con un gruñido gutural, más parecido a un gruñido animal a algo humano, me levanté de la silla, y corrí hacia el baño, derribando un par de taburetes a mi paso, empujando a varias personas que se habían congregado a nuestro alrededor para socorrer a la camarera.

Entré precipitadamente al de señoras y cerré tras de mí. La chica que me devolvía la mirada del espejo no podía ser yo. Estaba más pálida de lo normal y dos regueros de sangre corrían por mi labio, producto de los pinchazos. Sudorosa, avancé hacia el lavabo, abrí el grifo del agua fría y metí la cabeza bajo él. La cara sólo no sería suficiente. Debía quitarme el olor a sangre, sacármela de la cabeza con urgencia. Y en cuanto el frío entró en mi cuerpo, lo conseguí. Poco a poco mi mente fue despejándose hasta poder controlar mi cuerpo. Hice desaparecer los colmillos, escurrí el pelo y me senté en la tapa de un baño. Agaché la cabeza dejando que el pelo goteara mojando mi ropa y suspiré. Esto se me iba de las manos, casi mato a una persona sólo por su sangre. Delante de personas. Delante de Jack… Jack, ¿qué iba a decirle sobre lo ocurrido? ¿Y si había visto algo?

¿Elecciones? Pensé mientras sonreía de forma amarga, hacía tiempo que no tenía el lujo de elegir nada.

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Re: Bermellón (Jessie Jones)

Mensaje por Jack Thomas el Mar Nov 29, 2011 3:26 am

Aquello parecía, más que algo elegido por Dios para terminar de tender una emboscada a una pecadora como Jessie, algo planeado por mí, nada más lejos de la realidad. Podía haber hecho que se le cayera el vaso y se le rompiera en las manos, pero aquel no era mi estilo porque puesto a controlar el cuerpo de la camarera le habría causado una sangría lo suficientemente grande como para que algún médico cogiera la sangre para hacer transfusiones, sobrando incluso. Por esa misma razón, porque ni siquiera había sido cosa mía sino de que El Creador estaba de acuerdo con mi santa misión para eliminar a alguien tan apartada del camino de lo recto y natural, como lo era Jessie, estaba pletórico por dentro... y por fuera lo disimulaba. No daba muy buena imagen mostrar una amplia sonrisa frente a la camarera con la mano cortada que yo tenía entre las mías, y en momentos como aquel la imagen lo era todo, por lo que actuar, como al final siempre terminaba haciéndolo, era lo que tocaba... y lo que funcionaba. La camarera dejó de gemir de dolor justo cuando se dio cuenta de que tenía mi atención aparentemente centrada en ella, y pasó a sonrojarse violentamente al tiempo que, a mi lado y siendo yo perfectamente consciente de lo que hacía por tener la mirada de reojo puesta en ella, Jessie Jones firmaba su sentencia de muerte ante el Altísimo... y especialmente ante su verdugo, que sería quien se mancharía las manos de sangre, de aún más que la que ya las cubrían. Así, algo parecido a colmillos asomó en sus labios tras su salto, como el de un animal dispuesto a lanzarse sobre otro para devorarlo; el gruñido habló por sí solo, y su actitud de estar muerta de hambre por la sangre que dominaba el ambiente gritaba una sola palabra: vampiro. Y como sabía que Dios no permitiría la existencia de esos seres, su origen sólo podía ser uno: infernal.

Poco me importó que se alejara de allí, o que de pronto tuviera aún más todas las miradas puestas a mi alrededor, porque había ganado. Había demostrado que era un engendro hijo de Satanás, que se alimentaba de sangre humana y que merecía un sabio castigo por eso mismo, así que no tenía nada de lo que preocuparme y podía dejarlo todo fluir como la sangre que manaba de la herida de la camarera, que me miraba medio asustada. Con ojo crítico, evalué su herida y sólo solté su mano cuando me levanté del banco y pasé tras la barra, en busca del botiquín que sabía que se guardaba por allí porque había trabajado alguna vez en el bar de mi mejor amigo y me conocía esa clase de secretos hosteleros. La conduje rápidamente a donde se lavaban los platos y puse su corte bajo el chorro de agua fría que, insistentemente, caía en cuanto lo accioné, lavando su herida y apartando la sangre para dejar a la vista el corte más aparatoso que peligroso. Una vez vi, aparté su mano del grifo para lavarlo con agua oxigenada y alcohol, desinfectándolo antes de vendarlo y que dejara de dar la tabarra, aunque eso fue un error por mi parte al empezar ella a agradecérmelo de todas las maneras posibles que se le ocurrían... o así lo habría hecho de haberla dejado.
– Deberías ir al médico a mirártelo, por si las moscas. – le dije, cortando de raíz cualquier cosa que hubiera querido decirme y callándole, por fin, la bocaza tan grande que parecía ser incapaz de cerrar si no había nada masculino de por medio, a juzgar por la cara de zorra.

Me aparté de ella rápidamente, a tiempo de que me gritara que ella nos invitaba a las consumiciones, y salí de allí con mis propias manos aún manchadas de sangre en dirección al baño, donde había visto por última vez a Jessie ya que había corrido hacia allí en cuanto había tenido la más mínima oportunidad, alejándose de un olor a sangre que yo llevaba pegado en las manos... y toda aquella sangre no podía ser sólo de la camarera, era materialmente imposible, así que mirando mis manos con algo más de atención terminé por darme cuenta de una nueva ventaja que tenía a mano, nunca mejor dicho: un corte pequeño que ni siquiera dolía porque era imposible que lo hiciera por mi... condición, y cuya sangre me manchaba las manos a la vez que lo hacía la de la camarera extra-hormonada. Perfecto. Fingiendo que ni siquiera me había dado cuenta de que lo tenía, me dirigí hacia la puerta cerrada del lavabo de señoras, donde sabía que tenía que estar Jessie porque no la había visto salir y, a juzgar por el conocimiento que poseía de aquel sitio, no había más opción para abandonarlo Con aquella ventaja y una sonrisa torcida me dirigí al baño de caballeros para lavarme las manos sin utilizar jabón, asegurándome de que el olor residual de la sangre de ella quedara allí mezclado con el de la mía, que salía lenta pero progresivamente de aquel corte.

Salí del lavabo y volví a la puerta del que aún tenía dentro a Jessie, esperando a que saliera de una vez. Apoyé la espalda en la pared de manera indolente, casi relajada, mientras miraba de reojo la puerta cerrada que estaba a mi lado, aguardando su salida, pero como empezaba a tardar y, de verdad, también se me acabaría terminando la paciencia a mí de seguir así, levanté la mano hasta la puerta para dar, con los nudillos, unos golpes, más que pidiendo permiso para entrar evaluando si había alguien vivo dentro... cosa que, siendo un vampiro obra de Satanás, incluso empezaba a dudar por mucho que pudiera parecerlo al mirarla a simple vista.
– ¿Jessie? ¿Estás bien? Llevas algo así como un cuarto de hora ahí metida, parece que hayas visto algo que te haya molestado... Ella está bien, tranquila. Era mucha sangre para el poco corte que tenía. – dije, con expresión maliciosa que no dejó traslucir mi tono y que cambié antes de que se abriera la puerta del baño por una de preocupación, como la manera de decir las palabras... falso todo, por cierto. Se merecía eso y mucho más.

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Re: Bermellón (Jessie Jones)

Mensaje por Jessie Jones el Lun Dic 05, 2011 11:24 am

Suspiré pasando las manos por mi pelo varias veces tratando de calmarme. Y necesitaba hacerlo ya porque era posible que con el revuelo, mi ausencia hubiera pasado desapercibida, pero apostaba a que no dudaría mucho y que además, para estas horas ya se habría calmado todo. A fin de cuentas, y visto desde fuera con la frialdad del agua cayendo por mi espalda y mis hombros, no había sido un corte tan profundo. Había sido algo superficial, más aparatoso que grave. Alguien la habría curado, habría quitado la… habría cubierto la herida y todo solucionado. Y en cualquier momento Jack se preguntaría dónde estaba, y acabaría por encontrarme en el baño. Empapada y con cara de haber visto un fantasma.

Me escurrí el pelo y lo recogí en un moño para que dejara de mojarme mientras pensaba un plan alternativo. El baño no tenía ventanas, no podía escaparme. Además, ¿cómo explicas que me he ido sin despedirme? Levantaría más sospechas. Si ahora aún podía usar el viejo truco del “no me gusta la sangre”, abandonar así la cafetería tiraba por tierra esa posibilidad. No, debía encontrar otra forma de salir de allí sin levantar sospechas y sin crear demasiadas preguntas. Y mucho me temía que la única solución a eso era salir por la puerta principal cuando nadie me viera. Así que más convencida con lo que tenía que hacer, salí del baño y me asomé. Tal y como había previsto el barullo se había desperdigado…y Jack venía hacia el baño. ¡Mierda! Se acabó mi plan de huída. Cerré la puerta con rapidez antes de que me viera y me encerré en el baño. Pocos segundos después la puerta se abría y unas pisadas me indicaban que Jack ya había llegado hasta su destino.

Desesperada, pensé en una última forma de evitarle. Subí las piernas al baño, deseando que Jack fuera tan idiota de creer que me había ido. Quizá si no viese pies asomar por debajo de la puerta le ayudase a pensar eso. Vale, no era la mejor estrategia, y de hecho no confiaba en que fuera a funcionar, pero tampoco podía hacer otra cosa. Estaba encerrada en un baño con Jack taponando mi única forma de salida. Aún así, esperé varios minutos deseando oír la puerta. Pero no llegó, y finalmente lo peor que podría haberme pasado ahora, ocurrió. Unos golpes me sacaron de mi ensoñación y la voz de Jack al otro lado de la puerta me condenó a las explicaciones forzosas y difíciles de creer. Claro que para alguien que no sabe de la existencia de “vampiros”, quizá no fuera tan increíbles.

Lentamente bajé los pies, me levanté y pasé la lengua varias veces por mis labios, asegurándome de que no había rastro de la sangre que mis propios colmillos habían abierto en mis labios, y que por supuesto, esas dos anormales prolongaciones tampoco estaban allí. Cuando lo comprobé una, dos, tres y hasta cuatro veces usando pañuelos y la yema de mis dedos, y estuve segura de que parecía normal, o todo lo normal que podía ser, abrí la puerta para enfrentarme a mi “amigo” y a sus preguntas. Gracias a su charla sobre el estado de la camarera ya me había dado pie a empezar a disculparme.

-¿Quince minutos?-sonreí forzada-Vaya se me han pasado volando-nueva sonrisa forzada que poco a poco fue desapareciendo para dar paso a una cara mucho más cansada y alterada cuando olí… “algo”-Jack yo…no, no estoy bien. Estoy avergonzada pero…le tengo algo así como fobia a la sangre-quizá no fuera fobia la palabra adecuada. - Es ver sangre y de verdad… no te haces una idea de cómo me pongo… no en el sentido sexual de la palabra, claro- además de chupasangre, pervertida sexual… qué bien, estaba consiguiendo quedar genial con Jack. Sobre todo con él, que siempre había sido muy…correcto.- Oye yo creo que lo mejor sería que me fuera a casa y que quedáramos otro día en un sitio menos peligroso, donde no puedas hacer desvanecerse a las camareras con tu encanto personal-medio bromeé- Quizá en un parque, o el medio de un lago… o una habitación de gomaespuma.- Me agaché y me colé entre su brazo y el marco de la puerta mirando la salida como si fuera.. bien pensado lo era, mi única oportunidad de largarme de allí con algo parecido a una excusa creíble, y caminé decidida hacia ella sin girarme a mirarle siquiera, levantando la mano a modo de despedida.

¿El por qué de la rapidez? Porque en sus manos, también había sangre. Sangre que había percibido nada más abrir la puerta y que había hecho que casi asomaran los colmillos, sólo conteniéndolos el tiempo necesario para las palabras corteses antes de salir pitando de allí. Y que provenía de un corte minúsculo, que en condiciones normales ni siquiera me habría alterado. Pero después de un tiempo sin beber, y con los receptores tan sensibles después de lo de la camarera, ahora para mí era como si me sirvieran una jarra de la mejor sangre de importación. Y no pensaba dejar que pasara lo mismo dos veces. Ahora sí ni el agua serviría, simplemente necesitaba salir de allí o acabaría mordiendo y drenando a Jack.

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Re: Bermellón (Jessie Jones)

Mensaje por Jack Thomas el Mar Dic 06, 2011 12:03 am

Todo lo que le estaba pasando tenía su razón de ser, superior al entendimiento limitado tanto suyo como mío por tratarse de simples mortales, por mucho que mi conexión con el Creador fuera mucho más cercana que la de alguien, como ella, que se había revelado mucho más cercana al demonio. La razón de ser de todo aquello era que como criatura infernal que poblaba la Tierra merecía ser destruida, y ¿quién había mejor para hacerlo que yo, que era quien la había atisbado y quien estaba tejiendo la trampa a su alrededor para que no pudiera escapar de su destino? Nadie, y esa era la principal razón por la que aún me encontraba allí, al lado de la puerta cerrada del baño que separaba a Jessie Jones de la merecida justicia divina que tenía que sufrir para poder considerarse algo más cerca de la redención, con un corte sangrante en la mano que ni siquiera, por razones obvias, notaba y que tampoco entorpecía mi tarea aunque estuviéramos hablando de una herida porque, al contrario, la favorecía... Otra de las razones, si es que aún le quedaba un atisbo de duda a alguna mente demasiado retorcida y dura de convencer, para que mereciera ser castigada por su origen infernal, o al menos por su corrupción posterior a una infancia libre de esa esencia, que tornaba malo lo bueno y bueno lo malo, no como debería ser en realidad sino al contrario.

Fueran cuales fuesen mis perfectamente justificadas razones la cuestión, el hecho primordial, era que yo estaba allí plantado en la puerta del baño, donde sabía que ella aún estaba encerrada como si la taza fuera a tragársela y evitar, como un abogado del diablo particularmente molesto, que la juzgara, pero al final la realidad le hizo ver las cosas como, de nuevo, debían ser y se vio obligada a salir de allí, forzando un tono jovial tanto como estaba forzando sus sonrisas, libre de caninos más de animal que de persona, algo que ella no era. Sus palabras estaban huecas, vacías: eran puro artificio construido alrededor de una idea central, que era abandonar el baño y el local para que no se descubriera ante mí aún más de lo que ya lo había hecho... un poco tarde para poder evitar nada, en cualquier caso. Su prisa probablemente estaba incrementada por el hecho de que seguía teniendo un corte en mi mano que hasta para mí hacía de la sangre algo perceptible, o quizá lo era simplemente porque le estaba prestando más atención de la que le prestaría en condiciones normales... que también podía ser.

– Sí, es buena idea si la sangre te incomoda... Disculpa mi resistencia, pero por mis propias circunstancias estoy acostumbrado a estar rodeado de ella y cualquier atisbo que perciba no va a ser molesto... Tal es la costumbre que a veces hasta me cuesta darme cuenta de cuándo sangro yo mismo, pero como a veces lo hago me toca apechugar con las consecuencias. Dame un momento para que lave esto y te acompaño a casa, anda. – respondí, con tono condescendiente y señalando mi propio corte en la mano que, para entonces, ya había teñido mi piel, aún algo tostada por el tiempo que había pasado en Irak y especialmente por lo poco que hacía que había vuelto a Londres, de un tono carmesí, casi bermellón, muy diferente al que solía ser habitual. Ni corto ni perezoso llevé el corte a mi propia boca, para hacer presión con la boca en el corte y al menos lograr que dejara de sangrar el tiempo suficiente para permitirme tratarlo porque el tiempo en el frente me había vuelto precavido en cuanto a las infecciones y los posibles peligros para la salud que suponían si no se trataban de manera adecuada. Por supuesto, aquel movimiento provocó que mi boca se manchara de sangre, de la misma que estaba tratando, sin tragarla como el nulo movimiento de mi garganta revelaba, de frenar en su salida, y que aún con más intensidad pasó a colorear el aire circundante de manera peligrosa... para ella.

Me giré en dirección a uno de los lavabos que por suerte sí que había por allí y enseguida accioné el grifo para que con el agua que hacía caer sobre el mármol blanco la sangre, testaruda, que me cambiaba el tono de piel se fuera, y de haber sentido el dolor en todo su esplendor en vez de sentirlo de una manera tan sutil que apenas era destacable aquel chorro de agua fría también habría servido para calmarlo, pero aquello era innecesario por completo en mí... y era un conocimiento que sólo tenía yo de los que nos encontrábamos en aquel baño, para mi mayor aún ventaja, innecesaria por el momento teniendo en cuenta que contaba con otros ases en la manga que me permitirían salir airoso de aquella situación en la que los dos nos habíamos visto envueltos, posiblemente para desagrado de ella.

Sin embargo allí seguía, deliberadamente de espaldas a ella y con ambas manos en el lavabo, siendo humedecidas por el agua que apartaba con dificultades la sangre seca de mis manos, como si fuera un tinte y aparentemente centrado en eliminar las manchas pese a que mi atención estuviera también centrada en Jessie, en mi tardanza perfectamente provocada y especialmente en ver cómo llevaba que el olor a sangre no se redujera, sino aumentara, sobre todo cuando un movimiento que podía pasar por despistado pero que no lo era en absoluto reabrí el corte y lo hice aún mayor de lo que ya era, que tampoco era demasiado para mí, pero sí para ella.
– ¿Me pasas un pañuelo, por favor? Al menos así tapo la herida... – inquirí, girándome tras haber librado a mis manos de la humedad sobrante y mirándola, con el corte abierto casi de manera obscena frente a ella.

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Re: Bermellón (Jessie Jones)

Mensaje por Jessie Jones el Sáb Dic 10, 2011 6:39 am

Mi respiración empezó a acelerarse, como la de un corredor cuando ve la meta cerca y fuerza a su cuerpo para un spring final. El problema es que yo debía luchar conmigo misma para mantenerme alejada del banderín de cuadros. Y esa bandera no dejaba de tentarme una y otra y otra vez. Quería pensar que lo hacía sin querer, y que todo era parte de su plan para quedar bien con una vieja conocida. Pero hiciera lo que hiciese, no hacía si no empeorar mi situación. Puede que él hubiera estado rodeado de sangre y que en un futuro seguiría igual, tal y como me había aclarado, y quizá por eso, o porque el resto de los humanos no tenían los receptores tan sensibilizados al olor ferroso de la sangre, no era consciente del olor que desprendía, pero para mí era como la peor colonia que las abuelas usaban para apestar sus cuellos. O la mejor, depende de cómo lo miraras.

Pero no, no podía morder a Jack, incluso aunque siguiera tentándome. Y ya fue imposible de contener. Cuando se llevó la mano a su boca, manchándose los labios y los dientes con tan apreciado líquido, y después lavó la mano y la sangre bañó el plato del lavabo, fue más de lo que mi ya tocado autocontrol podía controlar. Los colmillos asomaron con fuerza haciéndome gemir y clavándose en mis labios, abriéndome de nuevo las heridas que habían abierto hacía unos minutos. Probablemente Jack los hubiera visto por el espejo, quizá no porque estaba todavía de espaldas, cubriendo con el olor de su sangre todo el baño. Pero me daba igual. Jack no iba a acompañarme porque yo era un monstruo que sólo pensaba en morderle, en beber de él. Y temía que si seguíamos estando a solas, no tardase en intentarlo.

Le miré de nuevo al tiempo que veía que él se giraba con una lentitud que de pensar mal, habría pensado que era deliberada, y se abrió la herida para mí como si fuera una invitación, una noche blanca hasta su sangre. Se acabó. Algo en mí se apagó, algo llamado cordura y razón. Y no pude escucharle pese a que veía que sus labios se movían. Levanté el labio superior mostrando los colmillos, aunque más bien lo hizo por su cuenta. Ya no me importara que Jack viera lo que era en realidad. Ya no me importaba nada que no fuera morderle, conseguir lo que llevaba varios minutos ofreciéndome y que por terquedad me negaba a otorgarme. Casi a la carrera, me acerqué a él y le empujé con fuerza contra la pared gruñéndole, mirándole de la forma en la que un gato miraría a un ratón justo antes de clavarle el diente. Y yo era justo lo que iba a hacer. Y aún así, pude dedicarle unas palabras antes de hacer lo que tenía que hacer.

-Esto no tenía que pasar. Joder Jack he intentado alejarme de ti, pero no haces más que volver a mi lado -le lamí la mejilla donde aún quedaban algunas manchas de sangre de cuando se había chupado la herida. Luego sonreí-No soy una mala persona… pero lo necesito-me disculpé entre gruñidos-y ahora ya no tengo más opción. He intentado controlarme, pero es más fuerte que yo… lo siento

Y eso fue lo último cuerdo que dije, antes de acercar la boca hasta su cuello y entregarme a mi instinto animal. Ni siquiera tuve que pensar dónde morder, desde que me había convertido en lo que era, tenía como una especie de radar que me llevaba inequívocamente hasta la zona que correspondería a la Arteria Aorta. Acerqué los colmillos hasta ella y los clavé con fuerza en su cuello, abriendo un par de heridas redondas, pequeñas, por las que empezó a salir de forma instantánea un flujo continuo de sangre que bañó mis labios. Succioné con ansias mientras mis manos mantenían sujetas las de Jack con fuerza tratando de que no se moviera. Y como una herida no era suficiente para saciar todo el hambre que tenía contenida, saqué los colmillos y los clavé con más fuerza si cabía en otra zona de la delicada piel de su cuerpo y así poder seguir bebiendo a mis anchas.

(off: necesito que en el siguiente post me pongas los recuerdos que pasan por la cabeza de Jack y las emociones que experimenta en el siguiente post, como off o redactado, como prefieras)

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Re: Bermellón (Jessie Jones)

Mensaje por Jack Thomas el Sáb Dic 10, 2011 10:43 am

No dolía, no dolía absolutamente nada. Ni el corte sangrante que marcaba un surco en la piel de mi mano, y que a una persona normal tendría que haber tenido, como poco, con la mano en agua helada para sofocar los pinchazos de dolor que algo así provocaba a mí me causaba fría indiferencia, porque heridas peores que esas había tenido que sufrir a lo largo de mi vida. Estaba roto por dentro y por fuera, roto por mi incapacidad de sentir dolor que venía de recuerdos dolorosos y de vivencias duras que nadie, salvo mi mejor amigo, conocía, y que quedarían así, resguardadas en mi memoria, libres de cualquier tipo de control ajeno... e incluso de cualquier intento de partes más débiles de mí por rescatarlos de donde no debían salir. Aparté aquellos pensamientos de mi mente enseguida, sobre todo porque la situación no estaba para que me fuera por las ramas tanto como lo estaba haciendo en aquel momento, y clavé de nuevo la mirada en Jessie, a quien estaba poniendo tan bien a prueba en aquel instante y que estaba a punto de caer en mi trampa, burda pero igualmente efectiva... Y funcionó. Sus palabras me daban igual, así como también me lo daban sus intentos de dominarme para que no me resistiera, siendo inútiles porque no pensaba hacerlo, y como la bestia que era enseguida se lanzó hacia mí con esos colmillos más propios de un perro rabioso que de una persona, clavándolos en mi cuello... y confirmando mis pensamientos respecto a ella.

No sentía dolor, tampoco enfado ni furia, ni lo más mínimo de miedo. En lugar de eso, que era lo que cabía esperar, sentía cierta euforia que se podía ver aumentada por momentos, la satisfacción que produce confirmar, aunque fuera de aquella manera, una teoría que llevaba un rato arrastrando y también ausencia absoluta de pánico o tensión. Estaba totalmente relajado, porque como los recuerdos de mi mente de estar en el frente siendo atacado por alimañas del desierto a las que había frito a balazos para salvar mi vida relataban yo había pasado por algo peor que eso por seres mucho más peligrosos que una policía demoníaca, literalmente hablando, con ínfulas... demasiadas si creía que iba a beber de mi sangre mucho más, ¡sólo faltaba! ¿Y dejar que me la contaminara con sus dientes, que lo mismo me pegaban la rabia? ¡Sí, hombre, y lo siguiente era pensar que yo, soldado de profesión, iba a quedarme tan tranquilo y sin tomar represalias mientras ella me mordía y se alimentaba de mí sin mi permiso! Y por eso mismo, tan pronto como el pensamiento cruzó mi mente, atravesando la tranquilidad y frialdad que me caracterizaban, ni siquiera tuve que pensarlo para que mis actos, fruto de tantos años de entrenamiento rígido, hablaran por sí mismos, eficaces como solían.

Mis manos se libraron de las suyas con un movimiento que las llevó a su cabeza para, a la fuerza, apartar sus colmillos de mi piel, y aquel gesto se vio acompañado con un rodillazo directo a su estómago para dejarla sin respiración y, al mismo tiempo, apartar de ella cualquier idea que pudiera cruzar su mente de volver a atacarme. Con todo, ella se vio enseguida en el suelo y yo tuve unos segundos de margen para librarme de una amenaza como lo era ella... insignificante, sí, pero sí una sanguijuela demasiado molesta y sobre todo demasiado ofensiva para la obra de Dios, esa que yo me esforzaba por purificar precisamente eliminando a seres como ella... y no, no lo iba a hacer yo. Lo iba a hacer todo ella solita.
– Ya tardabas en intentar algo así... ¿Te ha sentado bien la sangre, animal? ¿Te has sentido bien siguiendo tus impulsos enfermizos? ¿Sí? Pues disfruta de los últimos buenos segundos que te quedan, Jones... Y lo mejor de todo es que no voy a hacerte personalmente nada. ¿No es genial? – murmuré, con una amplia y tétrica sonrisa que se acrecentó aún más, si cabía, cuando puse en marcha mi poder contra ella...

Primero su cuerpo sufrió espasmos poco violentos, lo suficiente para que a mi habilidad le diera tiempo de recorrerla entera y asegurarme de que su entidad estaba bajo control. Después de los espasmos, vino una elevación de su cuerpo, la que bastó para que dejara de estar de rodillas en el suelo y empezara a estar de pie, frente a mí y quieta. Me crucé de brazos, sin hacer caso a la herida de mi cuello hasta que no caminé hacia uno de los servicios con la seguridad de que ella no me seguiría, ya que mi poder la incapacitaba para moverse a no ser que yo lo quisiera, que no era el caso, y de donde cogí trozos de papel para tapar mis heridas, demasiadas para lo que ella merecía hacerme... Demasiadas para una sirviente de Satanás. Con expresión aparentemente cordial, que escondía la más absoluta indiferencia porque lo que tenía que hacer era puro deber, forcé a su cuerpo a dar un puñetazo al cristal del baño, que hizo que se cortara los nudillos, y que cogiera uno de los cristales que se desprendieron de él para empezar a hacerse cortes y que viera lo que se sentía... si es que podía sentirlo, como no era mi caso. Los cortes que le hice venían acompañados con sus dedos hurgando en ellos, aumentando las heridas y su gravedad y debilitándola a medida que perdía sangre, esa misma que ni siquiera me llamaba y que estaba hecha para ser vertida... como lo estaba siendo. Se clavó, finalmente, el cristal en el vientre, dejándoselo ahí metido y conmigo mirándola a los ojos, frío y sereno, como siempre... porque ciertas cosas no cambiaban.
– Al menos vas a disculparte, ¿no? Digo, es lo mínimo... – inquirí, con las cejas alzadas mientras esperaba una respuesta y me aseguraba de que no se movía por mucho que la pérdida ligera de sangre empezara a hacer mella en mí... mas no lo suficiente para distraerme.

OFF: Esto es todo lo que ha salido ._. Si necesitas algo más dime, y ya modificaré, o lo que sea xD

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Re: Bermellón (Jessie Jones)

Mensaje por Jessie Jones el Mar Dic 13, 2011 6:37 am

Su sangre inundó mi boca por mi completo llevándome al más completo éxtasis. Ni el más delicioso de los manjares podía compararse con la sensación de calmar la sed más acuciante que había sentido en días y con la que había tratado en vano, de luchar. Porque yo no era un animal, tenía conciencia, razón… aunque quedaban doblegadas cuando me entregaba por completo a la sangre. Y en cierto modo, eso ya era humillación suficiente para mí. Cuando volvía a ser yo. Las pocas veces que había bebido de alguien antes de Jack, era vergonzoso poner una excusa a duras penas creíble y rezar para que nadie creyera que existían los vampiros. Para alguien que se consideraba racional, era horrible saber que habías cedido ante un instinto tan irracional.

Pero una vez más no había tenido capacidad de elección, y junto con su sangre, como el resto de las veces, vino una serie de recuerdos y emociones que me hicieron gruñir. Me hacía sentir como una intrusa, pero como tantas otras cosas, eso tampoco podía remediarlo. Esperé sentir la emoción principal en todas mis víctimas. El miedo, la confusión, el dolor… pero no llegó. Ya sabía que Jack era una persona distinta, y que había sido entrenada en el ejército, pero su bloque emocional me confundió. ¿Por qué no sentía dolor? Todo el mundo lo sentía, era algo involuntario, una reacción de las terminaciones nerviosas de un cuerpo que está siendo atacado. Y nadie podía controlarlo. La imagen de su mano apretándose la rodilla con fuerza sin al parecer notar nada volvió a mi mente, y una idea tonta fue tomando forma. Había oído hablar de personas con el umbral del dolor alto, pero empezaba a pensar que Jack carecía de él. El resto de emociones, solo euforia, relax y… felicidad por…apreté los párpados volviendo a gruñir. Lo sabía, Jack había sabido todo este tiempo lo que yo era y todo esto sólo había sido su maldito experimento social para que yo misma me delatara. Me sentí estúpida, enfadada conmigo misma por no haberlo visto venir, por haber confiado en alguien demasiado rápido. En el fondo nunca aprendería, siempre sería la misma idiota que se fía de los demás sin asegurarse antes si son o no dignos de ello. Pero para entonces ya era tarde y Jack había logrado alejarme de él sin demasiado esfuerzo, a fin de cuentas era más alto que yo, estaba más entrenado, y yo aún en shock por lo descubierto, proporcionándole el momento ideal para que acabara por golpearme en el estómago.

Una arcada me recorrió en respuesta a su golpe, y probablemente habría vomitado toda la sangre de no ser porque estaba más preocupada en tomar el aire que había salido bruscamente de mis pulmones. Mis rodillas se doblaron y entre toses, finalmente logré recuperar algo parecido a una respiración normal mientras escuchaba las palabras de Jack y que no comprendía. No le había mordido por placer. Había intentado huir, evitarlo. Él debería verlo, yo no era mala, no era un animal. Pero lo peor fue la amenaza implícita en sus frases y su mirada. Pero no pude siquiera articular palabra. Una serie de espasmos me recorrió haciéndome entrechocar los dientes, dándome cuenta que aún tenía los colmillos fuera. Y después nada más. Intenté apoyar la mano en el suelo para levantarme, pero mi cuerpo no reaccionó. Abrí los ojos sorprendida mientras intentaba de nuevo moverme. Nada. O mejor dicho nada de lo que yo había ordenado, pero me vi a mi misma levantándome del suelo y quieta delante de Jack cuando en verdad quería salir corriendo de allí. De nuevo ordené a mis pies que se movieran en un último intento de escapar. Inútil. Le miré con cierto miedo descubriendo demasiado tarde también, que no era la única aquí con un secreto. De alguna forma él estaba controlando mis movimientos.

-Jack qué haces… ¿qué es esto?...-musité antes de que se girara y se marchara a coger un trozo de papel para tapar sus heridas. De haber podido me habría acercado a él. De haberlo merecido le habría ayudado. Pero no podía y yo no podía dejar de mirar su cuello, solo que esta vez no era porque la sangre me llamara, si no porque el destrozo que había provocado en su cuello era importante, y por mucho que él lo intentara, o que no sintiera dolor alguno, con un trozo de papel no se puede cortar una hemorragia arterial. Mas no se lo dije. Mi cuerpo se movió como un resorte y se encaminó contra el cristal y mi brazo lo golpeó hasta hacerlo añicos, haciéndome soltar un gemido de dolor.-Jack para esto. Suéltame de lo que sea que estás haciendo-casi grité mientras veía como ahora mi mano se hacía con un cristal y empezaba a practicarme cortes por el cuerpo. Me mordí el labio para no gritar, y fue posible durante los primeros, hasta que hizo que hurgara en las heridas, y viera como poco a poco la sangre iba escapando de mi cuerpo sin poder hacer nada para evitarlo. Y finalmente no pude contenerlo más cuando miré impotente como el cristal acababa incrustado en mi cuerpo, sintiendo un pinchazo que me hizo gritar. Mi cerebro mandaba enloquecido órdenes a mis brazos para eliminar el objeto que causaba que poco a poco me fuera debilitando, pero no respondía. Escuché las palabras de Jack cargadas de frialdad y le miré de la misma forma.

- ¡Eres un jodido psicópata! ¿Sabes a quién estás agrediendo? Soy policía, iré a por ti y el ejército no te librará. ¿Por qué haces todo esto?-repetí- Intenté protegerte, pero tú querías que pasara esto, tú lo provocaste. Porque disfrutas matando-tosí escupiendo algo de sangre que no sabía si provenía de la herida del vientre o de que había clavado mis colmillos en los labios con los primeros espasmos.- Igual que cuando mataste a esos animales, ¿verdad? Vive o muere. Mata o sé asesinado. Eso es lo que entienden las personas como tú. Mi error fue confiar en ti, y probablemente lo pague, pero créeme, tú no tardarás en hacerlo. No voy a pedirte perdón. Te lo merecías. Tú te lo buscaste. Te crees mejor que yo, pero eres una mierda peor-le miré con una sonrisa implícita en la mirada más fría que fui capaz de poner dadas las circunstancias y de la pérdida de sangre.- No lo notas, lo sé, pero ¿de cuánto tiempo dispones?¿10 minutos quizá? Y empezarás a marearte. 20 y estarás tan desangrado como yo. Difícil decisión, morir conmigo o soltarme…-y volví a escupir, solo que esta vez le lancé la sangre a la cara antes de notar un leve mareo. Nada de lo que había dicho era mentira, la duda era quién acabaría inconsciente antes. Un sonido me hizo querer girarme, como era de esperar, no pude. Sin embargo pude oír una voz masculina.

-¿Pero qué pasa aquí?- a lo que sólo pude contestar sin dar demasiados datos un -llame a un médico y a la policía, ¡rápido, salga de aquí!.

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Re: Bermellón (Jessie Jones)

Mensaje por Jack Thomas el Mar Dic 13, 2011 9:18 am

La gente tenía una opinión de mí que no se correspondía, ¡en absoluto!, con el Jack de verdad, que era el que a fin de cuentas importaba, y pese a que no podía importarme menos lo que simples mortales creyeran de mí, ya que a fin de cuentas el auténtico juicio no les correspondía a ellos sino al Creador, aún así llegaba a molestarme bastante que lo hicieran... Igual que eso de juzgarme por las apariencias o por lo que un acto era a simple vista, sin tener en cuenta sus motivos, sus razones y las circunstancias que habían empujado a su realización. Eso a Jessie le daba igual. Su visión era totalmente maniquea – yo era malo porque ella era la buena, la víctima... ¡y una leche, si quien había atacado hacía sido ella a mí! – y la mía era mucho más compleja, siempre bajo la brújula divina que la hacía ser como auténticamente lo era, y desde luego no como lo que un psicópata haría, no... Yo era mucho mejor. En primer lugar porque tenía motivos justificados que no eran un simple afán de satisfacer una necesidad morbosa y enfermiza; en segundo lugar, porque yo ni siquiera necesitaba mancharme las manos para sacar la basura a la calle y que otros se encargaran de ella, y en definitiva porque yo no era una simple bestia con problemas mentales, igual que Jessie, sino que yo era mucho mejor... yo era un enviado de Dios especialmente con el propósito de eliminar toda disidencia a su obra, que la mancillara y estropeara como Él no había querido, así que ¿tanto le costaba comprenderlo?

No lo hacía porque quisiera, al menos no totalmente, y tampoco lo hacía porque me causara un placer o disfrute especial matar. A decir verdad, había visto pasar tantas vidas, inocentes y no tanto, delante de mis ojos que la muerte era algo a lo que estaba demasiado acostumbrado, así como la violencia, y más aún si era por deber o, un punto importante que ella en sus acusaciones pareció olvidar, a través de sus propios actos... hecho de radical interés que ella había ignorado, cometiendo un error que le costaría caro porque, por mucho que me insultara, las palabras se las lleva el viento mientras que los hechos permanecen, y ella iba a salir perdiendo... todo porque yo ya lo tenía calculado de antemano, tanto en cuanto a posibles inconvenientes como en maneras de atajar una situación que podía tornarse incómoda, como de hecho lo hizo cuando las ínfulas se le subieron a la cabeza en aquellas palabras suyas: pura basura, y encima dichas de una manera totalmente ruda y maleducada que consiguió que chasqueara la lengua contra el paladar y el desprecio se acumulara en mis ojos, acusadores.

– Es una vergüenza para la educación británica que a los niños en tu zona se os haya enseñado a hablar así de mal... ¿No puedes ahorrarte los insultos? ¿En serio? ¿Tanto le cuesta a tu mente encontrar maneras de decirme todo eso sin tacos de por medio...? Qué triste. – repliqué, pasando bastante de sus acusaciones y de su aviso de la herida de mi arteria porque sí, lo sabía, no era tan poco inteligente como ella como para ignorar que me estaba desangrando por dos agujeros que tenía en el cuello y que, además, me había provocado ella... Lo mismo después tenía que ir al veterinario para que me curaran la rabia que seguramente me habría pegado, ya que de ella eso como poco me esperaba. Lo que sí sabía, de sobra además, era que había accionado con sus movimientos una cuenta atrás que si bien no me dolería (ya que, de hacerlo, no habría sido capaz de mostrar semejante entereza y sobre todo frialdad, lo que más podía llamar la atención de mi comportamiento si es que no se me conocía lo suficiente para saber la fama que tenía de mantenerme gélido e impasible hacia todo, como si lo tuviera todo planeado o como si confiara, como lo hacía, en que la providencia divina siempre iba a ayudarme en toda situación... como sabía de sobra que haría, cuestión de fe.

Todas mis actuaciones hasta ahora podían haberse visto dominadas por el estado de shock que un ataque semejante había producido; todas y cada una de ellas seguían esa línea de estado de sorpresa que impedía cualquier movimiento o reacción, si sólo se estaba atento a lo que se veía de aquel baño desde fuera, una perspectiva ajena a la que poseíamos tanto Jessie como yo, y el hombre que entró en el baño lo primero que vio fue a ella con un cristal clavado en su cuerpo y a mí, que rápido de reacción como las circunstancias me habían forzado a serlo, apoyándome en la pared con una mano mientras con la otra, vendada torpemente por papel higiénico, trataba de recoger la sangre que manaba del mordisco de mi cuello. Aparentemente podía haber vencido ella, lo débil que parecía y especialmente la gravedad de sus heridas, pero mi mayor lucidez, producida por la ausencia de dolor y por lo bien que se me daba ignorar la debilidad de mis heridas, hizo de mi actuación una tremendamente efectiva y eficaz: temblores, pérdidas visibles de equilibrio, ”por favor, ayúdeme, me ha atacado con esos colmillos, ¡no es humana!” murmurado con tono de miedo sumo y expresión consonante... Todos aquellos elementos que desviaron la balanza a mi favor e hicieron que el hombre ignorara a Jessie, incluso que la esquivara deliberadamente por miedo o por rechazo, y que se dirigiera a una parte apartada del baño, un armario bajo los lavabos, del que sacó un botiquín, con cuyas vendas me tapó la herida temporalmente.

La cuestión era que Jessie estaba en el suelo, yo vendado torpemente por aquel hombre caritativo y buen cristiano, para mi infinita suerte y el suelo manchado de sangre, la misma que hizo que se resbalara y que cayera al suelo, quedando inconsciente y sin que fuera culpa mía porque no me habría salido producente, no estando mi vendaje a medio colocar como lo estaba... Aunque en un momento até la venda y me agaché para tomarle el pulso, comprobar que no tenía contusiones y en definitiva preocuparme por él más que por lo que lo haría con el monstruo que, a mi lado, seguía desangrándose en el suelo... y sería quien perdiera la sangrienta competición en la que parecíamos estar ambos inscritos hasta las últimas consecuencias. Como si Jessie controlara su propio cuerpo, y pese a que no lo estaba haciendo, se levantó del suelo como pudo y se arrancó el cristal para utilizarlo contra mí, lanzando estocadas que de no haber esquivado me habrían dado y contribuyendo al teatro que estaba montando allí en medio, conmigo en el suelo como víctima y el hombre de antes siendo protegido por mí... y pronto volviendo a la consciencia en el momento exacto en el que ella me clavaba el cristal en un hombro, forzando un gemido de dolor por mi parte que le sirvió al hombre para empujarla hacia atrás y que ella también se resbalara con la sangre del suelo, cayéndose de culo.

Aquella inesperada ayuda en forma de buen samaritano me alcanzó la mano para levantarme del suelo, ignorando lo que fuera que Jessie dijera, e incluso cuando obligué con mi control a que ella se levantara él la golpeó, con tan buena fortuna que le dio un golpe en la cabeza suficiente para que la dejara inconsciente... y que, además, sus recuerdos de aquel momento se quedaran nublados como muy poco. Me preguntó un “¿estás bien?” al que, aún fingiendo miedo, respondí con un asentimiento de cabeza y me sacó de allí, yéndose directo a la sala donde las grabaciones del baño estaban siendo en aquel momento realizadas, sin sonido pero grabaciones a fin de cuentas... Y aquella era una de las vías de escape que había ponderado al elegir precisamente aquel bar, que estaba siendo vídeo vigilado sin sonido pero como poco con una defensa potencial que, al rever las imágenes en las que yo era la víctima y quedaba perfectamente registrada la naturaleza no humana de ella, frente a la que sólo me había defendido porque todo el daño se lo había hecho ella misma... Benditas grabaciones sin sonido y bendita resolución que impedía leer los labios para estar atentos a la conversación que podría culparme de algo que, en realidad, le iba a caer a ella por completo... porque los planes del dueño del lugar fueron los de denunciarla a la policía. ¿Qué diría el cuerpo con aquellas pruebas concluyentes contra uno de sus integrantes...? Probablemente le caería un buen puro pero, se mirara por donde se mirase, el testimonio de ella no valía contra el mío por la grabación que se encontraba de camino a la comisaría y por las heridas, que estaban siendo curadas en aquel momento por una enfermera a la que había llamado la camarera de antes, la misma a la que había ayudado mientras el cuerpo inconsciente de Jessie era llevado al hospital primero por automutilación y al calabozo después para ser juzgada... Jaque mate, Jessie Jones. La justicia divina vence de nuevo a través de su más fiel servidor.

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Re: Bermellón (Jessie Jones)

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