A View Of Burning Empires [Charlotte T.]

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A View Of Burning Empires [Charlotte T.]

Mensaje por Rashid Ibn-La'Ahad el Dom Dic 11, 2011 11:01 pm

-Bienvenido señor Rashid, estamos encantados de tenerlo aquí con nosotros.

Esas palabras se repetían en los labios de diferentes occidentales en aquel enorme edificio en el que me encontraba, la universidad. Notaba el desprecio en sus palabras, el rencor, la envidia, el odio... Y yo me mantenía callado, con ambas manos detrás de mi espalda, observándolos a todos, juzgándolos. La mayoría de aquellos profesores tendrían unos cincuenta años de media, era el más joven de todos ellos sin lugar a dudas y el investigados que más logros había conseguido y más intervenciones con éxito había realizado... Esas eran unas de las razones por las que tanto me detestaban, otras, que era irakí, mi color de piel y la manera en que los miraba y los estudiaba. Me condujeron por aquel gran edificio, la universidad de Irak no se parecía en nada a aquel enorme complejo en el que los estudiantes se paseaban y reían despreocupadamente. Mi mirada se posó en todos y cada uno de los jóvenes rostros, sorprendidos al verme y más aún al verme acompañando a aquella panda de vejestorios racistas y ultra católicos. La mayoría de las miradas que se posaban en mí eran femeninas pero todas aquellas chicas eran demasiado pálidas, sus cuerpos eran demasiado estrechos, como si de palos de escoba se trataran, sus ojos demasiado claros... Eran demasiado occidentales y tan solo sonreí a un par de morenas de ojos enormes oscuros y pelo largo y negro, una de ellas lo escondía bajo un pañuelo, la otra llevaba una trenza que le llegaba casi hasta media espalda y sus cuerpos eran bien distintos a los del resto. Además, les guiñé un ojo y enseguida estuvieron soltando risitas y comentando entre ellas en voz baja.

-Por aquí, señor, esta es la sala de conferencias.

Me hicieron pasar por una puerta para llegar a una sala completamente vacía, enorme, en la que bien podían caber, así a ojo, unas doscientas personas. Observé el lugar, lo estudié, al igual que sus posibles salidas y asentí. Todo aquel grupo me deseó buena suerte y se marcharon a recoger a sus alumnos, me dejaron espacio y tiempo para que preparara todas mis cosas y lo que fuera que tuviera que enseñarles o explicarles a sus alumnos que, probablemente (por no decir seguro), sería mucho más interesante que cualquier cosa que les dijeran ellos en sus clases. Saqué el portátil que había conseguido y lo dejé sobre la mesa que estaba delante de la enorme pantalla blanca por la que deberían salir las imágenes, yo solo tuve que conectarlo a la pantalla y hacer un montón de cosas de las que no tenía ni idea pero que resultó que estaba bien hecho después de todo... Como todo lo que hacía. Llevaba traje y estaba bastante bien así porque el frío que hacía en aquel lugar no podía ser ni normal, ni siquiera me sobraba la chaqueta y hasta iba realmente cómodo con los zapatos. Casi había llegado tarde por culpa de aquella maldita temperatura, el despertador no había sonado y con el frío que hacía durante todo el día en aquel lugar no podías diferenciar bien la noche del día y eso me había jugado una mala pasada. En Irak, cuando era de noche tenías que estar tapado con todo lo que tuvieras del frío que hacía y sabías que era de día porque empezaba a sobrarte todo, hacía un calor abrasador y sofocante. Salí de aquella sala y me quedé en la puerta, apoyando la espalda en la pared y mirando a ambos lados, intrigado por aquel ambiente universitario tan distinto del que yo mismo había vivido... Aunque en ningún momento me hubieran faltado las mujeres y el hashish.

-Señor Rashid, los chicos ya están llegando, empezaremos en cinco minutos.

Asentí a la voz y me separé de la pared mientras me comentaba cosas que ni siquiera tenían importancia o relevancia en absoluto pero yo me quedé mirándolo, como si realmente me importara su vida o algo así o como si estuviera haciéndole caso después de todo. Entonces, comenzaron a llegar los alumnos, que les preguntaban a los profesores si podían entrar ya, ellos asentían y yo simplemente permanecía en silencio, mirándolos a todos. Así, hasta que pasados los cinco minutos que me habían dicho, hice que los profesores entraran antes que yo y, mirando una última vez a ambos lados por si alguien se había quedado rezagado, entré y cerré la puerta detrás de mí, al tiempo que escuchaba la burda presentación de aquellos viejos occidentales sobre mí, hice una mueca de disgusto que ni siquiera pude evitar y me acerqué a la mesa donde estaba mi portátil, la pantalla del cual ya se veía detrás de mí en grande. En cuanto ellos terminaron de hablar, dejé el portátil y me puse perfectamente recto, pasando mi mirada de un lado a otro de la sala, ladeando la cabeza hasta que hablé.

- Buenos días, mi nombre es Rashid Ibn-La'Ahad, soy licenciado en arqueología, vengo desde Irak. - me presenté, ante todo educación, eso siempre.- Os hablaré de las metodologías más recomendables a utilizar en un territorio en el que hay cualquier tipo de conflicto armado además de los mejores tipos de prospección y de excavación en estos casos aunque, normalmente, siempre serán excavaciones de salvamento... Porque tarde o temprano las zonas que os interese investigar estarán destruidas. - entrecerré los ojos. Mi voz sonaba fuerte y clara aunque no podía controlar mi acento, cosas de ser irakí, y enseguida puse en la pantalla una diapositiva sobre cómo había quedado mi excavación, los restos que había encontrado a las afueras de Bagdad, tras el bombardeo de sus soldados: Una masa de rocas, arena y metralla en llamas. Era como mirar un antiguo imperio en llamas, perdiéndose para siempre. Esa foto la saqué antes de marcharme y antes de convertirme en un soldado... Antes de luchar por salvar mi vida... Pero eso ninguna de aquellas personas tenía que saberlo ni lo sabría. Porque mi vida no le importaba a nadie y, mucho menos, mis razones para hacer lo que hacía. Continué la conferencia sin mayores problemas y, además, llegué a ver como algunos de los que parecían escépticos al principio comenzaban a interesarse por mis palabras... Perfecto. Así al menos podrían entender una milésima parte de lo que era ver todo el trabajo de tu vida destruido por una guerra que no tenía razón de ser, por unos soldados que “cumplían ordenes” y por otros que asesinaban y violaban por diversión... Me quité la chaqueta del traje y la apoyé en la silla, arremangando mi camisa. - …en estos casos lo mejor que podéis hacer es buscar otro lugar que investigar aunque, si decidís hacerlo, tratad la investigación como una de salvamento: Tardad el menor tiempo posible en excavar, después, cogedlo todo, absolutamente todo y documentadlo bien, eso es muy importante. Olvidaos de la prospección que sirve muy bien para localizar yacimientos, solo tenéis que ir a estos sitios si sabéis seguro que ahí hay algo y tenéis que ir directamente a las metodologías propias de la excavación... - los profesores me interrumpieron para explicarles algo insignificante y que probablemente habrían visto en clase y ahogué un suspiro, esperando pacientemente a que volvieran a dejarme hablar, abriendo una botella de agua que había sobre la mesa y dándole un trago. ¡Malditos occidentales, no tenían ni modales ni educación! ¡Y luego decían de nosotros!

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Re: A View Of Burning Empires [Charlotte T.]

Mensaje por Charlotte Thomas el Lun Dic 12, 2011 2:12 am

El chirriante e insistente tono del despertador de mi móvil me sacó de un sueño particularmente bueno al meterse en mis oídos y, con el ceño fruncido ya desde por la mañana, alargué la mano hacia el objeto molesto y vibrante que descansaba en mi mesita de noche, al lado de la cama. El movimiento de apagarlo fue tan automático que apenas me di cuenta de que lo hice hasta que pasaron unos segundos ajenos al sonido tan metálico y malo para cualquiera con un mínimo de gusto para complacer a su aparato auditivo, y fue entonces cuando abrí los ojos... sin demasiado éxito. Tenía el pelo esparcido por la almohada, también encima de mis ojos, y estaba de espaldas en la cama, tumbada junto a un cuerpo que no reconocí en un primer momento y que pasaba el brazo, tatuado, por encima de mi espalda, sin al parecer reaccionar demasiado al sonido que me había despertado. Una segunda mirada me bastó para recordar de quién se trataba, BigDan, y también para acordarme de que no habíamos llegado a hacer nada salvo discutir y después reconciliarnos a base de PlayStation, en especial con dosis industriales de Silent Hill Homecoming, y que se había quedado a dormir, con lo que mi cuerpo quedaba, por séptima u octava noche consecutiva, libre de marcas de todo tipo... no porque quisiera, sino porque sabía que tenía que mantener, para mi desgracia, las apariencias porque mi queridísimo hermano estaba al acecho e iba a quedar conmigo un día de aquellos, seguramente el que estuviera menos preparada, y para evitarlo me aseguraba de estar siempre lista... por si las moscas.
La cuestión era que Dan, medio abrazado a mí, estaba durmiendo y yo me estaba pensando muy mucho las razones por las que salir de la cama y vestirme en vez de darle un despertar a mi mejor amigo con derecho a más que pudiera ponernos de buen humor a ambos pero la cansina alarma del móvil volvió a sonar y me hizo maldecir entre dientes a todo, a la tecnología especialmente. Aquella vez Dan sí que se despertó y me miró con esos ojazos azules suyos, medio cerrados por estar más dormido que despierto, e hizo que me agachara para darle un beso de buenos días antes de salir de la cama e irme directa a la ducha.
La rutina mañanera no transcurrió demasiado despacio, sino que hasta se me hizo amena y rápida por la fuerza de repetirla: primero ducha, después vestirme con la ropa interior y una camiseta de hombre (en aquel caso de Dan por estar más a mano que ningún otro) para que, al desayunar, no me manchara con nada demasiado difícil de quitar y por último vestirme con la ropa que utilizaría para ir a la calle, a clase en aquel caso, y que por una vez fue bastante recatada, al menos teniendo en cuenta lo que solía ser yo hasta para ir a la universidad: vaqueros largos, botas negras de cordones y tacones hasta más o menos media pierna por encima, una camiseta color Burdeos de manga francesa y cinturón bajo los pechos, pero sin apenas escote, y un collar de plata que tenía por allí y que me apeteció ponerme, en parte porque Dan me lo había pasado y, zalamero como él, me había dicho que me quedaría muy bien. Me cubrí con una chaqueta de cuero y me peiné, dejando que las ondas naturales de mi pelo cayeran por mis hombros y enmarcaran mi cara pálida y sin maquillaje, aún con los últimos efectos del sueño pese a que no hubiera madrugado tanto como solía... pero haber trasnochado era lo que tenía, así que no me extrañaba. Preparé la bandolera con los cuadernos que solía llevar para clase, la cartera, las llaves y el móvil y, con la música ya tronándome en los oídos, me despedí de BigDan, recordándole que seguía en mi cama y que me la hiciera, ya que estaba, cuando se fuera antes de irme a clase, con dosis industriales de metal pesado (léase Trivium, sobre todo del disco Ascendancy) para despertarme del todo.
El camino en metro, sobre todo, se me hizo bastante breve y enseguida estuve en la universidad, caminando entre los pasillos abarrotados de gente y levantando miradas de compañeros y compañeras a mi alrededor, que ni siquiera me reconocían si no estaba enseñando más piel de la que lo hacía en aquel momento o si lo hacían bien se esforzaban en juzgar en voz cuanto más alta posible la razón de que fuera tan tapada como lo iba en aquel momento. Sus teorías me divertirían de haberlas escuchado, pero en realidad estaba encaminada a un lugar bien diferente: la sala donde se suponía que la conferencia tendría lugar. De entre todos los compañeros de clase que estábamos allí, probablemente yo era la única que de verdad quería atender, que de verdad se interesaba por la carrera y que pese a tener el nivel socio-económico que tenía, que era bastante alto con el añadido de que la familia de mi abuelo era bastante influyente, se comportaba como una alumna más en vez de como la Reina de Inglaterra en persona y en un cuerpo bastante más agraciado que el que solía tener, así que podía decirse que en eso era, probablemente, la única que iba porque quería y no por el hecho de que parte de nuestra nota dependiera de la asistencia a la exposición oral. En parte me daba pena quien fuera a hacer la conferencia en aquel momento porque no le iba a atender casi nadie, o al menos todos fingirían que lo hacían mientras sólo unos pocos, entre los que ni siquiera incluía a los profesores, escuchábamos de verdad lo que decía, pero así era la universidad a la que iba, especialmente rodeada de tantos snobs como lo estaba yo constantemente, tanto que hasta me hacían sentir normal... y tenía narices la cosa.
Entre pitos y flautas, acabé enfrente de la puerta que daba paso a la sala de conferencias y esperé, al menos así lo hice en vista de que no se podía entrar pese a haber alguien dentro, y ese momento escogió mi móvil para ponerse a sonar y, además de avisarme de que alguien (mi hermano) me llamaba, recordarme que tenía que ponerlo en silencio, cosas de tener un mínimo de educación, no como los de mi clase que probablemente estarían dándole al whatsapp todo lo que durara la conferencia. ¿Qué decía yo? Snobs maleducados.
La conversación con mi hermano fue breve y seca. Me dijo de quedar y yo le dije que ya por la tarde, que tenía una conferencia de clase a la que asistir, y en cuanto ya decidimos lugar y hora colgó, dejándome con la palabra en la boca, palabra que murió en cuanto vi al conferenciante... que no se parecía en nada a lo que estaba acostumbrada. Aparte de tener rasgos muy exóticos, de Oriente Medio seguramente, sus ojazos azules me cautivaron desde el primer momento, aparte de esa aura que lo rodeaba de elegancia salvaje y que prácticamente me hizo contenerme para no babear allí delante ya que no era plan. Sólo lo evité cuando los profesores dieron permiso a los alumnos para entrar y así lo hice, acomodándome en uno de los asientos de las primeras filas, habitualmente vacíos salvo aquella ocasión porque estaba lleno de mujeres desesperadas (entre las que no me incluía, al menos no del todo, porque yo sí iba a atender). Saqué un cuaderno y un bolígrafo negro y empecé a escuchar tanto su presentación como lo que explicó de las metodologías. A mi alrededor, especialmente desde los sectores masculinos, quejas sobre su acento podían adivinarse si se prestaba atención pero yo no lo hacía, no cuando estaba encantada de cómo iba saliendo todo y de lo que decía, que me fascinaba. Al margen de cómo pudiera ser él físicamente, que era lo único en lo que se fijaban las de mi alrededor, yo me fijaba en sus palabras, en lo que podía enseñarnos, y sobre todo tomaba apuntes mientras la conferencia tenía lugar, con interrupciones de los inútiles de mis profesores que, particularmente, me hacían sentir vergüenza ajena, tanta que no pude evitar una vez incluso llevarme la mano a la frente, como preguntándome qué había hecho yo para acabar rodeada de inútiles.
La ronda de preguntas comenzó con total silencio por parte de la mayoría y conmigo bullendo por dentro de cosas que quería saber, así que ignorando mi costumbre de permanecer callada como una puta levanté la mano, ganándome la mirada extrañada tanto de profesores como de alumnos a mi alrededor.
– Mi nombre es Charlotte, y quería saber qué pasa si en mitad de la excavación viene alguien y lo destroza todo, nos echa de allí o se queda con todo... ¿Sirve la diplomacia en esos casos o hay que recurrir a tratar de conseguir lo que se pueda antes de que la propia vida esté en riesgo? Porque entiendo que en esa clase de situaciones la amenaza suele ser externa y seguramente militar, con el consecuente peligro para un civil en medio de una zona de guerra que eso conlleva, ¿no? Y también querría saber si se han dado muchos casos de militares que hayan respetado yacimientos, aunque me imagine la respuesta... Gracias. – pregunté, con la mirada clavada en la suya y jugueteando con el bolígrafo en la mano, atenta a lo que dijera para apuntar la respuesta... No, si a veces hasta parecía una alumna aplicada y todo pese a la pulla que acababa de meter a los militares, siendo sabido por la mayoría que mi hermano era uno.

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Re: A View Of Burning Empires [Charlotte T.]

Mensaje por Rashid Ibn-La'Ahad el Miér Dic 14, 2011 5:59 am

Los occidentales no tenían ni idea de lo que eran los modales o, al menos, eso dejaban más que claro en momentos como aquel en los que los viejos profesores ultracatolicos y estirados no dejaban de interrumpirme mientras que, por otro lado, podía ver como algunos de los alumnos que estaban allí se enviaban mensajes por el teléfono o se ponían a hablar tan tranquilamente como si aquello fuera la cafetería... Y luego ellos se quejaban de nosotros. Aguanté todas y cada una de las interrupciones como buenamente pude, mordiéndome la lengua más de una y de dos veces, limitándome a blasfemar en mi cabeza en todos los idiomas que conocía (que no eran precisamente pocos) mientras trataba de aparentar que me era indiferente... Cuando odiaba que me interrumpieran. Otra de las cosas que tenía que haber supuesto que pasaría era que los chicos, orgullosos de ser occidentales y de que su país fuera uno de los que invadió mi tierra, no dejaban de mirarme mal, meterse con mi acento e incluso insultarme... Aunque en aquel caso no había nada que importara menos porque, francamente, lo que dijeran cuatro críos estúpidos y ricos a los que sus papás les pagaban la carrera y todos sus caprichos y que estaban ahí más por estar que por otra cosa ya que tarde o temprano heredarían las super empresas de sus padres me la traía bien floja, hablando mal y pronto. Ellos no sabían lo que era dejarse la piel estudiando y, la verdad, probablemente nunca llegarían a descubrirlo porque tenían el futuro asegurado. Tampoco sabían qué era la guerra y cuando decían entre murmullos “...pues que se vuelva a su país” o comentarios de ese tipo no tenían ni idea de que no había nada que quisiera más en el mundo... Pero no podía por culpa de gente como ellos y como sus familias, que habían hecho de mi hogar un campo de batalla, inseguro, inestable y en el que no se podía vivir... Ya no. Me guardé mis pensamientos, mis palabras y me tragué mi orgullo, realmente con miedo de poder atragantarme en una de esas y continué con la conferencia con tranquilidad y serenidad, soportando interrupciones y en una de ellas, dándome cuenta como una chica de la primera fila se llevaba la mano a la frente, como abochornada por sus profesores.

Entrecerré los ojos, mirándola y estudiándola mejor, no me había fijado hasta aquel momento en ninguno de los estudiantes en particular ya que me parecían todos iguales: rostros pálidos, ojos claros en su mayoría, algunos marrones, ropa de marca, cabellos largos y melenas al descubierto, escasa ropa por parte de ambos géneros... Los típicos niños ricos de universidad occidentales... Pero esa chica de la primera fila no parecía exactamente igual al resto y fue su gesto lo que me había hecho fijarme en ella y darme cuenta de ello. Era morena, de piel pálida y ojos azules. Con eso la descripción no era demasiado diferente a la de cualquier chica londinense, pero era una de las pocas que había estado prestando atención a mis palabras desde que había empezado la conferencia y, además, había tomado apuntes, no como el resto de las chicas de la primera fila que no dejaban de mirarme embobadas, probablemente imaginándome desnudo... Típico de las occidentales. Estaba cerca del final, hablándoles ya de los casos particulares y ejemplos tras explicarles las metodologías y los procedimientos a seguir y miré mi reloj por primera vez desde que había empezado a hablar, me habían dicho que teníamos como mucho dos horas y llevábamos más de una hora y media entre unas cosas y otras. Pasé por encima las diapositivas de las imágenes de las excavaciones, la mayoría de ellas en las que yo mismo había trabajado, otras dirigido y algún que otro ejemplo más, explicando las fotografías antes de dar por finalizada la conferencia. - … y esto es todo. Ahora, si alguien quiere hacer alguna pregunta o tiene alguna duda, es el momento. - dije, mirando de reojo a los profesores que asentían, murmurándose cosas entre ellos. A saber.

Todos permanecieron en silencio durante unos segundos mientras yo paseaba mi mirada de uno en uno, preguntándome realmente si a alguna persona de las allí presentes realmente le interesaría el tema, su carrera o lo que yo los pudiera haber explicado, dudándolo demasiado... Hasta que observé una mano alzada y medio sonreí, observando como al rededor de la chica morena de la primera fila todos la miraban sorprendidos y empezaban a cuchichear, incluso los profesores lo hicieron pero los ignoré a todos y le hice un gesto con la cabeza para que hablara. Ella se presentó primero, Charlotte se llamaba, y preguntó algo realmente interesante que me dejó claro que sí, había estado atenta durante toda la conferencia y eso era bastante. Además, hizo un comentario con el que sutilmente se metía con los militares y tuve que reprimir una risa hasta que finalmente terminó de hablar. Me paseé por unos segundos de un lado a otro, meditando la respuesta. - Bueno, si ya conoces la respuesta no hace falta que te la diga, ¿cierto? En el fondo, todos sabemos muy bien cómo van esas cosas pero no todos quieren reconocerlo... - me encogí de hombros, refiriéndome a su comentario sobre los militares antes de quedarme fijo en un punto, frente a ella, cruzando los brazos sobre el pecho y mirándola a los ojos. - En cuanto al resto, sobre el papel, se dice que sirve la diplomacia y que no hay nada que no se pueda arreglar... Los civiles tienen sus derechos, como todos sabemos, pero en cuanto se trata de un territorio en guerra todo esto tarda, los derechos de las personas dejan de estar tan claros y las cosas... cambian. En teoría deberías hablar con el oficial al mando del bando que sea el que intenta echarte, destrozar todo tu trabajo o robártelo pero mi experiencia me dice que si haces eso probablemente acabes muerto así que lo mejor es conseguir reunir todo el inventario y descripción de la excavación, cuantas más piezas posibles, fotos y todo lo que antes he comentado y salir de allí cuanto antes. Las fotos son importantes llegado el caso de que se descubran ruinas antiguas y estas se destruyan, gracias a las fotos, al menos, tendremos algo sobre lo que trabajar para intentar reconstruir el lugar. Además... - iba a continuar respondiendo la pregunta a aquella chica que parecía realmente interesada en el tema cuando, una vez más, me cortaron.

-Fascinante, señor Rashid, realmente fascinante. Nos ha encantado tenerlo hoy con nosotros pero me temo que se nos ha terminado el tiempo por hoy. Estaremos encantados de tenerlo con nosotros otro día si decide acompañarnos.

Suspiré, sin poder evitarlo, mirando aún a los ojos de la chica y negué con la cabeza, girándome y murmurando unas cuantas maldiciones en mi lengua materna mientras recogía mis cosas y los profesores despedían a sus alumnos, diciéndoles que la charla entraba para el examen, cuando volvían a verse y todas esas mentiras... Porque de entrar la charla en el examen solo aprobaría la morena, de eso estaba seguro. Todos salieron escopeteados y yo seguía recogiendo mis cosas, antes de terminar, vi como Charlotte ya había recogido sus cosas y ya iba a marcharse. Me acerqué a ella y ladeé la cabeza. - ¿Te apetece tomar un café? Parece que te interesa el tema y me parece que es la mejor manera de hablar sobre ello sin interrupciones constantes y con algo más de intimidad. - me encogí de hombros y, sin esperar su respuesta, volví a la mesa donde estaban aún todas mis cosas, recogiéndolo todo de una vez por todas, cogiendo el portatil, la chaqueta del traje y todo lo que llevaba en segundos sin siquiera fijarme si Charlotte me había seguido o no. Porque era decisión suya si quería venir conmigo o no, a mí, la verdad, me daba igual. Si no estaba tomándome un café con ella probablemente iría a la tetería a fumar un poco y a relajarme... Porque después de aquello lo necesitaba.

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Re: A View Of Burning Empires [Charlotte T.]

Mensaje por Charlotte Thomas el Vie Dic 16, 2011 11:53 pm

Cerca del 90% de los presentes en la sala, entre los que no incluía precisamente a quien nos estaba dando la conferencia, sabía que yo era Charlotte Thomas. La mayoría lo sabía por mi reputación, algunos porque compartían clase conmigo y habían visto que en algunas en las que el profesor pasaba lista yo respondía a ese nombre, pero todos sin excepción tenían claro que si yo era una Thomas, era porque era hija de Meredith Thomas y de Patrick Thomas, dos de las celebridades del país más destacadas, cada una en lo suyo. Mi padre era uno de los mayores empresarios del Reino Unido, y mi madre era una doctora con fama internacional de la que, sin embargo, no se sabía demasiado al margen de sus logros profesionales, lo que dejaba al lado su apellido de soltera, Cromwell, y la relación que pudiera tener con mi abuelo, un conde. Aquello habría sido la repera, si encima de que todos sabían acerca de mi vida familiar salía a la luz que era la nieta de un miembro de la antigua nobleza inglesa y de un miembro de la cámara de los lores del parlamento además de posible candidata a heredar el título aunque en realidad tanto mi abuelo como yo sabíamos que a mí no me interesaba... y por eso, las veces que lo habíamos hablado, había sobrado incluso negar una realidad que era obvia para nosotros, pero que los demás no sabían. Por esa asociación con mis familiares eran todos perfectamente conscientes, también, de que mi hermano mayor era militar, básicamente porque había sido un hecho que ni él ni yo habíamos tratado de ocultar cuando aún nos aguantábamos y que había trascendido, y eso explicaba las miradas de incredulidad y de cierto rechazo que estaban clavadas en mí como si acabara de declararles la Tercera Guerra Mundial a los presentes, o algo así...
Y es que normalmente me controlaba, normalmente no solía dejar que fuera de alcance público que mi hermano y yo nos aguantábamos cada vez menos porque era relativamente famosa y lo único que quería que se supiera de mí era lo que yo había decidido que fuera como lo era, tal y como mi reputación, y no una situación familiar que ni siquiera había elegido yo porque, por mí, prefería llevarme bien con mi hermano mayor, ese que había muerto en Irak y que había vuelto con el cerebro totalmente lavado con la guerra, alimentando las razones de mi rechazo hacia los militares y de mi odio también hacia ellos, porque lo que le habían hecho al Jack Thomas que solía ser me lo habían hecho también a mí y los odiaba... Había perdido al único aliado cercano que me quedaba en mi familia más próxima, y aquello no era algo que se pudiera recuperar tal y como Jack era en aquel momento... Y lo sabía demasiado bien.
En cualquier caso, y al margen de lo que mis opiniones sobre los militares fueran, Rashid contestó a mi pregunta hablándome de los dos términos: la teoría y la práctica, y sus palabras bastaron para que me diera aún más cuenta de que lo que había que hacer era ser pragmático y sobrevivir, así como tratar de salvar todo lo posible y si no se podía detallar la excavación haciendo fotos y descripciones. Precisamente en la importancia de las fotos se quedó cuando lo cortaron bruscamente, agradeciéndole sin una pizca de educación que hubiera dado la charla y sin que se me escapara cómo negó con la cabeza, probablemente pensando tan mal de mis profesores como lo hacía yo... si es que se podía. Después de un par de apuntes más en mi hoja acerca de su respuesta y que me sirvieron para ignorar a los profesores y su perorata que ya conocía (a saber nos vemos mañana en clase, la charla entra pero por supuesto con mucha menos importancia que nuestras clases magistrales que con la verdad absoluta y con mayúsculas... cosas de carcamales que se lo tenían demasiado creído), recogí mis cosas rápidamente y me dispuse a irme, aunque como la cosa iba de interrupciones por todos los bandos tampoco pude llegar a hacerlo.
Enseguida tuve a Rashid con aquellos ojos tan insultantemente claros y bonitos delante de mí, sugiriéndome ir a tomar un café para terminar la conversación que no habíamos podido acabar y sin esperar una respuesta por mi parte volviendo a recoger sus cosas, aunque desde que me lo había propuesto yo sabía que iba a aceptar... No tanto por el hecho de que era inevitable que yo quisiera seguirlo por lo mucho que me fascinaba, manera bonita de decir que estando así lo seguiría a donde quisiera, sino porque en realidad yo misma estaba interesada en lo que él había estado contando y quería que continuara con ese además en el que lo habían cortado... Pura curiosidad, simple y llanamente, la misma que me hizo coger la chaqueta y sin ponérmela siquiera seguirlo pese a correr el riesgo de matarme con los tacones de las botas que aquel día había decidido ponerme. Enseguida estuve a su altura y sólo entonces me coloqué la chaqueta y el bolso bandolera en el que me había metido los apuntes de la charla y las demás cosas que había llevado a aquella conferencia que, al final, iba a convertirse en algo todavía más interesante de lo que había sido ya desde un principio.
– Me parece perfecto. Si ya en clase ni siquiera los aguanto, en una charla parece que se empeñen en hacer que los desprecie todavía más... – repuse, comentando acerca de mis profesores más para mí que para él y poniendo los ojos en blanco antes de dirigir la mirada al frente y, con ella, determinar el camino hasta el bar más cercano: un Starbucks.
La ventaja de que aquel bar estuviera tan cerca de la universidad y de que tuviera wi-fi era que muchos alumnos que se saltaban las clases iban allí a hacer trabajos o sus propias cosas en los portátiles que todos, al parecer excepto yo, tenían, aunque como todo aquello tenía sus horas punta y aquella, en la que la mayoría de la gente o bien estaba en clase por la cercanía de los exámenes finales o simplemente habían decidido saltarse la clase en algún otro lugar, y por suerte para nosotros y para la posibilidad de hablar más tranquilamente estaba medio vacío, lo cual era de agradecer. Fuimos a la barra y me pedí un Frapuccino de chocolate, que pagué antes de que él pidiera y de que pudiéramos irnos entonces a una mesa junto a la ventana con sofás, en los que me acomodé casi ronroneando, porque adoraba mirar por la ventana con chocolate en la mano y sentada en un sofá mullido y cálido... Lo siguiente era volverme bohemia del todo y llevarme el cuaderno para escribir futuros best-sellers.
– Siempre son así, por cierto... Salvo excepciones que no has tenido la oportunidad de ver en la conferencia los alumnos pasan del tema y los profesores sólo vienen, nos sueltan su rollo, no aceptan preguntas y se van por donde han venido. Creen que por tener algún artículo de investigación en alguna revistilla de tres al cuarto que sólo conocen ellos y por ser más viejos que el clavo del calendario pueden imponerse, y la mayoría de los alumnos han optado por arqueología porque la creían más fácil que una ingeniería o porque era la única en la que quedaban plazas, así que si juntas el hambre con las ganas de comer entenderás muchas cosas, entre ellas que al final gente como yo a la que sí le interesa lo que estudia acabe saltándose la mitad de las clases sólo por no aguantarlos... Pero bueno, es lo que toca. – comenté, dándole después un sorbo a mi bebida y cruzando las piernas con la atención centrada en él, por una vez y por mucho que me pusiera (que era, en verdad, muchísimo...) sin intentar nada conscientemente a la hora de intentar llevármelo a la cama, precisamente porque me imaginaba que no funcionaría y pasaba de llevarme un palo cuando, al menos, podría mantener una conversación inteligente con él, algo que era de agradecer dadas mis circunstancias.
– Hablabas de la importancia de las fotos llegado el caso de que destruyan tu trabajo antes de que te interrumpieran... – añadí, con la mirada llena de curiosidad, de nuevo, y en un intento de retomar el tema que había estado diciendo antes de que lo echaran de allí como si fuera un perro... cuando él por sí solo valdría bastante más que todos mis profesores juntos, pero en fin. ¿Quién había dicho que la vida fuera justa?

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Re: A View Of Burning Empires [Charlotte T.]

Mensaje por Rashid Ibn-La'Ahad el Vie Jul 27, 2012 9:23 pm

Al parecer aún quedaba gente educada y con ganas de aprender en aquella universidad tan elitista (o eso, al menos, era lo que me había parecido al ver la gente que me encontraba en las clases o los pasillos) y Charlotte en seguida se puso a mi altura, aceptando mi invitación de tomar ese café y, además, regalándoles a mis oídos ciertos “comentarios” nada favorables sobre sus profesores que me hicieron sonreír de lado aunque no comenté nada ya que, después de todo, parecía que hablaba más con ella que conmigo y no me apetecía interrumpir sus profundos pensamientos que, ¿para qué mentir?, yo mismo compartía. Nos dirigimos casi como movidos por un resorte a un Starbucks que había por allí, sorprendentemente vacío a pesar de estar en una universidad y tener wi-fi gratis pero no le di más importancia pues aquel sitio me parecía extremadamente sobrevalorado, los cafés estaban demasiado aguados y los dulces eran muy empalagosos, todo eso por no hablar de los excesivos precios... Pero como no había un sitio mejor y más cercano por allí no dije nada y la seguí hacia el Starbucks donde ella se pidió una especie de batido de chocolate y yo, tras mirar un poco lo que había me pedí una especie de zumo granizado de naranja, fresa y plátano. En cuanto me lo dieron y pagué acompañé a Charlotte a una mesa con sofás pegada a la ventana pero, aún así, alejada de la poca gente que había, me senté y bebí un trago de aquello que resultó estar sorprendentemente bueno mientras la veía acomodarse en el sofá como si fuera un gato.

Sin previo aviso, Charlotte comenzó a despotricar sobre sus profesores y compañeros, diciendo que ni los unos ni los otros tenían muchas ganas de nada y molestándome el hecho de que hubiera algunos que se metieran a aqueología porque era “la más fácil” o “no había plazas en otras”. A mí me había costado muchísimo entrar en la universidad, no por mis notas que eran prácticamente excelentes, si no por mis padres y por todo el tema de que aquello no llevaba a nada, que debería ser médico o algo que diera dinero para poder casarme con una mujer de buena familia y tener hijos y dinero en el futuro... Sabía que de haberles hecho caso me estaría arrepintiendo ahora mismo o, probablemente, habría acabado como Amir... Si no peor, porque se podía. Lo de sus profesores, quizá, lo entendía más... O lo entendería si hubieran hecho todas las cosas que había hecho yo, mis excavaciones, trabajos con el director del museo del Cairo y otros investigadores de prestigio tanto alemanes como franceses que habían decidido excavar en mi tierra y tener a los mejores del lugar trabajando con ellos... ¿Pero ponerse tan prepotentes por simples artículos? ¿Acaso ellos sabían lo que era el trabajo de campo? O más importante aún, ¿enseñaban siquiera lo que era? Bufé y volví a darle un trago a aquel zumo tan rico mientras ella volvía a acomodarse en su sofá, cruzando las piernas esta vez y volvía al ataque con preguntas sobre la conferencia, intentando retomar el tema por el que me habían cortado sus “maravillosos” profesores.

Medio sonreí y alcé una ceja, interesado de repente en aquella chica a la que al parecer le encantaba lo que estudiaba... Como a mí me encantaba mi trabajo. - Es importante tanto la descripción del yacimiento como las fotos, cuantos más datos puedas recopilar mejor... Aunque estamos hablando de lugares que no han sido profanados con anterioridad, si te vas a la mayoría de necropolis egipcias están saqueadas casi en su totalidad y tienes que tener claro que no vas a ser el primero que haya entrado allí en 2000 años... Ni el segundo, probablemente. - me encogí de hombros y bebí un poco más. - ¿Tienes pensado en qué te vas a especializar cuando termines? Porque podría hablarte, si quieres, de ese periodo en particular porque sí, puedes especializarte, por ejemplo, en edad media cosa que aquí tenéis para aburriros... Pero yo me especialicé en Antigua y he excavado cosas prehistóricas, medievales, de antigua... Vamos, que la especialización es una excusa para estudiar más porque, después de todo, el trabajo es el trabajo...

En aquel momento comenzó a sonar mi móvil, me había comprado un iPhone de última generación al que le había pillado el truco demasiado rápido porque me había enganchado a un jueguecito estúpido sobre pájaros cabreados que matan cerdos con coronas... En fin... Miré la pantalla y alcé una ceja, una de las chicas de la tetería, Raísa, pero en aquel momento no me apetecía hablar con ella que lo más probable era que me preguntara si iba a ir a verlas... Cosa que en aquel momento dudaba. Colgué y guardé de nuevo el teléfono móvil, volviendo a mirar a Charlotte. - Perdona... - me disculpe con una media sonrisa y me pasé la mano por el pelo, apartándomelo de la cara antes de volver a hablar. - Ahora, ¿qué te parece si me hablas más de ti y sobre por qué elegiste tú estudiar esto? Pareces de familia bien y supongo que a ese tipo de familias nunca les parece bien que estudies lo que quieres... ¿O me equivoco? - alcé una ceja, mirándola a los ojos, que parecían competir con los míos en claridad. - Si no quieres hablar sobre ti, tranquila, podemos volver a la arqueología pero la verdad es que no conozco a mucha gente aquí y mucho menos a la que le guste tanto esto como a mí y he pensado que podría estar bien... - a mitad de la frase ya tenía el ceño fruncido, socializar no era lo mío y se notaba. Bajé la mirada y sacudí la cabeza. - Esto se me da de pena, perdona... ¿Por donde iba? Ah, sí, las necropolis egipcias... – comenté, en un intento inútil de recuperar la poca dignidad que me quedaba

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Re: A View Of Burning Empires [Charlotte T.]

Mensaje por Charlotte Thomas el Vie Ago 10, 2012 12:33 am

Teniendo en cuenta la fauna que había por mi universidad, no sólo a nivel de mis compañeros sino también a nivel profesorado, estar allí con un chico indudablemente joven, que podría pasar por un alumno si se esforzaba pero que aún así era tan brillante que daba conferencias con muchísima más gracia que mis profesores, era algo que no habría imaginado ni en un millón de años, pero sin embargo era real... y tanto, como me recordaba cada vez que lo miraba. No me había atraído tanto un chico de la universidad desde... qué narices, desde nunca, pero aún así estaba haciendo de tripas corazón, en parte por mi hermano y en parte por el hecho de que quería respetarlo y que no se convirtiera en un simple polvo fácil como tantos otros, y la verdad es que contra todo pronóstico mi aguante estaba teniendo resultados, porque hacía tiempo que no mantenía una conversación así con nadie, y en el fondo me gustaba... Si no, ¿por qué me había metido en la carrera en la que estaba? No era únicamente por desafiar a mis padres, aunque eligiendo cualquiera que no fuera medicina o empresariales lo habría conseguido, sino porque me gustaba todo aquel mundillo al que él pertenecía y que me estaba enseñando al margen de la charla que le habían obligado a acabar demasiado pronto. Por eso estaba atenta, y por eso esperaba que me respondiera a mi pregunta con un conocimiento que absorbería cual esponja en una faceta de Charlotte que no todo el mundo conocía y que yo tampoco quería que fuera de dominio público, ya que me beneficiaba mi apodo de Charlotte The Harlot para más cosas que en las que me podía perjudicar, al menos hasta la fecha. Así, cuando respondió a mi pregunta, yo tomé nota mental de que tendría que hacer muchas fotos y tomar la mayor cantidad posible de datos respecto a una necrópolis que, pese a estar seguramente saqueada, guardaría aún el mismo encanto que me serviría para seguir dedicándome a mejorar hasta hacerme un nombre en la profesión.
El cambio de tema, sin embargo, sí que me sorprendió. Hasta entonces habíamos estado hablando únicamente de temas de arqueología, pero de pronto lo descubrí preguntándome cosas sobre mí, y en lugar de molestarme, la reacción normal siendo yo tan desconfiada como lo solía ser, en cierto modo me agradó, porque significaba que se interesaba por mí de una manera que los hombres no solían mostrar... y eso era un auténtico detalle por su parte. Por eso mismo, pese a que se retractara, yo me limité a sonreír de manera más o menos amplia y a negar con la cabeza.
– Me gusta mucho la historia antigua, creo que es mi período favorito a la hora de enfocar mi futuro en uno de ellos... Supongo que estará ya trilladísimo e investigado hasta la saciedad, al menos en función a lo que yo estoy viendo hasta ahora, pero en particular Roma tiene algo que me encanta... Más que Grecia. Aunque Persia también tengo que admitir que me tiene ganada, incluso Egipto. Dios, cualquiera que me escuche pensará de todo sobre mí... – le dije, sonriendo más ampliamente al final y encogiéndome de hombros, porque aún así aquella faceta de mí no me disgustaba y no me importaba mostrarla ante alguien que me comprendía... más o menos, dado que no lo conocía suficiente para saberlo con exactitud suiza.
– Aunque bueno, si elegí todo esto es porque me gusta, a fin de cuentas. Respecto a mi familia... Te diría que es complicado, pero en realidad no lo es tanto. Mi madre es médico; mi padre, empresario. Las dos son profesiones que mueven bastante dinero y yo crecí en ese ambiente, pero no me he llevado exactamente bien con nadie que no sea mi hermano desde hace años, y supongo que hasta inconscientemente quería independizarme desde que cumplí los quince, así que la elección de carrera estaba clara: cualquiera menos las que ellos estaban ejerciendo... Y la historia se me daba muy bien en el instituto, así que quería algo relacionado con ese campo, por lo que la arqueología me pareció perfecta. A mis padres no tanto, y a mi hermano... bueno, es difícil saberlo. – añadí, ahogando un suspiro al final que era mezcla de muchas cosas... Primero por lo mal que estaba mi vida familiar; segundo, por lo peligroso que podía ser mi hermano si descubría hasta qué punto había cambiado; tercero, porque en el fondo echaba de menos a cómo solía ser Jack; cuarto... ni sabía cuál era el cuarto, honestamente, pero me esforcé en mirar a la cara a Rashid (algo fácil si me acordaba de lo guapo que era, con esos ojos tan azules que... en fin, me liaban y me hacían sentir mucho calor) para no irme por los cerros galeses demasiado rato.
– Mi relación con mi familia es complicada, lo era antes de que escogiera la arqueología y lo seguirá siendo hasta que me muera, así que tengo total libertad para hacer lo que quiera en este campo... Salvo por mi hermano. Si tienes ánimos para una historia triste sobre cómo la guerra arruina una buena relación fraternal deberías preguntarme, pero dudo que sea lo que quieres oír, así que quizá sea mejor volver a las necrópolis... A no ser que tú quieras contarme algo de ti mismo y no me dejes siendo la única que te ha contado media vida. Eso lo dejo a tu elección. – finalicé, con una sonrisa relativamente cálida (al menos teniendo en cuenta cómo era yo) que quería que lo invitara a no dejarme haciendo un monólogo que no le interesaba a nadie, quizá ni a él. En cualquier caso, yo quería que pasara un rato de las necrópolis egipcias para que me contara algo más de él, porque como bien había dicho no solía conocer a demasiada gente agradable a la que le gustara lo mismo que a mí, y si podía aprovechar para socializar en un sentido diferente al que practicaba normalmente lo haría encantada, ya que no tenía demasiados amigos y uno más siempre era bienvenido, sobre todo si era como él.

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Re: A View Of Burning Empires [Charlotte T.]

Mensaje por Rashid Ibn-La'Ahad el Miér Sep 12, 2012 9:32 pm

Definitivamente, no se me daban bien aquellas cosas. Era demasiado... ¿Raro? No, más bien, era demasiado poco sociable desde hacía unos años (bueno, mi única época más o menos sociable había sido la de la universidad y de eso hacía ya más de un par de años...) me había vuelto aún más cerrado... La guerra, las bombas, las minas, las armas, los ataques indiscriminados, las trampas... En el campo de batalla llegaba un momento en el que no sabías en quién confiar, quien era el bueno y quien era el malo... Y simplemente buscabas sobrevivir por encima de todo. Y eso era horrible. Por suerte Charlotte me sacó de mis pensamientos y de mis peores recuerdos sonriéndome y respondiendo a una de mis preguntas, sobre su futuro profesional, explicándome cuál era la época que más le llamaba la atención y la escuché atentamente, con una media sonrisa grabada en los labios porque la entendía a la perfección y es que la Historia Antigua tenía un yo que se que que se yo... Que resultaba fascinante. Roma, Grecia, Egipto, la propia Persia eran ejemplos que ella había dado y de los cuales yo solo había podido estudiar en profundidad dos de ellos, Egipto y Persia... Y me moría de ganas por visitar Grecia y Roma. No pudo evitar, al final, hacer un comentario sobre qué pensaría la gente que la escuchara y negué con la cabeza, eso era lo peor que podía hacer, preocuparse por lo que la gente fuera a pensar de ella... Si aquello, lo que estudiaba, le gustaba... El resto no importaba. Y eso me lo demostró con sus siguientes palabras, dándome la razón... Al menos a mis pensamientos. Justo después de aquello, hiló perfectamente el tema de su familia, que ya pensaba que ni siquiera iba a tocar y no supe si sentirme agradecido o incómodo porque ese tema, en mi caso, era un tanto... Delicado. Pero me limité a escucharla y a asentir, de madre médico y padre empresario no había sido sencillo que aceptaran que su hija hubiera querido estudiar otra cosa... Mucho menos arqueología que no daba ni la mitad de dinero que los trabajos de sus padres. No se me escapó la manera de la que había hablado de su hermano, al principio, al decir que era prácticamente el único con el que se había llevado bien, como con cariño y después... De otra manera... Y suspiré yo mismo al recordar a Amir.

Ella continuó tras una pequeña pausa, explicándome que su relación con su familia era complicada antes de que ella escogiera la arqueología y lo seguiría siendo por lo que tenía bastante libertad... Excepto por parte de su hermano. Y sus siguientes palabras me hicieron contener el aliento, la guerra arruinaba demasiadas cosas y no me apetecía hablar de ello en particular, como a ella, por lo que lo dejé pasar y simplemente asentí cuando ella propuso volver a hablar de las necropolis... Aunque también me invitó a contarle algo de mí y que no fuera ella la única en contar “media vida”. Eso, según ella, lo dejaba a mi elección, pero tragué saliva, viéndome casi obligado a hacerlo, a contarle algo de mí porque era como si se lo debiera después de que ella me contara aquello... Si llego a saberlo no pregunto y me quedo calladito pero aquello me pasaba por cotilla... ¿Aún no había aprendido que la curiosidad mataba al gato? No, al parecer no... Y aquella era una buena lección para recordármelo. - Pues... Es... Complicado. Mucho más que lo tuyo, créeme. - me pasé una mano por el pelo mientras repasaba mentalmente en apenas segundos mi vida para saber por dónde empezar. - Ahora mismo, solo tengo un hermano. Mis padres y mis abuelos murieron hace unos años y mi hermano pequeño fue secuestrado, supongo que asesinado también, por soldados occidentales. - me encogí de hombros con un resumen que incluso a mí me pareció bastante fuerte, pero que no era ni la mitad de fuerte que la realidad... Si ella supiera... - Mi hermano, nada más acabar el instituto, incluso antes, se metió en el ejército y esa era su vida... Matar sucios occidentales que solo querían beneficiarse de nuestras tierras y nuestras mujeres y yo me limité a estudiar, acabar el instituto, la universidad, graduarme y trabajar con los mejores... Pero mi hermano siempre fue mejor que yo... Y cuando eres de un país en guerra, tarde o temprano, esta te alcanza y... Nunca acaba bien.

Hice una pausa y me remangué la camisa, como acto inconsciente, dejando a la vista algunas de mis cicatrices de guerra, que no eran más que una pequeña muestra de mi cuerpo marcado casi por completo pero aquello eran cosas que a ella no le interesaban así que me salté bastante como que mi hermano intentó matarme más de una vez y pasé directamente al “final feliz”. - Tras un año entero metido en una guerra que ni me iba ni me venía, por mucho que en aquel momento pensara que estaba bien lo que hacía... No pude más. Necesitaba salir de allí y eso hice, contacté con uno de mis profesores y director de mil excavaciones que trabaja en el museo del Cairo y que siempre sintió debilidad por mí y él me sacó de allí... Estuve un tiempo en Egipto trabajando con él y al final consiguió que mis papeles estuvieran en regla de una vez y, bueno, aquí estoy y el resto es historia... No creo que te haga mucha ilusión escuchar esto pero tú has preguntado... Y tampoco quería que te sintieras incómoda por ser la única en hablar... - me encogí de hombros y volví a pasarme una mano por el pelo, una maldita manía que tenía desde siempre y que no parecía querer irse así como así. - En fin, supongo que después de esto no necesitarás ir al cine en un tiempo. - medio bromeé con una media sonrisa. - Y ahora, si quieres cambiar de tema... Estaré encantado de hacerlo. Por ejemplo... ¿Tienes novio o algo así? Eres guapa y digo... No sé, ya deberías estar cogida si los chicos de aquí fueran la mitad de inteligentes que una medusa... Aunque quizá eso es pasarse... ¿Lo dejamos en amebas? - sonreí y negué con la cabeza. - Eso en caso de que tú quieras eso pero... No sé, no te conozco así que no puedo hacer demasiadas suposiciones... Hombre, como poder puedo pero no me gusta hacerlas porque sí y... - hice una pausa, me estaba liando y ya hablaba demasiado. - Lo siento, me lío, ya me callo. - me bebí casi de un trago mi zumo y me hundí un poco en mi asiento, que era bastante cómodo para lo que era habitual en sitios como aquel... Así quizá podría desaparecer o algo porque en vistas de mi éxito para socializar... Quizá sería lo mejor.

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Re: A View Of Burning Empires [Charlotte T.]

Mensaje por Charlotte Thomas el Lun Sep 17, 2012 10:43 pm

Rashid me provocaba, cuando menos, curiosidad. Tenía que obviar la parte de mí que quería mandar a la mierda el hecho de que fuera algo así como mi profesor (o que, en realidad, quería acordarse de eso para que le diera más morbo a la idea) para tirármelo una y otra vez para darme cuenta de que, al margen de su físico, él en sí me interesaba, pero era una verdad indiscutible una vez me centraba en lo que me tenía que centrar... Aunque no por ello era menos raro. ¿Cuánto tiempo hacía que no me interesaba algún chico para algo más que un polvo? El único caso reseñable era el de Dan, mi mejor amigo, y como mucho lo que había sucedido con Ektor, que tampoco debía de haber sido demasiado fuerte teniendo en cuenta que no me había molestado nada que se hubiera ido. Al margen de eso, no creía recordar ningún otro caso en el que me hubiera interesado saber más del chico en cuestión salvo aquel en el que me encontraba, con alguien que tenía en común con mi situación más de lo que parecía a primera vista, y eso me resultaba muy raro, eso como poco. No sabía cómo comportarme en aquella situación, porque si me quitabas la opción del tonteo se me reducían las posibilidades de socializar hasta límites insospechados, pero lo que sí que sabía era que quería conocer más cosas de él: por eso le había preguntado acerca de su familia, aunque algo me decía (quizá el aire torturado de sus ojos, o quizá su reticencia a hablar demasiado de sí mismo de antes) que lo que escucharía no iba a gustarme... y vaya si no me gustó.
Él cedió, y primero me contó cosas acerca de su familia para, entonces, contarme acerca de él, de la situación que le había tocado vivir en un país en guerra como lo había sido el suyo y de cómo había tenido suerte pudiendo estudiar e irse. Escuché sin interrumpirle, asimilando todo lo que estaba escuchando y que suponía que no le contaba a cualquiera que preguntara, y opté por no interrumpirle en ningún momento porque, en realidad, tampoco sabía qué decir. Los casi desconocidos con aquella carga de sinceridad siempre me dejaban algo inútil, torpe en la elección de palabras que seguramente no harían ningún efecto sobre él, que parecía haberlo asimilado bastante bien, así que prefería el silencio y agradecí cuando él bromeó y cambió el tema de conversación a mí, uno mucho más sencillo de llevar pese a que, normalmente, no me gustara contar mi vida. Con él era diferente, sentía como si le dijera lo que le dijera fuera a escucharme y no me juzgaría demasiado duramente, aunque quizá me equivocara y lo hiciera, o quizá tenía que ver el halago que me había hecho y que, de no haber sabido controlarme, me habría dejado con la ropa interior por los suelos, pero de todas maneras sonreí con su broma y con lo que dijo después de que los chicos de por aquí eran amebas... Yo creía, personalmente, que tenían la misma inteligencia y función que un consolador, por lo que no podía estar más de acuerdo, así que asentí, de nuevo sonriendo.
– No soy de esas chicas de mi edad que están obsesionadas con tener novio y con formar una familia... Algunas de mis compañeras de instituto, con 19 años, ya están cuidando de algún crío en una familia desestructurada, y eso nunca ha sido realmente mi estilo. Prefiero disfrutar ahora que soy joven, y esperar si eso a asentarme cuando aparezca algún hombre que tenga una inteligencia superior a la de una piedra y que me guste, aunque lo veo difícil... No soy demasiado afín al compromiso. – respondí, encogiéndome de hombros y dando, después, un trago a mi bebida. Sólo en aquel momento me di cuenta de que él era probablemente el primer hombre que se correspondía con aquella descripción con el que me había topado en meses, si bien no dije nada al respecto, porque tampoco me apetecía que pensara que iba a atacarle a lo bestia o que me interesaba de aquella manera... No era plan, la verdad, y mucho menos cuando me había caído tan bien como Rashid en lo poco que llevábamos hablando y, en general, conociéndonos.
– Además, estoy segura de que en caso de que encontrara novio mis padres lo mirarían con lupa, y prefiero ahorrarle al potencial candidato semejante tercer grado... Si sigo soltera, todos ganamos, al menos de momento. – añadí, medio sonriendo al final por el ataque de ego (perfectamente justificado, por otra parte) que me había dado y mirándolo, de nuevo. ¿Y él decía que yo era guapa? Él era algo así como mi ideal de hombre a falta de algún tatuaje demasiado grande hecho persona, alguien que no sabía que podía ser real hasta que no lo había visto con mis propios ojos, y eso me ponía la idea de resistir y no buscar nada sexual con él demasiado difícil, pero sabía que quería hacerlo porque merecería la pena, al final... Espera, ¿desde cuándo pienso yo, Charlotte The Harlot, que merece la pena conocer a un hombre más que tirárselo? ¿Quién soy, qué me ha pasado, qué han hecho con la antigua Charlotte? Esas eran muy buenas preguntas... pero desconocía la respuesta, por desgracia.
– ¿Sabes? Te admiro. No sólo por haber ido a El Cairo, que es uno de mis destinos soñados desde que era una cría, sino por todo... No te conozco casi, lo sé, pero por lo que me has contado me parece que eres más respetable que cualquier otra persona que haya conocido, especialmente que yo misma, porque la historia de una niña rica británica más no le llega a la tuya ni a la suela de los zapatos... No suelo decir esto nada a menudo, y si te vas de la lengua haré que te arrepientas, pero me gusta escucharte... me caes bien. Y realmente me sorprendería si no tuvieras a ninguna chica detrás de ti, visto lo visto. – le dije, cambiando de tema ligeramente al final y mordiéndome el labio inferior, no juguetona como habría sido lo más normal siendo yo sino algo incómoda, en lugar de eso. Ataques de sinceridad como el que había tenido con él, que además era totalmente injustificado, era algo que solía evitar por todos los medios, ya que la mentira y Charlotte estaban tan indisolublemente ligados como el sexo y Charlotte, y aquella era sólo una más de las cosas que estaba cambiando en aquel encuentro. ¿Sería Rashid capaz de hacerme alguien respetable ante los ojos de mi familia? Porque, a juzgar por lo que llevábamos hablado, lo estaba consiguiendo a pasos agigantados... Y no sabía si preocuparme por ello o, simplemente, alegar enajenación mental transitoria. Quizá lo mejor sería la segunda opción, y no preocuparme por la influencia que pudiera tener en mí, así que me limité a terminarme mi bebida y a dejar el vaso vacío encima de la mesa, frente a nosotros.

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Re: A View Of Burning Empires [Charlotte T.]

Mensaje por Rashid Ibn-La'Ahad el Mar Sep 18, 2012 12:28 am

No era fácil tener una conversación como aquella con una mujer y mucho menos sin que ninguno de los dos tuviera intenciones de acostarse con el otro, cosa por la cual la gente hacía y decía lo que fuera. Era sorprendente el hecho de que hablar con Charlotte me resultara casi relajante, como si necesitara desahogarme y con ella lo consiguiera pese a su edad... No es que tuviera nada en contra de estar con mujeres más jóvenes o que ella no me hubiera llamado la atención (porque lo había hecho) sino que era de agradecer el hecho de no sentir esos deseos irrefrenables de empotrarla contra alguna mesa cual animal en celo. La verdad era que no sabía qué pensaría ella de mí o si realmente le interesaba de lo que hablábamos, no era de contarle ciertas cosas a nadie y con ella había roto mi propio código así que... Esperaba que lo fuera. Había algo en ella, quizá sus gestos o cómo parecía ser que me daba cierta confianza, no demasiada siendo yo todo un desconfiado nato, pero lo suficiente y por eso le había hablado de mí y no había ignorado el tema como si no tuviera importancia... Y ella, por suerte, no se molestó por el cambio de tema, más bien todo lo contrario porque no dudó en hablar de sí misma, en aclararme algo que ya me imaginaba como era el hecho de que no estuviera obsesionada con tener novio (y mucho menos niños aunque de eso ni hablábamos) o que no le fuera el compromiso y que prefería disfrutar de su juventud... Y se le notaba. Me hizo gracia lo que dijo de sus padres sometiendo a su hipotético novio a un tercer grado y no pude evitar alzar una ceja, divertido, cuando dijo que todo el mundo ganaba si ella estaba soltera, me limité a encogerme de hombros, cómo diciendo que quién era yo para negar aquello y medio sonreí.

Entonces, cuando yo estaba algo más relajado y calmado, a punto incluso de hacer quizá alguna broma (sí, yo) ella cambió de tema de nuevo, diciéndome que me admiraba. Mi cara debió de ser un poema escrito en el mejor de los ingleses y más aún cuando ella, al intentar explicarse, no logró sino que me perdiera más. ¿Por todo? ¿Qué era todo? Tenía razón al decir que no me conocía pero no supe exactamente como sentirme cuando dijo que era respetable... Si ella supiera, si ella supiera la de cosas que había tenido que hacer para llegar donde estaba no me respetaría. También se llamó ella misma niña rica británica y comparó nuestras vidas (algo que, desde siempre, me había parecido estúpido pues Alá es grande y hace que cada uno viva su propia vida) diciendo que la suya no le llegaba a la mía ni a la suela de los zapatos. No sabía muy bien qué decir en aquel momento y ella lo arregló, en cierto modo, al decir que le gustaba escucharme y que le caía bien... Y como quien no quiere la cosa la conversación terminó llevándonos a mí... De hecho, a las mujeres y a mí. - Digamos que... Las mujeres y yo... Solo nos ponemos de acuerdo cuando ninguno de los dos tiene que hablar. - dije, rascándome la cabeza algo incómodo por hablar de sexo, como si fuera un simple colegial. - No es que no me gusten, quiero decir, me encantan las mujeres, especialmente las morenas pero aquí... Es diferente. Supongo que aún no me he adaptado del todo pero en ello estoy... Tampoco me gustan demasiado las relaciones, la verdad, y prefiero centrarme en otras cosas antes que en eso... - me encogí de hombros y miré mi vaso ya vacío y después el suyo, pensativo.

- ¿Y tienes más clases hoy o algún plan para luego? Podría colarte en el laboratorio para enseñarte algo, huesos o armas; ir a comer si lo prefieres o... No sé, lo que te apetezca. Me temo que tú también me has parecido... simpática. - medio sonreí y le guiñé un ojo, apartando en seguida la mirada porque todos aquellos gestos me salían demasiado forzados (o eso pensaba yo) y nunca quedaban tan bien como imaginaba (cosa que, de nuevo, me parecía a mí) - Si no, siempre podemos vernos por aquí, o mejor... - cogí un trozo de papel que tenía por el maletín del portátil y garabateé un número de teléfono que le pasé. - Llamame cuando te apetezca, no suelo tener mucho que hacer y una charla contigo merece la pena. – esperaba no parecer un desesperado ni un baboso que solo quería llevármela a la cama porque, por una vez, eso me parecía más que secundario en una mujer... Pero era normal, después de todo, ¿Cuántas arqueólogas guapas y simpáticas se conocen? No demasiadas así que había que aprovechar... Y de nuevo, no de manera sexual o, al menos, no sentía esa necesidad... ¿De momento?

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Re: A View Of Burning Empires [Charlotte T.]

Mensaje por Charlotte Thomas el Vie Sep 21, 2012 3:22 am

A decir verdad, esperaba que no tuviera ganas de hablar de lo último que le había dicho, lo de que lo admiraba y eso, pues pese a que era cierto no era algo con lo que me sintiera cómoda si la conversación acababa llegando a aquel tema, y prefería que lo supiera y que simplemente corriera un tupido velo que nos impidiera recordar que yo había dicho algo así porque era mucho más fácil para los dos. Por eso, y para olvidarme yo también de que había sido tan sincera con un casi total desconocido, preferí centrarme en su respuesta acerca de las mujeres, aunque sabía que las había y las habría, porque era inevitable tratándose un hombre como él. A cualquier mujer hetero (y hombre gay) le parecería, igual que me lo parecía a mí, increíblemente guapo y misterioso, dos elementos que junto a su exotismo lo convertían en un espécimen particularmente atrayente, así que por candidatas (o candidatos, aunque algo me decía que él era hetero... si bien la duda era razonable no por él, sino porque me parecía increíble que un chico así no estuviera cogido o fuera fruto prohibido para una mujer) no sería. Sin embargo, él me respondió que las mujeres y él sólo se entendían cuando no había conversaciones de por medio, y entre mi habitual tendencia a pensar mal (se decía que si se pensaba mal se acertaría, e incluso te quedabas corto, y yo era fiel defensora de ese dicho popular) y su incomodidad deduje sin problemas que estaba a hablando de sexo, aunque abandonó rápidamente ese tema, algo que le agradecí para evitar que mi mente me traicionara y empezara a hormonar como una adolescente, y me dijo que a él tampoco le iban mucho las relaciones. Guapo, inteligente, soltero sin compromiso y encima agradable, al menos conmigo: ¿estaba soñando o había encontrado al hombre perfecto en la universidad, cliché hollywoodiense donde los hubiera?

Me aguanté el impulso de pellizcarme porque no era plan de hacerlo, además de que estaba bastante segura de que estaba despierta, y me limité a esperar a sus siguientes palabras, que consiguieron, junto a su guiño, sencillamente matarme... Porque cuando un hombre así dice que le has caído bien, te invita a hacer lo que sea y, encima, te da su número de teléfono pues como que además de subirte el ego te baja otra cosa, que ya debía de estar por los suelos desde, más o menos, el principio de la conversación. Sin embargo, en mi defensa cabe decir que me comporté de manera civilizada y me limité a aceptar su número con una sonrisa educada, que acompañó a mis propias respuestas.
– Esta mañana me ha llamado mi hermano y hemos quedado, pero como contaba que con la charla me iba a quedar a comer en la universidad y además tendría apuntes que pasar a limpio, estoy libre hasta bastante tarde. Si quieres podemos comer ahora que es pronto y, aprovechando la pausa y que no habrá nadie a esa hora, colarnos en el laboratorio para que me enseñes lo que quieras... Me encantaría poder ver huesos que no me han enseñado aún, y dado que sólo he ido un par de veces en prácticas al laboratorio eso te deja el una libertad de actuación enorme. – contesté, cruzando las piernas y acariciando, en mi bolsillo, el borde de la hoja de papel en la que me había apuntado su número.

A decir verdad, la perspectiva de pasar un rato con él haciendo las cosas de arqueólogos, como lo llamaba mi hermano, para las que estaba estudiando me llamaba más la atención que quedar con Jack para hacer cualquier cosa, e incluso estaba planteándome hacer novillos en mi cita con él, pues si le ponía como excusa que había estado haciendo cosas de la universidad (algo, por otra parte, cierto) y que no saldría hasta muy tarde, al menos no se enfadaría... Siempre que se asegurara de que era cierto, claro, y lo haría porque estaría en la universidad, así que no habría problema. De todas maneras, cogí un papel del bolsillo y le apunté mi número para que no tuviera problemas a la hora de identificarme, y entonces guardé el bolígrafo en el bolsillo.
– Es un cambio agradable hablar con alguien en esta universidad relacionado con mi carrera a quien le guste lo que hace y no lo haga por costumbre, como los profesores, o por facilidad, como la mayoría de mis compañeros. Eres toda una novedad, Rashid, tengo que admitirlo. – añadí, medio sonriendo y esperando, aún, a ver si aceptaba y me enseñaba en el laboratorio lo que él quisiera... relacionado con la arqueología, claro.

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Re: A View Of Burning Empires [Charlotte T.]

Mensaje por Rashid Ibn-La'Ahad el Vie Feb 15, 2013 12:15 am

Nada más proponerle ir al laboratorio ya había empezado a hacer un repaso mental de las cosas que me apetecía ver allí, había oído que estaban analizando bastantes armas medievales de una excavación llevada a cabo por la universidad en un castillo en Gales y, ya que estaba allí y las armas eran lo mío, me habían pedido que las dibujara a escala para poder hacer reproducciones ya que tenían pensado explotar aquel tirón y realizar alguna exposición con reproducciones de todo lo hallado en el yacimiento. Yo, como no, había aceptado orgulloso y estaba muerto de ganas de ver qué tendrían en el laboratorio para mí. Además, en el mismo yacimiento habían encontrado varios esqueletos con marcas claras de que habían sido heridos (y probablemente asesinados) en batalla así que quizá podría enseñarle aquello... Sí, así era yo, mientras que cualquier hombre normal y corriente llevaría a una chica al parque a dar una vuelta tranquilamente mi cita ideal estaba llena de huesos y de armas de hacía cientos de años. Por fin, Charlotte me sacó de mis pensamientos al decirme que no tenía planes hasta tarde con su hermano (¿ese al que la guerra había cambiado?) y que tenía planeado quedarse a comer y pasar apuntes en la universidad pero en seguida me propuso comer juntos pronto para ir al laboratorio cuando no hubiera nadie y que pudiera enseñarle todo lo que quisiera. Sonreí ante su ímpetu por querer ver todo aquello y es que cuando yo era estudiante me pasaba las horas libres en el laboratorio de arqueología, ayudando y admirando cráneos de persas y sumerios... Antes de las fiestas más locas que he vivido nunca.

Me pasé una mano por el pelo, intentando apartar de mi mente aquellos momentos tan tórridos de mi vida que, sin embargo, recordaba con cariño y ni siquiera me di cuenta de cuándo Charlotte había cogido el papel en el que me escribía algo, que resultó ser su número de teléfono. Miré el papel, asentí y lo guardé en el bolsillo de mi pantalón. Ella me sorprendió con sus palabras, dejando claro de nuevo que sus compañeros y profesores apestaban y que, al parecer, yo era una de las pocas personas relacionadas con la arqueología con las que hubiera hablado a la que realmente le gustaba lo que hacía y no lo hiciera por costumbre... Oh, si ella supiera. Medio sonreí cuando dijo que era una novedad y me encogí de hombros. - Para nada, soy la persona más simple, aburrida y normal de la tierra, ya lo verás. Simplemente, has tenido mala suerte en cuanto a profesores y compañeros pero créeme, a medida que pasan los años la gente que va aprobando y que sigue con la carrera es porque le gusta. No hay muchos arqueólogos que lo sean por ganar dinero o por tener una carrera, para eso se meten a derecho. – medio sonreí con picardía por el hachazo que acababa de meterle a la carrera de derecho y a sus profesores y estudiantes pero era algo que había vivido yo mismo y... Bueno, las leyes y yo no no llevábamos excesivamente bien desde la guerra, eso era un hecho. Con ello me acordé de su hermano. - Antes has dicho que la guerra arruinó tu relación con tu hermano, ¿es el mismo hermano con el que has quedado? ¿Dónde estuvo destinado? Perdona si pregunto demasiado pero como has podido ver por la fotografía de antes... Se mucho de la guerra y se lo que es capaz de hacerle a las personas. – cuando terminé de decir aquello, mi voz sonaba algo seria y mi expresión había cambiado, era mucho más taciturna. Había cosas que por mucho tiempo que hubiera pasado seguían ahí y era difícil superarlas.

-¿Sabes?¿Qué te parece si mejor me respondes comiendo? Creo que por aquí cerca he visto restaurantes de comida rápida, indios, turcos, chinos, italianos... No sé, tú conoces más esto que yo así que te dejaré que me guíes. Así, puedes hablarme un poco más de ti y luego ya podemos ir al laboratorio... Hay cosas realmente increíbles, creo que te gustará mucho. – esbocé una sonrisa, recogí mis cosas y me levanté, ofreciéndole mi mano para levantarse. Como ya habíamos pagado no nos quedaba mucho más que hacer allí así que esperé a que se levantara y la acompañé hasta fuera del lugar, no sin antes despedirme educadamente de los camareros que seguían sirviendo cafés, zumos y toda clase de bebidas y bollería que allí vendían. Una vez fuera miré a Charlotte alzando una ceja mientras intentaba seguir mirándola con aquellos ojos tan diferentes con los que veía al resto de londinenses... Y funcionó. - ¿Y bien? ¿Al final qué va a ser? Si tuviéramos algo más de tiempo quizá te ofrecería comer en mi casa pero vivo bastante lejos... Además, tengo problemas con un maldito gato que no deja de colarse en mi piso y que me pone de los nervios... - gruñí, desviándome del tema al recordar a aquel maldito hijo de Iblís.- A lo que iba, ¿dónde le apetece comer, señorita? – y con una enigmática sonrisa me quedé frente a ella, mirándola a los ojos y esperando pacientemente a que decidiera dónde quería comer. Fuera donde fuera, tenía claro que iba a invitarla, y es que aunque fuera por la calidad de la conversación con ella, valía la pena hacerlo y además, después de todo, era un caballero... Un caballero oscuro y jodido de mil formas diferentes... Pero un caballero después de todo.

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Re: A View Of Burning Empires [Charlotte T.]

Mensaje por Charlotte Thomas el Lun Feb 18, 2013 3:52 am

Haberme criado con mi hermano suponía una ventaja en tanto en cuanto era capaz de distinguir a la legua a los caballeros o, al menos, a los chicos a los que les habían inculcado más modales que a la mayoría de los que me rodeaban y, por ende, de los que me tiraba. No era demasiado difícil verlos, sobre todo porque eran tan poquitos que casi brillaban en la oscuridad, pero no era fácil encontrarlos... y yo había dado de lleno en la diana con Rashid, al parecer, puesto que no solamente estaba dándome conversación pese a haber estado poniendo verde a la universidad que le había dado trabajo, sino que cuando yo dije que él era una novedad lo primero que hizo fue ser modesto, y al parecer sinceramente, y decirme que él no era para tanto. ¿Cuánto haría que no se había mirado en el espejo, para decirme eso...? Porque además de modesto era divertido, como me demostró con esa pulla al derecho que me hizo medio sonreír, y no tardó en proponer un plan alternativo a convertirnos en hipsters por estar demasiado tiempo entre las cuatro paredes del Starbucks: ir a comer por ahí, y ya entonces le respondería a la pregunta que me había hecho sobre mi hermano. No podía parecerme mejor plan, así que asentí y acepté su ayuda para levantarme, otro gesto que demostraba que el maldito Rashid estaba hecho un caballero andante y yo estaba muy poco acostumbrada a tratar con uno, sin contar a mi hermano porque últimamente él y yo éramos lo contrario a la imagen de la cordialidad y la hermandad. Así, salimos por fin del local y nos paramos en la calle para decidir dónde comeríamos, ya que en su casa no era plan... y con esas palabras tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano por no morirme deshidratada.

– No te preocupes, mi casa tampoco es una opción... – añadí, sin especificar que si no la había considerado, siquiera, era porque seguramente mi mejor amigo seguía durmiendo en mi cama y no era plan que se vieran allá, además de que, por ser un piso de estudiante, tenía poquísima comida... lo cual me recordaba que un día de esos tendría que hacer la compra si no quería morir por inanición. – En este barrio, si tu economía es como la de cualquier estudiante estándar, lo mejor que puedes hacer es irte a un chino, aunque alguna vez me ha parecido que la comida se movía como no debería, así que no te lo recomiendo... Podemos ir a un italiano de por aquí, sirven bastante rápido y no está mal de precio, pero el local siempre tiende a estar lleno, así que podemos coger las cosas e ir directos al laboratorio... Allí nadie molestará, espero. – propuse, y como él aceptó le indiqué el camino hasta aquel restaurante donde cada uno nos pedimos varios tipos de pasta con diferentes salsas para llevar en el bullicio general, así como una bebida. Además, daba la casualidad de que ese restaurante estaba justo enfrente de una de las entradas de mi edificio en la universidad, así que pudimos coger lo que habíamos pedido e irnos al laboratorio rápidamente, hablando tranquilamente y, por una vez, sin pensar por mi parte en nada más que aquello.

Una vez llegamos, dejamos nuestras cosas en uno de los bancos y yo, acostumbrada a hacer siempre que podía eso mismo, me senté sobre una de las mesas limpias, alejadas de cualquier muestra, porque una cosa era comer allí y otra muy distinta contaminar el trabajo de los demás, y una vez allí abrí el cartón con mi pasta y le di un mordisco, hambrienta inexplicablemente. Entonces, miré a Rashid y recordé la pregunta que me había hecho antes y a la que aún no había contestado porque él me lo había pedido, así que me mordí el labio inferior, dudosa... ya que recordaba que él era de Irak, según sus propias palabras, y no sabía cómo se lo tomaría.
– Antes me has preguntado dónde ha estado destinado mi hermano, que sí es con el que he quedado después. Se alistó en el ejército en cuanto pudo, yo tendría unos... no sé, entre nueve y diez años, quizá. Él creía que le encargarían alguna misión por aquí, algo sencillito porque acababa de entrar y apenas tenía experiencia... recuerdo que solía escribirnos desde la base donde entrenaba para contárnoslo. – comencé, con expresión algo melancólica y una sonrisa triste en los labios, porque echaba de menos esos tiempos en los que mi hermano mayor no me odiaba y, de hecho, era mi hermano, y no un extraño intolerante. – Pero al poco tiempo decidieron que estaba preparado para salir al extranjero y lo enviaron a Oriente. Él no sabía exactamente a qué país le había tocado, o quizá no quiso decírmelo... De hecho creo que no quiso decírmelo porque veía en la tele todos los días cuántos muertos de un bando y de otro había habido. Desde entonces ha estado destinado en Irak, y ha ido yendo y viniendo de vez en cuando, pero algo le pasó allí que lo cambió... Por eso no nos llevamos bien. Yo me descontrolé en la adolescencia sin mi hermano mayor para vigilarme y, cuando volvió, no le gustó en lo que me había convertido, así que... No sé. Sigo pensando que acudir allí fue lo peor que nos pudo pasar. – concluí, encogiéndome de hombros y deliberadamente compartiendo más de lo que él me había pedido saber porque, en realidad, quería camuflar el hecho de que mi hermano había acudido a su país como soldado, seguramente habría matado a algún amigo suyo y habría sido el responsable de que lo pasara mal de alguna manera... Y esa no era una buena manera de empezar una amistad.

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Re: A View Of Burning Empires [Charlotte T.]

Mensaje por Rashid Ibn-La'Ahad el Vie Mayo 10, 2013 4:12 am

Hacía tanto tiempo que no tenía una conversación como la que estaba teniendo con Charlotte que ya incluso me había olvidado del hecho que en el mundo había mujeres que además de ser guapas eran inteligentes pero ella parecía empeñada en recordármelo con sus enormes ojos azules fijos en mí mientras me proponía coger comida para llevar de un restaurante italiano cercano y comer en el laboratorio. Normalmente una de mis normas era no comer nunca en el laboratorio ni utilizar restos arqueológicos en mi propio beneficio, es decir, para conseguir acostarme con mujeres pero en aquel caso lo segundo no entraba dentro de mis planes y lo primero podría saltármelo porque, por una vez, me apetecía seguir con la conversación y estaba seguro de que tendríamos mucho cuidado. No tuve más remedio que aceptar pues aquella era la mejor opción una vez descartadas nuestras casas y entonces ella me guió hasta el lugar que, como bien había dicho, estaba hasta los topes ya no tanto por la hora que era sino porque se localizaba frente a la facultad de humanidades y bien es sabido por todos que los humanistas sentían una devoción especial por Italia y todo lo relacionado por el lugar como podía serlo su deliciosa comida. Pedimos y más rápido de lo que me habían servido nunca, nos dieron nuestra comida e invité, como me había propuesto, a Charlotte antes de salir de allí y llevarla hacia el laboratorio mientras hablábamos de todo un poco y de nada en concreto por el camino. No había sido consciente hasta ese momento de lo que se echaba de menos una conversación tan normal y es que cuando salía con mujeres (si es que se podía llamar salir a lo que yo hacía) no solíamos, precisamente, hablar.

Finalmente, cuando llegamos al laboratorio dejamos las bolsas en un banco vacío, lo más alejados posible de muestras, huesos y fragmentos de cerámica. No me sorprendía nada que no hubiera nadie allí y es que la gente del laboratorio iba cuando le venía bien únicamente por lo que más de una y de dos veces había ido y había estado campando a mis anchas, haciendo las pruebas que necesitaba y observando trabajos ajenos por simple curiosidad. Mientras que yo me senté en una silla, sacando de mi bolsa el cartón con la pasta y la botella de agua, Charlotte se sentó sobre la mesa y empezó a comer casi con prisa, alcé una ceja al verla y me limité a abrir con toda la calma del mundo mi cartón de pasta, a darle un trago a mi botella de agua y a jugar un poco con la pasta hasta pinchar un poco. Justo cuando yo me llevé la pasta a la boca ella comenzó a contarme la historia de su hermano, el mismo con el que se vería más tarde, que curiosamente había sido destinado a Irak. No pude evitar ponerme tenso en cuanto lo dijo pero más aún cuando compartió sus divagaciones sobre que algo malo debía haberle pasado allí que lo había cambiado porque ya no era el mismo... Y, en cierto modo, no pude evitar sentirme culpable. A las órdenes de mi propio hermano había capturado y torturado soldados americanos, británicos y europeos en general y quizá su hermano había sido uno de ellos, quizá su hermano era alguno de los que había jurado vengarse o quizá ni lo conocía... Pero no pude evitar sentirme culpable y mal, centrándome en mi cartón de pasta, que movía distraído para no parecer tan nervioso ni preocupado. - No me extraña. La guerra saca lo peor de la gente, ¿sabes? No tuvo que pasarle necesariamente algo, quizá simplemente él era así y... bueno, la guerra solo ha hecho que salga a la luz. - me encogí de hombros, pensando que aquello mismo había sido lo que le había pasado a mi hermano y pensando que quizá también podría haberle pasado al suyo... Cosa muchísimo mejor que pensar que estaba así por mi culpa. - Por cierto, ¿puedo saber su nombre? Quizá nos conocemos... Y eso no tiene por qué ser malo.

De repente se me quitó todo el hambre de golpe y me dediqué a jugar con mi pasta y a marearla más que a comer pese a que sí bebía bastante agua. Me mordí el labio inferior mientras miraba a la nada, sopesando los pros y los contras de serle sincero y contarle algo más sobre mí, algo que no mucha gente sabía pero como ella parecía estar siendo sincera conmigo decidí que contarle una versión resumida no le haría daño a nadie. - A mí mismo me salvó la vida un soldado occidental, ¿sabes? Me dijeron que entrara en un edificio y que matara a cualquier occidental que viera pero encontré a una mujer, a su hermana pequeña y a su bebé... Justo entonces un soldado apareció, apuntándonos y aunque tuve que hablarle en inglés para convencerlo de que no nos hiciera nada nos dijo que aquello estaba a punto de estallar y que si queríamos vivir saliéramos corriendo. En la guerra, como en la vida, no es todo blanco o negro, por suerte... – me encogí de hombros y esbocé una media sonrisa melancólica y, tratando de cambiar de tema, me levanté y fui a la zona donde estaban guardados todos los objetos recuperados según excavaciones, números de inventario y sector o zona en la que se habían encontrado, tardé poco en volver empuñando una espada bastarda perfectamente conservada y un pequeño puñal que en sus días había sido capaz de matar más rápido por el simple hecho que en la empuñadura tenía un mecanismo con el que expulsaba veneno. - En todo el reino unido la gente no excava más que prehistoria y lo poco histórico que se excava es medieval y de ahí obtienes maravillas como estas. - dejé el puñal sobre la mesa y empuñé la espada, realizando varios movimientos contra el aire, haciendo que la hoja silbara al cortar el aire. - También tenemos algunas cosas sobre los bárbaros que había antes de los romanos y de época romana, es bastante interesante y se parece más a lo que he excavado siempre. Además hay varios cuerpos que en cuanto termines de comer te enseñaré. - sonreí y dejé la espada sobre la mesa, junto al puñal, las empuñaduras estaban engastadas con piedras preciosas y decoraciones florales y religiosas, cruces en su mayoría. - ¿Te gusta? - pregunté, apoyando la manos en la mesa y acercándome un poco a ella. Lo cierto es que esperaba que aquello hubiera sido suficiente para cambiar de tema porque no me apetecía seguir hablando sobre Irak, la guerra y todas las desgracias que esta traía consigo... Ni mucho menos sobre mi pasado. Eso era algo que prefería dejar atrás.

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Re: A View Of Burning Empires [Charlotte T.]

Mensaje por Charlotte Thomas el Dom Mayo 26, 2013 9:05 am

Todo lo que estaba sucediendo desde que había conocido a Rashid en la conferencia a la que me habían obligado a ir era absolutamente lo contrario a lo que habitualmente pasaba cuando yo conocía a un tío tan guapo como lo era él. Normalmente yo iba vestida más como una furcia de Satanás, como solía decir mi hermano, y en vez de hablar estaría usando la boca para otras cosas bien diferentes, no necesariamente relacionadas con las palabras a menos que fuera a base de gemidos, y sin embargo ahí estaba, hablando con él tan tranquilamente, vestida de manera relativamente controlada (incluso pija, diría yo) y hablando de mi hermano. ¿Qué demonios me pasaba por la cabeza...? Jack era un tema tabú para mí, incluso cuando se trataba de mis (escasos) amigos, los que podían intuir más o menos que nos llevábamos bastante mal, y aun así con él, a quien acababa de conocer, no había tenido el más mínimo reparo a la hora de mencionarlo, aunque él a cambio estaba contándome cosas que también eran bastante personales, todo había que decirlo. A lo mejor simplemente habíamos empezado más fuerte porque teníamos más cosas que decirnos, o quizá era porque se nos daba igual de mal socializar con alguien del sexo opuesto, pero la cuestión fue que agradecí que cambiara de tema por mucho que su sutileza para hacerlo fuera más bien escasa.

– Me encanta... No sabía que una espada que llevaba enterrada siglos podía silbar así, eres muy bueno si lo consigues, eso o simplemente que cuando se trata de arqueología yo me impresiono muy fácilmente y conmigo lo tienes fácil. ¿Puedo...? – pregunté, por fin, señalando el puñal que él no había llegado a coger y que me estaba dando ganas de observar más de cerca, seguramente por el brillo de sus piedras preciosas. Él aceptó, y con sumo cuidado lo sostuve en mis manos, observando cada uno de sus detalles, en parte porque era una oportunidad única para hacerlo y, en parte, porque desde que él se había acercado, aunque fuera un poco, me estaba haciendo muy complicado pensar en él como alguien a quien tenía que conocer. Es como mi profesor, por Dios, ¿es que eso no sirve para quitarme ideas estúpidas de la cabeza? Pero no, yo mejor que nadie sabía que eso no me había parado nunca y tampoco iba a empezar a hacerlo ahora, sobre todo porque él, pese a que fuera mayor que yo, tampoco me sacaría demasiados años, y eso ayudaba a que no lo viera como algo malo. ¿En medio del laboratorio? Y ¿por qué no? Eso tampoco era impedimento, se me ocurrían así a ojo una treintena de sitios peores en los que me había acostado con alguien, y ganas no me faltaban... Pero debía aguantar. Para una vez que podía hacer un amigo, lo único en lo que pensaba era arruinarlo metiendo sexo de por medio. No tenía remedio...

– Los profesores no suelen dejarnos tocar nada. Creo que piensan que tenemos dedos de plastilina, y aunque no tenga pulso de cirujana, como mi madre, tampoco soy tan torpe... Es frustrante. – comenté, dejando el puñal a mi lado, junto a la espada. El comentario no venía demasiado a cuento, lo sabía tan bien como seguramente lo hacía él, pero lo necesitaba... Era preferible que me centrara de nuevo en la conversación para evitar pensar en lo empotrable que era y hacer algo de lo que seguramente me arrepentiría, al menos en cuanto se me pasaran los efectos del polvo y... ¡joder, ya estaba desvariando de nuevo! – Además, también están obsesionados con la prehistoria. Vale que haya bastante de eso por aquí, pero aun así, no sé, todo lo relacionado con los bárbaros me parece bastante más interesante... Aunque, bueno, en mi caso influye que siempre he creído que en mi familia ha tenido que haber al menos algún bárbaro por ahí del que descendamos todos... – añadí, pensativa, y después lo miré, intentando ver en su rostro si a aquellas alturas ya pensaba que estaba loca o si aún tenía más margen de acción para seguir cagándola a lo bestia como ya lo estaba haciendo. Lo mío, desde luego, no era lo de socializar... al menos no para conseguir algo que no fuera sexo, y si necesitaba que me lo demostraran sólo tenía que estar un poco atenta a las tonterías que estaba diciendo una detrás de otra.

– Podemos cambiar de tema, si quieres, pero me has preguntado por el nombre de mi hermano. Dudo mucho que fuera él quien te salvara, sobre todo porque lo conozco y no es precisamente altruista, pero nunca se sabe. Supongo que tienes razón y la guerra cambia a las personas... No lo sé. Me saca bastante, es increíblemente alto, con los ojos azules como yo y el pelo rubio. Físicamente parece un vikingo, por eso te he dicho lo de los bárbaros... Y como creo que con eso no te estaré dando demasiado para saber si lo conoces, se llama Jack, Jack Thomas. A ojo creo que tendrá tu edad, pero no sé qué edad tienes tú, así que no puedo asegurarlo. – respondí, finalmente, a lo que me había dicho, y después me terminé lo que me quedaba de pasta para darle unos segundos para que asimilara lo que le había contado (si es que tenía que hacerlo, porque a lo mejor no lo conocía) y que pudiéramos por fin dejar el tema de lado, de una vez por todas. ¿Quién sabía? Lo mismo si la conversación se volvía más normal que los temas tan profundos que habíamos estado tratando hasta aquel momento se me pasarían las ideas relacionadas con el calentón, pero en el fondo sabía que no pasaría... No mientras él dejara de estar tan bueno y ser tan interesante.
– Gracias por traerme, Rashid. Puede sonarte tonto, o quizá infantil, pero estoy aprendiendo casi más contigo que yendo a clase varias horas al día, incluso cuando voy a todas... – afirmé, mordiéndome el labio inferior y, aunque pareciera extraño siendo yo, apartando la mirada, algo cohibida... por no decir que, más bien, me daba vergüenza a mí misma por mi propia ineptitud social.

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Re: A View Of Burning Empires [Charlotte T.]

Mensaje por Rashid Ibn-La'Ahad el Dom Feb 09, 2014 11:59 pm

Mi cambio de tema, pese a la poca sutileza del mismo, había surtido efecto y Charlotte se centró en las armas que había dejado sobre la mesa. Era bastante interesante observarla mientras se decidía a coger o no el puñal y finalmente me pidió permiso, cosa que le concedí con un simple movimiento de cabeza. Con el puñal en la mano, me costaba mucho saber exactamente si parecía más una niña pequeña que acaba de encontrar una piedra preciosa entre la arena o una guerrera del norte a la que acababan de entregarle su primera arma y la observaba y estudiaba con detenimiento, como buscando conectar con ella ya que se convertiría en una extensión de su propio cuerpo como había leído y estudiado tantas veces que eran las armas para los pueblos guerreros. Escuché sus quejas hacia los profesores y medio sonreí inconscientemente porque entendía perfectamente aquella sensación pero en aquella situación no podía o, más bien, no debía demostrar que estaba de acuerdo con ella ya que, después de todo, estaba mucho más cerca de ser un profesor que un alumno. Me hizo gracia su comentario acerca de sus raíces bárbaras y me encogí de hombros, divertido. Yo siempre había pensado que venía de los antiguos persas, que Ciro el Grande había sido un antepasado mío y que más tarde la sangre de los míos se había mezclado con la de los Macedonios tras la conquista de Alejandro Magno... Al menos por parte de madre. Así que entendía perfectamente lo que era aquello. Sí, lo cierto era que me sentía bastante identificado con aquella chica me gustase o no pero no podía evitarlo ya que era bastante cierto. - No creo que tengas manos de plastilina, has cogido bastante bien el puñal y no se te ha caido... Y eso que pesa bastante. - aprovechando que ella lo había vuelto a dejar sobre la mesa volví a cogerlo como si no pesara nada y me acerqué un poco más a ella antes de enseñarle el pequeño mecanismo que tenía en el mango, apreté el botón escondido en una de las joyas y, por suerte para nosotros porque estaba descargado, no ocurrió nada. - Esto servía para que la hoja se cubriera de veneno y que el ataque fuera aún más letal... Cosas de bárbaros. – expliqué, con una media sonrisa antes de volver a dejar el puñal sobre la mesa. De nuevo, me había quedado más cerca de ella de lo normal pero por alguna extraña razón no me aparté.

Aunque por suerte ella habló, y sus palabras me hicieron apartarme de golpe porque una parte de mí había estado a punto de ceder y hacer algo de lo que me arrepentiría... Con la hermana del hombre que me había salvado la vida. Primero, la descripción que me dio se acercaba bastante a la del soldado que me salvó pero aún así aquello no significaba nada, después de todo, había mil soldados altos, corpulentos, rubios, de ojos azules y con pintas de bárbaros en Irak y aquel hombre no tenía por qué ser su hermano pero cuando pronunció aquel nombre casi pude ver en mi mente una imagen clara y nítida de las placas que colgaban del cuello del soldado. Thomas. Jack. Traté de parecer tranquilo y calmado, que no se notara que no podía creerme aquello y que pensaba que no podía ser, ni siquiera escuché lo que dijo después, algo sobre la edad, me parecía... Porque estaba en shock. Ni siquiera reaccioné cuando ella me dio las gracias por llevarla allí y explicarle cosas porque, en aquel momento, no tenía ni idea de qué hacer. Como cuando te dan un arma por primera vez en tu vida y las únicas indicaciones para usarla que te dan son “Dispara a cualquiera que parezca occidental” tenía dudas y Charlotte no ayudaba a que esas dudas desaparecieran. Había apartado la mirada, como si estuviera intimidada por mí cuando yo no era alguien capaz de intimidar y mucho menos en aquel momento, cuando habían vuelto a mí tantos recuerdos de golpe... Demasiados. - No tienes por qué dar las gracias. Haría esto por cualquiera mínimamente interesante que encontrara en la universidad y con quien pudiera tener una conversación más allá de la película que pusieron el Lunes en la BBC. - comenté, de una manera tan borde que prácticamente me arrepentí al segundo de hacerlo. - Y tengo veintiséis, por cierto, pero no tengo ni idea de quién es tu hermano aunque quizá no deberías juntarte demasiado conmigo si es tan... intolerante como dices. Por tu bien, quiero decir, no me gustaría ser el culpable de que vuestro odio mutuo aumentase o de que no pudierais siquiera arreglar vuestros problemas. – me encogí de hombros y sin más recogí las armas que había dejado sobre la mesa y las guardé con cuidado antes de coger mi cartón de pasta lleno y tirarlo a la basura, apoyándome en una de las mesas más alejadas con los brazos cruzados sobre el pecho y mirándola. De nuevo, seguía sintiéndome como si fuera un estúpido y un borde pero necesitaba poner distancia entre nosotros, cuanta más mejor... Y por mucho que me arrepintiese antes siquiera de hacerlo de lo que estaba a punto de hacer, lo hice. - ¿Y bien? ¿No tienes nada que hacer ni ningún sitio a dónde ir?

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Re: A View Of Burning Empires [Charlotte T.]

Mensaje por Charlotte Thomas el Lun Feb 10, 2014 1:50 am

Me habría encantado decir que todo fue distinto cuando, qué sé yo, él se abrió un poco más, confió en mí o se me acercó lo suficiente para ignorar que muy probablemente pegaba más como profesor que como amigo o cualquier otra cosa, pero por desgracia sólo podía decir que todo fue distinto cuando él, sin que yo hiciera nada por provocarlo, se puso borde... y borde es, probablemente, un eufemismo. Ni siquiera un cristal cortaba tanto como lo hizo el tono de su voz, que me respondía casi más por obligación que porque realmente quisiera hacerlo, y sus palabras... Yo normalmente era una persona tranquila, que aunque como todo el mundo sentía y padecía tendía a controlarme porque quisiera o no mi hermano me había influido más de lo que me gustaría en mi forma de ser, pero él consiguió que me cabreara primero por lo de la BBC y después por lo de por mi bien. Pocas cosas odiaba más que escuchar que debía hacer cosas “por mi bien” y más cuando ni siquiera tenían razón de ser, porque mi hermano ni siquiera tenía que enterarse de que lo había conocido y más cuando, según él, ni siquiera sabía quién era el chico al que estaba empezando a conocer pero que por lo que sea se había puesto bipolar perdido. Y por si eso no fuera poco, mi orgullo, el maldito orgullo de los Thomas al que Jack parecía querer ignorar aunque supiera tan bien como yo que eso era imposible, me hizo recordar esa otra frase, la de que habría hecho eso por cualquiera. Claro, porque cualquiera valía tanto como yo, y cualquiera seguro que estaría tan dispuesta a conocerlo como lo estaba yo siempre y cuando supieran hablar de otra cosa que de las películas de la maldita BBC, ¡no te fastidia! Apreté los puños y tragué saliva, agradeciendo mentalmente haber dejado la pasta por allá porque eso significaba que no había montado un estropicio en su amado laboratorio, que al parecer apreciaba más que a una persona como lo era yo. Si ya hasta antes de aquel momento había estado harta de los hombres, el hecho de que uno que parecía decente me hubiera demostrado que en realidad era tan gilipollas como el resto sólo me cabreaba aún más...

– Sí, claro, por mi bien. – bufé, y lo miré a los ojos con los míos entrecerrados porque estaba muy molesta y no podía evitarlo, ni tampoco que se me notara. Aunque podía parecer una reacción exagerada, y seguramente él lo pensara (aunque a mí me daba absolutamente igual lo que opinara o dejara de opinar), lo suyo era sólo la gota que había colmado un vaso lleno a rebosar desde hacía mucho tiempo, y tarde o temprano tenía que reventar... Mala suerte que le hubiera tocado a él. Estaba harta de ser la niña buena que mi hermano quería que fuese, harta de comportarme como no quería sólo para que mi hermano no pagara sus estúpidos traumas conmigo, y harta de que los hombres pensaran que podían tratarme así sin que hubiera consecuencias, porque las había. Y, de pronto, vi clara la solución a mis problemas: el griego. A él le había podido tratar como los dos habíamos querido, a él le importaba una mierda mi hermano porque sólo quería follarme, y sobre todo a él le daba igual que fuera una niña buena porque sabía que no lo era, así que era evidente lo que iba a hacer después. O a continuación, porque no pensaba aguantar más tonterías de Rashid que en teoría “eran por mi bien”. Ja. No se lo creía ni él. - Si te has cansado de aguantarme puedes decirlo, no tienes por qué usar a mi hermano como excusa porque ni siquiera tenía por qué enterarse, pero ¿sabes qué? Me da igual, y seguramente a ti también. Pensaba que por fin había conocido a alguien con quien poder hablar y que fuera lo suficientemente maduro para hacerlo, pero ya veo que me equivocaba porque tú eres exactamente igual que los demás y dices que algo va a ser bueno para mí sólo porque no quieres hacerlo. – espeté, y me puse a recoger mis cosas y a dejar lo que él me había dado por allí, con cuidado (porque mi subconsciente no quería cargarse armas centenarias más que nada) pero sin mirarlo, ya que si lo hacía reventaría.

En un momento dado él iba a contestarme, lo supe por cómo se había puesto y también porque lo que había dicho no le habría sentado bien, pero me dio igual porque cuando lo miré fui capaz de callarlo simplemente con los ojos, por eso o porque estaba claro que no iba a escuchar nada de lo que dijera y tener la batalla perdida de antemano lo animó a no intentarlo siquiera, no sabía por cuál de las dos fue pero lo mismo me daba. Yo ya estaba lista para salir, y en cuanto abandonara aquel laboratorio sabía que volvería a convertirme en quien mi hermano odiaba tanto, pero me daba igual. Nada podía importarme menos en aquel preciso momento.
– Sea lo que sea, ahórratelo. Tengo cosas mejores que hacer que aguantar esto, tienes razón, así que no voy a obligarte a aguantarme más tiempo. Que te vaya bien. – me despedí, y sin hacerle ningún gesto (porque sabía que el único del que era capaz era el de “jódete”) me fui de allí y me dirigí hacia mi casa, donde BigDan ya no estaba pero donde volví a vestirme de zorra infernal para buscar al griego... El día de tregua que le había dado a mi hermano, a quien por cierto dejé plantado, había terminado; yo no iba a cambiar sólo para que él decidiera que tenía una hermana y no un saco de boxeo y me merecía salir y desconectar, así que eso hice. Sólo que las consecuencias no me importaban entonces y no fue hasta mucho tiempo después que no averigüé que, de hecho, debería haberlas tenido en cuenta... por mi bien.

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